Antonio Ríus Facius
MEJICO
CRISTERO
HISTORIA DE LA ACJM
1925 a 1931
Grabado en madera de la camisa y viñetas de
ANGEL ZAMARRIPA
EDITORIAL PATRIA, S. A.
Av. Uruguay 25-29 Apartado 784
MEXICO, D. F.
- - MCMLX
ADIOS
Poned un crespón fúnebre al pie del asta rota...
Que los clarines trémulos inicien un “adiós”:
La Guardia está de luto... su enseña ya no flota,
la enseña que no supo de vientos de derrota
fue a desplegar sus ínclitos jirones ante Dios.
Marchósenos el jefe que resumió en sí mismo
la gesta fulgurante de aquella Juventud:
la gesta prodigiosa de trágico heroísmo.
que desafiara en Méjico al monstruo del abismo,
reposa para siempre... reposa en su ataúd.
Era credo viviente del acejotaemero:
un credo de combate, magnífico y leal;
firme, gallardo, rápido y limpio como acero...
Por eso lo despiden la salva del cristero,
el canto de los mártires y el Himno Nacional.
Redoblen los tambores con sones apagados;
un intimo sollozo desgarre el corazón;
recíbanlo con júbilo los mártires cruzados...
Y guarden reverentes, los campos desolados,
jel eco moribundo del último león!
Junio J. Vértiz, S.J.
Á mu gumi Japewino Laia Tu m, finti
Simo anugo ¿te Vedamoriao de akiba) pot da terfuación Hen! ta
da bat dei Raraasdo D Y
Mexico 1° 4 bend, de és
R. P. Bernardo Bergoénd, S. J., fundador y asistente eclesiástico general de. la `
Asociación Católica de la Juventud Mejicana, crisol de mártires y héroes de la epo-
peya cristera, fallecido en la ciudad de Méjico el dia 7 de octubre de 1943. E
CONSPIRACION CONTRA-LA IGLESIA
El perfil de la persecución.—Primeros escarceos pe-
riodísticos.—El rigorismo de la ley.
El perfil de la persecución.—La Revolución mejicana había deri-
vado, por natural inercia, a un sistema organizado de persecución reli-
giosa. Obregón primero y Calles después, trataron de ajustar su go-
bierno a los postulados materialistas preconizados por la revolución,
contrarios a la existencia de la fe; y como Méjico es un país predomi»
nantemente católico, era claro que sus ataques fuesen dirigidos contra
el catolicismo.
La masonería y el protestantismo yanquis simpatizaron abierta-
mente con esta política de opresión, que minaba la unidad del pueblo”
y lo hacía presa fácil de sus viejas ambiciones, mal disimuladas en una
campaña constante contra el catolicismo, al que consideraban religión
medieval, oscurantista y retrógrada, en oposición al progresista pro»
` testantismo, fundador de ciubes deportivos y hermandades extrava-
gantes.
Para lograr sus fines de conquista no repararon en medios, tales cos
-mo el de la imposición descarada de gobernantes a su servicio. l
De éstos fue Plutarco Elías Calles, según testimonio del Dr. Robert
A. Greenfield: «...nosotros los protestantes aplaudimos la actitud de
Calles contra el catolicismo... por lo que nos ofrece una garantía para
nuestro plan.
»El imperialismo americano radica ahora en los Consejos Episeo-
pales protestantes y en algunos altos jefes de la masonería. La ventaja
- de que esto sea así, es muy obvia: las fuerzas espirituales estadouni-
9
10 Antonio Rius Facius
A e eaaa oa,
“denses que invaden América Española no emplean ejércitos: si acaso
"se servirán, para imponerse, de los mismos caudillos militares de cada
país, como ocurre en Méjico».* *
Esta opinión predominaba decisivamente en las altas esferas oficia-
les de los Estados Unidos. Dábanle vigencia y solidez la actitud sumisa, `
cubierta de hipócrita dignidad, que observaban los jefes en turno de
“los gobiernos revolucionarios,
El general Plutarco Elías Calles, presidente de los Estados “Unidos
"Mejicanos, se aplicó a la decretada destrucción de la Iglesia Católica
en su patria, usando y abusando de la violencia, groseramente disimu-
“lada tras de leyes persecutorias que, por razón natural, no podían ser.
acatadas por quienes resultaban perjudicados en sus más irrenuncia-
-bles derechos. y
Ante esta agresión de acendrado fanatismo antirreligioso, no podía
permanecer sumiso un pueblo que nunca tuvo alma de esclavo, y los-
acontecimientos se sucedieron sin que la buena fe y voluntad de le
católicos oprimidos pudieran ponerles fin.
«Al comenzar el año de 1926, los síntomas desfavorables a la bal
y a la tranquilidad se fueron haciendo más patentes y angustiosos. -
Plutarco Elías Calles, desde la Presidencia de la República, se había
"convertido en enemigo declarado de la religión que profesaba su pie-
blo. Para acabar con ella y justificar su absurda pretensión, comenzó
' por ajustar la ley a sus propósitos.
“En el texto constitucional la Revolución había vaciado su espíritu
sectario y materialista, del que eran testimonio irrefutable algunos dé
sus más caracterizados artículos, atentatorios a la libertad de ( creer y
actuar.
` -El Episcopado mejicano había protestado, virilmente, por el atro-
pello de los derechos inalienables de la Iglesia, cuya personalidad jurí-
. dica se le negaba oficialmente, privándoseles también, a la vez, de todo
derecho ciudadano a sus ministros, sin que aquella protesta encontrara
eco en la conciencia de los legisladores.
“La aplicación total y desenfrenada de las aberraciones constitucio-
les no se hizo sentir de inmediato, por la falta de una adecuada regla-
-mentación a las mismas. Pero Calles estaba dispuesto a destruir a la
Doru y vio, en aquellos artículos, el arma que necesitaba para hacerlo,
* Véase el final de la obra las fuentes de donde proceden las transcripciones y citas de
_ acuerdo con su número. :
“Méjico Cristero -. i 1:
`y presentó a las Cámaras la Ley Reglamentaria del Art. 130, que fue
aprobada el 4 de enero de 1926. o
Si el texto constitucional era a todas luces ilegal, por carecer de
los atributos mínimos de justicia, a más de ser contrario a los intereses:
de la nación, su reglamentación lo hizo inadmisible y atentatorio.
«La disposición principal contenida en él, y a la que más se opo-
` nian, y siguen oponiéndose los católicos, pues aún persiste, es: que-
la autoridad federal tiene competencia para regular la disciplina de la
Iglesia; que la Iglesia no tiene personalidad jurídica de ninguna clase; -
. que los ministros del culto quedan clasificados como simples profesionis-
' tas, pero en cambio, no gozan de los mismos derechos que éstos; que las
legislaturas de los estados tienen la facultad de determinar el número
máximo de ministros del culto; que para ser ministro de cualquier
culto hay que ser mejicano por nacimiento; que no pueden abrirse luga-
res destinados al culto sin el permiso de la Secretaría de Gobernación,
- y que las apelaciones contra estas disposiciones nunca serán tratadas .
en juicio.» ”
La reglamentación suspendia una espada de Damocles sobre la Igle-
sia y todos y cada uno de sus miembros, lo que en Méjico venía a sig-
. nificar la mayoría abrumadora de sus nacionales, amenazándolos con
, la aplicación del Código Penal si no acataban esa ley, hecha según el
` capricho: y conveniencia de aquel gobierno sectario. :
Como remate a sus perniciosas declaraciones, Calles pidió, y obtuvo
de las Cámaras tres días después, poderes extraordinarios para refor-'
“mar el Código Penal en lo concerniente a materias religiosas, con lø-
que gozó de libertad sin límites para perseguir legalmente a la Iglesia.
O Todas las libertades habían sido atropelladas en la Reglamentación: `
_él delegado apostólico era considerado como simple sacerdote extran-
“jero y, por consiguiente, no podía ejercer su ministerio; la libertad
de prensa se reducía, si la publicación era hecha por alguna asociación.
* católica, al consentimiento para mencionar asuntos exclusivamente re-
“«ligiosos, sin que pudiera hacerse en ella el más leve comentario sobre'
cuestiones políticas o simplemente administrativas.
«La ley no reconoce personalidad alguna a las agrupaciones réli-
giosas denominadas iglesias —establecía el artículo 5% de la reglamen»
tación—, las que, por lo mismo, no tienen los derechos que la ley concede
a las personas morales.» Es decir, que a un delincuente se le reconocían
derechos que a la Iglesia se le negaban. :
12 Antonio Ríus Facius
El Código Penal establecía penas severísimas a los infractores:
expulsión del sacerdote extranjero que ejerciera su ministerio; multas
y cárcel a quienes, siendo religiosos o sacerdotes, enseñaran doctrina
en las escuelas o se hicieren cargo de ellas; prohibición de órdenes mo-
násticas con pena de seis años de cárcel para «los superiores, priores,
prelados, directores o personas que tengan calidad jerárquica en la
organización o dirección del claustro»; las personas que indujeran a
otras al estado religioso, así fueran los padres a sus hijos, serían casti-
gadas «con pera de arresto mayor y multa de segunda clase»; a quienes
incitaran al desconocimiento de tan prudentes leyes, también se les
castigaría, no pudiendo los sacerdotes hacer crítica, ni aun privada-
mente, de tales leyes o de los encargados de aplicarlas, bajo pena de.
uno a cinco años de cárcel; ningún estudio hecho en escuelas particu-
lares tendría validez oficial; quien osare referirse a «actos de las au-
toridades del país o de particulares» relacionadas con instituciones
oficiales en periódicos religiosos o de simples tendencias en favor de
determinada creencia religiosa por su programa o por su título, sería
castigado con arresto mayor y multa de segunda clase.
_.. Pero basta ya de enumerar delitos: la lista resultaría excesivamente
larga, pues tanto lo era rezar un rosario en el atrio de un templo como
en una reunión familiar en la intimidad del hogar. f
- ¿Quién, que no fuera de la misma calaña de los perseguidores, podía
quedar a salvo de quebrantar tan estúpidas e infamantes disposiciones?
Y entonces, ¡sería tan fácil decir ante la faz del mundo que la Iglesia
era rebelde, ..!
Calles había planeado estratégicamente su ofensiva; el respaldo de
la masonería y el protestantismo yanquis lo ponían a salvo del fracaso.
Para provocarla le bastaba recordar la protesta publicada por el Epis-
copado siete años atrás, y mandar un reportero a visitar al arzobispo
de Méjico. Y ambas cosas se hicieron,
Primeros escarceos periodísticos.—El día 27 de enero de 1926 apa-
reció en las columnas de El Universal, diario capitalino de gran circula»
ción, la noticia insidiosa de que los católicos emprenderían tn breve
una campaña contra los artículos anticatólicos de la Constitución.
El fin que se perseguía era del todo tendencioso, a pesar de la jus-
tificación de la tal supuesta campaña contra unas leyes que no mere-
cían el nombre de tales.
“Méjico Cristero A l 13
Creo necesario, antes de seguir adelante, dar a conocer los artículos
que habían sido públicamente rechazados desde un principio por. la
Jerarquía y pueblo de Méjico.
El 3%, sobre educación, legislaba:
«La enseñanza es libre; pero será laica la que se dé en los estable-
cimientos oficiales de educación, lo mismo que la enseñanza primaria,
elemental y superior que se imparta en los establecimientos particu-_
lares.» (Luego entonces no era libre, como afirmaba el primer párrafó
del artículo).
«Ninguna corporación religiosa, ni ministro de algún culto, podrán
establecer o dirigir escuelas de instrucción primaria.» (Los miembros
del clero vuedaban descalificados para. la enseñanza, no así cualquier
vicioso o criminal). ,
«Las escuelas primarias particulares sólo podrán establecerse suje-
tándose a la vigilancia oficial.
»En los establecimientos oficiales se impartirá gratuitamente la en-
señanza primaria.» i
El artículo 5% establecía:
«El Estado no puede permitir que se lleve a efecto" ningún contrato, -
pacto o convenio que tenga por objeto el menoscabo, la pérdida o el
irrevocable sacrificio de la libertad del hombre, ya sea por causa de
trabajo, de educación o de voto religioso. La ley, en consecuencia,
no permite el establecimiento de órdenes monásticas, cualquiera que
“sea la denominación u objeto con que pretendan erigirse.»
El texto transcrito habla por sí solo. >
«Artículo 24: Todo hombre es libre para profesar la creencia reli-
giosa que más le agrade y para practicar las ceremonias, devociones o.
actos de culto respectivo, en los templos o en su domicilio particular,
siempre que no constituyan un delito o falta penados por la ley. i
»Todo acto religioso de culto público deberá celebrarse precisa-
mente dentro de los templos, los cuales estarán baĵo la vigilancia de la
autoridad.» f e
La pregonada libertad no era más que un sofisma: el culto quedaba
vigilado y recluido al interior del templo, pero podía ser considerado -
como delito, a juicio del Estado, cualquier acto religioso.
El artículo 27 privaba a la Iglesia del derecho de posesión:
«II.—Las asociaciones religiosas denominadas iglesias, cualquiera
que sea su credo, no podrán en ningún caso tener capacidad para adqui-
14 . . y Antonio Rius Factús
rir, poseer o administrar bienes raices, ni capitales impuestos sobre
ellos; los que tienen actualmente, por sí o por interpósita persona, en-
trarán al dominio de la nación, concediéndose acción popular para
denunciar los bienes que se hallaren en tal caso. f
»La prueba de presunciones será bastante para declarar Sda
la denuncia. Los templos destinados al culto público son de propie-
dad de la nación, representada por el Gobierno Federal, quien deter-
minará los que deban continuar destinados a su objeto. Los obispados,
casas curales, seminarios, asilos o colegios de asociaciones religiosas,
conventos o cualquier otro edificio que hubiere sido construido o des-
tinado a la administración, propaganda o enseñanza de un. culto reli-
gioso, pasará desde luego, de pleno derecho, al dominio directo de la
nación, para destinarse exclusivamente a los servicios públicos de
la federación ò de los estados en sus respectivas jurisdicciones, Los-
templos que en lo sucesivo se erigieren para el culto público serán pro-
piedad de la nación.»
Finalmente el artículo 130, cuya reglamentación ya extracté al prin-
cipio de este capítulo, era un tratado completo de cómo se puede escla-
vizar a la Iglesia. .
Esta situación intolerable se fue agravando durante aquellos días.
Habíase iniciado el choque doctrinal entre el materialismo ateo y el-
dogma católico.
Una semana después de haber sido dada a la publicidad la tenden-
ciosa nota periodística, El Universal publicó en lugar destacado unas
declaraciones hechas por Mons, Mora y del Río, que decían así: «El ilus-
trísimo señor arzobispo de Méjico se sirvió hacer a nuestro redactor;
señor Ignacio Monroy, la siguiente declaración dictada por él: “La doc-
“trina de la Iglesia es invariable, porque es la verdad divinamente
revelada. La protesta que los prelados mejicanos formulamos contra
Ja Constitución de 1917, en los artículos que se oponen a la libertad y
. dogmas religiosos, se mantiene firme. No ha sido modificada, sino ro-
“bustecida, porque deriva de la doctrina de la Íglesia. La información
<que publicó El Universal de fecha 27 de enero, en el sentido de que:
se emprenderá una campaña contra las leyes injustas y contrarias al
derecho natural, es perfectamente cierta. El episcopado, clero y cató-
licos no reconocemos y combatiremos los artículos 3%, 59, 27 y 130 de
la Constitución vigente, :
Este criterio no podemos por ningún motivo variarlo sin hacer trai-
ción a nuestra fe y a nuestra religión.”
Méjico Cristero . l l 15:
Aunque el tèxto fue maliciosamente alterado, como lo hizo saber
públicamente el Lic. Telesforo Ocampo, abogado del arzobispado, no
cabe duda que el contenido era cierto, pues no podía el arzobispo.
aceptar la legalidad de esas leyes sin traicionar la doctrina inefable de
la. Iglesia,
En un consejo de ministros se dio lectura a las anteriores, declara-
ciones y Calles externó su propósito de que fuese consignado Mons.
Mora y del Río a la Procuraduría General de la República. l
Morones, su ministro de Industria y Trabajo, secundó con entu-
siasmo la idea del presidente, que los demás miembros del gabinete-
aprobaron también, y, pretextando que la palabra combatir usada en
las declaraciones, entrañaba una amenaza para la estabilidad del régi-
ten, por medio del susceptible secretario de Gobernación, que no
admitía más combates que los de. la Revolución, el día 5 de febrero,
noveno aniversario de la promulgación del código queretano, fue con-
signado el arzobispo al procurador general, por considerar que sus
declaraciones entrañaban rebeldía contra las leyes fundamentales y
las instituciones de la República.
Al día siguiente, en una nueva entrevista, negó el prelado el cargo
‘que se le hacía y recalcó que no era delito rechazar los artículos cons-
titucionales que no correspondían a ùn sentimiento de justicia ni mẹ-
nos a una aspiración nacional.
La consignación no prosperó, porque el juez, ante la negativa del-
arzobispo de haber pronunciado la palabra: combatir, no encontró delito
que castigar.
Pero la maquinaria de la persecución estaba en marcha y Calles era
él primer interesado en que no se detuviera.
El día 8, sin que se supiera quién había ordenado su publicación,
se reprodujo la protesta de los obispbs, hecha el 24 de febrero de 1917,
contra la Constitución. En ella se decía que el Código de 1917 procla-
maba «principios contrarios a la verdad enseñada por Jesucristo» y
arrebataba a la Iglesia los pocos derechos reconocidos en la Constitu-
ción de 1857.
Sin pretender inmiscuirse en cuestiones políticas, protestaban c con-
tra tales leyes y daban una serie de razonados argumentos sobre la,
fracción IV del artículo 130 que negaba toda personalidad a la Iglesia,
a la que, sin embargo, era innegable que asistía un derecho anterior al
Estado. - E
A
E
\
}
j
5
j
=
Monseñor José Mora y del Rio, Arzobispo Primado de Méjico.
Méjico Cristero ` 17
Citaban los textos constitucionales y añadían: «Por una parte- se
restringe la libertad de enseñanza, toda vez que se prohibe la instruc-
ción religiosa aun en las escuelas privadas, y por otra, se coarta en los
sacerdotes la que todo hombre tiene de enseñar y, por último, se ataca
el derecho de los padres de familia a educar a sus hijos según su con-
ciencia y religión.»
La protesta acerca del artículo 5%, decía «que sobre impedir una:
práctica de la vida religiosa, coarta la libertad de asociarse para un
fin honesto como es el ejercicio de la caridad, y limita el derecho que
“todo hombre tiene de normar su vida conforme al dictado de su con-
ciencia.
«Protestamos, pues —decían al final de sus argumentos contra el
artículo 27—, contra el doble despojo inferido a los católicos en el ar-
tículo citado, quitándoles la propiedad de los templos y el derecho de
adquirirlos, protestamos, asimismo, contra la violación de la libertad
religiosa que ese despojo lleva consigo.»
Y respecto al artículo 130 formulaban una pregunta: «¿Se impone
‘una exclusión ignominiosa para el ministerio sacerdotal, pues, por qué
no se limitan, ni por el número ni por la nacionalidad de los que las
ejercen, las demás profesiones?»
Concluía aquel documento con las siguientes palabras:
«Por todo lo dicho, protestamos contra semejantes atentados en
mengua de la libertad religiosa y de los derechos de la Iglesia, y decla-
ramos que deseconoceremos todo acto o manifiesto, aunque emanado de
cualquiera persona de nuestra diócesis, aun eclesiástica y constituida
en dignidad, si fuera contraria a estas declaraciones y protestas.»
El rigorismo de la ley.—Dos días después el feroz coronel Adalberto
Tejeda, secretario de Gobernación, comenzó a aplicar arbitrariamente
la prohibición de ejercer el ministerio sacerdotal a los extranjeros,
“contenida en el oprobioso artículo 130 y que, durante nueve años, había
. sido intencionalmente ignorada por el gobierno.
` Momentos antes de la salida del tren nocturno a Veracruz, los agen-
tes de Gobernación se presentaron en los domicilios de conocidos
“sacerdotes extranjeros y en los templos donde ejercían. Aprehendie-
-ron a cuantos encontraron, aun arrancándolos a viva fuerza de sacris-
tías y confesiónarios y, sin permitirles cambiar su indumentaria, los-
condujeron a los tenebrosos sótanos de la Inspección de Policia para
AÉXICO CRISTERO.—2
18 Antonio Rius Facius
trasladarlos, después, a la estación del ferrocarril, donde se les subió
al tren que partía para Veracruz, y embarcarlos, finalmente, el día
11 de febrero, a bordo del Espagne, en tercera clase, rumbo a La Haba-
na. Por supuesto que a ninguno se le dio oportunidad siquiera de llevar
el más indispensable equipaje o recoger sus legítimas pertenencias.
Las víctimas de esta expulsión despiadada fueron más de doscien-
tas en la capital y en otras ciudades, en los dos meses siguientes.
La ley caía con todo rigor sobre la Iglesia.
' Quedaba aún pendiente la promulgación de la reforma al Código
Penal, pero Calles tenía ya la autorización debida para hacerlo.
El gobierno revolucionario comenzaba a cumplir sus postulados.
El mismo día que el vapor, conduciendo a los primeros sacerdotes
expulsados, zarpaba de Veracruz, Calles telegrafió a todos los gober-
nadores ordenándoles que se ocuparan inmediatamente de la regla-
rmentación del artículo 130 constitucional. i
Tres días más tarde Gobernación giró instrucciones a toda la
República, ordenando la clausura de todos los colegios que no funcio-
naran conforme a las reglamentaciones antirreligiosas puestas en vigor.
Con este motivo los atropellos cometidos en todo el país sumaron
cientos, dejando sin hogar a niños hospiciarios y sin clausura a multi-
tud de religiosas. Según datos proporcionados por el mismo secretario
de Gobernación, fueron clausurados entonces 93 conventos y colegios
en el Distrito Federal, 23 en Michoacán, 19 colegios en Querétaro, 9 co-
legios y conventos en Durango, 8 en Aguascalientes, 6 en el estado de
Méjico, 6 en Zacatecas, 5 en San Luis Potosí, 5 en Coahuila, 4 en Oa-
jaca, 4 en Tamaulipas, 3 en Guerrero, 2 en Colima, y 1 en cada estado
siguiente: Campeche, Chiapas, Chihuahua, Jalisco y Puebla. **
No quedaron exentos de tan radical medida ni las benefactoras Sier-
vas de María, quienes fueron expulsadas de su convento, ubicado en
la calle de Sor Juana Inés de la Cruz, de la capital de la República,
el 23 de febrero de ese año.
El secretario de Educación Pública del gabinete callista, Puig Ca-
sauranc, creyó, a su vez, llegada su hora, y el 23 de febrero apareció la
reglamentación que hizo, por sí y ante sí, del artículo 3% constitucional.
En ella prohibía que se aplicara el nombre de algún santo u orden
religiosa a las escuelas, y hacía absolutamente obligatoria la ense-
ñanza laica. A esta reglamentación se opusieron los padres de familia
sin que, naturalmente, se les hiciera el menor caso.
“Méjico Cristero , 19
PEN o 5 A NO A A A a EN
;
4
La policía clausurando centros escolares,
Y para redondear esta situación de apariencia legal, el general
“Calles declaró al diario neoyorkino The World, que los sacerdotes ex-
tranjeros habían estado violando la prohibición constitucional de ejer-
cer su sagrado ministerio, y que por eso había ordenado que se les
'echase del país. Cosa distinta habían estado haciendo otros —natural-
mente protestantes— al dedicarse «a otras actividades legales como la
de enseñanza en colegios de educación secundaria», sin tomarles a ellos
en cuenta la prohibición contenida en el artículo 39.
«Estos ministros no han sido ni serán molestados», afirmaba, y los-
Estados Unidos podían estar seguros que el problema religioso en Mé-
“jico había sido desfigurado. Negaba, con pasmoso cinismo, que se
hubieran cerrado colegios, cuando su secretario de Gobernación afir-
maba públicamente lo contrario, consecuente, él sí, con la realidad
.puesta a la vista de todos.
20 Antonio Rius Facius
Veía Calles como un gran peligro dejar que el clero ejerciese su
ministerio con libertad, y por eso ponía especial cuidado en CTi
cumplir la ley.
Ley ignominiosa contraria al bienestar social del S T a su ideo-
logía y a su sentimiento.
¿Hasta dónde llegaría la paciencia de ése pueblo de esencia cató-
lica, generoso y sufrido como ninguno?
II
GALLARDA ACTITUD DE PROTESTA
Carta Apostólica.—Convención en Guadalajara.—
Ataque al templo de la Sagrada Familia.—Protesta.
de la ACIM.
Carta Apostólica.—Los católicos, agrupados en distintas institucio-
nes de acción cívico-social, previeron los difíciles tiempos que se ave-
cinaban para la religión en Méjico y, a mediados de 1925, la Liga
Nacional Defensora de la Libertad Religiosa envió a Roma a su vice-
presidente, abogado Miguel Palomar y Vizcarra, para que entregase
un memorial explicativo de la situación y expresase, de viva voz, la
necesidad de que Su Santidad hablase sobre ello.
El día 18 de septiembre de ese año, Palomar y Vizcarra, en repre-
sentación de la Liga, la Unión de Damas Católicas, la Confederación
Católica del Trabajo y la Asociación Católica de la Juventud Mejicana,
entregó el memorial y sostuvo decisiva entrevista, acompañado del que
fue presidente del Partido Católico, Gabriel Fernández Somellera, con
el cardenal Pedro Gasparri, secretario de Estado. de Sú Santidad
Pío XI i
Cumplida su delicada misión, regresó el licenciado Palomar a Mé-
jico y, a su paso por La Habana, se cruzó con el arzobispo de Durango,
Mons. González y Valencia, y el obispo de San Luis, Mons. De la Mora,
quienes iban a Roma con el mismo propósito que lo había llevado a él.
Sus gestiones alcanzaron éxito completo, pues al dar la respuesta
a las preguntas que el episcopado y los católicos de Méjico le hacían
21
22 Antonio Ríus Facius
sobre la conducta que debían observar frente a la difícil situación polí-
tica y social, Su Santidad Pío XI escribió su carta apostólica Paterna
sane sollicitudo el 2 de febrero de 1926, dirigida «a los venerables
hermanos José, arzobispo de Méjico, y a los demás arzobispos y obis-
pos de la República Mejicana.»
En ella expresaba su especial afecto hacia Méjico y el pesar que
le producían las vejaciones hechas por «los gobernantes enemigos de la
Iglesia», al sancionar determinados mandatos y prescripciones «que
ni siquiera parecen merecer el nombre de leyes» y que, con anteriori-
dad, habían sido rechazadas por su ilustre predecesor Benedicto XV.
Dadas las difíciles circunstancias que prevalecían, era necesario
que el episcopado, el clero y las sociedades católicas, se mantuvieran
apartados de la política, para no dar pretexto a la persecución. La prohi-
bición hecha anteriormente, de constituirse en un partido denominado
católico, no era impedimento para que los católicos, como ciudadanos,
ejercitaran sus irrenunciables derechos, «antes bien —subrayaba— su
misma profesión de católicos exige que de tales derechos y deberes
hagan el mejor uso, para el bien insuperable de la religión y de la
patria.»
Las disposiciones del Papa fueron estrictamente observadas por los
católicos mejicanos, pues con entusiasmo contagioso, se inscribieron en
gran número en la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa
para mantener sus derechos espirituales, dando por resultado que en
poco tiempo contara esta “institución con el respaldo y la simpatía
populares.
Tanto en el interior como en la capital de Méjico, fueron los
socios de la acim los principales promotores y organizadores de la
Liga. Su mayor experiencia y su prestigio innegable, como invictos
defensores de la fe, los autorizaba para ello.
El primer delegado nacional en el Distrito Federal fue Armando
Téllez Vargas, destacado acejotaemero que dio muestras, desde un prin-
cipio, de arrojo y valentía tales, que le merecieron ser nombrado secre-
tario del Comité Ejecutivo de la Liga, el 7 de julio de 1925.
Lo primero que hizo fue escribir al gobernador de Jalisco, José
Guadalupe Zuno Hernández, una carta con motivo de la opresión des-
encadenada contra los católicos jaliscienses, que había dado como resul-
tado la incautación del Instituto Regional y la prisión de varios estu-
diantes por el delito de proclamar su catolicismo.
Méjico Cristero 23
En su carta le decía que a su Delegación Regional habían llegado
los pormenores de sus excesos, motivados por «la debilidad moral de
su gobierno», enumeraba otros más de los atentados cometidos y ter-
minaba su escrito afirmando que se dirigía a él para «probar a los per-
seguidores de la libertad que el pueblo no vive engañado.»
Esta carta, fechada el 13 de julio, coincidió con los telegramas cam-
biados entre Manuel Velázquez, acejotaemero que presidía la jefatura
local de la Liga en Coyoacán, y el gobernador Zuno, de Jalisco:
«Gobernador del Estado.—Guadalajara.
«Pueblo católico Coyoacán, agrupado LNDER, advierte usted inicia
campaña en su contra por cobarde e injusta persecución Iglesia Cató-
lica ese estado.—Manuel Velázquez, jefe local.»
La respuesta no se hizo esperar; con la altanería característica de
los déspotas contestó Zuno Hernández: E
«Manuel Velázquez,—Coyoacán.
«Suyo 14, Usted y su campaña me tienen sin cuidado, pues los co-
nozco suficientemente como cobardes.—J. G. Zuno.»
A un acejotaemero no se le podía hacer el cargo de cobarde impu-
nemente, y Velázquez le envió este mensaje imponderable:
«Gobernador del Estado.—Guadalajara.
«Cobarde no es pueblo inerme, sino usurpadores que lo insultan y
vejan validos apoyo bayonetas: individualmente son incapaces hasta
enfrentarse mujeres.—Manuel Velázquez.» **
- La campaña de defensa, que había sido ordenada por la Liga en un
acuerdo tomado por la Convención General en su sesión del 26 de junio
anterior, dio como resultado la devolución del Instituto y la asi
de los prisioneros,
La Liga se había atraído a todas las organizaciones afines que ya
funcionaban en algunos lugares con magníficos resultados.
En Guadalajara, la Unión Popular, presidida por el indómito ace-
jotaemero Anacleto González Flores, al conocer el manifiesto funda-
cional de la LNDLR, envió un telegrama, el 24 de marzo de 1925,
para adherirse a ella, convirtiéndose en su Delegación Regional, aun-
«que conservando su propio nombre, y una casi absoluta autonomía en
sa, gobierno interior,
- No solamente en Guadalajara, sino en casi todos los estados de la
“República, encontró eco el llamado hecho por la Liga.
«DA. Antonio Rius Facius
` Durante los primeros días de abril varios grupos de la Aacim se
encargaron de su organización en Michoacán, San Luis Potosí, Puebla
y Aguascalientes, y fundaron los respectivos comités regionales.
En junio ya había grupos importantes en Chihuahua, Durango y
‘Nuevo León.
Para propagar la institución y recaüdar fondos, realizó Capistrán
Garza, el antiguo primer presidente general de la Acsm, una gira por
esos estados, con poco provecho económico, pero halagador éxito en
la difusión de la Liga.
En Guerrero los acejotaemeros impidieron, en aquel entonces, la
promulgación de una arbitraria reglamentación del artículo 130 cons-
titucional y, en Sahuayo, durante los primeros días de junio, sufrieron
prisión varios jóvenes de la AciM por repartir folletos de la “Decla-
ración de cardenales y arzobispos de Francia, acerca de las leyes lla-
madas de laicización y de las medidas que deben emplearse para com-
batirlas”, editados por la sección de propaganda de la Liga que ellos
habían establecido en aquella población.
Mientras tanto, el Comité Directivo se ocupó en reglamentar sus
actividades y su forma interior de gobierno para el caso de que, al ser
aprehendidos algunos de sus jefes, otros más ocuparan sus lugares inme-
diatamente. Esta previsora reglamentación dio benéficos resultados
posteriormente.
En un balance de fuerzas hecho al finalizar junio de 1925, el Comité
Directivo dio a conocer la suma de 36,000 miembros en todos los esta-
dos de la República, excepto Sonora, Campeche, Chiapas y el territorio
de Quintana Roo.
El estado que contaba con mayor número de simpatizadores era el
de Guanajuato con, 8,600. Capistrán Garza, en un segundo recorrido de
propaganda, esta vez por (Querétaro, Celaya, Guanajuato y Guadala-
jara, reunió la cantidad, importante en ese tiempo, de cinco mil qui-
nientos pesos.
Este impulso ascendente en favor de la Liga culminó con la reso-
lución del Cuarto Consejo Federal de la acsm, de fecha 16 de sep-
tiembre de 1925, ordenando que «los Grupos Locales de la ACIM coope-
rarán con todas sus fuerzas en los trabajos de la Liga Nacional de la-
Defensa Religiosa», acuerdo que fue respaldado por el arzobispo de
Méjico Mons. José Mora y del Río, al recomendar a la juventud cató-
lica que trabajara con decisión y entusiasmo por ella.
Méjico Cristero 25
Convención en Guadalajara.—Guadalajara, donde el fervor social
católico era desbordante, celebró su primera y única gran convención
la Unión Popular Jalisciense, presidida por Anacleto González Flores,
quien fue confirmado en el cargo de presidente de la Unión. Desde las
páginas de Gladium, órgano oficial de ésta, se hizo la convocatoria,
* y en los primeros días de enero de 1926 llegaron delegados de todas las
poblaciones situadas dentro del arzobispado y otros más de distintas
regiones del país. Ello ocasionó que el Comité Directivo de la Liga,
por conducto del Lic. Miguel Palomar y Vizcarra, pidiera a Miguel
Gómez Loza, compañero inseparable de Anacleto, que aclarase la situa-
ción de la Unión; a lo que respondió que ésta era «la Delegación Regio-
nal de la Liga en Jalisco y que si se invitaron a personas fuera del
estado fue solamente con el carácter de visitantes.» *
En esta Convención tomaron parte los socios de la Acim tapatía e
hicieron uso de la palabra el asistente eclesiástico de la Unión Dioce-
sana, canónigo Garibi Rivera —quien al correr del tiempo habría de ser
nombrado primer cardenal en Méjico—; el R. P. Méndez Medina, S. J.,
el R. P.: Ocampo, el P. Higinio Gutiérrez, el Lic. Agustín Navarro
Flores y Agustín Yáñez, este último director del periódico La' Epoca,
fundado por el dinámico caballero de San Gregorio Magno, Pedro Váz»
quez Cisneros, Seis lustros más tarde, Agustín Yáñez ocuparía la
gubernatura de su estado como representativo de la Revolución.
El programa aprobado comprendía tres aspectos esenciales: cate-
cismo, escuela y prensa. Para dar cima a la fecunda actividad de la
Convención, una romería de unas diez mil personas se dirigió hacia
el Santyario de Zapopan, donde el cura Vicente Camacho, más tarde
primer obispo de Tabasco, subido sobre una silla bajo el pórtico del
“templo, pronunció un encendido discurso que terminó con el solemne
juramento hecho por aquella multitud, prometiendo fidelidad irrevo-
cable a su doctrina, a su prensa y a su escuela.
Cuando la grandiosa manifestación se disolvió y las colinas de Zapo-
pan se fueron perdiendo en la penumbra, el alcalde de aquel municipio
aprehendió a varios vecinos, para saciar con este acto ridículo su des-
pecho ante el nuevo triunfo de la fe.
Los sucesos ocurridos en. la capital de la República a principios
de 1926, repercutieron, con mayor o menor intensidad, en todos los es-
tados. En Guadalajara el cierre de escuelas y asilos exacerbó los áni-
mos de la población que se lió, en ocasiones, a palos con los ejecutores
26 Antonio Rius Facius
de la ley, quienes muchas veces salieron mal librados de los altercados.
Para atacar la raíz de aquella justa reacción ciudadana, el gobierno
de Jalisco ordenó el asalto y clausura del Comité Diocesano de la
ACJM, lo que realizó el 23 de febrero y que no pudieron evitar sus
once ocupantes defensores, quienes fueron a parar a la cárcel. Entre
ellos estaba el aguerrido Miguel Gómez Loza.
Los acejotaemeros, al enterarse del despojo, se agruparon para la
reconquista del local que alcanzaron a viva fuerza, una vez que se
repusieron de la sorpresa del asalto, interpusieron un amparo que los
confirmó en la posesión.
Al día siguiente lograron la libertad de sus compañeros, a excep-
ción de la de Miguel, quien fue trasladado a la penitenciaría del estado,
donde permaneció hasta el 1% de marzo siguiente, no obstante haber
sido condenado únicamente a 15 días de reclusión.
Durante esos días Miguel dio, una vez más, pruebas de la firmeza
de su carácter e inconmovilidad de sus principios, haciendo las veces
de consejero «y apóstol entre los penitenciarios, para quienes siempre
tuvo palabras de aliento que hicieron multiplicar las manos que opri-
mieron las suyas, como muestra de simpatía, cuando abandonó su in-
justa prisión.
El mismo día que las fuerzas policiacas asaltaban en Guadalajara
las oficinas de los acejotaemeros, en la ciudad de Méjico se Aena
un grave atentado.
Ataque al templo de la Sagrada Familia.—Con el pretexto de que
en el templo de la Sagrada Familia, situado en la colonia Roma, ofi-
ciaban algunos sacerdotes extranjeros, ordenó el coronel Tejeda un
cateo y el cierre del templo.
Cuando entraron los agentes de Gobernación, se celebraban en el
interior ejercicios espirituales para damas, las que, al darse cuenta de
lo que sucedía, se aprestaron a la defensa, de tal manera que cuando
llegaron las tropas para hacer cumplir la orden de clausura, ocupaban
la calle tres o cuatro mil personas, en su mayoría mujeres, quienes
opusieron resistencia a los soldados, que se vieron precisados, para
evitar una sangrienta matanza, a llamar en su ayuda a los bomberos,
los cuales arremetieron contra los defensores con chorros de agua.
Lejos de ceder, aquella multitud se dirigió a la calle de Bucareli,
frente a la Secretaría de Gobernación, para pedir que una comisión
Méjico Cristero i 27
Bomberos y policias atacan a los católicos frente al templo de la Sagrada Familia
de la ciudad de Méjico.
fuera escuchada por el ministro. Pero éste se negó y los bomberos
volvieron a hacer uso de sus mangueras contra las damas indefensas, y
como esto no bastara, el inspector general de Policía, jinete en nervioso
caballo al frente de sus hombres, la emprendió a latigazos contra el
pueblo que había tenido la osadía de pretender ser escuchado por
el secretario de Gobernación. Sólo así lograron aquellos cobardes disol.
ver la manifestación que espontáneamente habían organizado las mu-
jeres mejicanas.
Protesta de la acim.—El Comité General de la acīm consideró
- que tal situación era insostenible y que la juventud tenía que “salir a
la calle a gritar su inconformidad, como lo había hecho valerosamente
en incontables ocasiones anteriores, y el día 25 de febrero lanzó su
28 Antonio Rius Facius
Los bomberos dispersan con chorros de agua a quienes se acercan a la Secretaria
de Gobernación para protestar contra la clausura del templo de la Sagrada Familia.
varonil Mensaje a la Nación, firmado por todos y cada uno de los
miembros del Comité que presidía Octavio Elizalde y Ramos Natera
y otros jefes más de prestigio indiscutible, como lo eran el Lic. Miguel
Palomar y Vizcarra y René Capistrán Garza.
Ese notable documento comenzaba diciendo:
«En estos momentos de intensa persecución religiosa, en que por
medio de la legislación antidemocrática e impía se pretende esclavizar,
si no destruir, a la Iglesia Católica Apostólica Romana en nuestra pa-
tria, la Asociación Católica de la Juventud Mejicana siente la imperiosa
necesidad de elevar una voz franca de protesta dignamente airada.»
«En nombre de la civilización (protestaba) contra los ataques
a la libertad de conciencia», contra el cierre de templos y asilos, que
en el desamparo a inválidos y ancianos; contra la exclaustración de re-
“ligiosos y religiosas; contra la expulsión de los sacerdotes extranjeros,
Méjico Cristero ' 29
quienes llevarían «con su historia el desprestigio de la patria» y, por:
último, contra los atentados sufridos por «heroicas damas y valientes
muchachos de nuestro incomparable pueblo católico.»
Protestaban «en nombre de la más elemental justicia y buen sen-
tido, que proclaman que una ley contraria al derecho natural no es ley;
que una ley que provoca la indignación de una nación entera debe ser
reconsiderada; que una ley, en fin, antirreligiosa es absolutamente
imposible que haya sido forjada en nombre de un pueblo esencial-
mente religioso.»
Protestaban «en nombre de los derechos de Cristo, rey del mundo,
proclamado particularmente por Méjico en el último congreso euca-
rístico».
«La Asociación Católica de la Juventud Mejicana, deseosa siempre
' de concordia y de paz, ha querido contribuir a la terminación del viejo.
conflicto religioso en el terreno legal en Méjico, por medio del pací-
fico acercamiento del pueblo y sus representantes, aun a costa de renun-
cias lícitas, pero dolorosas, con la esperanza de días mejores; pero una
vez que se atacan los postulados de la civilización, los derechos del
pueblo y las divinas prerrogativas de Cristo, los miembros todos de
esta Asociación, como católicos, proclamamos que no estamos confor-
mes con la intromisión del poder civil en los asuntos que son propios
de la Iglesia; y como mejicanos exigimos la reforma de la Constitución.
* que atenta a nuestra libertad religiosa; y juramos ante la nación en-
tera que emplearemos nuestras energías, dentro de los medios lícitos,
para conseguir esta reforma.» *
La juventud, en pie contra el egoísmo, desenvainaba su espada jus-
ticiera.
mn
LA ASOCIACION CATOLICA DE LA JUVENTUD
MEJICANA ACTUA
Consejos Diocesanos.—Sexto Consejo Arquidiocesa-
no de Puebla.—Segundo Consejo Provincial de Mon-
_terrey —En Zacatecas cunde el malestar.—Manifiesto
- gcejotaemero.—La reglamentación del artículo 130
en los estados.—San Luis Potosí rechaza la regla-
mentación.—Otros estados afectados. > j
Consejos Diocesanos.—El hecho de que los acejotaemeros se dedi-
caran, con renovada energía, a la fundación de jefaturas de la Liga,
siguiendo en ello las disposiciones emanadas del Cuarto Consejo Fede-
ral de la acim, no fue obstáculo para que continuaran sus propias y
conocidas actividades, tales como crear nuevos grupos en los lugares-
donde antes no existían, entre otros los de Cuautla, Mor.; Tamazun-
chale, S. L. P.; Arroyo, N. L., y principalmente en la arquidiócesis
de Oajaca, la que visitó el presidente de la Asociación, Lic. Octavio
Elizalde y Ramos Natera, a principios de 1926, con halagadores resul-”
tados.
El arzobispo de Oajaca, Mons. José Othón Núñez y Zárate, lo reci-
bió cordialmente y lo alojó en su palacio arzobispal, demostrando con
ello el gran cariño que sentía por la Asociación.
Á su regreso a Méjico, el Lic. Elizalde propuso al Comité que reco-
nociera al Comité Provisional Arquidiocesano establecido en la vieja
capital de Antequera, y tal proposición fue aprobada.
i 31
32 oo Antonio Rius Facius
En las ciudades de Colima, Puebla, Querétaro, Saltillo y San Luis
Potosí se reunieron, respectivamente: el Segundo Consejo Diocesano
` de la Unión Diocesana de Colima, el Sexto Consejo Arquidiocesano de
Puebla, el Cuarto Consejo Diocesano de la Unión Diocesana de Queré-
taro, el Segundo Consejo Provincial de la Provincia Eclesiástica de
Monterrey y el Cuarto Consejo Diocesano de la Unión Diocesana de San
_Luis Potosí. f
Sexto Consejo Arquidiocesano de Puebla.—Los días 5 y 6 de enero
de ese año se efectuó en la ciudad de Puebla el Sexto Consejo de la
Unión Arquidiocesana de la acim, en el que se dieron a conocer los
progresos allí alcanzados y el establecimiento de cuatro nuevos grupos
en formación: Tepeaca, Tochimilco, Tlaxcala y Huejotzingo, para lo
cual había prestado su decidido apoyo el arzobispo poblano Mons. Pe-
dro Vera y Zuría, al recomendar a los curas y vicarios de su arquidió-
cesis la organización de Grupos de ACM.
De mayor importancia tal vez que la difusión de la acim en estas
poblaciones, fue la designación de diez nuevos asistentes eclesiásticos
para los Grupos Locales salidos del Grupo Motolinía, instalado en el
seminario conciliar: sacerdotes imbuídos de doctrina acejotaemera,
jóvenes y entusiastas, eran la mejor garantía del funcionamiento de la
Asociación. a
Las reuniones del Consejo tuvieron lugar en el domicilio del Comité
Diocesano, calle del 16 de Septiembre 307. Los temas estudiados fue-
ron los siguientes: “Formación de la élite de nuestros grupos”, “Disci-
` plina en los grupos de la Unión”, “Reclutamiento de socios”, “Encuesta
sobre nuestros trabajos” y “La Liga Nacional de Defensa Religiosa”.
Basta observar el enunciado de los títulos para conocer el espíritu
predominante del Consejo. Junto a la necesidad permanente de orga-
nización general y formación individual, no se descuidaba el ejercicio
de la acción; acción defensiva con la suma de esfuerzos en la Liga.
Nada mejor para precisar este hecho que citar algunos párrafos
ilustrativos de la importancia concedida al tema: «Nuestra ACIM
—dijo el Lic. Herminio Nuño y Flores— tiende a formar jefes: estos
jefes los está necesitando la Liga. Nuestra acsm, institución bastante
arraigada en el medio de nuestra juventud sana, debe prestar a la Liga
la garantía de su estabilidad... El pasado Consejo Federal puso todo
su empeño en imponer a todos los grupos de la República el punto de:
“Méjico Cristero 33
“mira en que debe colocarse la AcM para con la Liga Nacional de
. Defensa Religiosa. No hemos de fundir nuestros grupos en la Liga,
hemos de compenetrarnos con ella, conservando la independencia de
nuestra institución y el carácter peculiar que ella nos confiere, al
formarnos para el efército católico.»
Las conclusiones adoptadas al respecto, y que tuvieron decidida
“influencia en toda la acsm, fueron éstas:
«El VI Consejo de la acm de la arquidiócesis de Puebla decreta:
la Unión de la acīm Arquidiocesana de Puebla secunda los fines de
la Liga Nacional de la Defensa Religiosa, en cuanto permiten el pro-
grama y los estatutos de nuestra Asociación.
»Encarece a todos los socios de la Unión que se afilen a la LNDR.
»Encomienda a todos los núcleos o grupos selectos de los Grupos
Locales asentados en poblaciones donde aún no se establece la Liga,
que procedan a su inmediato establecimiento.
»Prescribe, como obligatorio a todos los Grupos de la Unión du-
rante el año de 1926, el estudio de materia cívica en sus círculos, salvo
la fracción 1 de las Conclusiones que, acerca del tema Vida Nacional
de la acm, aprobó el pasado Consejo Nacional.
»Impone al Comité la obligación de proporcionar a los Grupos
. de la Unión el programa de materia cívica que habrá de estudiarse en
los círculos.
»Dispone que los Grupos de la Unión, durante el año de 1926 y
dentro del cumplimiento del II postulado de nuestro programa, den
` toda la preferencia posible a los trabajos de la LNDR.»
El Lic. Octavio Elizalde leyó al final el tema “Propaganda de la
ACJM”, que era en sí todo un programa de acción cívica social.
La elección del nuevo Comité Arquidiocesano dio el siguiente resul-
“tado: presidente, Salvador Marín H.; secretario del exterior, Gustavo
Fernández Isla; secretario del interior, Víctor Manuel Tron; tesorero,
Fernando Albursúa; jefe de publicaciones, Lic. Herminio Nuño y Flo-
res, y como asistente eclesiástico del Comité, por designación del arzo-
bispo, continuó en el cargo el Pbro. José Ignacio Márquez y Tóriz, años
* después arzobispo de Puebla y director pontificio de la Acción Cató-
: lica Mejicana.
Segundo Consejo Provincial de Monterrey.—La provincia eclesiás-
tica de Monterrey celebró, durante los dias 1, 2, 3 y 4 de abril de 1926,
MÉxco CRISTERO.—3
34 Antonio Rius Facius
el Segundo Consejo Provincial de la AcJM, al que asistieron 45 dele-
gados de los grupos pertenecientes a los estados de Coahuila, San Luis -
Potosí, Tamaulipas y Nuevo León y, con el carácter de miembros de
adhesión, varios acejotaemeros de los grupos de Monterrey, Torreón y
` Saltillo, ciudad, esta última, sede del Consejo ~
Asistió como representante del Comité General, Luis Mier y Terán,
quien tomó parte activa con varias intervenciones oratorias que le fue-
ron muy aplaudidas. .
«Los actos religiosos del consejo —dice la crónica— fueron: dos so-
lemnes comuniones generales de delegados y visitantes el Jueves Santo
y Domingo de Resurrección; la visita en grupo a los monumentos el
Jueves por la tarde y el rezo de un Vía Crucis, en grupo también,
el Viernes Santo en la iglesia catedral».
En las sesiones de estudio se trataron los temas siguientes: “Forma-
ción en el conocimiento de las leyes de la acīm”, a cargo del delegado
por San Luis Potosí; “Formación Religiosa”, a cargo del delegado por
Coahuila; “Formación Cívica” y la jornada de Vanguardias, a cargo de
la delegación de Nuevo León; y “Formación Social”, que correspondió .
a los acejotaemeros de Tampico. Hubo, además, tres temas libres, que
versaron sobre “Ahorro”, “Visita al Santísimo” y “Formación depor-
tiva”, .que trataron los socios de los grupos regiomontanos.
En Zacatecas cunde el malestar.—Las actividades zacatecanas estu-
vieron salpicadas, por aquellos días, de incidentes precursores de la
gravedad social que se avecinaba,
. El domingo 2 de agosto de 1925 reunió al padre Adolfo Arroyo, en
su casa de Valparaíso, Zac., a doce jóvenes, algunos de los cuales habían
formado anteriormente un Grupo de acim, el que, por falta de aten-
ción, se había disuelto poco tiempo antes. Con ellos formó uno nuevo
que habría de cobrar merecida fama al correr de los meses, presi-
dido por Lucilo J. Caldera. La primera aparición del Grupo en pú-
blico fue hecha una semana después, para conmemorar el quincuagésimo
aniversario de la muerte del gran patriota ecuatoriano Gabriel García
Moreno. Antes de finalizar agosto los socios sumaban ya más de me-
dio centenar.
Veinte días de lluvia pertinaz y continua, que ocasionó graves de-
rrumbes en las casas de la población, finalizaron el 3 de enero de 1926
como presagio de los graves acontecimientos que se avecinaban.
Méjico Cristero 35
Grupo de la acsm de Valparaiso, Zac., al salir de una tanda de ejercicios
espirituales impartida por el P. Mateo Correa, durante la cual estudiaron
el grave problema social y religioso que significaba la creciente persecución
a la Iglesia,
El obispo de Zacatecas, Mons. Placencia, nombró párroco de Val-
paraiso al Pbro. Mateo Correa, quien llegó a la población para tomar
posesión de su cargo el 1° de marzo de 1926. Su llegada coincidió con
la del general Eulogio Ortiz, que arribó al día siguiente al mismo lugar.
Vicente Rodarte y Pascual Padilla, miembros del grupo acejotaeme-
ro, cumpliendo una orden del Comité General de recoger firmas de adhe-
sión a la protesta lanzada por la acsm en toda la República, recorrían
casa por casa de Valparaiso, sumando pliego tras pliego de adhesiones
espontáneas, Al enterarse el general Ortiz de la labor de los jóvenes
acejotaemeros, ordenó la inmediata aprehensión de éstos, así como de
los sacerdotes que se encontraban en la población. Un teniente se pre-
sentó en la casa del padre Arroyo, a quien acompañaba en esos mo-
mentos el presidente del Grupo de la acsm, Lucilo J. Caldera, exigiendo
la entrega de los documentos relacionados con la recolección de firmas.
“Lutilo le dio la carta del Comité General y la copia recibida del ma-
"nifiesto. Después se dirigieron el teniente, el sacerdote y Lucilo al
domicilio del padre Correa, quien fue a su vez aprehendido y, segui-
dos de algunos vecinos que se habían enterado de las detenciones, se
presentaron al general Ortiz. s
Antonio Rius Facius
36
Después de interrogarlos ordenó que encerraran a Lucilo y a los
dos sacerdotes y que éstos se dispusieran a marchar a Zacatecas. La
noticia pronto fue conocida por todo el pueblo; los acejotaemeros fue-
ron visitados por sus compañeros y los sacerdotes consultados sobre
la actitud que deberían asumir los católicos en su defensa. Ante el con-
sejo de ponderación, todos permanecieron a la expectativa, aunque en-
viaron correos a las poblaciones y rancherías cercanas para poner sobre .
. aviso a todos los habitantes de la región. Al día siguiente Valparaíso
amaneció lleno de gente. En las afueras del pueblo, varios grupos arma-
dos esperaban la primera indicación para acabar con el general Ortiz
y los miembros de su escolta, Al enterarse de la amenaza que se cer-
nía sobre su cabeza, el general abandonó el pueblo inmediatamente y
pidió a los prisioneros que se presentaran, por sí solos y cuanto antes,
en Zacatecas. Para evitar algún daño a la población, los padres Arroyo
y Correa cumplieron lo ofrecido y fueron a parar a la cárcel zacatecana
el día 10, donde permanecieron hasta el 16, en que, después de engo-
rrosos trámites y visitas al general Ortiz, fueron puestos en libertad.
No habían sido los únicos; otros sacerdotes y acejotaemeros de la
` Unión Diocesana de Zacatecas también estuvieron presos por el delito
de ser católicos cabales, entre ellos el prestigiado Guillermo López de
Lara, obligándosele, bajo amenaza de muerte, a que abandonase Zaca-
tecas, cosa que hizo el 3 de enero de 1926, para dirigirse a la ciudad
de Méjico, de donde marchó, meses después, hacia Europa.
El regreso de los sacerdotes a Valparaíso fue entusiasta: flores,
campanas a vuelo y una multitud clamorosa. Los muchachos de la
ACJM fueron de los más animosos en la recepción y su actividad les
ganó nuevos prosélitos.
Sin desmayar en su entusiasmo, la directiva del Grupo nombró pro-
pagandistas a varios de sus miembros, para que se encargasen de fun-
dar nuevos Grupos en las poblaciones colindantes. Estos iniciaron sus
actividades el 9 de mayo y, antes de finalizar el mes, los habían fun-
dado en el Capulín, en la hacienda del Astillero y en la de San Mateo.
En esta última estaba el seminarista José Antonio Salas, quien había
sido hecho prisionero anteriormente por el general Ortiz.
Tales actividades no tendrían nada de peculiar si no fuese por el
peligro que los acejotaemeros afrontaban. A fines de abril habían lle-
gado, enviados por el Comité General, ejemplares del manifiesto y pro-
grama de la Liga. Los muchachos del Grupo los pegaron en los muros,
Méjico Cristero 37
pero por orden expresa del presidente municipal fueron arrancados el
mismo día por el personal del municipio. Al cabo de tres semanas fue
detenido Manuel Tabuyo, principal autor de la difusión del manifiesto,
y Jesús Pérez, por pretender defenderlo. Al día siguiente, 27 de mayo,
apresaron al vicepresidente del Grupo, Francisco González, al ir a
visitar a sus compañeros. El padre Arroyo envió mensajes al Grupo
de Fresnillo y al Comité Diccesano de Zacatecas para que tramitaran
un amparo que, aunque fue concedido, no favoreció a los prisioneros
por la arbitraria oposición del encarnizado enemigo de los católicos,
general Eulogio Ortiz, jefe militar de la zona. El 29 los condujeron a
Fresnillo, de allí a Zacatecas y de Zacatecas a Méjico; aquí perma-
necieron hasta el 29 de junio, que salieron libres por falta de méritos.
| e
Manifiesto acejotaemero.—Estos movimientos defensivos correspon-
dían a un plan que, en el Comité General de la acim, se estaba
fraguando poco a poco, de acuerdo con los directores de la Liga. El ma-
nifiesto del 25 de febrero había llegado a todos los Grupos afiliados
'a la Asociación, y fue tan palpable el efecto que surtió que, en la sesión
ordinaria del Comité del 8 de marzo, dio cuenta Octavio Elizalde de que
dicho escrito había merecido ser consignado. Y no satisfechos con la
rápida y eficaz distribución de la protesta, a la que en-todas las-pobla-
' ciones en que había sido dada a conocer se le añadían nuevas firmas,
en el último número del boletín Juventud Católica, órgano oficial
del Comité General, correspondiente a abril de 1926, fue publicada esta
valerosa consigna: —
«En estos momentos de aguda, tenaz y violenta persecución reli-
giosa, el Comité General cree de su deber dirigirse a la Asociación
para unificar criterios, orientar la acción y encauzar las energías de
los grupos.»
A continuación hacía «una llamada al espíritu de piedad intensa
que debe reinar en la Asociación», y pedía a los Grupos. que organiza-
ran frecuentes comuniones, visitas al Santísimo, peregrinaciones, etc.
«A la oración se añadirá la acción constante, tenaz, abnegada, pru-
dente y valerosa; sin temerarios alardes, pero sin cobardías, cauta, pero
decidida; en que los esfuerzos individuales se sumen en un gran esfuerzo
colectivo, de tal modo que la Asociación, bajo las órdenes de sus jefes,
se mueva como un solo hombre, transformando su natural impulsivo -
en fría y férrea voluntad de constante trabajo.»
38 ` i Antonio Rius Facius
Para hacer esa labor recomendaba que se promovieran reuniones
en los Grupos, a las que deberían invitarse a antiguos acejotaemeros
para unificar criterios y que, de ninguna manera, se perdiera «él con-
tacto entre los socios de un mismo Grupo, ni entre los Grupos de una
Unión, ni entre las Uniones y el Comité General.»
Pedía especial «empeño en recoger el mayor número de firmas para
el manifiesto que oportunamente se les remitió» y que servirían para
formar un gran referéndum nacional.
«Además —concluía— presten su apoyo más efectivo a la Liga Na-
cional de Defensa Religiosa, cuya jefatura en materia cívica han reco-
nocido todas las instituciones de propaganda general establecidas en la
República.»
Estas instrucciones estaban apegadas a la más apremiante necesidad.
La reglamentación del artículo 130 en los estados.——La reglamen-
tación del artículo 130 constitucional avanzaba por la República como
‘peste implacable. Las órdenes_de Calles se cumplían con excesivo rigor
y. las legislaturas de los estados, asumiendo prerrogativas indebidas,
lanzaban las más descabelladas leyes, limitando el número de sacerdo-
tes que podían oficiar en cada estado. Ya anteriormente había habido
algún intento similar, que fracasó debido a la reacción violenta del pue-
blo y a la situación de inseguridad que reinaba en todo el país al que dis-
tintos grupos armados imponían sus propias leyes.
El 24 de abril de 1919, el Congreso local de Sonora decretó que
en el estado sólo podría ejercer un sacerdote por cada diez mil habi-
tantes y, al recrudecerse la persecución, lo único que se hizo allí fue
actualizar tal decreto.
Tabasco, durante el gobierno de Carlos Green, fue el siguiente
estado en dar ese paso, decretando, el 15 de diciembre de ese año, que
sólo podría haber un sacerdote por cada treinta mil habitantes o frac-
ción. Pero, pareciéndole a la camarilla revolucionaria que tal ley era
harto benigna, la modificó el gobernador Tomás Garrido Canabal el:
6 de marzo de 1925, estableciendo que las condiciones necesarias para
poder ejercer allí el ministerio sacerdotal eran: 1? ser tabasqueño o
mejicano por nacimiento, con cinco años de residencia en el estado;
2% ser mayor de 40 años; 3% haber cursado estudios primarios y prepa-
ratorios en escuela oficial; 4% ser de buenos antecedentes y moralidad;
5% ser casado, y 6? no haber estado o no estar sujeto a proceso alguno.
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Méjico Cristero - 39
EOM
¿Podían darse disposiciones más arbitrarias? Con ellas se preten-
día eliminar definitivamente a la Iglesia Católica en Tabasco, y no vale
la pena detenerse a estudiar todos y cada uno de los seis párrafos trans-
critos que hablan por sí solos. i
También en Coahuila hubo una reglamentación del artículo 130.
El decreto de fecha 3 de abril de 1918 establecía el número de sacer-
dotes para cada ciudad o población del estado y que eran: para Salti-
llo, la capital, hasta 12 sacerdotes; para Torreón 5, Piedras Negras 3,
Monclova 3, Parras 3, San Pedro de las Colonias 3, Matamoros de la
Laguna 2, y 1 para los demás poblados.
El 17 de mayo de 1923 el gobierno estatal de Durango decretó que
no podría haber más de 25 sacerdotes en toda la entidad, que contaba
con una población de cerca de medio millón de habitantes, desperdi-
gados en vastísima dimensión territorial. En aquella ocasión las pro-
testas del pueblo no valieron para hacer derogar el decreto, pero atem-
peraron su aplicación.
¿La acm tomó parte activa y eficaz en las manifestaciones de pro-
testa que hubo contra ese decreto, que llevaba el número 136 de la
legislatura duranguense.
Estos antecedentes legalistas favorecieron los propósitos persecuto-
rios del general Calles, para ordenar a los gobiernos de los estados la
reglamentación del artículo 130 constitucional. Las legislaturas locales
obedecieron la consigna, a cual más, de manera perversa y disparatada,
En Colima fue donde primero se dejó sentir esta tiránica política.
que excedía en su rigorismo absurdo a la seguida por la misma Rusia
“en la imposición del más obsecado y cruel materialismo ateo, aus-
piciado por la revolución mundial, de la que ella era maestra y el
gobierno mejicano aventajado discípulo. El estado de Colima contaba
a principios de 1926 con 62,000 habitantes, y el 24 de febrero su legis-
latura decretó que el número máximo de sacerdotes para toda la enti-
dad sería de 26. : ; :
Un mes más tarde expidió un reglamento de cultos en el que orde-
naba que en cada cabecera de municipio sólo podría ejercer un sacer-
dote, con excepción de Manzanillo y Tonalá, donde podrían haber 2,
. y para el municipio de Colima, la capital, hasta 10, El 5 de abril, una
multitud de quince mil personas, acaudillada por los acejotaemeros
colimenses, se reunió frente al palacio de gobierno para dar testimo- :
nio de su repulsa al artículo 130 y su reglamentación.
O AAA á _—— A a
40 k Antonio Rius Facius
El encarcelamiento que habían sufrido al salir de una sesión, un
mes antes, todos los. componentes del Comité Regional de la Acīm
presidido por J. Trinidad Castro, prisión que se prolongó durante cinco
días, acusados de rebeldía contra el Gobierno, les quitó definitivamente
el miedo, si es que alguno tenían, para enfrentarse gallardamente a la
persecución, sin importarles el peligro de volver a la cárcel.
. Mons, José Amador Velasco y Peña, bbispo de Colima, adelantán-
dose a una medida que toda la jerarquía católica de Méjico se vería
precisada a tomar más adelante, suspendió el culto público que exige
la intervención de sacerdotes, en los templos de su diócesis. `
A esa extrema, pero necesaria medida, respondió uno de los Grupos
de la acm de Colima con un emotivo mensaje, en el que decía:
* «Preferimos carecer de sacerdotes a que ellos, con mengua de la dig-
` nidad del ministro de Dios, entren en el Santuario por la puerta de-
las claudicaciones... ¿Cederemos? No. Ceder hoy es sucumbir ma-
. ñana...»
«La Asociación Católica de la Juventud Mejicana se dirige a todas
las asociaciones de católicos, cualesquiera que sean sus fines particu-
lares, para invitarlas a emprender una acción general y enérgica a fin
de obtener la derogación del decreto 126 y el reglamento de cultos.
Y señala como orden del día, como algo de trascendencia y eficacia,
esta conducta: abstenerse de paseos, diversiones, cines, teatros, uso
de coches y autos, compras de cosas que no sean indispensables.» "3
Este ejemplo de voluntad sería imitado más tarde por casi toda la
nación. +
Firmaban este documento fechado en julio de 1926, por el segundo
Grupo Local de la acsm en Colima, el presidente C. Basilio Cisneros;
vicepresidente, J. Jesús Dueñas; representante del Círculo Cardenal
Mercier, Miguel Anguiano, y Rafael Borjas Vargas, del Círculo Bene-
dicto XV. Miguel Anguiano Márquez sería después heroico general
cristero —y hoy celoso sacerdote— y Rafael Borjas Vargas esforzado
cruzado en la epopeya cristera y luego glorioso mártir* de Cristo Rey.
Sus firmas fulguran luminosas en el documento, cuyo texto fue pre-
cursor de la adopción del bloqueo económico-social que, en el mismo
mes de julio, adoptó la Liga Nacional de Defensa Religiosa para todos
los católicos del país.
* El autor advierte que el empleo del adjetivo “mártir”, no significa en nin-
gún caso anticipo al juicio innefable de la Iglesia,
Méjico Cristero . i 41
Nayarit fue el siguiente estado que fijó el número de sacerdotes
que podían oficiar en su territorio, habitado por 167,000 personas:
el decreto, de fecha 26 de febrero, lo' fijaba en 40.
San' Luis Potosí rechaza la reglamentación. —Cuando en la ciudad
.de Méjico un grupo de prominentes católigos estudiaba el proyecto del
padre Bergoénd, para establecer una Liga Cívica de Defensa Religiosa,
el obispo de San Luis Potosi, Mons. Miguel de la Mora, exhortaba a sus
diocesanos para que constituyesen la Liga Católica Popular Potosina,
cuyos estatutos redactó, con el fin de fomentar la religiosidad del pue-
blo y oponer un frente organizado a la persecución católica “por medios
pacíficos y legales”. Desde esa fecha —4 de marzo de 1925—, no dejó
de ocuparse en la realización de su proyecto hasta que, en compañía
del arzobispo de Durango, Mons. González y Valencia, partió a Roma
en octubre de ese año para informar de la situación en que se encon-
“traba la Iglesia en Méjico y hacer su visita ad límina apostolorum.
El 26 de febrero de 1926 arribó de regreso a su diócesis y, el 13 de
marzo siguiente, la legislatura del estado expidió el decreto número 85
que limitaba a 10 el número de sacerdotes para la ciudad, que contaba
con 90,000 habitantes, 2 en los municipios de Matehuala, Río Verde y
Santa María del Río, y 1 por cada municipio restante, con la obliga-
ción de que los sacerdotes diesen aviso previo al presidente municipal
respectivo. ¡
Inconformes con esta reglamentación del artículo 130 constitucio-
` nal, una comisión de respetables "ciudadanos presentó un proyecto de
ley derogativa al gobernador de San Luis Potosí, Dr. Adolfo Cano,
y a la Comisión Permanente del Congreso local; ésta se reunió el
día 8 y dictaminó que hasta el próximo período de sesiones del Con-
greso podría ser discutida, por lo que había de aplicarse, mientras tanto,
el decreto 85. El gobernador giró entonces una circular a todos los -
“presidentes municipales para que concediesen un plazo de 24 horas a
los párrocos y sacerdotes del estado para que se sujetasen a la ley.
El obispo De la Mora, al frente de su clero, interpuso el recurso
de amparo de la Justicia Federal, que le fue concedido provisional.
mente por un juez íntegro, que no era creyente, el Lic. Agustín Téllez.
` El día 15 terminaba el plazo señalado y, como la audiencia de derecho
para resolver si era o no de concederse la suspensión definitiva estaba `
fijada para el día siguiente, el obispo ordenó la suspensión del culto
42 Antonio Rius Facius
durante la tarde del 15 y la mañana del 16, y evitar así que los sacer-
dotes violaran esa disposición, que no les era lícito obedecer.
Efectuada la audiencia, fue concedido el amparo definitivo, que-
dando sin efecto, en todas sus partes, el decreto 85 del Congreso del
estado.
Las fuerzas tenebrosas que manejaban desde los altos círculos polí-
ticos la persecución religiosa, no podían conformarse con el restable-
cimiento de la legalidad en parte alguna de la República, y San Luis
Potosí no iba a ser la excepción. En la madrugada del día 18 se apos-
taron grupos de policías a las puertas de algunos templos de la capital
potosina y, sin mostrar orden escrita de la autoridad competente, clau-
suraron el Carmen, San Juan de Dios, la Compañía, Tercera Orden,
el Sagrado Corazón, Capilla de Guadalupe y San José. Las fuerzas
federales, en unión de las policiacas, recorrieron las calles a bordo de
camiones armados con ametralladoras.
El obispo ordenó que fuesen cerradas las demás iglesias y retirado
de ellas el Sagrado Depósito. El pueblo, alarmado ante los inesperados
acontecimientos, se reunió frente a los palacios municipal y de gobierno
y, en gran cantidad, en la calle de la Fuente, donde estaba el obispado.
El general Saturnino Cedillo, señor de horca y cuchillo del estado,
amenazó por teléfono al prelado, en nombre del presidente de Méjico,
“con ametrallar al pueblo si no se disolvía y ordenaba la reapertura de
los templos que no habían sido cerrados por las tropas, a lo que el
obispo respondió que le era moralmente imposible acatar la reglamen-
tación dada al artículo 130 de la Constitución, aunque, para evitar que
la indefensa muchedumbre fuese agredida, se esforzó en calmar a la
multitud que rodeaba su domicilio,
El gobernador hizo circular la noticia de que no había dictado orden
de aprehensión contra el obispo de San Luis, por lo que, después de
conferenciar entre sí algunos intermediarios, pareció aliviarse la ten-
sión reinante.
Declinaba el día y el número de fieles engrosaba en fima notoria
por la llegada de los trabajadores y campesinos que habian rendido
su jornada, pero la oportuna palabra del R. P. Rábago, hizo que em-
pezasen éstos a disolverse. Una comisión de sacerdotes, por mandato
del prelado, solicitó de los soldados que custodiaban con una ametralla-
dora una de las bocacalles, que se retirasen para facilitar la progresiva
disolución de la gente; pero se opuso el teniente coronal Rubio, que,
Méjico Cristero 43
jinete en brioso caballo, arremetió con la espada desenvainada contra
los inermes ciudadanos que aún no abandonaban la calle de la Fuente,
provocando con ello una sangrienta refriega.
Fueron reforzadas las guardias armadas en las esquinas contiguas
al obispado y patrullada la ciudad durante dos días. Mientras tanto
continuaron las negociaciones entre los representantes de los poderes
civil y eclesiástico con resultados satisfactorios para ambas partes, pues
llegóse a un acuerdo en el que los derechos de la Iglesia quedaron reco-
nocidos y el obispo dispuso la reanudación del culto en los templos de
la ciudad el día 20 de marzo. Pero una vez más quedó confirmada la
falta de buena fe en las altas esferas oficiales y burlado el buen deseo
y sano juicio de un gobernador que no disponía de más poder que' el
de ajustarse a las consignas recibidas. La persecución se reanudó y
muchos municipios quedaron privados del uso de sus templos, pues no
pudieron ser reabiertos por sus párrocos, a quienes se les quería im-
poner la ley que el obispo había rechazado —y así lo había reconocido
un juez justo— por inaceptable.
En el mes de noviembre de ese año, el Sr. De la Mora, para evitar
ser aprehendido, tuvo que ocultarse y buscar refugio, finalmente, en la
capital de la República.
Otros estados afectados.—El 8 de marzo tocó a Michoacán legislar
contra la Iglesia, El gobierno local dividió los municipios en cinco
categorías, concediendo a los de primera 10 sacerdotes, a los de se-
gunda 4, a los de tercera 3, a los de cuarta 2, y a los de quinta categoría
1 sacerdote, y sancionaba con un año de prisión el ejercicio del minis-
terio sin permiso de la autoridad. A consecuencia del decreto, la ACIM
en Zitácuaro organizó, el día 27 de abril de 1926, una exaltada mani-
festación de protesta que fue repelida por las fuerzas armadas y-poli-
ciacas con el consiguiente saldo de muertos y heridos, lo que más vino
a exaltar los ánimos de los católicos, a quienes no valían manifestaciones
pacíficas, las cuales eran rechazadas sistemáticamente por el Gobierno.
` El 12 de marzo la legislatura tamaulipeca decretó que no podían
admitirse más de 13 sacerdotes para todo el estado, que contaba con
350,000 habitantes.
El 24 de ese mismo mes, en Aguascalientes, sobrepasando tan absur-
das y atentatorias disposiciones,. se decretó que allí no podía ejercer
. más de un sacerdote por cada 50,000 habitantes.
44 ] . Antonio Rius Facius
El 10 de abril Yucatán dispuso que no hubieran más de 40 sacer-
dotes en todo el estado, que alcanzaba cerca de 400,000 habitantes.
En Puebla el decreto reglamentario fue más benigno; dejó un sacer-
dote por cada 4,000 habitantes a partir del 16 de abril, fecha del decreto.
El estado de Hidalgo, el 15 de mayo, reglamentó el artículo 130
con un decreto concediendo el ministerio de un sacerdote por cada mu-
_nicipio, a excepción de la capital, Pachuca, en donde admitía 2, e igual
número en Tulancingo.
El 17 de mayo tocó a Tlaxcala demostrar su obediencia a la perse-
cución ordenada por Plutarco Elías Calles, al fijar el número máximo
de 36 sacerdotes para toda la entidad, con la prohibición de que se reu-
nieran más de 6 en una población «y esto sólo de manera transitoria».
El 21 de mayo el Congreso local de Sinaloa, obediente a las consig-
nas del Gobierno Federal, aprobó que sólo 45 sacerdotes pudieran aten-
der a todo el estado.
El de Méjico, del que era gobernador Carlos Riva Palacio, decretó
que, para el millón de habitantes con que contaba, bastaban y sobra-
ban 140 sacerdotes. Esto representaba una mejoría, visto con criterio
revolucionario, en relación al decreto expedido por el general Fran-
cisco Munguía el 30 de septiembre de 1914, por el que se prohibía
predicar sermones, aconsejar ayunos, cobrar diezmos o derechos de bau-
tizos y responsos, pedir limosnas, decir misas de difuntos, y otras
“imposiciones que rubricaba con la condición de que las misas no podían
celebrarse más que los domingos, siempre y cuando no fuesen más de 2.
. Manuel Bouquet gobernaba Jalisco cuando, el 3 de julio de 1918,
expidió el decreto limitando a 1 el número de sacerdotes por cada
5,000 habitantes. El pueblo, a cuyo frente estaba la acsm, logró su
derogación. Aquel episodio fue ejemplo para todo el país,
Los jaliscienses pensaron que podrían hacer lo mismo en 1926,
cuando el 18 de marzo el gobierno de Jalisco expidió un nuevo orde-
namiento autorizando a 250 sacerdotes el ejercicio de su sagrado mi-
nisterio para todo el estado, que contaba con 1.256,000 ‘habitantes;
pero la persecución organizada en la República surgía potente e im-
placable y, antes de que el pueblo alcanzara, no ya el triunfo, sino un
alivio, tuvieron que caer muchos mártires.
Ese decreto fue ampliado posteriormente, el 25 de agosto de ese
año, con el fin de puntualizar los precisos y rigurosos requisitos nece-
sarios para ejercer el ministerio sacerdotal.
A A 4 ¿yq A _ OO A A —>
Méjico Cristero i 45
e
A Chihuahua le llegó su turno el 8 de julio de 1926, en lo que
a reglamentación del malhadado artículo 130 se refiere. La legislatura
local decretó que sólo podía haber un sacerdote por cada 9,000 habi-
- tantes, y siendo Chihuahua uno de los estados en que, por sus gran-
des dimensiones, más desperdigada se encontraba su población, hacía
del todo ineficaz la labor de un solo sacerdote para tan elevado número
de habitantes.
Los acontecimientos nacionales alcanzaron su máxima gravedad en
agosto de 1926, pero no fueron óbice para que el plan perseguidor
detuviera su marcha implacable. El 22 de septiembre Campeche de-,
. cretó que sólo podían haber 3 sacerdotes en todo el estado, rectifi-
cando el decreto de fecha 3 de noviembre de 1917, que autorizaba
5 en total.
El 5 de octubre fijó el gobernador de Guanajuato, que era Enrique
Colunga, la proporción de un sacerdote por cada 5,000 habitantes.
El 30 de noviembre fueron autorizados en Zacatecas 30 sacerdotes
- para la capital y 1 para cada uno de los restantes municipios.”
La lista continúa, y, en los años siguientes, los estados que aún
no lo habían hecho fueron lanzando sus decretos respectivos, limitando
© el número de sacerdotes y condicionando su actuación.
IV
ATAQUES A LA JERARQUIA CATOLICA
Expulsión del delegado apostólico. — Valerosa acti-
tud del obispo de Huejutla. — Memorial del obispo
de Tacámbaro.—Primera Carta Pastoral Colectiva.
Expulsión del delegado apostólico.—El 4 de marzo de 1926 cruzó
la frontera norte de Méjico el nuevo delegado apostólico, Mons. Jorge
José Caruana, de nacionalidad norteamericana, enviado por el Papa
Pío XI para hacerse cargo de su elevada representación en aquellos
delicados momentos.
Mons. Caruana permaneció discretamente en Méjico, sin tratar de
hacer valer su posición ni tomar parte en los asuntos públicos del país.
Su labor era de concordia y no de provocación, y estuvo, en todo mo-
mento, a la altura de su deber. Pero al Gobierno le molestaba su pre-
sencia y, sin que mediara ninguna causa que lo justificara, se presentó
'en el domicilio del obispo el jefe de los agentes confidenciales de la
Secretaría de Gobernación, conminándolo con una orden de Calles a
que abandonara el país en el término de tres días.
La expulsión había sido decretada con el pretexto de que el dele-
gado apostólico había violado el artículo 130 de la Constitución.
Cuando, al término del plazo fijado salió de Méjico, hizo las si-
guientes declaraciones que aclaraban la verdadera causa de su inopi-
“nada expulsión: A
«El miércoles 12 de mayo, el coronel Francisco M. Delgado, jefe
del Departamento Confidencial de la Secretaría de Gobernación, visitó
47
48 ' : i Antonio Rius Facius
mi residencia y me mòstró un documento dirigido a él y redactado en
forma de decreto ejecutivo. Por medio de este*documento se me noti-
ficaba, por el ministro de Gobernación, que el presidente de Méjico
había ordenado mi expulsión del territorio mejicano, fundándose en que
yo había hecho falsas declaraciones acerca de mi nacimiento, profesión
y religión, violando el artículo 130 de la Constitución mejicana...»
Los Estados Unidos, que siempre habían sido extremadamente sus-
ceptibles en cuanto a las ofensas figuradas o ciertas hechas a sus ciu-
dadanos, no mostró en esta ocasión el más mínimo disgusto por la -
vergonzosa expulsión de tan relevante personaje.
Las protestas elevadas por los miembros más eri de la
jerarquía eclesiástica no fueron tomadas en cuenta, a no ser para con-
signarlas al Ministerio Público por el delito de disolución social.
Y el Gobierno, haciendo uso de todos los medios de propaganda a su
alcance, difundió al mundo entero sus propias e interesadas versiones
sobre los graves acontecimientos. En esta campaña tomó parte activa
Plutarco Elías Calles, principal interesado en aceptar entrevistas ten-
denciosas con reporteros extranjeros,
. Valerosa actitud del obispo de Huejutla.—Para acallar tantas men-
tiras y calumnias, la Iglesia, por voz de uno de sus más prestigiados
" prelados, Mons. José de Jesús Manríquez y Zárate, obispo de Hue-
jutla, expuso la verdad con asombroso valor y precisión en su Sexta
Carta Pastoral de fecha 1% de marzo de 1926.
Mons. Manríquez y Zárate ya había dedicado con anterioridad dos
cartas pastorales más a sus diocesanos sobre el mismo tema, la cuarta
y la quinta, en las que con diáfana claridad había expuesto la doc-
trina de la Iglesia sobre sus derechos, indebidamente usurpados por .
el gobierno civil. Aunque en ellas hacía una franca exposición de los
acontecimientos, su protesta era comedida y esperanzada.
Ante la sordera incurable del Gobierno, que nada ponía de su parte
* para encontrar un principio de solución a los problemas por él auspi-
ciados, desafiando las iras del tirano, el ilustre prelado escribió su céle-
bre Pastoral, de la que son algunos de los siguientes párrafos:
«Declara el señor presidente de la República recientemente a un
periódico norteamericano que la persecución religiosa en Méjico obe-
dece a la intromisión del clero católico en los asuntos políticos del
país, al contrario de lo que sucede en los Estados Unidos, en donde
Méjico Cristero
49
el clero y las monjas jamás se entrometen en la política del gobierno
temporal. Miente el señor presidente de la República al asegurar tal
cosa. Si algún delito ha cometido el clero. de Méjico, es precisamente
el no haber tomado participación alguna en la política sucia y de en-
juagues por la que resultan repre-
` sentantes del pueblo aquellos su-
jetos que éste ni conoce, ni ama,
sino en la política de principios;
aquella que se ocupa en las gran-
des verdades del orden social so-
bre las que descansan la paz, la
«felicidad y el bienestar de los pue-
blos. Por esta no intervención o
- abstinencia criminal, es por lo que
“ahora estamos sufriendo los terri-
“les azotes de la Providencia Di-
vina de quien el jacobinismo me-
. “jicano no es sino un simple instru-
¿+ mento.
¿< »Mucho complace al gobierno
la actitud cobarde y medrosa de
¿“fos católicos mejicanos en frente
“vde la persecución; claro está, de
sta manera no habrán de fati-
arse ciertamente los sayones en
* cortar cabezas de cristianos, ni los
:- gobernantes sufrir las fiebres bi-
iosas que casi siempre ocasionan
“preparación de la injusticia y
+ “del crimen. Pero esto mismo cons-
. lituye un argumento colosal en
' contra de las declaraciones del
+ señor presidente, pues no puede
éscápar a su penetración, ni mu-
A * mizico CRISTERO.—4
Integérrimo obispo de Huejutla, Mons.
Jesús Manrique y Zárate. Nació en León,
Gto., el 7 de noviembre de 1884; fue
electo el 11 de diciembre de 1922 y con-
sagrado en su ciudad natal el 4 de fe-
brero de 1923.
e menos a la del mundo civilizado que nos contempla, que si el:
: Méjico católico estuviera bien organizado para la defensa, nada vak
* dríantodos los ardies del jacobinismo en contra suya.
50 : Antonio Rius Facius
»Tanto el señor presidente de la República como el señor ministro
de Gobernación, hacen alarde de valor en estos momentos solemnes en
que se estrangula implacablemente la religión del pueblo mejicano y se
admiran de que no haya hombres que presenten el pecho descubierto
a los esbirros jacobinos armados de balas hasta los dientes.
»Ha declarado también últimamente el señor presidente de la Repú-
blica, que considera que de la aplicación de los artículos atentatorios de
la Constitución en materia religiosa, no ha surgido ningún problema
de importancia en el país y que todo se ha reducido a protestas más o
menos escandalosas en que actúan solamente mujeres, sin tener los
individuos del sexo masculino el valor suficiente para presidirlas y
capitanearlas en sus heroicas empresas. Miente el señor presidente de
la República al asentar tal afirmación.
-——— » Debe saber que acá, en estas lejanas tierras sumidas perpetuamente
- en la barbarie y bañadas por un sol africano, existe un hombre, un cris-
tiano que tendrá el valor, con la gracia divina, de sufrir el martirio
si es necesario, por la causa sacrosanta de Jesucristo, si es que el jaco-
binismo puede conceder favores: de que no se le asesine por la espalda.
Si el gobierno jacobino exige de los católicos mejicanos el verdadero
valor cristiano, nosotros tenemos derecho de exigir de nuestros verdu-
gos siquiera el valor y la osadía de los césares de la Roma pagana...» *
Por fin la dignidad episcopal alcanzaba su justa dimensión. El Excmo.
Sr. Manríquez y Zárate había señalado, con índice de fuego, cuál debía
ser la conducta erguida y viril de los católicos mejicanos frente a la
tiranía. `
El obispo de Huejutla recibió incontables mensajes de adhesión y
simpatía que respaldaron su conducta de obispo y de mejicano. Pero
Calles no podía sufrir que nadie se le enfrentara con la verdad. La carta
` pastoral de Mons. Manríquez y Zárate, a la que siguió un memorial.
del obispo de Tacámbaro y la Carta Pastoral Colectiva del Episcopado
Mejicano, se convirtieron en un excelente pretexto para justificar su
. odio a la Iglesia y su sed de. venganza contra aquél que había osado
" acusarlo públicamente.
El 13 de mayo citó el juez de primera instancia al obispo para al
día siguiente, pero Manríquez y Zárate se negó a comparecer porque
-no reconocía competencia a los tribunales del orden civil para conocer:
de asuntos eclesiásticos. La segunda cita enviada por el juez recibió
igual respuesta y, el día 15 a las 4.45 de la tarde, se presentó el coro--
Méjico Cristero k l 51
nel Enrique López Leal, quien había llegado a Huejutla dos días antes
al mando de un regimiento de caballería, para notificar al obispo que
desde ese momento quedaba preso en su residencia y que al día si-
guiente saldría hacia la capital del estado, de acuerdo con una orden
transmitida de la Jefatura de Operaciones Militares a petición del juez
-de distrito de Pachuca,
Al cabo de una hora, al ser conocida la noticia, una gran muche-
dumbre se acercó a la casa del prelado, por lo que, a las siete de la
noche, se apostó a sus puertas una escolta de soldados. El obispo no
pareció preocuparse por lo que le acontecía y continuó su vida normal
'con el rezo del Oficio Divino y del Santo Rosario, acompañado de la
gran multitud de fieles que habían logrado entrar a su reducida resi-
dencia. A las cinco de la mañana del día 16, Mons, Manríquez y Zárate
estuvo listo para el viaje, y a las siete, cuando se presentó su custodio,
montó en su cabalgadura, no sin antes dirigirse en los siguientes ter=
minos a quienes lo rodeaban:
.- «Protestamos enérgicamente contra este atropello hecho a la digni-
dad episcopal que, aunque indignos, representamos, y sobre todo por
ir directamente contra la Iglesia de Dios.»
Desde su cabalgadura bendijo a su pueblo fiel que lo acompañaba:
y que no pudo seguirlo por impedirlo un escuadrón de caballería del
„ejército, Las campanas de la catedral tocaron a rogación. La AcJM se
. dirigió telegráficamente al presidente de la República y al juez de dis- `
trito de Pachuca para protestar por el atentado. El 21 de mayo llegó"
el mitrado a Tulancingo, donde permaneció media hora, para salir
hacia Pachuca y llegar a esa ciudad a la una de la madrugada del
-sábado 22.
Ese mismo día la Jefatura de Operaciones de Hidalgo puso al diia.
-a disposición del Juzgado de Distrito. Son dignas de mencionarse las
cartas que se cruzaron, por medio de la prensa, el arzobispo de Du-
_rango, Mons. José María González y Valencia, y el obispo de Huejutla,'
«Mons. Manríquez y Zárate, este último desde su prisión,
Las peticiones hechas a Calles por el Comité Episcopal y el arzo-
bispo de Méjico, Mons. José Mora y del Río, tuvieron esta respuesta:
- «No hay otro camino para que ustedes eviten dificultades y, asi-
«mismo, las eviten al Gobierno, que someterse a los mandatos de la ley...
“La situación en que se encuentra el obispo de Huejutla es consecuen-
cia de sus mismos actos y de su actitud altanera y falta de respeto
==
52 Antonio Rius Facius
para las autoridades y la ley» (siempre la sacrosanta ley, que la tiranía
ejercía exclusivamente contra los derechos de la Iglesia); «y en este
caso y en todos los que se presenten, se obrará de la misma manera,
sin que haya influencias interiores o exteriores que hagan cambiar esta
` actitud del Gobierno de la República.»
Pero no sería esta actitud intransigente de Calles la que hiciera
doblegar el espíritu de Manríquez y Zárate, quien se negó «a nombrar
defensor por no reconocer ni lejana o implícitamente la jurisdicción
civil en asuntos eclesiásticos», sólo aceptó la asistencia del Lic. Barrios,
que le proporcionó Pablo González Verazueta.
Tras dos humillantes audiencias, fue declarado formalmente preso
el 24 de marzo, sin que fueran tomadas en cuenta las apelaciones hechas
por el Lic. Barrios. Al prisionero le fueron puestos guardias armados
en las mismas habitaciones que ocupaba.
Las plumas de escritores sin miedo esparcieron la noticia. Los ace-
jotaemeros de Jalisco protestaron por el atentado; Armando Téllez
Vargas escribió en La Epoca un artículo que reflejaba el estado de
efervescencia que dominaba al pueblo católico a la vista de tal ini-
quidad. o i
“o Durante once meses permaneció el obispo de Huejutla bajo la insul-
tante acción de la justicia. Cuando en octubre de 1929 visitó a su emi-
nencia el cardenal Pedro Gasparri, secretario de Estado. en la Ciudad
del Vaticano, el prelado de Huejutla sostuvo el siguiente diálogo con '
el cardenal, según dejó escrito en sus impresiones inéditas:
- “Buenos días, Emmo. señor —el cardenal hablaba perfectamente
el español. O
*. “—Buenos días —le contestó.
. “—Yo soy el obispo mejicano, prelado de la diócesis de Huejutla.
- “Ah — replicó—, ¿y cuándo fue expulsado de la diócesis?”
“—El 22 de abril de 1927, y estuve un año en la cárcel, y dos he
“ permanecido en el destierro.
¿< (Diecisiete años tendría que sumar en total, comiendo el pan amargo '
. del exilio, Mons. Manríquez y Zárate.) :
“¿Estuvo usted en la cárcel pública?
“_No, eminencia, sino primero en la casa anexa a la parroquia
de la Asunción de Pachuca y el resto en casas particulares; pero tenía”
constantemente conmigo dos o tres esbirros armados que me seguían
Méjico Cristero 53
a todas partes y querían enterarse de mi correspondencia, y aun pre-
tendin dormir conmigo en la misma pieza. i
—;Qué bárbaros!, ¿y cómo lo trataron?
“Como se trata a cualquier criminal.”
La conducta del Gobierno era del todo injuslficabile. desde el mo-
mento que el abogado de monseñor había obtenido oportunamente la
libertad caucional del acusado bajo la fianza de $2,500.00 oro, que
el ingeniero Gómez entregó al Juzgado.
Para no interrumpir el orden cronológico de los acontecimientos,
quede hasta aquí el relato de lo sucedido al heroico obispo y sigamos
con la resuelta actitud asumida por sus hermanos de la jerarquía.
Memorial del obispo de Tacámbaro.—El 16 de marzo de 1926, Mons. -
Leopoldo Lara y Torres, primer obispo de Tacámbaro, dirigió un ex-
tenso “memorial al presidente Plutarco Elías Calles, a las Cámaras
legisladoras de la Unión y al gobernador del estado de Michoacán,
. Gral. Enrique Ramírez, En él hacía una exposición imparcial y obje-
tiva de los hechos.
«Hablo —decia— en nombre propio y de ciento cincuenta mil dio-
cesanos», puesto que si fuera posible hacer un plebiscito, era seguro
- que todos suscribirían su memorial.
En bien de la paz, durante mucho tiempo habían callado; por eso,
después de la protesta hecha por el Episcopado mejicano a raíz de
haberse promulgado la Constitución, no habían vuelto a manifestar pú-
blicamente su justo rechazo al código queretano.
Cuando, después de nueve años en que la carta magna se había
aplicado con relativa moderación y prudencia, y aun hubo intentos de
hacerle reformas sustanciales —como constaba por el proyecto publi-
cado en el Diario Oficial del 27 de diciembre de 1918—, el gobierno del..
presidente Calles pretendía hacer sentir todo el rigor de la ley injusta
sobre los católicos, haciendo más amargo su pesar de no ver realiza-
dos sus anhelos de armonía, orden y justicia, al arrebatarles los pocos
derechos civiles y negarles las garantías individuales más sagradas y -
justas. Para probar sus afirmaciones exponía algunos ejemplos de lo `
sucedido en su diócesis, que eran claros ejemplos de lo que estaba ocu.
rriendo en toda la República:
Un señor acompañado del agente del Ministerio Público y del admi-. :
nistrador de Rentas de Tacámbaro, respaldados por dos centenares de. z
54 ; ~ Antonio Rius Facius
aeea er
soldados, se había presentado en el humilde seminario el 26 de febrero
a las 8 de la mañana, para exigir que de inmediato desalojaran el local
los seminaristas y le entregaran las llaves de la casa. En vano inten-
taron ampararse judicialmente, pues el juez se hizo ojo de hormiga
y, cuando se pretendió hacerlo en Morelia telegráficamente, «apareció
un aviso en la oficina de telégrafos en que se decía que no se reci-
birían telegramas que no fueran oficiales» y el despojo quedó consu-
mado.
Al obispo no le quedó otro remedio que sostener a sus sesenta seri-
náristas repartidos en distintas casas de la población que le hicieron
la caridad de recogerlos. :
Igual procedimiento se siguió en el Colegio Guadalupano, no obs-
tante que, para evitarse dificultades, se habían plegado en todo a los
requisitos absurdos de la ley. :
La Escuela Providencia también fue clausurada y arrojados los
alumnos y el mobiliario a la calle, a pesar de que esos establecimien-
tos «no estaban sostenidos por el gobierno eclesiástico, sino por modes-
tas y escasísimas pensiones de los padres de familia y, más que todo,
por la abnegación y caridad de sus maestros».
»Hechos semejantes, a veces más, a veces menos abusivos, se han
registrado en Morelia, en Colima, en Zamora, en Zacatecas, en Oajaca
y en otras muchas partes de la República, como puede verse por los
informes diarios de la prensa.»
A continuación enumeraba el memorial las principales arbitrarie-
dades e injusticias cometidas por el gobierno civil, que había desoído
sistemáticamente las justas peticiones de los católicos para que rectifi-
case a tiempo su absurda y violenta actitud. i
«Y como si no fueran bastantes tamañas calamidades, el señor
ministro de Gobernación, con sincero aplauso vuestro, Sr. presidente,
ha ordenado y apremiado indebidamente a las legislaturas de los esta-
dos para que procedan en el acto a hacer la reglamentación del ar-
tículo 130 de la ley constitucional, sobre la limitación de sacerdotes y
ministros de los cultos; y las legislaturas en gran parte se han apre-
surado servilmente, olvidando en esta vez sus humos de soberanía
a cumplir con las órdenes superiores, por razones que son de todos
-bien conocidas.»
Terminaba el memorial con los siguientes puntos concretos:
1° Estaba dispuesto a probar la verdad de lo que afirmaba.
e A _ 0 q
Méjico Cristero í 55
20 Reiteraba su fiel adhesión al gobierno constituido «porque no
queremos la revolución, que detestamos, sino el verdadero progreso y
la verdadera libertad de nuestra patria.»
39 Protestaba contra los atropellos cometidos en la diócesis de
Tacámbaro y en toda la República, y «contra la falta de garantías de
que somos víctimas los católicos en el libre ejercicio de nuestros dere-
chos ciudadanos.»
49 Contra la expulsión de sacerdotes, religiosas, profesores y maes-
tros. «Vergüenza es para Méjico —decía— el que se arroje de su seno
a los que han venido a traernos el contingente de su ciencia y caridad
siempre fecundas.»
59 Se unía a las protestas hechas en otros rincones del país.
62 Pedía a todos trabajar por conseguir las libertades simboliza-
das en la bandera nacional: Religión, Unión, Independencia.
79 «Nos unimos —se lee textualmente en el memorial— a las inicia-
tivas que se han hecho en Méjico, en Morelia, en Guadalajara, en Pue-
bla, en Aguascalientes, en Pachuca, en Veracruz, y en otras partes del
país, para pedir, como pedimos, respetuosa, pero insistentemente a las
cámaras legislativas federales y de los estados, al Sr. presidente y a los
gobernadores de los distintos estados de la República, la reforma de
los artículos constitucionales que lesionan nuestros derechos de católi-
“cos, y principalmente del 3, 5, 27 y 130, en lo que fuere necesario.» **
Finalmente pedía al gobierno de Michoacán, especialmente, que
_atendiera el anhelo popular como lo había hecho «el Sr. gobernador
Enríquez, de Chihuahua, y el Gral. Jesús Agustín Castro, guienes han
tenido el tino de haber sabido interpretar la voluntad de su pueblo,
“el valor muy raro de acatarla y seguirla, y el de haber dejado en paz
a sus súbditos antes que verse cubiertos ellos de oprobio, maldición e
ignominia.»
Como resultado de este llamado oportuno a la comprensión y res-
peto mutuos, el obispo fue consignado a las autoridades, acusado de
ataques a la paz pública, injurias, difamación y calumnias al presi-
dente de la República, cargos todos fundados en la ley de imprenta. *
Dejó su diócesis y el 23 de abril se presentó en el juzgado de la ciu-
dad de Morelia para responder de todos los cargos que se-le hacían,
pero éstos no pudieron resistir el más leve análisis del ilustre prelado
_quien, no obstante, fue declarado formalmente preso, aunque de hecko E
no pisó las losas de la cárcel.. :
56 " Antonio Rius Facius
Primera Carta Pastoral Colectiva.—Dos días atrás, los obispos de
la República, unidos por la doctrina infalible de la Iglesia frente al
común enemigo de la fe, suscribieron su celebérrima Primera Carta
Pastoral Colectiva para fijar, en tiempo oportuno, el sentir de la Igle-
sia frente a la situación que dominaba al país, las relaciones que debían
haber o podían tolerarse entre el Estado y la Iglesia, y deducir de esas
enseñanzas las obligaciones de los católicos mejicanos:
«En tam aciagos momentos toca a nosotros los pastores puestos por
“el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios, dirigiros palabras de
instrucción, aliento y concordia.»
Así comenzaba el notable documento, y continuaba:
«Palabras de instrucción, porque es preciso que conozcáis clara-
mente cuál es la naturaleza de la Iglesia y del Estado derivadas de
su origen, constitución y fin, cuáles sus mutuas relaciones, y cuáles,
por tanto, nuestras obligaciones y derechos como católicos y como ciu-
dadanos.
»Palabras de aliento, a fin de que no sucumbáis en la prueba.
»Palabras de concordia, porque a pesar de las persecuciones de
que somos objeto, y de la dura ley que quiere imponérsenos, nuestro
ánimo sincero es exhortaros a la reconstrucción de la patria querida
sobre las bases del amor y de la libertad bien entendidos.»
En esta Carta, cuajada de doctrina, escrita con claridad y expüésta
` con lógica, los obispos alentaban a todos los mejicanos al fiel cumpli-
miento de su deber. Comenzaba su exposición explicando el concepto
general de la Iglesia para concretar que era «la consagración de todos
los hombres, que peregrinos sobre la tierra, profesan la misma fe, par-
ticipan de los mismos sacramentos, y obedecen a los mismos pastores,
principalmente al Romano Pontífice, sucesor de Pedro.»
Daba cuenta del origen de la Iglesia, su fin, su naturaleza y sus
peculiares propiedades.
El segundo capítulo versaba sobre las Relaciones de la Iglesia y el
Estado y explicaba cuáles debían ser realmente éstas, desde el punto
de vista estrictamente legal. .
El tercer capítulo exponía cual era el estado legal y real de la Igle-
sia en Méjico y abarcaba los siguientes puntos:
I—Personalidad jurídica de la Iglesia.
I1.—Ministros del culto.
HI.— Votos y órdenes religiosas.
Méjico Cristero : 57
La Carta continuaba examinando otros aspectos de la situación real
de la Iglesia en Méjico, bajo el subtítulo de Cosas.
1.—Matrimonio.
TI.—Culto público.
TII.—Enseñanza.
IV.—Prensa.
V.—Templos.
VI.—Propiedad de la Iglesia y de sus ministros.
VI.—Cláusula única.
En este capítulo demostraba, con los textos vigentes, el ataque lega-
lizado y sistemático de que se hacía víctima a la Iglesia, de cuyos
resultados daba cuenta en el segundo párrafo titulado Persecución
actual,
Explicaba los hechos, pasaba a examinar cuáles eran los «deberes-
actuales de los católicos», a los que agrupaba en tres aspectos esencia-
les: de acción religiosa, acción social y acción política. De esta última
“decía en uno de sus párrafos esenciales: «Dejamos exclusivamente a
los seglares el ejercitar la acción política, no la personalista y mez-
quina, sino la alta y profunda que se guía por principios y busca el
bien público», y añadía más adelante:
«En cumplimiento, pues, de nuestro deber, exhortamos a los cató-
licos a que trabajen por el bien de la nación; y les aconsejamos que se
. inscriban en organizaciones, que enseñen al pueblo teórica y práctica-
mente sus derechos y obligaciones de ciudadanos y organicen la nación
para la defensa de la libertad religiosa, conservándose, empero, fuera
de todo partido y sobre todo partido.»
Esta invitación hablaba, sin mencionarlas, de dos sociedades que se
apegaban al espíritu de la Carta y que eran: la Asociación Católica de
la Juventud Mejicana y la Liga Nacional Defensora de la Libertad
- Religiosa.
. — Este trascendental documento estaba suscrito por los arzobispos de
Méjico, Michoacán, Guadalajara, Oajaca, Durango, Monterrey, Puebla .
y Yucatán; por los obispos de Aguascalientes, Cuernavaca, Colima, Sal-
tillo, León, Zacatecas, San Luis Potosí, Tulancingo, Zamora, Sonora, *
Chilapa, Querétaro, Veracruz, Tepic, Chiapas, Chihuahua, Tacámbaro,
Campeche, Sinaloa, Papantla, Tabasco, Huejutla, Tehuantepec, Tamau: .
lipas y Huajuapan, y por los titulares de De Derbe, Anemur, Debora *
y Cina de Galacia. 5
58 Antonio Rius Facius
A A A A A O a NS
== __—_____——__— _ __ _ ___ __—_..——____—_—
A nadie extrañó que tan ponderada y justiciera Carta Pastoral
fuera consignada por el secretario de Gobernación, quien no desapro-
, vechaba la oportunidad de lanzar sus dardos contra el catolicismo en
Méjico, aunque con poca fortuna esta vez, pues al poco tiempo las
autoridades se vieron precisadas a reconocer que en ella no había de-
lito que perseguir,
Pero antes de conocer el desenlace de esta consignación, Anacleto
González Flores esgrimió su pluma justiciera desde Guadalajara; en
“un artículo pleno de interés y valentía como todos los suyos, al que
tituló “En la Cárcel”, hizo la defensa cabal y decisiva de la Iglesia,
civilizadora de Méjico, a la que se atacaba de manera tan canallesca.
«Pero de sobra sabemos ya que en estos momentos —concluía su
magistral estudio— bajo los brazos demacrados de la Iglesia mejicana,-
alzan su frente, estremecidos de un entusiasmo más fuerte que nunca
y de un respeto decidido, -los propios y extraños... Y en las pági-
nas de la Historia del Cristianismo siempre se va a la cárcel un día
antes de la victoria.»
vV.
PROMULGACION DE LA LEY CALLES
Los atentatorios articulos de la ley—Integración del
Comité Episcopal. — Aprehensión de los directivos
de la Liga.
Los atentatoriós artículos de la ley.—Plutarco Elías Calles era ma-
són grado 33 y, en premio a su implacable campaña de persecución
nacional contra el catolicismo, le fue impuesta el 28 de mayo de 1926,
de manos del supremo gran comendador del Rito Escocés, Luis Ma-
nuel Rojas, la medalla del Mérito Masónico. La ceremonia se efectuó
-n el salón verde del palacio nacional. El comendador dijo en su dis-
curso alusivo: «La orden que tengo el honor de presidir no ha con-
cedido jamás esta alta distinción; ella ha sido decretada al extraordi- '
nario mérito del cual os habéis hecho acreedor como presidente de la
República, resolviendo, en tan poco tiempo, los más graves proble-
mas...» *
Ya se ha visto cómo resolvía Calles esos problemas. Animado por
sus hermanos pensó que era llegado el momento de dar el golpe de
gracia a la libertad religiosa y, haciendo uso de las facultades que le
concedió el Congreso el 7 de enero de 1926, expidió el 14 de junio
siguiente la “Ley que reforma el Código Penal para el Distrito y Terri-
torios Federales sobre delitos del fuero común y para toda la Repú-.
blica sobre delitos contra la Federación.” A esta ley, la número 515,
“se le dio el nombre de su autor, y el objeto de ella era fijar rigurosas -
sanciones a los infractores de los artículos 3, 5, 24, 27 y 130 constitu-
a :
-60 Antonio. Rius Facius
£
cionales, aderezados debidamente para hacerlos francamente impracti-
cables por los católicos mejicanos.
La Ley Calles constaba de 33 artículos, de los que a continuación
copio algunos y extracto otros, por la importancia decisiva que alcanzó
en el conflicto religioso.
Artículo 1°) Sanciona con quinientos pesos de multa o quince dies
de cárcel a quien ejerza en Méjico el ministerio sacerdotal, sin ser me-
“jicano, además de ser expulsado del país.
Artículo 2°) «Para los efectos penales se reputa que una persona
ejerce ministerio de culto, cuando ejecuta actos religiosos o ministra
sacramentos propios del culto a que pertenece, o públicamente pronun-
cia prédicas doctrinales, o en la misma forma hace labor de proseli-
tismo religioso.»
Artículo 3°) La enseñanza de las escuelas oficiales y particulares
será laica; al infractor se le multará con quinientos pesos o arresto has-
ta de quince días. «En caso de reincidencia; el infractor será castigado
_ con arresto mayor y multa de segunda clase, sin perjuicio de que la
autoridad ordene la clausura del establecimiento de enseñanza.»
Artículo 4%) El mismo castigo del artículo anterior a las corpora-
ciones religiosas o ministros de cultos que establezcan o dirijan escue-
las de instrucción primaria.
Artículo“5%) «Las escuelas primarias particulares podrán es
cerse sujetándose a la vigilancia oficial» Pena de quinientos pesos o
quince días de arresto a los infractores.
Artículo 6%) Quedan prohibidos los votos religiosos y las órdenes
monásticas; los conventos «serán disueltos por la autoridad» y, a quie-
nes vuelvan a reunirse en comunidad, serán castigados con uno o dos
años de prisión y los superiores de la orden con seis años de cárcel.
«Las mujeres sufrirán las dos terceras partes de la pena.»
Artículo 79) Las personas que induzcan a un menor a ingresar en
una orden monástica, sufrirán «la pena de arresto mayor y multa de
. segunda clase». Si quien escuche el consejo es mayor de edad, la pena
será, para el que lo induzca, de arresto menor y multa de primera clase.
Artículo 82) Pena de seis años de reclusión y multa de segunda
clase al sacerdote que, de palabra o por escrito, incite al desconocimien-
to de las instituciones políticas o a la desobediencia de las leyes.
Artículo 9%) Si como consecuencia de dicha incitación intervienen
menos de diez individuos contra la autoridad, así sea empleando la
Méjico Cristero UE © e
“fuerza o la amenaza, cada uno sufrirá un año de prisión y multa de
- segunda clase. A los sacerdotes que se les responsabilice por la acti-
“tud de los inconformes, se les impondrán seis años de prisión, «más
las agravantes de primera a cuarta clase, a juicio del juez.»
Artículo 10%) Ni privada ni públicamente podrán formular los
sacerdotes crítica alguna de las leyes, o del Gobierno, bajo pena de
uno a cinco años de prisión. :
Artículo 11°) Tampoco podrán asociarse con fines políticos, pues
serán castigados: con arresto menor y multa de primera clase.
_ Artículo 12?) No se les dará validez a los «estudios hechos en los
establecimientos destinados a la enseñanza profesional de los minis-
- tros de los cultos.» Los infractores serán destituidos y la dispensa será
nula, y sin validez el título profesional así obtenido.
`. Artículo 139) Las publicaciones periódicas religiosas, o de tendencias *
religiosas por su programa `o por su título, no podrán comentar ningún
asunto político. El director de la publicación sufrirá, en este caso, la`
pena de arresto mayor y multa de segunda clase. i
` Artículo 149) A falta de director, sufrirá la pena el jefe de redac-
_ción, autor o quien esté al alcance de la justicia. En caso de reinciden-
- cla «se ordenará la suspensión definitiva de la publicación periódica.»
Artículo 15%) Ninguna agrupación política podrá llevar un título
* que la relacione con alguna religión.
Artículo 169) No podrán celebrarse en los templos reuniones de
” carácter político. En caso de hacerlo, los encargados sufrirán arresto
mayor y multa de segunda clase y el «Ejecutivo Federal podrá ordenar,
. además, la clausura temporal o definitiva del templo.»
Artículo 17°) «Todo acto religioso de culto público, deberá cele-
~ brarse precisamente dentro de los templos, los cuales estarán siempre
bajo la vigilancia de las autoridades.» Si se hacen fuera de ellos, los”
: organizadores o ministros celebrantes serán castigados ton arresto ma-
yor y multa de segunda clase, $
l Artículo 189) Fuera de los templos, los sacerdotes y religiosos tam-.
` poco podrán usar sus trajes característicos, bajo pena de quinientos
“pesos o arresto hasta de quince días. La reincidencia ¡ameritará arresto
mayor y multa de segunda clase. 3
: Artículo 19°) «El encargado de un templo, dentro del, término des
un mes, contado desde la vigencia de esta ley, o dentro del mes si-
A al día en que se haya hecho cargo de un malo destinado:
$2 , oo Antonio Rius Facius
al culto, deberá dar los avisos a que se refiere el párrafo undécimo
del artículo 130 de la Constitución. La falta de aviso dentro de los .
términos señalados, hace incurrir al encargado del templo en multa de
quinientos pesos, o en su defecto, en arresto no mayor de quince días.
La Secretaría de Gobernación ordenará, además, la clausura del tem-
plo entre tanto queden llenados los requisitos constitucionales.» l
Artículo 202) «Se concede acción pública para denunciar las faltas -
y los delitos a que se refiere la presente ley.»
Artículo 21%) La Iglesia no podrá adquirir, poseer o administrar
bienes raíces, ni capitales impuestos sobre ellos. Se concede «acción
popular para denunciar los bienes que se hallen en tal caso», y quie-
nes los oculten serán castigados con la pena de uno a dos años de.
prisión.
Artículo 22°) El Gobierno Federal determinará qué templos deben
ser destinados al culto, y los obispados, conventos, casas curales, semi-
narios, asilos, colegios y todo edificio destinado a la administración, -
propaganda o enseñanza de un culto religioso serán expropiados por
la Federación o los estados en sus jurisdicciones,
Artículo 23%) «Corresponde principalmente a las autoridades fede-
rales cuidar del cumplimiento de esta Ley. Las de los estados y. muni- `-
cipios son auxiliares de las primeras, y por consiguiente, igualmente
responsables, cuando por su causa deje de cumplirse cualquiera de los. :
preceptos de la presente ley.» l
Siguen las disposiciones adjetivas y finalmente los artículos transi--`
torios. El último dice: «Un ejemplar de esta ley, impreso en caracteres
` fácilmente legibles, será fijado en las puertas principales de los tem-
plos. . .»
«La Iglesia no podía aceptar estas disposiciones. Calles tenía la.
fuerza suficiente para imponerlas. El resultado fue que Méjico aña- `
giera a su trágica historia un capítulo de dolor y martirio.» Y .
- La jerarquía eclesiástica había tomado posiciones defensivas en es- :
+ pera del ataque, que sería de mucha mayor gravedad de lo esperado. .
de Integración del Comité Episcopal.—A sugestión hecha, antes de su-
expulsión, por el delegado apostólico, monseñor Jorge José Caruana, :
~el 10 de mayo quedó integrado un Comité Episcopal. Fue primer pre~;
sidente del Comité el arzobispo de Méjico, Mons. José Mora y del Río,
y secretario el obispo de Tabaseo, Mons. Pascual Díaz Barreto, quien .
Méjico Cristero 63
había sido recientemente expulsado de su diócesis por el goberñador
tabasqueño Tomás Garrido Canabal. ,
La Ley Calles fue dada a conocer por medio de la prensa el 3 de
julio; entraría en vigor el 31 de ese mes. El mismo día de su publi-
“cación, los reporteros entrevistaron a los dirigentes de varias asocia-
ciones católicas, a Capistrán Garza entre otros, como vicepresidente de
la Liga, y todos estuvieron acordes en condenar esa ley y afirmar que
sus sociedades no se disolverían..
El Comité Directivo de la Liga, ante el ataque desenfrenado que
enunciaba en su contenido la Ley Calles, estudió las medidas que po-
' drían resultar más eficaces para la defensa de los intereses espirituales
_del pueblo mejicano.
El bloqueo económico nacional, ensayado con todo éxito anterior-
mente en Guadalajara, les pareció que era la actividad más adecuada
para resolver favorablemente la situación y, tras maduro examen, se
“decidieron a decretarlo para toda la República, pues contaban, para
el buen éxito de su empresa, con infinidad de centros locales de la
Liga en todos los estados.
En busca del necesario apoyo moral de la autoridad eclesiástica,
solicitaron una audiencia al Comité Episcopal. El 7 de julio de 1926,
a las 10 de la mañana, se reunieron en el arzobispado, situado en la
calle de Santo Domingo (hoy Brasil No. 20), los principales diri-
gentes de la Liga, la acsm, la Unión de Damas Católicas y otras socie-
“dades. En el salón donde tuvo lugar la conferencia se hallaban reunidos
los arzobispos José Mora y del Río, Leopoldo Ruiz y Flores, Francisco
Orozco y Jiménez y Pedro Vera, y los obispos Manuel Fulqueri, Genaro
Méndez del Río y Pascual Díaz.
El presidente de la Liga, Lic. Rafael Ceniceros y Villarreal, fue el
primero en tomar la palabra para exponer los propósitos que a todos
animaban, y la conveniencia de llevar adelante la idea del boicot.
: Un acejotaemero entusiasta, Manuel de la Peza, reforzó los argumen-
tos expuestos por el Lic. Ceniceros; cuando terminó, todos guardaron
emocionado silencio, hasta que el arzobispo de Méjico les pidió que
` Formularan su petición por escrito. En pocos minutos se aplicaron los.
"visitantes a la tarea de redactar el ocurso que entregaron, allí mismo,
-al secretario del Comité Episcopal, Mons. Díaz y Barreto,
Una semana después recibieron por escrito la siguiente respuesta.a
su solicitud:
ği l Antonio Rius Facius
«Correspondencia particular del obispo de Tabasco.
»Méjico, 14 de julio de 1926.
»Sres. Lic. D. Rafael Ceniceros y Villarreal, D. Luis G. Bustos y
D. René Capistrán Garza.—Presentes.
»Muy señores nuestros:
»En la sesión del día 7 de julio próximo pasado del Comité Episco-
pal, se estudió la comunicación presentada por Uds., en la que se pedía
la cooperación de nuestra autoridad para la campaña pacífica denomi-
nada Bloqueo Económico Social, que emprenderá la Liga Defensora
de la Libertad Religiosa, a fin de obtener la derogación de las leyes que
se oponen a dicha libertad.
_»Examinado detenidamente el proyecto de Uds., nos pareció digno:
de todo encomio, tanto por el fin que se propone, como por la forma
ordenada y pacífica con que se llevará a efecto.
»Estamos con Uds. en esta obra reivindicadora de da dere-
chos, y recomendamos eficazmente a nuestro clero y fieles la partici-
pación más efectiva posible a tan laudable empresa.»
José, Pascual,
arzobispo de Méjico, obispo de Tabasco,
presidente. secretario.
Dicho documento fue transcrito en la circular 2-A de la Liga, que
contenía su Programa de Acción, y señalaba propósitos y remedios?
Fijaba el día 31 de julio, fecha en que entraría en vigor la Ley
Calles, para dar comienzo a la paralización de la vida social y econó-
mica, de acuerdo con determinados lineamientos allí especificados.
Firmaban la circular Rafael Ceniceros y Villarreal, presidente;
. René Capistrán Garza, primer vicepresidente, y Luis G. Bustos, se-.
gundo vicepresidente. Estos habían sido electos para ocupar dichos
. cargos durante la convención celebrada en. el domicilio de la Dele-
gación Regional, situada en la calle de Donceles, durante la que se fijó.
~. el procedimiento definitivo a seguir en caso de tener que suplir a “los
- dirigentes cuando éstos faltaran o fuesen hechos prisioneros. Para 'ocu- .
_ par los puestos vacantes fueron elegidos el Lic. Miguel Palomar y
- Vizcarra, el Ing. Carlos F. de Landero y Cano, y Luis B. Beltrán,
y Mendoza.
- El 22 de julio fue un día de excepcionales acontecimientos: Por una
parte, Calles y su secretario de Educación Pública, Juan Manuel Puig
"Méjico Cristero
Casaurane, expidieron un decreto más, contrario a los intereses catós.
-Heos del pueblo: el “Reglamento para la inspección y vigilancia de las A
“escuelas primarias particulares del Distrito y Territorios Federales”,
“en el que se actualizaban los postulados laicizantes de la Constitución,
y se imponían trabas invencibles a las escuelas particulares que se apar-
tasen de esa doctrina.
Por otra parte, Mons. Mora y del Río recibió el cablegrama de Roma
` que rechazaba la aceptación de la Ley Calles:
_- «Roma, julio 22. Santa Sede condena Ley a la vez que ado acto
; que pueda significar o ser interpretado por el pueblo fiel como reco-
“nocimiento o aceptación de la misma ley. A tal norma debe acomo-
" darse el episcopado mejicano en su modo de obrar, de suerte que tenga”
“la mayoría y a ser posible la uniformidad y dar ejemplo de concordia.—
Card. Gasparri.»
; Este cable respondía a las preguntas hechas por el Comité Episco-
pal al Vaticano, enviadas por conducto del delegado apostólico.
< Decía textualmente la consulta: «Beatísimo Padre: los obispos de
la República Mejicana, representados por el Comité Episcopal de Mé-
jico, ante Vuestra Santidad humildemente exponen: 1) Que el pre-
` sidente de la República ha dado un decreto anticonstitucional, que
: -empezará a regir el 31 de este mes, en el que bajo severas penas de
“cárcel y cuantiosas multas impone el cumplimiento de los artículos.
.. impíos y reprobados por Vuestra Santidad, de la Constitución de 1917.
- Los principales puntos son: prohibición de.escuelas primarias en que
Se enseñe la religión, o dirigidas por corporaciones religiosas o sacer-
+ dotes; de existencia de congregaciones, aunque sus miembros dispersos
“vivan en casa diversa; del uso del traje eclesiástico o de cualquier dis-
‘tintivo, y de libertad a la prensa católica; exige que los sacerdotes en-
cargados de los templos se presenten con diez vecinos al presidente
municipal y que éste mande cada mes acta del registro a la Secretaría.
-.de Gobernación; ordena que todos los bienes de la Iglesia pasen a pleno
: dominio del Gobierno y da acción popular para denunciar las infrac-
etones de la ley. 2) El Comité Episcopal ha resuelto hacer un esfuerzo:
supremo para conservar la vida de la Iglesia, y emplear el único me-.
dio que cree eficaz, y que consiste en que unidos todos los obispos pro~
` testen contra ese decreto declarando que no pueden obedecer y que '
no obliga en conciencia; y suspender el culto público en toda la nación
por no paa ejercitar conforme lo piden los sagrados cánones Y da,
: mico CRISTERO.—5 .
06 , Antonio Rius Facive:
estructura divina de la Iglesia. Cree también que esa suspensión ser-
virá de estímulo al pueblo para que por los medios legales insistente-
` mente recomendados por nosotros, trabaje para conseguir la derogación
de las leyes contra la iglesia. 3) Para obrar con plena seguridad y obte-
ner la uniformidad de acción, indispensable para el éxito, el Comité
Episcopal pide a Vuestra Santidad su aprobación y bendición. 4) Se
-encomiendan todos los-obispos y fieles a las valiosas oraciones de Vues-
“tra Santidad, le dan rendidas gracias por las preces que ha ordenado
a la cristiandad y por la Santa Misa que se dignará celebrar el día pri-
mero del próximo agosto. Besan reverentes el pie de Vuestra Santidad.».
Manuel de la Peza y Lazo de la Vega, prominente miembro de la:
Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, había sido comisio-
“nado para llevar ese documento a Mons. Jorge José Caruana, arzo-
bispo de Sebaste y delegado apostólico en Méjico, quien residía: en-
La Habana, Cuba, donde luego fue nuncio appstólico, Y el día 19 de
julio de 1926, en que llegó a la capital cubana el emisario del Cómité -
Episcopal de Méjico, puso el documento preinserto en manos de Mons. -
Caruana, que inmediatamente dirigió este telegrama al secretario de
Estado de la Santa Sede: «La mayoría del episcopado mejicano pre-
tende suspender el culto en las iglesias de la República antes del 31:
del corriente, no pudiendo ejercitar culto conforme cánones, entrando
en vigor la nueva ley el 31 de los corrientes. El episcopado pide
„aprobación a la Santa Sede. La persona encargada espera respuesta.
Habana.» A
El respaldo del Papa dio seguridad y fuerza a los obispos. La de-
fensa de los derechos esenciales conculcados por la ley, no podía ni
debía quedar únicamente en manos de los católicos seglares y, el 23
de julio, expidieron su Segunda Carta Pastoral Colectiva, en la cual,-
después de reiterar la condenación hecha por los soberanos pontífices:
. Benedicto XV y Pío XI de los artículos sectarios de la Constitución,
- explicaban la situación angustiosa en que había sido colocada la Igle-
sia en Méjico: «... La ley del Ejecutivo Federal promulgada el dos de
-julio del presente año, de tal modo vulnera los derechos divinos de la.
Iglesia encomendados a nuestra custodia; es tan contraria al, derecho
natural, que no sólo asienta como base primordial de la civilización
la libertad religiosa, sino que positivamente prescribe la obligación.
individual y social de dar culto a Dios es tan opuesta, según la opinión
de eminentes jurisconsultos católicos y no católicos, al derecho consti-
“Méjico Cristero EN - 8T
tucional mejicano, que ante semejante violación de valores morales tan
“sagrados, no cabe ya de nuestra parte condescendencia alguna.»
< Seguían algunas sabias consideraciones y decretaban: «En la impo-
'sibilidad de continuar ejerciendo el ministerio sagrado según las con-
diciones impuestas por el derecho citado, después de haber consultado
a nuestro santísimo padre, su santidad Pío XI, y obteniendo su apro-
bación, ordenamos que, desde el día treinta y uno de julio del presente
_año, hasta que dispongamos otra cosa, se suspenda en todos los tem-
-plos de la República el culto público que exija la intervención del
Ssácerdote.». , A
Daba algunas disposiciones sobre el cuidado de los templos y adver-
.tía, en relación al desconocimiento hecho por la ley de las escuelas -
católicas: «... gravamos la conciencia de los padres de familia para
«que impidan que sus hijos acudan a planteles de. educación donde peli-
| gran su fe y buenas costumbres, y donde los textos violen la neutra-
lidad religiosa reconocida por la misma Constitución. de
»Manifestad externamente vuestro duelo, absteniéndoos de diversio-
"nes mundanas. Procurad por todos los medios lícitos y pacíficos la dero-
gación de esas leyes que a vosotros y a vuestros hijos os arrebatan el-
tesoro necesario e inestimable de la vida religiosa.»
Daba a conocer algunas penas en las que incurrían canónicamente
-i quienes desobedecieran los mandatos de la Iglesia, y terminaba la Carta
¡exhortando al pueblo a la oración. :
>.: Aprehensión de los directivos de la Liga.—Al día siguiente, en el
< Juzgado Primero de Distrito, donde se había iniciado la causa criminal.
correspondiente, fue decretada la formal prisión de los líderes de la
: Liga: Rafael Ceniceros y Villarreal, René Capistrán Garza y Luis G.
Bustos, como presuntos responsables del delito de provocación al des-
' obedecimiento de la ley. Habían sido detenidos desde el día 22, cada
uno en su respectivo domicilio, y conducidos a los separos de la Pro-
euraduría General de la Nación. Allí se les interrogó y estuvieron
“acordes en asumir la responsabilidad de incitar al pueblo a la inacción.
:, . Al día siguiente fueron trasladados a la prisión militar de Santiago,
“ven la que fueron muy visitados por numerosos católicos interesados .en-
-¿conseguir su libertad, que al fin lograron tras de pagar la crecida
“fianza que se les fijó. Su libertad, más que a estricta justicia, se debió
-a una favorable omisión del juez encargado de la causa, quien no supo
B
68 . . Antonio Rius Facius.
plegarse a tiempo a la consigna recibida, pues la actitud del gobierno i
'era inflexible.
La Liga, sin embargo, no quedó acéfala durante aquellos tres días
Al ser conocida la noticia de la detención de sus principales E
conforme estaba previsto, asumieron su cargo los suplentes.
Para reforzar su campaña, el secretario de Gobernación giró una
circular a todos los gobernadores, en la que decía: «Tiene conocimiento
„el Gobierno de que el clero católico, en un alarde de rebeldía y en una `.
manifestación de desconocimiento a los preceptos constitucionales, ha:
dispuesto suspender el servicio del culto público religioso a parin del .
| 31 del corriente mes..
. »Como el Ejecutivo. considera esta medida como una nueva manio-
_bra del clero para desvirtuar la vigencia de la ley suprema de la Repú-
blica, agitar la opinión pública y procurar que surjan alteraciones del
orden, por acuerdo del C. presidente, recomiendo a Ud. dicte las dis-
posiciones OS para que la ley, sin distingos de ningún género,
sea respetada.» *
El pretexto estaba dado y, cuantas más protestas verbales expusie-'
ran los católicos, tanto mejor le resultaban al Gobierno como justifi-
cantes de su intransigencia. Así lo dio a entender el mismo Calles en
sus declaraciones publicadas en el New York Times el 27 de julio”
de 1926. A
En ellas pretendía rebatir las razones dadas por el episcopado en`
su Segunda Carta Pastoral Colectiva y restaba importancia al con-
flicto religioso, cada día más complicado. Confesaba su personal anta~
gonismo hacia quienes pretendían suspender el estado de opresión al `
que había conducido a la Iglesia: «Naturalmente que mi gobierno
. —expresó textualmente— no piensa siquiera suavizar las reformas y.
“adiciones al Código Penal. Y cada nueva manifestación de animosidad
- w Oposición o estorbo a las tareas administrativas de mi Gobierno, se `
traducirá forzosamente en nuevas medidas de represión para quienes
no acaten o desconozcan las leyes de Méjico.»
vi
¡BOICOT!
La Liga decreta el boicot.—La acim propaga la resis-
tencia pasiva.—Suspensión del culto público en los'
3 ; templos.—Efectos del boicot.—El bloqueo económico
E . en Colima.—En León.—En Monterrey —En J alisco.—
En Pénjamo y en Ciudad Juárez.
La Liga decreta el boicot.—No le era posible a la acīm permanecer
al margen de aquellos trascendentales acontecimientos. En cuanto su
“constitución se lo permitía tomó parte en ellos, no sólo prestando
sús contingentes humanos a la Liga, sino organizando sus propias
campañas y la ayuda necesaria a otras instituciones, encaminada al
logro del fin común. En la sesión del día 3 de mayo de 1926, cele-
brada por el Comité General, se planteó la necesidad de elegir un
comité ejecutivo que atendiera, por sí mismo, los problemas de más
urgente resolución, para los cuales no fuese posible convocar a junta
del Comité General. Los nombramientos recayeron sobre el Lic. Octa-
vio Elizalde, presidente de.la Asociación; Manuel Velázquez y Luis B:
Beltrán y Mendoza; Antonio Díaz Fuenlabrada quedó señalado para
súplir a cualquiera de los-tres, en caso necesario.
Sin embargo, estos nombramientos no tuvieron vigencia alguna,
ipues fueron revocados posteriormente en atención a que la Liga, per-
fectamente organizada en ese sentido, había adquirido primacía en la.
“defensa organizada de los derechos de la Iglesia. Y para suplir ausen-
clas, los miembros del Comité convinieron en que se aplicara el regla»
69
Ea
o o António Rius Facius
“mento en las cláusulas que legislaban sobre la paulatina desintegración
del Comité- y, en caso extremo, que el padre Bernardo Bergoénd, S. J.
asistente eclesiástico general, fuese quien hiciese los nombramientos.
El 11. de mayo, fecha de la siguiente reunión del Comité General, Luis
G. Ruiz y Rueda, primer vicepresidente general de la acsm, hizo cons-
tar en el acta «que en una junta celebrada con las otras instituciones. ..
la AcIJM se comprometió a obedecer a la Liga de Defensa Religiosa en
todos los asuntos que se refieren a la defensa de la libertad religiosa.
Al efecto, trae recado del Rvdo. P. Bergoénd encargando que se respete
este compromiso y entrega para el archivo copia del acta correspon-
diente a la junta en que se contrajo tal compromiso.» *
Una semana después de haber sido publicada la Ley Calles, el
Comité General volvió a reunirse para tratar sobre la conducta que
debía observar toda la Asociación, y como no solamente Capistrán
Garza, sino multitud de acejotaemeros formaban parte de la LNDLR y
trabajaban con ella en estrecha colaboración, convinieron los miem-
bros del Comité secundar los planes formulados por la Liga, y al
efecto se envió a los secretarios de los Grupos Locales y Comités Dio-,
cesanos la circular A-8, para comunicarles que se estaba «elaborando
un programa de resistencia pasiva, dentro de la legalidad, contra tal
"ley; que pronto se les hará conocer en detalle... por lo que todos los
grupos y miembros de la acim deberán apoyar en absoluto el plan de
resistencia pasiva que dicte la Liga Defensora de la Libertad Reli-
giosa, so pena de ser expulsados de la Asociación.»
Efectivamente, en una vieja casona de las estrechas calles de Moto-
linía, se habían reunido la víspera algunos de los más prominentes
miembros del Comité -Directivo de la Liga, para dar forma al pro-
yecto de combatir al Gobierno con las armas demoledoras de un blo-
queo económico nacional,
Miguel Palomar y Vizcarra, el dinámico maestro en cuestiones so-
ciales de la Acim, con su. peculiar concisión; René Capistrán Garza,
con su verbo fogoso y convincente; su compañero en la Asociación,
Antonio Ruiz y Rueda, mesurado y laborioso, y el jalisciense J. Manuel
Delgado, amigo y colaborador del maestro Anacleto, permanecieron
hasta la media noche redactando y corrigiendo las bases del boicot, .
para difundirlas al día siguiente por toda la República. o
Además del acuerdo anterior, la circular de la acīm transcribía
««los acuerdos tomados por el Comité General que marcan con precisión '
“Méjico Cristero Ca i 71
la actitud que deberán asumir los grupos y miembros de la Asocia- .
ción, respecto a la persecución religiosa que intensificarán las autori- `
dades federales del país con la aplicación de la Ley del Ejecutivo sobre
delitos del orden común y delitos contra la Federación en materia
.del Culto Religioso y Disciplina Externa, que empezará a regir el día
31 de este mes.
»Contra el artículo 18 de la misma ley, que dice: “Fuera de los tem-
plos tampoco podrán los miembros de los cultos, ni los individuos de
amo u otro sexo que los profesen, usar trajes especiales ni distintivos
que los caractericen, bajo la pena gubernativa de quinientos pesos de
- multa, o en su defecto, arresto que nunca exceda de quince días”, se.
ordena: es obligatorio para todos los miembros de la acsm usar el dis-
tintivo, a partir del 31 de julio del año corriente... :
`.. »No necesito hacer notar a Uds. la urgencia de qüe sean dangie
estrictamente las disposiciones que anteceden, pues sería lamentable
que en la lucha, tal vez decisiva que se va a librar, fracasáramos sólo
¿por la falta de unión.»
Días después, el 19 de julio de 1926, el secretario general de la
Acim suscribió la circular A-9, en la que, en previsión de los -perjui-
-cios que pudiera ocasionar la persecución a algunos acejotaemeros,
hacía ver la conveniencia de abrir colectas en ayuda de los perjudi-
-cados y, en caso de, no utilizar tales ingresos en el lugar de la colecta,
que fuese enviada al Comité General para que éste dispusiera de los
fondos reunidos en los lugares donde fuere necesario,
- . El 26 de julio celebró el Comité General su última sesión en el
local que, en la calle de Capuchinas, ocupaba el Centro de Estudiantes
Católicos, el cual pronto tuvo que ser abandonado para evitar un asalto
-de la policía. En esa junta discutieron los dirigentes de la Asociación
la conveniencia de excusar del uso del distintivo a los miembros de la
-ACJM en el Distrito Federal, para evitar que fueran aprehendidos, y
dejaron a los socios del Grupo de Coyoacán, quienes así lo habían soli-.
citado, en libertad para usarlo como todos los acejotaemeros del inte-
-rior de la República, en donde la obligación de portarlo quedó en pie,
aunque por poco tiempo, pues la pravedad de la situación hizo inútil-
i mente arriesgado su uso.
La acsm propaga la resistencia pasiva.—La acsm fue la primera
que se hizo cargo de distribuir propaganda y cumplir la consigna de
7 ` Antonio Rius Fación
organizar la defensa nacional, pero como la propaganda escrita no bas-
taba, a pesar de producirse en cantidades fabulosas, la prédica de los
entusiastas muchachos se hizo día a día más necesaria y provechosa,
por lo que hubo de organizarse un grupo inicial de 45 acejotaemeros,
bajo las órdenes de un Comité de Conferencias dependiente de la Liga,
que actuaron en el Distrito Federal, dividido en seis sectores, cada uno
a cargo de un miembro del mencionado Comité. Dos de los más soli-
citados conferencistas eran Luis Segura Vilchis y Humberto Pro Juárez.
Ambos exponían la realidad con exáctitud y sabían despertar en sus.
.oyentes el deseo de proseguir la resistencia pasiva a la persecución.
- Era presidente del grupo y encargado de fijar los temas el padre
. Miguel Agustín Pro Juárez, S. J., para lo cual se reunían los confe-
rencistas una vez por semana, daban cuenta de la acción desarrollada:
y se ponian de acuerdo en la continuidad de su labor.
El padre Pro tenía que dar respuesta a las múltiples preguntas qüe
sobre filosofía, moral, sociología, política y civismo le hacian- aquellos
jóvenes, casi todos profesionistas. ;
© Los`acejotaemeros recorrían en su misión las poblaciones cercanas
al Distrito Federal y algunas de los estados de Méjico e Hidalgo. Esta
propaganda consistía fundamentalmente en explicar al pueblo los mo-.
tivos que habían obligado al clero a suspender el culto público, dándo
amplias explicaciones desde lo que es una ley hasta el por qué, cuando
es contraria al bien común, no obliga en conciencia, Tal labor la hacían
casi siempre en el interior de'los templos, llamando previamente a
los fieles por medio de las campañas, y cuando lograban reunir a un
buen número de ellos, uno detrás de otro, los acejotaemeros subían al
piilpito a pronunciar, desde allí, sus doctrinales discursos.
Pronto las frecuentes aprehensiones comenzaron a diezmar al grupo
‘de conferencistas que, entre acejotaemeros y no acejotaemeros, llega-
ton a sumar ciento cincuenta entusiastas propagandistas de la verdad
y el derecho.
Suspensión del culto público en los templos.—El día 31 de julio
de 1926, el culto público fue suspendido en toda la nación, de acuerdo
“con la orden dada por el episcopado mejicano en su Segunda Carta
Pastoral Colectiva. En los días anteriores a tan drástica medida, el
pueblo fiel se volcó en los templos. Miles de matrimonios, bautizos y-
cónfirmaciones fueron hechas en todos los rincones de la, República.
e ha
¡Méjico Cristero i 73
«El secretario de Gobernación, Adalberto Tejeda, en una circular:
¡girada el 27 de ese mes, ordenó a las autoridades municipales de .
“cada población, «con la urgencia que el caso amerita, que tan luego
tengan noticia de que los sacerdotes católicos tratan de abandonar- los-
templos, prevengan a los demás sacerdotes que les hagan entrega de
«ellos, mediante riguroso inventario y bajo su más estricta responsa-
bildad, ».
Gran cantidad de fieles concurre a la Catedral la vispera de la suspensión del culto
j público. Escenas análogas se repitieron en todos los templos de la República.
Así se hizo, aunque el cumplimiento de tales disposiciones dio mar-
' gen a que los católicos defendieran sus templos cuando los agentes
«del Gobierno se presentaron a posesionarse de ellos el mismo 31 de
julio, lo que ocasionó los primeros atentados y choques armados en
distintos lugares del país: Puebla, Pue., “Torreón, Coah., Guadalajara,
‚Jal, y Sahuayo, Mich.
En la defensa del Santuario de Guadalupe, de Guadalajara —de la
"que me ocuparé en:un próximo. capítulo—, fue jefe de la resistencia
Ta Antonio Rius Facius
bélica un acejotaemero, casi un niño, que, después se hafía famoso en.
:los campos de batalla cristeros, a causa de lo cual fue cobardemente'
asesinado: Lauro Rocha González. A AN
El recurso de la defensa armada espontánea ni fue previsto ni mu-
‘cho menos ordenado, en aquellos dramáticos momentos, por la Liga,:
Ocupada en fomentar la campaña económica cuyos primeros resultados
eran sumamente halagiieños. 7
VS es bo”
y
Efectos del boícot.-—El 12 de agosto de 1926, suscrita por el Segundo
Comité Directivo Sustituto de la Liga, apareció la circular número 6-A,
dirigida a los delegados regionales y jefes locales de ésta, que el Comité
General de la acsm remitió a los Grupos Locales de toda la República,
calzada con la firma del secretario general de la Asociación. q
En esa circular, impresa en mimeógrafo, la Liga pedía a todos los
jefes “no desmayar en la campaña emprendida”, pues los resultados ya
alcanzados habían superado a las más optimistas previsiones,
«La fuerza incontrastable del boicot se ha hecho sentir en toda la
nación —decía la circular—, y casi se puede decir que no hay lugar
en la República en donde la crisis económica no se haya hecho pal.
pable, siendo la mejor prueba de ello las medidas que el Gobierno ha,
dictado, tendientes a contrarrestar una acción que se hace intangibles»
Una de estas medidas fue la de adelantar la hora astronómica, para
dar al comercio una hora más de luz en la tarde y posibilidad de acre-
centar sus decaídas ventas.
Los efectos inmediatos del boicot obligaron al Ayuntamiento dé la
ciudad de Méjico a reducir el monto de las contribuciones a los cines:
75% la primera semana, 50% la segunda y 25% la tercera. Eso no
obstante, en pocos días se cerraron 15 cines y 3 teatros, lo que equiva-
lía a un porcentaje elevadísimo en relación con las salas de espectácu-
los que entonces existían en la capital.
El comercio se vio también seriamente afectado en sus ingresos,
principalmente aquéllos dedicados a la venta de artículos de lujo. Del
Banco de Méjico, recientemente creado por Calles como banco del
Estado, se retiraron siete millones de pesos, cantidad enorme para las
reservas con que contaba. Bajó también el movimiento de transportes
y de carga en toda la República. El Gobierno se vio obligado, por læ
falta de ingresos previstos, a prorrogar sus plazos para el pago de los
pedidos que hacía a la industria y comercio nacionales.
Méjico Cristero a l i A 15
_. "En el interior de la República el boicot fue secundado con mar-
cado interés. La propaganda impresa repartida por los acejotaemeros
, surtía efectos inmediatos entre la población. Para aquellas personas
que por flaqueza o ignorancia querían quebrantar ese estado de para-
lización general, estaba siempre la heroica mujer mejicana sirviendo
con su ejemplo y su labor de convencimiento.
En los cines y teatros formaban grupos a la hora de la entrada
“para lograr que el público se abstuviese de concurrir. Muchas de ellas
cayeron en manos de la policía, pero ni prisiones, ni multas, ni ofen-
sas, apagaron el ardor de aquellos corazones enamorados de la causa
“de Dios y de su Iglesia.
Al ser informado, el procurador general de la República, Lic. Ro--
“mero Ortega, del ultraje sufrido por una señorita, dijo frotándose las '
_manos: “Esta suerte deben correr todas: las fanáticas.”
Añadía la circular 6-A que informasen sobre los acontecimientos
-más notables y las labores desarrolladas por las jefaturas y delega-
ciones, y daba aviso de haber sido decretado “un boicot nacional con-
“tra la fábrica de cigarros El Buen Tono, S. A.”
¿En estos momentos —terminaba la circular de la Liga—, en que
el mundo entero tiene puesta su atención en el conflicto religioso ten
nuestra patria, es necesario que todos los católicos demos una muestra
. ejemplar de lo que puede un pueblo que lucha por su libertad.»
Varios Grupos de la acm contestaron esta comunicación: Juan O;
Ramos, secretario del “Benedicto XV”, de San Juan de los Llanos, Jal.,
«escribió al Comité de la Liga que la actividad del Grupo, “además de
. la fundación de las subdelegaciones”, había emprendido con buenos
, Tesultados el boicot contra los productos de la mencionada fábrica de
cigarros.
Las fundaciones a que hacía referencia abarcaban diez subdelega-
. tiones con un total de 2,024 afiliados. Los Grupos Locales de la Aso-
' tiación Católica de la Juventud Mejicana y los acejotaemeros en ge-
“neral supieron cumplir, a riesgo de su propia seguridad, el bloqueo
“económico decretado por la Liga con plena aprobación del Comite
"Episcopal.
` El 22 de agosto apareció el primer número de un pequeño -perió-
dico que, al correr de los meses, alcanzaría gran difusión: Desde. mi
: Sótano, impreso clandestinamente en el sótano de la casa del acejota-
:emero Andrés Barquín y Ruiz, cuya decidida participación en aqué-
DESD
E MI SOTANO
DIOS Y MI DERECHO
Registrado como artículo de Primera Necesidad.
virecror: SILVIO PELLICO
RESPONABLES 10? CAUBANTES DEL CONFLICTO -
Precio elástico desde un centavo hasta el infinito.
La, EPOCA Ú
pi
Otra Vez en la
Brecha
Escurriendo agua y medio
asfixiado todavía, por el remo-
jón- que me dí en las famosas-
inundaciones de marras, me.he
presentado de. nuevo en MI.
“SOTANO, donde hé sido cari-
*fosamente acogido por mis ab-
negados: compañeros... Y aquf-
estoy de fuevo pära «servir a
Dios ya, Uds.
SILVIO PELLICO.
Silencio: Habla.
f TF
Obregón:
—Hola! ¿Y con qué nos vie-
ne ahora el Gran Títere?
—Con.lo de siempre, viene a
"dar lecciones al Orbe. mpi-
„nado en la Cátedra que èn tan.
mala hora asentó.zobre eu pira-
midal vanidad, y con un tono
de suficiencia tan hueco como
el abismo de su tontería, excla-
ma, mufñon en ristre; Oh! .pe-
+iodistas nacionales y extranje-
ros. Oh -directores de la opinión
mundial, oid: —
“La última .Ericción. (que me
““rfo de la friega) entre el clero
tty el Gobierno... Constituye
“uno de tantos erróres de los
tique ha cometido el clero ca-
“tólico, oponiéndose sistemáti-
‘` “'camente'a la evolución social
*terror éste (ef hombre, éste)
“que YO me permiti sefalar
“en carta que dirijí a los arzo-.
NOVIEMBRE 25 DE 1926
umEro12
¡Mentira! ¡Mentiral |Mentiral -
Tal parece ser el lema del desgobierno mexicano.
No hay modo de que diga la. verdad en ninguna.
Cosa. . ; a a
¿Se trata de las Notas de nuestros primos los yan-
kees, que ya-se van ¡pónieno 'pesados....!ca no se-.
* fñor,—dicen nuestros gobernantes— ¡si 0'no- hay tales
notas! o si nos las mandan -es para, decirnos requiebros,
“de amor!
¡Nunca-han sido mejores nuestras relaciones im-
ternacionales!: z
¿Se trata de la paz de la República, que se va pa-:
reciendo a una cena de “negros?....no lo créan uste-.
desl, nos afirman muy orondos, todo-el país' está en
una paz que ríanse ustedes de la octaviána. i
Se trata del Boycot de los católicos, que ya nos
hace llegar el agua al pescuezo? ....el Boycot}, ex-
claman, ¿hay cosa más ridícula que eso? de
¡Ahí, está nuestro héroe de Celaya, que-con toda
su experiencia, afirrha que el Boycot será la salvación
financiera del país]... a E
Se trata de là industria, la agricultura.o el comer-
cio nacional, ya por los suelos.. .. ? la situación de to-
do-eso, es de lo más halagadora!
Se trata de lẹ campaña de los Yaquis....?; hace
Sigue en la 2a, plana .
*i¡Carta.:..preveía (caracolescon '
“la carta ie larga vista) la si- *
“tuación que ahora se ha pror
“ducido y en ella se exponen
“ton toda claridad cuales fue-
“peraban ustedes, esta salida?)
que, está significando en los:
“tiempos modernos el objetivo
“máximo de todos Jas massa
‘ron desde entonces MIS pun-
‘ftos de vista (mo es poca mo.
tdestia la del vidente) para el
“*día en que el clero incurrie-
*binpos .....y Obispos.... «(cui -**ra en el error de enfrentarse
**da: a con la enciclica) con fe-
“cha 25 de mayo de 1923. Esa
“franca y decididamente con
*tel movimiento socialista (¿es-
“*proletarias do los campos y.
de las cindades”....(aquí hay
un montón de disparátes pero
se adivina lo qué quiso decir-el
trapajoso parlante.) un
—Que Vd. descanse, Befior
previsor ojos de lince y abore
Sigue en la 4a,
La solicitada publicación de cuatro páginas “Desde mi Sótano”, editada en un”
mo oscuro rincón de la ciudad de Méjico.
Méjico Cristero 17
lla empresa editorial primero, y su importante ayuda prestada desde:
'Bélgica después, al frente de una comisión informativa internacional,
le costaron el despojo de los bienes de su familia, hecho por el Gobierno.
La aparición de aquella hoja impresa, de “precio elástico desde
un centavo hasta lo infinito”, fue irregular. En su membrete aparecían
como “Responsables: Los causantes del conflicto”. Contenía artículos
y comentarios sobre los más palpitantes acontecimientos, id las
más de las veces, con fina ironía.
- Mucho tiempo tardó la policía en descubrir el escondite donde se
imprimía Desde mi Sótano, lo que no impidió a sus audaces editores,
“cuando esto ocurrió, buscar otro, donde continuaron su eficiente labor
"periodística.
. El bloqueo económico en Colima.—“Oración, más luto, más boicot,
igual a victoria”. Tal era la leyenda que, impresa en pequeños volantes,
circuló por millares por toda la diócesis de Colima, pues los colimen-
ses fueron los primeros que se vieron afectados 'con la suspensión del.
culto público por no querer aceptar su obispo, Mons. José Amador
Velasco, lasrestricciones a la libertad que pretendía imponer el gober-
nador del estado, Solórzano Béjar.
Un modesto periodiquillo titulado Acción Popular, editado por la
delegación regional de la Liga, que los acejotaemeros se encargaban
de distribuir aun a costa de su propia libertad, pues no pocas veces
fueron encarcelados por. esa causa, unificaba la acción colectiva del
pueblo.
En Colima, como en la mayoría de los estados de la República,
“el ayuno y la penitencia, el luto en el vestir, la abstención de asistir
«a toda clase de espectáculos y el uso reducido de transportes públicos o
particulares, era norma seguida estrictamente por la mayoría de los
habitantes. El gobernador, alarmado por la fuerza que adquiría el
boicot en su estado, propuso a la jerarquía católica «que la ley no se
pondría en vigor; pero que se reanudase el culto; que la ley quedaría
-en pie, mas sin cumplimiento; que no había por lo tanto qué temer y
Y que todo se reduciría a una mera apariencia de sujeción.» ”*
No era tan ingenuo el obispo colimense para caer en esa burda
celada y dio respuesta a los intermediarios en forma clara y concisa,
“haciéndoles ver que, cuando la legislatura local derogase el decreto,
“desaparecería la angustia terrible que ahogaba al pueblo católico de'
_-A>E > >5A=> > A — ___—— —_ _ —_A —_ Q_“____ __
78 . Antonio Rius Facius
Colima, pues —decía en uno de sus considerandos—: «la palpitante
cuestión religiosa pide urgentemente no simples componendas, sino un
arreglo que deje claramente a salvo los sagrados cánones.» <
La resuelta actitud tomada por el episcopado nacional en pleno,
decretando la suspensión de cultos tres meses despúés de que en Co-
lima se habían suspendido, confirmó la razón de la conducta rígida y
.ejemplar observada por Mons. Velasco en su diócesis. El boicot en-
tonces cobró mayor fuerza y el jefe militar de la plaza, general Benito
García, de instintos sanguinarios, ordenó la aprehensión, la noche del
15 de septiembre, de varios pacíficos vecinos, que aparecieron asesi-
- nados al día siguiente.
«Entre estos ocho muertos estaba don Francisco Zapién, honrado
comerciante a quien arrancaron del seno de su hogar, de los brazos
mismos de su esposa, para llevarlo a la muerte. Estabán también dos
jovencitos, hijos de una viuda que vivía cerca de la huerta de la Flo-
Tida... la mujer aquella, con la angustia de una madre que pierde a
sus hijos en una sola noche sin motivo ninguno, sin ninguna formación
de «causa, de tan villana y criminal manera, no vaciló en presentarse
ante el mismo criminal, general Benito García, para echarle en .cara
su infamia... Dos o tres días después apareció un cadáver de mujer
colgado de un árbol, cerca del paseo de la Piedra Lisa.» 7? i
En esa angustiosa situación transcurrió el tiempo, sin que los intré-
pidos acejotaemeros y las valientes señoritas y señoras, dirigidos por
-el joven socio de la acsm y jefe local de la Liga en la capital de Colima,
_ Antonio C. Vargas, desmayaran en su activa propaganda en favor del
-boicot, repartiendo los volantes que circulaban por todos lados y a
todas horas en la ciudad, sin que la policía pudiera evitarlo, pues
cuando recibía aviso de que los muchachos de la población los estaban
repartiendo o pegando en los coches, las fachadas de los edificios y-en
la puerta misma del palacio de gobierno, los audaces propagandistas
del boicot se escondían y no había manera de dar con ellos.
. - En León.—El 29 de agosto de 1926, el Grupo Local de la colonia
Iturbide, de la ciudad de León, Gto., informó al Comité General de la
Asociación que, de acuerdo con la circular suscrita por la Liga, los'
socios del Grupo habían repartido propaganda y reimpreso algunas de
las hojas enviadas por la LNDLR, dando como resultado la abstención
Casi total de público a los cines de la ciudad.
-Méjico Cristero ; . 79
.. . En Monterrey.—Jesús M. Leal, presidente de la Unión Arquidio-
“cesana de la Asociación Católica de la Juventud Mejicana en Monte-
` rrey, había sido a la vez delegado regional de la Liga en Nuevo León .
“hasta el mes de octubre de 1925, fecha en que renunció para poder
atender mejor la ACJM.
Emeterio Martínez de la Garza, otro acejotaemero de gran pres-
tigio, asumió entonces la Delegación Regional y organizó, con la ayuda
eficaz de sus compañeros, las brigadas de propagandistas, mismas que,
durante el mes de julio de 1926, repartieron millares de hojas recibi- `
“das de Méjico y reimpresas por ellos en Monterrey, lo que dio ocasión
de que fueran arrestados algunos muchachos que, a solicitud del mis-
mo licenciado Emeterio Martínez de la Garza, declararon en su con-
tra, imposibilitándolo para seguir al frente de la Delegación Regional
- de la Liga.
~- „Por aquellos días llegó a Monterrey el R. P. Fray Mariano Nava-
rro, O. P., disfrazado bajo el seudónimo de ingeniero Ruanova, para
` celebrar una junta con la Unión de Damas Católicas y la Acim, a la
' que asistieron también algunos miembros de la Orden de Caballeros
de Colón que habían sido acejotaemeros con anterioridad. En esa reu-*
-nión volvió a constituirse la Delegación Regional de la LNDLR, a cuyo
¿frente quedó de nuevo Jesús M. Leal. En poco tiempo la agrupación
“alcanzó la cifra de diez mil adeptos, que unieron su esfuerzo para hacer
- triunfar el boicot en el estado de Nuevo León.
`“ En un informe enviado por Leal al Comité General de la acīm
-decía que los acejotaemeros, “únicos que forman la Liga en esta ciu-
“dad”, habían impreso las hojas “por acuerdo expreso del Comité de
„la, acm” que él presidía y que una exposición que se estaba organi-
«zando en Monterrey estaba al borde del fracaso, pues hasta “las seño-
.ritas que habían postulado para reina renunciaron” a su candidatura,
lo que obligó a los organizadores llamar en su reemplazo a otras chicas
“desconocidas en el medio, que hicieron desairado papel en aquella
É exposición que pasó sin pena ni gloria.
En Jalisco.—En Jalisco había asumido el cargo de gobernador del
“estado el antiguo miembro del Comité Regional de la Asociación, Sil-
, vano Barba González, el 28 de julio de 1926.
: Contra toda optimista previsión, dado su antecedente social en las
filas del catolicismo, Barba González despreció la amistad de sus anti-
80 Antonio Rius Facjus
guos compañeros y trató de borrar toda huella de su pasado, renegando:
de sus creencias e iniciando una política de cerrada y nefasta intran-.
sigencia antirreligiosa. No faltaron a su conducta cuchufletas y coplas
humorísticas que corrieron de boca en boca e hicieron alegre la tarea
del boicot, intensamente organizado por la Unión Popular. La inago-
table actividad del presidente de la Unión, Anacleto González Flores,
se hizo sentir en todos lados con su presencia, su fácil palabra y sus
valerosos escritos.
Anacleto era hábilmente secundado por todos sus compañeros de
la acm que formaban en las filas de la Unión, de la que era secreta”
rio Heriberto Navarrete, también acejotaemero, futuro eristero y pos-
teriormente destacado sacerdote jesuíta. Para dar cuenta de las ačti-
vidades desarrolladas en todo el estado, enviaron el 6 de septiembre
un extenso informe al departamento de propaganda de la Liga.
En él decían que el boicot se estaba intensificando, para lo cual se
había organizado la Cruzada Femenina por la Libertad, compuesta por
más de cuatrocientas muchachas de toda condición social, divididas en
cuatro comisiones encargadas: la primera de hacer que se devolviéra'
a la oficina de tránsito el mayor número de placas de autos particu-.
lares; la segunda de continuar la campaña contra las diversiones; la ter-
cera de restringir las compras al comercio; y la cuarta de intensificar..
‘la huelga escolar.
Los resultados de las cuatro comisiones fueron altamente PS
torios: doscientas placas de automóviles devueltas; notoria reducción:
de asistentes a las salas de espectáculos, a pesar de la detención su-
frida por algunas señoritas, y positiva reducción de ventas en todo el-
comercio.
. «Por otra parte A r dl informe—, se tiene también orgaz!
nizado un grupo de jóvenes, aproximadamente 35, que se dedican a'
dar conferencias en todos los barrios de la ciudad, acerca de lo que es
el boicot y la obligación de secundarlo. Se dan aproximadamente cinco.
conferenciás diarias y unas dos veces por semana van grupos de ace-
jotaemeros a las poblaciones cercanas a hacer la misma propaganda.
` »Los resultados son los siguientes: los comerciantes acaban de ren-
dir informes a la Cámara de Comercio acerca de las rebajas que se
han notado en las ventas, comparando las de la primera quincena de.
agosto de 1925 y 1926. El promedio de los informes es el siguiente: .
Abarrotes, se vendió el 52%; ropa y calzado, se vendió el 29%; auto-.
Méjico Cristero i o SN 81
móviles e implementos, se vendió el 9%; varios, se vendió el 38%; pro-
medio total, 43%. Es de notarse que debido a la propaganda que se
. había hecho este año la proporción en la venta de automóviles debería:
haber aumentado considerablemente y así se había notado antes del.
boicot. Han corrido rumores de que se clausurará la agencia del “Chrys-
ler” y algo debe haber de cierto, porque su local tiene rótulos anun-
_ciando que se renta y no dice adónde se cambia.
>En Gladium no se ha dejado de tratar el asunto del boicot en^
general y especialmente contra “El Buen Tono”. Estamos también en
contacto frecuente con todos los centros del estado y constantemente les
“recordamos la propaganda del boicot. Todos los informes que reci-
“bimos son satisfactorios, y para formarse una idea baste decir que en
` los pueblos de todo el estado se está dejando sentir la acción del boicot
mucho más intensamente que en ésta (ciudad)..
»En cuanto al número de personas adheridas a este grupo, infor-
maré que los datos que podemos proporcionar —ya que no tienen tis- -
_tas ni padrones— son que nuestro órgano periódico Gladium se vende
exclusivamente a los socios y todos tienen obligación de comprarlo;
pero en cada casa sólo reciben un ejemplar. Como el último número
alcanzó el tiró de 72,500, estamos en condiciones de asegurar que en %4
esta Delegación Regional hay alrededor de 400,000 socios. Se cuenta '
con 108 centros foráneos.
»Por último informaré que se están desplegando actividades para”
.unificar en todo el endo la huelga escolar y la fundación de centros
de instrucción católica.» *
No me detendré en reseñar los incidentes y éxitos alcanzados en.
la campaña en todos los rincones de Méjico. La repetición de aconte-
cimientos era síntoma de la unidad que reinaba en toda la nación.
Pénjamo y Ciudad Juárez.—Sólo dos casos más, tomados al azar,
de dos pequeñas ciudades muy distantes una de la otra: Pénjamo, Gto.,
¿y Ciudad Juárez, Chih., centro y frontera norte de la República, res-.
_pectivamenté,
En la primera de estas ciudades era jefe del movimiento absten-
‘cionista Luis Navarro Origel, acejotaemero de espíritu resuelto, quien
había logrado, en poco tiempo, paralizar la compañía de luz y fuerza
porque los moradores de Pénjamo acordaron usar para su alumbrado
velas de sebo, mechones de manteca y maderas resinosas. El consumo
"MECO CRISTERO.—8
i Si gecesita .
Trou-Trou
mdándelo hacer
en Madero s |
GLADIUM
SEMANARIO DE COMBATE
na BR DUERMA!!!
partuslidad es indispenán-
ble en todo empleado y hombre
de regocios.
tiene despertador? ¿Rel
PA e de Ae
lemania un extenso surti lo. Vi-
siteme! Mis precios son de pro-
paganda! ADULFO OCHOA.
8. E. 0,16 (Antos P. Loza No, 88
(EEOÓR————
i Por la organización hacia la libertad— La preusa siempre ha podido matar y enterrar tiranos.
Registrado camo Artículo de %a. Clase [ 1ér. grupo ], con fecha 7 de Febrero de
GUADALAJABA, JUNIO 21 DE 1925.
92.
EL FUROR SECTARIO ARREMETE CONTRA EL PORVENIR
-DE LA NIÑEZ Y DE LA JUVENTUD CON SANA IMPLACABLE
y
Expulsados
El agtual tirano de Jalisco no quer
36 contento con que los muchachos
que tuvieron el atrevimiento de pro-
testar contra el cierre de el “Insti-"
tuto de Ciencias de Jalisco” hayan
ido a-los calabozos hayan tenido que
ser víctimas de las majaderfas de
Seogandino Delgadillo. Director de la
~ Penitenciarí», quien se portó pési-
'mwamente con log detenidos y ha da-
do orden de que sean expnisados va-
rioa alumnos: tres de la Escuela de
Medicina, uno de la Preparatoria O-
a
per medio de la violencia a las per-
sonas que protestaron contra el cie-
rre de el '* Instituto” y cuando estu-
vieron algunas de ellas ante él. con
grande sorpresas pudieron ofr” de
los lablos del actual Gobernador la
declaración de que los mandó llamar
para darles una explicación acérca
d- los hechos y demostrarles que no
hizo más que cumplir la ley con ls
clausura de aquel establecimiento.
LY tiene, señor Zuno, alguna expli-
cación esa expulsión arbitraria y o0-
barde de loa nifios y de los jóvenes
“GLADIUM” ha querido ser un grito despertador de la conciencia individual y co-
de la expulsión, tomo se les aplicó,
Luego esa expulsión noñolamente -
es un abuso cobarde da la fucrza y
del poder contra la niñez inerme y
lu juventud indefensa, sino que es
brútalmente arbitraria e ilegal,
La Salida
Sin embargo es saguro que el ac-
tual sátrapa va a decir que las razo”
nes que tuvo para expulsar a esos s
lumnos fueron estas: que están en
un establecimiento oficial; que po”
nen el ejemplo de violar las leyes y
que el goblerno sostiene los estable”
leotíva tan dolorosamente atrofiada en nuestro pasa causa de la inacción de muchos años y de la falta de
uns honda y recla conviceióu acerca del valor de los principios, como fuerzas que deben impulsar y diri- `
gir cuerpos, almas y colectividades. Y no descansará hasta lograr que el reinado de los principios, el im-
perio de las ideas se restablezca en los espíritus, pues la decadencia y el empobrecimiento espiritual y mo-
ral que posan sobre el alma nacional y sobre cada individue arrancan más que de otra parte de que bajo el.
rescnido de nuestras buncarrotas ue hallan olvidadas, reducidas a factores de ínfima categoría las ideas i
centrales que en la vida homana ben sido y deben ser siempre la raíz auprema de donde emerjan los altos
caracteres, los gestos de altiveza :rreduotible delants de todas las crisis, de todas las catástrofes y delante
de todos los perseguidores de las conciencias. Hacer que echen: raíces profundas, vivas y fuertes en la
carne, en la sangre y en la sustancia palpitante del espíritu nacional e individusl y que todo e) torrente de
nuestra vida «bandone el cauce infecando. el desierto dasolado del mercantilismo para que éntre en ruido" --|
sa invasión por la ruta del ideal y del respeto y de la práct.ca inristente y firma de les principios. es labor
fandamental para que surja en plenitud avasalladora la conciencia con teda la enérgica e iriesfstible signi-
ficación que tiene como poder de reconquista, como bandera de combata contra los profanadores del de~:
~ recho y como entronque vital que realice el milagro de juntar todos los penexmientos, los brazos, los ca~
ractares dispersos y haga salir del crisol ardiente de la unidad, la mole corpnlenta del titán amasado y he
cho del polvo de nuestro desierto con el sudor y lan fatigas de un trabajo de renrganizsción interior. Con-
ciencia individual y colectiva: he aquí lo que intentará hacer surgir “GLADIUM” con cada una de sus
ficini y cinco niños del Orfanatorio
del refior Silva: De esta manera el
sátrapa del Estado desfog asu ira so-
bre niños inermes y jóvenes indefen-
sos y lea trunca de un solo golpe to-
do su porvenir. En esta actitud del
“déspota que por espacio de tanto
tiempo hs venido burlando los inte-
Teses más altos de la suciedad ¡hay
un fondo muy marcado de cobardía
y de abuso increíble de la fuerza.
Goilat contra David sin bonda y sia
piedras.
Les explicaciones
Zuno había estado haciendo venir,
palabras y lo que deben intentar formar todos los portavoces de la opinión.
arrojados a la alle? Desde luego ca”
si todos los expulsados eatnvieron
presos por haber hecho la manifeste’
ción; luego ya habían sido castiga-
dos por haber protestado, si es que
el Regiamento de manifestaciones no
es, como de hecho io es, anticonati-
sucional. Por tanto los que estuvie*
ron presos ya no podían haber sido
castigados. Por lo que toca a los
que habían estado presos hay qué
notar que debieron padecer el mis’
mo castigo que los demás, puesto
que se trata de la miema falta; pero
nunca debió- aplicárseles el castigo
“Gladium”, el pequeño gigante, portavoz del maestro
cimientos de donde fueron expulsa
dvs esos alumnos. Pero en esto no
hay más que una salida de pie de
banco! ‘Porque no por estar er un
establecimiento oficiel se pierde el
derecho de protestar contra los-atén
tados de los gobiernos, Es teoría ú-
nicamente propia de los déspotas, de
los opresores, la que últimamente se
ha sacado a relucir còn motivo de
ciertos bechos como el cese del Li":
cenciado Pallares, y que consiste ea
sostener que el que desempeña un:
cargo público o- recibe instrucción
Pasa a la 45. plana, `
Anocleto González Flores
y sus denodados compañeros de la Unión Popular. de
Méjico Cristero , 83
_-_-l A -=-=--- -Z24f€á-— — — —— ——— a AAA A A A A e
de la carne se redujo la décima parte de lo normal. «Navarro extendió
el boicot hasta los más dilatados confines del municipio, y por este
medio obtuvo que la población no contara con entradas de mercancía
de lugares foráneos. Tan apremiantes medidas obligaron a las auto-
. ridades a dejar sus cargos a causa de no tener un solo centavo de
entrada por concepto de contribuciones.» * ]
Esta situación, aunque no en grado tan extremo, comenzó a surtir
sus efectos en todo el territorio nacional.
~ En üna comunicación recibida por el comité directivo de la. Liga,
«proveniente del grupo “Benedicto XV” de la acim de Ciudad Juárez,
-Chih., y fechada el 5 de septiembre, se informaba que los afiliados
al movimiento de defensa ascendían allí a 2,500, quienes hacían sentir al
gobierno municipal los efectos del boicot, nó obstante que la prensa,
¿obedeciendo consignas recibidas, trataba de desvirtuar los aconteci-
mientos y negar los efectos de crisis que comenzaban a experimentarse
en aquella ciudad fronteriza. l
Este tipo de comunicaciones llegaba, en gran número, al Comité
` General de la Acym y al Comité Directivo de la Liga, debido, como queda
dicho, a que los acejotaemeros, tanto del interior como de la capital
«de la República, tomaron entusiasta y eficaz parte activa en las dispo-
siciones emanadas de la Liga.
~ La última de las actas, correspondiente a la postrera sesión regu-
lar del Comité General de la Asociación Católica de la Juventud Meji-
cana en 1926 —pues no volvería a reunirse sino hasta fines de 1929—,
"levantada por el secretario general de la institución, Manuel Dávalos
"Lozada, comenzaba con estos dos párrafos:
«En la ciudad de Méjico, el día 16 de agosto de 1926, se reúnen en...
(en el original puntos suspensivos para evitar perjuicios a los dueños
de la casa en que se reunieron, en caso de caer ese documento en
manos de la policía)... los señores Elizalde, Márquez, García, Bar-
quera, Díaz, Velázquez, Avalos, Barquín y el suscrito, para celebrar
la junta ordinaria del Comité General, que dio principio a las 20 horas
y 30 minutos, con el rezo de las oraciones acostumbradas.
<- »La presidencia hace notar que se están recogiendo magníficos fru-
tos del esfuerzo de la juventud católica en la actual persecución reli-
giosa, siendo muy satisfactorio ver que el nervio de la acción de los
católicos lo forma la ACJM.» *
LIGA NACIONAL DEFENSORA DE LA LIBERTAD RELIGIOSA
BOLETIN NUM 16. — DELEGACION DEL D. F.
¡EL ESPBOTAOULO DEL AÑO!
"DIOS Y MI DERECHO” 12 DE DIC. DE 1926.
[¡SRAVISIMOS ERRORES8!! [FUNESTA TERQUEDAD!!
Tres errores gravísimos ha cometido el Gobierno Me-
xicano al plantear el conflicto religioso: Plantearlo,
arrebatar a los Católicos todos los medios legales de
defensa y negarse a resolverlo.
a Y 12-Plantearlo ha sido un error de Justicia, de Política
> y de Diplomacia.
24 2$-Es un error de Justicia; porque el Gobierno debe
saber que es con la recta razón y mirando al bien común, y no con'“*Criterios
Filosóficos” disparatados e impopulares, como se gobierna a los pueblos.
Es un error de política: porque lo primero de lo primero que debe mirar
muy bien un gobernante empeñado en imponer al pueblo sus “Criterios
Filosóficos” es ver si el flamante “Criterio ilosófico” encajará o no bien en
el pueblo y si éste lo recibirá y aceptará. Pero el Gobierno se ha empeña-,
do en no ver más que ““pujidos de beatas y muecas de sacristanes'' y por
eso le está saliendo “el tiro por la culata.”
Es un error de diplomacia; porque en verdad muy poco olfato se necesitaba
para sospechar que la audaz empresa, no sólo podría resultar antipatrió-
tica por impolítica, sino también por antidiplpmática, puesto que podía
ovocar, como está provocando, al Intervencionismo Yanki, que siempre
E estado a caza de pretextos, para.... ya Ud. lo sabe, señor Presidente.
Luego el Gobierno Mexicano ha cometido un gravísimo error plantean-
do el conflicto religioso.
El segundo error del Gobierno ha sido arrebatar a los católicos todos los
medios legales de defensa.
Ante todo, porque los católicos tienen justísimo derecho de impedir que
les sea arrebatada suReligión,que es lo que más estiman en el mundo,que
es lo que no hay gobierno «civilizado que no conceda, que es lo que por
honesto, necesario e imprescindible, no debe quitarse a nadie, máxime,
cuando, como en este caso, se trata de la íínica religión verdadera. Luego
perseguir, encarcelar, multar, y aúñ golpear y fusilar a los católicos por
que escriben, hablan, imprimen, protestan y ponen en juego todos los
medios legales injustamente declarados sediciosos, para defender su reli-
gión contra un gobierno injusto y tirano que la atropella y persigue con
una seña que envidiaría Nerón, es un error tanto más grave, cuanto que
no sólo priva a los católicos de lo que justísimamente les pertenece, sino por
que los provoca y los incita vivísimamente a los tumulios y aún a la franca
rebelión armada. ¿Quién es, por tanto, el verdadero culpable del peligro-
sisimo caos en ique estamos envueltos? ¿Son los católicos, que defienden sus
más sagrados derechos, o es el Gobierno que, con medidas tan legalmente
injustas, tan impolíticas y tan antidiplomáticas está provocando sus iras
sin necesidad?
El tercer error del Gobierno es su funesta terquedad en negarse a resolverlo
En mil tonos hemos repetido al Gobierno que, si él fué quien provocó
el conflicto, es él el único llamado a resolverlo, Y repetimos ahora que es
absolutamente inútil esperar que la Iglesia ceda; si esta esperanza es lo que
mantiene al Gobierno “en sus trece” le advertimos que ello será sucuaria
lancha monumental. En cambio, el Gobierno tiene en sus manos la so-
ución; porque los únicos medios posibles los tiene él. Así es que el señor
Calles, con sólo querer lo arreglará todo sin perjuicio ningnno de nada,
ni de nadie, vamos, que quizá se pudiera salvar hasta su “criterio filosó-
fico,” que ahora está en tanto peligro.
Deje pues el Gobierno de achacar al clero lo que exclusivamente le
corresponde a él. ` Es él, el Gobierno, quien por injusto, por impolitico y
por antid:plomático, o lo que es lo mismo. quien por maulo, por tonto y por
terco, se ha echada encima a la nación y al mundo.
El día 19 de diciembre de 1926, previo anuncio de “Un gran espectáculo aéreo”,
fueron soltados en la ciudad de Méjico, cientos de globos que dejaron caer millares
de:estas hojas informativas de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.,
VII
PROPAGANDA IDEOLOGICA
Apoyo de la crom a Calles.—Primera controversia
. pública. — Segunda controversia. — Tercera contro.
versia. .
Apoyo de. la crom a Calles.—La Confederación Regional Obrera
Mejicana, de la que era secretario general el diputado Ricardo Treviño,
incondicional del Gral. Plutarco Elías Calles, lanzó un manifiesto al
pueblo mejicano el día 28 de julio de 1926, en el que culpaba al clero
«de originar el conflicto religioso «al manifestar abiertamente su rebel-
día para sujetarse a las leyes del país en lo que al ejercicio del culto
se refiere», y que la crom apoyaba y sostenía «al gobierno de la Repú-
blica, presidido por el señor general Plutarco Elías Calles, en su. acti-
tud resuelta de hacer que se cumplieran las leyes que habían provo-.
eado el conflicto.»
, -~ Suponía la Confederación Regional Obrera Mejicana que el remoto
origen del grave conflicto social se encontraba en la inconformidad
de los políticos derrotados por la Revolución, pues nadie pretendía
arrebatarle al pueblo sus creencias.
«Por su parte —afirmaba el manifiesto—, la Confederación Regio-
„hal Obrera Mejicana se permite hacer del dominio público que está
dispuesta a contrarrestar, en apoyo del gobierno y consecuente con las
resoluciones adoptadas en las convenciones sexta y séptima, la acción
del clero católico ya citada, que tiende a paralizar la vida social y
económica de Méjico.»
: 85
086 f , Antonio Rius Facius
El boicot se cernía amenazador sobre la estabilidad del régimen
. y, para desvirtuar las causas que lo habían originado, por medio de
, su engañosa proclama pretendía la poderosa central obrera que el pue-
blo se convirtiese en aliado de quien le quería privar de sus derechos
civicoreligiosos.
En ese documento se repetía el sofisma de afirmar que el clero era
el que no se sometía al gobierno, puesto que éste era respetuoso de
«las conciencias y, por lo mismo, estaba justificado en su proceder, al
que respaldaba con la desafiante frase de “nosotros iremos al terreno
que el clero elija”, queriendo significar que por la fuerza habría de
someterlo, cuando era sabido que al clero se le cerraban hermética-
mente las puertas del derecho con leyes convertidas en fieros instru-
mentos de ataque y opresión, contrarias a todo espíritu justiciero;
«en la inteligencia —terminaba el documento— de que el cumplimiento
de las leyes no sólo se exige a aquél, sino a todos los habitantes de
país.» i
Al día siguiente de suscribir este manifiesto, la Federación de Sin-
dicatos Obreros del Distrito Federal, perteneciente también a la crom,
entregó a Calles un pliego de adhesión, en el que se confundía lamen-
tablemente la dictadura porfirista, de irrefutable esencia y ascendencia
liberal y anticatólica, con la Iglesia, a quien se le había arrebatado
el derecho de la enseñanza. Eso no obstante, afirmaba ese texto dema-
gógico que «esa misma ignorancia es la que pretende aprovechar una
vez más el clero para mantener, en la conciencia de nuestros com-
pañeros y del pueblo en general, el error de que es algo inseparable
la religión y el clero; de que aquella dulce doctrina del Crucificado
es la misma profanación que de sus ideales de paz y de amor hicie-
ron los mercaderes que se dicen representantes de Dios sobre la tierra
y que en un esfuerzo supremo, con una audacia inaudita, pretenden
aprovecharse del fanatismo de las masas, que por fortuna es hoy mu-
cho menor que hace quince años, para que al grito estriderite de Reli-
gión y Fueros, el pueblo destruya su propia obra ¡la Revolución!»
Era la misma cantilena conteniendo la misma falsedad y la misma
calumnia, para ocultar mañosamente el odio anticristiano que movía
las conciencias de los perseguidores de Dios y de su Iglesia.
El Gral. Calles recibió complacido aquel mensaje, reflejo fiel de.
sus propios sentimientos, y contestó a sus visitantes con palabras que
no dejaban lugar a duda sobre la índole de sus propósitos,
Méjico Uristero . 87
, Para defender su política ante la opinión pública de su poderoso
vecino, Manuel Téllez, embajador de Calles en Washington, dio a co-
nocer, el 31 de julio, el punto de vista de su gobierno:
«Durante tres centurias el clero dominó al. país sin realizar obra
constructiva de ninguna clase, ni elevar el nivel moral del pueblo»,
afirmó sin morderse la lengua, cuando la misión civilizadora de la
Iglesia había fijado, en esas mismas tres centurias, la cultura más
aventajada en su época en el Nuevo Mundo, incluyendo a los Estádos
Unidos.
No podía faltar, en este maratón de calumnias, la voz autoritaria
del Gral. Obregón, la sombra tras el trono, quien, desde su apartado
rincón de Cajeme, Son., hizo declaraciones a tono con las anteriores
a un periodista que lo entrevistó.
- Para dar, finalmente, plena apariencia de apoyo a su política, el
' general Calles, por medio de la crom, fue ensalzado en una obligada’
manifestación pública efectuada el 19 de agosto de 1926, para la cual
“amenazó esa central obrera con el cese inmediato a todos sus agre-
miados que faltaran a ella, a la que también fueron obligados a con-
currir los empleados públicos. Aquel desfile vergonzoso de gente que
luchaba entre sus creencias y sus necesidades cruzó las calles de la
. capital hasta llegar al Zócalo. El presidente Calles, desde un balcón
del palacio municipal, situado a un costado del palacio nacional, al que
entonces se le estaba añadiendo un piso más, contempló aquella mani-
festación organizada en apoyo de su política anticlerical.
Aún quedaba un recurso más para desvirtuar la verdadera esencia
. del problema y dar, al pueblo, la sensación de que gozaba de libertad
completa para actuar, pensar y decir. Este medio, hábilmente prepa-
rado por la Federación de Sindicatos Obreros del Distrito Federal,
«consistió en invitar a Capistrán Garza y otros prominentes catélicos
a unas controversias religiosas en el teatro Iris.
René consultó con Rafael Ceniceros y Villarreal, presidente de la.
“Liga, la conveniencia de aceptar la polémica. Este le hizo ver que
la experiencia aconsejaba rechazar tal invitación, ya que «generalmente
nada- de provecho se saca de tales controversias públicas, pues a la
` postre cada parte se adjudica el triunfo y los ánimos quedan más cal-
'deados que antes de la discusión.» No obstante, viendo el entusiasmo
del acejotaemero y “conociendo su acometividad y competencia”, ló
autorizó para aceptar el reto.
88 ` Antonio Rius Faċius
«Las condiciones propuestas por la croM y aceptadas por Capis-
trán Garza, no pudieron ser más ventajosas para aquélla. La crom'
elegía el tema del discurso sin darlo a conocer a su adversario sino
«hasta que éste lo oyera en el teatro. Concluido el discurso era refutado
inmediatamente y después volvía a hablar el orador de la crom sin que-
su adversario tuviese derecho a refutarle. Sólo hubo una excepción
en lo pactado: la última discusión entre el señor Morones y el joven
"estudiante Luis Mier y Terán. El señor Morones, alardeando de sufi-
ciencia, quiso que el representante de la Liga eligiera, al discutir con él,
el tema y refutara a Morones cuantas veces quisiera.»?
_ A estas polémicas tenían preferencia de paso los incondicionales”
de la Federación, y se procuró darles la mayor publicidad posible,
hasta el grado de instalar micrófonos en el escenario del teatro para
que aquellos discursos llegaran a todas las personas que contaban en
aquella época con aparatos receptores de radio.
. Primera controversia- pública.—La primera conferencia, pronum-
ciada el día 2 de agosto, estuvo a cargo del entonces secretario de
Educación Pública, doctor José Manuel Puig Casauranc, y para: reba-
-tirlo se le enfrentó René Capistrán Garza, el señalado acejotaemero -
que ocupaba la vicepresidencia de la Liga. El tema de aquella pri-
mera controversia pública fue: El problema religioso desde el punto de *
vista educacional. El doctor Puig Casauranc comenzó diciendo que el
único propósito de Calles era “cumplir y hacer cumplir estrictamente
nuestras leyes constitucionales”, que habían sido rechazadas por el
episcopado.
Asido a este principio, hizo historia de “aquel tibio artículo tercero
de la Ley Fundamental de 1857” que establecía “que la enseñanza
sería libre”, hasta la proclamación, en 1917, del laicismo obligatorio.
“Definía el laicismo como el medio adecuado para prescindir, elimi-
nando toda posible neutralidad, de la enseñanza religiosa, sustituyendo
la moral cristiana por un enrevesado “código de la moralidad” perge-
“ñado por él mismo. Dicho código trataba de suplantar los manda-
mientos del Decálogo por otros en los que se eliminaba a Dios, Hace-
dor de todas las cosas, y se abusaba de un falso y rimbombante patrio-
terismo materialista. `
“Después de asegurar el orador que «no enseñaremos ni atacaremos
—<omo si la omisión no encerrara en sí un ataque—, ni defenderemos
"Méjico Cristetro o Fe
religión alguna», terminaba aquella parte de su discurso con esta atre-
vida afirmación: «hemos de esforzarnos siempre en hacer... hombres
útiles a la sociedad, hombres que, de haberlos conocido Cristo, los
hubiera aceptado como cristianos de los primeros tiempos de la Iglesia.»
La continuación de su tesis versaba sobre los deseos de los revo-
lucionarios de librar a los niños “del fardo demasiado complicado y
peligroso” de la fe, por lo menos hasta los doce años de su edad, y acep- -
taba, como magnánima concesión, que podía llegarse «al extremo de-
“sostener que deben y pueden existir, conforme a la ley, capillas. den-
tro de los séminarios, no para el culto público» sino para que practi-
caran el oficio divino los seminaristas.
El tiempo se encargó de desmentir al orador, cuando seminarios
y conventos fueron saqueados y destruidos por las hordas revolucio--
narias encumbradas en el poder.
/ Siguió en su perorata haciendo gala de sus ampulosos y falsos cono-
cimientos de la historia de Méjico y negando que los componentes del
clero hubiesen tenido adecuado concepto de la patria, a través de las
vicisitudes históricas de Méjico. Para endulzar los oídos de su opositor
y ¡quedar a salvo. de toda inguina personal, hizo halagadoras refe-
rencias de René Capistrán Garza, al que llamó “un bello tipo de mu-
chacho valiente”, pensando quizás que con estas frases podría des-
armar del ardor apostólico que animaba a su opositor y, tras de insistir
en süs inculpaciones al clero, terminó su discurso con estas atrevidas
afirmaciones: «Si pudiéramos utilizar a la Virgen de Guadalupe, Vir-
gen india, de nuestra raza y nuestro color... que es, al mismo ca
y sobre todas las cosas, culto de nuestra raza y nuestro país..
Las galerias del teatro premiaron con frecuentes aplausos pe fra-
ses más brillantes del orador y, fieles a la consigna de dar al acto
apariencias de imparcialidad, cuando René Capistrán Garza salió a
medio escenario, fue recibido con cerrada ovación. La intervención
" oratoria de René, forzosamente improvisada, pues estaba dirigida hacia
la refutación de los conceptos que acababa de escuchar, fue, aunque
breve, brillante y certera.
«El señor doctor Puig nos ha leído algo así como un código de la
: moralidad —dijo textualmente—. No está del todo mal ese código:
anoté sus analogías con el código cristiano. Ahora bien: ¿Qué probó.
' el doctor Puig? ¿Que es bueno el código o que es buena la doctrina
- cristiana?» Y afirmó vigorosamente: «Ese código es una pequeña fal-
[j
René Capistrán Garza en su réplica a Puig Casauranc, —sentado, al fondo—,
durante las controversias sostenidas en el Teatro Iris, de Méjico, D. F.
Méjico Cristero i l E : e +91
«sificación de algo que vive hace veinte siglos. No falsifiquemos, ese
-código es un Hombre colgado de una Cruz.»
Rechazó la polémica a que su oponente quería llevarlo en el terreno
histórico, pues no podía, sin previa preparación, rebatir un estudio
minucioso con improvisaciones, aunque eran palpables las falsedades
imputadas a los católicos de ser traidores a la patria: “Queremos
nuestra libertad”, dijo con emocionada energía.
Las voces airadas de la concurrencia obligaron a René a retirarse
de la tribuna. Cuando el doctor Puig Casaurane volvió al centro del
escenario para declamar su contrarréplica, de todos los rincones del '
teatro brotaron gritos de: ¡Viva la Revolución!
La contrarréplica de Puig Casauranc, incisiva e irónica, terminó con
estos conceptos: «Para responder al grito de los católicos de: ¡Viva
Cristo Rey!, las organizaciones de trabajadores oponían este otro:
¡Viva Cristo, apóstol de un ideal socialista!»
René Capistrán Garza, quien había abandonado la cárcel reciente-
mente, tuvo que salir, disfrazado, pocos días después hacia los Esta-
dos Unidos. Ninguna polémica pública podía resolver el fondo del
grave problema planteado por el poder público, pues éstas no. fueron,
en sí, más que astutos medios publicitarios de que se valió. el gobierno
ji acreditar su sinrazón.
Segunda controversia.—Estas controversias continuaron el día 4
cor el discurso del ingeniero Luis L. León, ministro de Agricultura
del gabinete callista, sobre el tema El movimiento revolucionario y el
-elericalismo mejicano, a quien refutó el licenciado Herrera y Lasso.
Sería volver a repetir frases y conceptos usados en exceso por los
elementos anticlericales el detallar su ampuloso discurso, en el que
desvirtuó la historia patria, desde la conquista "hasta nuestros días,
pata justificar sus ataques a la Iglesia, ponderando, en algunos pasa-
jes de su discurso, a “los primeros misioneros (que) son de las figuras
“más grandes y más nobles de nuestra historia” y concluyendo: que
los conquistadores habían sido aves de rapiña, sin caer en la cuenta
-que fueron éstos, precisamente, quienes trajeron a los frailes misio-
“neros. l l
Más de una hora duró la lectura de su larguísima conferencia, pre-
ñada de insultos y ataques a los católicos mejicanos de todos los
tiempos.
92 Antonio Rius Fácius
El Lic. Herrera y Lasso fue breve en su respuesta; frente a um
auditorio cansado y predispuesto a rechazar sus argumentos, -habló de-
concordia, de unión, y rechazó las falsas imputaciones hechas al cato-
licismo mejicano de ser traidor a la patria, cuando los hechos siem-
' pre habían demostrado lo. contrario.
La contrarréplica del ministro de Agricultura prolongó, hasta la
media noche, aquel pesado monólogo.
Tercera controversia.—La tercera controversia, efectuada en el mis--
mo lugar el día 9, entre el ministro de Industria, creador de la crom,
Luis N. Morones, y el estudiante acejotaemero Luis Mier y Terán,
- alcanzó momentos verdaderamente emocionantes. i
El orador oficial habló de una falsa- historia, con la seguridad y aplo-
mo que le daban su alto puesto político y un auditorio parcial. Pero fue
superado por el fervor apostólico, por el entusiasmo juvenil del imberbe
acejotaemero quien argumentó «que el señor Morones confundía a la
Iglesia Católica con la escuela liberal...»
En la contrarréplica, Luis N. Morones lanzó la hravata de que po-
„dían los católicos, si no estaban conformes con ese estado de cosas,
tomar las armas para defender sus derechos, e
No fue lejos por la respuesta; Luis Mier y Terán, en medio de una
gran rechifla, desafió al ministro de Industria y a sus secuaces con
estas palabras: E
«El señor Morones nos invita a los católicos a tomar las armas.
- Yo le respondo que no lo hemos hecho porque no nos sentimos ven-
cidos en la disputa. de razones, por eso nos reta a disputar por la`
fuerza.»
Y en el terreno de la fuerza, al que fueron llevados los católicos,
_se tuvo que sostener la razón y el derecho del pueblo contra la tira-
nía atea que lo atropellaba. Antes, sin embargo, agotaron éstos sus
últimos recursos jurídicos, que se estrellaron contra la consigna y el
odio.
Fue tal el prestigio alcanzado por el brillante opositor del Eb
Hllado Morones, que el mismo Calles mostró deseos de conocerlo per=”
sonalmente y lo invitó a tener una entrevista con él, durante la cual
le insinuó la conveniencia de pasarse a las filas de la Revolución.”
Luis Mier y Terán escuchó respetuosamente al jefe del Poder Ejecutivo
y no réplicó una sola palabra.
“Méjico Cristero e 93
i
` La Confederación Regional Obrera Mejicana no pudo resistir la'
hümillación sufrida por su antiguo líder y publicó, en su órgano ofi-
“cial, la revista CROM, un virulento editorial en su número del 15. de
agosto. En él no hacía sino repetir por enésima vez la gran mentira
+. que trataba de ocultar la confabulación contra la Iglesia Católica.
«El llamado conflicto religioso —asentaba en su comienzo el edi-
torial— no ha sido en realidad sino el eterno combate entre la sombra
‘y la luz, entre el antaño y el progreso, la vieja pugna entre el tradicio-
nal Partido Conservador y el antiguo Liberal, hoy Revolucionario.»
` Efectivamente, era aquélla una fase más de la eterna lucha entrei
las tinieblas satánicas de los hombres sin Dios y la luz invencible
de la fe.
VIII
EN BUSCA DE UNA SOLUCION LEGAL
Entrevista de los obispos con Calles. —El informe de
Calles a las Cámaras.—Memorial de los obispos.—
Dos millones de firmas.
` : Entrevista de los obispos con Calles.—El 2 de agosto de 1926 circu-
larón insistentes rumores de que se avecinaba un pronto arreglo del
«conflicto, pues el obispo de Tabasco, Mons. Pascual Díaz, secretario
del Comité Episcopal, había tenido una plática privada con el procura-
dor general de la República. i
Por otra parte, Eduardo Mestre y Agustín Legorreta, prestigiados
hombres de negocios, se decía que buscaban un acercamiento entre el
episcopado y el ejecutivo federal, aunque con escasas posib „idades de
“éxito, dada la intransigente actitud de Calles, o:
Mons. Díaz declaró a los periodistas extranjeros que lo entrevis-
taron, «que, en sus conversaciones extraoficiales con el procurador,
había discutido una mediación sobre las bases de suspender los efec-
tos de las leyes en vigor, un plebiscito nacional para conocer el sentir
del país, y hacer algunas modificaciones a la Constitución.» *
Sin embargo, transcurrieron algunos días sin que noticia alguna
confirmara la esperanza de encontrar una solución digna al conflicto.
El Comité Episcopal, que presidía el arzobispo de Méjico, Mons. José
¿Mora y del Río, presentó un extenso memorial el día 16 de agosto al
presidente Calles.
+. En él, en nombre de todos los arzobispos y obispos de la República
Mejicana, y de los sacerdotes y pueblo catolico, en uso de un derecho
95
eS e Antonio Rius Facius'
: reconocido por la Constitución, rechazaba “el cargo de rebeldía por-
“haber suspendido el culto público en los templos”, pues “el no ejercer
ún acto penado por una ley no es rebeldía”.
Explicaba que si no habían hecho anteriormente uso del derecho
de petición, se debía a que las leyes persecutorias no habían sido apli- .
cadas con el rigorismo con que ahora se pretendia hacerlo, pues el'
mismo Carranza había propuesto la modificación de esas leyes.
Pedía que Calles interpusiera su influencia para que fueran «refor-
mados de la manera más efectiva los referidos artículos y, por consi-
guiente, las prescripciones penales con que se les ha(bía) sancionado.»
Con ello no se pretendía otra cosa que hacer efectiva “la más sin-:
“cera independencia de la Iglesia y del Estado” y que no legislara éste
en asuntos religiosos, pues no le correspondía hacerlo de acuerdo con
el “verdadero concepto de la ley civil”.
«En consecuencia —concretaba el Comité Episcopal—, pedimos las
libertades siguientes, a que tenemos derecho como. cristianos, como
ciudadanos de una nación culta y hasta como hombres: libertad de '
conciencia, de pensamiento, de culto, de enseñanza, de asociación, de
prensa.» 8
No pedían privilegios, sino el reconocimiento de la personalidad
juridica de la Iglesia. Ninguna razón, por bien fundada que fuese,
podía ser aceptada por Calles, que se había propuesto exterminar al.
catolicismo en Méjico, cuya respuesta, dada tres días después, se ajus-
taba en todo a ese propósito. En ella decía que, aunque encontraba
natural la petición del Comité Episcopal, él era el menos indicado
para atenderla, porque los artículos constitucionales impugnados iban
enteramente de acuerdo con su convicción política y filosófica y, por
consiguiente, no pensaba derogar o cambiar su propia ley, que si que-
rían podían dirigirse a las Cámaras EE o pedir Empero. a los:
¡ tribunales.
Esta negativa del jefe del Estado en un país como Méjico, de régi-
men presidencialista, no podía significar otra cosa que advertir a los
‘obispos de lo infructuoso que resultaba buscar, por los cauces legales;
una solución. Continuaba aquella respuesta haciendo consideraciones
sobre la improcedencia de conceder libertad a la Iglesia, y sacaba a,
relucir viejos textos legales en los que apoyaba su convicción revolu-
cionaria. Concluía afirmando que la libertad de conciencia, de pen-
.samiento, de culto, de enseñanza, de asociación y de prensa, estaban:
Méjico Cristero i 97
consignadas, dentro de ciertos términos y alcances, en los artículos 3,
6, 7, 9 y 24 de la Constitución.
Al día siguiente, 20 de agosto, el episcopado hizo nuevas declara-
ciones a la prensa, en las que, aunque insistía sobre la necesidad de
dar fin a la situación prevaleciente, daba por cierta la buena fe de Ca-
lles para llegar a un arreglo satisfactorio.
El Lic. Eduardo Mestre, presidente de la Beneficencia Pública,
amigo de los prelados y bien relacionado con Calles, arregló, después
de algunas negativas, una entrevista del presidente con representantes
del episcopado. Fueron escogidos para esta delicada misión el obispo
de Tabasco, Mons. Pascual Díaz y Barreto, y el arzobispo de Michoa-
cán, Mons. Leopoldo Ruiz y Flores. A las 10.30 del día 20 de agosto
se presentaron, acompañados del Lic. Mestre, en el castillo de Cha-
pultepec, residencia oficial del primer magistrado.
Sin dilación fueron introducidos al gabinete presidencial y, hechas
las presentaciones, Mons. Díaz inició aquella entrevista con la expo-
sición de motivos que habían originado la suspensión del culto en los
templos de la República.
Suponían los obispos, de acuerdo con unas declaraciones que Calles
había hecho a la prensa norteamericana, que el registro de sacerdotes
no tenía otro fin que el de estadística, y siendo esto así, bastaba con
que el presidente ratificara esta declaración y suspendiera la aplica-
ción del reglamento al Código Penal, mientras se solicitaban a las
Cámaras la derogación o modificación de los artículos constitucionales
que maniataban a la Iglesia, para que los cultos volviesen a reanudarse.
Pero la actitud del general Plutarco Elías Calles era intransigente;
dijo en forma enfática que no daría un paso atrás, ni haría valer
su influencia para que los legisladores modificaran las leyes a las que
todos tenían el deber de someterse.
En el informe rendido al episcopado, Mons. Ruiz y Flores trans-
cribió las palabras finales de aquella conferencia, que sintetizan el
criterio sostenido por ambas partes: «Al terminar la conferencia, ya
de pie, nos dijo el señor presidente: “Pues ya saben ustedes; no les
queda más remedio que las Cámaras o las armas”; y se le contestó:
“Nos alegramos, señor presidente, de que nos diga usted eso. La Iglesia
„no quiere defender sus derechos por la violencia, cuyos triunfos son
efímeros; Ella quiere algo más sólido y por lo mismo prefiere los me-
dios legales y pacíficos.”» *
98 Antonio Ríus Facius.
Una vez enterados los obispos del fracaso de la entrevista, pero
firmemente decididos a rechazar las ilegales disposiciones contrarias '
a los derechos inalienables de la Iglesia, convinieron agotar todos los
recursos que la Constitución les ofrecía y pedir a las Cámaras legisla-
tivas la modificación de -las leyes antirreligiosas.
Sin embargo, las noticias que circularon respecto a la entrevista,
fueron del todo contrarias a la conducta seguida hasta entonces por el
episcopado, ocasionando que -Roma, justamente alarmada, se pusiese
en contacto inmediato con el arzobispo de Méjico, a quien envió el
siguiente cable suscrito por el cardenal Gasparri, secretario de Estado
de Su Santidad:
«Los periódicos anuncian que hay arreglos no conformes con las
instrucciones dadas por la Santa Sede. Esperamos- informe. Entre-
tanto, no os apartéis de las determinaciones que el episcopado desde
el principio tomó con tanta firmeza, elogiado por el mundo entero.
Responda al punto y sin dilación telegráficamente.»
Ese mismo día, 24 de agosto, contestó Mons. Mora y del Río: «Las
noticias de los periódicos absolutamente falsas. De ninguna manera
nos apartaremos, con el favor de Dios, de las instrucciones dadas por
. la Santa Sede. Firmísimo es el sentir de los obispos todos, absoluta
su obediencia y filial amor con que imploran del Santo Padre su ben-
dición apostólica.»
El cardenal Gasparri correspondió a ese cable con el siguiente:
«Le doy las. gracias por su telegrama. Su Santidad unido a vosotros
con sus oraciones y bendiciones.»
El informe de Calles a las Cámaras.—El mensaje anual que tendría
que rendir ante las Cámaras el presidente Plutarco Elías Calles era
esperado con natural impaciencia por toda la nación. Deseaba el pue-
blo conocer la opinión oficial sobre el problema religioso, esperanzado
de que hubiera tenido algún cambio favorable que hiciese posible un
pronto arreglo. Pero la realidad vino a desbaratar, una vez más, las es-
peranzas de los que aún creían en la buena fe de aquel régimen repre-
sentativo de la Revolución.
En su mensaje del día 1% de septiembre des 1926, Calles dijo:
«Nada ha habido, en el fondo de lo que se ha dado en llamar pro-
blema religioso, que pueda reputarse como una verdadera novedad en
materia de acción del gobierno.
"Méjico Cristero y 99
»Ni el Ejecutivo ni la Secretaría de Gobernación han introducido
modalidades que pudieren causar alarma, con fundamento racional y
justo, a las iglesias ni a sus adeptos.»
_Es decir, Calles negaba que se hubiera privado de derecho alguno
a la Iglesia, puesto que las leyes que se habían reglamentado para
sancionar a quienes las quebrantaran estaban incluidas en la reciente
Constitución y tenían como fundamento las leyes de Reforma. El que
no se hubiesen aplicado anteriormente con todo rigor no se debía
«a que los elementos identificados con la Revolución, y el Gobierno
mismo, hubiesen abjurado de esos principios» sino a que «cambiar de
de un día para otro íntegramente, en forma tal y completa, la vida y
el régimen legal de un pueblo, no es tarea fácil.»
A confesión de parte, relevo de pruebas. El Gobierno de la Revo-
lución estaba empeñado en la empresa antipatriótica y absurda de
modificar la esencia tradicional del pueblo, pues «unas disposiciones
se encontraban ya en la ley del 14 de diciembre de 1874 y toda alarma
a ese respecto es injustificada y fuera de tiempo. Otras sólo fijan las
sanciones o penas por inobservancia en lo previsto en materia de cul-
tos o de enseñanza, por la Constitución de 1917. La agitación y la
alarma por esta causa es meramente artificial, toda vez que basta no
violar la ley, que como ley es obligatoria, para escapar al castigo.»
Y confesaba paladinamente: «Por violaciones al artículo 27, fueron
` clausurados 42 templos en todo el país, así como también las capillas
en los asilos de beneficencia privada que estaban abiertas al culto
público, sin haber cumplido los requisitos de la ley, suprimiéndose,
además, toda intervención de religiosas, u órdenes religiosas en gene-
ral, en las instituciones de beneficencia. Igualmente, de conformidad
con lo prevenido sobre el particular por la Constitución General de la
* República, fueron cerrados 73 conventos, ubicados 43 en el Distrito
Federal y el resto en diferentes estados.»
Y continuaba la enumeración de las obras consumadas por el Go-
- bierno, fiel a su principio de que bastaba no violar la ley para esca-
. par al castigo:
«Atento a lo dispuesto en el octavo párrafo del artículo 130 de la
Constitución, se obligó a los sacerdotes extranjeros a no ejercer el culto,
habiendo abandonado el territorio nacional 185 de ellos, que fueron
considerados como extranjeros perniciosos. Fueron clausurados tam-
bién, en cumplimiento a lo prevenido en los artículos 27 y 130 de la
100 Antonio Rius Facius
Carta Magna, 7 centros de difusión religiosa que se amparaban con
las denominaciones de recreativas, culturales o de enseñanza social,
por tener anexos donde se verificaban, sin el permiso correspondiente,
actos del culto.» Entre ellas no se encontraba, naturalmente, la YMCA,
sociedad de penetración protestante en Méjico.
«El Ejecutivo de mi cargo está firmemente resuelto a proseguir
la línea de conducta que hasta aquí se ha trazado, en cumplimiento
de los principios que sustenta la ley suprema...»
El diputado Gonzalo N. Santos fue el encargado de contestar, con
servil verborrea, el mensaje presidencial, diciéndole a Calles que, la
representación nacional «viene... por mi conducto, a felicitaros calu-
rosamente por la firme y patriótica actitud que habéis asumido ante
el llamado conflicto religioso.»
Memorial de los obispos.—A pesar de todo, los obispos no podian
darse por vencidos en su lucha para lograr, por cuantos medios paci-
ficos y legales estuviesen a su alcance, un avenimiento con el poder
civil: Desde antes del informe, y a raíz de su conferencia con Calles,
prepararon minuciosamente un memorial para enviarlo a las Cámaras,
como el mismo presidente les había dicho.
El propósito del Comité Episcopal fue conocido públicamente y,
a pregunta hecha por un reportero al futuro líder camaral, general
Arturo Campillo Seyde, respondió éste que «siendo revolucionaria la
Cámara de la XXXII Legislatura, sería el criterio revolucionario el
que imperaría en sus decisiones.»
En el mismo diario en que se dieron a conocer estas declaraciones
se informó que la Secretaría de Gobernación había terminado el pro-
yecto de Ley Reglamentaria del Artículo 130, que facultaba a los po-
deres federales para ejercer la intervención que designaran las leyes
en materia de culto religioso y disciplina externa. y
Aun así, la jerarquía eclesiástica quiso emplear el último recurso
legal y presentó a la Cámara de Diputados, el 6 de septiembre, su
anunciado memorial, que comenzaba así: «En el ejercicio del derecho
de petición garantizado por el artículo 8° constitucional y atendiendo a
la invitación que se ha servido hacernos, al efecto, el ciudadano presi-
dente de la República, venimos a demandar, en nombre del pueblo
católico mejicano, la derogación de algunas disposiciones de la Cons-
titución general vigente y la reforma de otras, con el propósito pa-
“Méjico Cristero 101
triótico de poner término al actual conflicto religioso; de obtener para
los católicos mejicanos la libertad de su Iglesia; de purgar la Consti-
tución de preceptos contradictorios e injustos que, por una parte de-
claran que el Estado ignora la realidad religiosa de nuestro país y,
por otra, la limitan y organizan con normas de esclavitud; y de poner
de acuerdo, en bien de Méjico, la ley constitucional y los postulados de
la civilización.»
El documento, firmado en nombre de todos los arzobispos y obis-
pos de la República Mejicana por el presidente y el secretario del
Comité Episcopal, Mons. José Mora y del Río y Mons. Pascual Díaz,
respectivamente, contenía sólidos argumentos en apoyo de las peticio-
nes que formulaba.
Hasta el 22 de septiembre fue dado a conocer el dictamen de la
comisión de peticiones encargada de estudiar, en la Cámara de Dipu-
tados, el memorial. La sesión dio comienzo a las 5 de la tarde y fue
presidida por el diputado José Aguilar y Maya. La comisión rechazó,
por improcedente, la petición de los obispos, porque, de acuerdo con
la Constitución que negaba la calidad de ciudadanos a los señores Mora
y Díaz, «porque no observan ni observarán la presente Constitución,
de acuerdo con el pontífice romano, no estaban «capacitados legal-
mente para ejercitar el derecho de petición firmada por ellos.» Sin
embargo, la comisión había juzgado prudente estudiar dicha solicitud
y, tras de negar la razón a los argumentos expuestos, rechazaba la con-
veniencia de modificar un ápice las leyes establecidas.
Los diputados aplaudieron el dictamen y lanzaron vivas a la Revo-
lución. Al día siguiente y tras de virulentos discursos, se aprobó el
dictamen por 171 votos contra 1, del diputado Ernesto Hidalgo.
Dos millones de firmas.—<«No por eso se dieron por vencidos los
católicos. Sin género de duda, ld sí eran ciudadanos y no habían
perdido el derecho de petición.» ?
La Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa tomó a su
cargo presentar al Congreso el testimonio irrefutable de todo Méjico,
para que las leyes contrarias a la libertad humana fueran derogadas o
modificadas y organizó, por medio de sus delegaciones en toda la Repú-
blica, la recolección de firmas al dorso de un documento que decía:
«Los infrascritos, ciudadanos mejicanos, sin distinción de partidos,
sino ligados en una sola aspiración por la libertad, ocurrimos a pedir
102 Antonio Rius Facius
empeñosamente a ese soberano Congreso se digne tomar en conside-
ración y resolver en todo favorablemente la iniciativa de reformas de
las artículos 39, 4%, 24, 27 y 130 de la Constitución de 1917, presen-
tada por el episcopado nacional, en uso legitimo del derecho de peti-
ción que consagra el artículo 8? de la misma Constitución.» Funda-
mentaba, en seguida, las reformas que solicitaba de cada artículo y
terminaba con esta solicitud: .
«Creemos que estas breves y someras consideraciones bastan para
fundar sólidamente la reforma que pedimos en este artículo. Por lo
expuesto, de la manera más respetuosa, pedimos al H. Congreso de la
Unión que, escuchando el clamor de la nación, se digne votar las re-
formas constitucionales que solicita el episcopado nacional y que el
pueblo apoya con entusiamo, energía y convicción, juzgando que tales
reformas son absolutamente indispensables para dejar establecida en
nuestra patria la inapreciable conquista de la libertad de conciencia.»
La acm, brazo derecho de la Liga, tomó a su cargo la recolección
de firmas en apoyo del memorial, con el resultado asombroso de alcan-
zar dos millones, cantidad inusitada en Méjico, donde, hasta entonces,
ninguna votación había alcanzado tal número de sufragios.
Y no únicamente fueron estas hojas las que llenaron y enviaron
por millares los católicos a la Cámara, sino telegramas que anticipa-
ban ese envío y que decían: «A la H. Cámara de Diputados del Con-
greso de la Unión. Méjico, D. F.
»Innumerables vecinos de este lugar están firmando ocurso para
apoyar petición Venerable Episcopado Mejicano seis actual dirigido
esa Cámara. Apoyados artículo 8% constitucional, suplicamos que vo-
- luntad nacional que anhela reformas propuestas citado ocurso sea fiel-
a interpretada y acatada. Enviaremos ese ocurso. Atentamente...
. de septiembre de 1926.» *
«Pero el Congreso, ni siquiera se dio por enterado. Hizo más el
oficial mayor de la Cámara de Diputados requerido públicamente para
ello por el diputado Manlio Fabio Altamirano, tuvo la avilantez de
afirmar que no se había recibido en la Cámara ni el memorial ni las
firmas que lo acompañaban, siendo así que las copias fotostáticas de
que hemos hecho mención contienen la firma del oficial mayor, quien
oficialmente se dio por recibido del memorial y de las firmas. Además
de estos dos memoriales, envió por separado el suyo un selecto nú-
mero de profesionistas... pero sufrió la misma suerte.» *
LIGA NACIONAL DEFENSORA
DE LA LIBERTAD RELIGIOSA
DIOS Y MI DERECHO
COMITE EJECUTIVO
AL H. CONGRESO DE LA. UNION:
Los infrascritos, cindadanos mexicanos, sin distinción de partidos, sino ligados en una sola aspi-
ración por la Libertad, ocurrimos, a pedir empeñosamente a ese Soberano Congreso, se digne tomar
en consideración y resolver en todo favorablemente, la iniciativa de reformas de los artículos 30.,
50., 24, 27 y 130 de la Constitución de 1917, presentada por el Episcopado Nacional, en uso legíti-
mo del derecho de petición que consagra el artículo 8”. de la misma Constitución.
Es de tal manera evidente la justicia y necesidad de las reformas que se pide, que todo espíritu
sereno e imparcial tiene que reconocerlo así, por el respeto que merecen los derechos de nuestros
semejantes, especialmente los que se relacionan con la libertad de conciencia.
Se pide la reforma del artículo 3o constitucional, en el sentido de establecer la absoluta liber-
tad de enseñanza, sin que se prohiba en las escuelas particulares la instrucción religiosa Es una
verdadera tiranía, de todo punto intolerable, el prohibir a los padres de familia el instruir a sus hi-
jos en la religión que ellos mismos profesan; y si se leg reconoce el derecho de hacerlo por si mis-
mos, ¿por qué se les niega el de hacerlo por medio de los maestros?
Solicitamos la reforma del artículo 50., en el sentido de que puedan existir en nuestra patria
comunidades religiosas, porque no debe impedirse a nadie el que, precisamente en uso de su liber-
tad, se consagre a ocupaciones que conforme ala moral y a la ley natural, son lícitas; y porque
consideramos, por otra parte, que muy lejos de perjudicar muestro país, les serán altamente bené-
ficas, principalmente las que se dedican a la instrucción de la niñez y de la juventud, así como a
lá práctica de la caridad
Se pretende la modificación del artículo 24, como un anhelo patriótico para que nuestra nación
a semejanza de otros países de indiscutible cultura, pueda gozar, en determinadas circunstancias;
de manifestaciones públicas de la libertad de conciencia, reconocidas universalmente como exponen"
tes de tolerancia y elevada civilización»
Se pide la reforma de los incisos II y III del artículo 27, en tales términos que las asociaciones
religiosas denominadas Iglesias puedan adquirir y Poseer aquellos bienes raíces que fueren indispensa-
bes para su objeto Es un absurdo el que los Templos construídos por los católicos, no scan propie-
dad de ellog mismos, o que los construídos por las colonias extranjeras no sean de su propiedad.
Es un contrasentido, igualmente, el que se diga que puede haber ministros y seminarios, pero que
no pueden tener casas donde vivir, expuestos a Ser Arrojados, como lo han sido, aun de las casas
que tenían alquiladás. Es una injusticia dejar al arbitrio del Ejecutivo el disponer libremente de
esos edificios construídos por sus bienhechores para determinado objeto.
Finalmente, urgimos la reforma del artículo 130, en todo lo que tiene de perseentorio, tirá»:
nico e injusto. Propugnamos porque se establezca la separación emtre la Iglesia y el Estado. No
pretendemos fueros, ni privilegios de ninguna clase, queremos únicamente la libértad religiosa, co.
mo se reconoce y practica en todos los pueblos cultos. +
La facultad indebidamente atribuida a las Legislaturas, de limitar el número de ministros de los
cultos, sólo se ha traducido en persecuciones intolerables que ham producido inauditos sufrimientos,
tanto a los sacerdotes comio a todo el pueblo en general. Sólo los mismos creyentes pueden determi-
nar sus necesidades de esa índole. No hay base de justicia para la odiosa exclusión de los ministros
extranjeros, como no la hay para otras profesiones, y las colonias extranjeras tienen derecho al ser-
vicio de ministros de su propia lengua.
Creemos que estas breves y someras consideraciones, bastan para fundar sólidamente la refor-
ma que pedimos de este artículo.
Por lo expuesto, de la manera más respetuosa pedimos al H: Congreso de la Unión, que escu-
chando el clamor de la Nación, se digne votar las reformas constitucionales que solicita el Episco-
pado Nacional y que el pueblo apoya, con entusiasmo, energía y convicción, juzgando que tales re-
formas son absolutamente indispensables para dejar establecida en nuestra patria la inapreciable
conquista de la libertad de conciencia SÍ
i E ei Ac ae 1t E
Anverso y reverso (a la vuelta) de un pliego de peticiones al Congreso, con 27`
dy firmas, Decenas de miles de documentos análogos fueron enviados a las Cámaras.
FOBLACIO
2 e
PROFESION
DOMICILIO
| Av, Pata La AL.
La I
EPR
Méjico Cristero .105
No podían los diputados, serviles comparsas del callismo, atender
la petición que les hacía una mayoría de mejicanos, para cambiar esas
leyes que no eran más que el instrumento adecuado para esclavizar
las conciencias. Se trataba, como había dicho L'Osservatore Romano,
“* ..de un gobierno perseguidor que quiere la supresión de la Iglesia
Católica en Méjico.”
La sangre de los mártires había de subrayar el clamor de un pue-
-blo dispuesto a hacer valer sus irrenunciables derechos a la fe y a la
libertad, que sus gobernantes querían arrebatarles,
IX
LOS CRISTEROS
José Garcia Farfán.—Mortífero encuentro en Gua.
dalajara.—Los mártires de Chalchihuites.—El prin-
cipio de la lucha cristera.
José Garcia Farfán.—La situación se perfilaba con. matiz de tra-
gedia. Ya habían caído los primeros defensores de Cristo Rey en la
dulce provincia mejicana.
A Puebla tocó la gloria de recibir las primicias de esa sangre gene-
rosa que habría de redimir a Méjico. Dos días ante de la supresión
de cultos en toda la República decretada por el episcopado, caía un
viejo y modesto comerciante de aquella ciudad, José García Farfán,
originario de Tlaxco, estado de Tlaxcala, quien contaba a la sazón
,66 años de edad. De carácter enérgico, era ampliamente conocido y
estimado en su barrio, por sus frecuentes gestos de caridad y su pie-
dad acrisolada. Había impulsado, en su pequeño comercio de misce-
lánea, las publicaciones católicas; y precisamente para arreglar algún
asunto pendiente con la revista El Mensajero del Corazón de Jesús
y hacer una visita a la Virgen de Guadalupe, estuvo en la ciudad de
Méjico unos días del mes de junio de 1926. A su regreso a Puebla
llevó consigo varios letreros que le fueron proporcionados por la Liga
Defensora de la Libertad Religiosa, a la que se había adherido desde
un principio.
- Puso en su aparador, en forma ostensible, aquellas leyendas que
decían: ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!, ¡Sólo Dios
no muere!, ete.
107
108 ~ Antonio Rius Facius
El día 28 de julio fue a comulgar, como si presintiera el próximo
fin de su vida. A media mañana entró en la miscelánea el asistente
del general Juan Guadalupe Amaya, que venía acompañado del gene-
ral Daniel Sánchez y otro soldado, en un coche que se detuvo enfrente.
Ordenó el asistente a Farfán que saliera a ver al general Amaya que
lo llamaba.
»—¿Donde está?
>—En su automóvil, allí a la puerta.
»—Pues digale usted a su general, que hay
la misma distancia de su automóvil a mi mos-
trador, que de mi mostrador a su automóvil.
Y que si quiere hablarme que venga él aquí,
donde estoy a sus órdenes.» *”
Ambos generales entraron en la tienda y
llenaron de improperios al anciano propieta»
“rio, a quien ordenaron quitar los letreros del
aparador. José García Farfán se negó, pues
en su casa sólo mandaban, primero Dios y
después él, y si alguien se atrevía a quitar
de allí esos letreros tendría que atenerse a las
consecuencias. Amaya sacó su pistola y dis-
«paró a quemarropa al anciano, quien por suerte no fue herido, y em-
pezó a arrancar de la vitrina los letreros.
García Farfán no resistió tal atentado y, lleno de ira, tomó un
frasco de cristal que contenía chiles en vinagre y lo arrojó al militar.
El general Sánchez detuvo el improvisado proyectil con el brazo y re-
cibió una herida en la muñeca, Eso bastó para que García Farfán se
:serenara y pidiera una disculpa a su contrincante. Y mientras curaba
al herido con humildad franciscana, Amaya continuó destrozando el
contenido del aparador. Sólo dejó, por descuido, un letrero que decía:
¡Dios no muerel
García Farfán fue apresado por los militares y conducido al cuar-
tel de San Francisco, sin que valieran las peticiones del vecindario
que trataba de rescatarlo, ni la intervención de un abogado que inter-
puso un amparo que no fue tomado en cuenta por sus aprehensores.
En la mañana del 29 de julio, Amaya formó el cuadro para fusilar
al católico anciano y, momentos antes de dar la orden de fuego, con
despiadado sarcasmo dijo a García Farfán:
José Garcia Farfán. .
Méjico Cristero i 109
—A ver ahora cómo mueren los católicos...
— Así —respondió el mártir, y estrechó el crucifijo de su rosario
contra su pecho, al tiempo que gritaba: ¡Viva Cristo Rey!
Las balas atravesaron su cuerpo; pero allá, en el aparador de su
comercio, un letrero proclamaba: ¡Díos no muere!
García Farfán fue el primero, a partir de esa fecha, de una larga
lista de víctimas inmoladas por el odio ateo. Tras él, con frecuencia
agobiadora, irían al martirio miles de hombres, mujeres y niños.
Mortífero encuentro en Guadalajara.——En otro rincón de la provin-
.Cia mejicana, el 19 de agosto de 1926, ocurrieron graves acontecimien-
tos que presagiaron el rigor de la lucha que se avecinaba.
En Guadalajara, ese día, al atardecer, una turba de chiquillos co-
rreteaba por el jardín frontero al Santuario de Guadalupe y solicita-
ban a todos los transeúntes que gritaran: ¡Viva Cristo Rey!
Al paso de un coche, los chiquillos lo interceptaron y pidieron al
chofer y a su ocupante que diera el consabido grito, cosa a la que se
negaron, continuando su camino en medio del griterío de los chiqui-
llos que arrojaron alguna piedra al vehículo. El general vestido de
civil que ocupaba el coche, ordenó a su chofer hacer alto, bajó y dis-
paró sin más provocación su pistola; a esa inesperada acometida con-
testaron de igual forma algunos hombres que se encontraban ahí cerca,
lo que obligó al oficial a huir hacia el hospital militar, situado a corta
distancia de aquel lugar. Desde allí pidió fuerza federal a la Jefatura
de Operaciones y, media hora después, se presentaron veinticinco sol-
dados al mando de un oficial frente al templo, donde ya se había reu-
nido gran cantidad de gentes.
Veinte soldados quedaron distribuidos en el jardín y cinco hicie-
* ron el intento de entrar a la iglesia. De entre la muchedumbre que
había quedado afuera, una muchacha del pueblo se acercó al oficial
y le hundió un puñal en la espalda. Sus soldados, ante tal acto de
audacia, permanecieron indecisos, viendo recoger a la valiente mujer
la espada y la pistola de su víctima, que fue a entregar a los hombres
que contemplaban aquella escena tras el cancel del templo, diciéndoles:
“Tengan esto para que se defiendan...”
Los cinco soldados que pretendían entrar a viva fuerza en el tem-
plo se retiraron hacia el jardín y, junto con sus compañeros, abrieron
fuego contra la multitud, que abandonó el atrio para entrar en el inte-
110 Antonio Rius Facius
rior de la iglesia, pues pocos eran los que en ese momento llevaban
armas. Los federales enviaron refuerzos considerables para apoyar
a sus compañeros, pero, no advertidos éstos de su llegada, y como
llovía torrencialmente en esos momentos, en medio de la oscuridad
los recibieron con una descarga cerrada, lo que causó muchas bajas
a unos y otros.
Lauro Rocha, un decidido joven que habría de distinguirse por su
arrojo, don de organizador y valentía, asumió el mando de los defen-
sores y les ordenó suspender el fuego para ahorrar los escasos cartu-
chos con que contaban. Sitiados y sitiadores permanecieron así toda
la noche, hasta que a las seis de la mañana se presentó el general Juan
Izaguirre para solicitar la rendición de los católicos, que la aceptaron
después de condicionarla a dejar en libertad a todas las mujeres y
niños menores de quince años.
Trescientos hombres quedaron presos, no sin antes ocultar sus armas
en la caja del órgano, de donde volverían a sacarlas, meses después,
para repartirlas entre los cristeros.
Gracias a la providencial amistad que existía entre el vicario de
la parroquia del santuario de Guadalupe y el diputado Castillo, que
ocupaba provisionalmente la gubernatura del estado, en tres días que-
daron libres casi todos los prisioneros, y en seis más Lauro Rocha y
sus principales ayudantes.
El saldo sangriento de aquel combate fue de 5 muertos y 7 heridos
de la parte del pueblo, y 38 muertos y 47 heridos de los federales.
La sangre que había empezado a correr formaría torrentes incon-
tenibles en casi toda la República. La consigna de muerte había sido
dictada por el jefe del Estado, y sus secuaces, fieles hasta la igno-
minia.a sus tenebrosos designos, la cumplirían ciega y apasionada-
mente.
Los mártires de Chalchihuites.—Apenas habían transcurrido dos
semanas de estos acontecimientos, cuando en un pequeño pueblecito
del estado de Zacatecas brotó la chispa que encendería la pasión cris-
tera de todo un pueblo.
Perteneciente a la arquidiócesis de Durango, la parroquia de Chal-
chihuites estaba, desde un año atrás, a cargo del Pbro. Luis G. Bátiz
“hombre de ciencia y de esclarecida virtud que habia sido secretario
de la Sagrada Mitra en la ciudad de Durango”.
ý
Méjico Cristero 111
Desde que llegó allí, el padre Bátiz se había esforzado en reorga-
nizar el grupo local de la ac3m, fundado en junio de 1924, con tal acierto
que pronto alcanzó el número de 56 socios, cifra importante en pro-
porción al número de habitantes del lugar.
Tres miembros de aquel Grupo
estaban llamados a ser conocidos
en todo el orbe católico: Manuel
Morales Cervantes, David Roldán
Lara y Salvador Lara Puente. El
primero era originario de Mesi-
llas, una ranchería cercana a Som-
brerete, Zac., donde nació el 8 de
enero de 1898. A los cinco años
quedó al cuidado de sus abuelos q
en San Andrés del Teúl, Zac., para .
que cursara sus primeros años es- o
q. as
colares, y de allí fue trasladado :
a Durango, en cuyo seminario con-
ciliar continuó sus estudios hasta
la muerte de su abuelo; entonces x
fue a radicarse, en compañía de
su abuela, a Chalchihuites. En 1921
contrajo matrimonio y al fundarse re .
la Acim ingresó en ella. Cuando
se extendió la Liga al estado de
Durango, el delegado regional lo Manuel Morales, acejotaemero de Chal-
nombró jefe local de la misma chihuites, Zac.
en Chalchihuites.
David Roldán Lara era cuatro años más joven que su compañero,
pues había nacido en Chalchihuites el 2 de marzo de 1902. Quedó
huérfano de padre al año de edad y por ese motivo desde muy joven
tuvo que dedicarse al trabajo para ayudar al sostenimiento de su casa.
Cuando se fundó el Grupo Local de la acym en su pueblo, fue designado
vicepresidente del mismo, y al renovarse la mesa directiva en septiem-
bre de 1925, fue electo presidente, La víspera de la suspensión de
cultos fue establecida oficialmente la Liga Nacional Defensora de la
Libertad Religiosa en Chalchihuites y David recibió el cargo de sub-
jefe de esa jefatura.
þa G,
112 i Antonio Rius Facius
Salvador Lara Puente nació el 13 de agosto de 1905 en la hacienda
de Bolsa en el estado de Durango. A la edad de ocho años inició su
instrucción primaria en el colegio católico “La Divina Providencia”,
en el que, asimismo, empezó a estudiar David Roldán Lara. A los die-
ciocho años entró a estudiar en el seminario
conciliar de Durango, en el que también estu-
dió Manuel Morales Cervantes; ahí, como éste,
sólo estuvo cuatro años, pues tuvo que inte-
rrumpir la vida estudiantil por motivos de
salud, que lo obligaron a volver al lado de su
familia. Una vez restablecido, meses después,
entró a trabajar en las oficinas de la mina
“El Conjuro”, en que trabajaba Roldán Lara.
Junto con Roldán y Morales fundó, en junio
de 1924, el Grupo Local de la Acīm en Chal-
chihuites y, el 29 de junio de 1926, la jefatura
local de la Liga, en la que desempeñó el cargo
David Roldán, de la acm de secretario; fue también socio de la Unión de
de Chalchihwites, Zac. - Obreros Católicos de aquella villa, adherida a
la Confederación Nacional Católica del Trabajo.** A
Estos tres jóvenes, en compañía de algunos otros, se reunían con
frecuencia en la casa del señor cura Bátiz, para tratar los asuntos rela-
cionados con la Asociación. La suspensión de cultos advirtió a todos
` del peligro que se cernía sobre quienes osaran oponerse a las arbitra-
riedades que cometían los esbirros del gobierno, pero los jóvenes ace-
jotaemeros, lejos de arredrarse, redoblaron sus esfuerzos para presentar
un solo frente a los que pretendiesen atropellar sus derechos.
En esos momentos tal actitud entrañaba un reto a la muerte, y así.
lo expresó el señor cura en una de las juntas, al preguntar de impro-
viso a sus jóvenes amigos:
-—Compañeros, ¿quién quiere morir conmigo? porque, según pa-
rece, la muerte nos espera: Jesucristo quiere este sacrificio. l
Y Manuel Morales, seguro de sí mismo, le respondió:
—Yo, señor cura; yo muero con usted.
, A lo que el padre Bátiz le argumentó:
—No, tú eres casado, tienes tu esposa y tus hijos —tenía tres— a
quienes les haces falta.
Pero Manuel no se dejó vencer y, anticipándose a su destino, replicó:
Méjico Cristero 113
—Allí está Dios, El es, antes que yo, su verdadero Padre. El velará
por ellos.
Era jefe de operaciones en la zona de Zacatecas el general Eulogio -
Ortiz, quien tanto habría de distinguirse desde entonces por su ensaña-
miento contra los católicos. A él se dirigió Refugio García, secretario
del juzgado de Chalchihuites, para
denunciar el fervor apostólico del
padre Bátiz y los acejotaemeros
que se reunían en distintos luga-
res de la población. El general pal-
paba el disgusto popular y, teme-
roso de que ocurriera un levanta-
miento, ordenó al teniente Blas
Maldonado Ontiveros que se hicie-
se acompañar de una docena de
soldados, apresara al sacerdote y
diera fin al imaginario complot.
Maldonado llegó a la población a
las 9 de la noche del día 14 de
agosto de 1926; disparó su pistola
para amedrentar a los, hasta en-
tonces, pacíficos habitantes; luego
preguntó groseramente a un ar-
ciano y dos mujeres, que vivían
en una casa frontera a la parro-
quia, por el señor cura; una vez
obtenida su respuesta se dirigió
hacia ella, hizo que le abrieran
la puerta, y penetró hasta la habi-
tación donde dormía el párroco; Salvador Lara Puente, joven acejota-
lo obligó a que se vistiera en se- emero de Chalchihuites, Zac.
guida y lo condujo preso al juzgado
de letras. Regresó el teniente a la casa del padre, despidió a la servi-
dumbre y recogió cuanto papel encontró en la casa.
«Tres veces en esa noche de amarguras para el digno sacerdote,
fue visitado en su prisión por el brutal Maldonado. Con insultos y
palabras soeces y amenazas, pretendía el teniente que su víctima de-
clarase quiénes estaban inodados en el complot de que se le acusaba.
MÉXICO CRISTERO.—8
114 Antonio Rius Facius
A esto contestó el señor Bátiz que no existía ningún complot y que
las juntas que tenía en su habitación eran simplemente de obreros,
de jóvenes de la acym, etc. Para lograr su necio intento, Ontiveros
llevó en esas tres veces al párroco a una tapia destruida que se en-
cuentra cerca del juzgado y, siempre insolente y brutal, asestó allí al
sacerdote tres cachetadas y le amenazó con la pistola.» ** p
f El teniente y sus secuaces re-
corrieron la población haciendo
aprehensiones, principalmente en-
tre los acejotaemeros, hasta com-
pletar veintidós prisioneros.
Al amanecer del dia 15, el ve-
cindario, sabedor del arbitrario
proceder de los militares, comen-
zó a reunirse en la plaza del pue-
blo. Varios vecinos se acercaron
al oficial para interceder, infruc-
tuosamente, por los prisioneros,
entre ellos la esposa de Manuel
Morales. A media mañana fueron
conducidos a los autos en que
habían llegado los soldados, el pa-
dre Luis G. Bátiz y los acejota-
emeros Manuel Morales Cervan-
tes, Salvador Lara Puente y Da-
vid Roldán Lara. Los feligreses
querían rodearlos, y fácil les hu-
ME a biera sido liberar al padre y a
Pbro. Luis Bátiz, cura de Chalchihuites, sus compañeros de las: manos
Zac., asistente eclesiástico del Grupo
“Local de la ACM. de sus aprehensores, si aquél no
les hubiese pedido serenidad.
Los autos avanzaron y fueron seguidos por la multitud en su ca-
mino hacia la estación de Walterio. El jefe de la escolta, para evitar
que los siguiesen, ordenó a sus soldados hacer fuego: siete personas
quedaron heridas, una de ellas con el estómago perforado.
Nadie en el pueblo ignoraba lo que sucedía y el clamor de la pro-
testa llegó a oídos de Pedro Quintanar, un comerciante de Hueju-
quilla que se encontraba ocasionalmente en Chalchihuites. Al conocer
Méjico Cristero 115
los detalles del atentado del que habían sido víctimas el sacerdote y
los jóvenes acejotaemeros, su indignación pudo más que la prudencia
e invitó a los amigos que lo rodeaban a rescatar los prisioneros. Em-
prendieron el camino y fuéronse acercando donde éstos se encon-
traban. Uno de los coches militares se había atascado en el camino.
Era un sitio denominado “El Baluarte”; ahí fueron obligados a bajar -
los prisioneros y el teniente les anunció que serían fusilados inmedia-
tamente.
«El padre Bátiz se arrodilló ante el geniene y los soldados y les
dijo: “Mátenme a mí si quieren, pero por amor de Dios no hagan mal
a éstos jóvenes. Recuerden que éste, Manuel Morales, es casado y
tiene esposa y tres hijos pequeñitos. Estos otros dos jóvenes son el
único sostén de su familia, y por su muerte dejarian a sus dos ancia-
nas madres privadas de todo apoyo en el mundo.”
»Manuel Morales, irguiéndose gallardamente, exclamó dirigiéndose
al sacerdote: “Señor cura: Yo doy gustoso mi vida, o mejor dicho la
devuelvo a Dios. Yo muero; Dios no muere. El velará amorosamente
por mi esposa y por mis hijos. Hágase en todo su santa voluntad.» **
Salvador Lara y David Roldán añadieron: «Señor cura: usted sabe
que queremos morir con usted porque vamos a morir por Cristo.»
Entonces el padre Luis G. Bá-
tiz, dando un ejemplo de valor
cristiano, exclamó gozoso: «¡Mu-
ramos por la causa de Dios! Nues-
tra muerte no importa. Otros ve-
rán el triunfo de la Iglesia. ¡Viva
Cristo Rey!»
Los soldados dispararon a que-
marropa y cayeron el padre Bátiz
y Manuel Morales. Obligaron a
caminar unos cuantos pasos más
a Lara y a Roldán y, como a sus
compañeros de martirio, les dispa-
raron a la cabeza. .
Pedro Quintanar y su grupo se batieron a tiros con los victima-
rios del sacerdote y dos acejotaemeros y, cuando al fin huyeron los
soldados, Quintanar no pudo hacer más que recuperar los cuerpos
sangrientos de los mártires,
El cadáver del P. Bátiz cubierto por las
flores ofrendadas por sus feligreses.
,
116 i Antonio Rius Facius
El principio de la lucha cristera.—En ese instante se inició la rebe-
lión cristera. Pedro Quintanar regresó a Chalchihuites para hacer jus-
ticia con los que habían acusado a las víctimas, pero no encontró a
nadie; quienes se sintieron con culpa se encondieron. Pedro Quintanar
se declaró en franca y justa rebelión contra Calles. Abrió las arcas
de la tesorería municipal y tomó los exiguos fondos que en ellas había
y, para comenzar su lucha, salió del pueblo.
No faltó quien comunicara a las autoridades de Valparaíso lo suce-
dido, para que los agraristas persiguiesen a Quintanar; pero Valparaíso
Huejuquilla, Zac., ocupada por las fuerzas cristeras. Al fondo, el lugar preciso
e la entrevista entre Quintanar y Robles Acevedo.
también hervía de indignación; no había otro recurso, decían algunos,
que levantarse en armas, y para ello le pidieron a un vecino, socio de
la acim, llamado Aurelio Robles Acevedo, que los acaudillara; éste,
prudentemente, buscó a Quintanar, quien ya tenía experiencia en asun-
tos militares por haber alcanzado con anterioridad, en la rebelión dela-
huertista, el grado de coronel, que encabezara el movimiento.
Cuando se encontraron estos dos hombres en un lugar llamado la
Mesa de Piedras, sostuvieron el siguiente diálogo: f
«—Bueno muchachos, ¿qué es, pues, lo que ustedes quieren?
Méjico Cristero 117
»—Sabemos que usted se ha declarado en rebelión contra el ca-
lismo y deseamos ponernos a sus órdenes; pues teniendo algo prepa-
rado, carecemos de un jefe de prestigio que encabece el movimiento.
»—¿Cuál es el plan que tienen?
»—No tenemos ningún plan, sólo sabemos que es necesario defen-
der a la Iglesia de la brutal opresión de Calles, es todo.
»Confieso que al formular esta respuesta —narra el autor de esta
entrevista, Aurelio Robles Acevedo— tuve miedo de una negativa de
Quintanar, pues, efectivamente, no había formulado ningún plan, espe-
rándolo todo de los directores (de la Liga Nacional Defensora de la
Libertad Religiosa) de la capital. Pero aquella fiereza que yo suponía
en Quintanar se desvaneció con mis palabras de explicación sobre los
elementos con que contábamos y la forma en que creía yo sería posi-
ble aprovecharlos, respondiéndome Quintanar:
»Pues, hombre, yo ya me iba; pero si es que ustedes tienen ya algo
prevenido, está bien; mientras ustedes se levantan allá, yo levanto aquí
a dos o trescientos hombres y le pegamos a Huejuquilla y después nos
vamos al valle.» ”
Al regresar a su casa de Potrero, Robles Acevedo se encontró con
“la noticia de que los conjurados de Peñitas y Peña Blanca, anticipán-
dose al plan preconcebido, se habían levantado en armas la noche del
lunes 23 de agosto, obligados por la impaciencia de Trinidad Castañón,
del rancho de Viudas, quien había escrito a los de Peñitas para que
lo hicieran, no sin antes avisar a los de Peña Blanca.
Una comisión del grupo de Peñitas trató de disuadir a Castañón
de hacer un movimiento tan precipitado, pero éste los amenazó con
atacarlos en caso de que se negasen. Y para evitar el peligro de ser
aprehendidos por los federales, ese primer grupo cristero, de no más
de veinte hombres, salió al campo en franca rebeldía contra el go-
bierno, dedicándose a recoger las armas que podían de los agraristas
dispersos que encontraban a su paso. Los días siguientes fueron in-
ciertos, nadie sabía qué hacer ni a quién obedecer. Los agraristas se
: lanzaron a cometer graves tropelías en la región, principalmente en
* Potrero, donde sabían que se preparaba un levantamiento. Allí ase-
sinaron, el día 28, a Manuel Luna, connotado vecino de Valparaíso,
jefe del Sindicato Obrero Católico de aquella villa.
Aurelio Robles Acevedo se había unido al pequeño grupo rebelde
y, de acuerdo con Pedro Quintanar, decidió atacar Huejuquilla. La
113 . Antonio Rius Facius
mañana del domingo 29 de agosto llegó solo furtivamente a esa pobla-
ción y dejó a sus compañeros cerca de allí, en espera de los aconte-
cimientos. A las 11 de la mañana, Pedro Quintanar, al grito de ¡viva
Cristo Rey!, entró con sus hombres en la población y aprehendió al
presidente municipal y algunos empleados, a los que puso después en
libertad. Pocos momentos después entraron en Huejuquilla los guerri-
lleros de Aurelio Robles Acevedo y, de acuerdo con Quintanar, orga-
nizaron ambos la defensa de la población, amenazada con la presencia
de tropas federales que intentaban recuperar la plaza.
. El combate duró desde las dos de la tarde hasta las once de la no-
che, hora en que quedó Huejuquilla definitivamente en poder de los
cristeros, quienes hicieron 26 bajas, entre muertos y dispersos, a las
tropas atacantes, formadas por el 6% y 59° regimientos de la Federación.
«Vueltos todos a Huejuquilla el lunes 30 —narra el mismo testigo `
y protagonista, Aurelio Robles Acevedo— y pasadas las consiguientes
desorientaciones de un pueblo que se convierte en ejército cuando me-
nos lo espera: carreras, abrazos, despedidas de las familias, ete., ete., se
procedió a la elección de jefe, elección que resultó en extremo reñida,
pues había dos hombres con iguales simpatías y prestigio: don Justo
Jaime y don Pedro Quintanar, resultando este último electo como
jefe.» %
La primera batalla y el primer triunfo de las fuerzas cristeras
había quedado impresa en las páginas gloriosas de la historia de Méjico.
Cuando el general gobiernista Eulogio Ortiz recibió el parte de la
derrota inflingida a sus tropas al mando del coronel Arredondo, tomó
el mando de cuatrocientos hombres y emprendió la marcha hacia Hue-
juquilla el 4 de septiembre. Los defensores, por su corto número,
avisados de la cercanía de sus atacantes, abandonaron la población
y el general Ortiz entró a ella dando muerte a Manuel Llamas y a su
hijo Hilario, por vitorear a Cristo Rey. `
Posesionadas del pueblo, las tropas de Ortiz se dedicaron al saqueo
desenfrenado. Digna manera de rubricar su efímero triunfo.
Unas semanas después, aislados, perseguidos y hambrientos, aque-
llos hombres que habían sido los primeros en levantarse en franca
rebelión, depusieron su actitud, y Pedro Quintanar se rindió al gene-
ral Ortiz en Zacatecas, de donde regresó a su rancho de Milpillas, a
esperar mejor oportunidad para continuar su lucha contra los enemi-
gos de su fe y de su derecho.
HACIA LA DEFENSA ARMADA
Víctimas de Momax, Zacatecas.—Convención Nacio-
nal de la Liga.—Capistrán Garza sale en busca del
general Estrada.
Víctimas de Momax, Zacatecas.—Manuel Campos era un anciano
venerable y respetado por todos sus vecinos de Momax. Dos de sus
hijos habían seguido la carrera religiosa y él los alentaba a continuar
por el camino de su vocación, cumpliendo, como buen cristiano, con
sus deberes religiosos. Cuando la orden de cerrar los templos llegó a
aquella pequeña población zacatecana, el pueblo se volcó material-
mente en la iglesia para recibir, durante los últimos días, el sacramento
de la confesión y la comunión.
«Desde el día 26 de julio hasta el 30 fue una verdadera misión
—escribía a su hijo—, pues el sacerdote de este lugar dormiría apenas
dos o tres horas por la noche y, la noche anterior, el viernes 30, no
durmió nada.»
Esta, que había de ser- su última carta, concluía así: “¡Adiós, hijo
mío; tal vez hasta el Cielo nos veremos! Pide mucho por tu padre.”
Al pueblo llegaron rumores de que las tropas del gobierno iban a
cerrar el templo de Momax, no obstante que el culto había sido sus-
pendido con anterioridad; y para tratar de evitarlo, se reunieron los
vecinos el día 20 de agosto. En aquella reunión convinieron en pre-
sentarse diez de ellos a los soldados callistas cuando pretendieran cerrar
el templo para tratar de disuadirlos y, en caso de no lograrlo, emplear
la fuerza para repeler el ataque.
119
120 Antonio Rius Facius
Manuel Campos conminó a sus compañeros al cumplimiento de la
palabra empeñada y a guardar el secreto de lo allí tratado; pero des-
graciadamente no faltó un traidor —un antiguo socialista que presidia
aquella reunión—, que revelase lo acordado, de manera que, cuando
al día siguiente llegaron los callistas a las ocho de la noche, aprehen-
dieron a cuantos hombres encontraron por las calles y los condujeron
al cementerio.
El coronel que mandaba las tropas fue el primer sorprendido del
curso que seguían los acontecimientos. El sabía que allí se conspi-
raba, según la delación hecha por el presidente de la junta, aunque en
realidad no había habido ningún levantamiento. El militar se comunicó
telefónicamente con el jefe de operaciones militares de Zacatecas y
recibió órdenes de pedir a los prisioneros su adhesión al Gobierno
y un acto claro y terminante de apostasía.
Los prisioneros, por boca de uno de ellos, confirmaron su respeto
al Gobierno en todo aquello que no atacase su libertad. El coronel,
iracundo por la entereza de aquellos hombres, pidió de nuevo instruc-
ciones a sus superiores. La Jefatura de Operaciones ordenó que fusi-
lara a varios de ellos y a los demás, después de azotarlos, los dejara
~en libertad. En vano intentó el coronel que sus prisioneros renega-
ran de su fe y ordenó que fuesen azotados.
Manuel Campos, su hermano Rafael y Benjamín Díaz fueron los
últimos en ser apresados y conducidos al cementerio, cuando sus com-
pañeros sufrían el castigo que se les había impuesto.
El coronel los amenazó con fusilarlos si no renegaban de sus creen-
cias y conminó a Benjamín Díaz, que había sido socialista, a que re-
“gresara al partido. Díaz le respondió con la firmeza que la fe inspira:
«He prometido a Dios que no volvería a hacerlo y no tengo más que
una palabra.»
Al grito viril de ¡viva Cristo Rey!, que salió de los labios de Ma-
nuel Campos, cayeron, para resucitar en el Señor, aquellas nuevas víc-
timas del odio perseguidor de la fe.
Ante estos acontecimientos, el clima de fervor patrio y actividad
religiosa fue dominando al país. A la medida que las autoridades ata-
caban los derechos esenciales del pueblo, éste se unía a la lucha em-
prendida por la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa,
cuyas delegaciones se multiplicaron en poco tiempo en la casi tota-
lidad de los estados de la República.
¡Méjico Cristero
121
Convención Nacional de la Liga.—Este repentino crecimiento hizo
necesaria, para unificar criterios y encauzar actividades, una conven-
ción en la ciudad de Méjico, que tuvo lugar a fines del mes de agosto
en el local de la Delegación
Regional, situada en una casa
de la calle de Donceles.
Rafael Ceniceros y Villa-
rreal, presidente de la Liga,
tuvo a su cargo la parte prin-
cipal de los trabajos de orga-
nización y orientación, que
se iniciaron con el impres-
cindible discurso a los dele-
gados asistentes «exhortán-
dolos —escribió más tarde—
a trabajar empeñosamente en
la Liga para hacer de esta
“institución nacional bien or-
ganizada», un baluarte de la
unión, cimentado en la res-
ponsabilidad cívica de los
mejicanos, defensores de la
` Iglesia y de la patria.
Antes de dar por conclui-
dos los trabajos de aquella
fructífera reunión les dijo,
señalando una imagen de
Cristo crucificado:
«Ved allí al Perseguido:
con ser Dios no pudo hacer
por nosotros más de lo que
hizo y, no obstante esto, si
de nuevo bajara a predicar
Lic. Rafael Ceniceros y Villarreal, presidente
de la Liga Nacional Defensora de la Libertad
Religiosa.
su Evangelio, de nuevo le crucificarían y quizás con mayor encono y
furor. ¿No hacemos algo por El en correspondencia a su amor?
»—¡Sí, sí! —contestaron todos.
»—Pues juremos luchar por su causa hasta morir u obtener la
victoria.
A AA E EA
122 : Antonio Rius Facius
»Todos se pusieron en pie como movidos por un resorte, extendie-
ron el brazo derecho con la mano abierta hacia abajo y exclamaron:
»¡Lo juramos!» *%
La emoción más intensa embargaba a los concurrentes; al terminar
la sesión dos delegados se acercaron al Lic. Ceniceros y Villarreal
para pedirle una audiencia privada ese mismo día. Uno de ellos era
delegado regional de Chihuahua, quien, en nombre de su delegación
y de otras más, le dijo que ya era hora de cambiar los argumentos
verbales por los más convincentes de las armas.
7 «Si la Liga quiere ayudarnos y dirigirnos en esta gloriosa em-
presa, estamos a sus órdenes; si no puede o no quiere, nosotros la
emprenderemos por nuestra propia cuenta y bajo nuestra responsa-
bilidad» —concluyó el delegado.”
Don Rafael se mostró acorde con su modo de pensar y le preguntó
con qué elementos contaba para el levantamiento, a lo que respondió
el chihuahuense que con ochocientos hombres, algunas armas de las
que Pancho Villa había dejado ocultas en la sierra y la colaboración
de algunos de sus famosos dorados.
El presidente de la Liga pidió al delegado regional de Chihuahua
que esperase unos días para consultar con el Comité Directivo.
Pero Nicolás Fernández, el principal impulsor del movimiento, nada
pudo hacer «por la acción rápida y enérgica del Ilmo. Sr. obispo de
Chihuahua, don Antonio Guízar Valencia, quien recorrió su diócesis
- predicando la paz», y dando órdenes a los católicos que disolvieran los
grupos armados y cancelaran los preparativos para la lucha.”
- Algunos días después se le acercó al Lic. Ceniceros y Villarreal,
haciéndole igual proposición, Luis Návarro Origel, acejotaemero de
Pénjamo, Gto.
«En su primera sesión el Comité Directivo se ocupó de estudiar este
importante asunto. Fundada la Liga para defender todas las liberta-
- des, y de una manera especial la libertad religiosa, la acción armada,
como medio de defensa, no estaba excluida de su programa; por el
contrario, estaba incluida en él, pues era el más eficaz, desde el mo-
mento en que «había sido un mito la libertad del sufragio en Méjico,
y el constante fraude electoral un hecho público y' notorio. En conse-
cuencia, la Liga aceptó tomar bajo su cargo la defensa armada.» ”'
Entonces se formó una nueva sección denominada Comité de Guerra
y se puso a su frente a Bartolomé Ontiveros, de manera provisional,
Méjico Cristero 123
mientras se encontraba un militar competente que pudiese hacerse
cargo de ella.
Capistrán Garza sale en busca del general Estrada.—La necesidad
de ir a la defensa armada estaba ya, desde días antes, en el ánimo de
los directores de la Liga, a quienes había llegado la noticia de que el
general Enrique Estrada, antiguo secretario de Guerra y Marina en
el gabinete de Alvaro Obregón, desterrado en los Estados Unidos a
raíz de un fracasado levantamiento en favor de Adolfo de la Huerta,
preparaba una fuerza militar de cierta importancia para derrocar al
gobierno de Calles. El gobierno de los Estados Unidos conocía estos-
preparativos y no se oponía a ellos, para lograr, usando su clásica polí-
tica de chantaje, las máximas ventajas del régimen revolucionario en
favor de los petroleros americanos establecidos en Méjico. «El intenso
malestar del ambiente creado por la persecución religiosa y el impacto
causado en el poder público por el.boicot económico» —abstención en el
pago de los impuestos y reducción al mínimo de los consumos—, hacía
propicia la aventura con fines meramente políticos del general Estrada,
«sin tomar en cuenta, sino en la medida que le fueran útiles, los inte-
reses fundamentales de los católicos». En esas circunstancias, un día
- del mes de agosto se reunieron secretamente algunos de los dirigentes
de la Liga en la casa del Dr. José Meza Gutiérrez, ubicada en la ca-
lle de Gómez Farías, para decidir la conducta por seguir en esas cir-
cunstancias.**
Ahí se tomó el acuerdo de que René Capistrán Garza, como el más
representativo personaje de la causa cívico-católica de aquellos días,
saliese inmediatamente a los Estados Unidos, para reunirse con la expe-
dición del general Estrada y darle el apoyo de los católicos, a cambio
del suyo para éstos.
La vida de Capistrán Garza peligraba; de todos era sabido que,
de caer en manos de los agentes del gobierno, sería sacrificado, por lo
_ cual se había visto precisado a ocultarse. Para poder dar cumplimiento
al acuerdo tomado de entrevistarse con el general Estrada, el 14 de
agosto salió disfrazado de la ciudad de Méjico en el tren de Laredo.
Dos días después cruzó la frontera clandestinamente, con la ayuda de
Roberto Zúñiga, propietario de una agencia aduanal establecida en los
dos Laredos. Pasó a las 3 de la tarde y «a las 7 de la noche de ese
mismo día aparecían extras periodísticas anunciando la captura del
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124 Antonio Rius Facius
L PRENSA
-SS
general Enrique Estrada por las autoridades norteamericanas, acusado
de violar las leyes de neutralidad.» **
- El general Estrada había sido apresado, cerca de la línea divisoria,
cuando intentaba cruzarla para apoderarse de la Baja California, con
fiado en las promesas hechas por el
Gobierno americano de que no se-
ría molestado en su intento. Y allí
perdió no sólo su libertad y la de
sus amigos, sino todos los pertre- :
chos de guerra que había adquirido.
Fue juzgado en la Corte Fede-
ral, ante el juez Hennings, por vio-
lación a las leyes de neutralidad;
pero gracias a la brillante defensa
hecha a su favor y la de los de-
más acusados, poco tiempo después
alcanzó la libertad, pero quedó
imposibilitado de llevar adelante
sus proyectos contra el Gobierno
de Méjico.
Esta desafortunada contrariedad
dio al traste con la misión que lle-
vaba Capistrán Garza a los Esta-
dos Unidos y escribió a Méjico so-
licitando instrucciones de la Liga.
René Capistrán Garza al salir hacia Para llevar adelante cualquier
los Estados Unidos. proyecto era necesario contar con
dinero suficiente. El temor de los
ricos y la miseria de los pobres hacía poco factible conseguirlo, con la
abundancia requerida, entre los católicos mejicanos. Además, ninguna
lucha que no contara con la simpatía de una parte de la opinión pú-
blica.de los Estados Unidos, parecía estar condenada al fracaso, por la
decidida ayuda que el Gobierno americano seguiría prestando a los
gobernantes de Méjico, impuestos a su propio servicio.
La Liga, y al mencionarla no debe escapar al entendimiento del
lector que con ella estaban los católicos, tanto individual como colec-
tivamente, representados por la Acim, los Caballeros de Colón, las
Damas Católicas, los Operarios Guadalupanos, etc., comisionó a Capis-
Méjico Cristero 125
trán Garza para que hiciese en los Estados Unidos «amplias y activas
gestiones cerca del episcopado y de los católicos norteamericanos, enca-
"minadas a obtener de ellos un firme apoyo moral y económico a la
acción de la Liga.» **
A colaborar con él envió a sus compañeros de la acym, los herma-
nos Ramón y Luis Ruiz y Rueda, quienes, fieles al espíritu de com-
pañerismo característico de los acejotaemeros, salieron a reunirse con
el antiguo presidente general de la Acum, el 7 de septiembre de 1926.
XI
SILVA Y MELGAREJO
Joaquín de Silva.—Manuel Melgarejo.—La partida.—
El sacrificio.
se había reunido ese día con el presidente general de la acsm, Octavio
Elizalde, los hermanos Armando y Jorge Téllez, y Ramón y Luis Ruiz
Rueda, compañeros suyos también en la Asociación.
Sin mayores preámbulos, Joaquín dijo a sus amigos que ese día se
marcharía a Zamora para levantarse en armas. «Elementos no tenía
ninguno —cuenta el testigo de la entrevista, Ramón Ruiz y Rueda—,
preparación en aquel lugar, tampoco; pero contaba con los ofrecimien-
tos que algunos rancheros le habían hecho en un viaje anterior. Octa-
vio agotó su elocuencia, tratando de convencerlo en el sentido de que
esperara la organización de la resistencia armada, ya inevitable, apo-
yándolo nosotros; pero Joaquín se enfureció y levantándose violenta-
mente declaró que lo único que pretendíamos era atemorizarlo, pero
él ya tenía tomada su resolución, por lo cual esa misma noche se
marcharía a Zamora.» *
Ante la inutilidad del intento de disuadirlo, Octavio Elizalde le
sugirió que aceptase la jefatura de René Capistrán Garza en el mo-
vimiento, pues, precisamente para coordinarlo, iría a entrevistarse con
él Luis Ruiz y Rueda.
127
E
128 Antonio Rius Facius
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Joaquín se despidió en buenos términos de sus amigos y, más tarde,
fue en busca del padre Joaquín Cardoso, S.J. Cuando se presentó ante
él, llevaba «botas fuertes, pantalón de pana hasta la rodilla y, sobre un
suéter azul, un saco ligero lleno de bolsas.»
Joaquín expresó al padre su deseo de confesarse; al terminar de
hacerlo, le reveló que una hora después saldría hacia Michoacán, para
levantarse en armas en defensa de la
Iglesia. El sacerdote, sorprendido, tra-
tó de impresionarlo haciéndole ver que
dejaba a su madre y a sus hermanas.
«—¡Ah, padre! -—respondió Joa-
quín—. ¡Si ellas son las que más me
han alentado en mi proyecto! ... no,
no. Si los jóvenes católicos no vamos
a luchar por Cristo Rey, bien pronto
habrán acabado los malvados con el
catolicismo en Méjico... Ya nos han
quitado nuestras iglesias... Ya han
obligado a nuestros obispos a suspen-
der el culto... se cierran nuestras
escuelas... se hacen laicos nuestros
hospitales... se asesina a los sacerdo-
tes después de autormentarlos... y es-
tán llegando, bajo la dirección de un
rabino judío, Martín Zielam, bandas
jotaemero de Tacubaya, ejemplo de numerosas de emigrados rusos que
hombría y desinterés, muerto por : E
su fe en Zamora, Mich, el 12 de Vienen a sustituir a nuestros campe-
Joaquin de Silva y Carrasco, ace-
septiembre de 1926. sinos que huyen de la persecución a:
los Estados Unidos... no: ¡Ya basta!
No queremos ser católicos de nombre... ¡Me voy al ejército de Cristo
Rey! ¿Mi pobre madre y mis buenas hermanas?... No tema usted, las.
dejo en buenas manos.
»—¿Quién se encargará de ellas?
»—¡Dios! ¿Le parece que hay mejores manos que las suyas» *?
El sacerdote bendijo a aquel cruzado de 27 años, quien, en com-
pañía de sus camaradas de la acsm, Manuel Melgarejo y Armando J.
Ayala, partió esa noche rumbo a su glorioso sacrificio.
Méjico Cristero 129
Joaquín de Silva era un convencido de la misión sobrenatural de
la Iglesia y a sus mandatos había plegado, desde niño, su voluntad.
Era originario de La Presa, Gto., donde nació el 5 de noviembre de 1898,
e hijo del ingeniero Luis de Silva y de Guadalupe Carrasco de Silva.
En su casa y con profesores particulares hizo sus primeros estudios
que continuó en la escuela del padre Hernández, 'en la ciudad de
Guanajuato. En 1906 fue enviado por sus progenitores a Morelia para
estudiar en el Instituto del Sagrado Corazón de Jesús, que regenteaba
el arzobispo de Michoacán, don Atenógenes Silva, hermano de su padre.
En 1911 se trasladó la familia a la ciudad de Méjico e ingresaron,
Joaquín y su hermano Luis, en el colegio Luz Saviñón, de los hermanos
maristas, establecido en Tacubaya. De allí pasó Joaquín al colegio de
Mascarones, a cargo de los padres jesuitas, para cursar preparatoria
hasta que, al clausurar el colegio el gobierno de Carranza, tuvo' que
continuarla en la Escuela Nacional Preparatoria, de donde salió por
las frecuentes disputas con sus maestros sobre cuestiones religiosas.
Entonces tomó a su cargo la atención de la modesta fábrica de cho-
colate que su padre había 'instalado en su propio domicilio, y en ella
obtuvo provechoso beneficio económico, debido a su capacidad y dedi-*
cación al trabajo.
Joaquín perteneció, casi desde sus principios, al Centro de Estudian-
tes Católicos, grupo fundador de la acm. Su actividad en la Asocia-
ción, según la describe el padre Escandón, era la siguiente: «Durante el
día repartía chocolate... y luego, con sus amigos, se iba a enseñar a los
obreros en algunos círculos, pues tenían varios. Para esto se preparaba
estudiando buenos autores, pero con empeño asombroso, Amaba inten-
: samente la religión, de modo que no sólo quería que todos la respe-
tasen, sino que fuesen todos buenos cristianos; de ahí el ardiente em-
peño de instruir a los obreros y de inculcarles los sentimientos de
‘amor a Dios, a Jesucristo y a la Santísima Virgen, a quienes tanto él
amaba.» l
En 1919 hizo su traslado del Centro de Estudiantes al Grupo “Agus-
“tín de Iturbide” de la colonia Roma. En el mismo año ingresó a la
Congregación Mariana, establecida en el templo de Santa Brígida, y los
domingos por la mañana los dedicaba a la enseñanza del catecismo.
En los círculos de estudio de sociología e historia, la acm proclamaba
su fundada aversión a la doctrina liberal y sus prohombres. Joaquín,
con fuego apostólico, los combatía con ahinco en aquellos círculos.
MÉXICO CRISTERO.—9
-180 : : Antonio Rius Facius
Un día consultó con su amigo Manuel Jiménez Rueda un audaz pro-
yecto que se había formado: «La víspera del 18 de julio —dice tex-
‘tualmente el segundo—, aniversario de la muerte de aquel corifeo de
los liberales, de aquel Benito Juárez de raza de víboras, a quien sus
admiradores han levantado un monumento marmóreo en el centro de
la capital de la República, (deseaba) destruir, o al menos descabezar,
Arriba.—Casa que ocupó la ACIM que Pinda, en EE D. F.,
Joaquin de Silva. Abajo.—Corredor de la casa de Joaquin de Silva,
en Tacubaya, D. F., donde, de noche y a solas, solia rezar el rosario.
la estatua-
del caudi-
llejo, para
dar al dia.
siguiente
una des
agradable
sorpresa a
los que ha-
- bían de tri-
butar ala-
banzas al
pie del mo-
numento.»!!
Su deseo
no pudo
verlo cum-'
plido, antes
al contrario,
fue a dar
con sus hue-
sos a la cár-
cel por ha-
ber gritado:
¡Muera Be-
nito Juás
rez!, en una
manifesta-
ción en la
que tomaba,
parte a prin-
cipios de
1921.
Méjico Cristero 131
Fundó en Tacubaya, en la parroquia de la Candelaria, el Grupo de
la-aciM “Gabriel García Moreno”, y, cuando surgió la Liga Defensora
“de la Libertad Religiosa, él fue uno de los primeros en adherirse a-ella'
: y hacer intensa labor propagandística cuando se recrudeció la perse-
cución religiosa.
—¡Esto no se puede tolerar más!—, solía decir a la vista de los
‘atropellos que diariamente se sucedían, y muchas noches, sin poder
conciliar el sueño, paseaba por el corredor de su casa rezando el rosario
-frente a la claridad de las estrellas,
Cuando partió a los campos de la libertad se despidió de su madre
con estas palabras: «Mira mamá, es mejor que muramos antes de con-
«seguir el triunfo; pues quizá el dinero y los honores puedan envane-
a
cernos y desvirtuar nuestras rectas intenciones.»
Manuel Melgarejo.—Junto con él partió Manuel Melgarejo, nacido
el 17 de octubre de 1908 en la ciudad de Méjico; contaba, por lo tanto,
-17 años de edad. Era hijo de Manuel Melgarejo y María de Jesús
-Nápoles de Melgarejo, quienes tuvieron tres hijos en su matrimonio.
Manuel, como Joaquín, era casto y religioso, varonil y noble. Estu-
dió en el mismo colegio Luz Saviñón —de los hermanos maristas— en
: Tacubaya, y fue de los primeros socios del grupo acejotaemero fun-
“dado por Joaquín en aquella población del Distrito Federal.
«Joaquín de Silva —dice su biógrafo— tuvo predilección por Ma- `
nuel, porque éste se señaló desde un principio como un recio paladin
de Cristo. Melgarejo cumplía fielmente con todos sus deberes de ace-
jotaemero tanto en la piedad, como en el estudio y la acción; en la
ACJM se iba formando sólidamente y todo hacía esperar que con el
tiempo llegaría a ser un jefe católico,
«Manuel iniciaba su vida acejotaemera cuando Joaquín levia ya
varios años en la Asociación; imposible sería querer que la acción de
ambos fuera igualmente extensa: constantes ambas, la del primero
tenía que ser: más copiosa: Joaquín era un antiguo propagandista;
Manuel tenía más madera de jefe.» *
Cuando Silva reveló a su amigo sus intenciones de levantarse en
armas, éste se entusiasmó con la idea, consiguió algún dinero para la
empresa y pidió a Joaquín que le permitiese acompañarlo.
Solicitó permiso a sus padres y ellos se lo concedieron: «...conos
cíamos la noble intención que lo llevaba en compañía de Joaquín de
132 Antonio Rius Facius
Silva, a aquellos lugares —escribió después su padre—; sabíamos a lo
que iba y los riesgos que iba corriendo; de todos sus planes y pro-
yectos teníamos pleno conocimiento; y contaba el pobre, el abnegado
muchacho, con nuestro entero y abierto consentimiento, con nuestra
franca y decidida aprobación y también con la fuerza y el consuelo
'de nuestra humilde y espontánea bendición.» ** `
Armando J. Ayala, el tercero del grupo, tenía 21 años y había
estudiado también con los hermanos maristas. A los 16 años ingresó al
Grupo Local de la acsm “Círculo de
. Estudios Jaime Balmes”, perteneciente
a la parroquia de Coyoacán y, por su
celo apostólico, su amor al trabajo y
sus cualidades de jefe, llegó a la pre-
sidencia de su Grupo, cargo que ocu-.
paba cuando, acompañando a Joaquín
y a Manuel, se lanzó a iniciar la rebe-
lión cristera.
Su piedad, grande y ejemplar, le
mereció el cargo de presidente de la
Adoración Nocturna y de la Sociedad
Catequística en la misma población,
de Coyoacán.
Cuando se fundó la Liga Defen-
sora de la Libertad Religiosa, siguien-
do la consigna dictada por el comité
general de la Acim primero, y el IV
Consejo Federal después, se inseri-
bió en ella y trabajó en su organiza-
ción en Coyoacán y su fundación en
la colonia Portales, de la que fue nom-
“brado jefe.
y
Manuel Melgarejo, acejotaemero La partida.—Salieron los tres ace- `
pi Mo á d on sens jotaemeros el 6 de septiembre, rumbo
tiembre de 1926. a Los Reyes, Mich., pero no pudieron
iniciar allí su rebelión por no inspirar
“suficiente confianza a las personas de quienes esperaban ayuda; enton-
ces Joaquín resolvió dirigirse a Cotija, lugar donde confiaba obtener -
Méjico Cristero 133
“el apoyo de la población. Los tres muchachos tomaron el tren de Tin-
gúindín, para desde ahí continuar a caballo hacia su destino final.
En el vagón en que viajaban no venían más pasajeros que ellos y
un ranchero, quien puso gran interés en trabar conversación. Les dijo
ser el general Francisco Zepeda, retirado del servició y dedicado al
. cultivo de un rancho que había adquirido con dinero que el general
Obregón le había dado en premio a su fidelidad. Para demostrarles sus
méritos en campaña se abrió la camisa y mostróles una cicatriz en el
pecho, dejando ver unos escapularios, reliquias y medallas que llevaba
pendientes al cuello. Joaquín se las quedó viendo y le preguntó:
«—¿Es usted católico, general?
»—Sí —le contestó Zepeda—. Ya lo ve usted.
»—¿Y qué opina usted de la actitud del gobierno respecto a la re-
¿ligión?
»—Pues que no tiene derecho a perseguir a la Iglesia.»
. Joaquín, tan ingenuo como impulsivo, reveló a su interlocutor su
personalidad y sus proyectos, sin que valieran las señas que le hacía
Armando para que se callara.
Antes de llegar a la estación de Tingilindín, Joaquín de Silva invitó
al general a sumarse a la causa católica y éste les propuso que fueran
a buscarlo a su rancho para ver “qué tan hombrecitos eran”.
En Tingiindín no hubo quien les alquilase caballos para ir a Cotija;
Joaquín vio en esto un llamado de la Providencia y dijo a sus com-
. pañeros:
«—Dios nos está marcando el camino. Vamos a buscar a Zepeda.»
. Lo encontraron vigilando el trabajo de los peones. De Silva dis:
cutió con él la posibilidad de apoderarse de la población de: Zamora
con los doscientos hombres armados con que contaba el general.
En la noche regresó Joaquín a hablar con él para puntualizar de-
talles; dio órdenes a Armando para que regresase a Méjico y comu-
nicara a la Liga el comienzo de las operaciones; pero dos veces cambió.
de opinión y a punto estuvo Armando de quedarse allí.
«Mientras yo me vestía —escribió Armando posteriormente— me
dio instrucciones, nombres, direcciones, ete. Noté que Zepeda anotaba
todos estos datos en una libreta. Aquello me chocó, pero vi tan con-
fiado a Joaquín que mis dudas se disiparon.» ;
Y Armando regresó a Méjico. Cuando los acejotaemeros del Comité
General fueron enterados de lo sucedido, recibieron órdenes inmedia-
134 Antonio. Rius Facius
tas de ocultarse y avisar al presidente de la Liga para evitar un ase-
sinato colectivo, a la vez que comisionaron a Manuel Velázquez, direc-
tivo del Comité General de la ac3m, para ir en busca de Silva y Mel.
garejo y obligarlos a retornar; pero llegó tarde, pues el día 11 el ge-
neral Zepeda se había apoderado de los dos improvisados rebeldes, a
quienes condujo a la Presidencia Municipal de la villa, donde se levantó
un acta con sus declaraciones. En ella se decía que habían llegado
allí el día 8 con el objeto de “investigar con qué elementos de guerra
se contaba en la localidad, para asimismo fomentar una revolución”
contra el poder despótico de Calles. De Silva dijo que su compañero
había ido a Méjico, pero que nadie, sino él mismo, era el único res-
ponsable y que podían fusilarlo si así lo consideraban conveniente,
porque si lo dejaban libre, se levantaría en armas contra el gobierno
de Plutarco Elías Calles.
Melgarejo, con gallardía acejotaemera, interrumpió a su compañero
para decir “que no tan sólo el señor Silva era responsable, sino, tam-
bién él, porque ambos defendían las mismas ideas y la misma causa.”
A continuación registraron el equipaje de los prisioneros y encón-
traron en sus petaquillas una pistola calibre 38 y medio centenar de
cartuchos, un mapa del Distrito Federal y estado de Morelos, otro
de los estados de Guanajuato, Hidalgo y Querétaro y otro más de los.
estados de Aguascalientes, Colima, Jalisco y Nayarit. En la capa de
Melgarejo hallaron dos pistolas calibre 32 largo y cerca de 150 car-.
tuchos. a
Después de estas declaraciones quedaron prisioneros en su mismo'
hotel, sin que nadie intentara rescatarlos debido a que los vecinos de
Tingiiindín creían, por las frecuentes visitas que había hecho Joaquín al'
general Zepeda, que eran espías del callismo. Luego fueron trasladados
por tren hasta Zamora. Al despedirse Joaquín de su delator, le dijo:
«—Usted me entrega a la muerte; pero yo le ofrezco que al togar
a la presencia de Dios le pediré por usted.»
Med o
El sacrificio.—En Zamora fueron encarcelados en el antiguo cole-
gio del Sagrado Corazón, convertido en cuartel ocupado por fuerzas
del 50% regimiento al mando del general Tranquilino Mendoza, quien
‘pidió instrucciones a Plutarco Elías Calles sobre el destino de sus
prisioneros, a lo que Calles respondió telegráficamente: Fusílelos, ha-
ciendo caso omiso de todo juicio.
Méjico Cristero i 135
La terrible orden fue comunicada a los acejotaemeros, «quienes
a la una de la tarde fueron sacados del cuartel en medio de fuerte
escolta que mandaba el capitán Epigmenio Medrano; y las personas
que los comenzaron a seguir escucharon que Joaquín decía a Manuel:
»—Vamos a morir por Jesucristo y pronto estaremos en el cielo.
»Los dos jóvenes caminaban a pie, sacaron su rosario y comenza-
ron a rezarlo en voz alta. Al ver esto, uno de los soldados les dijo:
»—Tiren eso.
»Joaquín respondió:
»—Mientras tenga vida, nadie me quitará mi rosario.
»Por el camino una persona les preguntó:
»>—¿Van ustedes al patíbulo?
»De Silva respondió:
»—No, vamos al calvario.» *
Llegaron al cementerio,
Joaquín fue colocado primero ante el pelotón: en su mano derecha
apretaba nerviosamente su rosario, movía sus labios como quien reza
y miraba a lo alto. Rechazó que le vendaran los ojos diciendo:
. —No me venden porque no- soy criminal. Yo mismo les daré la
señal para disparar. Cuando diga ¡viva Cristo Rey!, ¡viva la Virgen
de Guadalupe!, entonces pueden tirar.
. Y volviéndose a los soldados gritó: ¡Viva Cristo Rey!, ¡viva la Vir-
gen de Guadalupe! Una descarga ahogó su último grito. Joaquín cayó
. muerto y recibió después el tiro de gracia.
` «Manuel Melgarejo” y Nápoles contempló serenamente el fusila-
miento de Joaquín; conmovido sí, con el corazón estrujado también,
“pero sereno, sin desmayar... Manuel fue colocado al lado izquierdo
-de lá puerta de entrada del cementerio, de espaldas a la clausurada
primitiva entrada del mismo, como a doce metros del lugar en que su
` compañero había sido fusilado; empuñó su rosario en la diestra mano,
“dirigió su mirada al cielo, irguió su cuerpo, ofreció su pecho a los
verdugos y vitoreando a Cristo Rey recibió la muerte.» **
Su santidad Pío XI, cuando fue informado del dramático fin de
estos jóvenes cruzados, escribió en su encíclica Iniquis aflictisque:
«Algunos de aquellos adolescentes y de aquellos jóvenes —y al decirlo,
apenas podemos contener las lágrimas—, con el rosario en la mano y
. con el grito de ¡viva Cristo Rey! en los labios, han ido voluntaria-
. mente al encuentro de la muerte. .
136 Antonio Rius Facius
»jOh espectáculo bellísimo dado al mundo, a los ángeles y a los
hombres! ¡Oh hechos dignos de todo encomio!»
Silva y Melgarejo, en la unión de sus nombres por el martirio, escri-
bieron una página más de la historia heroica y gloriosa de la Asocia-
ción que les imbuyó su espíritu. Del árbol de la acim empezaban a
desprenderse copiosos frutos maduros.
XII
LA GIRA DE RENE CAPISTRAN GARZA
Preparativos para la gira.—Con la jerarquía católica
de los Estados Unidos.
Preparativos para la gira.—Para ayudar a René Capistrán. Garza
en su misión, salieron hacia los Estados Unidos, el 7 de septiembre
de 1926, sus antiguos compañeros de la acim, Ramón y Luis Ruiz y
Rueda, acompañados de Antonio Correa, quien iba a Laredo para el
arreglo de sus negocios particulares. En aquella ciudad permaneció
‘Ramón mientras Luis marchó a Nueva York a reunirse con René.
El día 15 fue sorprendido Ramón Ruiz y Rueda por la noticia del
fusilamiento, en Zamora, de sus amigos Silva y Melgarejo, con quienes
había estado antes de salir hacia los Estados Unidos. Bajo la impre-
sión de la triste nueva telegrafió a René lo acontecido y éste le con-
testó que se trasladara a San Antonio Tejas, a donde le enviaría
instrucciones. ,
Dos días después llegó de la capital de la República, Eduardo Bel-
trán, con el recado del padre Bergoénd de que no regresasen él ni su
hermano Ramón a Méjico, pues Joaquín de Silva había revelado todo
lo que sabía, incluso los motivos que habían originado el viaje de los
hermanos Ruiz y Rueda.
En San Antonio se reunieron René, Ramón Ruiz y Rueda y José
Gaxiola, mientras Luis salía ocultamente hacia Méjico a solicitar las
-credenciales que permitieran a Capistrán Garza hablar, con pleno de-
recho, en nombre, de la Iglesia Católica de Méjico, al episcopado y pue-
137 i
138 ` Antonio Rius Facius
blo americanos, en solicitud de ayuda para la defensa de la libertad reli-
. giosa en Méjico, tal como Eamón de Valera, lider católico de los irlan-
deses, lo había hecho para alcanzar la autonomía política de su pueblo.
Contagiados con el entusiasmo de René, los tres amigos hicieron
rápidamente los planes de la expedición que habría de proporcionar- :
les montones de dólares, con los cuales pensaban inclinar a su favor el
éxito de la lucha emprendida en Méjico por los católicos. Compraron,
‘a bajo precio, un automóvil Studebaker abierto, modelo 1925, sin tomar:
en cuenta la crudeza del invierno que se avecinaba en aquellas lati-
tudes.
. En espera de las credenciales se trasladaron René, que era el jefe
del grupo, Pepe Gaxiola, que hacía las veces de intérprete, y Ramón '
Ruiz y Rueda, al volante del automóvil, a Brownsville, con el fin de -
entrevistarse con el general César López de Lara y ver qué posibili-
dades había de contar con él, o con otros generales desterrados por
la Revolución, para organizar un movimiento armado contta el go-
bierno callista; pero no obtuvieron éxito sus gestiones, pues ninguno `
de aquellos revolucionarios disponía en Méjico de otra cosa que no
fuera su fanfarronería y su clara incultura, y desistieron definitiva:
` mente de contar con liberales o revolucionarios para reconquistar la
libertad.
~ A Brownsville llegó Luis con las credenciales esperadas del Comité
. Episcopal y de la Liga, cuyo texto señala la importancia de la repre-
sentación dada por la jerarquía y. el Comité Directivo de la LNDLR al
“antiguo presidente de la ACIM:
«Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.—Comité Beci
tivo.—El señor don René Capistrán Garza, primer vicepresidente de
esta Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, está amplia-
mente facultado por el Comité Ejecutivo que suscribe, para representar
a la misma institución en los Estados Unidos de América, ante la jerar-
_quía católica y ante cualquiera asociación o persona particular del
. Citado país, en el concepto de que la Liga tendrá por hecho cuanto
fuese arreglado por el propio Capistrán Garza. —Dios y mi Derecho.-—
| En la ciudad de Méjico, a 7 de octubre de 1926.—El presidente, Lic.
. Rafael Ceniceros y Villarreal.—El segundo vicepresidente, -Luis G.
Bustos.—El primer vicepresidente sustituto, Lic. Miguel Palomar. y
Vizcarra.—Certifico la autenticidad de las firmas que preceden, tJ osé,
arzobispo de Méjico. .
Méjico Cristero 139
»Méjico, a 8 de octubre de 1926.—A la Jerarquía Católica de los
Estados Unidos de América.—Tenemos el honor de presentar a los emi-
nentísimos señores cardenales y a los excelentísimos señores arzobis-
pos y obispos de esa jerarquía, a nuestro muy amado hijo el señor
don René Capistrán Garza. Hacemos constar que durante muchos años
ha figurado prominentemente como defensor de la causa católica, sobre-
saliendo por su inquebrantable firmeza de principios, valor civil y
cristiano, por su espíritu organizador y práctico y por su innegable
popularidad conquistada por la acción y la palabra. Conocedores los
perseguidores de la Iglesia de la influencia que podía ejercer en Méjico
el señor Capistrán Garza, lo obligaron prácticamente a abandonar el
país para salvar la vida. En estas circunstancias tuvimos a bien apro-
vechar su estancia en los Estados Unidos para encomendarle cerca de la
jerarquía católica y cerca del pueblo americano, nuestra representa-
ción a fin de hacer más efectiva la comunión religiosa entre ese pueblo
y el nuestro. Con ocasión a la venida a esta ciudad de un represen-
tante suyo le reiteramos nuestra confianza, suplicando a esa venerable
jerarquía le conceda una favorable y benigna ayuda. Sinceramente
vuestro en Cristo, t José, arzobispo de Méjico.»
Posteriormente el mismo arzobispo de Méjico envió a mister Fla-
herty, caballero supremo de la Orden de Caballeros de Colón, el si-
guiente documento, que confirmaba, en su espíritu y en su letra, la
representación que el episcopado mejicano le había conferido:
«Méjico, noviembre 1% de 1926.—Mr. James A. Flaherty, New
Haven, Conn.—Apreciable Mr. Flaherty:—Con fecha 8 de octubre del
año en curso expedimos en favor de nuestro muy amado hijo, el señor
don René Capistrán Garza, una credencial dirigida a la jerarquía ca-
tólica de esa nación y cuyo texto se servirá usted ver en la copia
adjunta. Dados los nobilísimos esfuerzos que usted y la benemérita
'Órden de los Caballeros de Colón han desarrollado en pro de la liber-
tad, religiosa en Méjico, creemos convenientísimo suplicar a usted y a
sus hermanos se sirvan tener dicha credencial como extendida espe-
cialmente para la citada Orden, en el concepto de que el señor Capis-
trán Garza es, entre los seglares, el único representante Nuestro y de
. los intereses de los católicos mejicanos en esa nación. De usted afectí-
simio amigo y capellán que lo bendice, + José, arzobispo de Méjico.»
Pocos días después se consultó desde los Estados Unidos al Comité
-Episcopal de Méjico si las credenciales expedidas por el presidente
140 Antonio Rius Facius
de éste, Mons. José Mora y del Río, en favor de René Capistrán Garza,
lo acreditaban como representante seglar en Norte América de la
jerarquía católica en Méjico, y el Comité respondió, por conducto de
su secretario, Mons. Pascual Diaz y Barreto, afirmativamente. De esa
-` manera hubo un acejotaemero que representó en los Estados Unidos
a todo el episcopado mejicano.
Con la jerarquía católica de los Estados Unidos.—Una vez desechada
. la conveniencia y posibilidad de contar con la ayuda de los desterra-
dos por el callismo, y en su poder las cartas credenciales arriba. co-
piadas, Capistrán Garza y sus compañeros iniciaron su gira —que se
prometían provechosa por todo lo que esperaban de los católicos yan-
quis, visitando la diócesis de Corpus Christi.
Fueron recibidos por el obispo, quien, después de escuchar la larga
exposición de René, traducida por Gaxiola, y la solicitud de ayuda eco-
nómica para la defensa de la Iglesia en Méjico, les contestó que les
enviaría su respuesta al hotel.
Los aguerridos jóvenes quedaron estupefactos al recibirla en un tele-
grama que decía: Nothing doing. They do not like mexican people in.
this diocese (Nada se puede hacer. No tienen' simpatías los mejicanos:
en esta diócesis). ¡Y estaban al sur del río Nueces, el territorio más
injustamente arrebatado a Méjico! F
De Corpus Christi se dirigieron a Galveston. La misma exposición,
la misma petición, el examen minucioso de credenciales y la respuesta
inmediata por parte del obispo, contenida en un billete de diez dólares
que sacó de su billetera y entregó a Capistrán Garza, dando por termi-
- nada la entrevista.
Esa fue toda la ayuda de la diócesis de Galveston para la defensa
de la Iglesia en Méjico. En contraste, ¡cuán importante derrame de
: dólares hacía la masonería de la Unión Americana para el fomento de
las revoluciones anticristianas en Méjico!
Houston, Dallas, Little Rock no dieron mejor resultado: veinte,
- treinta, cincuenta dólares que no alcanzaban a cubrir los gastos mismos
de la expedición.
Con el cuerpo maltrecho, pero con el ánimo entero, sin desmayar
ante tan señalados fracasos, empeñando René una pistola y Luis su
reloj de oro, regalo de su padre, llegaron, con el auto descompuesto,
“a San Luis Missouri, donde recibieron mil dólares que, de su propio
Méjico Cristero 141,
peculio, les entregó el Lic. Jenaro Núñez Prida para continuar su in-
fructuosa gira.
«La -entrevista con el arzobispo de San Luis tuvo características
especiales —narró más tarde un testigo de aquella odisea, Ramón Ruiz
y Rueda, el acejotaemero de 22 años que acompañaba al infatigable
Capistrán, 6 años mayor que él—: después de que René expuso una vez
más con redoblado calor la situación legal de la Iglesia en Méjico y
la situación práctica de los católicos mejicanos, su ilustrísima se in-
dignó, y golpeando su escritorio dijo que si eso pasara en los Estados
Unidos, el gobierno que a tal cosa se atreviera sería aplastado por los
católicos americanos, que sabrían hacer valer sus derechos. Magnífico
“arranque que por un momento hizo concebir esperanzas de empezar
a resolver el problema, ya que el pueblo mejicano lo único que pedía
` eran elementos para luchar contra el tirano, que coraje y decisión dio'
pruebas sobradas de tenerlos. Pero el relámpago de esperanza bien
pronto se disipó: un billetito de cien dólares, insuficiente para el equipo
de guerra de un solo hombre, fue el exponente práctico de tanta for-
taleza moral.
»East San Luis, Indianápolis, Dti Columbus, Pittsburgh, Alto-
ona, Harrisburgh, todas estas sedes episcopales fueron visitadas con
un resultado desastroso: ninguno de los Ilmos. señores visitados llegó
a tener la generosidad del arzobispo de San Luis Missouri.» *
Finalizaba el mes de noviembre. El frío era intenso, las carreteras
estaban cubiertas de nieve, y, sin embargo, ni las inclemencias del
tiempo ni las terribles incomodidades que sufrían los viajeros a bordo
de aquel cochecillo abierto fueron capaces de detenerlos; el calor de
los ideales que la acim había impreso en su espíritu los hizo vencer
obstáculos para llegar a la meta prefijada: Nueva York.
Pero no se detuvieron en esa ciudad cosmopolita, sino que siguie-
ron hasta Boston, pues les aseguraron que allí encontrarían recursos
suficientes para resolver con facilidad el problema de la libertad reli-
giosa en Méjico, por residir en esta importante población muchos mi-
lonarios, algunos de ellos católicos, y el cardenal O'Connell, dignatario
de gran prestigio que podría influir fácilmente en favor de los cató-
licos mejicanos.
Su eminencia los recibió afablemente y, tras de examinar las cre-
- denciales de Capistrán Garza, escuchó: la exposición que le hicieron
sin interrupción alguna, al término de la cual los exhortó a sufrir con
— mx _ _-A--=3-=_22 A aaam amamaaaeaaaa‘ħĂÁ
-142 Antonio Rius Facius
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paciencia las pruebas que Dios les estaba mandando, «palabras suyas
que podían trasmitir a quienes los habían comisionado; y por lo que
personalmente se refería a René, que se quitara de cosas y que bus-
cara un empleo, para lo cual, si René lo deseaba, le daría una carta
de recomendación para los Caballeros de Colón.
»Y así terminó aquella gira. A la petición que el Comité Episcopal
Mejicano y la Liga Defensora de la Libertad Religiosa formalmente
hicieron al venerable episcopado americano, se había contestado con
una rotunda negativa.» *
XIN
NUEVOS BROTES DE REBELION
Luis Navarro Origel.—Santiago Bayacora, Dgo.
~ Imis Navarro Origel.—Luis Navarro Origel andaba taciturno y silen-
ciosó. La hondura de su preocupación era claramente advertida por su
esposa, que no se atrevía a preguntarle cuáles eran los motivos
. que lo habían hecho ir dos veces a la ciudad de Méjico, de donde había
regresado más arisco y preocupado.
Hacía un mes que los templos católicos de toda la República per-
manecían desiertos, la Iglesia aherrojada y el pueblo sin libertad. Na-
varro Origel no se resistía a sufrir aquella esclavitud; su indomable
espíritu cristiano se rebelaba contra aquel estado de cosas y, tras larga
meditación, se acercó a su esposa y le dijo: «Tengo que confiarte un
secreto; tú ves la situación de la Iglesia y yo no puedo ser ajeno a lo
que ella sufre. Siento un llamado de Dios interiormente, que me pide
mi sangre y mi vida. Si yo desoigo este llamado me condenaré irremi-
siblemente. Carmela, me voy a levantar en armas. Todo lo estoy pre-
parando, pero antes de ejecutar mi proyecto quiero tu aprobación, pues
tú te sacrificarás conmigo. Piénsalo delante de Dios y resuelve después
de haberlo pensado.» **
Era el 2 de septiembre de 1926, Aquellas almas afines, que tanto
se amaban, resolvieron dar a Dios heroicamente el dolor de su sepa-
ración, el propio sacrificio de su vida y la de sus hijos.
Al amanecer del día 28 el vecindario se enteró de que los cables
del telégrafo y teléfono habían sido cortados. Un tiroteo, con duración
143
144 ! l Antonio Rius Facius
de una hora, puso en pie de alerta a toda la población. Luis Navarro
Origel había salido temprano de su casa y, pasadas las ocho, regresó
en busca de su equipo; sus hijos, abrazados a sus piernas, indagaban
qué era lo que sucedía. '
—Es una enorme empresa conseguir la libertad de la Iglesia —dijo
a su esposa—. Anoche muchos se me cuartearon.
Al dejar de nuevo su hogar,
ella le preguntó que cuándo se
volverían a ver. i
—Aquí no, Carmela —le res-
pondió—; nos veremos en el cielo.
Montó su caballo y arrancó
al galope hasta perderse a lo lar-
go de la calle.
¡Pénjamo estaba por Cristo
Rey! La noticia corrió alegre-
mente por los alrededores.
Sin embargo, el golpe había
fallado por la pusilanimidad de
un subalterno, que dejó en liber-
tad a unos hombres que habían
entregado al callismo a los sacer-
dotes de Cuerámaro. Los traido-
res revelaron al general Amari-
llas, que comandaba aquella zona,
los. planes de los rebeldes, y éste
- movilizó sus tropas para detener
el avance inicial de Luis Navarro
Origel, que aun sostuvo combates
en Cuerámaro y Barajas antes
de que fuera dispersada su gente
General cristero Luis Navarro ass al ser atacado, cerca de Corra-
miembro de la acim de Pénjamo, Gto.,
que con el seudónimo de Fermin Gutié- lejo, por el general callista,
rrez combatió en la costa de Michoacán. Junto a Luis quedaron sus
i tres hermanos: Jesús, Manuel e
Ignacio. Dio instrucciones a los dos primeros para que se trasladaran
a los Estados Unidos; Ignacio permaneció junto a él, sin que nunca
más volvieran a separarse.
¿Méjico Cristera l 145
Había transcurrido una semana y el aguerrido acejotaemero y al-
calde de Pénjamo resolvió abandonar las llanuras del Bajío para orga-
„nizar sus fuerzas en la sierra de Michoacán. Llegó a Uruapan y de
allí partió hacia el cerro de Tancítaro, en la cañada:del Durazno, donde
permaneció escondido por espacio de seis meses, preparándose espiritual-
mente para la cruzada que se había impuesto, que lo llevaría, en medio
de su fe acrisolada y su humildad franciscana, hasta el triunfo casi
completo de sus legiones y el sacrificio total de sí mismo.
Antes de seguir adelante, conviene hacer un bosquejo biográfico del
héroe, ejemplo de juventud mejicana, poseedor de -grandes virtudes,
enmarcadas dentro de una voluntad absoluta y una fe inquebrantable.
Nació el 15 de febrero de 1897 en Pénjamo, Guanajuato, lugar en-
clavado en la región más fértil y bella de Méjico: el Bajío. Fue el
décimo hijo de los 15. que tuvieron Bardomiano Navarro y su esposa
Guadalupe Origel. Desde niño, en aquel hogar cristiano, Luis se dis-
tinguió por su piedad y amor a la eucaristía, y al llegar a la adoles-
cencia se inscribió en la Tercera Orden de San Francisco, en la que
ocupó el cargo de maestro de novicios. Después fundó en su ciudad
natal la Adoración Nocturna. De la escuela parroquial de Pénjamo
pasó a continuar sus estudios al Seminario Conciliar de Morelia, donde
cursó filosofía y humanidades. Frente a la encrucijada entre seguir la
carrera sacerdotal o ser apóstol seglar, optó por lo segundo, y dirigió
su vida hacia el más estricto cumplimiento de sus deberes de cristiano;
La orgía de sangre en que degeneró la Revolución lo afirmó: más
en su propósito de luchar por la reconquista espiritual de Méjico.
«Desde muy niño, con su talento, elocuencia y firmeza —escribió
de él su hermano Ignacio—, defendió a cualquiera víctima de una injus-
ticia. Decía que si fuéramos de verdad católicos y hombres los meji-
canos, no habríamos tolerado que los carrancistas y revolucionarios
subsecuentes hubieran hollado lo más sagrado que hay para el 'hom-
bre; Dios en sus templos, sacerdotes y religiosas; la patria con la ocu-
pación de Veracruz y la expedición punitiva yanqui; y la familia con
innumerables violaciones: la implantación de las leyes del divorcio y
con imposibilitar a los padres para educar cristianamente a sus hijos.
Estaba entonces muy chico.» *
La acym establecida en Pénjamo le abrió sus puertas. Allí estaba
la respuesta a sus inquietudes y en ella desarrolló una labor fecunda
y eficaz de proselitismo.
. MÉXICO CRISTERO.—10
146 ` “Antonio Rius Facius
«Luis Navarro trabajó con su fibra característica por fortalecer los
cuadros de la acm y no hubo medio legítimo al que no recurriera para
hacer prosélitos. El deporte, que encauza los impulsos combativos fuera
del campo de las riñas tabernarias, tan frecuentes en nuestros pueblos,
Tue uno de esos medios. Luis organizó formidables oncenas de futbol
y clubes cinegéticos, competencias y excursiones. Pero también formó-
bibliotecas y círculos de estudio que permitieron a los muchachos ins-
truirse acerca de su propia religión y de los deberes que les impone.» ?*
La acsm había organizado en muchos lugares sindicatos, coopera-
tivas, cajas de ahorro, etc., y Luis, siguiendo esta sana corriente social,
formó la Unión de Comerciantes en Pequeño, a la que proveyó de una
caja de ahorros, una mutualidad y una cooperativa. Más tarde trató
de fundar, sin conseguirlo, un Consejo de la Orden de Caballeros de”
Colón, y posteriormente organizó un Centro de la Unión Nacional de
Padres de Familia. . ]
Luis contrajo matrimonio con Carmen Alfaro Madrigal, el 5 de
mayo de 1917. El tenía 20 años y ella 16. Su hogar se vio bendecido
por la presencia de cinco hijos, sin que la atención asidua y cariño-
sa que dedicaba a su familia y a sus múltiples ocupaciones de pe-
queño terrateniente lo apartaran de los deberes sociales que se había
impuesto. `
Su innegable prestigio de hombre de bien y capaz le granjeó las'
simpatías de sus vecinos, que le pidieron participara en las elecciones
para la renovación del gobierno municipal de Pénjamo en 1923.
Los resultados de la votación lo favorecieron por un margen abru-
mador y «en pleno obregonismo, o sea bajo un régimen ateo y perse-
guidor del creyente, un alcalde de un pueblo mejicano —Luis Navarro
Origel, de Pénjamo— proclamaba, al tomar posesión de su cargo, el
principio eterno de que toda autoridad viene de Dios.» ”
Su labor al frente del municipio estuvo acorde con sus rígidos prin-
cipios cristianos, pues no buscó en ningún momento beneficios que no
fueran para su pueblo, tanto en el orden moral como en el material.
Tenía por costumbre visitar diariamente a los presos, entre los que
repartía la miel de sus panales; emprendió una provechosa campaña
contra la prostitución; impartió eficaz justicia arbitrando en los pe-
queños litigios, y distribuyó con honradez inmaculada el dinero que
recaudó el municipio, en la atención de las obras necesarias, tales
como la ampliación de la presa que proveía de agua a la ciudad.
Méjico Cristero ` i o “147
Estaba por concluir su gestión al frente de la Presidencia Munici-
pal cuando estalló la rebelión delahuertista contra Obregón. Luis Nava-
rro no podía sentir simpatía por quien tiranizaba a Méjico y fue acu-
sado de tomar parte en el levantamiento del general Enrique Estrada.
El general Escobar se presentó en Pénjamo para cumplir la orden
de Obregón de disolver aquel ayuntamiento. Los munícipes la acata-
“ron sin chistar, pero Luis Navarro respondió:
—El pueblo me nombró alcalde y sólo él me puede quitar. Yo no
obedezco órdenes ilegales, aunque vengan del presidente de la Repú-
blica.
Y no obstante el alarde de fuerza que Jere frente a él el gene-
ral Escobar, Navarro Origel no cedió. '
“Con una docena de alcaldes como éste, nos arriábamos”, cuentan
que dijo el general Obregón al conocer la valerosa negativa del alcalde
de Pénjamo.
Al concluir su labor de presidente municipal, Luis volvió a sus
panales y sementeras, pero no gozó en paz su nueva vida.
La persecución cobraba fuerza y la acción de la Liga Nacional
Defensora de la Libertad Religiosa se hacía sentir cada día más firme,
más alegremente, para contrarrestar el odio ateo que pretendía dominar
las conciencias.
. Luis fue de los primeros que se inscribió en la Liga y trabajó por
ella con tesón infatigable. «Fundó comités en Pénjamo, Abasolo, Ira-
puato, La Piedad y Zacapu. Fielmente seguía las instrucciones de los
: directores en todos sus pasos. Anduvo repartiendo hojas impresas por
: toda su región, levantó el ánimo acobardado de muchos y puso en pie
ún ejército de inermes soldados. Y con esta actividad puso en riesgo
‘Su propia persona, la de su familia, sus bienes y cuanto tenía.»
El boicot, las protestas, los ocursos a las cámaras no habían ali-
viado la situación de los católicos; 'entonces pensó Luis en recurrir a
las armas. Ya lo hemos visto pasar lista de presente en una reunión
habida en la ciudad de Méjico con los directores de la Liga.
- Y a quienes, conociendo sus proyectos, trataron de disuadirlo, les
respondió: «Voy a matar por Cristo a los que a Cristo matan; si nadie
me sigue en esta empresa, voy a morir por Cristo, que harta falta
hace, para que de la sangre venga, como está escrito, la redención.
Siempre he acariciado la esperanza suprema de llegar a ser mártir,
y la ocasión presente me ofrece un lugar de honor del que no puedo
148 / , i Antonio Rius Facius
desertar sin engaño de los que me conocen y sin escándalo de los que
en mí confían.» l
Nada lo detuvo: ni su porvenir, ni su ternura hacia su “esposa
adorada”, como la llamaba; ni sus hijos, a quienes quiso darles la lec-
ción suprema de amor a Dios, escribiéndola con su propia sangre.
El 23 de septiembre de 1926 Luis Navarro Origel, a los 29 años de
su edad, acompañado de sus hermanos Jesús, Manuel e Ignacio, se
levantó en armas al grito de ¡viva Cristo Rey!, en Pénjamo, Guana-
juato, corazón de la provincia mejicana.
Por feliz coincidencia, ya que por ser regiones tan separadas des-
conocían mutuamente sus propósitos, el 29 de septiembre, en otro rin-
cón lejano de Méjico, el grito de guerra cristero se dejó oír.
Santiago Bayacora, Dgo.—Tocó su turno a Santiago Bayacora, del
estado de Durango, rebelarse contra la tiranía.
En los últimos días de julio las autoridades duranguenses hicieron
circular un manifiesto que imponía la pena de multa y cárcel a todo
aquel que enseñase a rezar a sus hijos, tener imágenes en su casa y
portar medallas o relicarios. Los vecinos del pueblo se reunieron en
asamblea y eligieron como jefe a Trinidad Mora para que éste se hiciese
cargo de organizarlos militarmente, en el caso de tener que recurrir
a las armas en defensa de sus derechos.
A los pocos días llegó al pueblo otra orden consistente en que el
templo parroquial fuese inventariado y retiradas todas sus imágenes,
cosa a la que de nuevo se opusieron los vecinos, sin que nadie se atre-
viera a contrariarlos hasta que, a las 8 de la mañana del 29 de sep-
tiembre, llegaron a la población tres enviados de la capital del estado
para hacer cumplir dicha orden. Enterarse unos vecinos de su preten-
sión y emprenderla a pedradas contra ellos hasta hacerlos huir, fue
todo uno. En seguida se reunió el vecindario y, bajo el mando del jefe
elegido, se formó un pequeño grupo rebelde integrado por dos cente-
nares de hombres mal armados que, temerosos de ser atacados por las
fuerzas del gobierno, prefirieron salir a su encuentro en un lugar lla-
mado Cerrito Verde.
Pasado el medio día, un numeroso contingente de soldados callistas
que se dirigía hacia Santiago Bayacora fue atacado por aquellos noveles
cristeros hasta hacerles retroceder, después de causarles gran número
de bajas y arrebatarles considerable cantidad de armas y municiones.
¿Méjico Cristero ` l 149
Dos horas después se volvió a repetir el ataque con el mismo resul.
tado desastroso para los callistas, quienes se vieron obligados a pedir
refuerzos, sin que ni con ellos pudieran vencer, aquel día, a los ague-
..rridos soldados de Cristo Rey. Estos, sin embargo, para evitar ser
sitiados por el ejército enviado a combatirlos, abandonaron el día 30.
la población y se dispersaron en las montañas, reduciéndose así a 88 el
número de alzados. En busca de alimentos y refugio anduvieron
a salto de mata por algunos días hasta que, rudimentariamente orga-
nizados, volvieron a presentar batalla a las fuerzas del gobierno, esta
-vez en un lugar llamado Mesa de Piedra, de la que salieron vencedores
tras de causar un elevado número de bajas al enemigo.
Ante las derrotas sufridas, Calles ordenó al general Ismael Lares
que exterminara aquel núcleo de alzados. Corría el mes de noviembre
_ cuando el general Lares salió de Durango, al frente de 275 hombres
perfectamente pertrechados, en busca de los cristeros. Al llegar a la
` hacienda de Santa Elena, sin que ni unos ni otros estuvieran sobre
“aviso, se encontraron cristeros y callistas, con fatales resultados para
.los segundos, pues fueron exterminados con su general a la cabeza,
haciéndose los cristeros de importante cantidad de pertrechos, alimen-
_ tos y dinero. .
Dámaso Barraza, de Yonora, Durango, preparaba otro levanta-
miento. Había estado a las órdenes del gobierno, pero frente a la tira-
nía que significaba el callismo, se decidió a luchar por la fe de sus
máyores en el campo cristero y se puso en comunicación con Trinidad
Mora, para sumar las fuerzas con que contaba a la causa de Dios.
— Y el 19 de enero de 1927, en El Mezquital, bajo los pliegues ondu-
lantes de la bandera nacional que flotaba al viento, tres jefes cristeros
hicieron su entrada triunfal: Trinidad Mora, Dámaso Barraza y Valente
_Acevedo, al frente de 1,200 hombres dispuestos a luchar y morir por
- la libertad de la Iglesia.
XIV
LOS PRELADOS MEJICANOS ANTE LA DEFENSA ARMADA
Inculpación a la jerarquía católica. — Negativa del
Comité Episcopal. — Petición de la Liga al Comité
Episcopal. — Declaración de la licitud del movi-
miento.—Declaraciones públicas de los prelados,
Inculpación a la jerarquía católica.—El 11 de agosto de 1926 pu-
blicó L'Osservatore Romano un largo artículo titulado «La verdadera
causa de los actuales desórdenes en Méjico. Contestación al presi-
dente Calles», que la Secretaría de Estado del Vaticano transmitió tres
días después oficialmente, como criterio pontificio, a los nuncios y
delegados pontificios, así como al cuerpo diplomático' acreditado ante
la Santa Sede. En este artículo se decía que los católicos mejicanos no
podían «unirse y organizarse para intentar una defensa por medios lega-
les», porque la Ley Calles lo prohibía estrictamente bajo las penas más
graves. «No queda, pues, a las masas —añadía .el artículo—-, ...a las
que ya no contienen las pacíficas exhortaciones del clero, más que la
rebeldía armada. ..», pues todos los medios pacíficos empleados hasta
la fecha no habían dado los resultados apetecidos y, «sobre la base
de la Ley Calles que destruye todos los principios del catolicismo, todo
acomodamiento es imposible».
En el ánimo de muchos estaba la necesidad de recurrir a las armas,
y las circunstancias favorecieron los primeros brotes rebeldes en va-
rios puntos de la República, sin que para ello tuviese intervención
alguna la jerarquía eclesiástica.
i 151
152 Antonio Rius Facius
De sobra conocía el gobierno esta realidad, no obstante lo cual
arrojó desde un principio la responsabilidad de la iniciación y direc-
ción de aquella gloriosa rebeldía sobre los prelados, como quedó ma-'
nifestado en el Boletín Oficial del Estado Mayor Presidencial, al dar
a conocer la siguiente noticia, suscrita por el general José Alvarez,
antiguo seminarista y luego implacable clerófobo: -
«La gavilla de fanáticos encabezada por el ex general Rodolfo Ga-
llegos, quedó ayer completamente aniquilada. Le fue recogida una
bandera y distintivos que revelan claramente que estos motines esta-
ban siendo promovidos por el clero.—Gallegos huyó acompañado úni-
tamente por un cura. Estos datos, contenidos en los mensajes que se
insertan a continuación, robustecen el informe que oportunamente sé
dará a conocer respecto a la sublevación que ha estado organizando
el episcopado católico.»
Negativa del Comité Episcopal.—El Comité Episcopal negó ese mis-
mo día —1% de noviembre de 1926—, la calumniosa afirmación en un
escrito que fue necesario dar a conocer por medio de hojas volantes,
cuya edición y reparto estuvo a cargo de la LNDLR.
En él expresaban los mitrados que habían callado hasta ese día
porque querían “alentar en la paciencia” al pueblo, “sufriendo, resig-
nados, tratamientos tan humillantes”, pero que, ante las calumniosas
afirmaciones lanzadas por el general Alvarez, no podían hacer menos
que levantar la voz contra ellas, pues el episcopado siempre había
recomendado a los católicos que se limitasen a «usar de los medios
legales y pacíficos para alcanzar, como se alcanza en todo país donde
vale algo la opinión pública, la reforma de la Constitución y sus leyes,
de acuerdo con los derechos inalienables de libertad que ninguna cons-
titución puede desconocer. :
»En cuanto a rebeliones, sediciones y conspiraciones contra la auto-
ridad legítima, hemos siempre enseñado lo que la Iglesia enseña —decía
textualmente el escrito—, a saber: que esos medios están reprobados
por la moral católica, la cual reprueba el llamado derecho de rebelión.
Casos hay en que los teólogos católicos autorizan, no la rebelión, sino
- la defensa armada contra la injusta agresión de un poder tiránico, des-
“pués de agotarse inútilmente los medios pacíficos.»
Terminaba esta declaración afirmándo que nadie podría demostrar
la participación de la jerarquía católica en los brotes rebeldes y cul-
Méjico Cristero 153
A A MqxMqOEX€OIMMMMxIxNNNNNN A —
HAN o na
paba de éstos a quienes habian desoído el clamor justiciero de todo
el pueblo.
Petición de la Liga al Comité Episcoval.—En esta situación, cuando
el movimiento armado se extendía y las frases mal interpretadas podían
significar grave peligro para el éxito de la defensa bélica, un tanto -
` cuanto anárquica por la falta de una orientación precisa, el Comité
Directivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, aten-
* diendo los deseos expresados por los mismos jefes cristeros, resolvió
ponerse al frente de esa cruzada y dar a la misma unidad de mando
y de programa.
Antes de asumir de hecho la dirección y responsabilizarse total-
mente de la empresa, quiso consultar al episcopado sobre la licitud
del derecho a la rebeldía armada de los católicos mejicanos, y se diri-
gió al secretario del Comité Episcopal, Mons. Pascual Díaz y Barreto,
en solicitud de una reunión de los miembros de los dos comités —Epis-
: copal y de la Liga—, para formular la importante consulta.
El Comité Episcopal accedió a lo solicitado por los jefes de la Liga
y convocó a una asamblea conjunta, por conducto de Mons. Díaz, en la
residencia de éste.
La tarde del 26 de noviembre de 1926 tuvo logat la trascendental
reunión. Asistieron a ella: Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo
de Morelia y vicepresidente del Comité Episcopal, quien en esta oca-
sión ocupó la presidencia por enfermedad del arzobispo de Méjico;
el arzobispo de Oajaca, Mons. José Othón Núñez y Zárate; el obispo
de Aguascalientes, Mons. Ignacio Valdespino y Díaz; el de Saltillo,
Mons. Jesús María Echevarrieta y Aguirre; el de San Luis Potosí, Mons.
Miguel María de la Mora; el de Tulancingo, Mons. Vicente Castellanos
y Núñez; el de Chiapas, Mons. Gerardo Anaya y Diez de Bonilla; el de
Chihuahua, Mons. Antonio Guízar y Valencia; el de Tacámbaro, Mons.
Leopoldo Lara y Torres; el de Papantla, Mons. Nicolás Corona; Mons.
Pascual Díaz y Barreto, obispo de Tabasco y secretario del Comité
Episcopal, y Mons. Luis María Altamirano y Bulnes, entonces obispo
de Huajuapan de León.
. Por el Comité Directivo de la LNDLR concurrieron, asistidos por uno
de sus consejeros eclesiásticos, el R. P. Alfredo Méndez Medina, S.J.,
el presidente, Lic. Rafael Ceniceros y Villarreal; Luis G. Bustos y
Lic. Miguel Palomar y Vizcarra, primero y segundo vicepresidentes,
154 Antonio Rius Facius
y los vocales, Ing. Carlos F. de Landero, Manuel de la Peza y Juan
Lainé. ;
Abierta la sesión, el Lic. Ceniceros dio lectura a un documentado
memorial en el que hacía somera relación de los acontecimientos hasta
el momento en que «ocurrieron delegados de casi todos los estados
de la República urgiendo, apremiando, para echar mano de ese recurso
supremo» de las armas. Ante las peticiones de los cristeros para que
la Liga asumiera la jefatura del movimiento, el Comité Directivo había
decidido «tomar una acción resuelta, que pudiera encauzar la defensa
de los propios intereses y no estar a las resultas de un movimiento que
ofreciera. serios obstáculos, (porque) no es digno ni conveniente dejar
a otros la propia defensa.» i
Así es como la Liga, que no había iniciado ni fomentado el movi-
miento armado, se había visto obligada a encauzarlo por medio de una
sección especial. ;
«La Liga ha llegado a la convicción —decía en una de sus partes
medulares el escrito presentado a los prelados—, de que siendo incon-
tenible el movimiento resultaría perjudicial, si en lo más leve se quie-
bra la unidad que en el terreno cívico ha desarrollado el episcopado
con el concurso de la Liga. Venimos, pues, a pedir que se sostenga
esa unidad, por medio de la conformidad del episcopado con un plan
y con un caudillo... Puede asegurarse que nunca en la historia de
nuestra patria, ha estado formada la conciencia colectiva en el sen-
tido de una resistencia armada.—Dicho movimiento no puede ni debe
ser ignorado por el episcopado, pues quiérase o no, la bandera de com-
bate enarbolada es la de la libertad religiosa y el grito de viva Cristo
Rey es inevitable. No puede condenarse el movimiento porque es el
caso gravísimo de legítima defensa de los derechos e intereses más
caros. Si se resistiese al movimiento, lo único que se lograría seria
corromperlo y se crearía un sentimiento de desagrado contra el episco-
pado y se debilitaría toda acción de defensa, aun la pacifica.»
A continuación, los miembros del Comité Directivo de la Liga formu-
laron la petición del memorial:
«Atentas estas consideraciones, con toda reverencia solicitamos del
episcopado:— 1) Una acción negativa, que consista en no condenar
el movimiento. 2) Una acción positiva, que consista en: a) Sostener la
' unidad de acción, por la conformidad de un mismo plan y un mismo
caudillo. b) Formar la conciencia colectiva, por los medios que estén
Méjico Cristero ` . 155.
.al alcánce del episcopado en el sentido de que se trata de una acción
laudable, meritoria, de legítima defensa armada. c) Habilitar canóni-
tamente vicarios castrenses... d) Urgir y patrocinar una cuestación
“desarrollada enérgicamente cerca de los ricos católicos, para que sumi-
“nistren fondos que se destinen a la lucha, y que, siquiera una yez en la
* vida, comprendan la obligación en que están de contribuir.» ë
'. ' Ese memorial quedó, para su estudio, en poder del Comité Episcopal.
Declaración de licitud del movimiento.—Mons. Díaz y Teres, por
“conducto de Juan Lainé, a temprana hora del día 30 de noviembre
de 1926, citó al Comité Directivo de la Liga para las 10 de la mañana,
hora en que entregaría la respuesta al memorial del 26 del mismo mes.
- Lo corto del plazo hizo que sólo acudieran a la entrevista el Lic. Rafael
: Ceniceros y Villarreal, Luis G. Bustos, Lic, Miguel Palomar y Vizcarra
y Juan Lainé, acompañados por los asesores eclesiásticos de la Liga,
reverendos padres Alfredo Méndez Medina, S.J., y Rafael Martínez del
Campo, S.J.
Fueron recibidos por Mons. Ruiz y Flores y “Mons. Díaz y Barreto,
- y el primero expresó en tono jovial: «Ustedes, como de costumbre, se
«salieron con la suya: han triunfado esta vez»; y a continuación, ya en
serio les comunicó: «que se había hecho el estudio del memorial por
los ilustrísimos prelados que asistieron a la mencionada junta del Comité;
que se había puesto en conocimiento del Ilmo. Sr. D. José Mora y del
Río, arzobispo de Méjico, y que los diversos puntos señalados en el
memorial habían sido aprobados por unanimidad, en lo que se refiere
a la parte que, según el mismo documento, toca al episcopado, con estas.
dos modificaciones: No se podía otorgar por el Comité la habilitación
de vicarios castrenses en los términos que expresa el inciso c) del
punto 2%, porque carece de facultades para ello, pero se podrían otorgar
las autorizaciones o permisos necesarios a cada sacerdote que pretenda
ejercer su ministerio entre los que se levanten en armas, ocurriendo
al secretario del Comité, por estar conformes los ilustrísimos prelados
en dar las correspondientes licencias por lo que se refiere a sus respec-
tivas diócesis. El Comité estima muy difícil, casi imposible y particu-
larmente peligrosa, la acción que de los ilustrísimos prelados se pes
` ta, cerca de los ricos católicos, según se pide en el punto 2? inciso d).»?
La Iglesia reconocía, con esta declaración, la licitud de la a o
cristera.
1
156 ; Antonio Rius Faciws
. Declaraciones públicas de los prelados.—Dos meses y medio después,
el 15 de enero de 1927, aparecieron en los diarios informativos de la
ciudad de Méjico nuevas declaraciones del citado general revoluciona-
tio José Alvarez y Alvarez de la Cadena, jefe del Estado Mayor de Plu-
tarco Elías Calles, arremetiendo nuevamente contra la jerarquía cató-
lica en Méjico, a cuya iniciativa y dirección imputaba la existencia y el
desarrollo de la creciente lucha cristera, y cuyos miembros, por con-
ducto del Comité Episcopal, hicieron, ese mismo día, las declaraciones
cuyos puntos esenciales fijaban la posición del episcopado:
Mantenían su inconformidad “con las leyes atentatorias de la liber-
tad de conciencia” y su propósito de trabajar “hasta lograr su reforma”.
Afirmaban que el episcopado erà ajeno a los movimientos armados,
aunque hubiesen declarado «que hay circunstancias en la vida de los
pueblos en que es lícito a los ciudadanos defender por las armas
los derechos legítimos que en vano han procurado poner a salvo por
medios pacíficos.» :
Este era el caso actual «como lo saben muy bien quienes en públicas
asambleas han desoído la voz del episcopado y desatendido las firmas
de prominentes intelectuales y de cerca de dos millones de ciudadanos.
mejicanos, emplazando a un pueblo inerme, con alarde de fuerza y de
desprecio, al campo de batalla.» ;
Deshacían las pruebas presentadas por el jefe del Estado Mayor
Presidencial sobre la supuesta convivencia con los levantados en armas
y, el hecho de que hubiesen algunos sacerdotes en las filas cristeras,
atendiendo las necesidades espirituales de los que defendían con las
. armas en la mano sus derechos ciudadanos y religiosos, demostraba
que éstos «son perfectamente libres, al igual que los demás ciudada-
nos; y para normar su conducta tienen suficiente conciencia de sus
derechos y conocimiento de la filosofía cristiana.»
Por último rechazaban la inculpación hecha a los cristeros de haberse.
levantado en armas cuando la situación internacional era ciertamente
delicada, pues no habían sido éstos los causantes de las dificultades
internacionales. «Es manifiesto —concluía la respuesta al impugnador
revohucionario—, ... nuestro acendrado patriotismo a pesar de las ya
viejas calumnias que han sido victoriosamente refutadas.»
El arzobispo de Durango, Mons, José María González y Valencia,
confirmó, por medio de su famosa Primera Carta Pastoral expedida en
Roma, el 11 de febrero de 1927, el criterio de sus hermanos del episco-
“Méjico Cristero : l l 157
/
pado, alentando a sus diocesanos “que anden levantados en armas por
la defensa de sus derechos sociales y religiosos”, que estuviesen tran-
: quilos en sus conciencias.
o Estas directrices espirituales, llenas de vigor y valentía, acabaron
por exasperar a Calles, que no esperaba tan viril actitud de los cató-
licos mejicanos, y ordenó que fuesen expulsados del país varios obispos.
Seis, de los quince obispos que se encontraban materialmente se-
cuestrados en la ciudad de Méjico, fueron llevados, a las 7 de la ma-
ñana del 21 de abril, a la presencia del secretario de Gobernación,
Adalberto Tejeda, quien les hizo saber que, por órdenes personales del
presidente de la República, debían salir esa misma noche del país. Ante
la natural sorpresa de los prelados, que preguntaron las causas de tal
“ proceder, Tejeda les explicó: .
—-Ustedes son los jefes de la revolución y por su silencio, después
de la pastoral del arzobispo de Durango en la que declara que los
seglares católicos están justificados al recurrir a las armas para defen-
erse, son culpables de tomar parte en ella.
El arzobispo de Méjico, allí presente, rechazó tan calumniosa afir-
mación y puntualizó que el episcopado no había promovido ninguna
- revolución, sino declarar, de acuerdo con la moral católica, que los
seglares estaban en su derecho de defender por la fuerza sus libertades
esenciales que, por medios pacíficos, no habían podido proteger.
—Esto es rebelión —repuso el secretario callista.
—Esto no es rebelión —explicó el anciano arzobispo—: es legíti-
ma defensa contra la tiranía injustificable.
—Contra la autoridad legal —afirmó disgustado Tejeda.
—En cuanto a la autoridad de su gobierno, todo el mundo sabe cuál
es la legalidad de las elecciones que lo elevaron al poder —respondió
Mons. Mora y del Río,
—No es éste el momento de discutir —dijo por último el secretario
- de Gobernación, optando por la retirada, y ordenó al coronel Delgado,
jefe de la Policía Secreta, que fueran conducidos los obispos esa noche
al tren que partía para la frontera. Y de acuerdo con esa orden, escol-
tados por guardia armada, salieron hacia Laredo: Mons. José Mora y
del Río, Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, Mons. Ignacio Valdespino y Díaz,
Mons. Francisco Uranga y Sáenz, Mons. Gerardo Anaya y Mons. Mario
Echevarrieta y Aguirre. Jorge Núñez, en representación de la Liga, los
acompañó hasta cruzar la frontera con los Estados Unidos.
158 Antonio Rius Facius
La mayor parte de los desterrados se dirigieron a la ciudad de San
Antonio, Tejas, y allí radicaron durante su largo destierro, del que
sólo Mons. José Mora y del Río no pudo retornar, pues falleció en el
hospital de Santa Rosa, en aquel lugar, un año más tarde, el 22 de
abril de 1928.
Fue así como los prelados de la jerarquía católica en Méjico die-
ron su aprobación a los católicos mejicanos para que ejercitasen su
derecho a la rebeldía bélica, a la que la Santa Sede había pronosticado
que esos fieles tendrían que recurrir, por ser el único camino que les
quedaba para no sujetarse a la tiranía anticatólica.
XV
LA DEFENSA ARMADA
Comisión de obispos ante la Santa Sede.—Nombra-
miento del jefe del movimiento armado.—Descono-
cimiento del gobierno callista.—Los conjurados.
Comisión de obispos ante la Santa Sede.—Antes de verse precisado
a tomar la radical decisión de declarar la licitud de la defensa armada,
el Comité Episcopal, viendo el grave cariz que tomaban los aconteci-
“mientos, se reunió a los pocos días del informe presidencial del 1° de
septiembre para estudiar la conducta a seguir.
En aquella junta fue nombrada una comisión integrada por Mons.
.José María González y Valencia, Mons. Emeterio Valverde y Téllez y
Mons. Jenaro Méndez del Río, respectivamente presidente, secretario
y vocal de la misma, para que fueran a Roma a informar a su santidad
Pío XI acerca de los sucesos ocurridos en Méjico a partir de la expul-.
sión del delegado apostólico Mons. Jorge José Caruana.
El día 19 de septiembre de 1926 salieron de la capital los compo-
nentes de la comisión y llegaron a su destino el 27 de octubre siguiente.
De aquella delicada encomienda dejó testimonio escrito el arzobispo
de Durango, a quien sigo en un minucioso relato, inédito hasta hoy,
que hizo de todos los incidentes y resultados de la misión cumplida
por los obispos. ,
Tuvieron éstos su primera entrevista con el cardenal secretario de
Estado, Mons. Pedro Gasparri, en cuyas manos pusieron un memorial
en el que daban a conocer a la Santa Sede los acontecimientos habidos,,
159
160 , - Antonio Rius Facius
'la formación del Comité Episcopal y las principales actividades des-
arrolladas por las distintas agrupaciones católica, como la Liga, la ACJM,
la Unión de Damas Católicas, ete.
= De viva voz explicaron al cardenal cuál era la situación reinante
en la lejana tierra mejicana y le hicieron un emocionado relato del
_ asesinato de los acejotaemeros Silva y Melgarejo, de quienes dijo el
cardenal que “éstos son verdaderos mártires”.
Dos días después fueron recibidos por «el Papa en audiencia, con
grandes muestras de cariño, aprobando y alabando la conducta del:
- venerable episcopado.» Le rogaron al pontifice que expidiera una en-
cíclica sobre la situación de México y su santidad respondió: '
—Lo faremo.
Esta encíclica, la Inquis Afflictisque, fechada el 18 de rs
siguiente, estuvo inspirada en el texto del memorial presentado por los
obispos mejicanos, s
Ya para entonces los cristeros desafiaban en el monte, con las armas
en la mano, al mílite grado 33 de la masonería, que presidía el go-
bierno de Méjico. ; ;
Mons. González y Valencia y sus compañeros consultaron al Papa
sobre cuál debería ser la actitud de los obispos ante esa situación, a lo
que Pío XI les respondió:
—No les digan nada. Que ellos, que están sobre el terreno, hagan
lo que juzguen conveniente.
Mons. Méndez del Río preguntó:
—¿De manera que nosotros debemos ser imparciales?
El Papa, dando con el puño cerrado un golpe en su escritorio, con-
testó lo siguiente (textual):
—«Nosotros no podemos ser imparciales: debemos estar siempre del
lado de la justicia.»
La actitud asumida por el Comité Episcopal en la ciudad de Méjico,
respecto a su declaración de la licitud del movimiento armado estaba,
pues, acorde con el sentir de la Santa Sede.
Sin embargo, cuando pidieron los obispos mejicanos en Roma al
cardenal Gasparri que se les proporcionara ayuda a los cristeros, éste
se mostró escéptico sobre la necesidad del movimiento armado, a lo
' que argumentó Mons. González y Valencia:
—TEminencia: estamos en un círculo vicioso: unos dicen que no se
les ayuda, porque el movimiento no es serio, y otros que no es sufi-
Creemos como un deber de conciencia dejar consig-
nados los siguientes puntos y hechos relacionados con nues
tros trabajos y gestiones hechos en Roma desde octubre de-
mil novecientos veintiseis hasta enero de mil novecientos»
veintiocho.
1.- En septiembre de mil novecientos veintiseis =
reunidos en la capítal de la República los Obispos mexica
noa, nombraron a Nos, como Presidente, de una Comisión que
fuera a Roma a informar a Su Santidad el Papa, de las cog
diciones de la Iglesia Católica en México. Completó- esa >
Comisión el Exmo. y Rmo. Sr. D, Emeterio Valverde y Telles
Obispo de León. Gto. Antes de partir, el Exmo, Sr. Arzobíg
po D. José Mora y del Rio, estimó conveniente que se agre-
gara a la Comisión el Exmo. Sr. Dr. Genaro Mendez del Rio.
Obispo de Tebuantepec. Los demás Exmos. Sres. Prelados que
estaban en México y que se reunían todos los días en el Ap
` zobispado, gustosos aceptaron lo propuesto por el Sr. Arzo
¿ bispo de México,
2.- Eramos esperados por su Santidad y por el —
Exmo, Cardenal Secretario de Estado de Su Santidad con su-
mo interés y fuimos recibidos con los brazos abiertos.
ps
3%- En el barco habíamos preparado un memorial to
cando todos los puntos relativos a la situación mexicana.
Se hablaba allí de 10s atropellos consumados en aquellos =
tiempos y de las leyes sectarlas que se estaban aplicando-
y expidiendo. Se hacía mención especial de la actitud enér
gica tomada por el V, Episcopado, que fué alabada por la =-
Santa Sede.
A
4.- La primera entrevista fué celebrada con el ==
Emmo. Sr. Cardenal Secretario de Estado. Mons. Pedro Gaspg
Tri, en cuyas manos pusimos el memorial. Esto fue en los ~
primeros dias de octubre; inmediatamente después que llega
mos a Roma, En esa entrevista le expusimos sintéticamente=
la situación de México y le referimos el asesinato de Joa
quin de Silva y Manuel Melgarejo, lo cual lo conmovió hon-
damente hasta derramar abundantes lágrimás. "Estos son ver
daderos mártires", dijos =- Nos retiramos de la Secretaria-
de Estado my satisfechos y consolados. i
E 5.- Dos días después o al día siguiente, nos recj
bio el Papa en audiencia, con grandes mestras de cariño
aprobando y alabando la conducta del V. Episcopado, y eol
citamos la expedicción de una Encíclica tratando de la si~
tuación mexicana, y nos respondió Su Santidad inmediatemop
te: "Lo farem",
6.- Seguimos informando periódicamente a Su Santá
dad y al Emmo, Cardenal Secretario de Estado.
, Te- A los pocos días de nuestra llegada a Roma, =.
fué expedida la Enciclica. Su texto está tomado en gran
parte del memorial que presentamos al Santo Padre.
Primera página del importante y hasta ahora inédito documento escrito por el arzo-
bispo de Durango, monseñor José Maria González y Valencia, con la relación
escueta y precisa de sus actividades al frente de la Comisión de Obispos Mejicanos
ES ante la Santa Sede.
MÉXICO CRISTERO.—11
162 - Antonio Rius Facius
cientemente serio, porque no se les ayuda. Eminencia, hay que romper
ese círculo ayudando al movimiento para que, si no es serio, se haga.
«Pocos días después, el señor don Luis G. Bustos, del Comité Direc-
tivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, dirigió
una carta a la Comisión preguntando si los prelados podían disponer
de los bienes de la Iglesia para la defensa armada... los excelentísimos
señores obispos Valverde y Méndez fueron a consultar el caso con el
eminentísimo cardenal Buenaventura Cerretti... (éste) les hizo saber
que el eminentísimo cardenal secretario de Estado decía que sí se podía
disponer de los bienes de la Iglesia con tal que esos bienes no tuvieran
un fin determinado, como fundaciones de misas, etc. Más todavía: dijo
que él, el secretario de Estado de Su Santidad, si fuera obispo meji-
cano, vendería sus alhajas para el caso.»
Nombramiento del jefe del movimiento armado.—Entretanto, el Co-
mité Directivo de la Liga se había reunido en Méjico para nombrar un
jefe que encabezara el movimiento armado y, a propuesta del Lic. Ceni-
ceros y Villarreal, fue elegido René Capistrán Garza para ese puesto
de inmensa responsabilidad, pues aún estaba en el ánimo de todos su
brillante actuación como presidente general de la AcM y el gran pres-
tigio personal de que gozaba, aun entre sus propios enemigos: «De espe-.
ciales dotes oratorias, de probado valor personal y civil, de clara
inteligencia, de inquebrantable firmeza de principios y de magnífica
preparación obtenida en ese seminario de católicos prácticos y de insig-
nes patriotas, gloria inmortal del R. P. D. Bernardo Bergoénd: “La Aso--
ciación Católica de la Juventud Mejicana”.» *
El Comité Directivo, asistido por el consejo de los reverendos padres
_ Méndez Medina y Martínez del Campo, empleó varios días en la dis-
cusión y redacción de un programa y un proyecto de régimen provi-
sional de gobierno.
Al fin, después de varios años, los acontecimientos venían a justi-
ficar nuevamente la previsión clarividente del fundador y asistente ecle-
siástico de la acym, quien había alentado a los acejotaemeros a. asumir
una actitud valiente y resuelta, como cuando las hordas revolucionarias
asaltaron el Centro de Estudiantes Católicos. En aquella ocasión había
proclamado René Capistrán Garza la necesidad de permanecer vigilantes
y en pie de lucha, actitud que no todos supieron aquilatar debidamente,
aun cuando había advertido que era «una llamada de atención que debe
Méjico Cristero 163
ser oída por todos y dehe ser punto de partida para una organización
de defensa material para repeler las agresiones.»
Cuando René salió de Méjico el 14 de agosto, aún no se hablaba
de la posibilidad de ir a la resistencia armada, aunque los aconteci-
mientos no hacían difícil su vaticinio; así, pues, cuando recibió el nom-
bramiento de jefe supremo del movimiento quedó sorprendido, y eseri-
bió a la Liga rechazando una elección que le parecía desacertada.
Pero el Comité Directivo consideró que no eran de tomarse en cuenta
sus razones y tornó a escribirle, haciéndole ver que no podía desertar
'de su deber a la hora suprema en que la Iglesia y la Patria requerían
de sus servicios.
Es posible que la desilusión, causada por su fracasada gira en soli-
citud de apoyo de los obispos americanos a la causa católica de Méjico,
le hayan predispuesto a un incipiente pesimismo, pues no creyó posi-
ble alcanzar el triunfo de un alzamiento, puesto que no se contaba con
recursos económicos ni con armamentos, lo que significaba ir “a la más
completa derrota”.1*
Pero la vanidad y el amor propio de sus veintiocho años pudieron
más en su ánimo que su propio criterio y aceptó asumir el cargo de
jefe supremo del movimiento.
Desconocimiento del gobierno callista.—Al asumir la jefatura civil
suprema dio a conocer el manifiesto “A la nación” que había sido ela-
borado por el Comité Directivo de la Liga, al que hizo ligeras modifi-
«caciones y en el que decía lo siguiente:
«El régimen actual, que oprime a la nación mejicana... pretende
convertir a la patria en un campo de brutal explotación y a los ciuda-
danos en un conglomerado sujeto a la esclavitud.
»Destrucción de la libertad religiosa, de la política, de la enseñanza,
del trabajo, de la prensa, negación de Dios y creación de una juventud
atea; destrucción de la propiedad privada por medio del despojo, socia-
lización de las fuerzas productoras del país, ruina del obrero libre por
medio de organizaciones radicales; despilfarro de los bienes públicos
y saqueo de los bienes privados; desconocimiento de las obligaciones
internacionales. ..
»En una palabra, la destrucción sistemática y deliberada de la na-
ción mejicana, aniquilando su ser en el interior y concitando el odio
en el exterior; el dominio implacable de un régimen de bandoleros
164 Antonio Rius Facius
sobre una población inerme, honrada y patriótica; la relajación total
y cínica de los derechos ajenos en todos los órdenes, políticos, cívicos,
morales, económicos y religiosos...
»El santo derecho de la defensa, he ahí toda la base moral de este
movimiento. A este derecho inalienable se adhiere fuertemente la con-
ciencia nacional.
` »La necesidad vital de destruir para siempre los viciosos regimenes
de facción para crear un gobierno nacional. Méjico necesita salvarse de
sus tiranos y para eso necesita destruirlos.
»No es una revolución: es un movimiento coordinador de todas las
fuerzas vivas del país.
»No es una rebelión: es la enérgica e incontenible presión contra
los verdaderos rebeldes, que desafiando la voluntad popular están ejer-
ciendo el poder.
»La rebelión está ahí, en el llamado gobierno, que contra la misión
propia de los verdaderos gobiernos está destruyendo el bien común.
La rebelión está en la justicia negada, en la libertad+destruida, en el
derecho atropellado, y es tanto más inicua y criminal esa rebelión con-
‘tra la sociedad y la patria, cuanto que para legitimarla se usurpan las
augustas funciones de la autoridad pública... Méjico está sojuzgado;
pero vive y alienta en él una fuerte voluntad...
»No queremos privilegios para nadie; queremos justicia para todos,
libertad y garantías dentro de la libertad. He ahí el programa. dea;
»La hora de la lucha ha sonado. La hora de la victoria pertenece
a Dios.
»Puntos básicos del programa: I—Libertad religiosa y de concien-
cia. Independencia absoluta entre la Iglesia y el Estado. II.—Libertad
de enseñanza. IIMI.—Libertad política. IV.—Libertad de imprenta.
V.—Libertad de asociación. VI—Garantías para el trabajador. VIL—
Garantías para el capital nacional y extranjero. VIII.—No retroacti-
vidad de las leyes. IX.—Respeto a la propiedad privada, X.——Justa
dotación ejidal y creación de la pequeña propiedad.»
A continuación, y a lo largo de ocho artículos, se explicaba el des-
conocimiento de todas las autoridades del país, se planteaba la reorga-
nización política provisional y se daba cuenta de las leyes básicas que
subsistirían, tomadas unas de la Constitución de 1857 y otras de la
de 1917.
Méjico Cristero
165
A LA NACION:
El régimen actual que oprime a la Nación
Mexicana manteniéndola humillada bajo la
férula de un grupo de hombres sin con-
ciencia y sin honor, está sustentado sobre
“dos principios destructores y subversivos
de una política que 'pretende convertir a
la Patria en un campo de brutal explota-
ción y a los ciudadanós en un congloméra-
do sujeto a la esclavitud.
Destrucción de la libartad religiosa, de
la política, de la enseñanza, del trabajo,
«de la prensa, negación de Dios y creación
de una, juventud atea; destrucción de la
propiedad privada por medios del des-
pojo, socialización de las fuerzas producto-
ras del q ruina del obrero libre por
medio de organizaciones radicales; despil-
farro de los bienes publicos y saqueo de
los bienes privados, desconocimiento de las
obligaciones internacionales, tal es sustan-
cialmente el monstruo programa del régi-
men actual,
En una palabra, la destrucción sistemá-
tica y deliberada de la Nacion Mexicana,
aniguilando su ser en el interior y consi-
o al odio en el exterior; el dominio
implacable de un régimen de bandoleros
sobre una población inerme, honrada y
patriótica; la relajación total y cínica de
los derechos ajenos en todos los órdenes,
políticos, cíticos, morales, económicos y
religiosos. Una esclavitud ferrea impues-
ta con las armas y el terror por los tiranos,
a quienes es preciso destruír por el terror
y las armas.
El santo derecho de la defensa, he ahí
toda la base moral de este movimiento A
este derecho inalienable se adhiere fuerte-
mente la conciencia nacional.
La ne.-esidad vital de destruir para
siempre los viciosos regímenes de facción
para crear un gobierno naciónal; la aspi-
ración incontenible de abolir las prerroga- -
tivas-de la fuerza con la fuerza irresisti-
ble del dereeho de ahí toda la razon de ser
de este movimiento que es el impulso po-
pular hecho realidad viva.
México, está en la necesidad de salvarse
de sus tiranos y para eso necesita des-
truirlos. ]
No es una revolución; es un movimiento
coordinsdor de todas las fuerzas vivas del
país.
Noes una rebelión; es la enérgica e
incontenible represión contra los verdade-
ros .rebeldes que desafiando la voluntad
popular están ejerciendo el poder.
La rebelión está ahf, en el llamado go-
bierno, que contra la misión propia delos
verdaderos gobiernos está destruyendo el
bien común. La rebelión está en la justi-
cia negada en la libertad destruida, en el
derecho atropellado, y es tanto más inicua
y criminal esa rebelión contra la sociedad
y la Patria, cuanto que para legitimarla se
usurpan las augustas funciones de la auto-
ridad pública. z
El pueblo de México, quiere renacer
Primera plana del manifiesto suscrito por René Capistrán Garza en su carácter
de jefe del Poder Ejecutivo, a principios de 1927.
Claro es que este plan estaba subordinado a la doctrina católica
social, de tal manera que la independencia absoluta entre la Iglesia y
“el Estado no eliminaba la necesaria y mutua colaboración, conforme
a las enseñanzas de las encíclicas pontificias.
166 Antonio Rius Facius
Los primeros pasos dados por Capistrán Garza estuvieron encami-
nados a obtener dinero y el reconocimiento de la beligerancia por el
gobierno de Washington.
Los conjurados.—Al mismo tiempo que esto ocurría del otro lado
de la frontera, en Méjico se presentó a los principales directivos de
la Liga un joven mejicano que residía, desde muchos años atrás, en
El Paso, Tejas, en donde era miembro del Grupo Local de la Ac™M y
uno de sus fundadores en ese lugar.
Se llamaba José Gándara y era de carácter alegre, ánimo despierto
y agradable apariencia. Con estos atributos dejó gratamente impresio-
nados al Lic. Rafael Ceniceros y Villarreal y sus compañeros.
Gándara les reveló que en El Paso se había formado una junta revo-
- lucionaria que conspiraba contra el gobierno de Méjico para derribarlo,
y que su presencia en la capital obedecía al deseo de obtener el apoyo
de la Liga y darles a conocer un plan financiero, con posibilidades de
éxito seguro, consistente en la designación de determinados y valiosos
bienes nacionales para garantizar con ellos un préstamo de algunos
millones de dólares. Sólo hacía falta contar con la influencia de cierto.
personaje radicado en Europa para que el prestamista facilitase el
dinero. , f
Gándara les propuso hacer el viaje a Europa para entrevistarse
con dicho señor, y los directivos de la Liga, una vez comprobada la
seriedad de la oferta, prometieron ayudarle.
José Gándara efectuó el viaje, pero su imprudente exigencia para
con el personaje en cuestión, a quien visitó a hora inoportuna causán-
dole con ello justo enojo, a pesar de lo cual nada hizo Gándara por
disculparse ni por volverlo a ver, dieron al traste con el brillante plan
financiero.
A su regreso a Méjico insistió nuevamente con el Comité Directivo
en su proyectada toma de Ciudad Juárez, y pidió a la Liga le fuese
extendido nombramiento de jefe supremo, a lo que se le respondió que
ya había sido nombrado René Capistrán Garza y que tendría que subor-
dinarse y colaborar con él, cosa a la que, después de algunos reparos,
accedió al fin. e
A la salida de Gándara hacia los Estados Unidos, el Lic. Ceniceros
y Villarreal escribió a René, poniéndolo en guardia contra los “graví-
' simos defectos” del que enviaban a colaborar con él, a pesar de que
Méjico Cristero | 167
sabían «que como director dará un pésimo resultado por su intempe-
rancia e impulsivismo. .. y por su ignorancia puede comprometer gran-
demente los intereses de la causa.» °!
Capistrán Garza, con tales informes, que desgraciadamente no se
apartaban de la verdad, no encontró más salida que nombrar a Gán-
dara jefe del control militar. Este se sintió dueño de la situación y
“escribió a la Liga insistiendo en que, para el día 12 de enero de 1927,
fecha en la que tenía planeada la toma de Ciudad Juárez, era necesa-
rio que estallaran simultáneamente otros movimientos armados en dis-
tintas regiones del país.
La Liga movilizó todos sus elementos para dar cumplimiento al plan
previsto en la fecha indicada. Su correspondencia y enviados cruzaron
al territorio nacional, y en cada grupo de la Liga se dió la voz de alerta.
Los acejotaemeros, entregados de lleno a la defensa de la libertad reli-
giosa, se aprestaron a luchar por Dios y por la Patria.
Y el día 1% de enero la epopeya cristera renovó su ímpetu y al grito
de ¡viva Cristo Rey!, cobró fuerza de secular heroísmo.
Ciudad Juárez, sin embargo, permaneció silenciosa y quieta. José
Gándara había mentido, comprometiendo “grandemente los intereses
de la causa” y el prestigio y autoridad de la Liga y de su jefe supremo:
René Capistrán Garza.
XVI
EL PLEBISCITO DE LOS MARTIRES
Ocultación del arzobispo de Guadalajara. — Primer
brote cristero en Jalisco.—Anacleto González Flores
frente a la situación.—La acsm, peldaño de gloria.—
Hacia el calvario.—Los hermanos Vargas González.—
Luis Padilla Gómez.—El triunfo del martirio.
Ocultación del arzobispo de Guadalajara.—El 24 de octubre de 1926
visitó al arzobispo de Guadalajara, Mons. Francisco Orozco y Jiménez,
un sacerdote jesuita, enviado por el obispo de Tabasco, Mons. Pascual
Díaz y Barreto, para notificarle que, de parte del ministro de Gober-
nación, se presentase voluntariamente a las autoridades civiles o sería
conducido a ellas por la fuerza.
Mons. Orozco y Jiménez, después de pensarlo, reunió a sus más pró-
ximos colaboradores y consultó con ellos su decisión de no acatar esa
intimación, en lo que todos se mostraron de acuerdo, pues era un atro-
pello que “violaba las mismas leyes que se pretendía hacer cumplir y
estaba encaminada al mal de la Iglesia.” ”
La conducta posterior del gobierno, al expulsar a los prelados que
se presentaron en Méjico, justificó la resuelta actitud de: Mons. Orozco
y Jiménez, quien se acogió desde entonces a la discreción de sus dio-
` cesanos, los cuales guardaron durante tres años el secreto de su pre-
sencia, lejos siempre de aquellos lugares ocupados por las fuerzas
eristeras, no como desaire a los cruzados de la causa de Dios, sino para
. mejor consolar a los que padecían persecución y muerte en territorio
callista.
169
170 l Antonio Rius Facius
Esta ausencia indefinida y mortificante del arzobispo tuvo reper-
cusiones inmediatas en toda la diócesis, y hasta es posible que haya
servido de provechoso acicate para que, los más decididos, hayan optado
por seguir el camino de las armas.
Primer brote cristero en Jalisco. —A la recatada y tibia población
jalisciense de San Juan de los Lagos, en donde se venera la imagen
de la Santísima Virgen del mismo nombre, llegaron el domingo 6 de
septiembre, 25 soldados de caballería, al mando del coronel Coello,
Los rancheros portaban en sus sombreros de ala ancha imágenes
de la Virgen o pequeños letreritos con la leyenda “Viva Cristo Rey”.
Placenteramente cruzaban por la plaza que lucía la animación propia
de todos los domingos.
El coronel, molesto por la pública exhibición de fe que hacían los
pacíficos habitantes de San Juan de los Lagos, arrebató a algunos las
insignias que portaban. Esta injustificada provocación estuvo a punto
de ocasionar un tumulto que fue contenido, primero por los soldados,
y después por la pacífica mediación del agente del Ministerio Público,
persona conocida y estimada por los vecinos del lugar.
Para apaciguar definitivamente los ánimos, éste invitó al coronel
a comer. Cuando hubieron terminado, el militar salió solo hacia el
mercado, indiferente al disgusto popular que había provocado su intem-
pestiva conducta. Allí lo esperaban algunos exaltados rancheros dis-
puestos a vengar la humillación sufrida, y entre ellos un jovenzuelo de
12 años llamado Sabás Hermosillo, quien saliéndole al paso al coronel,
le disparó su pistola, matándolo en el acto. El grupo de rancheros se
dirigió entonces hacia el lugar donde estaban los soldados y los obli-
garon a salir del pueblo,
Estos se fueron, pero aquella misma noche regresaron con refuerzos
al mando del mayor Crespo Cantú y tomaron por asalto la población,
cayendo en la lucha varios vecinos y haciendo huir al monte a los
rancheros que pudieron hacerlo.
El primer grupo improvisado de rebeldes había quedado constituido,
pero no intentaron probar fortuna hasta alcanzar un mínimo de orga-
nización, que les fue dada por Miguel Hernández, a quien nombraron
jefe de aquel grupo, integrado por 40 hombres.
En la plaza del cercano pueblo de San Julián, el día 1% de enero
de 1927 a las 4 de la tarde, recibieron la bendición de manos de un
Méjico Cristero 1711
sacerdote de apellido Elizondo, iniciándose así la rebelión cristera en
los Altos de Jalisco.
Al amanecer el 2 de enero atacaron San Juan de los Lagos, mal
defendida por el presidente municipal José María López, su hijo Mi-
guel, el director de la escuela oficial y 6 policías más. Después de
apoderarse de la población, siguiendo la táctica de guerra de guerrillas
que los hizo invencibles, salieron de ,
allí, de manera que, cuando el ge- |
neral callista Ubaldo Garza llegó
para combatirlos, al mando de un
regimiento, no los encontró.
Pronto estalló, en otros lugares
.y con diversa fortuna, la rebelión
cristera, y las hazañas de Victo-
riano Ramírez, apodado El Catorce;
Toribio Valadés, Fernando Pedroza,
Lauro Rocha, el padre Vega y otros
valientes cruzados, casi todos ellos
de extracción acejotaemera, corrie-
ron de boca en boca.
Anacleto González Flores frente
a la situación. —Anacleto González
Flores, al frente de la Unión Popu-
lar, en vano predicaba que el triunfo
Megaría por la fuerza de la razón:
los acontecimientos habían superado
sus previsiones y la fe del pueblo
hecha fuego y pasión depositaba su
voto en lo que él llamó acertada-
mente el plebiscito de los mártires. Lic. Anacleto González Flores, diná-
_ La situación había alcanzado el oa nen? pasan aslaganin de
límite en que la paciencia se con- la Liga en Jalisco.
vierte en colaboracionismo, cuando
no en traición, y el maestro comprendió que su lugar estaba, una vez
más, a la vanguardia del peligro y el ejemplo.
¿No había sido nombrado acaso su antiguo amigo y compañero de
la acim, René Capistrán Garza, jefe supremo del movimiento? Pronto
172 Antonio Rius Facius
entraría en territorio nacional para acaudillar las fuerzas cristeras y,
para entonces, Jalisco debería estar organizado.
Sus proclamas en Gladium, sus latigazos a la conciencia católica
del pueblo, a quien dice: “Tú Serás Rey”, galvanizan los ánimos de
innumerables lectores.
Su amigo y camarada de la Asociación, Miguel Gómez Loza, aban-
dona sus actividades en “El Refugio” y sostiene varias entrevistas con
Anacleto, para dar los toques necesarios al programa de acción.
«El maestro asumirá la jefatura del movimiento en Jalisco para
unificar y dirigir a los alzados desde su escondite de Guadalajara; pero
el impetuoso abogado refugiano partirá al campo a transmitir la acción
coordinadora, cumplimentando en esto, como en todo lo demás, la obra
admirable de esta singular e insuperable dualidad.» *” Y el día 5 de enero
se despide de su esposa sin decirle cuál es el motivo de su viaje y parte
para “El Refugio”. Al llegar allí hacen su entrada las primeras fuerzas
cristeras de la región, y cuida, desde luego, del orden y el respeto que
deben caracterizar a los hombres que luchan por la causa de Dios.
Dos días después de su arribo le llegó la imprenta del pequeño sema-
nario Gladium, pues la situación violentísima que prevalecía en Gua-
dalajara hacía expuesta su impresión y distribución allí.
Cada día se hicieron más frecuentes e intensos los combates soste-
nidos por los cristeros contra las fuerzas del Gobierno, por lo que Gómez
«Loza tuvo necesidad de cambiar el lugar de su residencia a Cerro
Gordo, en plena sierra, donde continuó la impresión de Gladium, la
dirección de algunos grupos armados y la organización de la Unión
Popular.
La acim, peldaño de gloria.—La acim en Guadalajara, como en
todas partes, se había volcado a colaborar en las actividades de la Liga,
de la que la Unión Popular era delegación regional, y los acejotaeme-
ros, cuando no marchaban directamente al campo de batalla, llevaban
a él cartuchos y provisiones, repartían proclamas y se reunían en pe-
queños grupos para organizarse permanentemente en la defensa.
Los círculos de estudio y las grandes reuniones se habían suspen-
dido y a los muchachos que, al calor de la fe contagiosa de todos, que-
rían ingresar a la AcJM para recibir sus enseñanzas y participar de su
heroico espíritu, no les era fácil conseguirlo, pues socios y directivos
andaban a salto de mata, rehuyendo el encuentro con la policía.
“Méjico Cristero 173
El gran acejotaemero y jefe de la Unión Popular, Anacleto Gon-
zález Flores, conocía ese problema y, como todos los que requerían su
atención, hizo lo posible por resolverlo, aceptando junto a sí, con ma-
nifiesta imprudencia para su seguridad, a cuantos jóvenes querían
recibir sus enseñanzas y hacer de ellos nuevos apóstoles de la verdad.
Había llegado a la cumbre de su fe y su pasión apostólica. Con pulso
firme y seguro continuaba escri-
biendo para Gladium, el pequeño gl- Y
gante de papel que llenaba de rabia + P
impotente a los enemigos de Dios. p
La noche del 31 de marzo de
1927 la dedicó a esculpir sobre el
papel, con su letra pequeña, clara,
fácilmente legible, el mensaje pro-
fético de su propia plenitud:
- «El espectáculo que ofrecen los
defensores de la Iglesia es sencilla-
mente sublime. El cielo lo bendice,
el mundo lo admira, el infierno lo
ve lleno de rabia y asombro: los ver-
dugos tiemblan. Solamente los co-
bardes no hacen nada; solamente los
críticos no hacen más que morder,
solamente los díscolos no hacen más
que estorbar; solamente los ricos
cierran sus manos para conservar su 1 3 7
dinero, ese dinero que los ha hecho >
tan inútiles y tan desgraciados.» :
Casa de la familia Vargas González,
Toda la fuerza de su generosi- Mezquitán 407, Guadalajara, Jal., en la
dad, de su confianza en el triunfo que Anacleto González estuvo oculto.
que él no vería, se trasladaba a
sus palabras: «Hoy debemos darle a Dios fuerte testimonio de que
de veras somos católicos. Mañana será tarde, porque mañana se abri-
rán los labios de los valientes para maldecir a los flojos, cobardes
y apáticos.
»Todavía es tiempo de que todos los católicos cumplan su deber;
los ricos que den, los críticos que se corten la lengua, los díscolos qué
se sacrifiquen, los cobardes que se despojen de su miedo, y todos que se
174 Antonio Rius Facius
pongan de pie porque estamos frente al enemigo y debemos cooperar
con todas nuestras fuerzas a alcanzar la victoria de Dios y de su Iglesia.»
Hacia el calvario.—Amaneció el viernes 1? de abril. Por las calles
transcurrían los primeros madrugadores que, en lugares escondidos,
iban a recibir el pan de los ángeles,
A las 6 de la mañana, estratégicamente situados, los esbirros del
gobierno avanzaron por la calle y las azoteas colindantes sobre la casa
` de la familia Vargas González, donde se ocultaba Anacleto. Los mora-
dores de la casa apenas tuvieron tiempo de ponerlo sobre aviso cuando
se dieron cuenta del ataque de que eran víctimas.
Anacleto, que pretendía ocultar su identidad tras de sus crecidas
barbas, comenzó a vestirse precipitadamente cuando fue sorprendido
por sus perseguidores, quienes, pistola en mano, lo conminaron a darse
preso. . -
—A este barbón buscábamos. Diga, hijo de tal: ¿verdad que estuvo
escondido en tal parte? —le preguntaron con saña impertinente, a lo
que, con entereza, respondió el prisionero:
—No sé, no me pregunten más.
Dirigió aún una mirada de congoja para el ama de la casa, implo-
rando perdón por los daños que en su prole iba a acarrear.**
Los agentes cogen presos a tres de los jóvenes Vargas González
bajo el cargo de haber dado albergue al maestro. Anacleto intercede
por ellos, pero su ruego no es escuchado.
Todos los habitantes de la casa abordaron el camión de la policía,
a excepción de Anacleto y los hermanos Vargas González, que son con-
ducidos a pie a la Inspección.
Doña Elvira González de Vargas se despide de sus hijos con esta
frase que encierra un terrible presentimiento: “¡Hijos míos, hasta el
cielo!” 4
Los hermanos Vargas González.—Jorge y Ramón habían de alcan-
zar, horas más tarde, la palma de los mártires. Eran hijos del doctor
Antonio Vargas —el mismo que en la defensa del santuario de Guada-
lupe se había encargado de atender gratuitamente a los deferisores
heridos—, y nacidos en Ahualulco del Mercado, Jalisco, uno el 28 de
septiembre de 1899 y otro el 22 de enero de 1905; tenían, por lo tanto,
27 años, Jorge y 22, Ramón.
Méjico Cristero 175
La familia se radicó en Guadalajara; Jorge entró a trabajar en la
Compañía Hidroeléctrica y Ramón se dedicó a estudiar medicina, en
cuya facultad cursaba el cuarto año, penúltimo de la carrera. Tanto
ellos como su hermano Florencio pertenecían a la Asociación Católica
de la Juventud Mejicana y eran discípulos y amigos de Anacleto.
«Leales a su causa, lo eran también a su jefe y maestro, Anacleto,
a quien abrieron las puertas de su casa (Mezquitan 405, Guadalajara,
“Cuartel Colorado”, al que fueron conducidos para ser asesinados Anacleto Gon-
zález Flores, los hermanos Vargas González y Luis Padilla, acejotaemeros
jaliscienses todos ellos.
Jal.) cuando vieron que tenía que ocultarse para continuar defen-
diendo a Cristo. Este fue su crimen, para los bandoleros que mandaban
en Guadalajara.» * ,
De la Inspección de Policía los hermanos Vargas y Anacleto fueron
conducidos al Cuartel Colorado, donde se encontraron con el presidente
del Comité Arquidiocesano de la acsm de Guadalajara, Luis Padilla
- 176 Antonio Rius Facius
Gómez, que había sido aprehendido, a las 2 de la mañana de ese mismo
día, por soldados de la guarnición de la plaza, quienes penetraron por
un balcón a su casa, como viles bandoleros que eran, para sorprenderlo
en su habitación, donde dormía tranquilamente. De allí lo condujeron,
entre golpes e insultos procaces, al Cuartel Colorado para encerrarlo
en una mazmorra a la que llevaron, horas más tarde, a su madre y
a su hermana.
Después de consumada la aprehensión de Luis, los esbirros se diri-
gieron a casa del doctor Vargas para sorprender al gran jefe cató-
lico de Jalisco. .
Y aquí hago un pequeño paréntesis para decir quién era ese mu-
chacho de 27 años, presidente arquidiocesano de la Acim de Jalisco.
Luis Padilla Gómez.—Luis Padilla Gómez, hijo de Dionisio Padilla
y Mercedes Gómez de Padilla, nació en Guadalajara, Jal., el 9 de diciem-
bre de 1899, Fue educado cristianamente desde su primera edad y
estudió la primaria en el colegio Tomás Fregoso y después en el Insti-
tuto San José, de los reverendos padres jesuitas.
A los 17 años de edad ingresó en el Seminario Conciliar de Guada-
lajara y en él permaneció hasta el 1% de noviembre de 1921, fecha en
que abandonó la carrera sacerdotal por no sentir la suficiente vocación
para seguirla,
Desde su más corta edad, Luis perdió a su padre, y sus sentimien-
tos afectivos enmarcados dentro de la fe en Dios, supieron encontrar
cumplida correspondencia en su madre, sus dos hermanas y un hermano.
Era de conducta intachable, firme voluntad y pureza de costumbres.
Pródigo de sí mismo, en su casa daba clases gratuitas a los que se lo
solicitaban, y su labor social y apostólica dentro de la acsm fue tan
distinguida que se hizo merecedor al puesto de presidente arquidio-
cesano, así como al de secretario de.la Unión Popular cuando ésta se
convirtió en delegación regional de la Liga Nacional Defensora de la
Libertad Religiosa. i
Su acción estaba basada en una sólida piedad que practicaba no
sólo en el templo sino en su propio hogar, donde había construido
un artístico altarcito.
De él es esta oración que trasluce su devoción mariana:
«María: antes que el mundo fuera, Tú ya eras en la mente del
Altísimo, pura como la luna, Tú en tu concepción sin mancha, vence-
Méjico Cristero 177
dora del dragón. Tú en tu nacimiento, esperanza del Mesías. Tú en el
templo, modelo de vida oculta. Tú en la Encarnación, punto de unión
entre la humanidad divinizada y el Dios humanizado. Tú en Belén,
primer altar del Niño Dios. Tú en el Calvario, supremo sacerdote
Arriba: Luis Padilla Gómez,
cuya vida estuvo enmarcada
en un propósito ascendente de
perfección eristiana.—Izquier-
da: Casa en que nació Luis
Padilla, en Guadalajara.
que ofreces a tu propio Hijo Divino. Tú en el Cielo; nuestra única espe-
ranza. Tú siempre ¡Madre!»
Cuando la persecución religiosa se recrudeció en 1926, Luis des-
plegó toda su actividad al frente de sus compañeros de la AciM para
hacer sentir eficazmente el boicot y colaboró con Anacleto en las acti-
vidades de la Liga. Fue entonces cuando su vocación sacerdotal des-
-MÉXICO, CRISTERO.—12
i
178 Antonio Rius Facius
pertó nuevamente en su espíritu con fuerza incontenible y quiso seguir
el camino por el que Dios lo llamaba; camino de gloria que los desig-
nios divinos hicieron breve, luminoso y ejemplar.
Con absoluto desprendimiento de sí mismo ofrendó su vida al Señor
de los cielos en esta bellísima oración:
* «¡Oh, Jesús mio!, símbolo del amor y del dolor.
»Tú me has amado hasta el presente, hasta el Calvario, hasta el altar.
»Yo quiero amarte y hacer de Ti solamente mis delicias. l
»Sólo Tú, Jesús mío, y para siempre.
»Yo te seguiré por el camino de todos los olvidos, de todos los des-
precios, de todos los dolores.
>Si alguno quiere venir en pos de mí —dices—, niéguese a sí mismo,
tome su cruz y sígame. ` .
>Si, Jesús, yo te seguiré, pasando sobre todo el mundo, sobre todo
el infierno y sobre mí mismo; entre tanto, Señor, yo te ruego: entre
tus llagas escóndeme.»
El triunfo del martirio.—Los tres hermanos Vargas González y Ana-
cleto llegaron al Cuartel Colorado a media mañana. Entraron los cinco
prisioneros a un mismo salón y dio comienzo el interrogatorio. Ana-
cleto aceptó la responsabilidad de sus actos, pero se negó a revelar los
secretos que poseía sobre la organización del movimiento cristero. Para
obligarlo a delatar a sus jefes y compañeros la soldadesca comenzó a
golpearlo, sin resultado alguno.
El general Ferreira, su principal verdugo, ordenó que fuese suspen-
dido de los pulgares y allí' golpeado y herido en las plantas de los pies
con una navaja, pero su resolución de callar superó al dolor del tor-
mento. En vano lo interrogaron sobre el paradero del arzobispo de Gua-
dalajara, pues persistió en callar lo que sabía. Al fin fue descolgado
y un sayón le dio tan fuerte golpe con la culata de su fusil en el hom-
bro, que se lo fracturó.
El interrogatorio y los golpes continuaron con sus compañeros, pero
éstos, siguiendo el ejemplo del maestro, se negaron a revelar dato al-
gune que pudiese perjudicar la causa que defendían. Los verdugos
suspendieron por unos momentos el tormento y el general Ferreira
ordenó que ahí mismo se improvisase un consejo de guerra sumarí-
simo. Farsa inútil para justificar un crimen premeditado que violaba
“la suspensión federal, las garantías humanas, la humanidad misma”.
Méjico Cristero 179
Cuatro de los cinco prisioneros fueron condenados a muerte “por
estar en connivencia con los rebeldes”.
«Al oír la sentencia, Anacleto respondió con estas recias palabras:
“Una sola cosa diré; y es: que he trabajado con todo desinterés por
defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Vosotros me mataréis,
pero sabed que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de
mí dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la segu-
ridad de que veré pronto, desde el cielo, el triunfo de la religión en
mi patria”»*
La soldadesca separó a Florencio Vargas González del número de
sentenciados, por creer, erróneamente, que aún no cumplía la mayoría
de edad.
Anacleto sangraba abundantemente y el general ordenó que se le
formase el cuadro de ejecución, pero éste pidió que se fusilase primero
a los hermanos Vargas y a Luis Padilla para poder confortarlos hasta
el último momento. l
Dominando sus dolores físicos exhortó a sus hermanos de martirio
a sufrir con entereza su liberación eterna, y como Luis le hiciese saber
su deseo de confesarse, Anacleto le respondió: i
- —No hermano, ya no es tiempo de confesarse, sino de pedir per-
dón y perdonar. Es un Padre, y no un Juez, el que te espera. Tu mis-
ma sangre te purificará.
Los cuatro rezaron, en voz alta, el acto de contrición.
"No bien hubieron terminado de hacerlo, Jorge y Ramón Vargas Gon-
zález fueron fusilados.
Luis Padilla pidió a sus verdugos unos momentos más de vida para
ofrendársela a Dios. Se arrodilló y, reconcentrado en sí mismo, debe
“haber repetido la plegaria que él mismo compusiera tiempo atrás:
«¡Tú, señor, dijiste que cuando fueras levantado entre el cielo y la
tierra, atraerías hacia Ti todas los cosas! Señor: elévate en mi alma
por la contemplación de tus dolores y por la participación de tu cruz!
.¡Señor, mi miseria, mi egoísmo y mis pecados me impiden pedirte dolo-
res; pero si ellos han de elevar mi alma uniéndola contigo... Señor,
elévate en mi alma!»
De rodillas, absorto en su oración, recibió la descarga que le abrió
las puertos del cielo.
Anacleto se dirigió al general Ferreira y, con voz emocionada, pero
firme, le dijo:
180 ra Antonio Rius Facius
Arriba: Cadáver del licenciado Anacleto González Flores.—Abajo: Jorge y Ramón
González Vargas, compañeros de martirio del maestro.
Méjico Cristero i 181
—General, perdono a usted de corazón; muy pronto nos veremos
ante el tribunal divino; el mismo Juez que me va a juzgar, será su
Juez, y entonces tendrá usted en mí, un intercesor con Dios.
«Sus últimas palabras se dirigieron a los soldados que iban a eje-
cutarlo, los cuales se negaron a disparar sobre ese hombre de elocuen-
cia divina, de asombroso valor, de santidad de mártir. Entonces el jefe
de las armas hizo una seña a un capitán que estaba al lado de Ana-
cleto, el cual comprendió la orden muda que se le daba, hundió un
Al sepelio de los hermanos Vargas y Luis Padilla concurrió en masa el pueblo
` tapatio, como público homenaje a los heroicos acejotaemeros sacrificados.
marrazo en el costado izquierdo de la víctima, la que cayó bajo una
lluvia de balas que entonces dispararon los soldados.»
-~ Antes de expirar el héroe, haciendo un supremo y postrero esfuerzo,
"pronunció estas sublimes palabras:
—Por la segunda vez oigan las Américas este santo grito: Yo muero,
pero Dios no muere. ¡Viva Cristo Rey!
:. «Muere a los treinta y ocho años, a medio día —vida y jornada—
en viernes primero y en primavera.» * -
182 ` Antonio Rius Facius
En una ambulancia fueron trasladados los cuatro cuerpos a la Ins-
pección de Policía y arrojados en el patio. Ahí permanecieron toda la
tarde y hasta la noche fueron entregados a sus familiares.
Un tropel de gente invadió las casas donde se velaba a los márti.
res, y aquel río humano fue superado al día siguiente, cuando fueron
conducidos al cementerio. e
Aquello, dijeron los cronistas, no parecía un sepelio, sino un triunfo.
Un triunfo que el raciocinio infantil de un hijo de tres años condensó
en esta frase:
«Unos hombres malos lo mataron porque amaba mucho' al Niño
Jesús.»
XVII
FUEGO EN EL BAJIO
Levantamiento anticipado.—José Valencia Gallardo.
Ezequiel Gómez.—Salvador Vargas.—Nicolás Nava-
rro.—Alistándose a la defensa.—Conspiración des-
cubierta.
Levantamiento anticipado.—Las delegaciones locales de la Liga,
gobernadas casi todas ellas por acejotaemeros, estudiaron la posibilidad
de iniciar el movimiento anunciado en el “Manifiesto a la Nación”, de
René Capistrán Garza, el 1? de enero de 1927, día en que se esperaba
que éste lo iniciara en la frontera norte de la República.
Anacleto González Flores, desde la capital de Jalisco, movilizó sus
huestes acejotaemeras y de la Unión Popular para ejecutar en su re-
gión la parte que le correspondía del proyectado plan. El occidente
de Méjico estaba en sus manos, y, con incansable dinamismo, recibía
y despachaba diariamente emisarios de todo el Bajío, a quienes im-
partía órdenes e instrucciones.
El estado de Guanajuato era punto clave para dar el golpe de sor-
presa. En la ciudad de León y poblaciones circunvecinas, durante los
últimos días del mes de octubre de 1926, se efectuaron varias juntas
secretas para estudiar los distintos aspectos del levantamiento.
A la última reunión de los conjurados, celebrada la noche del 27 de
diciembre, concurrieron más de doscientas personas. En ella se' con-
vino que, debido a dificultades imprevistas surgidas a última hora, el
levantamiento se aplazara para la noche del 3 de enero.
183
184 - Antonio Rius Facius
Esta decisión no pudo ser comunicada a todos los grupos compro-
«metidos fuera de la ciudad, por lo que en Jalpa de Cánovas, Gto., y San
Diego de Alejandría, Jal., situados a diez kilómetros de distancia uno
del otro, se adelantaron a la fecha posteriormente convenida.
En Jalpa de Cánovas, el Pbro. Pedro N. González se había hecho
cargo de la vicaría por órdenes del arzobispo de Guadalajara, Mons.
Orozco y Jiménez, en el año de 1920.
Desde entonces databa la meritoria e intensa labor social que entre
todos los vecinos había desarrollado hasta culminar con la fundación
y posterior desarrollo de la acym en aquella población.
Cuando se hizo improrrogable el plazo para detener la resistencia
armada contra la tiranía, fue el padre González el amigo fiel y con-
sejero prudente que templó los ánimos y dio confianza a sus feligreses
para que siguieran el único camino que les trazaba el deber.
El Grupo Local de la Acsm, que presidía Víctor López, estaba for-
mado por una treintena de muchachos decididos. Con ellos se dio co-
Méjico Cristero 185
mienzo a la formación del primer núcleo de defensores que organizó
Agustín Gutiérrez, secundado por Severiano Gallegos.
En San Diego de Alejandría, Jal., se había formado otro contingente
de combatientes jefaturados por Silvano Valdés Aceves. En uno y otro
lugar acordaron apoderarse de San Francisco del Rincón, Gto., el día
2 de enero, encontrándose antes en un lugar llamado Purísima del
Rincón, situado a dos kilómetros de San Francisco. En la madrugada
de ese día salieron los de San Diego y se apoderaron, sin gran difi-
-cultad, del pequeño poblado de la Purísima y de allí continuaron solos
hasta San Francisco del Rincón, inmovilizaron a la policía, destruye-
-ron las líneas del telégrafo y cerraron los caminos que conducían a la
ciudad de León.
Llenos de júbilo asistieron en la plaza a la primera misa oficiada
por el padre Fernando Escoto, capellán de los cristeros de San Diego.
Aún no terminaba el oficio divino cuando corrió la noticia de que se
acercaban, procedentes de León, varios camiones cargados de soldados
callistas; como los entusiastas y novatos cristeros no tenían sino pocas
armas y escasas municiones, optaron prudentemente por abandonar la
plaza. Su salida coincidió con la llegada de las primeras avanzadas de
los de Jalpa, y juntos retrocedieron por el camino andado para dividirse
en varios grupos. Algunos de los que no tenían armas regresaron a
sus hogares, otros emigraron hacia el norte y sólo un pequeño grupo
permaneció en pie de lucha, internado en el monte hasta que pudo
unirse a las fuerzas que comandaba Miguel Hernández, quien al frente
de sus hombres entró en la hacienda de Jalpa de Cánovas el 11 de marzo.
A este pequeño regimiento se le dio el nombre de Libres de Jalpa.
El mismo padre González tuvo necesidad de ausentarse de Jalpa
para ir, de un rancho a otro, ejerciendo su ministerio sacerdotal.
La noticia de la entrada de los cristeros en la importante villa de
San Francisco del Rincón, Guanajuato, se supo en la ciudad de León
ese mismo día, provocando, a la vez que un excesivo e imprudente
optimismo, no poca confusión sobre la fecha señalada para el levan-
tamiento de la comarca.
José Valencia Gallardo.—Se impone, antes de seguir adelante, pre-
sentar a los principales personajes de esa jornada tan sangrienta cuanto
` gloriosa, que hizo exclamar a su santidad Pío XI cuando se le dio a
conoce: et palmae in manibus eorum... gloria Christi, Sanguis marti-
186 Antonio Rius Facius
rum semen (...y la palma está en sus manos. La sangre de los már-
tires es semilla de cristianos).
José Valencia Gallardo era, al tiempo de ocurrir estos sucesos, pre-
sidente del Grupo Local de la acim de León. Contaba, por consi-
guiente, con amplísimo prestigio personal, no sólo entre sus compa-
ñeros, sino entre todos los leoneses.
Originario de Buenavista Toma-
tlán, estado de Michoacán, era hijo
de dos cristianos vecinos de Coti-
ja: Felipe Valencia y Martina Ga-
Hardo de Valencia. A los ocho me--
ses de edad quedó huérfano de
padre, y su madre estableció en-
tonces una pequeña escuela para
ganar en ella el sustento. Allí educó
al pequeño José, a quien, cuando
contaba cuatro años, consagró a
Cristo y a la Santísima Virgen, con-
sagración que quedó indeleblemen»
te fijada en la memoria del niño.
Su despierta inteligencia asimi-
ló con facilidad la enseñanza prima-
ria y, a los nueve años, ingresó de
interno en Guadalajara al Orfana-
torio del Sagrado Corazón, pero no
permaneció allí ni en otros cole-
gios mucho tiempo, pues a la edad
de quince años comenzó a trabajar
como director en la pequeña escue-
lita parroquial de Los Reyes, pue-
José Valencia Gallardo, presidente del blo cercano a Buenavista. Su inex-
Grupo Local de la acīm de León, Gto. periencia lo obligó a cambiar de
trabajo y, a los diecisiete años, era
¡secretario de juzgado! En busca de mejor fortuna se marchó a Tam-
pico para trabajar en los campos petroleros, pero no logró su intento
y tuvo que conformarse con un modesto puesto burocrático.
Fue entonces cuando intensificó su labor social. Ingresó en la acim
y en ella hizo sus primeras armas como escritor en el periódico Lumen.
Méjico Cristero : f 187
Además se hizo socio de la Adoración Nocturna. Seis meses más tarde
se trasladó a El Ebano, San Luis Potosí, para hacerse cargo de la escuela
de aquel lugar y volvió a reunirse con su madre. No obstante sus pocos
años, su sólida cultura y su entrega fervorosa al trabajo le granjearon
las simpatías populares y el encono y la envidia de los mediocres al
servicio incondicional del cacique lugareño.
Pero su entusiasmo y actividad se sobrepusieron a las críticas de
sus enemigos y pronto logró reunir numerosos obreros católicos con
los cuales fundó un Grupo Local de su querida acsm. Esto ocasionó que
el odio de sus enemigos se desbordara y, con el fútil pretexto de que se
había negado a prestar el local de su escuelita para hacer en él un
baile, fue golpeado bárbaramente.
Pero no era con golpes como podían amedrentar a un hombre del
temple y entereza de José, quien continuó valientemente su camino de
apostolado en aquel pueblo, que carecía de sacerdote, hasta que, en 1924,
decidió ir con su madre a radicar a León, donde recomendado por el
obispo De la Mora, ocupó el puesto de profesor en un colegio católico.
En León, Valencia Gallardo se inscribió como socio efectivo en el
Grupo Local de la acym. Su presencia se hizo notable desde el primer
momento: sobresalían su talento y sus conocimientos en los círculos
de estudio, era modelo varonil de piedad y autor de iniciativas concretas,
prácticas y eficaces, para hacer que la acción social del Grupo fuera
más amplia y diera mejores resultados. Su esfuerzo se vio coronado
con la publicación de una revista mensual titulada Argos, de la que
él fue director, y Salvador G. Vargas, administrador.
Al recrudecerse la lucha contra el catolicismo en Méjico, se ins-
cribió de los primeros en la Liga Defensora de la Libertad Religiosa,
y, para ampliar su labor de propaganda católica, fundó un pequeño y
combativo periódico al que tituló La Voz del Pueblo. Desde sus co-
lumnas, como hacía Anacleto en las de Gladium, Valencia Gallardo
flageló implacablemente a los enemigos de Dios, a los perversos que
desde la cumbre del poder predicaban el respeto a la ley con las manos
sucias de sangre y de oro.
Su probada capacidad de jefe pronto fue conocida por los directivos
de la Liga y recibió el nombramiento de delegado regional de ésta en
León. Fue así como organizó primero la defensa pasiva por medio del
boicot, y después el golpe armado para apoderarse del municipio de
León.
i
188 ` Antonio Rius Facius
Ezequiel Gómez.—Secundaba la audaz empresa Ezequiel Gómez,
originario de León. Nació el 9 de abril de 1902. Fueron sus padres
Felipe Gómez y Lucina Martínez. Desde pequeño se distinguió por
su acrisolada piedad que se manifestaba en la frecuencia con que se
acercaba al divino banquete eucarístico, y su integridad física que con-
,servó hasta el fin de sus días. En 1920 su familia fue a radicar a Indian
Harbor, Estados Unidos, y allí permaneció tres años, ayudando con su
trabajo al sostenimiento de su hogar. A su regreso a León se afilió a la:
Asociación de la Vela Perpetua, a la Congregación Mariana y a la ACJM.
Juan Carpio Ornelas, otro már-
tir acejotaemero, decía de él:
«Conocer a Ezequiel era esti-
marlo: daba la impresión de un
hombre feliz y su carácter jovial
siempre le abrió paso fácilmente
y le ganó muchas amistades. Per-
sonificaba a la juventud con to-
das sus ilusiones y su entusiasmo,
con sus generosas esperanzas.»
Un carácter tan integro como
el suyo no podía eludir la respon-
Ezequiel Gómez, acejotaemero qwe per-
dió la vida al lanzarse a la defensa a a ñ
armada en León, Gto. sabilidad de participar activamen-
te en la defensa de los derechos
humanos; así, pues, cuando la Liga hizo su angustioso llamado nació-
nal, Ezequiel fue de los primeros en pasar lista de presente.
Salvador Vargas.—Otro representante auténtico del pueblo meji-
cano era Salvador Vargas, joven obrero que se dedicaba a la industria.
doméstica del calzado. Hijo de Emiliano Vargas y María de la Luz
González de Vargas, nació en la ciudad de León el 17 de noviembre
de 1903, y no obstante el medio humilde en que siempre vivió, logró
conservar su pureza física y moral con ayuda de una fe sólida y activa,
pues «encontraba fuerzas en la comunión diaria. He ahí el secreto de
aquella alma; he ahí la fuente de donde sacaba su fortaleza y más tarde
su heroísmo. Salvador era de esas almas privilegiadas que se trans-
forman al recibir la sagrada comunión. Verlo arrodillado con profundo
respeto y devoción después de la comunión, era sentirse edificado y
conmovido», atestiguó su amigo y compañero Carpio Ornelas.
Méjico Cristero
189-
- En el Grupo Local de la acim, Salvador se entregó con fruición al
estudio de los problemas so-
ciales, y pronto su modesta
biblioteca se enriqueció con
libros sobre religión, moral,
sociología cristiana e historia
patria, con cuya lectura acre-
centó los conocimientos adqui-
ridos en los círculos de es-
tudio.
No sólo dentro de la Aso-
ciación, sino fuera de ella,
Salvador ejerció saludable in-
fluencia entre sus amigos. In-
vitó a muchos de sus compañe-
ros de oficio a ingresar en la
ACJM y a otros en la Confede-
ración Católica del Trabajo;
y todos, finalmente, engrosa=
ron las filas de la Liga Defen-
sora de la Libertad Religiosa.
Su ejemplo subrayó la sinceri-
dad de su palabra, aun antes
que su sangre diera testimo-
nio definitivo de su fe.
Cuando el boicot se exten-
dió por casi toda la nación
para demostrar a los perver-
sos que Méjico no se rendía
a los perseguidores, fue José
Valencia Gallardo el que diri-
gió en León la organización
del bloqueo económico social,
y Salvador Vargas su más in-
Juan Carpio Ornelas, acejotaemero, testigo
de los acontecimientos ocurridos en León,
Gto., al iniciarse la rebelión cristera. Por
su decisiva actuación durante el conflicto
religioso fue recluido dos veces en el penal
de las Islas Marias y finalmente asesinado el
23 de diciembre de 1933.
mediato colaborador, junto con los demás acejotaemeros de la ciudad.
Una de las acciones ejecutadas para obtener los fines propuestos
fue la de abstenerse de concurrir a toda clase de diversiones públicas
o privadas. El domingo 29 de agosto de 1926, Salvador Vargas, al frente
190 - Antonio Rius Facius
de un grupo de damas, se situó frente al Teatro Doblado, suplicando
a todas las personas que se acercaban a la taquilla que se abstuvieran
de entrar, en demostración de luto nacional. A las 12 del día fue
aprehendido y llevado a la cárcel.
Los acejotaemeros, con Valencia Gallardo a la cabeza, se movili-
zaron para conseguir la libertad de su compañero. Entrevistaron al
presidente municipal Guadalupe Núñez y le hicieron ver la inconsis-
tencia de la acusación que pesaba sobre Vargas, pero aquél «que era
muy falto de valor civil y de criterio propio, dijo que él no era culpa-
ble de la prisión de Vargas, sino que el síndico, licenciado Santiago
García, era quien había ordenado su aprehensión.»
Igual orden había sido dada contra las damas que, frente al mismo
teatro, continuaron ejerciendo su labor de convencimiento. Varios po-
licías, a bordo de un camión, llegaron para aprehender a esas vale-
rosas propagandistas, pero el pueblo que se había reunido en gran
número en aquel lugar lo impidió, y marcharon voluntariamente las
mujeres por en medio de la calle, acompañadas de la multitud, hacia
la cárcel. Frente a la Inspección de Policía el pueblo leonés ocupó
toda la calle para pedir la libertad de los prisioneros.
`. Temerosos de la ira popular, aquellos sátrapas dejaron marchar a
las damas, pero esto no satisfizo a la multitud, que amenazó con asaltar
la prisión para libertar a Vargas. El presidente municipal no tuvo
más remedio que obedecer la voluntad soberana del pueblo y ceder al
terrible miedo que se había apoderado de él.
«La multitud, capitaneada por los acejotaemeros, fue a las puertas
de la cárcel a recibir a Salvador, quien, al salir de la prisión, tuvo un
gesto de gallardía juvenil que jamás olvidaremos —dice un testigo pre-
sencial—: en los umbrales de la prisión vio a la multitud que se api-
ñaba, y descubriéndose bruscamente, con gran audacia gritó: ¡Viva
Cristo Rey! Electrizada la multitud le contestó con un atronador viva
el Rey de reyes, y tomando a Vargas lo llevó en silla de manos, mien-
tras lanzaba estruendosos gritos y vitores a Cristo, a la Guadalupana,
a la Iglesia, a la Liga, a la acīm y al joven libertado.» **
Nicolás Navarro.—De aquel grupo selecto de acejotaemeros era tam-
bién Nicolás Navarro, quien nació en el barrio del Coecillo, en la ciu-
dad de León, el 10 de diciembre de 1905, y era hijo de Hilario Navarro
y Andrea Hidalgo de Navarro. Cursó su primaria en el colegio del
Méjico Cristero . 191
i
Sagrado Corazón de Jesús y, en 1918, ingresó en el Seminario Con-
ciliar, donde cursó latinidad. Al no sentir firme vocación para el sacer-
docio, dejó el seminario y se dedicó al pequeño comercio.
-«En 1925 contrajo matrimonio con una virtuosa joven llamada Sole-
dad Durán. Empezaban a gozar de la dulce paz y contento de su cris-
tiano enlace, cuando se levantó la borrasca de la persecución religiosa.
La grande fe cristiana y el ardor juvenil de Nicolás no podían sufrir
impasibles los ultrajes hechos a su religión. Cuando el 31 de julio
apareció el decreto de Calles fijado en el cancel del templọ de San
Francisco, lleno de santa indignación lo arrancó de allí y lo puso fuera,
sobre el muro, diciendo: “ese papel no debe profanar el lugar santo”.» ™!
Fue nombrado jefe de la Liga en su barrio y allí desplegó gran
actividad apostólica en la organización del culto hasta lograr que, en
su propia casa, se celebrase diariamente la santa misa.
Protagonistas también de la heroica tragedia leonesa fueron Agus-
tín Ríos, casado, padre de una pequeñita de nueve meses dé edad,
obrero del barrio del Coecillo, humilde e ignorado hasta que votó, con
su sangre cristiana, en el plebiscito de los mártires. Y José Gasca,
arriero, originario de Ibarrilla, distrito de León, de 35 años, dedicados
„al merecimiento cotidiano de la palma con la que Dios premió su
ignorada entrega a su voluntad divina.
Alistándose a la defensa.—El conocimiento previo de los principa-.
les personajes de aquel episodio resalta el significado nacional que
alcanzó. Eran, todos ellos, representantes auténticos de la sociedad
mejicana, enlazados entre sí por un ideal común que ahondaba el sen-
tido-de la hermandad, natural en un pueblo que siempre ha preferido
los valores eternos del alma sobre todo interés mezquino y utilitario.
Aquella noche del 27 de diciembre de 1926 se había planteado, en
definitiva, la necesidad de sostener, con las armas en la mano, este
derecho irrenunciable a ser dueños de su propio destino.
Se formularon varios proyectos y quedó aprobado definitivamente
el más viable y espectacular de todos, consistente en apoderarse, por
medio de un audaz golpe de mano, de la ciudad de León. Contaban
para ello con suficiente número de hombres que podían enfrentarse
con éxito a la escasa guarnición militar de la ciudad.
Nicolás Navarro emprendió rápida gira por todas las rancherías de
los alrededores, para poner de acuerdo a todos los grupos comprome-
` 192 P Antonio Rius Facius
tidos sobre la manera de actuar en el momento decisivo. Y en el barrio
- del Coecillo invitó al comisario de policía, Domitilo Torres, de quien
había sido padrino de matrimonio, a unirse a la conjuración con sus
subordinados. Domitilo mostró gran entusiasmo y prometió la total
ayuda solicitada.
También le fueron dados a conocer estos preparativos del levanta-
miento al inspector de policía de la ciudad de León, J. Natividad López.
Este se mostró de acuerdo con el plan y prometió su colaboración y
la de cuarenta rurales a su mando, con la única condición de que se le
diera el grado de coronel en el ejército libertador.
La modificación, a última hora, de la fecha convenida para el ata-
que a la ciudad, provocó la salida y posterior desintegración de los
primeros alzados que se apoderaron de San Francisco del Rincón, Gto.
Pero el optimismo de los jóvenes cruzados no sufrió mengua y la
noticia de su próximo levantamiento corrió de boca en boca hasta oídos
del mismo gobernador del estado, Ing. Enrique Colunga. `
Durante la mañana del 2 de enero en el domicilio de Carpio Orne-
las hubo gran actividad: de allí salieron las últimas órdenes precur-
soras del levantamiento. Y allí recibieron el pan de los fuertes aquellos
heroicos cruzados.
Nicolás Navarro obtuvo la bendición de sus padres y, cuando se
despidió de su esposa, ésta le dijo tratando de retenerlo:
—Qué ¿no te duele dejarnos a tus hijos y a mí? -
—No —contestó el héroe—, primero debo defender la causa Ve Dios,
y si tuviera diez hijos, los diez los dejaría por Dios. Cuando mi hijo
crezca le dirás que su padre ha muerto por defender la religión.
Ezequiel Gómez participó a su madre, antes de partir, el presen-
timiento que lo embargaba, incapaz, sin embargo, de doblegar su espí-
ritu:
—Yo deseo morir —le dijo— porque sé que el Señor quiere mi san-
gre para salvar a la patria.
Salvador C. Vargas G. presentía también que su gran aventura podía
ser definitiva en su trayectoria hacia Dios. Cuando un amigo le pre-
guntó, horas antés de salir:
—¿Y qué posibilidades tienen ustedes del triunfo?
Salvador respondió con serenidad y entereza:
—Creo que nosotros moriremos. No veremos el triunfo, pero Mé-
jico necesita sangre, mucha sangre para su purificación. Le aseguro
Méjico Cristero l 193
que el triunfo llegará. Cristo recibirá el homenaje que le es debido.
Se lo aseguro, tan cierto como que estoy aquí vivo y mañana muerto».
Carpio Ornelas, testigo presencial de aquellos preciosos momentos
que elevaron el destino de la nación mejicana hacia la cumbre del
ejemplo universal, dejó escrito lo que vio:
«El domingo fatal, José (Valencia Gallardo) se esmeró en poner
ternura en las últimas caricias que prodigó a su madre. Recibió la
sagrada comunión muy entrado el día y, por última vez, sin decirle
el proyecto que lo atormentaba, pidió 8 bendición de su madre, y la
besó largamente.
'»Conservando su carácter sereno en aquellas últimas horas, ¿tuvo
el presentimiento de la muerte que lo aguardaba?; en varias ocasiones
expresó estos presentimientos y su conformidad de acatar en todo la
voluntad divina. Este último día.obró con extraordinaria sangre fría.
»Esa noche se reunieron aquellos entusiastas. José, según nos han
referido testigos presenciales, estaba poseído de una alegría desbor-
dante. A él y a su íntimo amigo Salvador les tocó en suerte montar la
primera y la última guardia.»
Esta guardia fue hecha en “La Brisa”, una huerta situada en la
orilla del barrio del Coecillo.
Conspiración descubierta.—A las diez de la noche el número de los
que se habían reunido en ese lugar no llegaba a 25, por lo que se deci-
dieron esperar al inspector de policia y sus 40 rurales montados.
Pero Domitilo Torres, al retirarse de la última reunión, fue al en-
cuentro de Natividad López y Alejandro Carlín, para denunciar los deta-
lles del levantamiento al presidente municipal.
El día 1? de aquel año había tomado posesión de la Junta de Admi-
nistración Civil de León, Ramón Velarde, un tipo despreciable que
contaba en su haber el asesinato de su propio hermano.
«Cuando terminaron los delatores de referir el plan que se tenía
preparado y de describir el lugar exacto en que los jóvenes católicos
se encontraban, se encaminaron al portón de “La Brisa”, del barrio
de El Coecillo: en un automóvil iban. José Rodríguez C., Pascual Urtaza
Gutiérrez y Antonio Gálvez; y en otro coche los agentes de policía y
dos desconocidos. Se dirigieron a la comisaría de Coecillo, mientras
Natividad López marchaba a pie y se destacaba la gendarmería mon-
tada al mando del oficial Joaquín Chávez.»
MÉXICO CRISTERO.—13
194 Antonio Rius Facius
Al pasar por la calle de El Chayote, encontraron a Nicolás Navarro
y a su asistente José Vázquez quienes, sorprendidos, no pudieron es-
capar y fueron amarrados y conducidos por delante hasta llegar a
La Brisa.
Cuando escucharon los pasos y las voces de los que se acercaban,
Salvador Vargas, José Valencia Gallardo y Ezequiel Gómez fueron
a su encuentro y con un “¿quién vive?” marcaron el alto a los desco-
nocidos.
—Cristo Rey —contestó débilmente Domitilo Torres, al mismo
tiempo que, por sorpresa, ordenó a los hombres que lo acompañaban
que desarmasen a los tres muchachos.
Sus compañeros, acampados en las cercanías del río Turbio o de
Los Gómez, al oir tales ruidos sospechosos ordenaron a Ezequiel Gó-
mez y Agustín Ríos que investigaran lo que sucedía en La Brisa, y al
llegar éstos allí fueron aprehendidos. Otros jóvenes más que salieron
tras ellos, corrieron la misma suerte, pero uno pudo regresar a tiempo
para avisar a sus compañeros, que se dispersaron,
Los prisioneros fueron conducidos a la Inspección de Policía; ahí
ya los esperaba el presidente municipal quien, con el diputado José -
Rodríguez C., Pascual Urtaza, Alejandro Carlín, Antonio Gálvez,
J. Natividad López y otros de la misma ralea, improvisó un tribunal
para formar un consejo de guerra, contra la opinión expresa del ca-
pitán Alcántara, jefe de la guarnición, quien opinó que se les debía de
poner a disposición de la Jefatura de Operaciones de Guanajuato.
«Los jóvenes declararon unánimemente que habían resuelto tomar
las armas impulsados por la fuerza de sus convicciones, para conse-
guir la libertad de la Iglesia y de la patria. Firmaron sus declaracio-
nes, que no eran sino rotundas confesiones de su fe, y esperaron el
fallo de aquel espurio y parcial consejo de guerra. Velarde, amo y se-
ñor de los otros, pronunció el fallo al decir al capitán Alcántara:
»—Capitán, se los entrego y los fusila por rebeldes.
»Alcántara se niega a ejecutar una orden que provenía de persona
incompetente para darla y asegura que necesita recibir órdenes de la
Jefatura de Operaciones, insistiendo en que los presuntos deben ser
puestos a disposición de aquélla.
>»José Rodríguez C. intervino: Nada de poner a la disposición de
- nadie, Lo que no se hace en caliente, después ya no se hace. Y en ca-
liente se decidieron a cometer el gran crimen.» ™
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Méjico Cristero 195
Fueron conducidos de nuevo a La Brisa, y en el camino, al aflo-
jársele las ligaduras que lo sujetaban, pudo escapar uno de los sen-
tenciados.
Transcurrían las primeras horas del día 3 de enero de 1927. Al lle-
gar al lugar escogido para cometer el crimen, los soldados comenzaron
a disparar sobre los prisioneros para simular que éstos habían muerto
en combate. Antes de morir, le cortaron la lengua a José Valencia
Gallardo para que no siguiera alentando a sus compañeros con el grito
desafiante de ¡viva Cristo Rey!, y a Nicolás Navarro le destrozaron
la boca a culatazos de fusil.
De aquella vorágine sangrienta pudieron escapar con vida, mila,
grosamente, J. Isabel Juárez, quien quedó ligeramente herido, y otro
más.
«Como a las cinco de la maña-
na entró por el sur de la ciudad
una partida de campesinos proce-
dentes de la hacienda de Santa
Rosa y rancherías circunvecinas,
quienes, sin saber lo ocurrido, se
encaminaron a la Inspección de x.
Policía y al Cuartel de los Angeles. ón neo
- — »Los gendarmes de la monta- p
da (los charros) tan luego como i EN
se dieron cuenta de que se acer- Cadáveres de Ezequiel Gómez, José Va-
caba gente armada, emprendieron lencia Gallardo, Salvador Vargas y Nico-
la fuga escondiéndose donde po- lás Navarro.
dian y despojándose del uniforme.
»Dos de aquellos ingenuos campesinos que se dirigieron a atacar
el Cuartel de los Angeles al grito de ¡viva Cristo Rey!, perdieron la
. vida a la descarga que hicieron sobre ellos los soldados federales, pues
uno de dichos campesinos sólo llevaba una carabina gúilotera.
»Entre las seis y las siete procedieron los esbirros del gobierno a
recoger los cadáveres de las víctimas. Ya sin miramiento alguno los
habían arrastrado y llevado para amontonarlos muy cerca del portón
que da entrada al establo de La Brisa..
- '':»Los cuerpos de los jóvenes sacrificados fueron expuestos durante
“toda la mañana en la plaza principal y frente al palacio municipal para
oprobio de ellos y escarmiento de los demás, según los planes del go-
196 Antonio Rius Facius
bierno; pero en realidad para su glorificación y aliento de los cató-
licos, pues nunca dejará de ser verdadero el apotegma de Tertuliano:
La sangre de los mártires es semilla de cristianos.
»De allí los llevaron al Hospital Civil, donde permanecieron inse-
pultos durante dos días, pues no permitieron a sus familiares llevarlos
a sus domicilios, como una manifestación de odio a los muertos; mas
disponiéndoló así Dios, para que recibieran sus mártires los homena-
jes del pueblo fiel. Grande era la fe, y entusiasmo con que todos acu-
dían a pedir algodones empapados en su sangre.
>El sepelio se verificó el día cinco por la tarde y fue para las vícti-
mas toda una apoteosis, pues grande era el concurso de gente que los
acompañaba y grande el empeña en cortar de su ropa partecitas para
conservarlas como reliquias.» %
Aquella exaltación popular pronto se cohvertiría en caudal mag-
nífico de héroes cristeros.
XVII
COLIMA RECURRE A LAS ARMAS
Dionisio Eduardo Ochoa.—Los primeros cruzados del
Volcán, —Sangre de martirio.
Dionisio Eduardo Ochoa.—En el mes de diciembre de 1926, el epis-
copado mejicano expidió una Carta Pastoral Colectiva para consagrar
a Méjico a la Virgen María en el misterio de su Inmaculada Concep-
ción. -
Con este motivo, los acejotaemeros se encargaron de pegar y re-
partir, por toda la ciudad de Colima, pequeñas tiras de papel que
decían: “¡Oh María concebida sin pecado, rogad por nosotros que recu-
rrimos a Vos!”
En la capital del estado culminó esta propaganda los días 8 y 12,
con la emotiva demostración de fe y amor que el pueblo rindió a la
Santísima Virgen. Cada hora, durante todo el día, se estuvo recitando
el acto de consagración en la catedral y todos los templos, que se vie-
ron sumamente concurridos.
«Llegó el invierno. Hacía nueve meses que se había suspendido el
culto en la diócesis de Colima y cinco en toda la República. Los cató-
licos habían trabajado ya hasta más no poder; todos los medios legales
para reconquistar la libertad perdida estaban agotados y el pueblo no
obtenía del perseguidor otra contestación que un gesto de desprecio.
Probado estaba que todos los medios pacíficos eran inútiles; se debía,
pues, trabajar en otro terreno, en el terreno de la lucha armada. Era
evidente que Calles, en unión de sus cómplices, era un infame e injusto
a 197
198 - Antonio Rius Facius
agresor y había justo y santo derecho para repeler la fuerza por la
fuerza.»
Tocó a Dionisio Eduardo Ochoa, ex presidente del Comité Diocesano
de la acm de Colima, ser el que «enarbolase la bandera de la liber-
tad, blandiera la espada de la justicia, e iniciase, en aquellas regiones,
la defensa armada de los sacros derechos de la Iglesia y. la patria,
arrebatados por la tiranía.»
Hijo de Dionisio Ochoa Gutié-
rrez y María Santana, nació en
Colima el 14 de octubre de 1900.
Huérfano de padre al cumplir un
año de edad, fue educado al amparo
de su tío, él Pbro. J. Angel Ochoa;
hizo sus estudios primarios en el
colegio San Luis Gonzaga, de su
ciudad natal; ingresó después en el
Seminario Conciliar Diocesano y
allí permaneció tres años, al tér-
mino de los cuales lo dejó para po-
der atender a su anciano tío.
Cuando en abril de 1917 se fun-
dó la ac3m en Colima, fue Dionisio
Dionisio Eduardo Ochoa, ex presidente Eduardo Ochoa uno de los miem-
del Comité Diocesano de la ACIM en :
Colima e iniciador de la lucha cristera bros fundadores que firmaron el
en dicho estado. acta de adhesión enviada a Méjico.
Sus primeros trabajos dentro de la
Asociación consistieron en enseñar doctrina cristiana a los niños y re-
partir propaganda impresa de casa en casa.
Al morir su anciano protector en junio de 1920, tuvo que hacer
frente, con su trabajo, al sostenimiento de su casa, pues aunque tenía
un hermano mayor —el hoy canónigo Enrique de Jesús Ochoa—, éste
seguía en aquel tiempo la carrera sacerdotal en el Seminario Conciliar
Diocesano de Colima.
En 1924 ocupó la presidencia del Comité Diocesano de la ACJM y
dirigió con acierto el semanario católico La Reconquista. Esto le oca-
- sionó la pérdida de su empleo en la Tesorería del Estado, pues no se
plegó a las súplicas ni a las amenazas que, para abandonar la ACIM,
le hizo el entonces gobernador Francisco Solórzano Béjar.
Méjico Cristero 199
Su actividad apostólica le ganó el odio de la gente del Gobierno y,
“el 19 de octubre de 1925, fue encarcelado por esta causa. Allí se le
golpeó para obligarlo a desistir de sus labores católicas, pero se mos-
tró inflexible en sus propósitos y pocos días después se le dejó en
libertad.
Dionisio comprendió que peligraba su vida y salió hacia Guadala-
jara. En aquella ciudad retornó a los estudios en la preparatoria ofi-
cial, viéndose obligado a presentar examen de sexto año de primaria
para poder ser admitido. Quince meses permaneció en la perla tapa-
tía, con tal aprovechamiento que, al regresar a la ciudad de Colima en
diciembre de 1926, con el fin de pasar con su familia las vacaciones
navideñas, llevaba ya presentados más de la mitad de los exámenes
de preparatoria, habiendo alcanzado, además, merecido prestigio de
jefe entre sus compañeros, gracias a su franca y ejemplar profesión
de fe, que hizo perder a los timoratos el miedo de mostrar su religio-
sidad en público.
Los primeros cruzados del Volcán.—<Vino la noche del 2 de enero,
año de 1927; la señorita María Guadalupe Guerrero llegó ese día de
Guadalajara, y se presentó a decir a Dionisio Eduardo Ochoa y a Rafael
G. Sánchez, joven de la AcM, amigo y compañero de luchas periodís-
ticas de aquél, que todo estaba dispuesto, que la hora de la lucha había
sonado ya y que a los tres días, o sea, el 5 de ese mismo mes, se ini-
-ciaría la lucha armada en pro de la libertad.
»El mensaje venía del maestro Anacleto González Flores.» *
Dionisio sabía cuál era su sitio y no rehuyó la responsabilidad que
se le ofrecía. Se reunió con sus antiguos compañeros y envió. instruc-
ciones y propaganda a diversos lugares. En compañía de Rafael G.
Sánchez y Antonio C. Vargas, estuvo en su casa la noche anterior a
la partida, al pie del sagrario, cambiando impresiones con ellos; cuando
la madrugada enrojeció el horizonte, su hermano el sacerdote dio a
los tres valientes la sagrada comunión.
No contaban con recursos pecuniarios, tenían sólo dos pistolas ca-
libre 38 y no conocían la región del volcán de Colima, donde pensaban
operar, pero su confianza en Dios y la justicia de la causa que defen-
dían les puso alas en el corazón.
El día 5 de enero de 1927 salieron los tres jóvenes de la capital
colimense y se dirigieron a Tonila, allí se les unió otro acejotaemero,
200 Antonio Rius Facius
Miguel Anguiano Márquez, que había sido seminarista y era buen co-
nocedor de aquellos rumbos. Transcurridos cinco días partieron los
cuatro rumbo al volcán y se establecieron en Caucentla, situada al sur
del mismo y vecina de varias rancherías y pequeñas haciendas, cuyos
habitantes eran de rancio abolengo católico. De allí salió Ochoa días
más tarde a Guadalajara para recibir instrucciones del jefe indiscu-
tible del movimiento católico para todo el Occidente: Anacleto Gon-
zález Flores. Juntos estudiaron las posibilidades de levantar en armas
la región y, portador de promesas e ilusiones, regresó Dionisio Eduardo
Ochoa a su improvisado cuartel el 14 de enero.
Sus primeros compañeros y algunos rancheros que se habían su-
mado a la defensa, bajaron a recibirlo. Ocuparon los días siguientes
en hacer planes y prepararse para la lucha; después, en un breve,
pero solemne acto, juraron fidelidad a la causa.
«Aquel fuego se propagó en un momento. Entusiastas propagan-
distas cruzaron la región del volcán de Colima en todas sus direccio-
nes, y llegaron a todas sus rancherías, formando en todas ellas pequeños
núcleos de cruzados de Cristo Rey, quienes luego se dirigían a Cau-
centla, en donde, como se ha dicho, se instaló desde luego el cuartel
general, para recibir instrucciones de los labios de los jefes. El entu-
siasmo era tanto y Dionisio Eduardo les hablaba con tal ardor y vida,
que no había quien se excusara de pertenecer al ejército libertador,
sin que les importase la falta de armas, parque y demás recursos.» ”
En tales ocasiones hacía resaltar la obligación que contraían los
cristeros de conducirse en todo momento con dignidad, para acreditarse
como ejemplares soldados de Cristo Rey.
Aquel primitivo grupo no contaba, como es de suponerse, con arma-
mento ni equipo adecuado; cada quien portaba armas distintas, cara-
binas calibre 38, 32-20, 44 ó 30-30, armas cortas o simplemente cuchillos.
En estas condiciones tuvieron su primer encuentro, el 23 de enero,
con el jefe de la gendarmería de Colima, el comandante Urbano Gó-
mez. Éste, con el pretexto de buscar a los sacerdotes Mariano de. Jesús
Ahumada e Ignacio Ramos, se había internado por las rancherías en
busca de posibles alzados, pues ya era conocida la existencia del núcleo
rebelde en la zona del. volcán.
A su paso cometió toda clase de arbitrariedades, obligando a huir
a los pacíficos rancheros pará saquear sus pobres chozas. Antes del
amanecer del día mencionado cruzó por Montitlán y Montegrande sin
Méjico Cristero - l 201-
encontrar resistencia por parte de los vecinos al cometer sus fecho-
rías, continuando hacia La Arena, a donde llegó a las 9 de la mañana.
Urbano Gómez, al frente de sus sesenta hombres bien montados y
equipados, se posesionó de la ranchería, sembrando el terror entre sus
habitantes, que huyeron para evitar caer en la terrible balacera des-
atada por aquellos bandoleros uniformados de policías.
No lejos de allí quedaba Caucentla, y el sonar de los disparos llegó
a oídos de los novatos soldados de Cristo Rey. Dionisio Eduardo Ochoa
dispuso que inmediatamente saliese una pequeña fuerza compuesta de
quince hombres a defender la ranchería. A paso veloz se dirigieron
éstos al lugar del tiroteo, pero cuando llegaron allí los policías huían
hacia Quesería. Cambiaron rápidas impresiones con Natividad Agui-
lar, jefe local de la defensa cristera en el poblado, y se parapetaron
tras una cerca que bordeaba una pequeña barranca. ;
© Los policías, que se retiraban por un camino contrario, vieron que
un hombre se ocultaba tras unas piedras y, tratando de evitar una
emboscada, variaron el rumbo que seguían para ir a caer, precisamente,
donde los esperaban los cristeros.
Al grito de ¡viva Cristo Rey! y ¡viva Santa María de Guadalupe!,
éstos dispararon sus armas contra los sorprendidos policías, que se
dieron a la huida abandonando pertrechos, caballos y el producto de
sus robos, con tal mala fortuna, que ocho de ellos quedaron muertos
en el campo, y prisioneros su comandante y tres más, quienes en juicio
sumarísimo y después. de oírlos en defensa, fueron sentenciados a
muerte y pasados por las armas allí mismo.
Dos expediciones enviadas por el Gobierno no se atrevieron a llegar
hasta allá para recoger a los muertos, hasta que la intervención de
una mujer permitió un corto armisticio para dejar que fuesen reti-
rados los cadáveres cuando empezaban a descomponerse. A éste, que
fue el primer triunfo alcanzado por los aguerridos cruzados del volcán,
siguieron otros más,
El día 31 de ese mes, ocho libertadores al mando de Dionisio
Eduardo Ochoa y J. Natividad Aguilar, sostuvieron un combate cerca
_ de la hacienda del Fresnal, Jal., contra seiscientos soldados federales,
comandados por el general Ferreira, al que hicieron cincuenta y cinco
muertos y numerosos heridos, sin que ellos sufrieran una sola baja.
Ese mismo día, en Lo de Clemente, Col., el general Talamantes,
con trescientos soldados, atacó a catorce libertadores al mando de
202 Antonio Rius Facius
“Dionisio Carbajal, que no tuvo más bajas que un muerto y un herido
contra más de cuarenta entre muertos, heridos y dispersos que sufrió
la fuerza atacante. .
Casos como éste se repitieron con una frecuencia que escapa a toda
lógica humana, si no se contara con el factor decisivo del milagro para
ser explicados. .
La sola enumeración de los triunfos alcanzados por los cristeros,
desprovistos hasta de lo indispensable, haría largo, aunque no tedioso,
este panorama increíble de la fe hecha decisión y sacrificio por aque-
llos hombres, que se entregaron confiadamente a luchar por su Dios
y por su patria.
Un mes transcurrió sin que hubiese algún cambio notable en la
región, por lo que, para propagar la defensa cristera, salió Miguel
Anguiano Márquez a recorrer el sur y el oriente del estado.
La difícil misión encomendada a aquel acejotaemero fue coronada
por la formación de tres núcleos armados más en Villa de Alvarez,
Pihuamo y Coquimatlán. Fue nombrado jefe del grupo de Villa de Alva-
rez otro distinguido acejotaemero, J. Jesús Peregrina, quien rindió su
juramento ante Anguiano en un lugar oculto de la capital colimense.
De allí partió a iniciar su campaña, al frente de algunos coterráneos
suyos, el 9 de marzo, y tuvo su primer combate en Campo Seis.
Jefe de la región de Pihuamo y hacienda del Naranjo fue Gildardo
Anguiano Mázquez, hermano de Miguel.
Todos ellos unieron, días después, sus propias fuerzas, a las que
se sumaron las de Plutarco Ramírez para atacar, venturosamente, la
plaza de Pihuamo, la mañana del 19% de abril.
Pronto corrió la fama de los cristeros por toda la comarca, y, para
dehacerla, se montaron ejércitos que salieron a su encuentro; pero ni
el general Ferreira, ni Talamantes, ni Avila Camacho lograton vencer
a los jefes del novato ejército libertador: Ochoa, Carbajal, Salazar,
Cárdenas, Peregrina, Ortiz, López Ramírez, Torres y tantos otros que
merecieron la admiración y gratitud de sus coterráneos.
No en vano la sangre de los mártires fecundaba los campos de Mé-
jico y su ejemplo cundía y ponía ansias de martirio en la juventud.
Sangre de martirio.—De aquellos jóvenes miembros de la Acsm, fue
Guadalupe Delgado, oriundo del pueblo de Coquimatlán, Col., situado
al noroeste de la capital, a una distancia aproximada de diez kiló-
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Méjico Cristero.. 203
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metros. Contaba dieciocho años de edad y era huérfano de padre y
madre; vivía con sus hermanos mayores y se dedicada a las labores
del campo. Su actividad en la acsm no había desmerecido junto a la
de sus compañeros, siempre dispuesto al apostolado y a todas aquellas
labores especiales ordenadas por su grupo parroquial con motivo del
“boicot decretado por la Liga.
A las 8 de la mañana del día 5 de abril tres jóvenes de Coquima-
tián, montados en buenos caballos y con pistola al cinto, se dirigieron
donde se encontraban los dos o tres policías del pueblo, los desarmaron
y salieron al campo. Tras ellos salió el jefe de la Acordada de un pue-
blo vecino, al que se le unieron algunos campesinos que se sumaron
a los audaces jóvenes cristeros, i
El día 6, antes del amanecer, entró de nuevo el grupo de alzados
al pueblo þara aprovisionarse de armas, municiones y comestibles, y se
retiraron a las 10 horas con rumbo al cerro del Chical. Una hora más
tarde, el presidente y secretario del municipio llegaron al pueblo acom-
pañados de un contingente de soldados federales, a quienes apostaron
en sitios estratégicos para que vigilaran la salida y llegada de cualquier
persona. Después de medio día regresaban unos jornaleros de su tra-
bajo, ajenos al estado de alarma en que se encontraba el pueblo, cuando
fueron aprehendidos.
Sus familiares y amigos intercedieron por ellos, sin lograr su liber-
tad; antes al contrario, en medio de una escolta fueron subidos a un
camión y conducidos a la ciudad de Colima. Tras de ellos llegaron sus
parientes y patrones, confiados en que ahí quedaría todo aclarado y
serían puestos en libertad. Los prisioneros fueron conducidos a la Jefa-
tura de Operaciones Militares, instalada en la antigua casa del semi-
nario recientemente arrebatado a la Iglesia.
El padre de J. Jesús Zárate, uno de los cuatro jóvenes campesinos,
pidió entrar en la oficina del general para abogar por su hijo y fue
hecho también prisionero. A todos se les interrogó insistentemente sin
que, como era verdad, confesaran ser cristeros,
La noche había llegado y el militar no encontró más solución, para
concluir el asunto, que ordenar la muerte de aquellos cinco inocentes.
Fueron sacados al amparo de la oscuridad y conducidos a la cal-
zada P. A. Galván (ahora calzada de la Independencia), hasta un lugar
llamado Piedra Lisa. Allí los colgaron de un sauce a cada uno; sólo
el padre y el hijo fueron ahorcados en un mismo árbol.
—
204 Antonio Rius Faciús
Amanecía el viernes 8 de abril, día de los Dolores de María, la
Madre de nuestro Señor Jesucristo. Cinco cuerpos colgados daban
testimonio del odio insaciable de la tiranía. Entre ellos estaba el de
J. Guadalupe Delgado, el primer acejotaemero de Colima que ofrendó
su vida por la causa de Cristo Rey.
Contra el efímero triunfo de su muerte y la de sus compañeros:
alcanzado por sus verdugos, se alzaba, en todo el estado de Colima,
la prometedora realidad de más de quinientos cruzados, repartidos por
las regiones del volcán. Los de Pihuamo, Cerro Grande y Zapotitlán,
mal armados y municionados, pero confiados en la justicia de su santa
rebelión.
El cuartel general permanecía en Caucentla sin que las tropas fede-
rales hubieran logrado desalojar a sus ocupantes, pues cuantas veces
lo habían atacado, después del primer combate habido allí el 31 de
enero, otras tantas habían sido rechazados.
«El entusiasmo de los soldados de Cristo Rey había sido siempre
y en todas partes desbordante: el miedo no se conocía. Cuando los eris-
teros oían hablar de la venida del enemigo, saltaban verdaderamente
de contento, llenos de una fe admirable, y con sus pistolas mohosas,
sus carabinas de caja, o con lo que tenían, salían al encuentro del per-
seguidor, sin importarles que ellos fueran ocho o diez y los. callistas
quinientos o más; la ayuda de Dios había estado siempre a la medida
de su fe.» *?
XIX
LA REBELION CRISTERA SE EXTIENDE
Herminio Sánchez.—Pedro Quintanar.—El martirio
del padre Correa.—Los cristeros de El Saltillo.—
Vanguardia cristera de Parras.—Concepción del Oro,
Zacatecas.
Herminio Sánchez.—Pedro Quintanar, que había regresado a Hue-
juquilla después de deponer las armas, comprendió que la situación,
lejos de mejorar, iba de mal en peor, por lo que resolvió volver al
campo rebelde y, el 1° de diciembre de 1926, ton gente de Valparaíso
y de los ranchos cercanos, entró en Huejuquilla en son de guerra, se
apoderó de armas y caballos y reforzó su incipiente ejército con sus
antiguos compañeros y vecinos que quisieron engrosar sus filas.
Al frente de doscientos hombres salió hacia el sur el día 8 de diciem-
bre; el 11 llegó la columna cristera a un rancho llamado El Gato, donde,
al siguiente día, les fue oficiada una misa de campaña por el Pbro.
Buenaventura Montoya, para celebrar la festividad de Nuestra Señora
de Guadalupe.
En Huejuquilla también se conmemoró jubilosamente dicha fiesta
religiosa. Desde la parroquia hasta el cercano cerro de Tamachaco, fue
trasladada en solemne procesión la imagen de la Guadalupana, cele-
brando en seguida el santo sacrificio de la misa el padre Mateo Correa.
Entre los que asistieron a dichos actos se encontraban media docena
' de cristeros de Sombrerete, Zacatecas.
205
206 Antonio Rius Facius
Las fuerzas reunidas en El Gato se pusieron a las órdenes del ge-
neral Herminio Sánchez, y tuvieron su primer encuentro contra los
federales el día 14, saliendo airosos de él.
Este jefe cristero era un acomodado agricultor que vivía en Tota-
tiche, Jal., y gozaba de merecido prestigio entre sus vecinos por su
honradez, valor y entereza personales, virtudes que lo señalaron para
ser de los primeros iniciadores, en Jalisco, de la rebelión cristera.
A. T. Sánchez P., vicepresidente del Comité Arquidiocesano de la
ACJM de Guadalajara y emparentado con él, fue invitado por Carlos
Blanco, acejotaemero muy allegado al Lic. Anacleto González Flores,
-a emprender una gira de preparación para la lucha armada y eseri-
bieron a Herminio Sánchez diciéndole que el día 25 de noviembre lle-
garían a Totatiche. Éste comprendió el significado del mensaje y ese
mismo día, con los hombres que pudo reunir, atacó a la guarnición de
Tlaltenango, Jal., iniciando así su rebelión armada.
_Con los refuerzos adquiridos en El Gato, emprendió la marcha
hacia Colotlán, Jal. Allí se dividió la columna en dos grupos; uno
compuesto por 105 hombres regresó a Huejuquilla y el resto se dirigió
a Copulitón, donde, a consecuencia de un combate trabado con los ca-
listas, fueron dispersados, pero volviéronse a reunir el día 20 de no-
viembre en Villa Guerrero, Zac. Continuaron con variados incidentes
su incansable peregrinación y el día 26 se enfrentaron en Las Atar-
geas, entre Colotlán y Totatiche, a un enemigo cinco veces superior:
53 cristeros contra 240 callistas. Causáronles 41 muertos y 30 heridos,
pereciendo, por parte de los cristeros, el general Herminio Sánchez
y el coronel Miguel Jaime. El general recorría sus líneas montado en
su brioso caballo cuando fue alcanzado por una bala enemiga. Al sen-
tirse mortalmente herido, arengó a los hombres que se acercaron a
socorrerlo:
—Ya me hirieron, pero no se rajen muchachos; ¡que viva Cristo
Rey y Santa María de Guadalu...!
Un borbotón de sangre ahogó sus últimas palabras.
Al levantar el campo, los soldados de Cristo Rey se apoderaron
de algunas armas y más de un millar de cartuchos, con los que refor-
zaron sus menguados pertrechos militares.
Ese mismo día en Huejuquilla los cristeros de Sombrerete se ente-
raron que se acercaba a la población ùn centenar de soldados callistas
al mando del mayor José Contreras y salieron a esperarlo en un rancho
Méjico Cristero 207
Hamado Jimulco; allí, los 16 católicos que formaban la fuerza rebelde,
obligaron a huir a los federales. Seguir paso a paso los encuentros
de los cristeros contra soldados y agraristas al servicio del gobierno
haría interminable este relato que no pretende ser una historia del
movimiento militar, sino un esbozo general de sus iniciación y des-
arrollo. :
Pedro Quintanar.—Las tropas cristeras al mando de Pedro Quin-
tanar, movilizándose constantemente, continuaron presentando comba-
tes en toda la región en pequeños o grandes grupos, que nunca llegaron
a ser excesivamente numerosos, pues desde un principio la táctica de
hacer la guerra de guerrillas les exigía gran movilidad y pocos con-
tingentes.
El día 4 de enero de 1927 salió de Huejuquilla el coronel Quintanar
con 90 hombres de Sombrerete, Chalchihuites y Valparaíso para reco-
rrer, en son de guerra, pequeñas poblaciones, presentar varios com-
bates y regresar, triunfalmente, al lugar de partida el día 20 de ese
mismo mes.
El día 25 los federales y agraristas armados de Valparaíso y otros
ranchos atacaron Huejuquilla, apoderándose de la población al final
de un día de fiero combate. Los defensores, en su retirada, lograron
dominar a la escolta que resguardaba Timulco y apoderarse de 1,200
cartuchos y 6 armas de otros tantos soldados muertos, pero no pudie-
ron, de momento, recuperar su centro de operaciones, que fue ocupado
- el día 29 por una guarnición de 150 hombres.
Este continuo combatir tenía al mayor callista José Contreras exas-
perado; la zona militar a su cargo era un verdadero polvorín y veía
rebeldes por todos lados. Cuando regresó a Valparaíso injurió a unas
señoras que en la puerta de su casa habían puesto la inscripción: “¡Viva
Cristo Rey!” Necesitaba encontrar a quien responsabilizar del movi-
miento armado en contra del gobierno y dar cuenta, a su superior inme-
diato, el general Eulogio Ortiz, de un triunfo definitivo.
El martirio del padre Correa.—La simpatia y cariño alcanzados por
el padre Mateo Correa entre la gente de la región, por su incansable
apostolado e innata bondad, pronto lo hicieron blanco de la ira de los
militares callistas, quienes le atribuyeron la jefatura de una rebelión
en la que ciertamente no había tomado parte activa alguna.
208 poe Antonio Rius Facius
El Pbro. Mateo Correa Magallanes, párroco de Valparaíso, se ha-
llaba, desde el 23 de diciembre de 1926, en la hacienda de San José
de Sauceda. El día 30 de enero de 1927 un ranchero fue a pedirle que
fuese a confesar a su madre, que yacía gravemente enferma. Sin hacer
caso del peligro que corría al abandonar su refugio, comunicó su deseo
a José María Miranda, propietario de la hacienda, quien se ofreció a
acompañarlo; tomaron un boguecito de cuatro ruedas que uncieron a un
tronco de mulas y partieron a San Antonio de Sauceda, para de allí
tomar el camino que conduce a La Manga, punto final de su viaje.
. Al bajar la mesa de San Pedro se encontraron con el malhumorado
mayor. Contreras, que venía rumiando su derrota al frente de su pol-
vorienta tropa. Alguien identificó a los viajeros aunque éstos inten-
taron eludir un interrogatorio, pero al abrir una petaquilla que Heva-
ban, encontraron en ella los santos óleos, la bolsa de corporales, una
patena y un mantel. El mayor José Contreras los obligó a regresar,
al frente de la tropa, por donde habían venido. En la hacienda toma-
ron un automóvil del hacendado y subieron a él acompañados por la
madre de Miranda y la hermana del padre, quienes después de ir de
Herodes a Pilatos, suplicando al general Ortiz la liberación de sus
deudos, tuvieron que regresar a la hacienda al final de su fracasada
peregrinación. .
Custodiados por tres soldados fueron llevados los prisioneros a Fres-
_nillo, Zac., donde llegaron a las 5 de la tarde, y se les encerró en la
enfermería de la cárcel. El día 1% de febrero los sacaron para con-
ducirlos en el mismo automóvil en que habían hecho el viaje a Fres-
nillo, sólo que esta vez dicho auto estaba sobre una plataforma de
ferrocarril. .
A las once de la noche llegó el tren militar que conducía las últi-
mas tropas del general Eulogio Ortiz que estaban en Zacatecas y
se dirigían hacia Durango, pues se le había cambiado de Jéfatura de
Operaciones. A este tren fue enganchada la plataforma que transpor-
taba el auto, en la que viajaban también numerosos soldados. Toda
esa noche y el día siguiente duró el pesado recorrido hasta la ciudad
de Durango, y allí, trepados en aquel incómodo coche, permanecie-
ron los dos prisioneros. Al amanecer se les condujo al cuartel y pos-
teriormente al antiguo seminario, ocupado por la Jefatura de Opera-
ciones Militares de Durango que servía, a la vez, de: cárcel militar.
En la noche del 5 de febrero el padre Correa fue sacado de su
prisión, despidióse de su amigo José María Miranda y bendijo a sus
Méjico Cristero + 209
compañeros de reclusión, Llevado a la presencia del general Eulogio
Ortiz, le dijo éste:
«—Primero va usted a contes a esos bandidos rebeldes que ve
allí y que van a ser fusilados en seguida, después veremos lo que hace-.
mos con usted.
»El buen sacerdote confesó y alentó a bien morir a aquellos valien-
tes católicos, que habían sido hechos prisioneros al luchar con las armas
en la mano en defensa de su fe.
* »—Ahora —dijo el militar al sacerdote—, va usted a revelarme lo
que esos bandidos le acaban de decir.
»—Jamás lo haré —respondió indignado el párroco.
»—¿Cómo que jamás? —replicó irritado el general—. Voy a man-
dar que lo fusilen en seguida,
»—Puede usted hacerlo —concluyó el mártir—, pero no olvide que
un sacerdote debe guardar el secreto de la confesión. Estoy dispuesto
a morir.
»Horas después, al comenzar el 6 de febrero de 1927, entre cuatro
y cinco de la mañana, lo sacaron de su prisión en un auto sin que la
gente se diera cuenta y, a un kilómetro de distancia del panteón, lo
mataron.» **
Así murio, mártir del secreto de la confesión, aquel anciano sacer-
dote que había sido condecorado, el 17 de julio de 1926, con el distin.
tivo de la acim, por el Grupo Local de Valparaíso.
Milagrosamente, no obstante el deseo sanguinario del general Ortiz,
salió libre, a los pocos días, José María Miranda.
Los cristeros de El Saltillo.—Antonio Acuña Rodríguez, no obstante
carecer de recursos económicos, hizo dos viajes a la capital de Méjico
desde Saltillo, Coah., en su calidad de delegado local de la Liga, para
recibir instrucciones de los altos jefes de la misma sobre el levanta-
miento que, unánimemente, se planeaba en las principales ciudades de
la República.
El domingo 2 de enero de 1927 prestó juramento a la bandera de
. Cristo con todos sus jóvenes compañeros, casi todos acejotaemeros
como él, y después de confesar y comulgar terminó los últimos prepa-
rativos para emprender su heroica jornada.
Al romper el alba del 3 de enero partieron de una finca cercana a
la ciudad de El Saltillo, hacia la sierra de Arteaga, los cuarenta y dos
* méxico crusremo.—14 l
210 ' Antonio Rius Facius
inexpertos cruzados que componían el grupo; número insuficiente para
apoderarse de la ciudad y dar cumplimiento, así, a la parte del plan
general que les correspondía ejecutar, consistente en tomar simultá-
neamente El Saltillo y Parras, Coah., y Concepción del Oro, Zac., para
presentar con estas ciudades un frente estable a lo largo de la región
norte de la República.
El 12 de enero llegaron a Huamúchil, Coah. Eran 56 hombres al
mando de Luis Cadena, a quien nombraron coronel, y de Eusebio Flo-
res, al que reconocían como teniente coronel. El cargo de pagador le
fue dado a Antonio Acuña. A-las dos de la tarde fueron sorprendidos
y atacados por un destacamento callista, y tu-
vieron que dispersarse debido a la escasez de
parque y su inexperiencia militar; dividié-
ronse en dos grupos, uno al mando de Luis
Cadena, y otro, formado por siete hombres,
a las órdenes de Eusebio Flores; entre éstos
quedó Antonio Acuña, quien, acompañado de
Teodoro Segovia, fue enviado a localizar el
grueso de la expedición.
La noche los sorprendió en lo alto de la sie-
rra y allí pernoctaron. En la madrugada del
Antonio Acuña Rodriguez, ; é : j
de la acim de Saltillo, día 13 emprendieron su camino hacia el ran-
Coah., fusilado en la ha- cho El Cedrito, en el que fueron hechos prisio-
cienda El Cedrito, Coah.,
el 13 de enero de 1927. Neros e interrogados. Al ser registrado Acuña,
le fueron recogidos una libreta con los nom-
bres de todos sus compañeros, manifiestos de la Liga y otros docu-
mentos comprometedores. Y sin darles oportunidad para defenderse,
se les sentenció, entre insultos procaces, a morir fusilados.
Antonio pidió a sus verdugos la gracia de escribir una carta a sus
familiares. En aquellos momentos debió de pasar por su mente la breve
historia de su vida. Había nacido en El Saltillo, capital del estado de
Coahuila, el 17 de enero de 1905. Iba a cumplir, por consiguiente,
22 años y era hijo de Manuel Acuña Bosques y Sara Rodríguez de
Acuña. Cuando tenía seis años ingresó como párvulo en una escuela
municipal y al siguiente año comenzó su primaria con los padres je-
suitas en el colegio de San Juan Nepomuceno. Allí hizo su primera
comunión el 8 de diciembre de 1912, día de la Inmaculada Concepción
de María
Méjico Cristero
211
`
En 1914 la Revolución clausuró el colegio y pasó al “Miguel Hidalgo”
para terminar, después, sus estudios superiores en el Colegio Cató-
lico de la Paz. En la misma ciudad de El Saltillo recibió clases del
capellán del santuario, presbítero
Francisco Recio, ayudándolo a
cambio en la Escuela Doctrinal,
distinguiéndose por su obediencia,
aplicación y buena conducta.
En 1917 murió su madre y en
1919 su padre. Dos años después
contrajo matrimonio su hermano
mayor, Francisco, y él quedó al
frente de sus hermanos menores.
La acsm había sido para Anto-
:nio campo fecundo de activida-
des. En el Comité Diocesano de la
Asociación estuvo trabajando al-
gún tiempo en su revista Militia,
-y cuando escuchó el llamado de
su conciencia para salir en de-
- fensa de su fe y de su patria; se
entregó de lleno al destino que
"Dios le señalaba.
Aquella carta, escrita momen-
tos antes de morir, no llegó jamás
a su destino, pues sirvió de escar-
nio y mofa a los esbirros que lo
habían apresado.
Acuña escogió el lugar del fu-
silamiento en una de las colinas
cercanas al rancho, bajo el follaje
de un viejo pino. De pie, frente a
SUR,
Lugar donde fue fusilado Antonio Acu-
ña. En ese féretro fueron trasladados
posteriormente sus restos al cementerio
de Saltillo.
sus verdugos, pronunció estas palabras, que eran síntesis y plegaria
de su propia vida:
—Ustedes son soldados pagados, son del mal gobierno y van a dis-
parar sus armas contra mí, que soy soldado de Cristo Rey. Tal vez
entre ustedes haya algunos católicos que van a matar a un hermano;
pero ustedes no son culpables, pues cumplen sólo un deber, obede.
212 ` Antonio Rius Facius
ciendo la orden de su jefe, como yo obedezco al Mío, y en estos mo-
mentos voy a darle cuenta...
Y vitoreando a Cristo Rey, Antonio cayó atravesado por las balas
asesinas.
Teodoro Segovia, su compañero de la acm y de su locura de amor
divino, corrió la misma suerte cinco horas más tarde en el mismo lugar
en que había sido sacrificado Acuña.
Frente al pelotón de fusilamiento Teodoro gritó con alegría cristiana:
—Yo he venido a pelear por la Virgen de Guadalupe y Cristo Rey,
- ¡viva Cristo Rey!
Allí mismo fueron sepultados los mártires, y aquel lugar se con-
virtió en secreto santuario hasta que, el 19 de septiembre de 1929, fue-
ron trasladados sus restos al panteón de San Esteban, en la ciudad de
El Saltillo.
Los alzados, mientras tanto, continuaron su accidentado camino de
lucha y sacrificio, pero la falta total de recursos y la incomprensión
de muchos los hizo abandonar, poco a poco, su heroica aventura, hasta
quedar dispersados, definitivamente, a mediados de aquel mismo año.
Vanguardia cristera de Parras.—Parecida cosa sucedió con los ace-
jotaemeros de Parras, Coah., que se lanzaron contra el gobierno tirá-
nico y perseguidor.
Eran solamente 35 hombres decididos y confiados los que, al grito
de ¡viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe! conquistaron, en
un golpe de audacia, la ciudad, atacando por sorpresa a la policía y
principales autoridades.
El espíritu indómito, fervoroso y justiciero de la Asociación Cató-
lica de la Juventud Mejicana había hecho posible la realización de tal
empresa.
Un grupo numeroso de acejotaemeros había llegado, el 3 de enero,
a la decisión de dar su vida, si fuese preciso, a cambio de las liberta-
des esenciales que les estaban vedadas al pueblo mejicano.
El día 4, sin embargo, tuvieron que abandonar la ciudad porque se
acercaba un tren militar que conducía a gran número de soldados
callistas, a los que no estaban en condiciones de combatir, como lo
habían hecho el día anterior, contra grupos aislados de atacantes a
quienes habían ahuyentado. Se retiraron al rancho de La Soledad y allí
pasaron lista de presentes cerca de cuatrocientos cristeros, la mitad a
Méjico Cristero 213
` caballo, aunque todos mal armados y peor municionados. Los de caba-
llería se fueron rumbo al estado de Zacatecas y la infantería se remontó
a las sierras vecinas.
El día 8 acordaron formar pequeños grupos de ocho a diez hombres
, para evitar un encuentro con las tropas federales que, en gran número,
se acercaban a combatirlos. Dejo, en este punto, la palabra a Isidro
Pérez Vázquez, acejotaemero que marchaba con los cristeros de Parras:
«En uno de los grupos al mando de Antonio Muñiz, llegamos a un
lugar que se conoce por el cañón de “La Cachetada”, donde nos tendió
el enemigo una emboscada; nos defendimos lo mejor que se pudo y a
cuerpo descubierto, pues es un lugar donde no se encuentra ni una
sola roca donde defenderse, ya que solamente abunda la lechuguilla.
En el grupo, además del jefe, iban José Rodríguez, José y Francisco
Juantos, José Dolores Rodriguez, Plácido Arciniega, Juan Silva, Fran-
cisco Guzmán, Jesús Rosales, Dionisio López e Isidro Pérez Vázquez,
viendo lo irremediable, pues estábamos completamente cercados, caí-
mos prisioneros, con excepción del compañero López que logró escapar.
»Inmediatamente nos iban a fusilar, pero al poco tiempo dieron la
orden de ponernos en marcha, habiendo llegado a la hacienda de San
Carlos metiéndose el sol. La hora del encuentro con los callistas fue
como a las ocho de la mañana. Llegando a esta hacienda, la gente de
este lugar nos llevó mucho que comer, lo cual hicimos hasta hartarnos,
pues en todo el día no habíamos tomado alimento porque no nos lo
permitieron; nos llevaban a pie en medio de la tropa, soportando los
insultos e injurias de todo género.
»El día 10 nos condujeron a esta ciudad a donde creímos que nos
irían a juzgar sumariamente para cubrir las apariencias, mas no suce-
dió así, pues cuál no sería nuestra sorpresa que al llegar al panteón
de esta ciudad, nos formaron el cuadro y nos fusilaron, excepto a Jesús
Rosales, que le ordenaron retirarse del cuadro, y digo nos fusilaron
porque el que esto escribe también recibió las descargas de ley, inclu-
sive el tiro de gracia, que fue el único que me dieron, pues de las des-
cargas no recibí ninguno, y no me explico el por qué caí, tal vez la
impresión o los nervios me impulsaron a caer.
»Fue de la manera siguiente: estaba yo caído, dándome perfecta
cuenta de todo, cuando alguien de los mirones dio la voz de alarma
de que uno estaba vivo, entonces uno de los oficiales que ordenaron
la ejecución le dice a otro: dales un balazo en la cabeza a cada uno
7
214 i Antonio Rius Facius
de estos tales, y así lo hizo, pero al llegar conmigo, tuvo que cortar
cartucho tres veces, pues los cartuchos no reventaban; entonces el ofi-
cial vuelve a ordenar que lo haga con la pistola y entonces sí recibí
el impacto, solamente que como estaba de lado, el balazo entró por
medio de la frente y salió por el parietal izquierdo, llevándome de paso,
mi dedo meñique de la mano izquierda en la cual traía un anillo; de allí
Los socios del grupo local de la ACJM de Sta. María de las Parras, Coah., Ricardo
Morales y Manuel Avila Verástegui, fusilados en Río Verde, S. L. P., el 24 de
marzo de 1927,
nos levantaron para sepultarnos, pero al hacerlo se dieron cuenta de
“que aún vivía yo y se me llevó al hospital de la ciudad, donde estuve
tres meses hasta no reponerme para luego salir de contrabando a los
Estados Unidos, ya que los enemigos estaban esperando que yo mejo-
Tara para terminar con mi existencia.» *
Los que murieron por defender la causa de Cristo Rey, fueron:
Francisco Guzmán, nativo de Parras, de 36 años de edad, socio del
Grupo Local de la acsm “José María de Jesús Portugal” y jefe de la
Méjico Cristero 215
_LNDLR èn esa ciudad; miembro, además, de la Adoración Nocturna y
de la Confederación Nacional Católica del Trabajo.
Antonio Muñiz, también originario de Parras, de 47 años de edad,
jefe del grupo cristero apresado.
Juan Silva García, nativo de la hacienda de La Concepción, S.L.P.,
de 26 años, casado y padre de un niño recién nacido, acejotaemero y
miembro de la Confederación Nacional Católica del Trabajo.
- Plácido Arciniega, acejotaemero parralense de 18 años de edad.
José y Francisco Juantos Solís, de Parras, Coahuila, de 20 y 18
años de edad, respectivamente, y miembros ambos del Grupo Local
de la acim “José María de Jesús Portugal”.
José Dolores Rodríguez, paisano y compañero de los hermanos Juan-,
tos, de 25 años de edad.
José Rodríguez González, parralense de 46 años, padre de una pe-
queñita.
No serían, sin embargo, los anteriores las únicas víctimas de la
-defensa católica en Coahuila.
El día 20 de ese mes fue hecho prisionero Antonio Verástegui, y
fusilado, sin formación de causa, a las 4 de la mañana del día 21 en
la alameda de la ciudad de Parras, Coah., por el delito de ser socio
del glorioso Grupo Local de la acsm y miembro de la: jefatura local
de la LNDLR.
Concepción del Oro, Zacatecas.—El fracaso sufrido por los compro-
metidos en el movimiento de Concepción del Oro, Zac., resultó, aun-.
que menos sangriento, no menos real.
Desde mediados del mes de octubre de 1926 había estado allí Antonio
Acuña para conferenciar con el presidente del Grupo Local de la acym,
Sixto Juárez, sobre los pormenores de un levantamiento militar coordi-
nado. Todos los acejotaemeros del lugar respondieron con entusiasmo
al llamado que se les hizo y se aprestaron a llevar adelante la conjura.
A principios de noviembre de 1926 visitó Sixto Juárez al Pbro.
Nicolás Montaño, párroco del mineral de Aránzazu para que él hablase
con los obreros católicos de allí, y en el mineral de Salaverna enco-
mendó igual tarea a Sixto Ortiz, quien, al saberse descubierto por las
autoridades, tuvo que huir para no ser aprehendido.
El día último del año de 1926 se dio aviso a los de Aránzazu para
que, al día siguiente, se levantaran en armas, de acuerdo con la orden
216 l Antonio Rius Facius
recibida por el jefe del norte de Saltillo. A las 3 de la mañana los cris-
teros de Concepción del Oro tomaron las posiciones que previamente
_les habían sido asignadas y, combatiendo con arrojo y entusiasmo, lo-
graron dominar la situación y hacer huir a la guarnición de la plaza.
Por su triunfo se echaron al vuelo las campanas y los vivas a Cristo
Rey y Santa María de Guadalupe atronaron el espacio. Al término de
seis horas de combate desigual habían vencido los novatos cristeros,
casi todos ellos pertenecientes a la AcM. Al medio día llegaron cua-
renta muchachos de Aránzazu, bien montados y armados, bajo el mando
de Ambrosio Magallanes. Los de Concepción del Oro, sin embargo,
no obstante ser más de cien, no tenían armas ni municiones sino unos
veinte de ellos.
-El golpe de El Saltillo había fallado y de allí salió un tren con
fuerzas del Gobierno a combatir a los cristeros de Concepción, por lo
que, el día 2, éstos se replegaron hacia el mineral. Aquel fue el co-
mienzo de un éxodo que. duró pocos días. Los cristeros, acosados por
fuerzas superiores y bien organizadas, se desintegraron hasta desapa-
recer totalmente aquel primitivo grupo.
El saldo de aquel fracaso fue: fusilados en Mazapil, Joaquin Zavala
y Máximo Silva; en Puerta Mina, de San Carlos de Aránzazu, David
Salinas, y en El Cobre, Refugio Sánchez.
El comienzo en firme de la lucha armada sembró de héroes y már-
tires la región, que sirvieron, sin embargo, como ejemplo y acicate
para otros. Ningún sacrificio resultó estéril en el resurgimiento cató-
lico de un pueblo que, indefenso, despertaba de su letargo para de-
fender los derechos de Dios y de su patria, mancillados por el odio-
satánico de los perversos.
Si bien se había detenido de momento la fuerza de la rebelión en
algunas partes, en otras en cambio, cobraba amenazadora potencia.
XX
LOS CRISTEROS DEL AJUSCO
Armando Téllez Vargas.—Solemne juramento.—La
campaña.—El Diario de Manuel Bonilla.—En las ga-
rras del enemigo. i
Armando Téllez Vargas.—Cuando en enero de 1923 fue expulsado
de Méjico, con injusticia manifiesta, el delegado apostólico Mons. Er-
nesto E. Filippi, por haber bendecido la primera piedra del monu-
mento a Cristo Rey que se alzaría en el Cerro del Cubilete, Armando
Téllez Vargas, acejotaemero del Centro de Estudiantes Católicos de la
ciudad de Méjico, envió. un viril telegrama de protesta al entonces pre-
sidente Alvaro Obregón, al que contestó el interpelado diciendo que
la expulsión del delegado apostólico no debía interpretarse como un
ataque a las creencias del pueblo mejicano, sino como la exigencia de
dar cumplimiento a las leyes del país. Este telegrama lo recibió Téllez
Vargas en la sexta comisaría, donde estaba detenido con dos compa-
ñeros más de la acm por el delito de repartir en la calle hojas de
protesta, y allí mismo redactó y entregó a su padre, para que lo depo-
_sitara, el siguiente telegrama: i
«Señor Obregón. Palacio Nacional.
»Su telegrama de ayer revela hipocresía e incultura Gobierno que
preside y suya personal.»
A este desafiante mensaje contestó Obregón:
«Pueblos tienen gobierno que se merecen.»
217
218 ` Antonio Rius Facius
Armando Téllez Vargas comentó, al enterarse del contenido de este
cinico telegrama:
—Tiene razón, los católicos somos unos cobardes que merecemos
este gobierno y otro peor todavía.
Y reanudó con mayores bríos su entrega apasionada a la recon-
quista de los derechos que la Revolución había arrebatado a los cató-
licos.
¿Qué había, pues, de extraño que fuese nombrado delegado regio-
nal de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa en el Dis-
trito Federal y que, cuando comprendió que no era suficiente la lucha
cívica, se lanzase con entusiasmo y decisión al campo de la defensa
armada? f
Desde niño había ingresado en la acym en el Centro de Estudian-.
tes Católicos; ahí se inició en el estudio de la religión y las cuestiones
sociales con tal aprovechamiento que, antes de cumplir los 20 años de
edad, era colaborador asiduo de la página editorial del diario Excélsior
y posteriormente de El País, hasta que este último fue confiscado por
la crom.
«Lo que en Armando Téllez Vargas sobresale —escribió su gran
amigo y compañero, Fernando Díez de Urdanivia—, y puede ser con-
siderado como la nota característica de su personalidad, es su vehe-
mente amor a la causa del bien, es decir, a la causa de Cristo.
` »Por ese amor violentó su juventud, haciéndose prematuramente
hombre y lanzándose con arrestos de una edad superior; por ese amor
cortó carrera, saltó sobre su porvenir y, entre los halagos de una posi-
ción holgada, se consagró en cuerpo y alma a trabajar por la libertad
del pueblo oprimido.» **
A fines del año de 1925, su hermano Jo orge había marchado a El Paso,
Tejas, invitado a colaborar en el diario El Pueblo, que editaba el ace-
jotaemero tapatío Pedro Vázquez Cisneros. Pero la prohibición hecha
por el gobierno callista de que fuese vendido el periódico en territorio
mejicano, hizo fracasar la empresa, y tuvo entonces Jorge que ganar su
sustento en otras actividades hasta que, en septiembre de 1926, recibió
la noticia de la trágica muerte de sus amigos Joaquín de Silva y Ma-
nuel Melgarejo; Armando, su hermano, le hizo saber su resolución de
preparar un movimiento bélico, invitándolo a tomar parte en él. Jorge
aceptó y antes de regresar a su patria, visitó a René Capistrán Garza
para ver qué podía ofrecérsele,
Méjico Cristero . 3 219-
El 1? de noviembre, de regreso en Méjico, Jorge informó a sus
más allegados compañeros en la acm lo que René habíale dicho antes
de partir. A media quincena del mes de diciembre llegó a la capital
Camilo Verdín, acejotaemero de Guadalajara, enviado por Capistrán
Garza. Nueva reunión, esta vez en unos billares; mientras jugaban
escucharon los allí reunidos este mensaje: «Sus gestiones en los Esta-
dos Unidos van por muy buen camino; pero es indispensable que pueda
presentar algo creado y, por lo mismo, es necesario que para el día 12
de año haya el mayor número posible de levantamientos.»
En la casa de Mauricio Baz Viaud, avenida Isabel la Católica 20,
se reunieron la noche del 28 de diciembre de 1926, Octavio Elizalde,
- Luis Segura Vilchis, Manuel Bonilla, Armando, Jorge y Rafael Téllez
Vargas, Manuel Velázquez, Armando Ayala y algunos más, todos miem-
bros activos y entusiastas de la ac3m, para preparar su próximo levan-
tamiento. Contaban para ello, según informó Bonilla, con el ex general
zapatista Manuel Reyes y su hermano Gabino, a quienes la religiosa
Concepción Acevedo —que andando el tiempo habría de ser mundial-
mente conocida como la madre Conchita— había catequizado y espe-
raban que se les ordenase empuñar las armas para lanzarse a la lucha
con unos cuantos hombres bajo su mando; todo lo que pedían eran
armas y cartuchos.
Elizalde informó, a su vez, que contaba con el ex general federal
Rasgado para iniciar un movimiento en Oajaca el siguiente mes de
abril, a lo que replicó Armando Téllez Vargas:
—Entonces nos uniremos todos a Manuel Reyes, pues no podemos
esperar tanto tiempo al general Rasgado, quien a lo mejor ni siquiera
llega a levantarse.
Octavio intentó hacer valer su carácter de presidente general de la
Asociación para convencer a sus compañeros de la conveniencia de espe-
rar a que el general Rasgado iniciara su lucha armada; visiblemente
contrariado y levantando la voz se encaró a Armando:
—Ustedes están locos, se van a morir de hambre como perros; y tú,
Armando, no lo tomes como maldición; pero no durarás ocho días en
el Ajusco.
—No te enojes, peloncito —le respondió éste con la cariñosa con-
fianza que le tenía—, tenemos que hacer algo y pronto, y lo haremos.
Además, para morir por Dios, lo mismo da el Ajusco que Oajaca o
que cualquiera otra parte.
220 - . Antonio Rius Facius
La opinión unánime y optimista de sus compañeros convenció a
Octavio, quien, al abrazarlos para despedirse, les dijo:
—Está bien, muchachos, perdí y lo siento; voy a informar al padre
Bergoénd de su determinación.
El día 31, la mayoría de los conjurados, oyeron misa y comulgaron
devotamente en el convento clandestino de la madre Conchita, quien
entregó a Manuel Bonilla una hermosa bandera nacional en cuyo cen-
tro, por un lado, estaba bordada la imagen del Sagrado Corazón y, pór
el otro, la de Nuestra Señora de Guadalupe.
Algunos muchachos intentaron despedirse del padre Bergoénd, pero
no lograron encontrarlo. A las diez de la noche, Bonilla, con otros com-
pañeros suyos de la acim de Tlalpan —Pedro y Manuel de la Rosa,
Antonio Martínez Anaya y Luis Castro Becerril—, aguardaban la lle-
gada del resto de los comprometidos en un bosquecillo llamado el
Cedral. Poco a poco fueron juntándose los acejotaemeros de Ixtapa-
lapa, Portales, Coyoacán y Centro de Estudiantes. Entre éstos estaban
Armando y Jorge Téllez Vargas, Nahum Lamberto Ruiz y Armando
J. Ayala. El recuento de armas dio el siguiente resultado: 8 máuseres,
7 carabinas 30-30; 2 escopetas de retrocarga y 9 pistolas de distintos
calibres, que fueron repartidas entre los 32 componentes de aquel grupo
inicial de guerrilleros.
A las doce de la noche los silbatos de las fábricas y las locomoto-
ras anunciaron el nacimiento del nuevo año y, a la voz de ¡viva Cristo
Rey!, se dio la orden de marchar.
¡Qué angustiosa alegría la de aquellos jóvenes cruzados cuando
avanzaban por el monte rumbo al sacrificio en aras de su fe!
A las dos de la madrugada pasaron por un pueblecillo llamado San
Pedro Mártir e iniciaron el ascenso a la montaña, tropezando, en me-
dio de la oscuridad, con las piedras y accidentes del camino. Al ama-
necer llegaron al cerro del Chitle. Durante un breve descanso, Armando
Téllez Vargas reunió a su hermano Jorge, Manuel Bonilla, Arman-
do Ayala, Mauricio Baz y Nahum Ruiz para revelarles que había visto
al padre Bergoénd, pero que éste le había suplicado que no los llevase
a Su presencia porque no habría podido resistir las despedidas y que
les enviaba una moneda de oro de $20.00 para cada uno. Terminado
el descanso, continuaron el ascenso hasta el rancho de Las Campanas,
.donde los esperaba el general Reyes con diez hombres más. Juntos
reanudaron la marcha hasta llegar a la cumbre para establecer su cam-
Méjico Cristero 224
pamento en el Pico del Aguila. Al atardecer, cuando el sol prendía
fuego dorado en el valle y la montaña se estremecía con el viento frío
de enero, se pasó lista de presentes, a la que contestaron los nombra-
dos con el grito de ¡viva Cristo Rey!
Solemne juramento.—Formada aquella heterogénea tropa, Bonilla
colocó en sus astas dos banderas nacionales y leyó con voz emocio-
nada el manifiesto de René Capistrán Garza; tomó después Armando
Téllez Vargas una de las banderas y, frente al general Reyes, pro-
* nunció estas palabras:
—«Señor general don Manuel Reyes, ¿jura usted por su honor de
hombre, de militar y de católico sostener y defender, aun a costa de su
- vida, el manifiesto que se acaba de leer, defender la causa de la Reli-
gión Católica, Apostólica Romana y evitar en lo posible causar daños
en sus propiedades o vidas a los ciudadanos pacíficos?»
Emocionado hasta las lágrimas, respondió el general Reyes con voz
rotunda:
«—¡Sí, lo juro!
»—Si así lo hiciéreis que Dios y la patria os lo premien, y si no
que ellos os lo demanden» —finalizó Téllez Vargas.
Todos los presentes desfilaron para besar, como callado juramento,
los pliegues de la bandera; después prorrumpieron en ¡vivas! a Cristo
Rey, a la Virgen de Guadalupe, a la Liga, a Capistrán Garza y al
general Reyes.
Antes de entregarse al reposo rezaron ese frío amanecer, como
siempre lo hicieron los ejércitos cristeros, el santo rosario.
La campaña.—El 2 de enero bajaron al pueblo del Ajusco, requi-
saron algunos caballos y armas y continuaron su marcha hasta la carre-
tera que conduce de Méjico a Cuernavaca,
El tránsito automovilístico en aquella época y por aquella carre-
tera que seguía el mismo trazo dado desde tiempo del Imperio de Maxi-
miliano, era sumamente escaso, pues ni los automóviles eran lo sufi-
cientemente cómodos y eficaces para transitar por estas carreteras, sin
asfalto en muchos tramos, ni el turismo había hecho de Cuernavaca la
ciudad concurridísima que es hoy.
Así, pues, en un tiempo relativamente largo, no cruzaron por ahí
más de una veintena de automóviles, que fueron detenidos por aque-
222 Antonio Rius Facius
llos aguerridos cruzados que guardaban, por sus procedimientos inusi-
tados, gran similitud con los caballeros medievales.
Con todo comedimiento pedian a los viajeros la ayuda que buena-
mente quisieran proporcionarles y, después de repartirles el manifiesto
impreso de Capistrán Garza, los dejaban continuar. su camino entre
vítores a Cristo Rey. Con poquísimo provecho económico abandona-
ron, al anochecer, la carretera, para seguir su caminata hasta el cerro
de El Chichinantzin, donde pernoctaron.
El día 3 hizo el general Reyes, acompañado de unos cuantos hom-
bres, una incursión a un pueblo cercano en busca de alimentos, de los
que dieron pronta y buena cuenta los cristeros, que se quedaron allí
en espera del general Vigueras, que había ofrecido unírseles.
La noche del 4 de enero salieron a explorar el terreno el general
Luis Castro, el coronel Reyes, hermano del general del mismo ape-
llido, el mayor Copado, Armando Téllez Vargas y cinco hombres más.
A su regreso fueron sorprendidos por sesenta soldados del 15% regi-
miento al mando del coronel Anselmo Macías Valenzuela que los atacó
sin darles tiempo a defenderse, persiguiéndolos hasta llegar al pueblo
de Tulmiac, en donde les causó cinco bajas, entre ellas el general Luis
Castro. Armando Téllez Vargas fue hecho prisionero y conducido a la
presencia del capitán callista Gregorio Vargas. Éste le preguntó por
quién peleaba, a lo que respondió Armando que por Cristo Rey. Esto
encolerizó al capitán Vargas y retó a su prisionero a que gritara:
¡Viva Cristo Rey!
Armando, con voz firme y clara repitió el amado viva al Rey de
reyes; entonces aquel asesino vestido de militar le vació la carga de su
pistola en la cabeza, quebrando aquella provechosa vida de 22 años.
Mientras tanto, el coronel Reyes y el mayor Copado, que habían
podido escapar de la refriega al galope de sus caballos, llegaron al
sitio donde los aguardaban sus compañeros y les dieron noticia del
encuentro tenido con los callistas.
Ante el peligro inminente de ser atacados se organizaron rápida-
mente para la defensa; así, cuando llegaron los soldados federales, los
recibieron con una descarga cerrada que les causó numerosas bajas y
los hizo volver grupas a sus caballos, dejando abandonados en el campo
a sus muertos y heridos, quince máuseres con su respectiva dotación
de parque, ocho monturas y siete caballos ensillados, que fueron reco-
gidos por los libertadores.
rà A E ii e dis EA -
Méjico Cristero 223
— T
Los cristeros se retiraron hacia el cerro del Capulín, al que llega-
ron en la madrugada del día siguiente.
Los cadáveres de Luis Castro, Armando Téllez Vargas y los de los
otros católicos fueron despojados de todas sus ropas y colgados de
los árboles de la serranía junto con los quince callistas muertos, a los
que también desnudaron para que no fueran identificados y hacer creer
que todos eran católicos para ocultar, de este modo macabro, la derrota.
El cadáver de Luis Castro pudo ser recuperado a los tres días por
sus familiares para darle cristiana sepultura, no así el de Armando,
que se perdió para siempre, pero ¿qué importaba si su memoria no
habrá de perecer jamás?
El mejor epitafio que pudo escribirse sobre su ignota sepultura
lo hizo con pluma conmovida Elena Gómez Puente de Jiménez:
«Hermanito bueno... con qué mansedumbre
nuestra madre santa le dijo al Señor:
por el hijo amado que murió en la cumbre
bendice Tu causa, que es causa de amor!
»Por lecho las rocas, los cardos, los hielos...
todo revestido de serenidad
quedaste tendido de cara a los cielos,
que son las pupilas de la eternidad. ..
»Tú que amabas tanto los frescos jardines,
las rosas, hermanas de tu juventud,
los suaves renuevos, los blancos jazmines,
¡no tuviste flores sobre el ataúd!
»De tu herida abierta la púrpura ardiente
dibujó en la roca, con trazo sutil,
un lirio de grana, que piadosamente
llevó a tus despojos un canto de abril.
»Pero allá en la cumbre nevada y serena,
ungiendo tu cuerpo con su bendición,
¡estaba de hinojos la Virgen Morena,
por quien cultivaste como una azucena
la fe sacrosanta de tu corazón!» ©
Esa fe salvaría a Méjico silenciosa, lentamente, rociada con la san-
gre de sus hijos. Bien lo sabían aquellos esforzados muchachos que
224 - Antonio Rius Facius
despertaban a la vida, entregándose generosamente al ideal de alcan-
zar el reinado de Cristo en esta tierra bendecida por la presencia de
su Madre en el cerro del Tepeyac.
Los cristeros del Ajusco volvieron a su campamento del Pico del
Aguila y ahí, padeciendo privaciones, permanecieron un mes dedica-
dos a organizarse, hasta que recibieron aviso de que iban a ser ata-
cados por los federales; entonces dejaron el lugar, a tiempo para no
ser vistos por los callistas que llegaron pisándoles los talones. En su
recorrido cruzaron por Santa Marta, San Juan Atzingo y llegaron a
Ocuila de Arteaga; hablaron con el presidente municipal para sumarlo
a su causa y siguieron para Chalma; descansaron un día y se comu-
nicaron con el general Cuéllar, que estaba en Santa María Ahuitlán,
Morelos, para pedirle que sumara su propio contingente al del general
Reyes, cosa a la que accedió. De allí partieron los cristeros hacia Oco-
tepec y Ahuatepec, donde consiguieron cabalgaduras para todos.
- El 13 de febrero, al aproximarse a Tepoztlán, fueron atacados por
fuerzas del gobierno y defensas sociales integradas por agraristas, sin
recibir graves daños, pero obligándolos a continuar su agotador am-
bular, empleando con poco provecho la táctica de guerrillas, pues aunque
solían dejar maltrecho al enemigo cuando topaban con él, se veían cons-
treñidos a cederle terreno por no poder hacerse fuertes en un punto.
«Los ayunos y privaciones eran prolongados, pues los recursos y
bastimentos que la Liga Defensora de la Libertad Religiosa podía pro-
porcionarles eran demasiado cortos. Los combates se sucedían unos a
otros. En el cerro del Tuniac, entre Copilejo y Parras, fue donde pri-
mero combatió Manuel (Bonilla); la batalla no estuvo mala de parte
de los católicos, sin embargo, una parte de sus combatientes, entre los
que estaban nuestros muchachos acejotaemeros, inexpertos en estos
trances, fue dispersada, y la misma inexperiencia de nuestros jóvenes
hizo que no supieran fácilmente reunirse con el núcleo principal, por
lo cual unos de ellos, viéndose perdidos entre los montes, desalentados
y sin fuerzas morales quizá más bien que físicas, optaron por regresar a
Méjico, escondiéndose entre los barrancos para no ser sorprendidos,
y obligados también a esconderse en la capital para no ser descubiertos
por la policía y entregados a la muerte.» **
El. Diario de Manuel Bonilla.—De aquellos días amargos datan las
páginas del diario que Manuel Bonilla escribió y que fue recogido por
Méjico Cristero 225
A A A AA A A A AA
sus enemigos. Éstos, para escarnecer su memoria, publicaron algunos
párrafos mutilados que traslucen, a pesar de todo, la grandeza de aquel
ser dotado de piedad, valor y voluntad ejemplares:
«Marzo 5.—No llegó Cuéllar... A fin de evitar un encuentro con
los federales, pues somos diecisiete nada más, salimos en dirección a
Ixhuayesca; no hay qué comer y tenemos hambre. En el camino cogi-
, mos dos terneras. ¡Qué día, Dios mío: cuánto sufro! Murmuramos
todos por la falta de comida y de dinero. Se me figura que a los mios
les sucede algo, no he dejado de pensar en
mi madre y en Lucha —su novia—, quiero
verla... ¡Madre mía, tú ves mis sufrimientos;
alíviales; pienso que moriré y no veré a los
que amo! Pasamos la noche en Huayacán, sin,
novedad, comimos pura carne sin sal.»
Manuel Bonilla Manzano aún no cumplía
los 23 años —había nacido en Tlalpan, D. F.,
el 17 de junio de 1904—, edad luminosa en la
que las ilusiones alcanzan máxima fuerza y
el amor se convierte en una necesidad espiri-
tual incontenible.
La separación de los suyos tenía que afec-
tarle singularmente, pues desde pequeño había
vivido unido a ellos, ayudando con su trabajo
al. sostenimiento de su madre y tres herma-
Manuel Bonilla Manzano,
7 ; presidente del Grupo Local
nos —dos mujeres, una mayor que él, y UN de la acm de Tlalpan,
varón—, lo que le había impedido continuar D. F., cristero de las fuer-
sus estudios para hacer carrera profesional. %5 del general Manuel
Reyes, levantado en armas
Sin embargo, su deseo de prepararse más y en el Ajusco.
mejor para la vida lo satisfizo en la ACJM,
a la que ingresó como socio fundador del Grupo Local de Tlalpan.
De sus méritos como acejotaemero habla, con veracidad plena, su
heroica resolución de abandonar hogar, trabajo y novia, para hacer
realidad los postulados sociales que proclamaba la Acsm.
Aunque interesante, resultaría quizás desproporcionado este capí-
tulo con la transcripción total de su diario, escrito precisamente cuando
su esfuerzo por sobreponerse al sacrificio que le significaba seguir
como soldado de Cristo, requería de su total convicción, fortaleza y
voluntad:
MÉXICO CRISTERO.—15
226 Antonio Rius Facius
«Marzo 9.—Dormimos dos horas, permanecimos a la expectativa y,
no habiendo peligro, nos pusimos en marcha, llegamos a la Loma del
Borrego y encontramos al general Reyes con la nueva de nuevas de-
serciones. .. somos diez nada más. Estoy convencido de la sinceridad del
Gral. Reyes; es hombre en quien se puede confiar. Tú, Señor, nos prue-
bas con esta inconstancia de tus soldados, danos fuerza para servirte.
»Marzo 15.—Llegaron noticias de más de 10 colgados vivos por los
alrededores del sur del Distrito Federal. ¡Cuántos crímenes, cuántas
iniquidades! Y el pueblo espera todavía... Tres y media: salimos .el
coronel, seis muchachos y yo a una comisión a la Magdalena. Recibi-
mos buenas noticias y dos altas. Vino mi madre. ¡Qué satisfacción!
Gracias, Dios mío... y
»Marzo 19... Tres y minutos de la mañana: ensillamos y nos pusi-
mos en camino; en la Cima, camino de Cuernavaca, paramos diez co-
ches, pidiéndoles de comer y dinero...
»Marzo 24.—Tranquilidad en mi espíritu, no sufro tan atrozmente
como hace pocos días. ¡Gracias, Señor! Cuida a mi madre, confío
en Ti. Se ha movido la opinión en favor de la revolución en todo. el
estado. Nos contó un individuo que el gobierno se alarmó mucho por-
que pasamos por los pueblos de Morelos: cree que somos más de mil
hombres y en realidad somos nueve...
»Marzo 26.—Nos pusimos en marcha. Llegan el general Trujillo
y Manuel Paredes, de la acm. ¡Oh Dios! por fin...
»Marzo 28.—Llega a este lugar el general Bárcenas con cuarenta
muchachos.
»Abril 5—Llegamos al Plan de Gallegos... El general Trujillo
me invita a acompañarlo a Morelos a organizar gente, trabajando jun-
tos pero cada uno por su cuenta para presentar a Capistrán algo pro-
pio. Me dice que debo hacerme militar para rodear al primer jefe de
gente enteramente suya...»
Antes de concluir con estas pequeñas notas entresacadas del diario
de Bonilla, es pertinente advertir que todos los encuentros tenidos con-
tra las tropas callistas, en los que con frecuencia estuvo la victoria de
parte de los cristeros del Ajusco, fueron omitidos al ser publicado,
en forma tendenciosa, el mencionado diario en la revista Argos, que
se editaba en Toluca, Méjico. Y sólo desde el día 7 al 14 de abril con-
servaron, los censores, la descripción hecha por Bonilla de los ataques
realizados por aquellos modernos cruzados. El motivo bien pudo haber
J
Méjico Cristero
-sido hacer resaltar la figura de aquel valiente aue, el día 15, cayó al
fin en sus manos, justamente cuando cobraba nuevo vigor e importan-
cia aquel grupo cristero del que Manuel Bonilla era segundo jefe.
«Abril 7.—7 p.m.—En marcha. Llegamos a un punto entre Cajo-
nes y Santa Fe, donde nos disponemos a asaltar un tren. El general
intentó dos veces hacerlo, fracasando en ambas. Esta vez el general
Reyes dirige el asalto. Se desclavan los rieles para impedir el retro-
ceso del tren. No fijándose el maquinista cae en la trampa tendida,
la máquina quedó clavada y el tanque del agua se salió de los rieles;
en este momento dispararon nuestros muchachos sobre la escolta del
tren pagador que resistió y se defendió por unos minutos. Los invitamos
a rendirse, haciéndolo luego que uno de ellos se atrevió. Tuvieron una
derrota completa, pues el tren lo tomamos en asalto rápido; tuvieron
un muerto y siete heridos y, el resto de la tropa —8—, los hicimos pri-
sioneros. Como botín, avanzamos cinco mil pesos, algunas piezas de
manta; se hicieron notar por su valor cuatro de nuestros muchachos.
El coronel Reyes se portó con mucho valor, arrojándose al lugar más
peligroso. Igualmente el general Reyes, a cuya disposición se debe en
gran parte el éxito del ataque. Llenos de contento nos retiramos con
el herido que indiqué y un caballo menos. ¡Gracias, Dios mío, por el
triunfo de nuestras armas en esta vez! En el camino se dejaron libres
a los prisioneros sin hacerles ningún daño.
»Abril 10.—Amaneciendo nos pusimos en marcha, llegando al pue-
blo de Pilcaya; hasta ahora contamos con cincuenta y dos muchachos,
y tomé la palabra después de reunido el pueblo, 3 p.m.
- » Llegamos al pueblo de Tonatico, a las 4.30. También tomé la pa-
labra y el Sr. Ignacio Flores. Pasamos la noche en los Amates.
»Abril 11.—4 a.m.—En marcha. Llegamos al pueblo de Tecomate-
pec a las 7 am. Arengué al pueblo; se entusiasmó como en los ante-
riores; se inscribió Rafael Villalón y se le da la comisión de organizar
al pueblo. En marcha. Llegamos a Coatepec de Ánimas, pueblo de
importancia. A las dos de la tarde, en la plaza, arengué al pueblo;
tomamos el palacio municipal, rompimos el teléfono y exigimos un
préstamo de doscientos cincuenta pesos. No se entregó luego y nos
llevamos al secretario del Ayuntamiento y al oficial mayor. Recogi-
mos algunos caballos y salimos de allí como a las tres de la tarde.
»Abril 12.— 3. a.m..—Llegó un enviado con el dinero, se puso en li-
bertad a los prisioneros. 5 a.m., caminamos rumbo a la sierra de Toluca.
228 Antonio Rius Facius
Desayunamos leche en un ranchito a las 7 a.m. Tocamos como a las 9
el aserradero de las Lágrimas; recogimos caballos y dejamos carta al
dueño pidiéndole dinero. Luego nos pusimos en marcha y llegamos
al pueblo de Tequisquiapan a las 2 p.m. Recogimos caballos, le dirigí
la palabra al pueblo de la Placita; firmó la adhesión a la revolución el
jefe de voluntarios y pasamos la noche en Instancia.
>»Abril 13.—Amanece. Permanecimos en Instancia. 9 am. Toca-
mos Agua Blanca. 4.30 p.m. Cortadero. Aquí se dieron de alta dos y
cogimos caballos.
»Abril 14.—En marcha.»
El día 15 de abril de 1927, después de sostener un reñido combate
contra las fuerzas callistas, el grupo cristero fue dispersado. Manuel
y su fiel asistente, montados en sus caballos, llegaron a una hacienda
cercana a la ciudad de Toluca haciéndose pasar por compradores de
ganado. El dueño de la hacienda simuló creer el inocente embuste y se
apresuró a atenderlos con solicitud desmedida, invitándolos a desayu-
nar mientras, secretamente, enviaba un aviso a las autoridades más
cercanas.
En las garras del enemigo.—Cuando Manuel fue sorprendido por
los soldados callistas, apenas tuvo tiempo de ocultar los documentos
comprometedores que portaba, entre ellos su propio diario y una ban-
dera tricolor con la imagen de la Virgen de Guadalupe al centro, pero
fueron fácil y prontamente descubiertos y entregados al general Urba-
lejo. Manuel sabía que no le harían justicia ni tendrían piedad con él
aquellos secuaces de la tiranía callista y escribió, apresuradamente,
un recado a su madre que decía así: «Mamá, estoy preso en San Diego
“Linares, cerca de Toluca. Mándame la bendición. Juan.»
Como era costumbre más o menos generalizada entre los jefes del
movimiento, para evitar represalias a sus familiares, solían cambiar
de nombre; en este caso, Manuel se hacía pasar por Juan Bautista.
Durante dos o tres horas estuvieron presos en la hacienda Manuel
Bonilla y su asistente, tiempo que empleó en escribir sus últimas y
sentidísimas cartas para su madre, su novia, su hermana mayor y su
hermano menor,
De la primera son estos párrafos finales:
«...y a ti, madre mía, ¿qué puedo decirte?. Sólo que te amo y
que el pensamiento de abandonarte, dejándote sin recursos, es lo que
Méjico Cristero 229
me desgarra el alma. Muero tranquilo, eso sí; Dios Nuestro Señor me
está dando fortaleza; no llores, madrecita, reza nada más y confórmate;
` te queda un hijo más bueno que el que se va. Adiós... En la otra vida
nos uniremos para no separarnos ya jamás, y ofrece el sacrificio de
tus lágrimas por la conversión de tantos hermanos nuestros que están
ciegos y no quieren ver.
>Tu hijo que te quiere.—Juan.»
A su novia, María de la Luz García, le escribió:
«Amada Lucha: En los postreros momentos de mi existencia te es-
cribo las presentes letras; ha querido Dios aceptar el sacrificio de mi
vida; mi sangre se derramará hasta la última gota por confesar la fe
de quien es el Creador de todo lo existente: que el recuerdo mío jamás
- se borre de tu mente, amada mía...»
En la carta que escribió a su hermana mayor le hacía especial reco-
mendación para que cuidase de su madre y hermanos.
A Daniel, su hermano menor, le aconsejaba, con paternal- senti-
miento, que fuese un hombre de provecho.
Su ánimo se había serenado y aún tuvo tiempo para escribir un
sentido mensaje de amor y de fe para todos, al que dio fin con estas
palabras postreras:
«El alma quiere volar por regiones etéreas y puras, quiere exten-
der su ser amplísimo en el infinito, quiere gozar de paz, de dicha
eterna para llenar el vacío que deja la vida material y así gozar posi-
- tivamente de una dicha real: La vida perfecta.
»Cuando se piensa así, no asusta la muerte; muy al contrario, ale-
gra su llegada, pues adquiere el alma el verdadero gozo de la vida
eterna. —Manuel Bonilla.»
Él y su asistente habían sido sentenciados a muerte por el general
Urbalejo, tras un juicio sumarísimo. Fueron conducidos en el propio
auto del hacendado al cuartel de los Vidales, en Toluca, de donde,
después del medio día, los sacaron a bordo de un camión perfectamente
custodiado seguido de un automóvil en el cual iba el general Urbalejo,
y tomaron la carretera que conduce a la ciudad de Méjico. A más o
menos a la mitad del camino, en un lugar llamado Salazar, adelante
~de la hermosa llanura donde comienza una tupida pinada, al pie mismo
del histórico monte de las Cruces, los hicieron bajar.
; Contraviniendo órdenes superiores para que presentase en Méjico
“/a sus prisioneros, el general Urbalejo, usando el cómodo pretexto de
3
Antonio Rius Facius
que dichas órdenes las había recibido demasiado tarde, ordenó la eje-
cución de los muchachos para apoderarse del dinero que portaba Ma-
nuel en el momento de ser aprehendido.
Manuel pidió que se difiriera un tiempo su ejecución en espera de
su madre, que ya estaba avisada, pero se le negó tal gracia, concedién-
dosele únicamente el tiempo suficiente para orar. Tomó entonces su
rosario en la mano y, de rodillas, elevó su pensamiento a Nuestro
s z
Lugar, en los llanos de Salazar, estado de Méjico, donde fueron fusilados Manuel
Bonilla y su asistente.
Señor. Después, con asombrosa serenidad, animó a su compañero a bien
morir y en un papel escribió estas últimas palabras: Muero por Dios,
Frente a los soldados, que ya le apuntaban con sus fusiles, abriendo
los brazos en cruz, gritó con toda la fuerza de su voz entera: ¡Viva
Cristo Rey! ¡Muero por Dios!
El eco de sus palabras se confundió con la explosión unísona de
los cartuchos. En el cielo gris galopó el bramido de un rayo, y un:
cúmulo de nubes se convirtió en llanto.
Méjico Cristero
231
Junto a Manuel cayó su fiel asistente. Era la tarde del Viernes
Santo de 1927. Los vecinos de la ranchería, consternados ante la rá-
pida sucesión de los acontecimien-
tos, se ofrecieron a sepultar los cuer-
pos de los fusilados.
El verdugo, insaciable de sadis-
mo, quería que los colgasen de las
ramas de un árbol, pero ante las rei-
teradas y amenazadoras súplicas ce-
dió a lo que se le pedía y aban-
donó con sus soldados el rancho de
La Marquesa. Los dos cadáveres
fueron velados por las gentes del
lugar con religiosidad cristiana y al
día siguiente sepultados allí mismo,
entre dos petates que los protegían
deficientemente del contacto directo
de la tierra húmeda.
Catorce días después, cuando tras
dolorosas vicisitudes pudo la heroi-
ca madre de Mánuel Bonilla exhu-
mar el cadáver de su hijo amado,
descubrieron con gran sorpresa que
el cuerpo se encontraba incorrupto.
Fue trasladado al cementerio de
San Marcos, Tlalpan, y enterrado
nuevamente dentro de una caja de
zinc, herméticamente cerrada.
El día 19 de julio de 1942 asistí
a la nueva exhumación de sus res-
tos: para darles definitiva sepultura
en la iglesia parroquial de Tlalpan.
La acim estaba presente, cua-
renta banderas de los Grupos se in-
clinaron reverentes a su paso. Fue
aquella una singular manifestación
Las banderas de la acIm se inclinan al
paso de los restos del gran acejotan
emero Manuel Bonilla, al ser traslada-
dos a la parroquia de Tlalpan, D. F.
el 19 de julio de 1942,
“ de fe y afirmación de que el sacrificio de Bonilla y de todos los que,
como él, murieron por “Dios y por la Patria”, no había sido estéril.
232 . Antonio Rius Facius
Antes de bajar la caja de zinc al foso abierto frente al altarcito de la
Virgen, fue destapada. El cuerpo se conservaba incorrupto.
El general Manuel Reyes, jefe del grupo armado al que pertene-
ció Manuel Bonilla, fue aprehendido en combate y fusilado, junto con
su secretario, en la Plaza de España, en la ciudad de Toluca, cuatro
meses después, el 21 de agosto de 1927.
XXI
DESTITUCION DE RENE CAPISTRAN GARZA
Informe sobre los levantados en armas.—Destierro
del obispo de Tabasco. — Gestiones fracasadas. —
Dos tendencias opuestas se encuentran en Roma.—
Obligada renuncia,
Informe sobre los levantados en armas.—El día 8 de enero de 1927,
el Comité Directivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Reli-
giosa envió este mensaje cifrado a René Capistrán Garza, dándole
cuenta, en su calidad de jefe del movimiento cristero, de los grupos
levantados en armas y los nombres de sus principales jefes, que refle-
jaba, escueta y llanamente, la gran fuerza que había alcanzado la resis-
tencia armada en todo el país:
«Enviamos memorándum respecto de los grupos levantados en el
país que siguen nuestra bandera y que, en junto, suman ocho mil hom-
bres. Conviene decir que es el triple, pues creemos en la fecha lo
reciba Hegará a esa cantidad.»
Dicho cálculo pecaba un poco de exageración, sobre todo por supo-
ner que los defensores podrían triplicarse rápidamente, habida cuenta
de la angustiosa escasez de armas y pertrechos.
«En León, jefe de policía traicionó la causa y asesinó a once de nues-
tros compañeros, pero fuerzas de Arandas cayeron ese mismo día sobre
esa ciudad y la tomaron, evacuándola después de haberse apoderado
elementos de toda clase. Fue muerto jefe de policía.»
La referencia, inexácta en su última frase, se hacía sobre los acon-
tecimientos, ya relatados, del día 3 de enero en León, Guanajuato.
233
234 Antonio Rius Facius
«Preparamos en estos días un buen golpé en el estado de Méjico
para crear grave problema militar al gobierno.
»Denunciamos como espía probable cerca de ustedes a J. A. For-
neck, mejicano que se hace pasar como americano en El Paso.» l
Y a continuación se enumeraban, por estados, los jefes comprome-
tidos o ya en franca rebelión y lugar donde operaban:
«Estado de Oajaca:
»Por Huajuapan el general brigadier Ismael Guzmán. Por la mon-
taña de Mixtepec el mayor José L. Salazar. Entre Oajaca y Puebla
el coronel Eulogio Salazar.
»Estado de Guerrero:
»Por Santa Fe, Buenavista y Chilapa, generales Saldaña y Bárcenas.
»Estado de Méjico:
»En los límites del Ajusco general Manuel Reyes. Tenancingo,
Pasos de Santa Rosa y San Bartolo, el coronel S. Sánchez.
»Estado de Querétaro:
»Sobre la vía ferrocarrilera F. Dávalos, existen varios grupos cerca
de San Juan del Río y en la sierra de Querétaro.
»Estado de Michoacán:
»Por Tacámbaro, Pátzcuaro, Parácuaro, Jerécuaro y Curimeo, incur-
sionan los coroneles Angel Martínez y Telésforo Acevedo.
»Estado de Guanajuato:
»Por San Miguel de Allende los cabecillas Loreto Montes, Refugio
Avila y Fortino Sánchez. A inmediaciones de la montaña del Cubilete,
el general Gallegos y el brigadier Rendón. En Irapuato el brigadier:
Lunde. Por San Francisco del Rincón y Encarnación de Díaz, los cabe-
cillas Rodríguez y Guzmán.
»Estado de Jalisco:
»Por Cuquio, Ixtlahuacán del Río y pueblos cercanos a Colotlán,
el líder Carlos Blanco. Por Cerro Gordo, el Giiero Mónico y, el gene-
ral Barajas, por los Altos. El cabecilla Sixto Contreras por Ostotipa-
quillo; Etzatlán y demás minerales, Jesús Medina. Por Cocula y Ta-
palma, las mismas poblaciones en masa se han declarado en rebelión,
dando muerte a las guarniciones. Por Tonila, el cabecilla Flores, que
ha desarmado a la guarnición. l
»Estado de Colima:
»Existen cuatro grupos regularmente armados. Localización, nú-
mero, nombre de los cabecillas se' tendrán en breve.»
A A A
-Méjico Cristero 235
— _ .—_ o QQ —____ o _ RA
La rebelión en este estado iba tomando preponderancia en el Occi-
dente de Méjico, según queda dicho en capítulo anterior.
«Estado de Zacatecas:
»El coronel Quintanar que incursiona por los minerales de Som-
brerete, Chalchihuites, Tlaltenango y Colotlán.
»Estado de Aguascalientes:
»G. Pérez por el distrito de Calvillo,
>»Estado de Durango:
.. »Gurrola y Galindo, que han tenido a raya a las tropas del gobierno,
destruyeron casi por completo el tramo de vía de Tepehuanes-Santiago
Papasquiaro, quemando más de veinte puentes y destruyendo comuni-
caciones telegráficas. .
»Estado de Tamaulipas:
»Por la Huasteca el general Carlos Obregón.
»Pronto detalles Nayarit, Saltillo y Sinaloa.
»Esperamos acción parte de ustedes.
»J. C. Price. Enero 8.» °
El rápido crecimiento de la defensa armada preocupó intensamente
al gobierno, que daba palos de ciego para atajar la pujante rebelión.
Destierro del obispo de Tabasco.—Adalberto Tejeda, el radical se-
cretario de Gobernación, hizo aprehender al obispo de Tabasco, Mons.
Pascual Díaz y Barreto, y ordenó que fuese llevado a su presencia,
De manera insolente lo acusó de ser el principal promotor de la
resistencia armada y, sin darle oportunidad para demostrar lo con-
trario, dispuso que esa misma noche, debidamente custodiado, fuese
conducido a la frontera. Mons. Díaz y Barreto salió de la ciudad de
Méjico en el tren de Veracruz el 1? de enero de 1927. Al llegar a Cór-
doba trasbordó, siempre acompañado de sus custodios, al tren del Istmo
de Tehuantepec, para salir de la República por la frontera sur.
En Guatemala fue acogido favorablemente por el presidente de
aquel país e invitado a permanecer allí, a lo que rehusó porque deseaba
trasladarse a los Estados Unidos, cosa que hizo al poco tiempo. A su
paso por La Habana informó de la situación reinante en Méjico al anti-
guo delegado apostólico, Mons. Caruana.
El día 31 de enero la prensa de Norteamérica. publicó la noticia
del próximo arribo del obispo de Tabasco. Capistrán Garza, que se
encontraba en la ciudad de Washington, telegrafió a Luis Ruiz y Rueda,
236 Antonio Ríus Facius
que lo representaba en San Antonio, Tejas, ordenándole trasladarse a
Nueva Orleáns para saludar, en su nombre, al secretario del Comité
_ Episcopal. Este desembarcó en Nueva York el día 1% de febrero y
Luis Ruiz Rueda no pudo llegar oportunamente a recibir al prelado.
Una vez conocida por René esta involuntaria omisión, envió de Wash-
ington a Nueva York al Lic. Jenaro Núñez para que saludara en su
nombre al ilustre desterrado y le hiciese entrega de una carta personal.
y
Gestiones fracasadas.—Capistrán Garza estaba tratando en Wash-
ington de que el Departamento de Estado levantase el embargo de
- armas para el ejército libertador, a la vez que fuese impedida la adqui-
sición de ellas al gobierno de Calles y que se reconociese beligerancia
al movimiento cristero “inmediatamente después de tomada una plaza
sobre la línea fronteriza”.
Con este fin presentó un extenso memorándum que no fue nunca
contestado oficialmente, por la cuenta que le tenía al gobierno ameri-
cano de jugar con ambos contendientes en Méjico para obtener mayor
beneficio, cosa vieja y bien sabida de la política yanqui.
Una vez cumplida esta parte de su misión, Capistrán Garza regresó
a San Antonio y allí recibió la visita de William J. Buckley, católico
norteamericano, prominente en los círculos petroleros, con quien estaba
«tratando lo relativo a financiar el movimiento», para lo cual éste había
hablado a «Nicolás Brady, multimillonario americano residente èn
Nueva York, católico ferviente, caballero de San Gregorio, duque de
la Corte Pontificia y muy adicto a la Iglesia y a la Santa Sede Apos-
- tólica.
»Consideraba el señor Buckley que el terreno estaba suficiente-
mente preparado y que era necesario plantear definitiva y formal-
mente la cuestión al señor Brady. En alguna de sus conversaciones
éste había preguntado al señor Buckley qué cantidad era la que, a su
juicio, se necesitaría; Buckley respondió que de trescientos cincuenta
a quinientos mil dólares, pues no se trataba de financiar todo el mo-
vimiento, sino solamente. determinados objetivos militares que nos co-
locarían en condiciones de financiarlo dentro del territorio mejicano;
el señor Buckley se hacía solidario de la mitad del donativo firmando
a Brady documentos a plazo por esa parte.» *
Para formalizar la operación, salió Capistrán Garza hacia Nueva
York el 19 de marzo y llegó el día 3. Allí se reunió con Manuel de
Méjico Cristero 237
la Peza, que había sido apresado días antes en la ciudad de Méjico
y desterrado a los Estados Unidos; era de los principales directivos
de la Liga y, al llegar a San Antonio el 17 de febrero, se puso bajo
las órdenes de Capistrán Garza; éste dispuso que se trasladase a Nueva
York para “que se encargara de contrarrestar la enervante labor disi-.
dente” que había emprendido Mons, Pascual Díaz, quien consideraba
desacertada la labor que venía desarrollando la Liga.
Las opiniones vertidas por el obispo de Tabasco fueron de tal fuer,
za, que el posible benefactor del movimiento armado en Méjico, Nico-
lás Brady, se excusó de facilitar los fondos que ya estaba dispuesto
a entregar.
Esta actitud del obispo se debió, en gran sie a que al llegar a
los Estados Unidos recibió informes, entre otros del padre Carlos Here-
dia, S.J., referentes a la existencia de profundas desavenencias inter-
nas entre algunas personas adictas a René y otras que no lo eran,
pero que pretendían representar igualmente la causa católica en Méjico.
Mons. Díaz creyó prudente buscar los medios para acabar con tal
situación y solucionar, en forma pacífica, el conflicto religioso en Mé-
jico, para lo cual consideraba necesario un cambio de gobierno que
contase con el beneplácito de Washington. Con estos propósitos se em-
barcó para Italia. También salió hacia la Ciudad Eterna, Manuel de la
Peza, a la que llegó el día 4 de abril de 1927.
Dos tendencias opuestas se encuentran en Roma.—«El mismo día
de su llegada, el señor De la Peza solicitó por escrito del Emmo. carde-
nal Gasparri una audiencia, y esa solicitud fue recomendada por la
Comisión de Obispos.
»Al siguiente día se recibió la contestación en el sentido de que el
Santo Padre recibiría al propio señor De la Peza en audiencia pri-
vada, el mismo día. Cosa inaudita, pues no había solicitado la audien-
cia, ni siquiera se había pensado en ella.
»El señor De la Peza fue recibido con los brazos abiertos por su
santidad, con estas palabras: “Bravo por mis valientes mejicanos”.
>El Papa estuvo tratando con el señor De la Peza sobre los asun-
tos de Méjico, en términos muy cordiales, durante unos diez minutos,
y lo remitió al Emmo. cardenal secretario de Estado para que con él
“tratara los asuntos oficiales de la Liga, que llevaba el mencionado
señor.
A A A te E
238 Antonio Rius Facius
HAHAHA <A E í<á---z========
»El señor De la Peza tuvo cuando menos dos conferencias con el
Emmo. cardenal secretario de Estado, tratando especialmente la nece-
sidad de dinero para el sostenimiento de la defensa armada.
»Dos o tres días después el Emmo. cardenal Gasparri en persona
se presentó en al Colegio Pío Latino Americano, en donde residíamos
dos prelados mejicanos y el señor De la Peza, como a eso de las cinco
de la tarde, para darle, por conducto nuestro, la contestación al men-
cionado señor.
»La contestación fue que el Papa no ayudaba porque no tenía di-
nero; que si tuviera, con mucho gusto lo daría.
»El señor De la Peza regresó a los Estados Unidos, en donde estaba
desterrado por Calles.» *
El día 11 de abril llegó a Roma el obispo de Tabasco y se marchó
el 25 del mismo mes.
Extremadamente cauto y reservado con sus hermanos de la Comi-
sión de Obispos ante la Santa Sede, no dejó, sin embargo, de externar
su antipatía y desconfianza hacia la Liga Nacional Defensora de la
Libertad Religiosa, añadiendo que no creía posible que en Méjico se
pudiese establecer un gobierno de católicos, antes bien, estimaba con-
veniente la formación de un gobierno de transición, integrado por per-
sonas como Félix Díaz y Nemesio García Naranjo, de señalada tra-
yectoria liberal.
, Es fácil suponer que, en las dos audiencias privadas que le con-
cedió el Papa, exteriorizó sus puntos de vista, opuestos a la política
seguida hasta entonces por los directivos de la Liga y el mismo Capis-
trán Garza, al que no sólo no reconocía como representante seglar del
episcopado mejicano, sino que negaba que tuviese capacidad suficiente
para desempeñar el cargo de jefe del movimiento.
Esta opinión era compartida por el padre Heredia, entonces en el
apogeo de su popularidad desenmascarando espiritistas, y por Juan
Lainé, quien escribió a los directivos de la Liga haciéndoles ver los
errores que había cometido y seguía cometiendo René, ignorante del
idioma y la mentalidad de los americanos. Su opinión influyó decisi-
vamente en el Comité Directivo de la Liga Nacional Defensora de
la Libertad Religiosa, que envió a los Estados Unidos, para que inves-
tigase la realidad de la situación, a Luis G. Bustos, acreditándolo como
su único representante, sin cancelar previamente las credenciales de
“René Capistrán Garza. 4
Méjico Cristero 239
Obligada renuncia.—Luis G. Bustos fue al encuentro de René los
primeros días de mayo para explicarle que, si bien dejaba de ser repre-
` sentante y jefe de la Liga en los Estados Unidos, cargo que se le había
conferido a él, René seguiría conservando el título de jefe del movi-
miento armado y continuaría controlando todo lo concerniente al as-
pecto militar de la defensa armada.
No muy convencido del giro que tomaban los acontecimientos, Ca-
pistrán Garza continuó trabajando infructuosamente en Nueva York,
mientras Bustos regresaba a San Antonio, donde empezó a tratar con
todo mundo: obispos y seglares, católicos y políticos liberales incon-
formes con el callismo.
Esa situación tan incómoda en que estaba colocado; le hizo ver a
Capistrán Garza la necesidad de renunciar, de una buena vez, al hipo-
tético mando que ya no tenía, «después de haber luchado contra la
hostilidad del episcopado, clero y católicos mejicanos residentes en los
Estados Unidos.» ** Y se trasladó a San Antonio Tejas, pero Luis G.
Bustos, el padre Martínez del Campo, S.J., y el doctor José Meza Gu-
tiérrez, que habían llegado recientemente para ayudar a Bustos en sus
trabajos, lo disuadieron de hacer tal cosa mientras, secretamente, en-
viaban un informe al Comité Directivo de la Liga, proponiendo su des-
titución por ser inadaptable al medio y tener “gran falta de tacto y
una buena dosis de orgullo” que lo incapacitaba, no sólo para los tra-
bajos preparatorios, sino para el desarrollo y consolidación futura de
la empresa.
Y uno de los primeros días del mes de mayo de 1927, René Capis-
trán Garza, presidente honorario de la Acsm, jefe de la Liga en los
Estados Unidos y del movimiento armado de los católicos mejicanos,
fue relevado de su cargo por aquellos que habían colocado sobre sus
hombros la inmensa responsabilidad de encabezar la causa más gene-
rosa y limpia en la historia de Méjico: la causa de Cristo Rey.
XXII
PANORAMA DE LA SITUACION
Preparativos para la reelección presidencial —Asalto
al tren de Guadalajara.—Gestiones de Luis G. Bus-
tos.—El Partido Unión Nacional.—Oposición de la
ACJM al proyectado partido.
Preparativos para la reelección presidencial.—Cuando el sonorense
Alvaro Obregón traicionó a su amigo y jefe, Venustiano Carranza, para
hacerse amo absoluto de Méjico, dejando que su coterráneo Adolfo de
la Huerta acupase provisionalmente la Presidencia, pensó que era lle-
gada su oportunidad para emular al anciano dictador que había go-
bernado a Méjico durante treinta años.
La Presidencia de la República, que ocupó después por cuatro años,
no le fue cómoda, pues tuvo que defenderla de la ambición de sus ami-
gos y de las desmedidas exigencias de los yanquis, que le habían pres-
tado el apoyo moral y material que necesitaba para sostenerse a cambio
de oprobiosas concesiones. Sus posibles o reales opositores fueron des-
apareciendo del panorama nacional, víctimas de sus maquiavélicos pro-
cedimientos que iban, desde dispararles sus famosos cañonazos de mil
monedas de oro de cincuenta pesos, hasta mandarlos asesinar o, con tal
amenaza, obligarlos a huir al extranjero.
Para continuar ejerciendo el poder desde su cómodo retiro, hizo
presidente a Plutarco Elías Calles, el más impopular de sus amigos,
quien se resignó a gobernar con medida independencia, subordinado
al capricho de su poderoso predecesor. Obediente hasta el servilismo
241
MÉXICO CRISTERO.—16
242 . id Antonio Rius Facius
hizo cuanto Obregón le ordenó para complacerle; por eso a nadie ex-
_trañó la noticia, aparecida en los diarios capitalinos el 28 de agosto
de 1925 —poco más de un año y medio después de haber tomado Calles
posesión de la Presidencia—, de aue sería presentado a las Cámaras
legislativas un proyecto de reforma al artículo 83 de la Constitución
para que “...pasado un período constitucional, el ciudadano que haya
desempeñado el puesto podrá ser nuevamente electo por una sola
vez...
Era claro el fin que con ello se perseguía y, el 21 de octubre, la.
Cámara de Diputados aprobó dócilmente la consigna, que ratificaron
con obediencia franciscana los senadores el 19 de noviembre de 1925.
No a todos los componentes de la familia revolucionaria les pareció
acertado' el cambio hecho al texto constitucional, pues había generales
- sobrevivientes de la encarnizada lucha sostenida entre las distintas fac-
ciones, que se habían hecho grandes ilusiones para ocupar —eso sí,
por riguroso turno— la Presidencia, y el cambio a la Constitución apro-
bado los ponía en difícil dilema frente a su jefe, el general Alvaro
Obregón, quien, aparentando absoluta indiferencia, hacía vida de ha-
” tendado en Cajeme, Sonora.
Allí fueron a buscarlo dos de los más renombrados generales, go-
bernador del Distrito Federal uno y jefe de las operaciones militares
en el estado de Veracruz, otro:
a «—Jefe, venimos a verlo —dijo Serrano— porque tal vez usted
' sepa que algunos sectores revolucionarios se han dirigido a nosotros
para ofrecernos nuestra candidatura a la Presidencia de la República...
»—Estoy enterado, sí —contestó Obregón, mirándolos con sus ojos
maliciosos y su rara sonrisa, mitad de conejo mitad de tigre—, y me
da mucho gusto. ; , i
»—Lo que queríamos es saber, jefe, si usted no se opone a los tra-
bajos de nuestros partidarios —insistió Serrano, todo nervioso, mi-
rando a Gómez, el gato montés, que miraba inquisidoramente a Obre-
gón, el fígre.
»—No. Yo no me opongo. La democracia... —Y aquí el tigre re-
citó una de sus incomparables parrafadas demagógicas, esas parrafa-
das que Gómez conocía tan bien. >
»El gato montés decidió, entonces, atacar:
»—La cuestión, jefe, es ésta: ¿Usted va a ser candidato a la Pre-
sidencia?, porque si va a serlo...
PE qQP-o o A A AA ES
Méjico Cristero 243
—_—— _ _—_— _————_— _ _ _ _____JJJJ———— As
— T Él AA 222
, »Obregón esperaba la pregunta y precisamente de Gómez, el único
con el valor necesario para hacerla. Tenía la respuesta preparada:
»—No. Yo no seré candidato, porque aquí en el campo, estoy a
gusto. Nosotros ya cumplimos.
»Gómez no se dio por satisfecho:
»—Es que esas reformas a la Constitución, mi general...
»—Eso es pura lambisconeada, que a mí me tiene sin cuidado —res-
pondió el tigre, que al fin enseñó fugazmente los dientes—, yo no vol-
vería a aquello, a la lucha política, sino en el caso de que los altos
intereses de la patria...
»Serrano, que quiere creer, que quiere hacerse el tonto —más de
lo que es—, sonríe, queriendo sentirse satisfecho:
»—Entonces, jefe, ¿no se opone usted a esos trabajos?
»—¡Claro que no! Les deseo la mejor suerte del mundo.» **
` Francisco Serrano y Arnulfo Gómez regresaron a la capital para
seguir moviendo, combinando influencias con la tácita complacencia de
Calles, que desconfiaba de todos, pero más que nadie de Obregón, el
gran jefe ante quien había, de grado o por fuerza, de inclinarse reve-
rente.
El 25 de febrero de 1927, a bordo del tren presidencial, llegó el ge-
neral Obregón a la ciudad de Méjico. Plutarco Elías Calles, presidente
de la República, acompañado por miembros significados de su gobier-
no, estuvieron puntualmente en la estación para recibirlo y acompa-
ñarlo, con desusado comedimiento, al castillo de Chapultepec, residen-
cia presidencial.
Todo el mundillo oficial andaba inquieto, en espera de que el Ila-
mado héroe de Celaya abriera la boca para decir quién sería el futuro
candidato a la Presidencia.
No se hizo esperar mucho tiempo; antes de una semana los diarios
publicaron sus primeras declaraciones relacionadas con el futuro poli-
«tico de Méjico, no por ambiguas menos decisivas en la interpretación
de su pensamiento:
` «...Les antirreeleccionistas han deslindado ya su campo y es lo
único que les interesa, y yo deslindaré el mío cuando lo juzgue opor-
tuno. ..
»Será a los ciudadanos todos de la República a los que corresponda
juzgar si la acepción de la palabra reelección comprende solamente a
la prolongación por un nuevo período del ciudadano que actúe como
a_a
244 Antonio Rius Facius
presidente de la República haciéndose figurar como candidato sin per-
der su carácter de primera autoridad.» ** :
Su dialéctica pertenecía a la más burda escuela de sofistas, cosa
que no importaba, ¡qué va!, a la multitud de segundones que lo acla-
maban para hacerse merecedores del mendrugo, más o menos sustan-
cioso, que esperaban recibir de su magnanimidad cuando definitiva-
mente fuese nuevamente amo del Poder Ejecutivo.
Los banquetes se sucedieron uno tras otro y todos los oradores
coincidieron en proclamar su, más que necesario, indispensable retorno
al poder, llenando de zozobra y disgusto a dos de sus más fieles ami-
“gos: los generales Francisco Serrano y Arnulfo R. Gómez.
El general Obregón había recobrado, de golpe, su decisiva influen-
cia política, y empezó a barajar hábilmente las cartas de su juego
tortuoso. Una de ellas era, sin lugar a duda, el conflicto religioso.
Le satisfacía plenamente la odiosidad popular que había acarreado a
Calles y que le brindaba a él, en cambio, favorable postura para inter--
venir, como eficaz mediador, en la solución del grave problema. :
No extrañó, por consiguiente, a los miembros del Comité Episcopal
que aún permanecían en Méjico, la presencia en el palacio arzobispal,
el 16 de marzo de 1927, de dos enviados del general Obregón, quien
solicitaba, por mediación del licenciado Eduardo Mestre, una entrevista
con algún representante de la jerarquía católica para buscar un enten-
dimiento entre la Iglesia y el Estado. -
Los prelados Ruiz y Flores, y Valdespino, asistieron a la cita qu
cencertó el licentiado Mestre, sin que en ella se llegase al acuerdo
previo que Obregón pretendía.
Culminaron las diversas tentativas por parte de otros enviados del
general Obregón con la entrevista que éste celebró, en la terraza del
castillo de Chapultepec, con Mons. Fulcheri, obispo de Zamora, el 23
de marzo, en la que no se llegó a ningún arreglo, pues Obregón deseaba
que se reanudasen los cultos y que los obispos confiaran en la buena
fe del gobierno; pero el representante del episcopado, con sabia pru-
. dencia y atinado juicio, le hizo ver que la mejor manera de demostrar
ésa buena fe era atendiendo las peticiones del memorial que, calzado
con dos millones de firmas, se había enviado al congreso. >
Es muy posible que el gobierno de Calles, no muy seguro de sus
propias fuerzas, pretendiera ganar la partida empleando con los obis-
pos su maquiavélica diplomacia.
Pero un sonado acontecimiento le hizo cambiar de táctica.
Méjico Cristero 245
Asalto al tren de Guadalajara.—Comandaba un numeroso grupo de
cristeros un sacerdote de apellido Reyes Vega, lo que era realmente
excepcional, pues los obispos habían prohibido expresamente a los
sacerdotes empuñar las armas, no así acompañar a los cristeros en
calidad de capellanes: cosa distinta, necesaria y benéfica para la causa.
El núcleo comandado por el padre Reyes Vega, en unión de otros más,
entre ellos el de Victoriano Ramirez, El Catorce, dependientes de la
comandancia de Jalisco, a cargo, desde la muerte del maestro Ana-
cleto González Flores, de su íntimo amigo y compañero de la AcM,
Miguel Gómez Loza, fue informado que el tren que partiría de Guada-
lajara hacia Méjico el 19 de abril, conduciría pertrechos militares y
una fuerte remesa de dinero que la sucursal del Banco de Méjico
—institución financiera centralizadora creada por el general Calles en
sustitución de la antigua Comisión Nacional Monetaria—, remitiría a
su matriz en la capital de la República.
A marchas forzadas el padre Reyes Vega congregó a sus hombres
al norte de la importante población jalisciense de La Barca, entre las
estaciones Pati y Yurécuaro, y les ordenó el levantamiento de un gran
tramo de rieles y que amontonasen bastantes piedras sobre la vía; des-
pués los distribuyó a ambos lados y aguardó la llegada del convoy.
A las 8.30 de la noche llegó el tren procedente de Guadalajara al
lugar donde se le había tendido la trampa y se descarriló. El destaca-
mento militar a cuyo cuidado iban los pertrechos, se diseminó por todos
los carros y, desde las ventanillas, comenzaron a disparar los soldados
contra sus atacantes, sin importarles la seguridad del pasaje escon-
dido a ras del piso para no ser blanco de la tupida balacera que,
durante tres horas, sostuvieron los cristeros, hasta que sucumbió el
último hombre de la escolta, que dicho sea en su honor, se portaron
con fiera valentía.
Alcanzado el triunfo, subieron los cristeros al tren y se apoderaron
de las armas, pertrechos y setenta mil pesos que conducía; bajaron a
todo el pasaje y los heridos, dejando únicamente dentro de los carros
los cuerpos de los soldados muertos. Regaron después, con el petróleo
-de la máquina, todo el convoy y le prendieron fuego.
Es posible que el padre Reyes Vega pretendiese con ello realzar la
importancia del asalto para que la prensa, al publicar la noticia, que-
_brantase su política de obligado silencio en relación a las grandes
proporciones alcanzadas por la lucha cristera.
246 Antonio Ríus Facius
Y así fue; el impacto que causó en la opinión pública este triunfo
de las armas católicas resultó espectacular, y el gobierno, para con-
trarrestarlo, envió informaciones falsas a los periódicos, cursó boletines
a todas sus embajadas y usó de la calumnia para culpar a los “ban-
doleros clericales, que mandan personalmente los presbíteros Vega,
Pedroza y Angulo, quienes reciben instrucciones del episcopado de esta
Estado en que quedó el tren procedente de Guadalajara, asaltado por los cris-
teros cerca de la estación de La Barca, Jal., el 19 de abril de 1927.
capital”; afirmación mentirosa, pues los obispos eran del todo ajenos,
no sólo a los movimientos militares ordenados por sus respectivos
jefes; sino a las disposiciones dictadas por la Liga para batir, en el
campo de batalla, a los enemigos de la religión profesada por el pueblo
mejicano.
- La Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa protestó aira-
damente, en su propio boletín del día 30 de abril, contra esa sostenida
calumnia oficial.
Méjico Cristero 247
Días antes, a raíz del atentado al tren de Guadalajara, habían sido
expulsados ignominiosamente seis de los obispos secuestrados en el
Distrito Federal.*
La persecución de los católicos fue extremada y la búsqueda de
sacerdotes, religiosas y jefes de todas categorías de la Liga, la ACJM,
la cncr, etc., se convirtió en obsesión para la gente del gobierno de
Plutarco Elías Calles y en motivo de constante alarma para las posi-
bles víctimas.
Luis B. Beltrán y Mendoza era de los más destacados miembros de
ias dos primeras sociedades mencionadas, y la Inspección de Policía
ordenó su captura. Los agentes comisionados rodearon su domicilio y,
por las azoteas vecinas, penetraron al interior sin que, felizmente,
dieran con él, llevándose a cambio cuanto dinero y objetos de valor
encontraron dentro de la casa. Ese día, como tantos otros, había salido
Luis a cumplir una comisión a un lugar próximo a la capital y pudo
ser avisado a tiempo de lo que sucedía y encontrar refugio en el hogar
de su amigo y compañero de la acim, Luis Rivero del Val, en donde
permaneció algún tiempo, sin que por ello descuidase sus delicadas
comisiones, relacionadas principalmente con el abastecimiento de car-
tuchos a los cristeros. i
- Nadie que tuviera verdaderos sentimientos de fe y de justicia en
el corazón podía permanecer al margen del peligro y el fervor religioso
de aquellos aciagos días.
Gestiones de Luis G. Bustos.—La presencia de los obispos meji-
canos en los Estados Unidos coincidió con la llegada de Luis G. Bus-
tos, su posterior distánciamiento con René Capistrán Garza y los pri-
meros pasos para rehacer lo que los amigos de Gándara, en El Paso,
y los de Mons. Díaz, en Nueva York, habían destruido de la labor em-
prendida por René, culpándolo de paso de un fracaso que no había
sido suyo.
El Comité Directivo de la Liga veía multiplicarse las fuerzas cris-
“teras con una rapidez más allá de sus propias posibilidades económicas,
y, para activar las negociaciones encaminadas a conseguir el préstamo
en los Estados Unidos, pidió al profesor Alberto María Carreño que
investigase «lo que podía esperarse como ayuda del gobierno ameri-
cano a los católicos, toda vez que por aquellos días se había manifes-
* Ver el capítulo XIV,
248 Antonio Rius Facius
tado éste tan enemigo del encabezado por el general Plutarco Elías
Calles, que el señor Frank Kellogg, secretario de Estado, no había
vacilado en romper todos los moldes de la diplomacia, para emplazar
a dicho gobierno ante el tribunal del mundo entero. La ayuda prestada
por el de Méjico a los insurgentes de Nicaragua, la acción retroactiva
de la ley del petróleo, considerada confiscatoria, ete., habían provo-
cado aquella animosidad del gobierno de la Casa Blanca.» ” .
El profesor Alberto María Carreño había mostrado siempre su des-
acuerdo con la política seguida por los directivos de la Liga, y a pesar
de ello, éstos le pidieron, y él aceptó, partir a los Estados Unidos pre-
cisamente a colaborar con Luis G. Bustos en la consecución de los
fines antes dichos. Carreño salió de la ciudad de Méjico el 21 de junio
de 1927 y, al llegar a San Antonio, Tejas, celebró una junta con Luis
G. Bustos, el padre Rafael Martínez del Campo, S.J., y el doctor José
Meza Gutiérrez, en la que fue expuesta, con gran pesimismo, la difí-
cil situación por la que atravesaban en su labor los miembros y sim-
patizadores de la Liga en los Estados Unidos; pesimismo que se cimentó
con un telegrama enviado desde Nueva York por Manuel de la Peza,
en el que daba cuenta del desistimiento definitivo de la oferta de di-
nero hecha por medio de la intervención de Nicolás Braddy. En cam-
bio, Alvaro Obregón, en un viaje hecho subrepticiamente a Los Ange-
les, California, había obtenido, a cuenta de futuras concesiones, un
crédito de cinco millones de dólares para preparar su ofensiva contra
sus numerosos enemigos políticos agrupados en el Partido Antirreelec-
cionista, a quienes ya se habían confiscado grandes cantidades de armas
_en territorio norteamericano. ,
Luis G. Bustos, convertido en jefe indiscutible de la Liga en los
Estados Unidos, y en buenas relaciones con los antiguos enemigos de
René, emboscados unos en El Paso y otros en Nueva York, no se dio
por vencido e intentó conseguir dinero para incrementar el movimiento
armado en Méjico, negando con ingenuidad manifiesta, la esencia reli-
giosa del mismo. l
A la vez dirigió, dos días después de celebrada la entrevista con
Carreño, Meza Gutiérrez y el padre Martínez del Campo, un extenso
memorijal al Comité Episcopal reunido en San Antonio, Tejas, solici-
tando su ayuda económica, aunque para prestarla tuvieren los mitra-
dos que empeñar los bienes de la Iglesia. El 4 de julio recibió respuesta
del nuevo secretario del Comité Episcopal, Mons. Gerardo Anaya,
Méjico Cristero * 249
cbispo de Chiapas, negando que ellos tuviesen facultades para hacerlo
sin el consentimiento previo de la Santa Sede, además de que, como
era bien sabido, todos los bienes de la Iglesia en Méjico habían sido
incautados por el gobierno.
" Trámites fueron y respuestas vinieron sin que, al fin. se pudiese
conseguir algo efectivo para el movimiento. Desde Roma intervinie-
ron los obispos mejicanos representantes del episcopado para solicitar
de la jerarquía católica norteamericana la ayuda que, para salvar a la
Iglesia en Méjico, era necesaria, pero «los Emmos. cardenales de los
Estados Unidos del Norte ni siquiera contestaron.» **
El auxilio que se recibió en Méjico de parte de los católicos norte-
americanos, salvo raras excepciones, fue puramente moral, sintetizado
en alguna protesta ante el congreso norteamericano, noticias periodís
ticas y oraciones que no fueron apoyadas con la fe en la justicia de
la causa católica. Y es que al ciudadano norteamericano en general le
era antipática la idea de apoyar en Méjico una guerra santa.
El Partido Unión Nacional.—En las ciudades fronterizas, distintos
grupos políticos conspiraban contra Calles y todos se atribuían, a sí
mismos, la calidad necesaria para formar un gobierno sano y unificado.
Esta corriente de opinión tuvo que afectar forzosamente en su ideo-
iogía a Luis G. Bustos, en comunicación con algunos de estos perso-
hajes del momento, algunos de los cuales de extracción liberal, como
lo eran lo mismo Carreño y Ortiz: Monasterio, con quienes llegó a la
conclusión de que era conveniente arriar la bandera de la libertad
religiosa para enarbolar la de la Constitución de 1857.
«El problema lo hemos resuelto como sigue —escribió el 22 de ju-
lio a Mons. José María González y Valencia—: en Méjico seguirá fun-
cionando la Liga como siempre. Aquí presentaremos el movimiento
como producto de una unión nacional, representada por tendencias y
personas del porfirismo, de la revolución y del renacimiento católico
que condensen todas las justas aspiraciones nacionales. Liberales, re-
volucionarios honrados y católicos creerán tener cabida, a la par, en
-esa unión. Pero bajo cuerda todo queda en manos de la Liga, y se
admite como vigente el memorial del episcopado. De esta suerte, sin
claudicar en lo más mínimo, sin acallar el grito de viva Cristo Rey,
echamos tierra en los ojos de Washington y del público americano,
y restamos elementos en Méjico a los presidenciales, próximos a lan-
250 ( Antonio Rius Facius
zarse a la lucha armada. Además, este plan quedará enteramente se-
ereto, lo ignoran los mismos prelados fuera de D. José (Mora y del
Río), y no saldrá al público sino hasta el momento de la ejecución
para que sea sancionado por el éxito.» *
Ese proyecto fue redactado por Alberto María Cro y suscrito
. definitivamente por éste, Bustos y Ortiz Monasterio, en la ciudad de
Nueva York el día último de julio y presentado desde luego, para su
aprobación, a Mons. Pascual Díaz, con quien se reunieron el 5 de agosto
para puntualizar el alcance de sus cláusulas.
Dicho proyecto consistía sustancialmente en lo siguiente:
I—-Constituir un partido político denominado “Unión Nacional”.
TI.—Bustos, como representante de la Liga, se comprometía a apor-
tar la organización total de ésta al nuevo partido.
TI.—Carreño y Ortiz Monasterio aportarían los elementos pecunia-
rios y políticos con que contaran.
IV.—El programa del partido sería: restablecimiento de la Cons-
titución de 1857, depurada de cuanto se opusiera al memorial del epis-
copado enviado a las cámaras.
Aceptación de todos los principios favorables al trabajador y al
campesino sin perjudicar los legítimos intereses del capital y la pro-
piedad rural.
Libertad de enseñanza, prensa, etc.
Procurar un entendimiento con los Estados Unidos, a base de una
recíproca amistad, sin menoscabo de la dignidad, autonomía y terri-
torio de la República Mejicana.
Garantías para nacionales y extranjeros.
Sufragio real y no reelección.
Este plan habría de realizarse con la formación de un gobierno inte-
grado por un triunvirato compuesto por un liberal, un revolucionario
y un católico.
Los directores de la Liga aceptaron este proyecto, del todo ajeno
a las necesidades y motivos por los cuales luchaban, en el campo y
en la ciudad, los católicos de la nación, y coincidieron esta vez con
Mons: Díaz, quien acudió a la Delegación Apostólica para que ésta
sometiera al Departamento de Estado en Washington dicho proyecto,
para averiguar «si no entorpecería, con la fuerza de su oposición, los
trabajos que aquéllos pensaban realizar.» * Y el Departamento de
Estado, la Delegación Apostólica en Washington y Mons. Pascual Díaz
Méjico Cristero 251
juzgaron en extremo interesante que un liberal y un revolucionario
gobernasen a Méjico, con un católico a su lado.
Para vencer definitivamente los escollos que le cerraban el paso,
Mons. Díaz se trasladó en el mes de octubre a Roma y, pocos días
después, el cardenal secretario de Estado leyó a los obispos mejicanos
que formaban la Comisión, una acusación contra ellos, porque “estaban
` informando mal a la Santa Sede”. Sin que hubiera en tal acusación
puntos concretos que pudieran rebatirse y, «como quince días más
tarde, antes de que partiera de nuevo el señor Díaz y Barreto para
Nueva York, la Secretaría de Estado nos llamó de nuevo (a la Comisión
de Obispos) para decirnos que la Santa Sede creía conveniente que se
se desintegrara la Comisión y que los prelados que la componían no
residieran en ella... El señor Díaz partió dos días después de esto,
a Nueva York, para continuar trabajando, de acuerdo con Mons. Fumas-
soni Biondi, delegado apostólico en Washington, y Dios quiera que
no en combinación de la Casa Blanca, en los arreglos con el gobierno
de Calles.» * .
Los creadores del proyecto se entrevistaron con distintas personas
- influyentes y sin influencia para que, el Partido de Unión Nacional
se convirtiese en una realidad. Pero encontró justificada oposición
entre aquellos que, por propia experiencia, sabían que no podían con-
tar con la colaboración bien intencionada y sincera de liberales y revolu-
cionarios, deseosos de alcanzar el poder para satisfacer sus propios fines
de lucro personal.
Transcurrieron algunos meses y, felizmente para el prestigio de
Méjico y de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa que
lo representaba, la proyectada creación del Partido fue perdiendo inte-
rés entre los directivos de la Liga. A ello contribuyeron, ¡qué duda
cabe!, las críticas privadas y colectivas de los acejotaemeros.
Oposición de la acm al proyectado partído.—Con la lucidez que en
sus largos años de preparación en la acīm había alcanzado, Fernando
Díez de Urdanivia expuso a su compañero, Juan Latapí, en una carta
fechada el 20 de septiembre de 1927, la síntesis precisa de la cuestión.
«Es inútil seguir esforzándose hasta dar vida y sangre en la lucha
mientras los directores —prelados inclusive— sean no sólo tan mio-
pes, sino tan desprovistos de unidad de criterio. Mientras exista entre
ellos, además de sus muchos otros defectos, esa horrenda anarquía, todo
252 Antonio Rius Facius
está de más. Vale muchísimo más un grupo pequeño, pero unido y
acostumbrado a trabajar al unísono, que ese mosaico-donde el que no
intriga, yerra y el que no, vende la causa por un plato de lentejas.»
Fernando Díez de Urdanivia se había establecido en El Paso, Tejas,
llamado por los religiosos de la Compañía de Jesús para hacerse cargo
de la dirección de El Diario de El Paso, que utilizó como tribuna para
orientar, por medio de magníficos editoriales y veraz información,
sobre el desarrollo de los trabajos de la Liga Nacional Defensora de la
Libertad Religiosa y la acción desempeñada por la epopeya cristera.
En el mes de marzo de 1928 se hallaban reunidos, en San Antonio,
Tejas, un grupo selecto de expatriados miembros de la acsm; entre
ellos se encontraba Pedro Vázquez Cisneros, que fue quien redactó un
extenso, sincero y preciso memorándum a los directores de la Liga,
firmado por él y los acejotaemeros Pedro González, Salvador y Luis
Chávez Hayhoe, René Capistrán Garza, Luis y Ramón Ruiz y Rueda,
Hilario Pérez y Carlos Blanco.
Vale la pena reproducir literalmente algunos de sus párrafos, para
que se vea hasta qué grado la acsm había penetrado en la esencia mis-
ma de los problemas sociales y políticos de Méjico:
«Algunas personas han concebido e intentan hacer triunfar un nuevo.
plan de campaña... que consiste fundamentalmente en una política de
acomodamiento y renunciaciones y trae como consecuencia inmediata
el confiar los intereses de la libertad, del pueblo y de la justicia, a ene-
migos nuestros, y el alzar como bandera la agresiva y decrépita Cons-
titución de 1857..
»Se habla de unión nacional, entendiendo por ella... la mezcolanza
absurda de la gran mayoría católica con las diversas minorías hostiles
al catolicismo: liberales, porfiristas y revolucionarios. ..
»Bien cara tendría que pagar el pueblo la cooperación con la mi-
noría enemiga, El precio sería el trono de que acaba de expulsarse -
al tirano. El resultado sería la continuación de la iniquidad y del
despotismo.
»Además de este inconveniente... se produciría... la división en-
tre los católicos... tanto más cuanto que el pueblo, en estos días solem-
nes de tragedia y de batalla, nada quiere menos que componendas y
renunciaciones. ..
»Un cuerpo con tres cabezas es un monstruo que no puede sub-
sistir ni en el orden individual ni en el social. La certeza de la ante-
Méjico Cristero : 253
rior afirmación sube de punto si las tres cabezas, como sucede en el
triunvirato de la unión nacional, han de ser diversas entre sí y adere-
zadas para tirar cada una por lado distinto. Un católico, un liberal
y un revolucionario formarían el triunvirato. Los intereses del pueblo
que con admirable generosidad está derramando su sangre en una lu-
cha gloriosa, quedarían confiados a un cuerpo en que los enemigos del
pueblo formarían su mayoría. .
»Y estallará la guerra en EP seno de las fuerzas triunfantes. La bata-
lla por el botín de la victoria. En esa suerte de batallas la victoria es
de los más desalmados y de los más perversos... El pueblo, cuya causa
consideramos nuestra, y la libertad, y la justicia, continuarán oprimi-
dos y destrozados. Cambiar de opresores y de verdugos será para ellos,
en virtud de la unión nacional y del triunvirato, el fruto de la lucha
y de la victoria.
»La otra consecuencia fundamental de la tendencia que combati-
mos, consiste en la proclamación, como bandera de la defensa armada
del pueblo, de la Constitución de 1857.
»La historia nos enseña que 1917 no fue sino la repetición de 1857.
“Entonces, como en 1917, una revolución sectaria y desenfrenada aca-
baba de triunfar sobre el pueblo por medio del terror y de la violencia.
Entonces también las bestias triunfantes reventaban de odio a la Igle-
sia y a los derechos espirituales del pueblo y también convocaron a
un congreso que fuera, y fue casi, exclusivamente suyo, en el cual
habían de dar, y en efecto dieron, rienda suelta a sus intemperancias
jacobinas y a sus propósitos de dominación sectaria. Entonces también
protestaron los obispos contra la cadena impía, también protestó y se
defendió el pueblo, y por cierto, con mucho más vigor y constancia que
_ por los alrededores de 1917.
- »La Constitución carrancista no es más que lodos de los polvos de
Ayutla. Definitivamente vencido el pueblo en la batalla cuyo punto
culminante fue 1857, el enemigo quiso dar un paso más hacia la ruina
de la Iglesia y de la patria, y desencadenó el constitucionalismo y se
realizó la abominación de 1917.
»Hace setenta años nuestros padres combatían y derramaban su
sangre en defensa de la libertad y de la justicia, contra la Constitu-
ción de 1857 y contra los que a su sombra y en nombre de ella des-
truían y sagueaban templos, disolvían comunidades religiosas, deste-
“rraban obispos y asesinaban sacerdotes y ciudadanos intachables, Ahora,
254 Antonio Rius Facius
“vencidos, nosotros alzamos contra los verdugos de hoy la bandera de
los verdugos de ayer, contra los que hoy nos azotan nos acogemos al
azote mismo que flageló las espaldas de nuestros vadres y nuestras
propias espaldas. ;
ə» ¿Hasta dónde nos llevará esa tendencia derrotista, ese descenso
fatídico y monstruoso? ¿Van nuestros hijos, dentro de setenta años,
a proclamar contra los tiranos de entonces, como bandera, la Consti-
tución de 1917?... No podemos echarnos por ese despeñadero.
»Anacleto González Flores, Miguel Gómez Loza, Armando Téllez,
Luis Segura y tantos otros mártires ilustres que han caído en torno
de la bandera gloriosa de la LNDLR, no habrían muerto ni peleado por
el guiñapo de 57. Alzarle ahora como bandera sería una profanación
imperdonable de la sangre de nuestros héroes, un sacrilegio horrendo
contra la sangre de nuestros mártires. Nuestros muertos tienen un
derecho sagrado, que nos impone un deber ineludible y una respon-
sabilidad tremenda...
»Nuestro amor a la causa católica, en cuyas filas hemos militado,
y en las cuales queremos militar hasta la muerte, y nuestro apego a
los intereses fundamentales de la Iglesia y de la patria de Méjico, repe-
timos, nos mueven a formular este memorándum. Al hacerlo, no sola-
mente creemos cumplir con el deber que sobre nosotros pesa de pre-
tender atajar. el mal a tiempo, sino que además estamos seguros de
interpretar el sentir de la mayor parte de los católicos mejicanos...
No podemos dejar que se haga sin nuestra inconformidad y nuestra
protesta, lo que el honor y la conciencia no nos permitirán aceptar
cuando se haya consumado.» *
Aunque de momento el Comité Directivo de la Liga respondió al
memorándum de los acejotaemeros de San Antonio, Tejas, con una
comunicación iracunda e injusta, rectificó a tiempo lo que podía haber
significado una grave escisión entre los católicos mejicanos; así pareció
comprenderlo posteriormente el autor de esa comunicación, licenciado `
Ceniceros y Villarreal, cuando expresó en carta dirigida a Mons. Man-
ríquez y Zárate, el 29 de junio de 1928, precisamente después de refe-
rirse a dicho memorándum: «Felizmente la Unión Nacional a que
dicho memorial se refiere, ha dejado de existir por el fracaso del re-
presentante de la Liga en ésa, quien renunció la representación y tal
renuncia fue desde luego aceptada. Por mi parte, diré a usted que
la noticia del fracaso de la Unión Nacional me quitó un gran peso de-
Méjico Cristero =
encima. Ahora juzgo más fácil o menos difícil lograr la unión a la
Liga de todos los elementos de buena voluntad, y es necesario que
usted nos ayude con todas sus fuerzas a obtener esa unión.»
XXII
HEROINAS VICTIMAS DE LA PERSECUCION
Las Brigadas de Santa Juana de Arco. — Mujeres
ejemplares. — Deportados al penal de las Islas
Marías. — Los mártires de San Joaquín.
Las Brigadas de Santa Juana de Arco.—La mujer mejicana, prin-
cipalmente la del centro de la República. ha sido vor tradición suma-
mente religiosa; maestra que en el hogar ha enseñado el catecismo a
sus hijos; ejemplo permanente de laboriosidad; firme apoyo de los
ideales patrióticos del hombre.
Al acercarse el conflicto religioso, ella estuvo en las primeras ba-
rritadas alentando a los luchadores, ayudando generosamente a la causa
sin rehuir peligros ni escatimar sacrificios, Por eso, cuando los cató-
“licos empuñaron las armas para defender con ellas su fe y su libertad,
la mujer mejicana pasó lista de presente para aprovisionar a las fuer-
zas cristeras.
El 21 de junio de 1927, un puñado de lindas jovencitas pertene-
cientes a la Unión de Empleadas Católicas, se reunió en el pue-
. blo de Zapopan, del estado de Jalisco, donde se venera la ima-
gen de la Virgen del mismo nombre, para constituirse en la primera
- Brigada de Santa Juana de Arco, la que, falta de organización, no co-
menzó a trabajar de inmediato con intensidad.
' En los primeros días del mes de noviembre partieron de Guada-
` lajara hacia Colima, con el objeto de fundar allí la Brigada, tres mu-
jeres: Sara Flores Arias, jefa de las Brigadas Femeninas de Occidente;
; 257
"MÉXICO CRISTERO.—17
258 i Antonio Rius Facius
Faustina Almeida y María de los Angeles Gutiérrez. En poco tiempo
lograron su propósito y quedó integrado el primer grupo con señoritas
salidas del antiguo Colegio del Sagrado Corazón, conocido entonces con
el nombre de Colegio de la Paz.
Ese primitivo grupo pronto se convirtió en un batallón, formado .
por tres compañías, dos de las cuales trabajaban en la ciudad de Colima,
y la tercera, subdividida en cuatro escuadras, operaba en Cuauhtémoc,
Cornala, Tecomán y Manzanillo.
La idea de contar con la ayuda franca y decidida de-la mujer en la
lucha cristera, agrupada en una organización militarizada, encontró
franca acogida entre los directores de la Liga y, el 7 de enero de 1928,
hubo en la ciudad de Méjico el primer cambio de impresiones entre
un delegado de Guadalajara y un representante de la Liga. Días, des-
pués le fue asignado un consejero a las Brigadas y éstas comenzaron a
extenderse por distintos estados de la República.
«El 4 de marzo de 1928 fue constituido el Consejo Supremo de
las B.B., con residencia en la ciudad de Méjico. A este fin un grupo
de las B.B. de Méjico se trasladó a Guadalajara y tuvo una junta
y en esa fecha se reconoció como jefa suprema de las B.B. a la seño-
rita Celia Gómez, residente en la ciudad de Méjico y a quien el licen-
ciado A. González Flores había designado jefa del movimiento femi-
nista católico. Celia aceptó el nombramiento, y se giró oficio al Centro
de Occidente que contestó protestando su obediencia. De este modo
quedó constituída la jefatura de mando supremo que tenía jurisdiceión ,
sobre diez mil cruzadas que trabajaban en toda la República y cum-
plían satisfactoriamente con las siguientes comisiones: finanzas, gue-
rra, provisiones, beneficencia, información y sanidad.» **
Al ser publicado el Modus vivendi del 21 de junio de 1929, los en-
tonces delegado apostólico y arzobispo de Méjico, Mons. Ruiz y Flo-
res y Mons. Díaz Barreto, respectivamente, en su campaña seguida
para modificar las instituciones católicas existentes, confiaron al padre
Miguel Darío Miranda la tarea de intervenir en las Brigadas Feme-
ninas de Santa Juana de Arco. Después de destituir al jefe de ellas,
Luis Flores González, tomó posesión del importantísimo archivo y,
dando un pretexto más o menos plausible, lo incineró, perdiéndese
con ello no sólo algunos documentos que pudieron parecerle compro-
metedores, sino la -fuente histórica más preciosa y extensa de una ins-
titución ejemplar por todos conceptos.
PPLOAqA A A e IA,
Méjico Cristero 259
Aun así, son inagotables los episodios de aquella desigual cuanto
brava pelea en que tomaron parte las mujeres cristeras, cuyo número
aumentaba constantemente.
En los centros de abastecimiento concentrados en las poblaciones,
se les entregaban cargas de pertrechos y municiones con un peso apro-
ximado entre 15 y 25 kilos, que ocultaban entre sus ropas oscuras de
: campesinas, no obstante que muchas eran hijas de familias acomodadas.
Caminaban en fila, una tras otra, conducidas por una guía conoce-
dora de la región, en grupos de 6 a 10, preferentemente de noche, ocul-
tándose durante el día entre los matorrales, tras de las bardas y acci-
- dentes de los apartados caminos.
Muchas fueron sorprendidas y encarceladas; algunas sufrieron
martirios inenarrables y otras fueron enviadas al penal de las Islas
Marías.
Mujeres ejemplares.—Una de aquellas valerosas chicas, que pro-
veían a los cristeros colimenses de comida, medicinas y pertrechos,
cayó en una emboscada y fue encerrada en la cárcel de Colima.
«Su juventud y belleza provocaron desde el primer momento los
bajos instintos de sus carceleros, que desgarraron sus ropas. La suje-
laron a ininterrumpido interrogatorio. Querían saber cuál era el me-
canismo de su organización, los nombres de sus jefes, sus lugares de
reunión, pero ella guardó obstinado silencio. La jovencita apretaba
fuertemente los labios y sólo los colores de su rostro y el brillo de sus
ojos demostraban sus sentimientos de indignación, de eS o de
“terror.
»—Tu orgullo —le dijo el general— está en que eres virgen, pero
si insistes en tu silencio te entregaré a los soldados en este mismo
momento.
»Los hombres aplaudieron la proposición con soeces comentarios y
ruidosas carcajadas. La jovencita musitó una plegaria, levantando los
ojos al cielo, y con la cabeza dijo no, a la repetida pregunta de que
si estaba dispuesta a delatar a los suyos.
»Entonces el jefe, lleno de cólera, gritó a sus soldados:
»—¡Cójanla! Es de ustedes.»*
Y aquella pobrecita pereció, víctima del sadismo de sus verdugos.
Otro caso que, aunque menos vergonzoso, ejemplifica también el va-
lor indomable de aquellas mujeres, fue el siguiente: Era usual para
260 Antonio Rius Facius
la protección de los cristeros que por algún motivo entraban en la ciu-
dad, ir acompañados, al salir de ella, por alguna socia de las Brigadas
para disimular su identidad en algún encuentro con la vigilancia mi-
litar.
En una de estas ocasiones —24 de junio de 1928—, tres soldados
del ejército libertador, Benedicto Romero, Francisco Santillán y Ma-
nuel Hernández, concertaron su salida de la ciudad de Colima para
las ocho de la noche, acompañados por las hermanas Candelaria y
Rosario Borjas.
Mercedes Santillán, miembro de las Brigadas Femeninas, atendía,
en unión de tres compañeras más, el pequeño hospitalito de los cris-
teros del Volcán. Para que las ayudase había llamado, unos días antes,
a su hermano Francisco, que aún no cumplía los 15 años de edad.
Al poco tiempo éste fue enviado a la ciudad de Colima en busca de
algunas provisiones y medicinas, acompañado de Benedicto Romero,
soldado de Cristo Rey, quien tenía que ir en busca de algunos pertre-
chos y la correspondencia,
A su regreso había de unírseles Manuel Hernández, de escasos
17 años, quien había estudiado en el seminario hasta que fue 'clau-
surado, dedicándose, desde entonces, a colaborar con la tLNDLR en la
provisión de municiones, ropa y medicinas para el ejército cristero, al
que pensaba incorporarse.
A la hora prevista abordaron el auto que habría de conducirlos
fuera de la ciudad, manejado por un chofer conocido. En una calle
les salió al paso un individuo para informarles que la salida estaba
vigilada; Benedicto Romero ordenó al conductor del auto cambiar la
ruta para salir por otro camino, pero el chofer, que se había puesto
de acuerdo con el jefe de la guarnición para entregar a sus pasajeros,
con el pretexto de que necesitaba cargar gasolina, regresó al centro
de la población y, al llegar al edificio que ocupaba la Jefatura de Ope-
raciones, detuvo bruscamente su auto y gritó, al tiempo de saltar para
esconderse en el edificio:
—¡Son cristeros! a
Benedicto disparó su arma sin hacer blanco en el delator, mientras
sus compañeros corrían a refugiarse en la casa frontera, tratando de
escapar, seguidos por él, que se parapetó en el pasillo para detener a
los soldados que estaban de guardia en la puerta de la Jefatura, hasta
que fue muerto a tiros por el general Martínez.
Méjico Cristero 261
Francisco Santillán, Manuel Hernández y Candelaria Borjas caye-
ron prisioneros; sólo Rosario logró huir por un corralón situado en la
parte posterior de la casa.
Los soldados se trasladaron al domicilio de la familia Borjas y,
al encontrarla vacía por el aviso oportuno de Rosario, aprehendieron
a varios vecinos, entre ellos a María Ortega, alta jefa de la Brigada.
Manuel Hernández, Francisco Santillán y Candelaria Borjas fueron
conducidos al cuartel para ser interrogados, y, al negarse a denunciar
a sus compañeros, se les amarró fuertemente a los troncos de gruesas
palmeras, para golpearlos cruel e impunemente hasta la media noche
en que se retiraron los verdugos, dejando en el potro del tormento a
los dos muchachos,
Agotados por la sed y “el dolor de sus heridas, vieron amanecer el
día 25. A las nueve de la mañana, fueron soltados de sus ligaduras, y
pidieron que les dieran de beber. Los sayones cumplieron sus deseos
llevándoles agua en una de las sucias escupideras de la Jefatura. Des-
pués les anunciaron que serían inmediatamente fusilados.
En medio de un piquete de soldados callistas iban los dos cristeros,
Candelaria Borjas y María Ortega, cargando en una camilla el cadá-
ver de Benedicto, y en otra las provisiones, medicinas, dos carabinas
y las municiones que les habían recogido; también formaban aquel
grupo otras señoritas de las Brigadas que habían sido aprehendidas.
A espaldas de la catedral fueron colocados Manuel y Francisco,
y junto a ellos Candelaria y María, que tenían al frente el cadáver de
Benedicto y los pertrechos. La gente se agolpaba para contemplar
aquel siniestro espectáculo.
.—Mira —hace notar con manifiesta alegría Francisco a su compa-
ñero—, vamos a morir a los pies de la Virgen de Guadalupe. Estamos
bajo la ventana donde, en el interior, está su, imagen.
Manuel sonríe; pide permiso al pelotón para hablar, pero tres veces
le es negada esa gracia. Entonces dice a Francisco que se quite el
. sombrero:
—Dentro de unos momentos estaremos en presencia de Dios, no
. debemos caer con la cabeza cubierta.
Con doloroso esfuerzo Francisco obedece y, al hacerlo, un grueso
hilo de sangre torna a correr de sus heridas por la sien y el cuello.
Se persigna y es imitado por Manuel. Cuando los verdugos apuntan
a sus pechos grita:
262 Antonio Rius Facius
—¡Viva Cristo Rey!
Francisco rubrica este juramento y plegaria:
—¡Y Santa María de Guadalupe!
Candelaria y María cierran los ojos; junto a ellas dos cuerpos se
desploman. Los militares se retiran y dejan una pequeña guardia para
que vigile a las dos mujeres que permanecen de pie, contemplando el
fruto cruento del martirio. El sol de julio, inclemente, alarga más las
horas. Por fin, al medio día, son retiradas de allí las mujeres y los
cadáveres. Unas manchas de sangre en el pavimento, que nadie se
atreve a pisar, señalan el precio de la libertad.
unir
<
Tres miembros de las Brigadas Femeninas Santa Juana de Arco hacen guardia
obligada a los cadáveres de los cristeros sacrificados, Manuel Hernández, Bene-
dicto Romero y Francisco Santillán, a espaldas de la catedral de Colima.
«La noche de ese día 25 fue continuo martirio. Aisladamente, sepa-
rada una de la otra, se les condujo, en medio de la oscuridad de
la noche, a los patios interiores; se les abofeteó, azotó, injurió y ate-
morizó de mil maneras, para obligarlas a confesar lo que los dos jóve-
nes mártires no habían declarado y se habían llevado como secreto
santo al sepulcro; mas aquellas vírgenes fueron amparadas por la Di-,
Méjico Cristero ` l 263
vina Providencia de Dios y nada -pudieron los perseguidores contra
ellas.
»Entonces se las amenazó con ahorcarlas, se puso la soga al cuello
de Candelaria, y como ella prefiriese primero la muerte antes que ser
infiel a la causa de Cristo, la víctima, en medio de aquellos inhuma-
nos carniceros, fue suspendida en el aire. Pero el intento de sus ene-
migos no era matarla, sino darle suplicio; se le bajó, mas ella estaba
sin sentido. Helada y pálida, y en apariencia muerta, quedó tendida
en el suelo en medio de las tinieblas de esa noche espantosa. Para
volverla en sí la golpearon los soldados fuertemente con sus puños,
y aún hubo necesidad de arrojar sobre su pecho y cara agua en abun-
dancia. Después de largo rato se consiguió hacerla reaccionar y res-
pirar de nuevo, pero su laringe, según dijo después el médico de la
tropa, quedó lastimada y no pudo hablar en mucho tiempo.
»A contemplar aquel cuadro de su compañera moribunda que yacía
en el suelo, entre el estiércol de los caballos, fue llevada María Ortega,
a quien también dio el Señor fuerza del Cielo, virtud sobrehumana
para no flaquear, y no se atemorizó. Se le puso la soga al cuello y se
la colgó, como se había hecho con Candelaria. Cuando volvió en sí,
se encontró tirada en el suelo, rodeada de sus horribles verdugos que
luchaban por hacerla revivir de nuevo para continuar haciéndola sufrir.
La tomaron dos soldados, porque ella no podía permanecer de pie, y la
condujeron en peso a la caballeriza, en donde quedó en medio de
la oscuridad, tendida sobre las inmundicias, .
»Al día siguiente reanudaron el suplicio; se dijo a las dos que iban
a ser fusiladas y se les formó el cuadro. Las víctimas fueron obliga-
das a ponerse de pie para recibir la descarga. El general empezó a
.dictar las órdenes, se movieron los cerrojos de los máuseres que queda-
ron en el tiro; luego se levantaron las armas... pero la fortaleza de
„aquellas mujeres no fue vencida ni quebrantada su constancia.» 73
Aquel nefasto episodio terminó con el destierro -a Monterrey de
ambas doncellas, émulas de Santa Juana de Arco, que desafiaron todos
los peligros por ver reinar a Cristo Rey en su patria.
~ Deportados al penal de las Islas Marías. —Sería vergonzoso relatar
la serie larguísima de atentados al pudor y a la vida contra tantas
heroínas mejicanas como hubo, víctimas de la perversidad de un régi-
men político surgido de la escoria de una revolución, que si bien se
264 Antonio Rius Facius
había hecho necesaria en 1910 para reponer la justicia social que me-
dio siglo de liberalismo había arrebatado al pueblo, pronto degeneró
al caer en manos de los audaces, de los ambiciosos y aun de los crimi-
nales, cuyo fin era enriquecerse, hacerse poderosos para imponer la
k > E h
e ee
p P ` a”
Grupo de católicos
enviados a las Islas
Marias.
t
-El penal de las Islas
Marias, donde fueron
deportados, en` dis-
tintas ocasiones, nu-
merosos grupos de
católicos apresados
arbitrariamente.
Méjico Cristero 265
ley de su capricho a costa de rendir la nación al poderío yanqui, patro-
cinador eficaz de todos los movimientos armados que culminaron con el
«encumbramiento de Calles al poder.
Pero Méjico no quiso sucumbir y desafió al tirano, y las cárceles
comenzaron a llenarse de católicos por el sólo delito de serlo, sin dis-
tingos de sexos ni edades.
Los llamados sótanos de la Inspección en la ciudad de Méjico eran
húmedas mazmorras, «donde el peor tormento no lo constituían las
incomodidades materiales, sino la promiscuidad y el hacinamiento de
personas que no podían moverse, en medio de un ambiente fétido.»*%
Era esta cárcel la antesala del terrible penal de las Islas Marías,
adonde eran enviados los más empedernidos viciosos, ladrones y ase-
sinos. Ahí fueron a parar, durante el tiempo que duró la suspensión
del culto público, multitud de católicos.
Los primeros 37 deportados partieron sorpresivamente el 25 de
mayo de 1927, sin que se les permitiera comunicarse antes con sus
familiares ni llevar ropa adecuada. Dos meses después, sin mediar
juicio que los condenara ni absolviera, fueron traídos a Méjico y pues-
tos en libertad.
Otros fueron menos afortunados, pues permanecieron allí más tiem-
po, y aunque a todos se les trató con el rigorismo que se observaba
en el penal, los católicos formaron grupos aparte para hacerse más
llevadera su prisión.
El último envío de católicos a las Islas Marías fue hecho el 8 de
mayo de 1929 y constó de 150 hombres y 75 mujeres, procedentes de
la capital y varios estados de la República, pero permanecieron poco
tiempo, pues en el mes: de junio, al reanudarse los cultos en los templos
de Méjico, pudieron regresar a sus hogares.
un o a
Je.
Los mártires de San Joaquín.—Otra de las arbitrarias órdenes gira-
das por el gobierno perseguidor fue la de encarcelar a todos los sacer-
dotes que se encontraban en el foco de la rebelión de los estados de
Jalisco, Guanajuato y Michoacán. Esto colocó a los ministros del Señor
en situación difícil y peligrosa, pues de hecho se les consideraba res-
ponsables de todos los levantamientos y, por lo mismo, enemigos del
régimen, a quienes había que exterminar.
Tan estúpida orden llegó a la ciudad de León, Guanajuato, el 7 de
febrero de 1927 y los sacerdotes que no emigraron a otros estados
266 Antonio Rius Facius
—
de la República tuvieron que esconderse y ejercer su santo ministerio
aun a riesgo de perder la vida.
Para dominar el latente fervor religioso del pueblo leonés, el secre-
tario de Guerra, general Joaquín Amaro, envió, después de una desai-
rada visita que hizo a aquella ciudad, al general de brigada Daniel
Sánchez como jefe de la guarnición de la plaza de León. Era este torvo
militar, «hombre de mal corazón, clerófobo recalcitrante, amante de
lo ajeno y por añadidura morfinómano.» **
Una frase suya, dicha a un sacerdote a quien no pudo fusilar, lo
pinta de cuerpo entero: «De siete curas que han caído en mis manos,
usted es el primero que se me escapa.»
El asalto al tren de Guadalajara y posteriormente el descarrila-
miento causado por los mismos guerrilleros al tren militar del general
Amarillas, jefe de las operaciones en el estado de Guanajuato, sirvie-
ron de oportuno pretexto al general Sánchez para cometer otro de los
más sonados crímenes de aquellos días.
“San Francisco del Rincón, el pintoresco pueblecillo cercano a la
ciudad de León, que había caído durante unas horas en poder de los
cristeros al iniciar éstos su levantamiento en la región, era asediado
constantemente por las guerrillas que operaban en sus alrededores, por”
lo que frecuentemente ordenaba al agente del Ministerio Público que
efectuase cateos en los domicilios particulares de las gentes que sospe-
chaba pudiesen estar en connivencia con los rebeldes.
Hospedábase en la casa de una de esas familias tradicional y cono-
cidamente religiosas, un humilde sacerdote que había ido a celebrar
los oficios divinos de Semana Santa a San Francisco del Rincón. Era
éste el Pbro. Trinidad Rangel, capellán de la iglesia del Perdón de la
ciudad de Silao, Gto.
Al ser publicada la orden de que todo sacerdote se presentara a
las autoridades para ser inscrito en un registro oficial, so pena de ser
considerado rebelde, el padre Trinidad Rangel tuvo que ocultarse en
“León, en la casa de unas antiguas amigas suyas, las señoritas Josefa
y Jovita Alba.
Había terminado su misión en San Francisco y estaba para regre-
sar a León cuando, el día 22 de abril, se presentaron unos soldados a
registrar la casa donde se hospedaba, en busca de armas. El padre
Rangel no opuso resistencia a la orden de registro y él mismo se ade-
lantó a abrir los roperos, sin que encontraran nada comprometedor,
Méjico Cristero 267
pero la figura humilde del sacerdote despertó las sospechas del jete
de la escolta y llamó a la dueña de la casa para decirle:
—¡Ese es un cura!
La señora negó que lo fuese, pero el soldado insistió diciendo que
su apariencia lo denunciaba y, por lo tanto, si no era cura, que, lo de-
mostrase. Y se lo llevó a la cárcel.
Esa misma noche, con tres arrestados más: el licenciado Dionisio
Valdivia, Julio Orozco y José Quezada, fue conducido a la ciudad de
León, y recluidos todos en una celda del seminario, convertido en cuar-
tel. Allí fue soezmente increpado por el general Daniel Sánchez, espejo
de vanidosos y cobardes.
Al día siguiente recuperaron su libertad
los tres compañeros de prisión del sacerdote,
y la noticia de su detención pronto llegó a
oídos de las señoritas que lo asistían, en cuya
casa también se hospedaba el reverendo pa-
dre Andrés Solá.
Al conocer la ñoticia, el padre Solá orga-
nizó la celebración de una hora santa y otras
rogativas, mientras varias personas Se apres-
taban a pedir la libertad del padre Rangel.
El domingo 24 por la mañana se presenta-
ron éstas ante el general Sánchez, quien se
enfureció de tal manera por la súplica que
se le hacía, que llegó al grado de empuñar R. P. Andrés Solá y Milist,
la pistola para amenazar a los espontáneos Misionero hijo del Inmacu-
defensores del sacerdote, quienes le pidieron lado Corazón de María, bár-
ue, por lo menos, les fuese permitido Ile- duramente sacrificado junto
E arl z a Faaa 2 p con el Pbro. Trinidad Ran-
y i PE gel y Leonardo Pérez. el
«El general accedió a esa nueva súplica; 25 de abril de 1927.
mas apenas hubieron salido del cuartel man- ,
dó tras ellas un piquete de soldados, diciéndoles: “¡Sigan a esas bea-
tas!” Las buenas mujeres, sin darse cuenta de que las iban siguiendo,
encaminaron sus pasos a la casa de las señoritas Alba. Apenas lle-
garon a la puerta, cuando uno de los esbirros del general Sánchez
tomó del brazo a una de las señoras aludidas. Tocó en seguida él
mismo la puerta, y al abrir una de las personas que estaban dentro,
sin más, dio orden de pasar a las señoras; a poco entraron también
los soldados.» "°
268 Antonio Rius Facius
Al encontrar allí al padre Solá, lo interrogaron y, aunque él negó
en un principio su verdadera personalidad, un retrato en el que apa-
recía dando la primera comunión a una niña, encontrado entre sus
pertenencias, lo descubrió; fue apresado junto con las dueñas de la casa
y Leonardo Pérez, un cumplido empleado de comercio al que sorpren-
dieron orando frente al altar de la capilla de la casa, pues el padre
Solá acababa de oficiar una hora santa.
Era el padre Andrés Solá y Milist originario del municipio de Ta-
randell, provincia de Barcelona, España. Aún no cumplía cuatro años
de haber llegado a Méjico, enviado por los superiores de su orden para
ejercer el ministerio sacerdotal.
Su misma juventud le hacía ser confiado y optimista, a grado tal
que, cuando esa misma tarde fue condenado a muerte, junto con el
padre Rangel y Leonardo Pérez, acusados de ser salteadores de trenes,
se encaró al general Sánchez y le dijo:
-—Señor, séame lícito manifestar que no tengo más crimen, ni sé
que haya cometido: otro, que el de haber cumplido con mi deber de
misionero. Sepan, pues, ustedes, que tanto por eso como por ser extran-
jero, no me pueden fusilar.
A lo que lleno de iracundia y menosprecio contestó el ignorante e
injusto juez:
` —También para los extranjeros tenemos balas.
Y, satisfechísimo de sí mismo, expidió ese general revolucionario
el siguiente despacho oficial para su no menos arbitrario amo Joaquín
Amaro, secretario de Guerra: «Acabo de aprehender a tres cabecillas
asalto tren general Amarillas, y tres curiosos más.»
A este mensaje respondió con despiadada crudeza el defensor mi-
litar de las instituciones callistas. «Lléveselos lugar descarrilamiento,
fusilese a los tres, y a los curiosos escarmiénteseles, y déjeles libres.»
Los tres jóvenes a que se hacía referencia en estos mensajes habían
sido apresados, al llegar a la casa de las señoritas Alba, por los sol-
dados que la estaban custodiando.
Los seis prisioneros fueron conducidos al tren de pasajeros, en gón-
dola descubierta y acompañados de una escolta de cinco soldados. Mien-
tras el convoy corría por las llanuras del Bajío, se confesaron en voz
baja los seglares con los sacerdotes. Al llegar a Lagos se detuvo el
tren y pudieron dofmir allí mismo hasta la madrugada del día 25.
Se reanudó el viaje hasta llegar a Encarnación; allí fueron bajados
-Méjico Cristero 269
y pasados al tren explorador del general Amarillas, quien dio su visto
bueno a la sentencia. f ;
El tren militar emprendió su marcha, deshaciendo parte del ca-
mino, hasta llegar al kilómetro 491, entre las estaciones de Mira y
Los Salas.
«El aspecto del paisaje —dice el señor don Isidoro Ch.— es sor-
prendente. Hay por una parte un elevado cerro con exuberante vege-
tación: es el lugar ocupado por las tropas del gobierno en el combate
del 23. Luego otro cerro que sirve de paso para la vía; y hacia abajo,
arroyos, árboles, matorrales espesos y hierba, hasta llegar a la hondo-
nada de donde arranca otra elevación. En este sitio se ven multitud
de cartuchos disparados en el mencionado combate.» ê i
- El jefe de la escolta obligó a bajar a los dos sacerdotes y a Leo-
nardo; los tres jóvenes permanecieron en el vagón y, con voz apagada, -
oraron por los que iban a ser sacrificados. Los tres sentenciados baja-
ron la hondonada seguidos por diez soldados y un oficial; en el fondo
había un gran charco de petróleo perteneciente al tren asaltado. Al
borde les ordenaron detenerse. «Se ponen en cruz después que disimu-
ladamente se han absuelto. Leonardo dice que no es sacerdote; el pa-
dre Solá se dispone a hablar, pero las balas le hacen rodar por el
suelo... Eran las ocho y cuarenta y cinco de la mañana. Una detona-
ción que repite la hondonada avisa a los de arriba que se ha cumplido
la sentencia. Uno de aquellos tres jóvenes, al oír la descarga, se pone
en pie y ve caer al padre, se sienta luego temblando... la emoción y el
espanto no lo dejan ver ya lo que pasa.» *
Los Soldados dieron el tiro de gracia a las víctimas y los despo-.
‘jaron de lo que tenían. Subieron apresuradamente al tren y antes de
partir ordenó el oficial a una brigada de ferrocarrileros que allí había
que quemaran los cadáveres. Pero éstos desohedecieron la orden:
el padre Solá se revolcaba quejumbroso aún en el charco de petróleo;
sus compañeros habían muerto. Dos horas terribles se prolongó su
angustiosa agonía, atendido caritativamente por los obreros, sin que
pudieran hacer nada para salvarle la vida, que se le escapó bendi-
ciendo los dulces nombres de Jesús y María.
XXIV
INTENSIFICACION DE LA CAMPAÑA CRISTERA
Navarro Origel alcanza señaladas victorias.—Jesús
Degollado Guízar, jefe de operaciones.—Rabia im-
potente.
Navarro Origel alcanza señaladas victorias.—El acejotaemero y ex
alcalde de Pénjamo, Luis Navarro Origel, desde su refugio del Aserra-
dero en el cerro de Tancítaro, estaba en comunicación con el Comité
Directivo de la Liga en espera de reanudar la lucha armada en la región
que le fue designada, pero como la Liga carecía de recursos económi-
cos, fue retardando su decisión hasta que, sin esperar a obtenerlos,
autorizó a Navarro Origel a operar en la región costera del estado de
Michoacán, en sus distritos de Coalcomán, Arteaga y parte de Apatzin-
gán, que le era completamente desconocida.
_Era cura de Coalcomán el padre José María Martínez. Acatando
las disposiciones de su obispo, había suspendido el culto público en su
parroquia, cosa que, como en toda la República, tenía en constante
disgusto a los habitantes del distrito, al grado de solicitar a su párroco
que los acaudillara para levantarse en armas, no obstante que en ese
lugar, desguarnecido de tropas, la Ley Calles no tenía vigencia alguna.
El padre Martínez, que había ofrecido a sus feligreses acompañarlos
como capellán castrense, se resistía a empuñar la espada, por no contra-
: venir las disposiciones eclesiásticas.
Por eso, cuando corrió la noticia por el pueblo de que llegaría
“un general de Méjico”, los vecinos no disimularon su entusiasmo.
. z1
272 Antonio Rius Facius
- Efectivamente, antes de finalizar el mes de abril, se presentó en
Coalcomán el general Fermín Gutiérrez, que no era otro que Luis
Navarro Origel, quien había adoptado ese nombre para lanzarse a la
defensa armada. Inició sus gestiones con un cambio de impresiones.
con el párroco; después convocó a una reunión de todos los vecinos
y les expuso la licitud y necesidad de empuñar las armas contra el
gobierno tiránico. El día 23 de abril de 1927 la población de Coalco-
mán se declaró independiente del gobierno de Calles; Luis Navarro,
< usando su seudónimo, comunicó la decisión del pueblo al gobernador
del estado y al jefe de operaciones, y nombró autoridades municipales.
Organizó un pequeñísimo ejército con los más decididos hombres del
lugar, y al frente de ellos alcanzó, a los pocos días, su primer triunfo
en Aguillillas, un pequeño pueblo dedicado a la cría de cerdos, con no
más de dos o tres mil habitantes. Su éxito fue celebrado con una pro-
cesión y una misa solemne en el templo, que ofició el párroco de Coal-
comán.
De esta manera, sin derramar una gota de sangre, otros humildes
poblados fueron tomados por los eristeros, con lo cual quedó bajo el
mando del general Gutiérrez parte de la faja costera de Michoacán.
Aliado con dos caciques de la región, llamados Serapio Cifuentes
y un tal Ibáñez, al que se conocía con el mote de El Perro, planeó apo-
derarse de Tepalcatepec, «plaza tan importante o más que Coalcomán
donde podían proveerse de elementos de guerra», situada a nordeste
más allá de la sierra, en medio de una llanura seca y ardiente cono-
cida por El Plan.
«El camino de Coalcomán a Tepec, que corre por una cañada, cam-
bia a partir de Las Ánimas, donde mueren las últimas estribaciones
de la sierra y comienza El Plan». El grupo llegó, el 2 de mayo a las
estribaciones de Tepalcatepec, pero fue sorprendido por los federales
y desbaratado, sufriendo la pérdida de dos prisioneros.
Esta dura experiencia le hizo ser más cauto y «después de la ocu-
pación pacífica de Coalcomán, Aguilillas y Chinicuila y el descalabro
sufrido en Tepalcatepec, a fines de mayo se inició el ataque de esta
plaza, defendida por una guarnición de 105 soldados federales al mando
del capitán Arreguín y por los agraristas del lugar, encabezados por
Catarino Torres.» ™
El ataque a Tepalcatepec se inició el 29 de mayo y terminó el 19 de
junio. En él perecieron la mayor parte de los soldados que lo defen-
Méjico Cristero 273
dían y sólo uno de los atacantes; éstos recogieron un valioso botín
consistente en 89 máuseres, 50 pistolas, 60 caballos, 100 monturas y
3 clarines.
Una vez lanzado a la lucha, Luis Navarro no se detuvo; del 8 al
11 de junio combatió contra 600 federales cerca de Coalcomán y los
obligó a refugiarse en Chinicuila después de hacerles 145 bajas con-
tra 7 de sus fuerzas, integradas en su inmensa mayoría por campe-
sinos que, una vez iniciada la temporada de lluvias, abandonaron el
ejército cristero para dedicarse a sus siembras. Coalcomán, desguar-
_necido, fue ocupado sin resistencia por los guachos, como llamaban
despectivamente a los soldados federales, el 12 de junio de 1927.
Una semana más tarde, Luis Navarro, al frente de una pequeña es-
colta compuesta por 15 hombres, en espera de que se le incorporase
una fuerza de 125 más, fue sorprendido en Ahuijullo, Jal., por el ene-
migo, y perdió al mayor Antonio Larios y al sargento José González
Romo.
Fue perseguido, durante los días siguientes, por varias columnas ene-
migas, pero siempre salió bien librado, a veces milagrosamente, como
sucedió en el cerro del Ojo del Agua, en donde, acompañado de 12 com-
' pañeros, resistió a 687 federales que lo sitiaron durante seis días, al
término de los cuales los sitiadores abandonaron el campo después de
haber sufrido 28 bajas, contra 4 caballos enjaezados de los cristeros.
En los primeros días de julio se sumaron numerosos adeptos a las
filas del general Fermín Gutiérrez, quien alcanzó nuevos triunfos que
culminaron con el combate de El Fresal, entre Coalcomán y San José
de lá Montaña, en el que causó a una columna callista compuesta por
350 soldados, 189 bajas, de las cuales 105 cadáveres quedaron tendidos
en el campo. En esta acción perdió al capitán Salvador González Men-
doza, al teniente J. Trinidad Gutiérrez y un soldado. El botín fue:
123 máuseres, varias pistolas reglamentarias, una carga de cartuchos,
otra de dinero y varias mercancías, producto del latrocinio de los fede-
rales, que solían comportarse como verdaderos bandoleros cuando asal-
taban alguna población. .
Y por fin, el 16 de julio, inició el sitio a Coalcomán, sin que dos
semanas de incesante tiroteo lograran rendir la plaza por falta de dina-
mita, no obstante haber causado 133 bajas a la guarnición. Las escara-
muzas y los combates se sucedieron con frecuencia; el cada día más
poderoso ejército de Luis Navarro Origel, en comunicación con otros
MÉXICO CRISTERO.—18
274 Antonio Rius Facius
generales cristeros, entre ellos Ignacio Sánchez Ramírez y Luis Gui-
-zar Morfín, se organizó para limpiar de enemigos la vastísima región
sur occidental que se le había asignado.
En septiembre infligieron grave derrota a los callistas en Tehuan-
tepec, Michoacán, causándole 200 bajas. Los días 11, 12 y 13 de octubre
«se libró un combate en la
cañada de Ticuilucán, entre
Penolapa y La Limonera, con
una columna de 100 soldados
callistas y nuestras tropas de
Coalcomán, al mando de los
coroneles E. Mendoza Barra-
gán y L. Guillén, logrando
sitiar a los contrarios que, des-
pués de tres días de combate,
rompieron el sitio, dejando
alrededor de 200 muertos en.
el campo de combate; tres car-
gas de rifles; dos de parque;
dos de dinero; tres clarines;
la bandera que nos habían
quitado en el sitio de Ojo de
Agua del Cobre, la bandera
propia de esa columna callis-
ta; la caballada, inclusive el
caballo del general Tranqui-
lino Mendoza, quien se escapó
Coronel Ignacio Navarro Origel, su hermano entre unos arrieros, vestido
el general Luis Navarro Origel y general José cö ñ A
González Romo, tres valientes acejotaemeros o ellos, abandonando ver-
que ofrendaron su vida a Cristo Rey. gonzosamente sus tropas y sa-
liendo por otro rumbo. Se les
recogieron innumerables chacós (moscovitas), uniformes, equipos, ga-
nado vacuno y porcino que llevaban; cargas de mercancía y enseres;
habiendo sólo una baja nuestra, el soldado Jesús González, y tres
heridos leves, para que fuera más clara y espléndida la maravillosa
intervención de la Santa Madre de Dios y Madre Nuestra.» *?*
El último día de este venturoso combate, Luis Navarro Origel em- .
prendió, con las fuerzas a su mando, el ataque y toma de su primitivo
Y
O _—_— ___ _ €
Méjico Cristero ` 275
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punto de partida: Coalcomán, que se mantuvo ininterrumpidamente,
desde entonces y mientras su valiente libertador vivió, en poder de los
católicos.
Esta campaña victoriosa de la División del Suroeste del Ejército
Libertador se desarrolló sin que, del centro, le fuese enviada la más
mínima ayuda, antes al contrario, Navarro Origel, que era a la vez
un gran estratega y habilísimo administrador, pedía insistentemente
que cuanto pertrecho de guerra pudiese conseguirse, él estaba en con-
diciones de recibirlo por la costa michoacana y liquidar su importe,
pues podía proveerse en aquella región de cantidades verdaderamente
importantes, tanto en dinero como en especies. Pero los Estados Uni-
dos vedaban toda salida de armamento para los cristeros y, de otros
países, principalmente los europeos, no era fácil adquirirlos a base de
trueques, y menos aún transportarlos en barco en aquellos primeros
tiempos, aún indecisos, de la rebelión cristera.
Jesús Degollado Guízar, jefe de operaciones.—Para extender. y co-
ordinar los levantamientos en las regiones colindantes en las que ope-
raba Navarro Origel, el Comité Directivo de la Liga nombró a Jesús
Degollado Guízar jefe de operaciones en el occidente de Michoacán,
sur de Jalisco y estado de Nayarit. Aunque era el primer cargo mili-
tar que recibía, Degollado Guízar había demostrado con anterioridad
poseer excepcionales dotes de organizador, sangre fría a toda prueba
y conocimiento de la región.
En la casa de Andrés Barquín y Ruiz, en cuyo sótano se editaba
el solicitado periodiquillo Desde mi Sótano, le fueron entregados algu- .
nos miles de cartuchos que escondió convenientemente dentro de cajas
de jabón, y las consignó a distintos destinatarios antes de salir rumbo
a su destino, usando ingeniosos medios para evitar ser descubierto.
El 4 de abril marchó para Guadalajara y al llegar allí entró en co-
municación con los jefes del movimiento que habían sido puestos bajo
sus órdenes, Hizo llegar algunas cajas de municiones a los grupos con-
signatarios y, finalizados sus preparativos, anunció al general Luis
Ibarra que el día 20 de mayo partiría para encontrarse con él en el
rancho Zacatecas. El día señalado se despidió silenciosamente de su
esposa y, acompañado por cuatro acejotaemeros, los primeros soldados
bajo sus órdenes, tomó el tren para Sayula. De allí partieron a caba-
llo, burlando la persecución de soldados federales, hacia el campa-
276 Antonio Rius Facius
mento donde estaban reunidos los jefes Ibarra, Bouquet y Cueva con
150 hombres más. Repartió el parque que llevaba consigo y, antes
de retirarse a descansar, rezaron todos esa noche, como era costum-
bre, el:santo rosario.
A la madrugada siguiente un clarín tocó la diana. Los cristeros
se aprestaron a oir la misa que el padre Pedro Rodríguez, su capellán,
ofició. En ella comulgaron oficiales y tropa y, al final, el padre Rodrí-
guez tomó a los presentes el juramento de fidelidad a Cristo Rey.
El general Degollado Guízar seleccionó a su Estado Mayor entre
los acejotaemeros del grupo, que quedó integrado asi: Manuel Moreno,
jefe de Estado Mayor; Miguel Rodríguez, teniente coronel; Eduardo
Ugalde, capitán; Pedro Trejo, teniente, y Manuel de la Rosa, sub-
teniente.
Ordenó al coronel Carlos Bouquet que, con las fuerzas a su mando,
lo acompañara a Michoacán, y que el general Luis Ibarra retornase a
sus cuarteles de la Mesa de San Nicolás y Rancho Viejo de los Fletes,
Su falta de experiencia lo hizo fracasar en su primer intento de atra-
vesar las líneas callistas, lo que dio ocasión para que muchos de sus
hombres desertaran. La segunda vez, acompañado tan sólo de 35 va-
lientes, tuvo mejor suerte, pues aunque se vieron obligados a sostener
algunos encuentros con fuerzas enemigas, pudo cumplir sus propósitos
de recoger el resto de las municiones que a sí mismo se había remi-
tido a la estación de Tingúindín y ponerse de acuerdo con los demás
jefes cristeros bajo su mando.
Los últimos días de junio sostuvieron sus fuerzas un duro encuen-
tro, que duró tres días, en un lugar llamado El Perico. El primer día
se dispersó el grueso de su tropa con el general Barragán a la cabeza.
Sin embargo, a medida que el combate se hacía más reñido, fuéronse
reintegrando muchos de sus hombres, dando como resultado que, con
la derrota infligida al enemigo, al que le causaron más de 100 muer-
tos y numerosos heridos, obligándolo a refugiarse en Cotija, Mich.,
de 60 cristeros que eran al comienzo de las hostilidades el día 26,
subieron su número a más de 400 el día 30. Sobre el campo regado
de cadáveres se recogieron 140 armas largas, algunas pistolas y 8,000
cartuchos. De parte de los libertadores, milagrosamente, según afir-
maron en sus verídicos informes los testigos de aquella jornada, no
hubo más baja que un herido «y el caballo que montaba mi general,
. también herido.»
Méjico Cristero j 277
«En los primeros días de julio, acompañado por el coronel Michel
y al frente de 600 hombres, como ya se dijo, llegó el coronel Carlos
Bouquet, procedente del sur de Jalisco. Rindió su parte de noveda-
des manifestando que los cartuchos —que había embarcado Degollado
desde Méjico— se habían recogido sin novedad y repartido entre las
tropas de Michel y las demás de la división, dando preferencia al
coronel Esteban Caro y al general Lorenzo Arreola, quienes no habían
recibido ninguna ayuda; que a su regreso tocó El Durazno, donde fue
recibido a balazos por los agraristas. Éstos fueron batidos: les hizo
25 muertos en el combate y tomó preso al jefe, al que mandó fusilar
después de ofrecerle un sacerdote.» %?
El general Degollado Guízar, frente a las tropas formadas, felicitó
a Bouquet y lo ascendió a brigadier. Su ejército, aún desorganizado,
iba cobrando confianza en sí mismo y en su jefe. Lo sucedido en un
lugar denominado Las Peñas, es clara muestra de tal afirmación: ahí
quedaron copados, en una casa aislada en el campo, 22 cristeros. Las
fuerzas atacantes eran superiores. El general Degollado Guízar se acercó
para rescatarlos, pero el grueso de su columna fue obligado a replegarse
hacia el monte; sólo sus más fieles compañeros resistieron la vigorosa
acometida de los federales, muy superiores en número, antes de verse
obligados a retroceder; lo que, visto por los que habían buscado refugio
en las alturas, sirvió de acicate a todos y se lanzaron al rescate de los 16
supervivientes sitiados que se habían negado a rendirse al enemigo.
Y aquí me detengo en la narración de los triunfos alcanzados por
su ejército, y de los éxitos personales logrados por los jefes y tropa
bajo su mando, lo que haría interminable este relato. A lo largo de
los meses siguientes los callistas confirmaron, con dura experiencia,
el valor indomable de los cristeros, siempre en continua movilización,
quienes abandonaban las poblaciones conquistadas únicamente para no
ser víctimas de un ataque concentrado, logrando con esta táctica ser
poco menos que invulnerables a la persecución de los federales.
- Entre sus más sonados triunfos alcanzados en aquel tiempo estu-
vieron: El combate de Juchitlán, Jal., el día 18 de septiembre, en el
gue hicieron mucho daño al enemigo y cobraron abundantísimo botín
de guerra, que fue repartido entre la gente de los generales Ibarra y
Bouquet. El ataque y toma de la población de Cocula, Jal., el 29 del
“mismo mes. La victoria alcanzada, con la destrucción total del ene-
migo, en Unión de Tula, Jal., el 8 de octubre de 1927.
278 : Antonio Rius Facius
Rabia impotente.—Las tres importantes victorias obtenidas por los
ceristeros de la región de Jalisco en sólo veinte días, alarmó de tal modo
al gobierno que se vio obligado a movilizar una fuerte columna al
.mando del general Juan B. Izaguirre, hombre tan cobarde como san-
guinario, que tuvo que ser removido de su cargo, poco tiempo después,
por su ineptitud y latrocinio.
«De Ameca avanzó Izaguirre para Unión de Tula y de allí a Eju-
tla, adonde entró sin resistencia. Siendo un representante del llamado
gobierno, allanó moradas, ultrajaron sus tropas a multitud de mujeres
e hizo prisionero al señor cura Aguilar, a quien en la plaza de la po-
blación, en presencia de todo el pueblo, le ofreció la libertad porque
gritara: Viva Calles, pues de este modo, él, Izaguirre, tendría la satis-
facción de ver rajarse a un cura. El señor cura Aguilar le contestó:
»—Nada tendría que ver que gritara que viviera Calles; pero como
usted eso lo vería como una apostasía de mi parte, no lo conseguirá:
¡Que viva Cristo Rey! —dijo el mártir con voz fuerte.
»—Cuélguenlo —contestó Izaguirre. E
»El señor cura Aguilar, que ya tenía la soga al cuello, fue sus-
pendido unos momentos y a una orden del tirano, lo bajaron; el cuerpo
del mártir quedó en el suelo; pero momentos después volvió a la vida
y pudo pararse. Izaguirre volvió a hacer el mismo ofrecimiento, y el
señor cura respondió:
—»Si mil veces me cuelga usted y vuelvo a la vida, mil veces res-
ponderé: ¡Que viva Cristo Rey!
»De nuevo fue' suspendido, y esta vez hasta que murió.» *
Frente a la muerte, los confesores de la fe se sublimaban. El grito
de ¡viva Cristo Rey! no sólo era un reto al tirano, sino himno de amor
y esperanza de una patria digna. Sacerdotes y seglares, de diversa con-
dición social, se identificaron por su grandeza en las manos del verdugo.
Eduardo Ugalde y Pedro Trejo, dos de los acejotaemeros miembros
del Estado Mayor del general Degollado Guízar, iban acompañados de
Vicente Flores y un viejo arriero a pagar unos cartuchos que se habían
comprado, cuando fueron hechos prisioneros en el camino por el capi-
tán Arnulfo Díaz, perteneciente al 38° regimiento al mando del general
Manuel Avila Camacho, quien ordenó que Vicente Flores y el arriero
fuesen colgados, tratando de amedrentarlos para que le dijesen si sa-
bían dónde se encontraba Degollado Guízar; Ugalde se fingió mudo
y Trejo contestó que sí lo sabía.
Méjico Cristero 279
—Lo dejo en libertad si me lleva al lugar donde se encuentra —le
ofreció.
—Eso no se le propone a un hombre, y yo me precio de serlo —res-
pondió el bravo acejotaemero.
El capitán callista ordenó que los amarraran y condujeran a Ciudad
Guzmán, donde Trejo fue bárbaramente golpeado y condenados los dos
a muerte. Frente al pelotón, un instante antes de la descarga, Eduardo
Ugalde gritó: ¡Viva Cristo Rey!, lo que aterró a sus ejecutores porque
creyeron que el mudo había hablado.
XXV
OTOÑO DE 1927
El general Gorostieta entra en la lucha.—Armando
J. Ayala.—Miguel Gómez Loza, gobernador de Ja-
lisco. — Aprovisionamiento cristero. — Los bonos de
la libertad.
El general Gorostieta entra en la lucha.—El Comité Directivo de la
Liga sentía la imperiosa necesidad de contar con militares capaces, co-
nocedores y de intachable conducta, tanto para la instrucción de las
novatas tropas cristeras como para la dirección técnica del movimiento
que, a fines de 1926, se había extendido con fuerza incontrolada, espe-
cialmente en Los Altos de Jalisco. Atendiendo la invitación hecha por
J. Manuel Delgado, miembro de la Liga y acreditado católico jalis-
ciense, el general Enrique Gorostieta Velarde se presentó, un día del
mes de diciembre de 1926, al presidente de la Liga, licenciado Rafael
Ceniceros y Villarreal. El Comité recibió afablemente al militar a las
nueve de la mañana, y la conversación iniciada a esa hora terminó a
las nueve de la noche.
El general Gorostieta, nervioso, frecuentemente agresivo y apasio-
nado, dejó magnífica impresión en sus interlocutores con su desbor-
dante patriotismo e innegable buena fe. De carácter jovial y aspecto
agradable; blanco, delgado, gran gimnasta y gallardo jinete, el general
Enrigue Gorostieta Velarde era oriundo de Monterrey, Nuevo León,
y descendiente del insigne militar español Velarde que, el 2 de mayo
de 1808, inició, en unión de Daoiz, el glorioso movimiento de inde-
pendencia contra las huestes de Napoleón Bonaparte.
281
282 o . Antonio Rius Facius
En el Colegio Hidalgo, de su ciudad natal, cursó los estudios pre-
paratorios e ingresó después en el heroico Colegio Militar de Chapul-
tepec. En 1910 era cadete y, al sobrevenir el cuartelazo huertista
en 1913, era oficial. Prestó sus servicios al régimen constituido como
militar de carrera y, por méritos en campaña, pronto alcanzó el gene-
ralato. Al tiempo del carrancismo salió de Méjico hacia los Estados
Unidos primero, y hacia Cuba después, de donde regresó a su patria
en 1919 para dedicarse a los negocios en el ramo de la química. No obs-
tante su extracción liberal, poseía un criterio ortodoxo bien dirigido,
cultura poco común, despejada inteligencia y acerada voluntad.
La identificación espiritual de unos y otro fue inmediata y Goros-
tieta aceptó servir lealmente a la Liga cuando se le llamara. La oca-
sión no tardó en presentarse con la muerte de Anacleto González
Flores.
El Gobierno Federal había intensificado su ofensiva contra la cre-
ciente rebelión «llevando a cabo algunas providencias'que aconsejaba
la práctica y otras de carácter cruel e inhumanitario. Atendiendo a los
postulados de la ciencia militar, la región de los Altos fue dividida en
zonas, encargando cada una de ellas a un general con toda clase de
elementos de guerra modernos. Estas zonas estaban perfectamente dis-
tribuidas, principalmente en aquellos lugares donde se habían hecho
fuertes los rebeldes; zonas que en casos apurados, como sucedió mu-
chas veces, podían ayudarse mutuamente dando aviso sus explorado-
res, ya del paso de las guerrillas rebeldes, ya de los sitios donde
acampaban. A estas medidas tomadas por el gobierno, que nada tienen
de censurables, fueron añadidas otras de carácter salvaje e inhumano.
La principal fue la reconcentración de las familias campesinas a los
poblados, dedicándose los odiados sardos a tomar en su provecho lo.
mejor que las pobres familias tenían en sus casas campestres, aña-
diendo a estos actos de rapiña el incendio de las granjas y de los gra-
neros.» 7
El general Enrique Gorostieta Velarde fue nombrado jefe de las
fuerzas cristeras en el estado de Jalisco y, a finales del mes de julio
de 1927, partió hacia su destino el aguerrido militar, acompañado de
un miembro de la Liga y un guía.
En.el estado de Zacatecas anduvieron dos semanas sin encontrar
ningún grupo de alzados. Estuvieron en Guadalajara y de esta ciudad
se dirigieron a un lugar cercano llamado La Escoba, donde se les unie-
Méjico Cristero 283 '
`
ron 6 acejotaemeros con cabalgadura y armados con pistola. El general
Gorostieta y sus acompañantes se internaron en la sierra y, aunque
fueron sorprendidos por soldados callistas, pudieron eludir audazmente
al enemigo y llegar con bien a El Salvador. Desde allá envió mensa-
jeros a Guadalajara y Méjico, para dar a conocer su posición y soli-
citar elementos de guerra con los cuales proveer al naciente ejército
que había empezado a formar; pero sus enviados regresaron con las
manos vacías, aunque acompañados de otros acejotaemeros que fueron
distribuidos en las poblaciones cercanas, para propagar la rebelión y
conseguir nuevos reclutas.
En El Salvador se presentaron, para recibir órdenes de Gorostieta,
los jefes cristeros José María Gutiérrez, a quien extendió nombra-
miento de coronel; Pedro Sandoval y Teófilo Valdovinos, con 400
hombres bien armados y pertrechados.
José María Gutiérrez, que habría de llegar a general del Ejército
Libertador, era originario del rancho de Huaracha, del municipio de
Jalpa, estado de Zacatecas, donde nació el 10 de noviembre de 1893.
Huérfano desde muy pequeño, no pudo concurir muchos años a la es-
cuela; contrajo matrimonio al cumplir los diecisiete años de su edad
y fue arrebatado por la revolución de 1915. Al fundarse en su pueblo
natal la acsm en 1920, ingresó a ella, y con sus enseñanzas modeló su
espíritu en amor a Cristo y a su patria. Al extenderse la Liga Nacional
Defensora de la Libertad Religiosa por el sur del estado de Zacatecas,
fue nombrado jefe de ésta y más tarde jefe del movimiento armado en
su estado.
Pocos días antes de tomar las armas, Gutiérrez supo que un antiguo
enemigo suyo, a quien había tenido que someter al orden en alguna
ocasión, se disponía a levantarse en armas y fue en su busca para
unir sus esfuerzos en defensa de la causa común. Teófilo Valdovinos
se convirtió desde entonces en su amigo, colaborador y compañero leal.
Convinieron en apoderarse de Jalpa, Zac., la noche del 2 de enero de
1927, pero juzgando tener mayor éxito si efectuaban el ataque por la
mañana, José María Gutiérrez se adelantó a los planes y, con 3 compa-
fieros, derrotó a 22 policías del municipio, a quienes desarmó. El vecin-
dario se reunió frente al palacio municipal y José María Gutiérrez
leyó, desde un balcón, el Manifiesto a la Nación de René Capistrán
Garza. Cuando llegó Valdovinos, Jalpa estaba en poder de los cató-
licos y, desde entonces, siguieron juntos su camino de heroica rebelión.
284 Antonio Rius Facius
Gorostieta les ratificó y confirmó el mando otorgado anterior-
mente a Gutiérrez, Valdovinos y Sandoval, quienes salieron después
a recorrer sus respectivas zonas. El general, siempre acompañado por
sus fieles acejotaemeros, pasó por Agua Zarca, Arroyo Hondo, Salto
Prieto, Salto Colorado, La Campana y San Miguel. En este último
punto pernoctó el segundo día de la jornada y, unas religiosas que se
habían refugiado en aquel lugar huyendo de la persecución callista,
atendieron a su grupo. Después continuó el camino hasta La Cam-
pana y ahí se informó de la proximidad del coronel Felipe Sánchez;
envió correos citando a una reunión de sus fuerzas y les repartió 6,000
cartuchos y los primeros boletines de la guerra, editados por la Liga,
que había recibido por aquellos días.
La columna tomó rumbo a Florencia, cuya población recibió jubi-
losamente al Ejército Libertador lanzando al vuelo las campanas y
haciendo estallar ruidosa salva de cohetes. Pero no se detuvieron en
ese lugar más que unas horas, las suficientes para tomarse un pequeño
descanso antes de continuar al encuentro de las fuerzas al mando del
coronel José María Gutiérrez y Teófilo Valdovinos, y más tarde las
de Pedro Sandoval.
Unidos todos, con el general Gorostieta al frente, se lanzaron en.
busca del enemigo, al que encontraron en el municipio de Jalpa, Zaca-
tecas. Combatieron contra él todo el día 15 de septiembre, derrotán-
dolo a costa de catorce bajas, entre ellas cuatro acejotaemeros. La co-
lumna de los federales, mandada por el general Anacleto López, jefe
de las operaciones en Zacatecas, quedó tan quebrantada, que este mili-
tar envió el siguiente mensaje, interceptado por los cristeros:
«Los pocos soldados que me quedan se encuentran copados por los
rebeldes en la población de Jalpa; no tengo parque ni dinero y la mo-
ral de la tropa se encuentra perdida. Muchos miles de enemigos cubren
las crestas de las montañas que rodean Jalpa; por lo que es imposible
sostenerme en este lugar o salir de él si no recibo refuerzos de solda-
dos, dinero y municiones de boca y guerra.»
¡Y no había sino diez hombres, dejados por Gorostieta en un punto
que dominaba la población, para observar los movimientos de los sol-
dados encerrados allí! :
Armando J. Ayala.—Acompañaba al general Gorostieta, entre el
selecto grupo de acejotaemeros, Armando J. Ayala, muchacho capaz,
Méjico Cristero 285
valeroso y decidido que, desde el principio de la defensa pasiva pri-
mero, armada después, se había distinguido por sus virtudes.
Tenía 22 años de edad, pues había nacido en la ciudad de Méjico
el 26 de septiembre de 1905. A los 16 años ingresó en el “Círculo de
Estudios Jaime Balmes”, del Grupo de la acym de Coyoacán, D. F., en
el que alcanzó el cargo de presidente, que tenía al incorporarse, el
21 de agosto de 1927, al Estado Mayor
de Gorostieta como oficial de órdenes.
Su sólida piedad le ganó, a la vez,
la presidencia de la Adoración Nocturna
y la Sociedad Catequista en la misma
población de Coyoacán.
En capítulos anteriores queda escrita
su actuación como jefe local de la Liga
en la colonia Portales, y su primera sa-
lida al campo de la rebelión, acompa-
ñado de Joaquín de Silva y Manual Mel-
garejo; su segunda salida para unirse
con Manuel Bonilla a las fuerzas del
general Reyes, que tuvo que dejar por
órdenes de la Liga para marchar, el 3 de
mayo, hacia Guadalajara a colaborar con
los jefes de la LNDLR en esa capital, que
eran dos acejotaemeros de probada cali-
dad: Antonio Ruiz y Rueda y Jorge Armando J. Ayala, miembro dis-
Téllez tinguido de la acim de Coyoa-
o z P va cán, D. F., perteneciente a las
Siempre en primera línea, perdió la fuerzas del general Gorostieta
vida en el ataque a la estación de Pal- Velarde, muerto en la batalla de
mira, Zac., el 17 de noviembre de 1927. Palmira, pai a Te PE
El comentario hecho por su jefe, el ge- '
neral Gorostieta, al enterarse de su muerte, da la medida de la gran
estimación que le profesaba: .
“—Tenía muy pocos amigos —dijo— y Dios me acaba de quitar a
uno de ellos”.
Miguel Gómez Loza, gobernador de Jalisco.—La organización civil
«y militar, aunque con grandes tropiezos, se iba completando, para apli-
car, en cada región, las soluciones más adecuadas de acuerdo con lo
286 Antonio Rius Facius
que las circunstancias exigían. Al morir Anacleto González Flores,
en Guadalajara no había nadie más indicado para sucederle en el mando
que su fiel amigo Miguel Gómez Loza. El Comité Directivo de la
LNDLR lo sabía y no dudó un momento en otorgarle. el título, colmado
“de peligros y responsabilidad sin límites, de gobernador de Jalisco,
cargo que no había llegado a desempeñar el maestro, pues éste había
sido únicamente jefe regional y delegado de la Liga én el estado.
Al día siguiente del magno funeral de González Flores, Padilla y
los hermanos Vargas,* fueron aprehendidos en su casa de la ciudad
de Guadalajara, «los hermanos Ezequiel y Salvador Huerta: pacífico
cantor del templo el primero, y artesano fontanero el segundo; ambos
en plena madurez de su paternidad prolífica, cristianos de abolengo y
hombres de bien, quienes con sus hermanos los señores curas don Refu-
gio y don Eduardo Huerta recibían de la ciudad entera el merecido
tributo a sus cualidades y virtudes.» **
Al llegar a la Jefatura de Operaciones, sin dejarles recurso alguno
para su defensa, fueron canallescamente sentenciados a muerte por-
que sí, porque tal era el capricho del verdugo que mandaba en el cuar-
tel y, al borde de unas fosas abiertas en el panteón de la ciudad, se les
asesinó villanamente.
La exaltación de los ánimos, provocada por estas manifiestas injus-
ticias, puso en movimiento a todo el pueblo católico, desde sus re-
ductos escondidos de la sociedad secreta denominada la “U”, la Unión
Popular, dependiente de la LNDLR y la aciM. Y era Miguel Gómez Loza
guien tenía que controlar, hasta donde le era posible, estas actividades
juntamente con las que desarrollaban, sin más límite que sus propias
posibilidades, los grupos alzados.
La inseguridad en el estado se hizo tan manifiesta que, a raíz del
venturoso asalto al tren de Guadalajara, las facciones políticas repre-
sentadas por los partidarios del general Obregón y los antirreeleccio-
nistas, en su juego por tomar posiciones, derrotaron al influyente
gobernador de Jalisco, licenciado Daniel Benítez —que se perfilaba
como simpatizante de los opositores de Obregón—, quien tuvo que
dejar el puesto el 21 de abril de 1927 para ser reemplazado por el
antiguo líder ferrocarrilero Margarito Ramírez, cuyo único mérito era
el de haber ayudado a fugarse a Alvaro Obregón cuando éste cayó en
poder de sus enemigos políticos, años atrás.
* Ver el capítulo XVI.
“¡Méjico Cristero l 287
El movimiento cristero disminuyó en el estado de Jalisco durante
la temporada de lluvias hasta que, a principios de julio, el acejota-
emero Lauro Rocha organizó un nuevo grupo por ẹl lado de Picaderos,
y Victoriano Ramírez, El Catorce, reanudó sus actividades por los mu-
nicipios de Arandas, San Miguel el Alto y San Julián.
Gómez Loza estableció su cen-
tro de operaciones en el rancho
Presa de López, del municipio de K
Arandas, e instaló su pequeña
imprenta en la que editaba el so-
licitadísimo Gladium, en una cue-
va del cerro La Culebra.
En el desempeño de su fun-
ción política giraba circulares y
decretos, con el carácter de go-
bernador provisional del estado,
«imponiendo a los ciudadanos la
obligación de entregar sus con-
tribuciones fiscales al Gobierno
Nacional Libertador y haciéndo-
les saber que desde esa fecha en
adelante, cualquier pago al go-
bierno del general Calles será
desconocido.» **
La LNDLR, reconociendo su
honestidad M capacidad de orga- Lic. Miguel Gómez Loza, acejotaemero y
nizador, le confió el 3 de septiem- gobernador cristero de Jalisco, conti-
bre de 1927, “la administración nuador de la obra social y periodística de
conjunta de la parte occidental Anacleto González Flores,
del estado de Guanajuato.”
Hacía tiempo que Gómez Loza, entregado de lleno a su misión, no
visitaba a su familia y, a fines del mes de agosto, pasó con ella unos
días en el rancho Los Salados, del estado de Guanajuato. A su regreso
a Jalisco celebró el aniversario de la Consumación de la Independen-
cia, el 27 de septiembre, con una misa a la que asistieron 500 cruzados,
los cuales recibieron, en su mayoría, la sagrada comunión; pero a me-
dia mañana fueron atacados por los federales al mando del general
Ubaldo Garza y sufrieron 4 bajas. El 30 de octubre, fiesta de Cristo
- 288 Antonio Rius Facius
Rey, Gómez Loza organizó, en un lugar llamado Palmitos, pertene-
ciente al municipio de San Julián, Jalisco, la celebración de una misa
en la que comulgaron poco más de 1,200 hombres al mando del padre
Pedroza, Victoriano Ramírez, Toribio Valdés y otros. No obstante que
el ejército del general callista Garza estaba a cinco kilómetros de
distancia, no se atrevió a atacar al crecido número de soldados del
Ejército Libertador.
En Palmitos constituyó Gómez Loza su nuevo centro de operacio-
nes, desde donde giraba instrucciones y recibía las comunicaciones del
movimiento jalisciense, y no fue sino hasta la primavera de 1928 cuando
dejó ese lugar, testigo de su labor incansable por hacer reinar, en el
suelo de su patria, la justicia y el bien.
Aprovisionamiento cristero.—En Zacatecas, Nayarit, Durango y Co-
lima continuaba la lucha con alternativas en favor o en contra de los
cruzados quienes, a pesar de todo, ibán aumentando en número de
combatientes.
Algunos reveses de importancia no lograron desmoralizar a los cris-
teros, que se sabían empeñados en una lucha desventajosa en relación
con el poderío material del gobierno, pero justa y necesaria para la
salvación de Méjico y, sacando energías de su fe, superaban los in-
convenientes y salían triunfadores en la dura prueba a que estaban
sometidos, :
Para resolver la escasez de municiones, difícil de adquirir en los
Estados Unidos, que apoyaban con creciente satisfacción a su incondi-
cional gobierno callista, la Liga se vió obligada a contratar, con trafi-
cantes sin escrúpulos, la compra de armas y municiones fabricadas en
Méjico, a quienes había que pagar, a precios excesivamente altos, por
adelantado. En más de una ocasión, una vez recibido el dinero, se negó
alguno de estos traficantes a cumplir sus compromisos, valido de la
cínica amenaza de revelar al gobierno las actividades subversivas de
los intermediarios.
El Comité Especial de la Liga, encargado del aprovisionamiento de
las fuerzas cristeras, estaba a cargo del inteligente, sereno y valeroso
jefe acejotaemero Luis Segura Vilchis, quien contaba con la ayuda de
todos sus compañeros en la recaudación de fondos, cada vez más apre-
miantes, para ayudar a los hombres que se jugaban la vida en el
campo rebelde.
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para el sostenimiento de
la lucha cristera.
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290 i : Antonio Rius Facius
Los bonos de la libertad.—Para allegarse fondos la Liga emitió
bonos y estampillas, cuyo valor fluctuaba entre cinco centavos y cien
pesos y llevaban impresa al frente esta leyenda:
«Contribución para la conquista de la libertad.
«Año de 1927.—Méjico.»
Y en el reverso esta otra:
«Méjico: El sacrificio de tus hijos muertos en Zamora, Chalchihui-
tes, León y otros lugares, como mártires de la fe cristiana, es el toque
de lucha por la libertad. Gravísimo deber nos apremia a reconquis-
-tarla con nuestro dinero o nuestra sangre. Liga Nacional Defensora
de la Libertad Religiosa.»
Los acejotaemeros, que a pesar de la gravedad de la situación no
perdían su sana alegría ni en la ciudad ni en el campo, recibieron con
satisfacción la peligrosa tarea de recaudar el dinero que necesitaban
los cruzados para continuar la lucha.
«Los socios del “Daniel O'Conell” (grupo acejotaemero de la ciudad
de Méjico) recibimos una porción de los Bonos de la Liga, como los
llamó el pueblo —recuerda Luis del Val, uno de aquellos bravos socios
del grupo—, diciéndonos Humberto Pro al dárnoslos:
»—Agquí les traigo boletos para diversos viajes de recreo: los hay de
veinte centavos que amparan un viaje de ida y vuelta a las Islas Marías
en segunda, los hay de cinco pesos para viaje de primera sin regreso
y de diez pesos para excursiones a la eternidad. De modo que vayan
inscribiéndose. .
»Entre bromas y risas nos entregamos a esta nueva actividad, esti-
mulándonos a su venta el deseo de no dejarnos sobrepasar por los
otros compañeros, que también con entusiasmo se esforzaban por colo-
car la mayor cantidad posible. »**
Y con agobiante pobreza, pero con espléndida confianza en la razón
de su causa, alcanzando estupendos resultados en algunas partes y
sufriendo fracasos en otras, pero en todas llevando el sacrificio con
alegría cristiana, el pueblo humillado trataba de sacudirse las garras
de la fiera que lo tenía aprisionado.
XXVI
COLIMA EJEMPLAR
Prosigue la lucha.—Avila Camacho ataca.—En la
lista del martirio: Tomás de la Mora.—Éste es el
cura Sedano.—Salvador Vizcaíno.—Tragedia en el
Volcán.
Prosigue la lucha.—Lo ocurrido en Colima durante esos meses ilus-
tra el sentido sobrenatural que dieron a la defensa armada los cató-
“licos. Y había razón para ello, al palpar los prodigios que durante
los primeros cuatro meses de guerrear les habían sucedido, siendo uno
entre tantos, el de que, contra escasas 20 bajas tenidas por los liber-
tadores, los callistas sufrieron en un mismo lapso un millar. Seme-
jante desproporción, además de humillante, resultaba peligrosa para
el régimen revolucionario imperante y ordenó el gobierno a los gene-
rales Manuel Avila Camacho —futuro presidente de Méjico quien,
durante su actuación fue tolerante con la Iglesia—, y Talamantes, y al
coronel Buenrostro, que atacaran el cuartel general de los cristeros del
Volcán, en Caucentla, con 1,200 soldados de línea.
El día 26 de abril de 1927 se inició el ataque contra los 250 cris-
teros al mando de Andrés Salazar y Telesforo Placencia, mal armados
y peor municionados. Dionisio Eduardo Ochoa, el jefe indiscutible de
la región, al advertir la presencia de las fuerzas federales, se aprestó a
dirigir la defensa del baluarte cristero.
- «El sol entonces, magnífico, empezaba a aparecer, allá, en el lejano
horizonte, engalanando con sus rayos de oro los volcanes, sus rocas y
291
292 Í Antonio Rius Facius.
sus pinares. Los soldados del callismo perseguidor se iban acercando
en largas columnas que casi ocultaba la polvareda que levantaban los.
caballos. Desde sus fortines contemplaban los cruzados los movimien-
tos del enemigo, pues Caucentla está, respecto del lugar por donde
el ejército callista iba avanzando, en una posición más elevada. Lejos
de aterrorizarse al contemplar las evoluciones del enemigo, los cruza-
dos, dando gritos de entusiasmo y distribuidos en las posiciones que
habían de defender, se preparaban para la lucha.» ”?
Y en aquel ambiente de exaltación bélica los clarines de mando
pintaron su nota musical en el pentagrama de las filas serpenteantes
de soldados. Haciendo mofa de las órdenes musicales del enemigo, los
clarines desentonados de los cristeros respondieron con el sonsonete
popular de Éntrale al Toro y la canción vernácula de La Cucaracha.
No era ese duelo de clarines, sin embargo, el que más y mejor refle-
jaba la marcada diferencia espiritual entre ambos contendientes, sino
los gritos que, a toda voz, se lanzaban, apenas apagados por el ruido
siniestro de las balas. Mientras los defensores daban vivas a Cristo
Rey y a la Santísima Virgen de Guadalupe, los atacantes respondían
con horribles blasfemias y vivas al demonio. A pesar de la decisiva
superioridad en hombres y armamentos del enemigo, los cristeros con-
servaron todo el día sus posiciones, aun cuando la defensa no podía
prolongarse por largo tiempo debido a la escasez de municiones; al
comenzar el nuevo día sólo la mitad de ellos contaba con unos cuantos
cartuchos que no podían ser repartidos por la gran variedad de armas
que los defensores poseían. f
«Al mediodía, ya no se pudo resistir: el enemigo logró apoderarse
de la loma del Gachupín, que quedaba tras el cuartel, y fue imposible
que los cruzados continuaran en sus puestos. Por ese motivo el gene-
ral Ochoa, que había estado en medio del combate, al lado de los suyos,
se vio obligado a ordenar la retirada. Ya entonces los héroes carecían
casi en absoluto de parque: la mayor parte de las armas no tenían un
solo cartucho. i
»Fue preciso huir, pero no sólo los combatientes, sino también las
innumerables familias que, deseosas de libertad y buscando un am-
biente cristiano, se habían refugiado en el campo libertador.» *? E
La retirada se hizo con tal orden que, si el triunfo estuviera siem-
pre relacionado con las pérdidas sufridas por cada ejército, podría
afirmarse que, una vez más, ganaron la partida los hombres de Dio-
Méjico Cristero j 293
' nisio Eduardo Ochoa, con 4 muertos contra 375 bajas sufridas por los
federales.
«Entre los que perecieron, encontrábase un joven de unos veinte
-años de edad, originario del pueblo de San Jerónimo, llamado Carlos
Zamora, y que pertenecía al grupo de la acm. Tenía un hermano como
de unos dieciocho años, que también pertenecía a la misma Asociación,
llamado Juan, y como él, soldado de Cristo en el grupo de Caucentla,
“el cual por haber estado combatiendo en una posición distinta, no se
había dado cuenta de la muerte de aquél.
»Al partir, cuando en unión de sus compañeros dejaba la trinchera,
tuvo que pasar por donde quedaba abandonado el cadáver de Carlos:
»—¡Ah...!, es mi hermano —dijo con voz baja: dos gruesas lágri-
mas brotaron de sus ojos, que secó con la manga de su camisa y, si-
guiendo adelante, volvió una vez la mirada para verle por último,
mientras sus labios murmuraban un “sea por Dios” empapado en santa.
resignación: ¡Así eran los cristeros!» *?
A su regreso a Colima, los federales pregonaron que habían aca-
bado con la rebelión cristera en el estado. Sabido esto por el general
Ochoa quiso que el pueblo se formase su propio juicio sobre la verdad
de la situación y ordenó a Andrés Salazar que, con su grupo, atacase un
barrio de las orillas de la ciudad. Así lo hizo Salazar y fue tal el
pánico que sembró su presencia, que las atemorizadas autoridades
ordenaron cerrar las puertas del palacio de gobierno y demás oficinas
públicas.
El general Ochoa estableció su cuartel provisional en La Galera,
entre la hacienda de San Antonio y el pueblo de San José; desde ahí
escribió a.su hermano, el Pbro. Enrique de Jesús Ochoa, que acom-
pañase a sus fuerzas, y éste accedió. Desde entonces, aunque «faltos
de parque y perseguidos casi a diario por una multitud de enemigos,
tenía el santo consuelo de verse acompañados en sus infortunios por
-un sacerdote que quiso compartir todas sus penas, y así nunca faltó
a nuestros libertadores, en medio de sus tribulaciones sin cuento, la
‘santa misa, los sacramentos y las palabras de aliento y exhortaciones
. que casi a dario les dirigía.» "°
A mediados del mes de mayo, Dionisio Eduardo Ochoa, acompa-
ñado de tres acejotaemeros: los hermanos Anguiano Márquez y Sal-
vador Vizcaíno, hizo un largo recorrido para entrevistarse con otros
jefes cristeros, el primero de los cuales, Luis Navarro Origel, le causó
294 Antonio Rius Facius
tal impresión que, imitándolo, desde entonces añadió bajo su nombre
el adjetivo de “Recluta de María”.
Avila Camacho ataca.—Las tropas blasfemas del general Avila Ca-
macho, buscando la destrucción total de aquel puñado de valientes,
atacaron a un nuevo núcleo levantado en la hacienda de San Pedro,
encabezado por Manuel C. Michel, católico distinguido, ilustrado y de
gran valor, sin lograr hacerle daño
alguno y sufriendo en cambio más.
de 30 bajas.
Los hombres del Volcán, concen-
trados en Zapotitlán, a la vista del
enemigo, se aprestaron a la defensa
y enviaron una pequeña vanguardia
de 9 hombres al mando de J. Nati-
vidad Aguilar para estorbar el paso
a. los callistas que se acercaban a
ese lugar, pero todos ellos fueron
copados y aniquilados con saña.
Antonio C. Vargas, segundo de
Dionisio Eduardo Ochoa, al escu-
char el tiroteo, ordenó a sus hom-
bres que salieran para reforzar a
Natividad. A medio camino dieron.
con los federales de Avila Camacho
y los atacaron, con tal fuerza y de-
cisión, que los obligaron a huir des-
pavoridos sin darles tiempo y lugar
Coronel Antonio C. Vargas, de la
ACIM colimense, compañero eficaz y
adicto de Dionisio Eduardo Ochoa, con a recoger sus numerosos muertos y
quien compartió su suerte desde el pri- heridos que quedaron tendidos en el
mer día en que se declararon defenso-
res de Cristo Rey. camino. Esto sucedió el 22-de mayo
de 1927. E
Manuel Avila Camacho, el general callista, rehizo su columna, y
tres días más tarde volvió por la revancha, pero al llegar al pueblo
de Copala, camino a Zapotitlán, Justo Díaz y 20 cristeros más lo vol-
vieron a derrotar.
Escarmentados con tan frecuentes y costosas pérdidas, los callistas
optaron por dejar en paz al católico pueblo de Zapotitlán y regresar”
Méjico Cristero 295
a San Gabriel y Sayula para emprender nuevas incursiones, esta vez
validos de la aviación y dirigidos por el propio secretario de Guerra,
general Joaquín Amaro, quien estuvo unos días en Colima para orde-
nar nuevos ataques a los cristeros, que sin armas adecuadas, sin car-
tuchos y sufriendo mil privaciones no arriaron, sin embargo, la ban-
dera de la libertad.
El 5 de julio lanzó el general cristero Dionisio Eduardo Ochoa una '
viril proclama para explicar las causas y razones de su lucha y pro-
testar contra las mentiras y las calumnias que, en contra de la causa
católica, propalaba el gobierno: «El que el propio secretario de Gue-
rra y Marina —decía la proclama—, general Joaquín Amaro, haya
dirigido personalmente la campaña en nuestra región; el que hayan
usado en contra nuestra cuantos elementos de guerra posee el llamado
gobierno, nos honra y enaltece; pero el que se nos haya mandado ofre-
cer repetidas veces el indulto-con halagadoras ofertas, nos llena de
justa indignación, por lo que protestamos con toda el alma. Pretenden
igualarnos a los militares sin conciencia y sin honor que sostienen el
nefando régimen del general Calles.» 7
Esta política seguida por Obregón, que le había dado tan buenos
resultados con los revolucionarios de su mentalidad y alcurnia, resultó
providencial y ejemplarmente ineficaz con los cristeros de todas las
regiones a los que, para hacerles deponer las armas, se les ofrecían
cañonazos de cincuenta mil pesos, cañonazos que la integridad de los
católicos siempre rechazó. Y es que el antagonismo no estaba sólo
en el orden de las ideas, sino en la sensibilidad, en la moral, en la visión
estética de la vida, en la proyección eterna del bien.
Mientras que en el campo cristero se rezaba todas las tardes el
rosario y se castigaba con penas severísimas el robo, el crimen y todo
aquello que pudiese interpretarse como atentatorio a la moral, por el
lado callista los soldados no desperdiciaban ocasión para exteriorizar su
odio satánico contra todo y contra todos. La grande, desproporcionada
mortandad que causaban los cristeros en las filas gobiernistas, era hecha
frente a frente, siempre luchando menos contra más y en defensa de.
los derechos humanos más sagrados. Los callistas, en cambio, ampara-
dos por su fuerza e impulsados por su materialismo ateo, no desper-
diciaban ocasión de dar rienda suelta a sus instintos sanguinarios.
En Colima, ya lo he dicho, el general Avila Camacho era uno de
los principales jefes «a cuyo mando —cuenta el autor de Los Cristeros
296 Antonio Rius Facius
del Volcán de Colima— venía gran multitud de callistas de lengua
infernal. La saña de esos soldados —muchachos en su gran mayoría—
era del todo diabólica. Muchas familias que estaban refugiadas en los
barrancos, cayeron en las garras de la soldadesca impía, que descargó
contra ellos su furor degenerado y bestial. En una cueva, de las que
. habitaban las familias perseguidas, fueron encontradas varias personas,
y hecho horripilante que casi no puede ser narrado: las mujeres, ante
la presencia de sus esposos y de sus hijos fueron violadas; los hom-
_bres, presos y después asesinados; y a dos criaturas pequeñitas que
llenas de espanto lloraban y se abrazaban' a sus padres, se les mató
estrellándolas contra las peñas de la pequeña gruta.» ”?
No hay adjetivo suficientemente severo que pueda aplicárseles a
estos seres infrahumanos.
En la lista del martirio: Tomás de la Mora.—En los primeros días
de agosto fue aprehendido, sin más motivo que el de ser sacerdote, el
padre Miguel de la Mora; pero se le dejó en libertad bajo fianza mien-
tras se le seguía ilegal proceso, presionándolo para que optase entre
ser condenado a prisión o inscribirse, de acuerdo con la Ley Calles,
en las oficinas municipales para reanudar el culto en la Catedral de
Colima, rompiendo con ello la unidad de la resistencia. Pero antes
que claudicar, optó el sacerdote por huir, y el primer domingo de
, ese mes salió acompañado de otro anciano sacerdote, el padre Cris-
piniano Sandoval, hacia un lugar denominado El Tigre, donde vivían
familiares suyos. Al llegar a una ranchería fue reconocido por los
'agraristas y conducidos los dos a Colima. En una apartada callecita
pudo el padre Sandoval burlar a sus aprehensores, no así De la Mora,
que fue entregado, en la Jefatura Militar, el general Flores, uno de
tantos soldados-de la Revolución que habían alcanzado su alto rango
con su servilismo para con los poderosos y su sanguinaria impiedad con
aquellos que caían bajo sus botas enfangadas. El general Flores estaba
de mal humor y ordenó que fuese fusilado inmediatamente el prisio-
nero; éste fue conducido a un pestilente corral del mismo edificio y,
sobre el estiércol de la caballada, ejecutado, sin darle apenas tiempo
de sacar su crucifijo, besarlo, y bendecir con él a sus verdugos.
Tres semanas más tarde la ciudad de Colima recibía la sangre de
otro más de sus mártires. Esta vez fue un joven acejotaemero de comu-
nión diaria y 17 años de edad, llamado Tomás de la Mora.
Méjico Cristero
297
Conocidas sus relaciones con los cristeros, a quienes servía de inter-
mediario, fue aprehendido el sábado 27 de agosto, mientras jugaba
con sus hermanos menores.
«—Si a mí me buscan ustedes —dijo a los soldados que habían ido
a buscarlo—, aquí estoy; yo sólo soy el responsable de todo; no quieran
-perjudicar a mi papá.»
Al ver llegar a su madre, reflejando su semblante la angustia de
su inquietud, alarmada por lo que
sucedía, con voz quebrada le dijo:
—;¡Mamá, me van a matar...!
Ella lo tomó de la mano y lo
acompañó en medio de los solda-
dos en la revisión que hicieron de
la casa; al llegar junto a su cama
tomó su medalla de congregante y
la colgó a su pecho. Tomás era un
chico de piedad acrisolada; su fer-
vorosa devoción le habían alcan-
zado el grado de prefecto de la
Congregación Mariana.
"Fue conducido después al edi-
ficio del seminario, del que, hasta
la expropiación hecha por la tira-
nía para convertirlo en cuartel,
había sido alumno ejemplar. Ahí
estaba, regodeándose en su puesto
de jefe, el general Flores; lo con-
dujeron a su presencia y se enta-
bló el siguiente diálogo entre el
general callista y el acejotaemero:
—Eres un chiquillo —le dice el
militar—, tú no eres capaz de
Tomasito de la Mora, prefecto de la
Congregación Mariana y miembro de
la Mesa Directiva de la acim de Colima,
de 17 años, ahorcado por los callistas la
noche del 27 de agosto de 1927,
nada; tienes que decirnos quién es el que te aconseja.
—No diga usted —respondió Tomás de la Mora— que soy un chi-
quillo; porque yo sé muy bien lo que hago: nadie me aconseja.
—Mira —le replica—, si nos dices lo que sabes acerca de quiénes
son los comprometidos con los cristeros, te perdonamos la vida, te da-
mos la libertad.
298 : l Antonio Rius Facius
—Será en vano —contesta Tomás con santa resignación—, porque
si hoy se me deja libre, mañana continuaré trabajando y luchando por
Cristo en unión de mis compañeros: el luchar por la libertad religiosa
es un deber de todo verdadero católico.
—Eres un mocoso, no sabes lo que es la muerte —dice ya irritado
el general—; di pronto lo que te preguntamos.
—Si usted, general, dice que no sé lo que es la muerte porque
no me he muerto ni una vez, usted tampoco lo sabe, porque no ha
muerto nunca.
La disputa se prolongó unos minutos más sin que el heroico joven
rebelase lo que sabía ni los nombres de uno solo'de los cristeros.
El general no admitía el valor en los demás; sacudió su propio
complejo de miedo y pronunció la terrible sentencia: ahorcar al niño
esa misma noche. .
Tomás pidió, como única gracia, que le concediera una hora para
rezar. Y uniendo la acción a la súplica, se postró de rodillas en un
rincón y elevó su pensamiento a Dios. Pero ni aun allí lo dejó tran-
quilo el militar; por sí mismo o por medio ‘de alguno de sus subordi-
nados lo interrumpió repetidas veces, conminándolo a que denunciase
a sus hermanos en la fe.
Al anochecer fue sacado Tomasillo de la cárcel. En medio de los
soldados marchaba, dicharachero y alegre, al lugar de su sacrificio.
Al llegar a la calzada Galván se detuvo la trágica comitiva y, de un
árbol, suspendieron la cuerda en uno de cuyos extremos estaba hecho
el nudo corredizo.
—¡Póngasela! —ordenó uno de los verdugos a su víctima.
Tomás, casi sonriendo, con su característica jovialidad, le respondió:
a —Yo no sé cómo se pone: es la primera vez que me ahorcan.
Digame cómo.
El verdugo le pasó con tosquedad la cuerda alrededor del cuello
y Tomás, con la fuerza de su razón invicta y de su fe absoluta, gritó:
_ ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!
En un péndulo siniestro se trocó su difusa figura entre las sombras
de la noche.
Al día siguiente, domingo, fue recogido de ahí el cuerpo del mártir
por sus padres y depositado en su hogar, por el que desfiló el pueblo”
conteniendo su rabia impotente y dando testimonio de admiración por
otro de los mártires cristeros.
Méjico Cristero
299
La acm sumó el nombre de uno más a la lista impresionante de
sus muertos por Dios y por la Patria.
Éste es el cura Sedano.—A esa lista de mártires hubo que añadir,
pasados unos días, el nombre, calumniado por la prensa servil del
callismo, de otro virtuoso sacer-
dote: uno entre los dos centenares
que pagaron con su sangre el tri-
buto de su fe.
El padre Gumersindo Sedano
era capellán del grupo de liberta-
«dores que operaba en la región de
Tuxpan y Tamazula. En busca de
algunas provisiones para sí y para
sus fieles llegó a Zapotlán, Jalisco,
y se ocultó en la casa de una fami-
lia amiga, acompañado de 5 cris-
teros más del grupo que atendía
espiritualmente.
Debido a una denuncia pagada
con los inagotables treinta dineros,
el 7 de septiembre fue sorprendido
a la puerta de la casa en que se
hospedaba. Él y sus 5 cristeros
fueron llevados a la presencia de
un capitán Urbina. Aún permane-
cían a bordo del camión que los
había trasladado hasta el cuartel,
cuando el mílite se desató en in-
sultos y blasfemias, a las que res-
pondió el sacerdote con ardientes
manifestaciones de fe.
“Este es el cura Sedano”, escribieron
los rufianes que lo asesinaron, en el
papel prendido 'a los pantalones de su
victima,
—;¡Cállese! —le ordenó el grosero y salvaje capitán Urbina.
—Mientras esté con vida nadie podrá impedirme que grite: ¡Viva
Cristo Rey!
respondió el sacerdote.
Urbina sacó su pistola y la disparó sobre el padre Sedano, que aún
no era bajado del camión. El mártir, antes de expirar, vitoreó nueva-
mente a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe.
300 Antonio Rius Facius
Los cinco inermes cristeros, sin mayores averiguaciones, fueron en
seguida pasados por las armas y amarrados a los postes del telégrafo
unos, y pendidos de un árbol otros, junto a cinco cadáveres desnu-
dos de soldados callistas que habían perecido ese día en un combate,
para hacerlos pasar como cristeros y hacer más patético aquel racimo .
de colgados.
El cadáver del padre, despojado en parte de sus vestidos, lo ama-
rraron del grueso tronco de un árbol y, haciendo mofa de él, le pusie-
ron un letrero sobre las rodillas que decía: Éste es el cura Sedano,
Una fotografía en donde aparece en esta macabra condición, la hizo
circular el mismo gobierno haciendo constar que era “uno de los terri-
bles jefes cristeros”.
Salvador Vizcaíno.—Otro de los acejotaemeros que en Colima de-
Tramaron su sangre por Cristo fue Salvador Vizcaíno, uno de los más
activos, valientes y preparados.
Era originario del pueblo de San Jerónimo; durante dos años estu-
dió en el seminario, pero su necesidad de trabajar para su familia lo
obligó a dejar la carrera del sacerdocio antes de iniciarse la persecu-
“ción religiosa. En su aldea desarrolló con entusiasmo meritoria labor
de apostolado desde las filas de la Asociación Católica de la Juventud
Mejicana y, cuando Dionisio Eduardo Ochoa dio los primeros pasos
en su santa rebelión, él se sumó a sus fuerzas. En la noche del 4 de
"octubre visitó su pueblo para hacerse de algunos comestibles, acom-
pañado por tres compañeros suyos.
Iban de salida cuando fueron sorprendidos por dos agraristas del
lugar. Se batieron a tiros y él quedó mal herido y tirado sobre el lodo
de un callejón; sus amigos, que no se dieron cuenta de lo que le había
sucedido, creyendo que había podido escapar por otro lado, regresaron
solos a su campamento. Salvador fue amarrado por sus perseguidores
y arrastrado por todo el pueblo hasta que murió, sin que nadie se atre-
viese a ir en su auxilio. Para poner una nota de macabra ironía, los .
agraristas, mientras despedazaban aquel cuerpo de 22 años, subieron
a la torre de la iglesia parroquial e hicieron sonar las campanas con
el toque de agonía.
Tragedia en el Volcán.—El general Ochoa reorganizó a sus cruza-
dos de las faldas del Nevado y del Volcán de Fuego, y estableció su
Méjico Cristero 301
„cuartel nuevamente en la región de Caucentla, en un lugar más ele-
vado, y le puso por nombre El Refugio.
Pronto se sintieron los efectos de esta reorganización; los grupos de
Andrés Salazar, Antonio C. Vargas, Anguiano Márquez y los dirigidos
por Ochoa, realizaron verdaderas proezas que animaron a muchos a
formar nuevos grupos cristeros en los que, aunque resulte ocioso repe-
tirlo, estaba casi siempre un acejotaemero al frente.
El jefe de las fuerzas de la región, general Dionisio Eduardo Ochoa,
fue visitado por un enviado de la Jefatura del Movimiento Nacional
Libertador para anunciarle que se le había conferido el cargo de repre-
sentante del Control Militar Cristero en la región de Colima y suroeste
de Jalisco. Y en octubre, sujetándose al plan general que se estaba
desarrollando, no sin algunos y naturales tropiezos, cedió el mando de
los grupos de Zapotitlán y San José del Carmen al general Jesús Dego-
llado. Estas fuerzas quedaron a cargo de Manuel C. Michel, al que
se le había otorgado el grado de coronel y fue más tarde jefe militar de
la región.
El día 30 de ese mes celebró Dionisio Eduardo Ochoa la fiesta
de Cristo Rey en una explanada boscosa llamada Mesa de la Yerba-
buena.
Todo iba viento en popa; había recibido importante ayuda militar;
y el día 7 de noviembre, tres señoritas de Colima llegaron al campa-
mento para fabricar bombas de mano, que produjeron en gran canti-
dad durante cuatro días. El día 11 suspendieron todas sus actividades
para rendir homenaje a Cristo Rey. Sacramentado, que estuvo día y
noche en la humilde capilla del campamento, y al quebrar la aurora
comulgaron los cristeros en la misa que ayudó el general Ochoa.
"A media mañana se encontraban Dionisio Eduardo Ochoa y Anto-
nio C. Vargas vigilando la fabricación de las bombas a cargo de María
de los Angeles Gutiérrez, Faustina Almeida y Sara Flores Arias. De
pronto se produjo una terrible explosión que los cegó y les causó terri-
bles quemaduras.
- A nadie le cupo duda de la gravedad de los accidentados, que fueron
recostados sobre el duro suelo sin poder hacer nada para aliviarles sus
terribles dolores.
Pero las víctimas no se quejaban, antes al contrario, ofrecían estoi-
camente sus sufrimientos a Dios, y junto con el padre Ochoa, con im-
presionantes cánticos levantaban sus plegarias al Redentor.
302 Antonio Rius Facius
—¡También esto es morir por Cristo! —dijo Dionisio Eduardo a sus
compañeros—. Muchachos: ¡Viva Cristo Rey!
Y Antonio C. Vargas y las tres mujeres, trémulas de dolor, contes-
taron su grito. :
El padre Enrique de Jesús Ochoa confortó a los mártires y les
administró la extrema unción.
Al sentir que su gravedad avanzaba, el general Ochoa convocó a
sus soldados y les dijo:
qe
Los cuerpos quemados de Dionisio Eduardo Ochoa y Antonio C. Vargas, cristeros
del volcán de Colima, en su campamento donde perecieron víctimas de una
explosión.
«—Nosotros vamos a morir. Ustedes no vayan a desalentarse por
nuestra muerte; ya Dios así lo quiso. ¡Sea por Dios! ¡Acuérdense uste-
des que juraron luchar hasta vencer o morir! ¡Cuidado con desalientos
por causa de nuestra muerte!»
Avanzaba la tarde. María de los Angeles fue la primera. Con an-
gustia inenarrable al sentir que se asfixiaba llamó al sacerdote:
«—¡Padre, padre! ¿En dónde está usted? ¡Me muero! ¡Réceme, pa-
dre! ¿Me está ya rezando? ¡Encomiéndeme a Dios. ..!»"
Méjico Cristero 303
Antes de media noche Faustina Almeida también había muerto.
Aún no apuntaban las primeras luces del lento amanecer cuando
el bravo acejotaemero y general cristero Dionisio Eduardo Ochoa, pro-
nunciando el nombre de María, se entregó a su Creador.
Su fiel compañero, Antonio C. Vargas, murió minutos después,
y Sara Flores, que sobrevivió un día más, falleció en la madrugada
del 15 de noviembre de 1927.
XXVII
LA OPOSICION ASESINADA
Los tres candidatos. — Asesinato de Serrano y sus
acompañantes.—Asesinato de Gómez.
- Los tres candidatos.—Cuando Alvaro Obregón abandonó la capital,
los últimos días de abril, para retornar a sus ricas haciendas que la
Revolución le había producido, hubo necesidad de añadir dos furgones
más al tren en que viajaba para dar cabida a sus numerosos admira-
dores —funcionarios públicos o aspirantes a serlo todos ellos— que
se disputaban el placer narcisista de acompañarlo.
Tres lustros habían transcurrido desde que Madero, contando con
el apoyo del protestantismo yanqui y valiéndose del lema “Sufragio
Efectivo. No Reelección” se había lanzado contra el caduco porfirismo,
cuyo principal error político, desde el punto de vista norteamericano,
había sido abrir las puertas a los inversionistas de Francia e- Ingla-
terra, en perjuicio de la penetración judío capitalista de Norteamé-
rica.
Aún estaban frescas las posturas recientes, los patéticos desplantes,
caliente la sangre numerosa de los mejicanos que se habían ofrendado
en holocausto de un ideal sentido, pero no entendido, representado
por el postulado de la “No Reelección”. Pero nada de esto podía im-
portarle a quien se sentía capaz y merecedor de seguir siendo árbitro
indisputable de los destinos de Méjico. ¿Acaso no se lo repetían hasta
la saciedad sus amigos? Además, su experiencia como jefe revolucio-
nario, le había enseñado que las masas siguen ciegamente al más
a 305
MÉXICO CRISTERO.—20
306 Antonio Rius Facius
fuerte; y él lo era, como lo había sido en su tiempo don Porfirio, a quien
nadie se le había opuesto cuando, mancillando la misma bandera que
había enarbolado, se había hecho reelegir presidente durante treinta
años.
Obregón midió el poder de sus enemigos políticos y se sintió capaz
de vencerlos, y sin hacer públicas sus intenciones, comenzó a mover
influencias e intrigas para atraerse a cuantos generales con mando de
fuerzas o sin él, podían perjudicarle. Puso en pie de guerra 15,000
hombres en Sonora amenazando con ellos al creciente antireeleccio-
nismo y, para limpiar el Norte de posibles obstáculos, quebrantó la opo-
sición que la representaba el general Caraveo, de Chihuahua, amigo `
íntimo de Arnulfo Gómez, con el consabido y apetecible disparo de
dinero en efectivo que le hizo.
Aun así, muchos de sus antiguos compañeros, al sentirse defrau-
dados con su perfidia, se dieron a conspirar contra su evidente re-
elección.
El general Arnulfo Gómez tenía como cosa averiguada el respaldo
para sí de la mayor parte de los antiguos revolucionarios y su abierta
oposición al general Obregón, y se lanzó de lleno a las lides electo-
rales, haciéndose elegir candidato del Partido Nacional Antireeleccio-
nista, el 23 de junio de 1927.
Como respuesta a su desafío, Obregón presentó su propia candida-
tura, desde Sonora, tres días después. Cerró el triángulo de candidatos
el general Francisco Serrano, postulado por el Partido Nacional Revo-
lucionario.
«... los tres iban con la misma pasión al mismo fin. Obregón,
Serrano y Gómez formaron un pacto para luchar caballerosamente en
un torneo de ideas. Pronto se vio lo que aquello significaba. Para
Obregón las ideas se reducían a decir que Gómez era un mentecato
y Serrano un borrachín. Gómez se retrataba en los carteles como
el candidato sin vicios. Sólo tenía virtudes, incluyendo la de asesinar.
Serrano fue más hábil, y empezó a elevarse con señorío. Manejaba la
pluma diestramente para presentar los tópicos de la política vulgar.
Escribió un manifiesto convincente... Serrano y Gómez estrecharon
sus lazos a reserva de que uno de ellos degollara al otro, si Obregón
salía derrotado.» * l
En el manifiesto lanzado a la nación, para justificar el paso dado,
Obregón hizo la defensa del régimen. callista culpando a la reacción
¡Méjico Cristero ] “307
—adjetivo que los poderosos afianzados en el poder aplican tesonera-
mente a sus adversarios políticos, así pertenezcan a su mismo grupo—,
de haberlo obligado a volver a la palestra electoral en defensa de los
postulados de la Revolución.
En su programa de gobierno no ofrecía más que el continuismo
dictatorial establecido. -
«En materia de cultos —decía concretamente en este punto de actua-
lidad palpitante—, libertad completa para todos, sin admitir ninguna
Los generales revolucionarios Arnulfo R. Gómez y Francisco Serrano, candidatos
a la Presidencia de la República.
influencia sectaria y exigiéndoles siempre a sus ministros el absoluto
respeto a la reglamentación que nuestras propias leyes establecen.»
Como se ve, la perspectiva de llegar a un justo entendimiento entre
la Iglesia y el Estado quedaba descartada.
Gómez y Serrano, en cambio, al sentir que Calles —en quien habían
confiado principalmente para enfrentarse a Obregón— vacilaba, bus-
308 ` Antonio Rius Facius.
caron el apoyo no sólo de los militares, sino del pueblo mismo. El ge-
neral Arnulfo Gómez nombró al general Gustavo Salinas su represen-
tante, para que buscase la fusión de todos los elementos revolucionarios
descontentos y se atrajese a su partido a la Liga Nacional Defensora
de la Libertad Religiosa. El general Francisco. R. Serrano, a su vez,
pidió, por medio de un intermediario, entrevistarse con el vicepresi-
dente de la LNDLR, licenciado Miguel Palomar y Vizcarra.
El Comité Directivo juzgó justa y oportuna la entrevista y autorizó a
su vicepresidente a concurrir a una cena ofrecida por el general Se-
rrano, en la cual se tendría una plática informal con él y sus princi-
pales colaboradores. En ella ofreció Serrano atender las demandas del
pueblo católico, condensadas por el licenciado Palomar en la justa
aplicación de la libertad de enseñanza.
Aunque ninguno de los dos candidatos antirreeleccionistas — por
sus antecedentes deshonestos— representaban la solución mejor para
los intereses nacionales, el hecho de que se enfrentaran a la tiranía
personalizada por Obregón y Calles los hacía aparecer como el menor
de los males para el futuro inmediato de Méjico; y, aunque sin llegar
a ningún compromiso con ellos, fueron vistos con relativa simpatía por
una inmerisa mayoría de mejicanos.
Envalentonados por el ambiente favorable, Gómez no tuvo empacho
en proclamar, a voz en cuello, en un mitin celebrado a mediados de julio
en la ciudad de Puebla:
«Ustedes saben bien que los políticos convenencieros tratan de lan-
zarnos a una nueva lucha, y si logran ver realizados sus designios,
tengo preparados para ellos dos locales: uno en las Islas Marías, y
otro dos metros bajo tierra, como castigo ejemplar para quienes tra-
tan de pisotear un sagrado principio...»
Durante dos meses recorrió este candidato numerosas ciudades, lan-
zando los dardos venenosos de su palabra contra su antiguo jefe.
Serrano, en cambio, sin salir casi de la capital, comenzó a mover los
hilos tenebrosos de un golpe de estado.
El 21 de septiembre, un grupo de 23 diputados lanzó público ma-
nifiesto en el que desconocían la reforma constitucional que le había
abierto el camino legal a Obregón para reelegirse, por haber sido,
decían a casi dos años de distancia, obra de imposición. A los quince
días quedaban desaforados y, lo que fue peor para ellos, sin partici-
pación en el presupuesto de egresos de la Federación.
Méjico Cristero 309
Respondiendo a un plan general, el 24 y 26 de ese mes, se reunie-
ron los representantes de los candidatos oposicionistas para ultimar
los detalles de la inminente rebelión, para la que estaban comprome-
tidos, entre otros, los generales revolucionarios Héctor I. Almada,
Oscar Aguilar, Antonio Medina, Alfredo Rueda Quijano y el coronel
Carlos Altamira. `
Al triunfo de la nueva revolución ocuparía provisionalmente la Pre-
sidencia de la República el general Carlos Vidal, segundo de Serrano,
quien sería a su vez favorecido en las elecciones presidenciales a las
que convocaría una vez cesadas las hostilidades.
Pero el gozo se les fue al pozo; no contaban con la huéspeda, que
en este caso fue el huésped, personalizado por Obregón, quien desde
el castillo de Chapultepec, con Calles incondicionalmente a su servicio,
hizo fracasar los optimistas proyectos de los candidatos metidos a cons-
piradores.
Asesinato de Serrano y sus acompañantes.—El 1? de octubre, el ge-
neral Francisco R. Serrano y doce amigos suyos, algunos de ellos civi-
les, y dos o tres ajenos a la política, salieron para Cuernavaca, en
donde mandaba su íntimo amigo el general Juan Domínguez, feroz
indio yaqui. Allí tenía Serrano una hacienda llamada La Chicharra.
Ese mismo día partió, con rumbo distinto, el general Arnulfo R. Gó-
mez, quien fue a unirse al general Horacio Lucero, jefe de la guarni-
ción de Perote, Veracruz,
Para el día siguiente estaban anunciadas unas maniobras militares
nocturnas en los llanos de Balbuena, situados en las orillas de la ciu-
dad de Méjico, a las que se suponía concurrirían los generales Calles,
` Obregón y Amaro. El general Eugenio Martínez, jefe de las operacio-
nes del Valle de Méjico, encargado de hacerlas, fue relevado de su
mando y enviado, con sospechosa premura, de viaje a Europa. Salir
él e iniciarse las maniobras, al mando del general Héctor Ignacio Al-
mada, jefe del Estado Mayor, fue todo uno.
Anochecía; Obregón y Calles no se presentaron en Balbuena y el
general Almada, al frente de las tropas sublevadas, salió por la carre-
tera de Puebla, hacia Texcoco. Los batallones 48% y 50% y los regi-
mientos 25% y 26%, al mando de los generales Oscar Aguilar, Antonio
Medina, Alfredo Rueda Quijano y el coronel Carlos Altamira se lan-
, zaron a la mal iniciada aventura. Los acontecimientos se sucedieron
y
310 Antonio Rius Facius
rápidamente, como si la tragedia incubada en largos meses tuviese prisa,
por llegar a su fin.
Obregón y Calles, en tenebroso conciliábulo, dictaminaron asesinar
a sus opositores, y dieron este ingrato encargo al general Claudio Fox,
mientras giraban órdenes al gobernador del estado de Morelos de
aprehender al general Serrano y colaboradores y conducirlos, por- la
carretera de Méjico-Cuernavaca, hasta un lugar donde serían recibidos
por el general Fox.
A las nueve de la mañana del día 3 de octubre dieron comienzo las
aprehensiones. Francisco Santamaría, al ser conducido en fila india
con. sus compañeros por las calles de Cuernavaca, pudo escapar; los
demás, maniatados con alambre retorcido, fueron conducidos a bordo
de unos automóviles que partieron por la carretera de Méjico. El ca-
mino fue cerrado en ambos extremos para facilitar el libre tránsito
de la comitiva. 'A la mitad del trayecto el general Díaz González,
aprehensor de los prisioneros, se encontró con el general Claudio Fox
y otros militares a sus órdenes, a quienes hizo entrega del general
Serrano y sus trece acompañaniés.
Pardeaba la tarde cuando la caravana emprendió el regreso. Pocos
kilómetros adelante, en un lugar llamado Huitzilac, se detuvo; fueron
bajados brutalmente los maniatados prisioneros y, con saña inaudita,
asesinados a tiros de ametralladora y fusil. A un lado de la carretera
cayeron Francisco Serrano, Carlos Vidal, jefe de su partido; Enrique
Monteverde, Augusto Peña —civil—, José Villa Arce —civil y ajeno
a la política, el joven de dieciocho años Antonio Játiregui, sobrino
de Serrano; Rafael Martínez Escobar, abogado, amigo de Obregón y
partidario de Gómez; los hermanos Miguel y Daniel A. Peralta, Ernesto
Noriega Méndez, Carlos B. Araiza, Alfonso Capetillo Robles y Octavio
Almada. En los mismos autos fueron acomodados los cadáveres de los
catorce asesinados y conducidos a Méjico. La macabra comitiva llegó
hasta el bosque de Chapultepec y se detuvo en la Fuente de las Ranas,
situada donde está ahora el antiestético monumento, hecho para bene-
ficio de los contratistas que lo levantaron, en memoria de los Niños”
Héroes.
La noche había da sobre el bosque. Claudio, el general, subió
hasta el castillo para dar cuenta a los socios Obregón y Calles de su
hazaña, por si querían confirmarla. Después condujo los cadáveres al
Hospital Militar para practicarles la autopsia.
A A A A A EE E
Méjico Cristero f 311
~ Al otro día de los asesinatos, el auto del general Serrano se detuvo
en la avenida Madero, frente a la joyería La Esmeralda. De él bajó
su nuevo dueño: el general Claudio Fox, y entró en el establecimiento.
Pidió que le mostraran unos brillantes, después otros mayores y más
* rutilantes; ajustó el precio: veinte mil pesos. Sacó «un fajo de cuarenta
billetes de quinientos pesos: los cuarenta con una misma rotura —era
casi una perforación—, los cuarenta con una misma mancha negruzca,
que se extendía casi un centrímetro desde la rotura hasta el centro».
Pagó con ellos y se fue; no le quemarían ya las manos,
Asesinato de Gómez.—Oculto en la sierra veracruzana, el general
Gómez se encontraba enfermo. A la media noche del 4 de octubre fue
sorprendido por las fuerzas enviadas en su persecución, al mando del
general José Gonzalo Escobar. No hizo resistencia; confiaba en que
su compadre Calles lo libraría del paredón. Junto con él estaban los
coroneles Francisco Gómez Vizcarra y Salvador Cataño Flores. Fueron
conducidos los tres a Teocelo y de allí, por ferrocarril, a Coatepec.
Entraron en una cantina; «sentados frente a frente en una de las
mesas, Escobar y Gómez se miraron un momento. Luego habló el
gordo, el uniformado, el que traía soldados a sus órdenes: i
»—Traigo órdenes del manco para quebrarte, ya lo sabes. Tienes.
veinte minutos para escribir a tu familia, para lo que quieras mientras
llega el notario...
“»Arnulfo Gómez —un tanto desfigurado por la ausencia del Fabia
bigote a la kaiser—, nada dijo por lo pronto. Un temblor violento, cast
“convulsivo, fingió una risa, le tornó más borrosas aún las ojeras...
Gómez rasgueó la pluma, raspando el alma de los presentes, abochor*
nando un tanto a Escobar, impaciente por acabar de una vez.»
Los presos fueron conducidos entre la tropa al cementerio. A una
indicación se colocó Gómez de espaldas a un muro. :
«La descarga vino, absurda, inesperada a pesar de todo. El hom=
bre hizo una pirueta rara cuando sonó la fusilería y luego se puso
flojo, se le doblaron las rodillas, cayó al suelo como si se derritiera,
como si los huesos se le licuaran, como si estuviera hecho no de gloria,
crimen y leyenda, sino de trapo. Alguien avanzó hacia el espanta-
pájaros caído. Le disparó, de cerca, a la cabeza humosa.»* l
Corrieron su misma suerte, en seguida, Gómez Vizcarra, Manuel
Pulido y Cataño Flores. a
eS Antonio Rius Facius
A toda la República se extendieron los entrelazados tentáculos del
Manco y el Turco asociados, y muchos significados militares revolu-
cionarios, asqueados de los extremos a que habían llegado los dos im-
postores, sin tener tiempo para consolidar la rebelión en la que estaban
comprometidos, fueron fusilados o asesinados a mansalva.
El temor cundió entre la numerosa familia revolucionaria y pronto
quedó ahogada en sangre la protesta originada por el desvergonzado
continuismo pretendido, y en vías de lograrlo, por Obregón, Calles y
sus incondicionales. Para alcanzarlo definitivamente hacía falta- un
plan político, que no estaba su concepción al alcance de esas mentes
hechas para imponer su voluntad por el terror, y no por medios más
sutiles y efectivos. :
De los Estados Unidos llegó el maestro que habría de impartir tan
útiles enseñanzas a sus congéneres masones de Méjico. `
~ «Fue un extranjero sin escrúpulos, el embajador de los Estados
Unidos, agente de la casa bancaria de Morgan, Dwight Morrow, quien
dio el consejo y la pauta. Era una especie de enano blanco, enteco y
astuto. Se ufanaba de un solo libro El Poder de los Partidos, y lo aplicó
a Méjico. “No es el primer caso en la historia —había dicho— en que
una banda de pillos se apodera indefinidamente del mando sobre un
pueblo ignorante e inerme”.» ”
Mr. Morrow sustituyó en el cargo de la embajada a James R. Shef-
field, quien había mostrado simpatía por los católicos mejicanos, aun
sin serlo él, al darse cuenta de las tremendas injusticias que se venían
cometiendo en Méjico. Es posible que esta actitud, contraria al sentir
de la Casa Blanca, haya sido razón cis para efectuar el cam-
bio de embajadores.
El 29 de octubre de 1927, recientes los sangrientos hechos que
garantizaban el futuro triunfo electoral de Obregón, presentó sus cartas
credenciales Morrow a Calles, con quien desayunó al día siguiente en
su rica hacienda de Santa Bárbara, colindante con la ciudad.
Con el juego descubierto a medias, Morrow trató de ganar terreno
en la cuestión petrolera y la crecida deuda de la Revolución a los
nacionales de Norteamérica. Calles le insinuó que se plegaría en todo
a sus deseos si las relaciones entre ambos gobiernos continuaban como
hasta la fecha. Para sellar la naciente amistad entre ambos, Calles
invitó al embajador yanqui a inspeccionar la presa Calles que se estaba .
construyendo en Aguascalientes y la Don Martín, en Monterrey.
XXVII
INTERLUDIO SANGRIENTO
Un carácter: Luis Segura Vilchis.—El atentado con-
tra Obregón.—La investigación.—El crimen. i
r
Un carácter: Luis Segura Vilchis.—En la casa de Roberto Núñez,
miembro prominente de la Liga, se encontraban escondidos tres com-
pañeros suyos del Comité Directivo. Un poco más tarde que de ordi-
nario, pues era domingo, habían terminado de comer, cuando el mozo
anunció la llegada de un joven que preguntaba por el licenciado Miguel
Palomar y Vizcarra,
—Que pase a la habitación contigua —ordenó el aludido al tiempo
de levantarse para ir en busca del recién llegado.
Ţ7 —Buenas tardes, licenciado —lo saludó al entrar en la habitación
un joven apuesto, blanco, de pelo castaño y rebelde, mirada franca e
inteligente, pulcramente vestido. Su sonrisa agradable, casi infantil,
“contrastaba con el gesto preocupado, rígido del vicepresidente de la
Liga, quien, sin contestar el saludo, interrogó:
© —¿Qué ha pasado?
—Las órdenes están cumplidas— respondió con firmeza el joven.
Y a continuación explicó al licenciado Palomar escuetamente que, de-
bido al desajuste de los niples, las bombas habían fallado y que, al huir,
Nahum Lamberto Ruiz había sido herido.
El licenciado Palomar escuchó nerviosamente el relato. Sobre una.
mesa había una botella de tequila; tomó dos copas, pero el visitante
rechazó cortésmente el licor que le ofrecía.
313
314 Antonio Rius Facius
—Y ahora, ¿qué va usted a hacer? —interrogó el licenciado des-
pués de beber, de un solo golpe, el tequila de su copa.
—Irme a los toros —respondió tranquilamente el aludido.
Cuando éste salió, los directivos de la Liga interrogaron ansiosa-
mente al vicepresidente, qué era lo que había sucedido.
—Falló el atentado contra el Manco —respondió.
Luis Segura Vilchis iba ya en camino, desde Tacubaya, a la plaza
de toros. En el trayecto, a solas con sus pensamientos, fue hilando la
historia de su vida hasta llegar a ese momento, que él creyó culmi-
nante y que, sin embargo, le había fallado a pesar de todas sus cuidadosas
previsiones. E
Su temperamento, esencialmente analítico; su clara inteligencia y su
capacidad de asimilación le habían hecho confiar en el éxito; así había
sido siempre: en el Colegio Francés de Preparatoria de los hermanos
maristas, había obtenido el primer lugar. Su carrera profesional, cur-
sada en k Escuela Nacional de Minería, no le había significado un gran
esfuerzo. Al recibir el título de ingeniero, apenas cumplidos los 21 años,
la Compañía Mejicana de Luz y Fuerza Motriz, S. A., lo había contratado
para atender su planta en Necaxa; y poco tiempo después, al regresar a
Méjico, entró a trabajar en el departamento de ingenieros técnicos.
Pero no fueron sus éxitos profesionales los que más le habían satis-
fecho. Su sólida formación católica lo había impulsado a trabajar,
dentro de la acsm, por el restablecimiento del reinado social cristiano
en Méjico. Sonrió inconscientemente al recordar su participación en
la defensa del Centro de Estudiantes, cuando fue atacado por las chus-
mas un 1% de mayo; y su encarcelamiento por desarmar a un militar
de alto rango que había intentado apoderarse de una casilla el día de
unas elecciones que resultaron, a la postre, burladas por los falsarios
de siempre. :
Después, cuando la persecución cobró fuerza y violencia, su amigo
Capistrán, al ausentarse de la República, había delegado en él sus
anteriores atribuciones y responsabilidades dentro de la Liga, hasta Ie-
gar a tener, bajo su directo control, la organización y desarrollo. del
movimiento cristero. ¡Cuántos levantamientos y cuántos elementos de
guerra había enviado a los que se batían heroicamente en los campos
de la rebelión!
«Pero todo ello estaba resultando insuficiente si sobrevivían los
encumbrados responsables. Puesto que era necesario luchar, ¿no erá
Méjico Cristero 315.
más humano, en lugar-de abatir a los soldados, que no eran a la postre
sino instrumentos ciegos del tirano, destruir a éste que, fría y delibe-
radamente organizaba, ordenaba y proseguía sin tregua la sangrienta
persecución?
Resuelto a eliminar al caudillo principal, expuso al Comité Direc-
tivo de la LNDLR su determinación, pero la mayoría de sus miembros
estuvieron renuentes en aceptar tal responsabilidad. Fue entonces
cuando él se decidió a obrar por cuenta propia. Siete meses atrás había
organizado su primer atentado, haciendo dinamitar un puente sobre
el que debería pasar el tren a bordo del cual viajaría, de la ciudad de
Méjico a Huatabampo, población del estado de Sonora; el general Obre-
gón y su plana mayor. A Juan Antonio Tirado Arias dio el encargo de
colocar la bomba en el sitio previamente escogido.
El día señalado se adelantó en un automóvil que manejaba el ace-
jotaemero Angel Castillo González, quien quedó en el coche con el
motor en marcha, listo para emprender la fuga en cuanto se consu-
mara la voladura del tren, pero tuvo que dar contraorden al ver que
Obregón viajaba con su comitiva en un carro agregado al tren ordi-
nario de pasajeros, a los que habría tenido que sacrificar en el aten-
tado dinamitero.
El atentado contra Obregón.—Pasado algún tiempo, el Comité Di-
rectivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa deter-
minó unánimemente que era llegada la hora de eliminar a Obregón,
y lo llamó para preguntarle si, como jefe del Control Militar de la
Liga que era, estaba dispuesto a ejecutar dicha consigna, a lo que sin
vacilar respondió afirmativamente.
De acuerdo con su lugarteniente, Manuel Velázquez Morales, miem-
bro del Comité General de la acm y jefe de propaganda en la Dele-
gación Regional de la Liga, formuló un nuevo plan que éste tendría
que ejecutar, ayudado por otros dos acejotaemeros: Nahum Lamberto
Ruiz y Juan Antonio Tirado Arias.
«Humildes en su origen —dice de ellos Andrés Barquín y Ruiz—,
continuaron siéndolo en su vida ordinaria; dos muchachos que adora-
ban a Cristo y amaban con pasión la libertad de la Iglesia; dos pala-
dines en el ejército de. la Asociación Católica de la Juventud Mejicana;
dos caracteres de acero, dos voluntades de bronce, dos gallardías pues-
tas al servicio de la causa de Cristo Rey.
316 Antonio Rius Facius
»La acm los había formado, a Ruiz en el Grupo Local “Círculo de
Estudios Jaime Balmes”, y a Tirado en el Grupo Local de la Colonia
Obrera...»
El 12 de noviembre, Luis Segura citó para la mañana del domingo
13 a Manuel Velázquez en la llamada Casa de la Troya, donde solían
reunirse hombres y pertrechos para reforzar las fuerzas cristeras, si-
tuada en la vecina población de Azcapotzalco.
Segura, a bordo de un auto marca Essex, manejado por José Gon-
zález, que había sido propiedad, hasta pocos días atrás, de Humberto
Pro, quien lo había vendido a Segura para servicio de la Liga, recogió,
en la esquina de Isabel la Católica y Capuchinas (hoy Venustiano
Carranza) a Nahum Lamberto Ruiz y Juan Antonio Tirado. De allí se
dirigieron todos a Aztcapotzalco en busca de Manuel Velázquez; pero
éste, después de esperar más tiempo del convenido, creyendo que se
había suspendido la arriesgada operación, se marchó a la Villa de
Guadalupe. ,
Luis Segura Vilchis no se desanimó por la ausencia de Velázquez;
„él era todo un jefe y tomó sobré sí la responsabilidad de ejecutar per-
sonalmente el tiranicidio. Ordenó a José González que se dirigiera a
la estación de ferrocarril Colonia y que se estacionara frente a ella.
A la una de la tarde descendió del tren, procedente de corta gira
política emprendida a raíz de los asesinatos de Serrano y Gómez, el
general Alvaro Obregón, acompañado de sus guardaespaldas, de un
diputado y un senador. Numerosos curiosos y partidarios aguardaban
su llegada e hicieron impracticable el atentado dinamitero.
Luis Segura Vilchis viajaba en el asiento delantero del viejo Essex
con José González; atrás iban Ruiz y Tirado. A prudente distancia
siguieron al coche que conducía a Obregón rumbo a su domicilio en la
avenida Jalisco. Allí bajó el general; los cuatro acejotaemeros aguar-
daron que saliera de nuevo después de comer. A las tres de la tarde
apareció Obregón y subió a su coche que partió, resguardado por otro,
hacia Chapultepec. Al llegar a la antigua Fuente de las Ranas dieron
vuelta los vehículos hacia la izquierda, para rodear todo el interior del
bosque, sin advertir la presencia del auto Essex que los seguía.
El auto en el que viajan los acejotaemeros se adelanta por
un momento; éstos observan la posición del general Obregón y retro-
cede el coche a su lugar. En aquellos tiempos y a esa hora transitaban
muy pocos vehículos por la calzada, lo que permite a los tripulantes
Méjico Cristero , 317
del Essex, antes de llegar al puente que atraviesa el lago, cruzarse al
coche del candidato presidencial.
Luis Segura, sin perder un segundo, abre su portezuela y salta al
camino empuñando una bomba, que arroja al interior del auto de
Obregón. Tirado y Ruiz lanzan a su vez las suyas. Una gran huma-
reda se levanta en el reducido escenario y los asaltantes aprovechan
la confusión para huir. Desde el coche de los guardaespaldas del gene-
ral han visto lo sucedido y bajan precipitadamente para atender a
Obregón, que se encuentra sumamente pálido, pero ileso, así como
sus amigos que lo acompañan, Tomás P. Báez y el abogado Arturo
N. Orci. Sin desperdiciar un instante trepan sobre las salpicaderas de
su veloz automóvil y salen disparados en persecución de los audaces
autores del atentado.
Nahum Lamberto Ruiz, desoyendo una orden de Luis Segura Vil-
chis, dispara su pistola desde la ventanilla abierta, por la que asoma
la cabeza.
Con gran pericia José González conduce el viejo Essex a su má-
xima velocidad por el Paseo de la Reforma. Al llegar a la columna
de la Independencia, advierte que sus perseguidores comienzan a darle
alcance y dobla a la derecha; sigue por varias calles hasta llegar a
la avenida de los Insurgentes en su cruzamiento con las calles de
Liverpool.
Nahum Lamberto Ruiz ha recibido un balazo en un ojo; deja de
disparar y se inclina sobre la pierna de Tirado Arias. Luis Segura
.mide el peligro de ser alcanzados y ordena a González que provoque
un accidente, cosa que éste ejecuta de inmediato estrellando su auto
contra un Ford, Todos saltan a tierra, incluso el herido, y emprenden
la huida rumbo a la avenida Chapultepec.
» Sus perseguidores llegan al lugar del choque y corren en busca de
los fugitivos; pronto dan alcance a Nahum y, unos pasos adelante, en
la parada del tranvía, a Tirado, que lleva sangre delatora en el pan-
talón. Un tercero, ajeno del todo a los acontecimientos, es apresado
también. Luis Segura y José González logran escapar.
Dos llantas del auto del general Obregón quedaron destrozadas con
las explosiones, por lo que éste tuvo necesidad de abordar, juntamente
con sus amigos, otro auto para dirigirse a su casa de la avenida Jalisco.
Su médico desinfectó las leves heridas que había sufrido. Ya se
disponía el general a salir nuevamente, cuando le fue llevado, con el
318 Antonio Rius Facius
a a a a a a aaam
rostro bañado en sangre que le manaba abundantemente de su terri-
ble herida, Nahum Lamberto Ruiz, quien exclamó:
—Mi general, yo no le he tirado.
Obregón ordenó que fuese conducido su agresor a la Inspección
de Policía, y él se marchó con sus inseparables amigos a la plaza de
toros.
La investigación.—De la Inspección, dada su gravedad, fue trasla
dado Nahum al Hospital Juárez; Juan Antonio Tirado y el inocente
espectador apresado quedaron detenidös en los nefastos sótanos de la
Inspección.
En Nahum Lamberto Ruiz podía encontrarse la clave del enigma,
por lo cual se comisionó al detective Antonio Quintana para que inves-
tigase al herido. Estuvo junto a éste la noche del 14 al 15 haciéndose
pasar por familiar suyo, pero todo lo que pudo lograr fueron, entre
otras, estas frases un tanto incoherentes que anotó cuidadosamente en
su libreta:
«Llegamos a un acuerdo jugando a los dados y yo perdí, y me tocó
el matarlo...» «Agustín Gómez se fue para Guadalajara a llevar el
parque; pero ya tenemos otra partida de once cajas en Jesús María
número treinta y ocho, donde está el cuarto verde; no, en la otra que tiene
una cornisa la ventana...» «Humberto Pro está en las calles de Alzate,
donde se hicieron las bombas...» «El sábado nos fuimos todos para
Tacuba, en el coche a la calle Madero número uno, allí están los mu-
chachos». «José Gómez trabaja en la Liga y vive en la colonia Obrera».
«Las pistolas las compramos, la mía en casa de Etchegaray y dos, en
frente». «Avísale a Luis, mi mero jefe». «El Ing. Luis Segura, mi mero
jefe, vive en la Villa, Plaza Juárez número seis, y si no, lo ves en la
Compañía de Luz». «Allí lo vi el domingo a las nueve».
El estado de Nahum se fue agravando; su ceguera se hizo total y
el día 20 de noviembre falleció tras larga y dolorosísima agonía.
Tirado Arias, firme en su negativa de haber participado en el aten-
tado, casi había logrado confundir a la policía, pues a pesar de las
delatoras manchas de sangre en su pantalón, había resistido estoica-
mente los más rudos suplicios sin delatarse a sí mismo ni a sus com-
pañeros.
José González, el chofer del Essex, estaba oculto, y Manuel Veláz-
quez, siguiendo las terminantes instrucciones de Luis Segura, había
Méjico Cristero 319
disuelto la Casa de la Troya —que encontró desocupada la policía cuan-
do fue a registrarla—, y salió después de la capital rumbo a los Esta-
dos, Unidos, donde permaneció largos años.
El jefe del Control Militar de la Liga continuó haciendo su vida
ordinaria. El lunes 14 y el martes 15 de noviembre se presentó en su
_trabajo a la hora acostumbrada, sin que nadie notase la menor alte-
ración en sus labores.
Pero Nahum Lamberto Ruiz lo había mencionado en sus frases
incoherentes, por lo que, para reunir todos los cabos sueltos, el día 15
en la tarde fue aprehendido en la Compañía de Luz. por el agente de
la policía secreta, Alvaro Basail. En presencia del inspector, general
Roberto Cruz, Segura Vilchis negó su participación en el atentado y,
para probar su coartada, le mostró el boleto de los toros correspon-
diente a la corrida del domingo 13, a la vez que afirmaba:
—¡La corrida fue monumental!... Estaba yo cerca del general
“Obregón; me acuerdo que brindaron. a usted un toro... Así, a gran-
des rasgos, es todo.
El testimonio dado a su favor por el mismo general Obregón, quien
certificó haberlo visto en la plaza de toros, le hubiera abierto las puer-
tas de la prisión, si éstas no se hubieran cerrado tras los hermanos
Pro Juárez.
El agente Quintana, acompañado de su jefe Mascort y otros detec-
tives, localizó la casa, en las calles de Alzate, donde fueron fabricadas
las bombas, y en la de Jesús María el depósito de municiones con
7,500 cartuchos listos para ser enviados a los cristeros. Dos señoras
estaban al cuidado de la casa de Alzate; al ser interrogadas dijeron
que la señora Josefina Montes de Oca de Bolado, las había puesto allí.
Humberto Pro, con dinero aportado por la señora Montes de Oca,
había alquilado la casa el 7 de noviembre por instrucciones de Luis
Segura Vilchis, sin conocer el uso para el que sería destinada. Loca-
lizada por los agentes de la reservada la persona que había aportado
el dinero, ésta fue detenida y enviada a los sótanos de la Inspección;
después les fue fácil dar con su hijo, José Bolado, escondido en otro
domicilio quien, para congraciarse con los amenazadores policías, «les
informó que el padre Pro, acompañado de sus hermanos, se encon—
traba oculto en la casa número 22 de la calle de Londres.»
Desde mucho tiempo atrás la policía perseguía implacablemente al
padre Miguel Agustín Pro, S.J., ordenado sacerdote en Europa en agos-
`
320 l Antonio Rius Facius
to de 1925 y de regreso a su patria en julio de 1926. Infatigable após-
tol de 36 años de edad que, en poco tiempo, se había dado a conocer
y estimar por sus virtudes, su incesante actividad sacerdotal, su entrega
desinteresada y absoluta a los pobres, a quienes socorría con cuanto
bien llegaba a sus manos. ,
Su carácter alegre, mal disimulaba su íntimo, arrollador amor a
Cristo y, con aparente superficialidad, se adentraba en los corazones
de la gente para atraerlas, para unirlas fervorosamente a Él.
Humberto, su hermano, había nacido el 18 de junio de 1903 en
Concepción del Oro, Zacatecas. Inició su instrucción primaria en el
Colegio de San Juan Nepomuceno, de padres jesuitas, en El Saltillo,
y la terminó en Guadalajara. En esta ciudad, antes de cumplir los
15 años, ingresó en las vanguardias de la acīm. Anacleto, a la vista de
su notorio talento y edificante piedad, le auguró un señalado porvenir
dentro de las filas del catolicismo activo.
Su familia se trasladó a Méjico y aquí ingresó en el Colegio Francés
de Puente de Alvarado, atendido por los hermanos maristas. Durante
los años de 1919, 1920 y 1921 cursó la carrera de comercio.
Su carácter jovial y enérgico, su gran capacidad para el estudio y
su aprovechamiento le dieron los primeros lugares de su escuela, en
forma tan decisiva que, al terminar su carrera, obtuvo un diploma espe-
cial de sobresaliente por un total de diez puntos por materia. Ingresó
en el Grupo “Daniel O'Conell” de la acim. Ahí desarrolló sus aptitu-
des para el apostolado y llegó a ocupar los cargos de instructor de aspi-
rantes y vicepresidente. No era de extrañar, pues, que al salir del
colegio y comenzar a trabajar, ascendiera también rápidamente en su
empleo de la casa Gerber y Cía.
Al iniciarse la defensa armada pretendió tomar parte activa en ella,
pero la falta de recursos lo obligó a transferir para fecha posterior su
intento. De regreso a la ciudad de Méjico redobló sus actividades den-
tro de la Liga, en la que fue nombradc, en el mes de junio de 1927,
delegado regional en el Distrito Federal.
Roberto, el tercero de los tres hermanos Pro, se había convertido
en su fiel y eficaz ayudante. Los tres se habían refugiado, ante la
inminencia del peligro, en el hogar de la señora Valdés, mientras po-
dian salir: Roberto hacia los Estados Unidos; Humberto hacia los cam- `
pos cristeros.
A las 3 de la madrugada del 18 de noviembre un gran número de
soldados rodearon la casa y, descolgándose unos por las azoteas con-
Méjico Cristero 32
. figuas y otros bloqueando la entrada de la calle, penetraron en el inte-
rior de la casa para sorprender al padre «Miguel Agustín Pro, que
. dormía en un sofá y en la pieza inmediata a los hermanos Humberto
-< y Roberto del mismo apellido, que dormían en una cama... Al verse
sorprendidos por la policía, el padre Pro suplicó que le permitieran
cinco minutos para arreglar un asunto con sus hermanos... llamó a
éstos y les dijo:... “ya ha llegado el momento del suplicio, antes de
irnos de aquí os quiero confesar,
no me digáis vuestros pecados
“porque ya los sé, yo los absuelvo
en el nombre del Padre, del Hijo
y del Espíritu Santo...” » 3°
El círculo se había cerrado: el
Essex tribulado por los autores del
atentado estaba a nombre de Hum-
- berto Pro.
Segura Vilchis, al informarse
que los hermanos Pro habían sido
¿hechos prisioneros, y consciente
«del grave peligro que corrían aque-'
-Jlos inocentes, «pidió hablar con
el general Cruz y le ofreció rela-
'tarle la verdad de los hechos, a
«condición, bajo su palabra de ho-
„hor; de la libertad de los hermanos
: Pro, que eran completamente aje-
nos al atentado. El general Cruz
empeñó su palabra y entonces Se- Los hermanos Humberto, Miguel y Ro-
. gura Vilchis se delató abiertamente berto Pro en el corredor de su casa.
«como el principal actor, a sabien- El Padre Pro disfrazaba su identidad
E ON religiosa usando bigote.
das de que su sacrificio libraba de
la muerte a los inocentes.» %
El día 19 les fue tomada la declaración oficial a todos, incluso al
-general Obregón, coincidiendo los declarantes en señalar la responsabili-
, dad que a cada quien correspondía. Los hermanos Pro quedaron limpios
de toda sospecha. Pero el tirano tenía sed de sangre sacerdotal y el padre
Pro era un apóstol lleno de gracia y caridad, y Humberto el proto-
“tipo de la juventud más limpia, noble y buena del Méjico católico.
_helxico CarsTERO.—21
$
Antonio Rius Facius’
Al enterarse de la aprehensión de sus hermanos, Ana María Pro
movió todas las influencias a su alcance, entre otras las del ministro
de Argentina, quien visitó a Calles para pedirle que no se hiciese daño `
“alguno a los prisioneros.
` Eros Pisarro te en
y meno sba at el soior Fanberto Pro ce valria da Bila
Pare tonar an arrendamiento la oasa en guestión; que al 9
bhs Kaser de que as sirvieron para el etmtaso y que ei lea
Alan entertoroa ruS guardado on 1e essa do les caltea de-tl
aate, us do la peopistad dol deolarento y que la essprá por
ecudunte del señor Josh Jorzaisut que eate Joab Acezár dl os
Je Gomtetlio Gesocnoca J esas ee rotura a der, lud la pere
Fana que gulaña el esche Esser cuenso se comptió el nastios
Que na sabe sl el ehe Exaoz Pub propiedad de Eumberto Pros
Puno $) Ja pagbicomo yo 41 je.a Joab Gonzklary aña bien A-o
ehn apiri ond a bsta para eu compres que no hube ninguna ~e
laso de juntes provisa para asaltar nl Amora) álvaro Coro
Edn: que el declarante compromstib el jubves anterior al <+
Stemtedo a don ño las pormnte 7 o) domingo a Obest que -=
fueron mbviles políticos los que lo movieron atertar contra
la viga del General Obrerbar que los siete mil enrtuehos pa
FU aaubeer que Fueron recogidos por la Poliela an la onsa >
Niare treinta p ooho ds las cajles % Jogos Earla, eran ĉe
u propledadz que sa tisfa 1 focir pare QÊ Cuatinaba tods
Gartuonoa: que resibla dicare de Aita eas Peen pa ie
compra de eso VIO Y ento otra dal astor Jirgo/rira
Ero Mánes, Que Los FApeLidos cartuios lós envian oras
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Minero Honda 1a Ciutat £e Quasatarn
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Zad ónllen de Presidente Kadoro bn la vocina Población de =
Tacuba, poro que as rehusa a deoir eguh psreoras vi) dl í1=
Que cannae al esñar Eumbsrto Pro a qutan habla de TI
Inepacalón haee soratar que el declarante ul prinelpie de =
lan Irvnstigacionos Pollclazas negò coneoer a Euaverta rro)
“que na eones a la añora Josefina Ventes de Ocet que Y =e
fia del atentado estuvieron los que lo cometieron Frets ae
la Rstaciðn de Colonia, mejor dicho, cerea ds lla esperan
AD la lMogsds del Jeneral Obregón, pues sspareben moortrar
oportunidad para agrióiflo1 que como no puáleren heserlo en
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4l llegar aorca dal lego emparejeros m prete al de sisbes
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nanita que quíen Digo disparge de pistola fué Sedum puite
por ver el Único que llevaba pistolar que Gespudo hiperon-
perasguidos por unes osompeñantes del Gmeral ragin Ste-
sentan haciendo fuego, harto llegar a la saguina que var
man lao callos de Enfurgantos, Visa y Livergost, dn tordo
ohosaron corra ua mtombril Ferds que luaga corrieron ap-
bro lp Areiión Insurgartos hasta llegar a donde hata Máne.
esquina aon la Calzada de Chapultpoo, on donde aprahandis
Fon a doa Ge eue aesmpañantes; que el demaranto +) ehecer
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Y que Él al Lloger a la espina d» Cnepuiteros mordá un «`
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Una de las hojas del acta levantada en la Inspección de Policia con las declara» '
clones de acusadores y acusados. Aparecen las firmas de Segura Vilchis y de
Humberto Pro.
El licenciado Arturo H. Orci, abogado consultor del Centro Directór
Obregonista, íntimo de Obregón, había seguido de cerca las investiga-
ciones realizadas y conocía la abstención de los hermanos Pro en el
atentado. Confiaba en que, al ser consignados a los tribunales comipe-*
tentes los presuntos responsables aprehendidos durante la investigación,
“Méjico Cristero ` i 323
se dejaría en libertad a todos aquellos que pudiesen demostrar su inocen-
cia. Y eso, precisamente, es lo que temía Calles que sucediese, pues
experimentaba incontenible fobia de alcances patológicos contra los
sacerdotes católicos.
El crimen.—El lunes 21 se reunieron Calles, Obregón y Cruz para
“ordenar, el primero, que se fusilase a los detenidos. Fueron inútiles
las razones expuestas por el general Roberto Cruz para hacerle ver la
| inconveniencia de dar semejante paso, pero Calles no dejó lugar a ré-
plicas: la orden estaba dada,
El martes 22 al caer la tarde comenzaron los preparativos. A media
.noche bajaron a los sótanos los generales Cruz y Palomera López —este
. último «hombre de pésima reputación, amoral y sanguinario, llamado
comúnmente el asesino de los católicos»—, * para revisar de pies a
cabeza a los prisioneros y tomarles una fotografía.
- Juan Antonio Tirado Arias, enfermo a consecuencia del tormento
que se le había aplicado, dormitaba en un rincón de la celda envuelto
en su sarape; el padre Pro descansaba sobre el suelo de cemento.
«A la mañana siguiente, como a las seis, despertó el padre Pro con
un fuerte dolor de cabeza, tomó una cafiaspirina y dijo a su hermano:
. »==—No sé por qué presiento que algo nos va a suceder hoy. Pero no
te apures, pidamos a Dios su gracia y Él nos la dará.»*
Afuera de la Inspección había inusitado movimiento de tropas.
Los diarios anunciaban que ese día serían consignados los autores del
atentado. :
; Al llegar con el desayuno para sus hermanos, se le impidió la en-
-trada a Ana María Pro.
: Tres ambulancias, militares uniformados y fotógrafos, penetraron
en el recinto. .
_ Las 10 de la mañana. Mazcorro, el jefe de las Comisiones de Segu-
ridad, baja al sótano y llama en voz alta:
© —¡Miguel Agustín Pro!
Sin pronunciar palabra, el aludido estrecha la mano de su hermano
-Roberto y sale de su estrecha celda.
Frente a un muro del jardín de la Inspección, hay unas siluetas
de acero para la práctica del tiro al blanco. Un pelotón de la policía
montada en traje de gala está situado a unos cuantos metros de dis-
tancia.
De izquierda a derecha, arriba: Humberto Pro, el R. P, Miguel Agustín Pro,.S. Je ©
En el mismo orden, abajo: Ingeniero Luis Segura Vilchis y Juan Antonio Tirado -
E Arias, Cuatro victimas del feroz callismo, :
. Arriba: El primer pelotón de fusilamiento listo para cumplir su ignominioso come-
tido.—Abajo: El general Roberto Cruz, con un puro en la mano, contempla con
mal disimulada complacencia el martirio del P. Pro. A su derecha, el general
3 Antonio Gómez Velasco.
Vs A >ò
Arriba: El P. Pro es conducido por sus guardianes al lugar de su sacrificio.—
Abajo: La oración silenciosa del P. Pro sobre la dura tierra que beberá su sangre. `
El mártir con Gdl brazos en cruz recibe la descarga asesina.—Abajo: Un soldado
apunta a la cabeza del sacerdote para disparar el tiro de gracia.
328: i Antonio Rius Facius
$
` Hay más soldados, y oficiales, y curiosos. El general Cruz, de uni-
forme dominguero, saborea un aromático puro.
LA aparecer el padre Pro se produce un repentino silencio. Camina
pausadamente junto a Mazcorro. El
i 1 agente Quintana se cruza en su
f ' breve camino y le pide que lo per-
| done.
—No sólo lo perdono —respon-
de el sacerdote con mansa sonri-,
sa—, sino que le doy las gracias.
Llega al lugar que se le desig-
na frente al pelotón de fusila-
miento. ;
El mayor Torres le pregunta
cuál es su último deseo:
—Que me permitan rezar —res-
ponde. ,
Se arrodilla, se santigua lenta-
mente y hace la ofrenda de su vida
al Redentor. Besa el crucifijo de
su rosario, se pone de pie, abre los
brazos en cruz y dice: »
—¡Viva Cristo Rey!
El silencio es total.
Una descarga. Cae. Un soldado
se aproxima y dispara su arma en:
Con gallarda serenidad el ingeniero Luis
Segura Vilchis camina hacia.el paredón
iy contempla, por un breve instante, el
cuerpo del padre Pro, que le ha prece-
dido en el martirio. Lo acompaña Maz-
la sien del mártir. ;
Casi idénticamente se fepe la
escena. Baja Mazcorro al sótano
y aparece nuevamente en el jardín
al lado de Luis Segura Vilchis,
quien de una mirada abarca la tra-
gedia que se cierne repentina sobre su cabeza, pero no se abate; erguido,
con el rostro sereno, avanza hasta el sitio de su sacrificio. Al llegar
frente al cadáver del padre Pro se detiene un instante y se inclina
ante él, después se coloca a su derecha.
Contesta con voz clara a las preguntas que se le hacen de si desea.
alguna cosa y si quiere ser vendado; él responde que no. En pie firme:
frente al cuádro de ejecución dice: “Estoy dispuesto, señores”. Sus-
corro, el mismo agente de policia que
lo aprehendió,
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$. cit
330 O Antonio Ríus Facius
manos las lleva instintivamente a los bolsillos del pantalón; pero luego
las saca y echa los brazos hacia atrás, presentando el pecho levantado
para recibir la descarga.
Se hace un silencio angustioso que se quiebra con la voz de mando:
¡Firmes! ... ¡Tercien!... ¡Preparen!... ¡Apunten!... ¡Fuego!...
Luis, el jefe, cae con los brazos abiertos en cruz, cerca del cadá-
ver del padre Pro.
Humberto fue el tercer sacrificado. Con idéntico valor caminó al
sacrificio y recibió la muerte.
Juan Tirado Arias fue el último. Temblaba de fiebre. Iba Seno
en su sarape que le había facilitado el padre Pro. Cuando se le pidió
que expresara cuál era su último deseo, respondió:
—;¡Quiero ver a mi madre!
Pero no le fue concedido. Angustiado, de pie frente al pelotón, no
cesó de exclamar: ¡... Quiero ver a mi madre!
Tenía 20 años. :
A las tres de la tarde de aquel glorioso 23 de noviembre de 1927,
, hechos los absurdos y engorrosos trámites burocráticos, fueron. recogi-
dos por sus familiares los cuatro cadáveres de las víctimas.
El pueblo, desafiando la ira. impotente de los asesinos, mostró ` pú-
blicamente su rencor acumulado. Cuando al día siguiente fueron con-
«ducidos los cuerpos de los mártires a la colina de Dolores, una mul-
titud los acompañó rezando con delirante fervor el santo rosario y
cantando loas a Cristo Rey..
Calles, del brazo del procónsul Morrow, celebrando las payasadas.
de Will Rogers, un cómico de Hollywood, emprendía: a esa hora una
deliciosa gira de recreo para visitar la Presa Calles que se construía
.en Aguascalientes y la Don Martín, en Monterrey.
¿Lograrían el traqueteo del ferrocarril, las insinuantes palabras de:
Mr. Morrow y las bufonadas de Rogers apagar en sus oídos el clamor
de un pueblo que le gritaba de frente su odio y su desprecio?
"2J49NUL D) D ƏQL OMIQUNFİ ‘4010P AP SNGL UN UON
; “opopsnfí səs vand
‘UQpaLnd qD ƏFUIAİ OLLODZD]A “0d OPLINPUOI SI O4g OəqunyH
Juan Antonio Tirado Arias, el cuarto de tas fusilados, se ona al recibir.
la descarga.
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Sig A a
De ue
El triunfo supremo: cuatro mártires de Cristo Rey, *
"Los cadáveres del P. Pro, Luis Segura Vilchis, Humberto Pro y Juan Antonio
Tirado Arias.
Arriba: Velorio de los hermanos Pro. El anciano que se ve a la izquierda es el
padre de las victimas.—Abajo: La muchedumbre escucha electrizada la voz del
R. P. Alfonso Méndez Medina, S. J., compañero del P. Pro, quien, desafiando las
iras del callismo, ordena desde el balcón de la casa.del duelo: “¡Paso a los mår-
tires de Cristo Rey!”
XXIX
SUR DE JALISCO, COLIMA Y MICHOACAN
A PRINCIPIOS DE 1928
Duplicidad de mando.—Acejotaemeros inmolados.—
Preparación del ataque y toma de Manzanillo.
- Duplicidad de mando.—Desde mediados de 1927, fungían como re-
presentantes de la Liga en Guadalajara dos conocidos acejotaemeros::
Antonio Ruiz y Rueda y Jorge Téllez Vargas; el primero con el cargo
de delegado del Comité Especial. Poco tiempo permanecieron en la
-capital tapatía, pues otro ameritado exponente de la acsm, Luis B.
Beltrán y Mendoza, fue enviado allá para tomar posesión de la Jefa-
tura del Control Militar del Sur de Jalisco, Colima y Michoacán.
A la muerte accidental del general cristero Dionisio Eduardo Ochoa,
acordó Beltrán que el general Jesús Degollado Guízar se hiciese cargo
de la situación en Colima. Éste se encontraba en su campamento de
La Candelaria cuando se enteró de la desaparición de Ochoa y Anto-
nió C. Vargas. De allí salió hacia el campamento La Mora, para revi-
sar el reacondicionamiento de los cartuchos usados, cuando recibió
órdenes de esperar al jefe del Control Militar de la región. El general
Degollado, al- enterarse del nombramiento hecho a su favor, suplicó
a Luis B. Beltrán que reconsiderase su acuerdo y lo eximiera de
tal cargo, pero ante su cerrada negativa, aceptó generosamente la
nueva responsabilidad que se le confiaba. Al día siguiente regresó al
campamento de La Candelaria, y desde allí envió un propio al general
Luis Ibarra con el encargo de que atendiese la división hasta su vuelta.
Acompañado por el padre Emeterio Covarrubias, su Estado Mayor y
335
336 l A Antonio Rius Facius
su escolta, partió hacia Colima. A inmediaciones de La Joya encontró
al coronel Andrés Salazar; hombre valiente aunque falto de cultura,
‘quien estuvo de acuerdo en reconocerlo como jefe del sector.
Degollado esperó dos días al general Miguel Anguiano Márquez,
pero no pudo localizarlo y regresó al Sur de Jalisco para planear el
ataque a Ciudad Guzmán, Jal., dejando en su representación al coro-
nel Manuel C. Michel, ya con el grado de general. Éste se instaló en
la Mesa de la Yerbabuena. Fundió todas las fuerzas de los campa-
mentos bajo un solo mando y nombró al coronel Andrés Salazar, jefe
de su Estado Mayor.
Así organiza-
dos, emprendie-
ron su primera
gira, y en un
encuentro con
- los agraristas
` de Camotlán
hicieron a éstos
nueve bajas y
recogieron ar-
mas y parque. `
Ignoraba el
Comité Direc--
+ tivo de la Liga
El general Jesús Degollado Guízar al frente de sus cristeros. €l nombramien-
to hecho por el
Comité Especial de Guerra en el estado de Jalisco, con residencia
en Guadalajara, a favor del general Degollado Guízar, cuando recibió
una solicitud del principal grupo cristero del Volcán de que se nom-
brara jefe en Colima al general Anguiano Márquez, en sustitución de.
Dionisio Eduardo Ochoa. El Comité Directivo, después de recoger los
informes que juzgó necesarios, accedió a lo que se le pedía, Repueanda
sin saberlo, el mando en aquel estado.
El general Anguiano, a su regreso de la visita hecha a distintos
grupos armados del Oriente hasta Coalcomán, donde conferenció con
‘Luis Navarro Origel, se enteró de los cambios habidos y la duplicidad
del mando. Andrés Salazar no simpatizaba: con Anguiano y había ma-
nifestado su oposición a reconocerlo como jefe. La situación era deli-
Méjico Cristero 337
cada; el general Degollado Guízar se comunicó con Luis B. Beltrán;
para exigirle que cesaran las diferencias entre la Liga y el Control
de Occidente y que se unificara el mando o renunciaría.
Hechas las necesarias aclaraciones, el Comité Directivo de la Liga
‘autorizó al general Degollado Guízar para que arreglase las cosas de
la manera más conveniente. Degollado Guízar partió luego con un
grupo de sus inmediatos colaboradores al campamento colimense de
Cerro Grande; allí se reunió con Anguiano y Salazar, a quienes acom-
pañaba el padre Enrigue Ochoa.
Sin mayores preámbulos le preguntó:
«-—Usted, padre, es para mí el alma del movimiento cristero aquí
en Colima y delante de Dios le preguntó a usted: ¿qué persona con-
viene que ocupe la jefatura?
>—Usted, general, me ha preguntado en nombre de Dios y en nom-
bre de Dios le digo que usted es la persona indicada para ocupar esè
puesto —contestó».? f
Un prolongado cambio de impresiones y pareceres dio por resul-
tado que prevaleciera esta opinión. Se levantó un acta y fue comu-
nicado el acuerdo a la Liga. Solucionada la duplicidad de mandos,
señaló el general Degollado Guízar dos sectores: «una parte del Occi-
dente de Michoacán más una media parte de Colima para él general
Anguiano; el resto del estado de Colima, más una parte del Sur de
Jalisco para el coronel Salazar.»? . `
Para dar una idea justa de la gran fuerza militar del Sur de Jalisco
y Colima, es conveniente ampliar las noticias de la organización allí
establecida durante el mes de enero de 1928, cuando el problema de la
división de jefaturas adquiría importancia peligrosa. .
«El general Degollado, jefe de operaciones del Sur de Jalisco y
Colima, había dividido su vasta jurisdicción en cuatro zonas: una for-
mada por el estado de Colima a cargo del general Michel con 700 hom-
bres; otra limitada por los estados de Colima y Michoacán, a cargo del
general Carlos Bouquet, con 500 hombres; la tercera limitada por el
mar que baña las costas de Jalisco, a cargo del coronel Lucas Cuevas
con 325 hombres, y la última limitada por el estado de Nayarit, a cargo
del general Luis Ibarra, con 800 hombres, incluyéndose en esta zona
los grupos- mandados por Carlos Verdía, Arreola y Navarro,»*?
Entretanto, Martos V. Torres había sido ascendido a coronel, jefe
del Estado Mayor de Anguiano. Al frente de sus hombres recorrió el
MÉXICO CRISTERO.—22
338 Antonio Rius Facius
Oriente y Sur del estado de Colima y, entre varios encuentros de
importancia que sostuvo contra las fuerzas callistas, hubo uno en los
límites mismos de la ciudad de Colima que alcanzó especial importan-
cia. En la estación del ferrocarril se batieron 14 cristeros, Marcos V.
Torres entre ellos, contra 400 enemigos. Tres horas angustiosas duró
el combate, al término del cual los callistas habían sufrido 40 bajas
l contra un solo herido que tuvie-
ron los cristeros que se retiraron
sin padecer mayor quebranto.
Acejotaemeros inmolados.—
Dos días después de este sonado
combate, el 25 de enero de 1928,
fueron inmolados dos acejota-
emeros colimenses de condición
humilde: J. Trinidad Castro y
Anastasio Zamora.
Cuando fue fundada la Acīm
en Colima, a mediados del año de
1917, J. Trinidad Castro ingresó
en las vanguardias para ser, tiem-
po después, socio efectivo de la
Asociación —de cuyo Comité Dio-
cesano fue presidente—. En ella
realizó eficaz labor periodística;
trabajó en los campos obrero y
J. Trinidad Castro, acejotaemero colimen- político y en la catequesis, enfo-
se que ocupó la presidencia de su Grupo, cando su labor principalmente
fue delegado nO T mo y motor hacia la atención de los grupos
del Ejec Libertador, Murió fusilado e de vanguardias, Al fundarse la
Liga en Colima ingresó a ella y
ocupó el puesto de secretario local de la misma. Su amor a Cristo lo
impulsó a dejarlo todo para luchar por Él con las armas en la mano
y, una madrugada del mes de septiembre, se unió a sus compañeros de
la acsm en las estribaciones del Volcán.
Anastasio Zamora se había incorporado, con anterioridad, al ejér-
cito cristero, y como J. Trinidad Castro, también había obtenido su
formación en las filas de la aciym y prestado sus servicios en la LNDLR.
A
Méjico Cristero 339
Ambos se encontraban en la ciudad de Colima desempeñando una
comisión, cuando la noche del 25 de enero de 1928, víctimas de cobarde
denuncia, fueron apresados y conducidos a la Jefatura de Operaciones,
instalada, como se recordará, en el edificio del antiguo seminario,
No hubo piedad para ellos y, sin juicio ni defensa, se ordenó su muerte
inmediata.
El grito desafiante de Trinidad rompió el silencio de la lúgubre
calzada Galván, antes que el tronido seco de los disparos acallaran la
voz varonil y limpia de los acejotaemeros vitoreando a Cristo Rey.
No fueron los únicos miembros de la acm de Colima que cayeron
heroicamente en aquellos meses. Hubo más y, entre ellos, uno cuyo
sacrificio conmovió intensamente a la sociedad. Tenía 13 años de edad
y era nativo del pueblo de San Jerónimo, Colima. Pertenecía.a las
vanguardias de la Acgm, que atendía con eficacia y entusiasmo J. Tri-
nidad Castro. Cuando la LNDLR inició su improba tarea, aquel mucha-
chito se afilió a ella para prestar su ayuda en la medida de sus fuerzas.
Vino la lucha cristera y, nuevamente él, en compañía de otros ami-
guitos de su edad, pidió su alta en el Ejército Nacional Libertador.
Mucho tuvo que rogar e insistir para ser admitido en el grupo que
"mandaba Gildardo Anguiano Márquez, hermano del general Miguel
de los mismos apellidos; pero muy poco tiempo pudo luchar por Cristo en
el campo de batalla. En el mes de marzo de 1928 el teniente coronel
Gildardo Anguiano inició un recorrido por Ixtlahuacán, Col.; Coahua-
yana, Mich., y Tecomán, Col., acompañado de su jefe superior inme-
diato, Marcos Torres, para proveerse de armas y municiones entre los
derrotados soldados del gobierno.
. En una ranchería denominada Las es, perteneciente al mu-
nicipio de Ixtlahuacán, Col., tuvieron un encuentro cristeros y callis-
tas; en él resultó herido el joven soldadito de Cristo Rey. La rudeza
del combate impidió a sus compañeros recogerlo y permaneció cinco
días oculto entre las malezas, sin alimentos ni auxilio. Cuando bajó
al caserío, lejos de recibir la ayuda que precisaba, fue delatado a los
agraristas por una mujer; y éstos, con sanguinaria impiedad, lo ma-
taron a tiros como a perro rabioso. Y era, en realidad, un ángel, un
- imberbe cristero que había seguido las huellas ejemplares de sus her-
manos, Gildardo y Miguel: se llamaba J. Mercedes Anguiano Márquez.
Al cabo de un período de relativa calma, el coronel Marcos Torres
emprendió una campaña en el estado contra los agraristas, que dio
340 Antonio Rius Facius
comienzo el 6 de marzo en el pueblo de Tepames, y continuó por toda
la región.
Las fuerzas del gobierno se organizaron para batir a los liberta-
dores en su propio reducto, y los generales Avila Camacho y Pineda,
al frente de más de mil hombres, pusieron cerco al cuartel general
cristero en la Mesa de los Mártires.
Salazar ordenó la evacuación del campamento, que puso en manos
de 10 defensores al mando del capitán Ramón Cruz, para proteger
la retirada de sus compañeros y las familias que se habían refugiado allí.
Cuando se acercaron los callistas resistieron el capitán y šus hombres
cuanto pudieron, causándoles 25 muertos a los agresores antes de tener
que escapar con sus valientes. Los callistas, al entrar en el campa-
mento evacuado, destrozaron la humilde capilla, centro de vida religiosa
para toda la comarca, y el venerado cementerio, sobre el que se levan-
taba el sencillo monumento al general Dionisio Eduardo Ochoa, cuyos
restos fueron respetados por orden expresa del general Pineda.
El general Manuel Avila Camacho creyó que le sería más fácil des:
organizar a los cristeros disparándoles cañonazos de dinero en lugar
de balas y escribió a los generales Degollado y Bouquet ofreciéndoles
fuertes cantidades en efectivo a cambio de su separación del movi-
miento, pero ambos le contestaron que preferían morir, libres como
andaban, que vivir bajo la tiranía callista.
Preparación del ataque y toma de Manzanillo.—El 30 de abril de
1928, el general Degollado Guízar, acompañado de su escolta y Estado
Mayor, salió hacia Colima; al pasar por el campamento del general
Michel, lo invitó a que se le uniese y, el 2 de mayo, en el campamento
colimense de la Yerbabuena, se reunieron con estos jefes cristeros el
general Salazar, el general Bouquet, el coronel Marcos Torres en re-
presentación del general Anguiano que estaba enfermo y no pudo asis-
tir, el general Alberto Gutiérrez, el coronel Rodríguez, el teniente
coronel José Gutiérrez, los capitanes Bernardo López C., Efrén Que-
zada y Andrés Bermejillo y el mayor Rafael Covarrubias. También
estuvieron presentes los padres capellanes Emeterio Covarrubias y
Enrique Ochoa.
El motivo de sta importante reunión era el de estudiar un pro-
yecto del general Degollado Guízar para atacar el puerto de Manza-
nillo, Colima, el 24 de mayo siguiente, día de María Auxiliadora.
Méjico Cristero 341
Una vez dilucidados todos los puntos y aclaradas todas las dudas,
regresó el general Degollado Guízar a su campamento de La Cande-
laria para preparar el audaz golpe.
El día 20 el general Lucas Cueva recibió del general Ibarra dos
escuadrones que incorporó a sus fuerzas y, de acuerdo con el plan pre-
visto, siguiendo el camino de la sierra para evitar encuentros con el
enemigo, se dirigió hacia la hacienda de Tequisquitlán, donde tenía
que reunirse nuevamente con el general Degollado Guízar el día 23 en
la tarde. Éste salió al mismo tiempo de su campamento con rumbo a
Pueblo Nuevo. En el camino se les incorporó el mayor Anatolio Par-
tida, de las fuerzas del Occidente de Michoacán, con 75 hombres, entre
los que se encontraba el entonces capitán Rubén Guízar Oceguera,
primo de Degollado Guízar, quien había interrumpido sus estudios en el
Seminario Pío Latino de Roma para defender en su patria la causa
de Cristo Rey.
En el pueblo de Toxín, lugar fácilmente defendible, dejó el gene-
ral Degollado Guízar una pequeña guarnición de las fuerzas del general
Michel, para proteger la retaguardia. Sólo quedaban dos puntos débi-
les: la ciudad de Colima y la numerosa fuerza callista de Cihuatlán.
Para cubrir el primero quedó comisionado el general Ibarra, encar-
gado de las operaciones en la ausencia del' general Degollado Guízar,
con el amago frecuente de la ciudad, y, para destruir el segundo
punto, el mismo general Degollado Guízar dio al general Cueva ins-
trucciones precisas de atacar ese lugar por un lado mientras él lo hacía
por el opuesto.
El día 22 llegó el contingente del general Degollado Guizar a Pue-
blo Nuevo, donde lo esperaban los generales Bouquet y Michel y el ma-
yor Candelario Cisneros de las fuerzas del general Miguel Anguiano,
quedando reunidos, así, poco más de mil hombres. Antes del mediodía
siguiente el general Degollado Guízar juntó a los jefes y les dio sus
últimas instrucciones:
«Todas las tropas que se encuentran presentes quedan subordina-
das al general Bouquet, que mandará en jefe el ataque a Manzanillo.
El ataque se efectuará en la forma siguiente, que podrá ser modifi-
cada, según la necesidad, si así lo cree prudente el general Bouquet.
Las fuerzas totales se dividirán en tres columnas; la que marchará
por el centro irá al cuidado del general Bouquet, la que cubrirá el
-flanco izquierdo la mandará el mayor Anatolio Partida y la del flanco
342 Antonio Rius Facius
derecho la mandará el mayor Rafael Covarrubias. El general Bouquet
ordenará al capitán Marcelino Ramírez que con su escuadrón bien
reforzado se coloque en Santiago, para el caso de que venga el ene-
migo del lado de Cihuatlán, y nombrará un retén que en punto domi-
nante vigile la vía del ferrocarril procedente de Colima. En esta forma
estará completamente asegurada su retaguardia. Yo salgo para la ha-
cienda de Tequisquitlán, con sólo mi Estado Mayor y el general Michel,
para encontrar al general Cueva, que con su gente y dos escuadrones
El puerto de Manzanillo, Col., atacado y ocupado momentáneamente por las fuer-
zas de la Guardia Nacional, el 24 de mayo de 1928.
del general Ibarra llegará a aquel lugar. De ahí saldremos a las ocho
o nueve de la noche para Cihuatlán, atacaremos la plaza, la rendire-
mos, tomaremos camiones y coches que encontremos y luego saldremos
para el puerto para ayudarles en lo que falte por hacer.» ?”
Todo se hizo como estaba previsto. En la madrugada del día 24 de
mayo de 1928 soldados del coronel Marcos Torres habían incendiado
Méjico Cristero 343
varios pequeños puentes y corrales al Norte y Sur de la estación del
ferrocarril en Colima; la escolta de Alberto Gutiérrez dinamitó otro
pequeño puente en la vía de Colima a Manzanillo, daño pequeño e insu-
ficiente para cerrar el paso a los refuerzos que, al ser informado el
gobierno, envió rápidamente. Al iniciar su avance las fuerzas criste-
ras, el cañonero “Progreso” surto en el puerto, dirigió sus baterías con-
tra los atacantes, pero a pesar de la ruda oposición, fueron éstos avan-
zando paso a paso hasta el centro de Manzanillo.
El general Degollado Guízar, al frente de sus hombres, victoriosos
en el ataque a Cihuatlán, llegó oportunamente a reforzar el venturoso
ataque. El triunfo era total para el ejército cristero: habían rendido
a la guarnición del puerto y recogido gran cantidad de armas, pertre-
chos y dinero de la aduana.
«Todo estaba en silencio —narra el general Degollado Guizar en
sus Memorias—; ya ni un disparo se oía. Unos diez soldados, que esta-
ban en una altura, hacían señas de que se fuera a recoger las armas.
En esos momentos avisaron nuestros vigías que venía avanzando un
tren que, aunque caminaba despacio, pronto llegaría y que traía tro-
pas callistas que se podían ver con los gemelos.
»Como Manzanillo es una ratonera, ordené que inmediatamente se
retiraran las tropas para ponerse a cubierto y no ser copadas. Bastaba
recorrer unos mil metros para quedar fuera de ese peligro.
»Nuestras bajas eran 6 muertos, que fueron sepultados en uno
de los hoyos abiertos por las balas del “Progreso”; ahí se depositaron
los cuerpos y se les cubrió con tierra.
»Los heridos, 18, ya habían sido recogidos a la retaguardia para
conducirlos a uno de los campamentos para su curación. Todas nues-
tras tropas se encontraban ya en lugar seguro. Sólo el general Lucas
Cueva, llevado por un ardor incontenible, se quedó unos minutos más
para recoger las armas y pertrechos de un grupo de ocho o diez sol-
dados callistas que aún no las entregaban. El tren, abarrotado de ea-
llistas, cortó la retirada del general Cueva y de 45 soldados, entre los
que recuerdo a los hermanos José y Luis Sahagún, teniente coronel
y mayor, al mayor José María Gómez y al capitán primero Onésimo
Ortiz.» 2
Fue inútil todo esfuerzo por rescatarlos, no obstante que los solda-
dos federales sufrieron más de trescientas bajas, el general Cueva y
sus compañeros perecieron combatiendo al quedar copados por las fuer-
gu Antonio Rius Facius
zas gobiernistas al mando del general Charis, que les cerraron el paso
cuándo tenían a la derecha la laguna, a la izquierda el mar, y a su
espalda los soldados de la guarnición que, repuestos de la derrota,
se ; reagmiparon para atacar.
»
XXX
LA CRECIENTE LUCHA CRISTERA
Somero balance de fuerzas.—“Peoresnada”.—Junta
regional de autoridades.—Muerte de Miguel Gómez
Loza.—Ocaso de Luis Navarro Origel.—Heroica
muerte de Ignacio Navarro Origel.—Martirio de José
Sánchez del Río.—Sangre acejotaemera.
Somero balance de fuerzas.—El general Enrique Gorostieta había
demostrado sus grandes dotes de organizador al frente de la Jefatura de
Operaciones en los Estados de Jalisco, Colima y Nayarit, por lo que la
Liga amplió su mando a los estados de Aguascalientes y Zacatecas. Sus
actividades, de poco lucimiento hasta entonces, dirigidas como estaban a
la preparación en gran escala del movimiento cristero, las encauzó ha-
cia la enseñanza técnica de sus soldados; dividió la región de Los Altos
en zonas estratégicamente situadas, para combatir eficazmente las esta-
blecidas por el gobierno; levantó los planos necesarios para conseguir
su intento y nombró jefes de los sectores en que había dividido Los Altos.
El día 30 de enero de 1928 llegó a Huejuquilla, que se encontraba
en poder del Ejército Nacional Libertador, acompañado de sus fieles
acejotaemeros y el general Avila, antiguo villista que había ofrecido
sus servicios a la causa cristera. Como general en jefe de la región
extendió nombramiento de jefe de operaciones en la zona zacatecana
al general Quintanar, al mando de la brigada del mismo nombre, com-
puesta por elementos de distintos lugares que operaban en el estado
345
346 i Antonio Rius Facius
de Zacatecas principalmente —aunque también lo hacían en los esta-
dos de Durango, Jalisco, Nayarit y Sinaloa— y ratificó la organiza-
ción existente de los cinco regimientos y grupos aislados que la for-
maban. :
Estos regimientos eran: “Libres de Huejuquilla”, que comandaron
diferentes jefes hasta que al final de la lucha estuvo a su frente el
mayor Epitacio Llamas; “Libres de Chalchihuites”, al mando del co-
` ronel Francisco Sánchez; regimiento “Guadalupe”, organizado por el
coronel Viramontes, cuyo mando quedó después a cargo del general
Justo Avila; regimiento “Castañón”, correspondiente al sector de Fres-
Misa de tropa celebrada por el Pbro. Herculano Cabral, en Juntas del Refugio, Zac.,
el día 6 de noviembre de 1927, para solemnizar el levantamiento de la columna
organizada por el coronel Viramontes.
nillo, comandado por el coronel Perfecto Castañón, cuyo nombre se le
impuso al morir este ameritado jefe y quedar al frente del regimiento
el coronel Reynaldo Cárdenas —quien a sí mismo se apodaba El Pe-
cado— y el teniente coronel Aurelio Ramírez; y por último, el regi-
miento “Valparaíso”, al mando del coronel J. Jesús Pinedo.
Además de los regimientos antes dichos, formaban la brigada Quin-
tanar otros grupos que, aunque de escaso número de hombres, des-
arrollaban gran actividad. Estos grupos eran: el del general Porfirio
Mayorquín; el del mayor Florencio Estrada, de Huamazota, Dgo.; el de
Juan Beltrán, de Sinaloa; y posteriormente el del mayor Luis J. Mon-
Méjico Cristero 347
tellano, de Huejúcar, Jal.; y el de Huicholes de San Sebastián, de Juan.
Bautista.
En la región dominada por el general Pedro Quintanar eran cons-
tantes las incursiones de los alzados contra el ejército federal, al que
con frecuencia desalojaron de sus ventajosas posiciones, haciéndoles
numerosas bajas. Algunas poblaciones zacatecanas pasaron de unas a
otras manos repetidas veces, provocando constante zozobra entre los
habitantes de la región.
En el resumen hecho por el padre Adolfo Arroyo, cronista veraz y
testigo presencial de muchos de aquellos sucesos, ofrece estas cifras
de las actividades desarrolladas por el grupo de Valparaíso, desde el
29 de agosto de 1926 hasta el 31 de diciembre de 1927.
Al iniciarse el movimiento formaban el grupo 50 hombres para su-
mar, el día último del año de 1927, quinientos, todos armados y pertre-
chados, modesta aunque convenientemente, con las armas y municio-
nes quitadas al enemigo. Tuvo 19 expediciones a distintas partes de
los estados de Zacatecas, Jalisco y Durango. Sorprendió al adversario
dos veces y fue asaltado por él seis veces. Sostuvo 18 combates de
importancia y 15 tiroteos. Perdió 45 hombres, muertos en combate,
y otros tantos heridos, que volvieron a filas. El enemigo les hizo
15 prisioneros, que presumiblemente fueron fusilados. Causó, en cam-
bio, 468 bajas —que pudieron ser plenamente confirmadas— a los
federales y agraristas. De todas éstas 116 hombres quedaron muertos
en el campo de batalla y 54 heridos, entre ellos dos generales,
En el año de 1928 las actividades de éste y los demás grupos cris-
teros de la región zacatecana multiplicaron sus triunfos, que sería largo
y prolijo reseñar. y
Para atender mejor las necesidades civiles, fue nombrado por la
Liga gobernador provisional del estado Aurelio E. Acevedo, quien, en
un principio, sabiéndose sin la preparación necesaria para asumir tal
responsabilidad, rechazó el nombramiento.
“Peoresnada”.—En la región dominada por la brigada Quintanar se
editó, durante los años 1927 a 1929, en papel de color, sumamente del-.
gado para hacer 12 copias a la vez, una hoja información escrita en una
maquinilla portátil, a la que se le dio el título de Peoresnada.
Los cristeros que la recibían en campaña se veían en aprietos para
leer las últimas copias, y más cuando el papel era de color oscuro;
348 Antonio Rius Facius
pero por medio de ella se les tenía al corriente de los principales suce-
sos ocurridos, no sólo en la región, sino en toda la República.
Estaba escrita con alegre despreocupación, con ironía simple que
. era del gusto de todos los que con ingenua, limpia intención, exponían
su vida a cada paso para dar a su patria amor y libertad. Una muestra
del espíritu sencillo y optimista que campeaba en aquellas hojas, lo
_ ofrecen estos versos aparecidos en el número 90 y 91 de Peoresnada:
Si yo fuera un gran señor,
y que nadie me tosiera,
es decir, que si yo fuera
tamaño periodicón,
yo diría que un gran torzón
llevase al otro potrero
a Calles y a Portes Gil,
a Morones y a otros mil;
pero se fuesen primero
López, Montalvo y Quintero.
Pero soy un chiquitin
que apenas me asoma el diente,
entre hablador y prudente
travieso periodiquin;
quiero hablar y hablar sin fin
a Calles y a su mesnada
(que espero ver aplastada)
todas las veces que salgo,
que hablar bien o mal es algo
y algo es algo... “peoresnada”.*
Junta regional de autoridades.—En el mes de mayo de 1928 tuvo
lugar, en aquella región, un señalado suceso cívico social que hubiera
alcanzado, sin duda alguna, positiva trascendencia nacional al triunfo
de las armas cristeras. -
Al iniciarse la lucha armada de los católicos mejicanos en varios
lugares y diversos tiempos, se puso de manifiesto su natural inexpe-
riencia en el manejo de asuntos públicos y. militares, pero, a medida que
transcurrieron los «meses de continuo pelear y de tener que enfren-
tarse con los problemas diarios de la administración de. las regiones
Méjico Cristero 349
ocupadas, se fue perfeccionando la disciplina, brotaron espontáneas y
admirables las virtudes militares, el buen sentido dictó las normas
básicas a que habían de ajustarse las autoridades civiles y pronto se
inició en algunas regiones del país una era de libertad auténtica y
de paz orgánica, amada y sentida.»
En la región de Huejuquilla el
Alto y Mezquitic, Jalisco; Valpa-
raíso, Monte Escobedo y San An-
drés de Teul, Zacatecas, dominaban
las fuerzas cristeras, y sus jefes,
ante su creciente responsabilidad y
dominio, con positivo y admirable
sentido del deber, juzgaron necesa-
rio «citar a las autoridades admi-
nistrativas y judiciales a una con-
vención en que se fijaran los prin-
cipios de gobierno a que habían de
ajustarse sus actividades.» *
Dicha asamblea se efectuó, co-
mo queda dicho, el día 22 de ma-
yo en el pueblo jalisciense de Mez-
quitic, bajo la responsabilidad ini-
cial de su organizador el coronel
Aurelio Robles Acevedo. Se estu-
diaron los temas siguientes: “El
movimiento armado actual difiere
esencialmente de los anteriores”;
“Las autoridades administrativas y Fiesta de Corpus Christi en Huejuqui-
judiciales deben obrar indepen- lla, Jalisco. Los soldados cristeros pre-
3 e sentan armas al paso de la procesión.
- dientemente de las militares, y 7 de junio de 1928.
éstas deben garantizar a aquéllas”;
“Las autoridades administrativas deben tener el control de las defen-
` sas regionales en cuanto a los servicios de policía, y no en cuanto a
movimientos militares”; “Las autoridades judiciales en los casos de
delitos de los militares, deben imponerse para que los culpables séan
puestos a su disposición”. À
Fruto directo de aquella junta regional de autoridades administra-
tivas y judiciales en la zona controlada por el movimiento libertador
350 í Antonio Rius Facius
católico en el estado de Zacatecas fue una magnifica “Ordenanza Gene-
ral” compuesta por 52 artículos que legislaban sobre el reconocimiento
del Comité Directivo de la Liga como autoridad civil y militar suprema,
las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y las atribuciones de las auto-
ridades administrativas, judiciales y militares, defensas regionales y
registro civil.
Asistieron a aquel congreso, además de los jefes militares de la
región y representantes de la Liga, los presbíteros Pablo López, que
ocupó el cargo de presidente, y José Félix, que actuó como secretario.
Los cristeros, con generosidad indiscutible, se preparaban a forjar
una patria mejor sacrificando, si era preciso, sus intereses particulares
en bien de la comunidad y de la Iglesia, alma y esencia de Méjico.
Muerte de Miguel Gómez Loza.—En Jalisco, mientras los grupos de
levantados en armas —entre los que se distinguían por su audacia,
valor y heroísmo los de Lauro Rocha, Victoriano Ramírez El Catorce y
al padre Aristeo Pedroza— continuaban su campaña contra el ejér-
cito federal, Miguel Gómez Loza, el infatigable acejotaemero, gober-
nador civil del estado, atendía los múltiples y complejos problemas
derivados de la lucha armada desde un pegueño poblado llamado Pal-
mitos. Pocas veces salía de ahí, salvo cuando era necesaria su presen-
cia en otro sitio.
En la segunda quincena del mes de marzo de 1928 tuvo necesidad
de marchar a Guadalajara para hablar, entre otras personas importan-
tes, con el general Enrique Gorostieta. Partió de Palmitos acompañado
de su fiel asistente y, en una ranchería llamada El Lindero, muy cerca
"de Atotonilco, Jal., se detuvo a conferenciar con el jefe civil de la región.
Charlaban animosamente bajo la sombra de una de tantas casas aban-
donadas por las arbitrarias concentraciones ordenadas por el gobierno,
cuando advirtieron que se dirigían hacia elios varios soldados federales
a caballo.
Sin tiempo para ir en busca de sus propias cabalgaduras, corrieron
por distintas direcciones, pero Miguel Gómez Loza y su asistente' fueron
alcanzados y heridos por las balas de los federales, que recogieron
agonizante a Miguel y lo ataron a la silla de un caballo para arrastrarlo
por el camino hasta dejar su cuerpo destrozado.
Al día siguiente, 22 de marzo, fue conducido su cadáver a Guada-
lajara y entregado a su esposa. Durante aquella noche y todo el día 23
Méjico Cristero - 351
se volcó materialmente el barrio del Santuario de Guadalupe en la casa
del mártir para tributarle su póstumo homenaje.
«Los muchachos de la acm y los obreros que Miguel había mane-
‘jado con tanto cariño, hicieron la guardia, formando a la vez el cordón
de vigilancia, cuya actuación se hizo necesaria por lo copioso de la
afluencia.»**
Cadáver del Lic. Miguel Gómez Loza, asesinado en El Lindero, Jal., el 21 de
mayo de 1928.
Gladium, el pregonero de los cristeros jaliscienses, difundió por
toda la comarca un canto fúnebre a su memoria y a su ejemplo de
hombría. El callismo había derribado una columna más del catolicismo
-en Méjico.
Ocaso de Luis Navarro Origel.—«Acerca de las campañas de Luis
Navarro Origel en la primera parte de 1928, poco podemos decir. La
tiranía mandó al general Juan Domínguez, el asesino de Serrano, a
batir al cabecilla Fermín Gutiérrez, que le aniquiló dos columnas de
2,800 hombres. Evacuó Navarro Coalcomán con la idea de atraer al
enemigo a una emboscada, y al efecto sacó del pueblo todos los ele-
mentos útiles; luego le puso un cerco de 18 días, y cuando Domínguez
hablaba ya de capitulación, refuerzos federales llegaron de Colima y
352 Antonio Rius Facius
con su ayuda pudo romper el sitio por la parte más difícil, que es la
del mar. Quince días más tarde llegaba Juan Domínguez a Los Reyes
con unos cuantos hombres, a pie, casi descalzo, desmoralizado. Y visto
que a los cristeros no se les podía vencer por las armas, Domínguez
dejó que Lázaro Cárdenas interviniera como apaciguador, y en efecto,
el futuro presidente de la República comenzó a intentar la seducción
de los alzados. Pero Luis Navarro seguía implicable sus campañas.» *
Sin dejar de combatir un solo día, sumó victoria tras victoria, con
escasísimas pérdidas para los suyos, produciéndolas en cambio en gran
cantidad al enemigo, como sucedió en el combate sostenido en Cerro
Verde, el 27 de enero, donde los federales tuvieron más de 200 muer-
misan Tna PU
a
Misa campal de las fuerzas de Luis Navarro Origel.
tos, que se vieron impedidos de enterrar. De los hombres de Navarro
sólo hubo una baja: Jesús Blanco.
Gran parte de estos éxitos se debían a la rígida disciplina que había
impuesto a sus hombres, a quienes, aunque llamaba cariñosamente
“mis hijos”, no permitía que cometiesen fechorías, pues se había pro-
puesto, según sus propias palabras, «limpiar las filas de bandidos, exi-
gir responsabilidades, impedir la disolución y el relajamiento de la
disciplina y formar un ejército en vez de chusmas.»
Para hacer cumplir sus órdenes, se vio precisado a mandar al pare-
dón a dos de sus soldados: uno por faltar gravemente a la disciplina
Méjico Cristero $ 353
y otro por latrocinio. Esta medida tan radical, cuanto necesaria, fue
el comienzo de cierta hostilidad hacia él entre su gente, hostilidad que
fue explotada hábilmente por algunos enemigos emboscados de los
que nunca faltan, aun a aquéllos que han ajustado sus vidas a las nor-
mas de la más estricta moral y justicia.
Para decidir la ocupación de Chinicuila, una aldea del estado de
Michoacán, convocó a una reunión de jefes, En dicha junta los más
exaltados propusieron que, como los habitantes del pueblo simpatiza-
ban, excepcionalmente, con el gobierno, fueran incendiadas todas las
casas, a lo que se opuso Navarro Origel, quien logró convencerlos
«de que sólo fueran destruidas las casas de los tres principales culpa-
bles de la corrupción moral y política de dicho pueblo». l
»Se ordenó —sigue diciendo Luis Navarro Origel en carta que escri-
bió al cura de Coalcomán, José María Martínez— que fueran concen-
tradas todas las mercancías a un domicilio, y que los valores que fueran
encontrados se entregaran a los oficiales. Como no se entregó el efeé-
tivo y hubo muchas quejas de raterías de los soldados entre sí, se
practicó un registro, dejándoles todo lo que habían ocultado y reco-
giéndoles una cantidad irrisoria, ciento y tantos pesos entre todos.»
Este registro predispuso aún más a sus soldados contra él, al ser-
tirse humillados por la desconfianza demostrada.
Salió Navarro Origel acompañado de su pequeña escolta personal
hacia un rancho cercano para visitar a uno de los jefes de su ejército, el
teniente coronel Angel Castillo —José González—, que estaba gravemente
enfermo, y dio licencia de diez días a la mayor parte de sus hombres,
no sin antes ordenar al mayor Acosta que les entregase a cada uno de
ellos dos paradas de vestuario, guaraches o calzado a los que los nece-
sitaran y, además, un poco de dinero en efectivo, una provisión de
cinco hectolitros de maíz y otros comestibles para que los llevaran “a
sus familiares. «Todo esto con objeto de preparar a la tropa pára salir
a campaña de alguna duración y fuera de la región por no tener ene-
migo dentro de ella.» ?*
Pero el oficial encargado de hacer el reparto no sólo no cumplió
la orden dada, sino que, de acuerdo con otros dos conjurados, ' soli-
viantó a la tropa mientras Navarro Origel se encontraba ausente y, ä
su regreso, fue hecho prisionero por sus mismos hombres, algunos de
los cuales pedían que fuese fusilado. Providencialmente llegó el pá-
rroco dde Coalcomán, presbítero José María Martínez, quien ejercía
MÉXICO CRISTERO.—23
354 Antonio Rius Facius
decisiva influencia entre los cristeros de la región, y ordenó la inme-
diata libertad de aquel jefe modelo, que recibió con serenidad cris-
tiana y edificante la inmerecida humillación que le habían infligido
sus propios compañeros, para quienes no tuvo, sin embargo, una pala-
bra de reproche.
Su fe permaneció incólume y pronto recuperó entre los suyos el
prestigio empañado por la pasión nociva de unos cuantos, pero como
era mejor para la causa que todos defendían olvidar aquella desleal
sublevación, consideró prudente cambiarse de sector.
«Después de catorce meses de lidiar con los callistas en la costa de
Michoacán, Luis Navarro la dejó para marchar a Jalisco con una sec-
ción de la brigada “González Flores” a unirse a las tropas del general
Bouquet. Lo acompañaba su inseparable y también heroico hermano
Ignacio.
»El 13 de julio envió Luis Navarro un comisionado a la ciudad de
Méjico con el fin de solicitar del Comité Directivo de la Liga Defen-
sora de la Libertad Religiosa que despachara un delegado a investigar
el caso de la sublevación de sus tropas. Ese comisionado llegó a Mé-
jico el 17 de dicho mes, o sea el día de la muerte de Alvaro Obregón,
y no pudo cumplir su encargo. A fines del mes supo Luis Navarro
que se internaban en la región tropas callistas al mando del general
Rodrigo M. Quevedo y, como siempre, fue en busca del enemigo.» 24
El 9 de agosto, él, su hermano Ignacio y 11 hombres más sostuvie-
"ron su primer combate. Los federales sufrieron cinco bajas mientras
los cristeros salieron ilesos de aquel encuentro.
Transcurridos unos días, el pequeño destacamento de los Navarro
Origel había aumentado a 55 hombres. Esta pequeña fuerza tuvo un
nuevo encuentro con el enemigo al amanecer del día 10 de agosto
de 1928, en un sitio denominado Cuchilla de Gualapa. Nuevamente le
fueron causadas numerosas bajas a las tropas del general Rodrigo M.
Quevedo, y Luis fue alcanzado en el pecho por una bala.
Ante la fuerza de la ofensiva se habían retirado todos sus hombres,
a excepción de su hermano Ignacio, su asistente y el mayor Gilberto
Calvario, que continuaron combatiendo. Su situación era muy compro-
metida cuando decidieron escapar en medio de una lluvia de balas.
Luis Navarro Origel, con denodado valor, «al trasponer el primer
lomillo del terreno, se volvió y empezó a hacer fuego, sin más pro-
tección que la ligera desigualdad del terreno.» Sus compañeros lo imi-
Méjico Cristero 355
taron e hicieron caer a más soldados federales. Al reanudar la marcha,
Luis fue herido de gravedad. Sus fieles compañeros no lo abandona-
ron; desde distintas posiciones siguieron combatiendo hasta obligar al
enemigo a abandonar el campo. Entonces fueron en auxilio de su jefe,
pero lo encontraron muerto. Aquella madrugada había recibido la do-
ble presencia del Señor: en la Eucaristía primero y por el martirio
después, Sus restos fueron sepultados en el campamento cercano; ahí
se le rindieron los honores gue por su alto rango le correspondían.
Ba
Ñ
~
y
E
O
A O ELAR ALCA [2
El cura de Coalcomán, Pbro. José María Gutiérrez, acompañado del general
Ignacio Sánchez R. y el coronel José González Romo, con. sus respectivos e inme-
diatos colaboradores,
Cinco años después su viuda, reverente, trasladó sus amadas cenizas
a Pénjamo, su pueblo natal.
Cara pagaron la muerte de Luis las tropas del general Quevedo,
pues en los tres días que se aventuraron a entrar en la reglón, perdie-
ron 66 hombres. La desproporción de las bajas entre uno y otro bando
era impresionante, pues contra menos de 50 hombres que perecieron
de las filas de Navarro Origel —general Fermín Gutiérrez—, en catorce
meses de lucha, los callistas tuvieron más de dos mil.
356 i Antonio Rius Facius
$ - E
Heroica muerte de Ignacio Navarro Origel.—Ignacio Navarro Ori-
gel, su hermano, coronel de la Guardia Nacional, en la que militaba
con el nombre de guerra de Teódulo Gutiérrez. fue muerto en combate
ocho meses después. El coronel Angel Castillo González, jefe de la
Segunda Zona Militar de Michoacán, en informaciones enviadas al Co-
mité Especial de la LNDLR, escribió: «El 5 de abril (de 1929) encontrán-
dose de expedición por el mismo rumbo de Barreras el C. Crel. Teó-
dulo Gutiérrez, con treinta y ocho hombres, sorprendió al enemigo com-
puesto de agrios y guachos (agraristas y soldados) también en el camino
` El general cristero Luis Guizar Morfín al recibir la zona de Coalcomán, Mich..
y los atacó. En el tiroteo que se entabló, sólo diez de sus hombres lo
siguieron, y muerto él, pérdida que hemos lamentado muy profunda-
mente, se retiraron los pocos que lo acompañaban, después de haber
hecho al enemigo 8 bajas y 4 heridos... Con profunda pena hemos
lamentado la pérdida de mi coronel Teódulo Gutiérrez, dado que fue
el hermano, el compañero más querido durante dos años de lucha y
para quien la generalidad de mis soldados guardaba grande estima-
ción por sus cualidades y virtudes, por su desinterés absoluto en todas
las vanidades, por la humildad, por su obediencia y por su voluntad
de hierro y su inquebrantable confianza y fe en Dios, que a cada paso
animaba a los soldados hablándoles de ser constantes, de ser fieles sol-
Méjico Cristero 357
dados de Cristo Rey, aunque nuestra guerra durara diez años; pues
'gue en los primeros tiempos la persecución a la Iglesia duró tres siglos
y no desmayaron nuestros hermanos los cristianos,
»Estas eran sus palabras cotidianas. No daba un paso sin alabar
a Dios y darle gracias por todo lo que sufríamos; era mi coronel un
modelo de cristiano y cumplido jefe; hay pocos como él. Hablo yo de
mi coronel, porque vivimos juntos y como
antes he dicho, dos años compartimos las
penas y las dulzuras de la guerra. Este.
glorioso mártir debe figurar en las pági-
nas más significativas de nuestra historia,
porque después de dejar riquezas y a sus
hijos que eran todo su querer, gustoso
se entregó a la muerte por su Dios
y obedecer a sus superiores, porque era
hombre de dignidad, era hombre de ver-
giienza.» '?
Martirio de José Sánchez del Río.—
A consecuencia de las continuas derrotas
sufridas por los callistas, éstos tomaban des-
piadada venganza en todos aquéllos que te-
nian la desgracia de caer en sus manos. Tal
fue el caso, conocido en todo el mundo ci-
vilizado, del niño José Sánchez del Río, que
> == perteneció a la vanguardia del Grupo Local
José Sánchez del Río, vanguar- de la acm de Sahuayo, Michoacán, quien,
dia acejotaemero fusilado en Contando con sólo 13 años de edad, se unió
Sahuayo, Mich., el 10 de fe- a las fuerzas cristeras, en las que se le
brero de 1928. aceptó como ayudante y no como soldado
a causa de su corta edad.
En un combate librado cerca de Cotija, Mich., el 5 de febrero de
1928, cuando a su jefe le fue muerto su caballo, le cedió el suyo dicién-
dole:
—Mi general, aquí está mi caballo. Sálvese usted aunque a mí me
maten. Yo no hago falta y usted sí. `
Y uniendo la acción a la palabra, cogió un fusil y se puso a dis-
parar contra el enemigo que tenía enfrente hasta que se le terminaron
a
358 Antonio Rius Facius
las balas; entonces pudo ser aprehendido y llevado al jefe de sus con-
trarios, a quien se encaró y dijo:
—Me han cogido porque se me acabó el parque, pero no me he
rendido.
Tanta audacia en un niño sorprendió al militar y quiso halagarlo-
para que se sumara a la Revolución, incluyéndolo en la lista de sus
soldados, pero, al ser nombrado, José protestó:
—Yo no soy callista —dijo—, soy preso.
Desde Cotija escribió a su madre esta sencilla epístola:
«Mamita: Ya me apresaron y me van a matar, estoy contento. Lo
único que siento es que tú te aflijas. No vayas a llorar, en el cielo nos
veremos.—José, muerto por Cristo Rey».
Este recado lo guardó el oficial y no lo envió a su destinataria, pero
en Jiquilpan, Mich., población inmediata a donde se trasladaron, dio
su ropa a lavar y allí las lavanderas lo encontraron, entregándolo al
sacerdote Antonio Rojas, que lo hizo llegar a la madre del chico.
De Jiquilpan fue trasladado a su pueblo natal, Sahuayo, y su padre,
al enterarse de lo que a su hijo sucedía, regresó del destierro donde
se encontraba y ofreció cuanto dinero pudo reunir a cambio de'la
libertad de José, pero éste, preso en la iglesia parroquial usada por
la soldadesca como cuartel, no desperdiciaba ocasión para increpar a sus
carceleros por la irreverencia que cometían profanando el templo y,
en una ocasión, ahorcó dos finos gallitos de pelea, propiedad del dipu-
tado local que usaba de corral la sacristía.
A las 11 de la noche del 10 de febrero, es decir, cinco días después
de su aprehensión, sin juicio que lo condenara, como acostumbraban
hacer aquellos fieles servidores de la tiranía, lo condujeron al cémen-
terio del pueblo y fue colocado al borde de una tumba abierta. José
rechazó una vez más unirse a los revolucionarios y, gritando vivas a
Cristo Rey, fue apuñaleado allí mismo y rematado con un tiro en la
cabeza.
Sangre acejotaemera.—La acim fue pródiga en dar la sangre de
sus miembros; hacer una lista detallada de todos ellos sería, a la vez
que impresionante, árida enumeración para el lector. Creo, sin em-
bargo, de justicia nombrar algunos más de ellos, porque su sacrificio no
fue estéril: el renacimiento nacional de la fe lo atestigua, a pesar de los
errores gravísimos que cometieron quienes más obligados estaban a
— q AAA A A ñ _ _—AÁ AAA
Méjico Cristero ` i 359
inon s eae paie
EE a a aala
respetar su voto decisivo en el plebiscito de los mártires, como fue
acertadamente llamado por Anacleto González Flores.
Manuel Moreno Aldrete, fundador del Grupo Local de la ac3m de
Jacona, Mich., se lanzó a la lucha bajo las órdenes del general Luis
E. Ibarra y alcanzó el grado de coronel. Conocedor de sus méritos,
el general Jesús Degollado Guízar lo nombró jefe de su Estado Mayor.
En el combate habido en la mesa de San Juan, Jal., murió, y su cadá-
ver fue llevado por sus victimarios para ser exhibido en Ameca, Jal.
El día 2 de junio de 1928 fue muerto, también en combate, el ace-
jotaemero Pedro Radillo, del Grupo Local y de la Congregación Ma-
riana del Seminario Conciliar de la ciudad de Colima. Por ayudar a
los grupos cristeros que operaban en Colima, había sido capturado,
pero logró escapar y esconderse en esta ciudad hasta que, en presencia
del cadáver de su joven compañero Tomás de la Mora, se decidió a
participar activamente en la lucha armada. Por su valor y capacidad
alcanzó el grado de mayor y, en la defensa del campamento cristero de
la hacienda El Naranjo, Jal., pereció luchando rifle en mano contra los
soldados de la Revolución.
Simón Magallanes, miembro de la acm y de la Liga, era soldado
_ del regimiento “Valparaíso”, de Zacatecas. En un combate fue hecho
"prisionero; eso significaba perder la vida, pero antes de arrancársela,
sus verdugos lo torturaron por negarse a vitorear a Plutarco Elías
Calles y lanzar, en cambio, sonoros vivas a Cristo Rey, por lo cual fue
degollado el 9 de junio de 1928.
Del mismo regimiento era también Heraclio Castorena, acejota-
emero y miembro de la Liga, quien pereció en el campo de batalla de
la' Mesa de las Carreras, Zac., el día 24 del mismo mes.
Ingeniero Miguel Rodríguez Ruvalcaba, del Grupo Local de Gua-
dalajara; Benedicto Romero, del de Colima; Manuel Hernández, Fran-
cisco Santillana... la lista de héroes que lucharon hasta la muerte
por defender el emblema amado de su Asociación: “Por Dios y por la
Patria”, ascendió a varios centenares, cuyo sacrificio no puede, no
debe ser olvidado.
Arriba: Al centro, de espaldas al altar el general Joaquín Amaro, secretario de
Guerra y Marina durante el régimen callista, asiste a un sacrilego banquete el
15 de mayo de 1928, en el templo de San Joaquin.—Abajo: El coronel Aguilar
arenga a las tropas desde el púlpito del templo de San Joaquin. ¡He aquí la rea-
lización del máximo placer revolucionario: blasfemar en la casa de Dios!
XXXI
LA MUERTE DE OBREGON
Nuevas reglamentaciones del artículo 130.—Ofensiva
contra religiosas y seminaristas. — Destrucción del
monumento a Cristo Rey.—Cerrando el cerco a los
tiranos.—La madre Conchita y José de León Toral.—
Misión tiranicida. — El juicio de los hombres.—
El juicio de Dios. l
Nuevas reglamentaciones del artículo 130.—Las legislaturas locales,
fieles a la consigna de extremar la persecución contra la Iglesia, con-
tinuaban ocupándose, las que aún no lo habían hecho, en reglamentar
el artículo 130 constitucional y así, en el estado de Oajaca, gobernado
por Jenaro C. Vázquez, se decretó el 20 de enero de 1928 que sólo podía
ejercer su ministerio un sacerdote por cada cien mil habitantes.
Tomás Garrido Canabal, el más obcecado y atrabiliario de los go-
bernadores que Méjico ha padecido, no conforme con las absurdas dis-
posiciones dictadas tres años antes para el ejercicio del ministerio
sacerdotal, decretó que, de acuerdo con las mismas, a partir del 30 de
enero de 1928 no podrían haber más de 6 sacerdotes en todo el estado
de Tabasco, aunque para el caso lo mismo daba que hubiese dicho que
ninguno. .
El 3 de marzo siguiente, en San Luis Potosí, se estableció que sólo
un sacerdote podía ejercer en cada municipio, a excepción de Mate-
huala, Río Verde y Santa María, en donde se autorizaban 2, y en la
capital del estado, 10.
j 361
A. E AA A
362 Antonio Rius Facius
En el estado de Guerrero se limitó, el 30 de mayo de 1928, a 40 el
número de sacerdotes que podían atender las necesidades religiosas
de toda la población, que ascendía en aquel entonces a 641,690 habi-
tantes. Finalmente en Querétaro se fijó, el 20 de junio de 1928, en uno
por cada 8,000 habitantes, el número de sacerdotes para el estado.
La tiranía no aflojaba la opresión asfixiante que ejercía contra
todas las libertades.
CN sgr
Ofensiva contra religiosas y seminaristas.—El día 25 de enero de
1928, en la capital de la República fueron aprehendidas, por agentes
E i de la Secretaría de Gobernación, 20 profesoras del
P j Colegio Josefino; fue clausurado, además, el Cole-
gio Teresiano para niñas establecido en la calle de
Pino Suárez números 44 y 54. f
Al día siguiente, cumpliendo un plan bien estu-
diado, realizó el gobierno su pirático asalto al Se-
minario Conciliar, ubicado en la calle de Regina.
Este hermosísimo edificio, aún inconcluso, fue co-
` menzado a construir en abril de 1901; pero en 1914,
ante la presión desquiciadora del carrancismo
triunfante, se suspendieron las obras. Por suerte
= se salvó entonces el edificio de ser expropiado, y,
PESA al recrudecerse la persecución, muchos seminaris-
Seminario Conciliar tas del interior de la República pudieron ser reci-
de la ciudad de Mé- bidos en él f
jico, tid ? i
pe pr A las 9 de la mañana del 26 de enero de 1928,
: la gendarmería montada cerraba las bocacalles de
la 4? calle de Regina y se presentaban, a las puertas del seminario,
el acreditado perseguidor y jefe de las Comisiones de Seguridad, José-
Mazcorro, y el secretario de la Inspección de Policía, licenciado Benito
Guerra Leal con cincuenta agentes á sus órdenes. En esos momentos.
llegó el presbítero Benigno Esquivel, vice-rector del seminario, quien
asumió de inmediato toda la responsabilidad sobre la calumniosa espe-
cie de que ahí se hacía propaganda contra el gobierno. En el minu-
cioso registro hecho en todas las estancias del Seminario y a los alumnos
y profesores, encontró Mazcorro y su grupo de sabuesos unos retratos
del padre Pro y un mimeógrafo, objetos que fueron considerados como
el cuerpo del delito.
Méjico Cristero i 363
En el interior se encontraba el obispo Maximino Ruiz y Flores,
que había llegado la noche de la víspera para conocer a los nuevos
alumnos que, expulsados de sus propios seminarios, procedían de San
Luis Potosí, Aguascalientes, Zacatecas, Nuevo León y Querétaro.
A media mañana fueron trasladados a los tétricos sótanos de la
Inspección de Policía, a bordo de diez camiones gue hicieron varios
viajes, todos los ocupantes del Seminario, a excepción de tres estudian-
tes enfermos. Durante el resto del día les fueron tomadas las huellas
digitales y fotografías a los 220 detenidos sin que, por suerte, fuera
reconocido el obispo.
Las Damas Católicas les llevaron ropa y alimentos ese y el siguiente
día en que todos, a excepción de los profesores, recobraron su liber-
tad, pues a éstos se les fijó una multa de $500.00, y de $1,000.00 al vice-
rector; una vez pagadas las crecidas cantidades arbitrariamente fija-
das, les fueron abiertas las puertas de la prisión el día 28," pero núnca
más las puertas de su magnífico Seminario Conciliar, que fue incau-
tado por el gobierno para convertirlo, dos o tres años después, en la
Escuela Secundaria número 1, a la que asistí como alumno y conocí
cuando aún conservaba su inconfundible sello religioso que fue des-
truido con las distintas modificaciones que se le hicieron posteriormente
al edificio.
Destrucción del monumento a Cristo Rey.—-El mismo día que fue-
ron expulsados de su casa los seminaristas de la capital, se les ordenó
a todos los habitantes de las rancherías cercanas al Cerro del Cubi-
lete que abandonaran la comarca, pues iba a ser bombardeada por la
aviación militar para combatir con esta nueva arma a los cristeros.
El día 28 subieron al cerro el subteniente Villanueva Burgos, del
86° Regimiento de Caballería, a las órdenes del general Daniel Sánchez,
y nueve hombres más; aprehendieron al encargado de las obras y lo
llevaron a Irapuato, no sin antes recoger gran cantidad de exvotos
de plata que había en la capilla del monumento a Cristo Rey.
El día 30 de enero en la tarde se hicieron explotar dos bombas de
dinamita al pie del monumento provisional, que sostenía una imagen
de Jesucristo. Después, ahí mismo en el cerro, los más destacados fun-
cionarios del estado de Guanajuato, cuyos nombres manchados de igno»
minia no hay para qué recordar, festejaron su hazaña, emborrachán-
dose en compañía de ciertas damas de dudosa reputación.
$ ~
364 Antonio Rius Facius
Cerrando el cerco a los tiranos.—La exaltación de muchos católicos
ante tanta afrenta se encauzó hacia el deseo de hacer desaparecer a
Calles y a Obregón de la escena política. El valeroso ejemplo dado
por Luis Segura Vilchis encontró eco en multitud de conciencias juve-
niles, que sin la debida orientación enderezaron sus actividades hacia
la eliminación de los tiranos.
Un grupo de. acejotaemeros, entre ellos Jorge Gallardo Pavón, Car-
los Castro Balda, Carlos Díez de Sollano y Eulogio González, contando
con la colaboración de María Elena Manzano, una jóven huérfana su-
mamente religiosa que frecuentaba, como todos ellos, el modesto con-
vento de monjas capuchinas escondido en una calle de Chopo, de la
que era superiora la madre Concepción Acevedo y de la Llata, de quien
recibía cariño y comprensión, pretendieron dar muerte a las dos figu-
ras cumbres de la Revolución, por medio de una lanceta envenenada.
En la ciudad de Celaya, Gto., se estaban celebrando las fiestas de .
la primavera y, en un baile al que asistirían Calles y Obregón, María
Elena Manzano había de aplicarles el aguijón venenoso, pero a última
hora, hechos todos los preparativos, desistieron de sus propósitos.
Después planeó Carlos Castro Balda destruir la Cámara de Dipu-
tados. Preparó los explosivos en una casa que tenía rentada en la calle
del Chopo para establecer en ella un centro de la acym, colindante al
convento de la madre Conchita, y ayudado por Manuel Trejo, un joven
decidido y entusiasta, hizo estallar, el 23 de mayo, una bomba en los
sanitarios del edificio de la Cámara de Diputados sin que causara más
daño a los señores diputados que el susto consiguiente y los apuros
subsiguientes para aliviarse de las consecuencias inmediatas, por haber
sido destruido precisamente el lugar necesario para su remedio.
Transcurrida una semana fue colocada otra bomba, esta vez por
Eulogio González, que estalló en el Centro Obregonista, pero que, como
la anterior, no causó sino leves desperfectos materiales, inferiores en
mucho al ofrecimiento de cinco mil pesos hecho por la policía a quien -
revelara el nombre de los autores de ambos atentados.
Un trascendental acontecimiento vendría a dar, dos meses después,
la clave del misterio. Para esto es preciso remontarse a los primeros
días del mes de enero de 1927.
La madre Conchita y José de León Toral.—En la pintoresca pobla-
ción de Tlalpan, donde altos muros de piedra rodeaban huertas sin fin,
Méjico Cristero 365
había entre otros muchos un pequeño convento de monjas Capuchi-
nas Sacramentarias. Por orden del arzobispo de Méjico, Mons. José
Mora y del Río, fue fundado en el año de 1923 por la madre abadesa
María Concepción Acevedo y de la Llata, originaria de la recoleta ciu-
dad: de Querétaro. Al recrudecerse la persecución y suspenderse el
culto público en toda la República, la madre Conchita, como era Ila-
mada cariñosamente, no interrumpió ni varió, dentro de su convento,
la observancia rigurosa de las reglas de su orden, lo que le valió ser
amonestada por algún timorato de la Sagrada Mitra. Consultó el caso
directamente con el arzobispo y éste le respondió: «Ojalá todas las
monjas fueran como ustedes y no tuvieran tanto miedo. Sigan ahí en
su convento vestidas con su hábito.»
Pero el 3 de enero de 1927, víctimas de una cobarde denuncia, fue-
ron desenclaustradas. La madre Conchita recibió oportuno aviso y lo
hizo saber a toda la comunidad, por si alguna de sus monjas quería
salir en ese momento, pero nadie aceptó huir.
A las 5 de la tarde comenzaron a rezar en el coro las completas y
un sacerdote se disponía a darles la bendición con el Santísimo, cuando
penetró en la casa el coronel Bandala y varios agentes de la policía.
Pidió a las religiosas que se cambiaran el hábito por ropas comunes
y que lo acompañaran a la ciudad. Afuera del convento habíase reu-
nido gran cantidad de gente que, al ver salir a las monjas, prorrumpie-
ron en vivas a Cristo Rey y mueras al gobierno.
Angela Reyes, hermana del general cristero Manuel Reyes, apos-
trofó y golpeó a los agentes, y fue llevada con las monjas a la Ins-
pección de Policía. Esa noche, después de tomar a todas ellas sus
nombres, huellas digitales, etc., fueron puestas en libertad.
' Siempre unidas, el día 5 se instalaron en una pequeña cuanto in-
cómoda casa de la calle de Mesones número 117, de donde salieron,
un mes más tarde, a vivir en una casa de la calle de Puebla; pero el
temor del propietario las obligó a buscar nuevo refugio y, tras de sufrir
estrecheces en una casa de huéspedes, fuéronse a vivir a la calle de
Zaragoza número 68. En esa casa las visitó el padre Miguel Agustín
Pro, S.J., en el mes de septiembre, para pedirle a la madre Conchita,
como lo había hecho un año antes el arzobispo de Morelia, Mons. Leo-
poldo Ruiz y Flores, que se ofreciera como víctima propiciatoria por
Plutarco Elías Calles, para que Dios cambiara los sentimientos de su
corazón y diera el general Calles libertad a la Iglesia.
366 ` Antonio Rius Facius
La madre, consciente de la responsabilidad espiritual que esto po-
día significarle, se resistió en un principio a aceptar, pero al fin cedió,
y el 23 de septiembre de 1927, en una misa solemne dicha por el padre
Pro en la adornada capillita del improvisado monasterio, hicieron am-
bos el ofrecimiento de sus vidas por la libertad de la Iglesia y la con-
versión de su implacable perseguidor en Méjico.
Justamente dos meses después, el reverendo padre Miguel Agustin
Pro, S.J., alcanzaba la gloriosa palma del martirio. Ese día fue la ma-
dre Conchita a la casa de la atribulada familia Pro y se ofreció a llevar
los alimentos a Roberto, único sobreviviente de la tragedia que había
enlutado aquel cristiano hogar. También se encontraba en el velorio,
sin presentir siquiera su inadvertido encuentro, un amigo muy esti-
mado de Humberto Pro Juárez: José de León Toral, quien relató tiempo
después la terrible impresión que le causó ver el cuerpo destrozado
de su amigo:
«Yo fui a la casa el mismo día que lo llevaron ya muerto; estuve
mucho rato viendo el cadáver de Humberto, que quedó completamente
desfigurado, como hay fotografías que lo certifican. El tiro de gracia
fue con una bala expansiva y le voló el cráneo completamente, tanto,
tanto que estaba compuesto, vamos, las personas, entre ellas la her-
mana de Humberto, es decir, Anita, que vio el cadáver en el hospital,
dice que era un cosa tremenda; que tenía todo esto de atrás abierto...»
Y pensó, en ese instante crucial de su vida:
«¡Si yo tuviera un deseo igual al de Humberto, de dar mi vida por
Cristo! ...» Y
Era socio, como lo había sido Humberto, del Grupo Local “Daniel
O'Connell”, de la Unión Interparroquial de Méjico de la acīm. Además
«ocupaba un puesto en la séptima jefatura local de la Delegación Regio-
nal de la Liga en el Distrito Federal, donde llegó a ser, en sustitución
de su admirado compañero desaparecido, jefe de manzana primero y
jefe local más tarde.
Humberto y él habían intimado desde mucho tiempo atrás, jugado
en el mismo equipo de futbol del que Humberto había sido subcapitán
y José, capitán. Al cambiar este último de empleo, recomendó enco-
miásticamente a Humberto para sustituirlo.
A principios de 1927 Toral siguió a su amigo en la Liga y, cuando
éste fue asesinado, se despertó en Toral renovado entusiasmo por tra-
bajar activamente en el campo del apostolado, organizando prácticas
Méjico Cristero 367
religiosas, horas santas y misas, y tonificando su espíritu con la diaria
comunión.
La madre Conchita cumplió su ofrecimiento y llevó a Roberto Pro,
en la fatídica Inspección de Policía, no sólo el alimento corporal, sino
el eucarístico, para lo cual corrió todos los trámites necesarios en la
Mitra. El padre Anaya, que decía misa todos los días en el disimulado
convento, le entregaba a la madre una Forma en un relicario que lle-
vaba al prisionero.
En los primeros días de diciembre fue capturado el padre Benja-
mín Paredes, religioso de los Sagrados Corazones, quien fue sorpren-
dido en el templo de Loreto, al que entraba por una horadación prac-
ticada en el muro colindante con su casa. El padre Paredes confesaba,
decía misa y ejercía otras ji
prácticas religiosas con un
pegueño número de fieles.
Todos fueron conducidos
a la Inspección de Policía. El
sacerdote, al ser interrogado
groseramente por el general
Cruz, respondió con energía
y fue golpeado bárbaramente
con la cacha de la pistola, y,
tirado en el suelo, molido a
puntapiés.
El padre Paredes fue en- F F
cerrado con Roberto Pro y pro y José de León Toral al hente y emtrema
ahí lo encontró la madre Con- derecha e izquierda, respectivamente.
chita. Desde entonces, con-
tando previamente con el permiso dado personalmente por Mons. Ruiz y
Flores, le llevó también diariamente a éste la sagrada comunión.
Roberto Pro fue deportado el 9 de diciembre y el 23 el padre Pare-
des. A otros sacerdotes, damas y acejotaemeros, que cayeron en los sóta-
nos de la Inspección, la religiosa, movida por su gran caridad, continuó
visitándolos para llevarles, además del consuelo espiritual, cuantos bie-
nes materiales podía adquirir.
Y, para evitar caer en manos de la policía, la madre Conchita tras-
ladó su convento, en el mes de febrero de 1928, a una casa de la calle
del Chopo.
368 Antonio Rius Facius
Un día del mes de febrero se presentaron allí dos jóvenes herma-
nas, atraídas por el prestigio de la religiosa, quien las acogió con su
acostumbrada benevolencia; desde entonces fueron asiduas concurren-
tes a la misa diaria que se decía en la capilla del humilde monasterio.
Mediaba el mes de
marzo cuando, contra la
expresa recomendación
de la madre Conchita de
que no le llevasen perso-
nas extrañas a conocer-
- la, pues las muchas visi-
“tas que recibía habían
provocado la maledicen-
cia de gente ruin, se pres
sentó Margot Rubio, una
de dichas hermanas,
acompañada de un joven
de aspecto sencillo, tí-
mido y afable.
«—Te presento a Pe-
pe —dijo Margot—, es
nuestro jefe de la Liga,
muy trabajador, muy
fervoroso; un muchacho
excelente, así que le vas
a hablar luego, luego de
tú, para que le tengas
- confianza y le aconsejes
como a nosotras.
LA : ȃl se puso rojo y
El padre José Jiménez orando frente al altar de su
celda en la Penitenciaría del D. F., cuando fue apre- contesto, con EU modo
sado pocos años después de los sucesos aquí relatados. especial que él tenía:
She. . .guro.» ? :
En medio de aquel ambiente de religiosidad combativa y contagiosa,
el convento de aquellas Capuchinas Sacramentarias era un centro de
fervor frecuentado por muchos, que encontraban en él un clima de
piedad y misticismo grato a su inquietud espiritual.
Méjico Cristeto 369
Las muchas visitas que recibía y las sospechosas actividades de sus
vecinos acejotaemeros dieron lugar a que, a principios de mayo de 1928,
la madre superiora fuera otra vez severamente amonestada y amena-
zada con la pena de excomunión por el secretario de la Mitra, canó-
nigo Pedro Benavides y el también canónigo Melesio 1. Rodríguez.
La madre, atendiendo las enérgicas órdenes dadas por los canóni.
gos, con toda diligencia, no exenta de incomodidades y peligros, retorné
con sus monjas a su anterior domicilio de Zaragoza número 68. Y para
no dar ocasión a nuevas recriminaciones, a muy pocas personas infor-
mó la nueva dirección de su convento.
José de León Toral fue de los que la ignoraron y dejó de frecuen-
tar, durante aquellos meses, a la religiosa. Pero un día la supo y fue
una, dos veces. La segunda, en medio de la charla insustancial, hizo
referencia a una conversación oída al azar:
«—Acabo de oír —dijo— un comentario en un tranvía: que un rayo
fue el que mató al aviador Carranza y que fue castigo” del cielo.»
(Emilio Carranza, piloto militar, había realizado un extraordinario
vuelo sin escalas entre la ciudad de Méjico y Nueva York. De regreso
a su patria pereció, el día 13 de julio, al desplomarse su frágil avión en
medio de una tormenta): «¡Cómo ese rayo no lo mandó Dios a Obre-
gón o Calles!
»—Pues eso Dios lo sabrá —respondió descuidadamente la madre—,
lo que sí sé es que, para que se componga la cosa, es indispensable
que mueran Obregón, Calles y el patriarca Pérez.»
Misión tiranicida.—El vaso lleno de doctrina tiranicida de José de
León Toral recibió en ese instante la gota de fe que lo hizo despa-
rramarse. Sintió sobre sí la fuerza arrolladora de su sino: el sacri-
ficio de Humberto Pro no sería vano. Ya lo había pensado antes. Su
idea había seguido un tormentoso camino iniciado con un reproche a`
Luis Segura Vilchis, que se había transformado, poco a poco, en deci-
dida admiración por aquel gallardo joven que ofrendó su vida por la
salvación de la fe católica en Méjico. Y recordó que Judit, la hermosa
viuda, degolló a Holofernes, general de los asirios, para que los israe-
litas pudieran rechazar a los invasores que amenazaban la Judea. Y el
cielo fue tramando los hilos de su destino.
Jorge Fernández Gallardo, otra de las víctimas de la persecución,
había estado preso en los separos de la Inspección de Policía cuando
la madre Conchita desparramaba su bondad, su fortaleza y caridad en-
MÉXICO CRISTERO.—-24
pA 5 1
.370 i l Antonio Rius Facius
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tre los detenidos, durante sus visitas cotidianas a Roberto Pro y al
padre Paredes. Al salir de su prisión, Jorge Fernández Gallardo fue
en busca de la religiosa para agradecerle sus caridades.
Le llevó a su primo, Manuel Trejo, a presentárselo. Éste, en el
convento, conoció a Carlos Castro Balda y a José de León Toral. Des-
pués del atentado dinamitero a la Cámara de Diputados. Jorge llevó
«a Manuel a la casa de la señora María Peña, viuda de Altamira, para
.que allí se escondiera. A principios de junio dejó su refugio y volvió
a su casa materna, hasta la primera semana de julio, que volvió al
domicilio de la señora viúda de Altamira. Ahí fue a buscarlo José de
León Toral para pedirle prestada su pistola; y a ese domicilio asistía
con frecuencia también el padre Jiménez, confesor, amigo y confi-
dente de Toral.
En las cercanías de la Villa de Guadalupe, Toral practicó, para
ejercitarse, aunque con poco provecho, el tiro al blanco; después llevó
el arma al padre Jiménez; éste, al decir una misa, la colocó sobre el
altar y la bendijo.
Nadie conocía los propósitos de José de León Toral, porque, como
la hermosa Judit, a nadie había revelado sus ocultos planes. Se preparó
en silencio, con la oración y la frecuencia de los sacramentos, al
sacrificio total de su vida en aras de la libertad de la Iglesia.
El gobierno de la Revolución, para dar aspecto legal a la imposición
presidencial del candidato único, organizó las elecciones que debían
efectuarse el primer domingo de julio de 1928.
Alvaro Obregón, con hipócrita recato, se marchó a Navojoa, Son.,
a esperar el resultado del plebiscito nacional, Allá le llegó el primer
telegrama del licenciado Aarón Sáenz, secretario del Centro Director
Obregonista, anunciándole su triunfo. Tras ése, recibió miles de men-
'sajes telegráficos de otros tantos aspirantes a ocupar un puesto público
'en su próxima administración. Y Obregón anunció su regreso a Mé-
jico para el domingo 15 de julio. Toda la maquinaria oficial se movió
"para prepararle una recepción entusiasta y tumultuosa. A su llegada
“a la estación del ferrocarril, secretarios de estado, gobernadores y
„políticos se disputaban una mirada, una sonrisa, una palabra del cau-
‘dillo máximo, que sube a un camión de carga descubierto, al que se
apresuran a abordar los más próximos y ágiles de sus acompañantes.
En él hace el recorrido hasta el Centro Obregonista, contestando los
saludos de las gentes que han sido llevadas a formarle valla.
Méjico Cristero 371
José de León Toral, visto por el dibujante Freyre.
372 Antonio Rius Facius
Entre la muchedumbre camina, paralelamente al vehículo, José de
León Toral. Lleva en el pecho una pistola marca Star, automática,
calibre 32, con diez cartuchos, que no puede usar ese día.
Le miobbatz (15de Julio)
Duron, me amail ami méd que e TE, -pued no dudadle en mmanin fermi.
Satutas a Sesia ocificado:
"BA, He que deshicjos el Templo y en us diad lo needibiend, doble o HE
mido y del erd Hijo de Eos bajas de la UI y LE erro.”
he Ll _ f
Je gorobor miéndele tifun ¿q mokolo guia lo defindino.?
Salas ou akora mmuiwan egas Bulad 4 ofentos ¿o kas harian,
qua do defiendo?
Uno de los misticos y más significados mensajes de José de León Toral.
Martes 17. Ha dado la una de la tarde, Obregón llega al lugar de
la cita. Situado en las orillas de San Angel, pintoresca población colo-
nial cercana a la ciudad de Méjico, está “La Bombilla”, un restaurante
campestre de moda. Frondosa arboleda cubre las pequeñas y rústicas
chozas comunicadas entre sí por estrechos caminillos. También hay un
kiosco central grande que luce, en esta ocasión, un hermoso adorno floral
que dice: “Homenaje de honor de los guanajuatenses al C. Alvaro
Obregón”. ,
Medio centenar de comensales —diputados, senadores, politicos—,
se sientan a la mesa. La orquesta típica de Alfonso Esparza Oteo, co-
locada en una plataforma tras del adorno floral, interpreta música fol-
klórica y da comienzo a la canción El Limoncito:
Al pasar por tu ventana
me tirastes un limón;
el limón me dio en la cara,
y el zumo en el corazón.
Méjico Cristero 373
''Son las 2.20 de la tarde. El pulso del tiranicida es firme. Se acerca
¡a Obregón por su espalda y, mientras le muestra con la mano izquierda
un cuaderno de dibujo, con la derecha empuña la pistola y le dispara
el primer tiro a la cara, después baja el arma y sigue disparando.
Cunde la alarma. Relucen el pavón y el níquel de las pistolas.
* Más disparos. Un decepcionado diputado se queja: “¡Después de tanto
trabajar. ..!”
Toral récibė, sin inmutarse, dendak golpiza. Mientras el cuerpo
de Obregón es trasladado a su residencia, llevan al prisionero a la Ins-
pección de Policía; el general Cruz se hace cargo de él. Calles, sin
pérdida de tiempo, se presenta en la casa de Obregón. No habla, quizás
por temor a comprometerse; aún ignora quién mató al presidente
electo. Se había rumorado tanto que no llegaría vivo a la Presidencia...
Después va a la Inspección de Policía; pide que le muestren al
preso.
—¿Quién te ha impulsado a hacer esto? —pregunta. Toral sabe
quién tiene enfrente y responde:
—Señor, ¿me promete usted que mi declaración no será cambiada?
Calles afirma con Ja cabeza. Toral repite la pregunta y Calles la
afirmación.
- —Juro por la salvación de mi alma —concluye Toral— que yo obré
solo. Lo que hice fue para que Cristo pudiera reinar en Méjico.
Calles reflexiona. Y hace una segunda pregunta:
—¿Qué clase de reinado es ése?
Toral le dice que es un reinado sobre las almas, completo, abso-
luto...
` Calles no hace más preguntas; está satisfecho. Sabe que alguien
se adelantó a sus recónditos deseos; la tensión de los músculos de su
rostro se suaviza. No le importa la suerte que pueda correr el prisio-
nero. Se lo deja a las fieras para que se festinen con él...
Sobran nombres; a los que asistieron al inhumano tormento podrían
añadirse los de todos aquéllos que hubieran querido asistir, aconsejar,
vengar en el dolor de aquel estoico ejecutor de la voluntad de su pue-
blo, su decepción y su rencor, sintetizado en la amarga exclamación
de aquel incógnito comensal: ¡Después de tanto trabajar! ...
Diez, veinte minutos: ¿Qué pasa? ¿No ha dicho nada? Media hora.
Una hora. Dos horas. Tres horas. Tres horas y media: “Este amigo ya
no siente, está caliente. Lo dejaremos para mañana que se enfríe”.
374 A Antonio Rius Facius
Lo habían colgado, como cordero en el asador, de un rifle colo-
cado horizontalmente. Después de los dos pulgares, de uno solo. Sujeto
a una cuerda delgada que le pasaba bajo las axilas y le oprimía el pe-
cho. Golpes en partes nobles, cerillos encendidos. ..
—;Confiesa quién eres, quiénes son tus cómplices!
En el reloj de El Universal, cercano a la Inspección, suenan tres
campanadas. Los verdugos se turnan y cambian de sistema: lo obli-
gan a permanecer en pie hablándole incesantemente. Alguien le da
un papel y lápiz para que, a cambio de dibujarle su caricatura, pueda
descansar, pero una vez concluidos los imprecisos trazos, se mofan de
él y continúan el inhumano castigo.
Dan las 4, las 5, las 6; amanece. Las 7, las 8, las 9...
Es invencible. Insiste en que obró solo y que se llama Juan. En una
habitación contigua escucha los gritos de una mujer; le dicen que es
de su familia y que atormentarán a todos los suyos si él no confiesa:
Dios le da fuerzas para resistir..
Llega Quintana, un detective particular, y le pasa la mano sobre
el pelo hirsuto. Con palabras suaves le hace ver la inutilidad de su
silencio; no podrá resistir el martirio durante treinta días seguidos.
Y lo dejan en paz por media hora, al término de la cual les dice:
«—Si quieren ustedes ir hasta la verdad, ése es también mi ideal,
pero a la verdad absoluta. Lo único que les recomiendo son conside-
raciones para mi familia. Voy a decir mi nombre. No están ellos ino-
dados en esto, ni mucho menos; ni ninguna otra persona. Yo obré solo.
Me pueden ustedes matar en el martirio, pero no les puedo decir otra
cosa, porque no es la verdad. Yo obré solo.» *
Da su nombre y el de sus familiares, ajenos por completo al drama
que se está desarrollando, pues José les había dicho el domingo ante-
rior que, para descansar, tenía que salir fuera de Méjico, y el lunes
temprano se había despedido de su mujer y de sus hijos. Ese día había
idó en busca del padre Jiménez para que le consiguiera una habita-
ción; había también visitado a la madre Conchita para rogarle que le
permitiera ayudar en la misa del día siguiente. El martes 17 asistió
con ejemplar fervor a ella y recibió a Dios Eucaristía. Después fue,
serenamente, al cumplimiento de su misión.
José de León Toral, cuando terminó su relato, condujo a sus carce-
leros al convento de las Capuchinas para que la madre superióra tes-
tificara la verdad afirmada por él, de ser único responsable de la
Méjico Cristero 315
muerte del general Alvaro Obregón. La religiosa fue detenida, coù
todas las monjas, y acusada de complicidad como autora intelectual
del atentado.
En vano esgrimió argumentos contundentes en abono de su ino-
cencia y Toral reiteró una y mil veces que nadie, sino su propia con-
ciencia de católico y mejicano, lo había impulsado a cometer el tira-
nicidio; los obregonistas, sin tener a quién culpar en las altas esferas
oficiales, insistieron en señalar a la madre como autora intelectual.
i
Pusrarnawtz, Lod corarrened olunrod, es
o AR ¡di Jeh indife; ind
Da la paramenomció a Los frita,
ES Cammo a a a Ya o runor,
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2 cai de Lake Tora
CE l
Escrito de puño y letra de Toral.
Busipa, deñon, los Hiniblos;
Mauw:
El juicio de los hombres.—El juego de Calles había sido magistral-
mente oportuno. Una vez convencido de que Toral era por completo
ajeno a sus propios tortuosos designios políticos, lanzó a la Iglesia la total
responsabilidad del hecho y dejó, en manos de los obregonistas, la ma-
quinaria de la justicia para que se tomaran cumplida venganza.
El 18 de julio, mientras se apresuraban los preparativos para tras-
ladar el cadáver de Obregón a su natal Cajeme, sin practicarle la
autopsia de ley que hubiera puesto al descubierto cuántos proyectiles
—y sus respectivos calibres— habían atravesado su cuerpo, Calles dio
a la publicidad un manifiesto en el que afirmaba:
«El criminal ha confesado ya, con amplitud, que su funesta acción
fue movida por el fanatismo religioso, y las autoridades encargádas
376 Antonio Ríus Facius
a
del esclarecimiento de los hechos tienen ya en su poder muchas infor-
mationes que complican directamente la acción clerical en este crimen.»
Pero esa supuesta complicación del clero no pudo ser jamás de-
mostrada, a pesar de haber caído en manos de la policía numerosos
católicos a quienes se quiso implicar en la muerte de Obregón.
No sólo la esposa del tiranicida, sus padres y otros de sus parien-
tes fueron encarcelados, sino también María Elena Manzano, Leonor
y Margarita Rubio, Esperanza Arjona de Cisneros, Ana María Cisne-
ros de Arjona, Margarita Pacheco, Piedad Rangel, Carlos Castro Balda,
Eduardo Zozaya, Carlos Díez de Sollano, Eulogio González, Fernando
Amor y Villalpando, Joaguín Navarro y Oswaldo Robles. Todos ellos
fueron reunidos en una acusación general como inodados en los aten-
-tados dinamiteros contra la vida de Obregón, para descubrir o cul-
par a supuestos personajes del episcopado, sin que pudiera atribuirse
a la postre participación alguna a los obispos. Minuciosas como nunca
fueron las investigaciones: careos, declaraciones, trámites judiciales
para dar, a la faz del mundo, la hipócrita apariencia de justicia.
En vísperas del jurado se acercó a la madre Conchita el religioso
agustino Ignacio Flores R. para confesarla disimuladamente, animarla
a sufrir con resignación su pena y anunciarle que, si salía absuelta
del juicio civil, la Mitra le prepararía otro, esta vez canónico.
Pero aún la copa de acíbar no estaba llena. El jurado a que se
sometió a José de León Toral y a la madre Conchita, fue la exhibición
más sádica y ruin de la pasión política. Se inició el día 2 y terminó el :
8 de noviembre de 1928.
Rehusó Toral nombrar defensor y le fue designado el licenciado
Miguel Collado quien, días antes del juicio, padeció un sospechoso
ataque cerebral que lo tuvo paralítico y sin habla mucho tiempo; des-
pués se encargó brillantemente de su defensa el licenciado Demetrio
Sodi, ex magistrado y penalista honorable que tuvo que sufrir ame-
.nazas e insultos de la mafia oficial. Los jurados fueron advertidos
que, de no condenar a los reos, sufrirían severas represalias. No faltó
en aquel falso jurado popular el asalto a mano armada de diputados y
políticos que hubieran querido acabar, allí mismo, con los reos.
El ministerio público fue ejercido por el procurador general de la
«República, licenciado Ezequiel Padilla, auxiliado por el licenciado Co-
rrea Nieto y otros obregonistas. Desde la tribuna escarneció Padilla
la fe del pueblo mejicano. i
Méjico Cristero 377
«El jurado de Toral fue el comienzo y la base de su carrera sin par.
En cada sesión, el procurador Padilla, montado en cólera sagrada, in-
crepaba a los acusados: Toral y la madre Conchita, marcándolos como
peligro inminente para el liberalismo juarista y para las conquistas de
la revolución encarnada en figuras inmortales como Obregón, Calles,
pese a todas las intrigas de la reacción y del clericalismo.» 7”
Al final de aquella trágica ope-
reta, Padilla pronunció un ampu-
loso discurso cuyos conceptos de
falso dogmatismo fueron rebatidos
posteriormente, punto por punto,
por el obispo de San Luis Potosí,
Mons. De la Mora, quien, anterior-
mente, había prejuzgado con lige-
reza a la madre Conchita, supo-
niéndola afectada en su facultades
mentales, causándole con ello un
gran disgusto.
. Toral fue sentenciado a la pena
de muerte y la religiosa a veinte
años de reclusión, de. los cuales
cumplió trece, la mayor parte de
ellos en el penal de las Islas Marías,
entre cientos de criminales de la
peor ralea que fueron, sin embar-
go, menos crueles y peligrosos con
ella que los altos funcionarios en-
cargados de custodiarla.
`
a ON La madre abadesa María Concepción
Trece años de suplicio moral Acevedo y de la Llata (Madre Con-
constante y humillante cuyos por- chita), en su celda de la Penitenciaria
menores impone la caridad silen- del Distrito Federal.
ciar, por cuanto sufrió la ingrati-
tud y ofensas de quienes más obligados estaban a protegerla de la ira
inagotable de los enemigos de su fe.
El juicio de Dios.—Día 9 de febrero de 1929. La mañana ha trans-
currido: son las 12 horas. Aureliano León es un anciano cuyo dolor
lo ha enmudecido. 'Abraza largamente a su hijo, como si no quisiera
378 ` Antonio Rius Faciné
-
desprenderse jamás de él; estrecha sus manos y sale por la crujía llena
de sol, de ruidos y de gente, hacia la calle.
José permanece sereno; la palidez de su rostro es la única que
refleja su tensión interior:
—Ruéguele a Dios
que esta entereza me
dure hasta el final —di-
ce a sus carceleros.
—Ya es la hora.
—Estoy listo.
Y parte, custodiado
por el director y el se-
cretario de la Peniten-
ciaría, al encuentro de
la escolta que lo con-
duce hasta el lugar de
su ejecución. Se yergue
frente a las bocas sinies-
= e ea tras de los fusiles que
cuerpo de José de León Toral, instantes después
_de haber sido atravesado por las balas del pelotón de apuntan A u pecho, Una
fusilamiento.
descarga cerrada ahoga
su grito iniciado:
—iViva Cristo Rey! —que va a terminar en la gloria.
El eco de la descarga golpea el corazón de Méjico y el pueblo pro-
clama, con su presencia en el sepelio, su fe renovada en la eficacia de.
la sangre de los mártires.
RƏY 0354) vaA!:osoWmojma onu ns
mom “sobnpioa sns o ajusif opimbua “miog, UQI ap 2sof
‘D40, 9p DSDI
D] UY IJUIMDPDUIPLO ADLJUD DADA DULLOS ƏS 01qand 13
XXXII
LOS ACEJOTAEMEROS EN LOS ESTADOS UNIDOS
La Unión Nacionalista Mejicana.—La Unión Dioce-
sana de la acmm de California.—Doctrina Social. '
La Unión Nacionalista Mejicana.—Los acejotaemeros radicados en
los Estados Unidos formularon un nuevo plan para atraer a los disi-
dentes y fortalecer verdaderamente la unión de los católicos, comen-
zando por los miles que se encontraban en territorio norteamericano.
Prepararon entusiasta y minuciosamente una convención, de acuerdo
con el Comité Directivo de la Liga, cuyo primer vicepresidente, licen-
ciado Miguel Palomar y Vizcarra, escribió a Mons. Manríquez y Zárate,
pidiéndole que aceptase la plena representación de la Liga en dicha
convención. Esta tuvo verificativo los últimos días de julio de 1928
y no asistió a ella el obispo de Huejutla por no dar a los enemigos.
ocasión de atacarlo injustamente, y dejar que los muchachos tomasen
sus decisiones con entera libertad.
Presidió aquella asamblea Luis Chávez Hayhoe y ' fue electo como
jefe de la nueva organización que allí surgía, el talentoso acejota-
emero fundador de Juventud Católica —órgano periodístico oficial de
la acim— Fernando Díez de Urdanivia. El Comité Directivo de la
"Liga recibió con beneplácito la noticia de la fundación de la Unión
Nacionalista Mejicana y el nombramiento de su jefe, quien contaba con
la inapreciable ayuda y orientación de Mons. Manríquez y Zárate.
Esta nueva organización venía a significar para los mejicanos de
los Estados Unidos, lo que la Liga Nacional Defensora de la Libertad
381
. 382 Antonio Rius Facius
Religiosa en Méjico, de la que aquélla era desde un principio una
rama.
Los estatutos, precedidos de un prólogo, firmados por los miembros
del Comité Central de la Unión Nacionalista Mejicana, que lo eran:
. presidente, Fernando Díez de Urdanivia; secretario, Octavio Elizalde
—aún presidente del Comité General de la acimM—, y tesorero, Pedro
González, establecían en su único artículo:
«Se constituye la unm con los siguientes fines:
>a) Ayudar al alivio de las necesidades públicas de Méjico.
»b) Hacer propaganda para dar a.conocer la verdadera situación
de Méjico. f
əc) Instruir y preparar a los mejicanos en sus deberes cívicos y
patrios».
Diez de Urdanivia fue urgido para que marchara a Los Angeles
California, a ponerse al frente de la Unión Nacionalista Mejicana. Dejó
la dirección de El Diario de El Paso en buenas manos, y se trasladó
a esa ciudad donde, con Octavio Elizalde, encabezó a un puñado de
acejotaemeros para consolidar y extender la Institución, recorrió nume-
rosas poblaciones californianas para fundar nuevos Grupos Locales
que visitó frecuentemente, en los que se celebraron’ jornadas cívicas,
y desarrolló constante actividad encauzada hacia la colaboración con la
Liga y los cristeros. Obtuvo, además, la ayuda decidida de Mons. Man-
ríquez y Zárate, que supo cumplir a maravilla con su cargo de asesor.
La Unión fundó y sostuvo el semanario La Libertad, dirigido por
el mismo Díez de Urdanivia, que aparecía regularmente en Los An-
geles cada domingo.
En dicho semanario se hacía intensa labor de orientación; los artícu-
los y notas informativas estaban a cargo de los acejotaemeros y, de
vez en cuando, el propio Mons. Manríquez y Zárate escribía en el
periódico.
La Unión extendió sus actividades al extranjero, paralelamente a
la Unión Internacional de Todos los Amigos de la Liga Nacional Defen-
sora de la Libertad Religiosa en Méjico —la Vita-mÉJico-—-, con sede
en Roma.
En un informe de la Unión Nacionalista Mejicana al Comité Direc-
tivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, Díez de
Urdanivia hizo la siguiente relación “de las actividades desarrolladas:
Méjico Cristero 383
«El éxito principal de la Unión Nacionalista, a mi entender, con-
siste en haber acallado la penosa discrepancia antes existente y pre-
sentando un frente único e inquebrantable adherido a la LNDLR, pues
era sumamente penoso, para propios y extraños, el espectáculo de los
diversos grupos que desarrollaban trabajos muy diversos, y a veces
daban exhibiciones de lucha entre sí, que hacían pensar en una anar-
quía moral digna de desprecio.
»Cuenta la UNM al presente con 48 Centros Locales; la mayor parte
de éstos se encuentra en California, aunque otros muchos están distri-
buidos donde existen colonias mejicanas más numerosas. Existen las
siguientes Uniones Regionales: la de Los Angeles, San Francisco y
San Diego, California; la de Phoenix, Arz.; la de Chicago, Ill; la de
El Paso, Tej.; la de San Antonio, Tej. Entre éstas, y después de la
de Los Angeles, la que cuenta con mayor número de centros es la de
Chicago. El número de socios está considerado entre cinco y seis mil.
Pero hay que tener presente que éstos arrastran casi totalmente a la
población mejicana en algunos lugares.
»Excepto el grupo de San Antonio, la unm ha llegado a unificar la
cooperación de todos. Elementos utilísimos, sin distinción, han estado
ocupando su sitio. Y me permito señalar a algunos de los que se han
distinguido: Octavio, Arriet, Alcocer, Silva, los Chávez, los Prieto,
don Carlos, jóvenes y viejos, ACJM y K. OF c., en perfecta cooperación
y Olvidadas las pequeñeces que otras veces han habido. Este aspecto
de la Unión es muy consolador y ofrece un conjunto moral de directo-
res muy serio y capaz.»
La Unión Diocesana de la acsm de California.—La obligada estan-
cia del presidente general de la acm, Lic. Octavio Elizalde, y la de
otros acejotaemeros en Los Angeles, California, fue muy provechosa
para la Asociación, pues aunque Octavio carecía de jurisdicción en
aquel lugar, con su ardiente celo y el apostolado efectivo ejercido por
sus compañeros desterrados, influyó decisivamente en la consolidación
de los pocos Grupos Locales que había allí de tiempo atrás, galva-
nizándolos y logrando la creación de otros muchos, lo que permitió la
creación de la Unión Diocesana de la acim de California.
El domingo 30 de diciembre de 1928, bajo los auspicios del Sub-
comité General de la acym establecido en aquella ciudad, fue üelebradp
un Congreso Diocesano que tomó los siguientes acuerdos:
384 Antonio Rius Facius
«I.—Cada miembro de los Grupos Foráneos debe aprovechar sus
visitas a la ciudad de Los Angeles, o lugares en donde hubiese circu-
los de estudios establecidos, para concurrir a una de dichas sesiones
en los Grupos donde funcionen. Dicha asistencia es obligatoria.
»II.—Para unificar los círculos de estudios en los Estados Unidos, -
se aceptan como texto los resúmenes de sociología compilados por el
Lic. Octavio Elizalde. III.—Se establece como plazo máximo para la
fundación de círculos de estudio en todos los Grupos el término de
seis meses. Para entonces todos los Grupos deberán tener un círculo
de estudios cuando menos. IV.—Que los Grupos ayuden a La Voz de
la Patria: a) Procurando conseguir suscripciones y venderla, de ma-
nera que llegue a todos los hogares católicos mejicanos. b) Enviando
informes sobre la vida social y religiosa de los Grupos y círculos y
en general todas las noticias de interés.»
Fue el tema central del Consejo la ponencia “Acción Política y
Acción Cívica”, presentada por Elizalde y Ramos Natera, la que, por
contener nítidamente expuestas la doctrina sostenida por la acim de
acuerdo con las enseñanzas pontificias, y por la importancia que tuvo,
fue publicada íntegramente en La Voz de la Patria, y después editada
en folleto por el Subcomité General de la Asociación en Los Angeles.
cuya síntesis, de precioso contenido doctrinal, es el siguiente:
Doctrina Social.—Es indispensable que la juventud católica meji-
cana residente en los Estados Unidos, reunida en la acm, fije clara-
mente conceptos de acción política y acción cívica, pues «a pesar de
las enseñanzas categóricas de'la Santa Sede a este respecto, aún hay
personas que, por ignorancia unas, por la prudencia de la carne otras
y por ceguedad inconcebible no pocas», siembran confusión en los espí-
ritus, cosa inadmisible ahora que «se está jugando la existencia misma
de Méjico como nación».
El Papa se ha encargado de aclarar conceptos al definir que «polí-
tica es el arte de gobernar a los pueblos; por lo tanto, acción política
es la participación que los ciudadanos y las agrupaciones de ciudadanos
denominados partidos, toman en el gobierno del pueblo».
¿Puede la Iglesia o las instituciones católicas desarrollar la acción
política?
La Santa Sede enseña, por voz del cardenal Gasparri «que, cuando
la lucha política se agita entre diferentes partidos, pero sin dañar en lo
Méjico Cristero 385-
más mínimo los intereses de la Iglesia, los obispos deben impedir cui-.
dadosamente que la religión llegue a ser instrumento de un partido
determinado... en este caso, el elero, como tal, debe observar la más
estricta neutralidad». Es decir, la Iglesia y las instituciones que de-
ella dependen deben conservarse al margen de la lucha de partidos,
no así cuando están en juego los principios cristianos, la moral, el bien:
y la salud de las almas, pues en tal caso —afirma el cardenal Gas-'
parri— «es bastante arduo el deber de los obispos y del clero cuando
entre los partidos se enciende la lucha precisamente sobre la cuestión:
religiosa: en este caso es deber estricto de los obispos y del clero
inculcar a los fieles la necesidad de tomar posiciones contra los parti:
dos hostiles a la Iglesia y de mantenerse unidos sacrificando el propio
parecer...»
En “esto consiste la acción cívica. «Podemos, pués, definirla así:
es la actividad coordinada de los católicos que ejercen en cuanto ciu-
dadanos y en cuanto católicos, encaminada a reconquistar y defendér'
su libertad de conciencia, sus derechos de hombres, la integridad de la
familia, su fe, y los principios eternos de Cristo, contra los pártidos
políticos que pretenden conculcarlos.» i
Su santidad el papa Pío XI, en su discurso a las juventudes cató-
licas, pronunciado el 22 de septiembre de 1922, precisó estos con-
ceptos: T
«Es preciso defenderse de la confusión que puede surgir, como su-
cede, que Nos, que el episcopado, que el clero, que los seglares cató-
licos, parece que hacemos política, cuando en realidad hacemos obra
de religión siempre que combatimos por la libertad. de la Iglesia, por:
la santidad de la familia, por la santidad de la escuela, por la santifi::
cación de los días consagrados a Dios: en todos estos casos y en casos:
semejantes, no se hace política, sino que la política ha tocado el altar,
ha tocado la religión... y entonces es nuestro deber defender a Dios
y a su ás .. es deber del episcopado y del clero, es nuestro:
deber. .
El cool mejicano no había dicho cosa distinta en su Pastoral -
Colectiva del 21 de abril de 1926.
Algunos ejemplos tomados de la realidad mejicana confirmaban
plenamente la tesis expuesta: «el régimen radical, que detenta el po-
der público en Méjico, pretende no sólo intervenir en el campo sagrado
de las conciencias por medio de una legislación absurda, sino hasta
MÉXICO CRISTERO.—25
386 Antonio Rius Facius
destruir a la Iglesia Católica y arrancar la fe del corazón del pueblo
mejicano.»
Esta afirmación quedaba plenamente demostrada con el simple exa-
men de los artículos constitucionales 3, 5, 27 y 130 y La Ley Calles,
que justificaban, por sí mismos, la obligatoriedad de resistir, aun por
la fuerza, su aplicación, según se desprendía de la doctrina misma de la
Iglesia, expuesta por la suprema autoridad del papado.
¿` Los que militan en las filas de la acsm no piensan que sea inopor-
tuno «resistir de frente a la iniquidad del poderoso... la prudencia
de estos'hombres es la que San Pablo llama sabiduría de la carne y
muerte del alma...» Y como el enemigo pretende destruir a la Iglesia
Católica en Méjico, resulta pueril suponer que, observando eterna
complacencia con él para evitar toda provocación, se abstendrá de
realizar sus arraigados y nefastos propósitos, «... porque no hay me-
dio más rápido para ser oprimidos que el dormirse en cobarde segu-
ridad...» ;
¿3 «Y recordamos que la acsm —terminó así Octavio Elizalde su mag-
nifica lección de doctrina :social— hizo un juramento solemne ante el
pueblo mejicano de no cesar en el combate hasta reconquistar la liber-
tad perdida.»
Sobre tan brillante ponencia fueron aprobadas estas conclusiones,
propuestas también por el presidente general de la Asociación: :
-«L—Queda prohibido a los Grupos de Juventud Católica Mejicana
organizados en los Estados Unidos mezclarse, como Grupos, en las lu-
chas políticas partidaristas de nuestra patria. II.—Los Grupos ya dichos
están obligados a tomar parte en la acción cívica, por medios lícitos,
para lograr la libertad de la Iglesia y la libertad individual de con-
ciencia. I1.—Todos los socios de los Grupos están obligados a trabajar
empeñosamente en la acción cívica. 1V.—Tanto los Grupos como los
socios deben desarrollar su actividad cívica sin violar las leyes de
los: Estados Unidos. V.——Esta acción cívica será desarrollada bajo la
dirección del Subcomité General, que tendrá que ponerse de acuerdo
en la materia, por razones de conveniencia y de disciplina, con las
instituciones que tienen a su cargo la dirección de lá acción cívica
mejicana.»
"Después de la celebración del primero y único Consejo Diocesano
_de la acm en la Alta California, hasta que fue disuelta por la auto-
ridad eclesiástica la Asociación Católica de la Juventud Mejicana a
Méjico Cristero 387
fines de 1929, ésta continuó su vida normal y aun se desarrolló más,
con la atención personal que el mismo Octavio prestó a los Grupos,
secundado por Carlos de Silva, hermano del mártir, los hermanos Fran-
cisco e Ignacio Alcocer, Fernando Rodarte y, en general, todos los
acejotaemeros expatriados que podían hacerlo.
La acJM surgía vigorosa, en cualquier parte, entre la juventud me-
jicana que amaba a su patria,
XXXIII
FRACASADOS INTENTOS DE SOLUCION
Interés en Washington.—Intervención del arzobispo
de Morelia.—Se afirma la posición política de Ca-
lles.—Portes Gil y la oposición.
. Interés en Washington.—Dwight Whitney Morrow, socio de Mor-
gan, el famoso banquero judío de Wall Street, cultivaba estrecha amis-
tad con la familia norteamericana Brady, católica de abolengo, a quien
había prestado algunos servicios. Sabedor de esto el cardenal Hayes,
pidió a Mr. Brady que concertase una cita con el futuro embajador de
los Estados Unidos en Méjico, y en ella le pidió que hiciese valer su
influencia para el arreglo del conflicto religioso en este país. Morrow
le respondió que ya tenía instrucciones de su gobierno para tratar ese
asunto, pero que, como él era protestante, necesitaba un sacerdote ca-
tólico que lo asesorara. El cardenal le señaló para dicho cargo al padre
John J. Burke, secretario del Comité Permanente de Obispos de los
Estados Unidos en Washington.
Antes de salir hacia la ciudad de Méjico, enviado por el gobierno de
los Estados Unidos como su embajador, celebró una entrevista con el
padre Burke, que era a la vez alto dignatario de la National Catholic
Welfare Conference, y en ella le pidió que fuese a Méjico y hablase
personalmente con Calles sobre el problema religioso. Él no entendía,
no podía entender las causas que lo habían originado ni las razones
para prolongarlo en perjuicio, ¡cómo no!, de los intereses económicos
yanquis.
389
390 Antonio Ríus Facius
Antes de salir el nuevo embajador, declaró a un redactor de The
New York World que él estaba convencido de que, el anticlericalismo.
de Juárez hacia la mitad del último siglo, de Calles y Obregón más
recientemente, se debió a que los prelados mejicanos se habían soli-
darizado con las fuerzas contrarrevolucionarias. Las leyes antirreli-
giosas, “por consiguiente, eran, según su punto de vista, represalias polí-
ticas”, y no “una antirreligiosa hostilidad de principios”. Partiendo
El presidente Plutarco Elías Calles —derecha— acompañado del procónsul ame-'
ricano Dwight W. Morrow —al centro—, a su regreso de una de sus amistosas
giras por el interior del país.
de esa base falsa, elaboró una plan simplista consistente en “persua-
dir al gobierno mejicano de que los obispos aceptarían en lo sucesivo
la Revolución como un hecho consumado. Resuelto este punto no sería
ya difícil obtener una interpretación de las leyes que la Iglesia pudiera
aceptar.” ` l
Plutarco Elías Calles escogió, para que tuviese lugar la conferencia,
el Viernes Santo de 1928 en San Juan de Ulúa, un apartado lugar
Méjico Cristero 391
del puerto de Veracruz. Allí se reunieron con él William F. Montavon,
consejero legal de la N.c.w.c., y el padre Burke.
El general Calles se mostró inflexible y un tanto violento, de ma-
nera que no se llegó a ningún acuerdo, «habiendo manifestado Calles
_—que es un hombre muy inteligente y muy zorro— que la Iglesia
Católica en Méjico se había manifestado siempre muy orgullosa con éF,
despreciándolo en lo absoluto; que aun cuando fuera un tirano y :el
diablo en persona, sin embargo, de hecho, era el presidente de la Re-
pública y no había habido ningún obispo, sacerdote o miembro de la
Iglesia que, siquiera por cortesía, le hubiera puesto una tarjeta, tele-
grama o carta cuando fue exaltado al poder, en el día de su santo o
en el año nuevo. Naturalmente Mons. Burke, hombre de mentalidad
netamente sajona, no pudo comprender el por qué de esa actitud gro-
sera, en su concepto, de la jerarquía católica para con Calles, y bajo
esa impresión regresó a informar a la Delegación Apostólica en Wash-
ington.» ”
Antes de su regreso, una semana después de la entrevista en San
Juan de Ulúa, visitó nuevamente a Calles en el castillo de Chápul.
tepec, residencia oficial del presidente, quien le sugirió que le diri-
giera una carta diciéndole por escrito lo que de palabra le solicitaba.
El 29 de marzo de 1928 el padre John J. Burke escribió al presi-
dente en los siguientes términos: «...he sabido que nunca ha sido
“intención de usted destruir la integridad de la Iglesia, ni molestarla
en šus funciones espirituales... Estoy convencido de que los obispos
mejicanos están animados por un patriotismo sincero y desean una paz
duradera. Estoy convencido, también, de que ellos desean reanudar el
culto público si eso se puede hacer de conformidad còn su lealtad a la
República Mejicana y con sus conciencias. Yo creo que podría hacerse,
si ellos fueran asegurados de una tolerancia dentro de la ley, que per-
mitiera a la Iglesia la libertad de vivir y de ejercer sus oficios espiri-
tuales, Esto significaría que ellos dejarían al pueblo mejicano, actuando
dentro de la ley, por medio de sus autoridades debidamente consti-
tuidas, el arreglo de las otras cuestiones en disputa.»
Mal orientado había estado el padre Burke por Morrow y el :árzo-
bispo de Morelia al escribir esta carta, porque el planteamiento' del
problema estaba del todo equivocado; pues era la intransigencia de
raíz masónica del gobierno, y no las pretensiones de la jerarquía eñ
cuestiones políticas, la que impedía llegar a la solución del conflicto,
392 Antonio Rius Facius
como lo estaban proclamando los sangrientos sucesos ocurridos durante
los dos últimos años.
Calles se apresuró a contestar al padre Burke, el 4 de abril, en los
siguientes términos: «...he quedado enterado de los deseos de los obis-
pos mejicanos de reanudar el culto público... no es el propósito de la
Constitución ni de las leyes, como tampoco 'el mío propio, destruir
la identidad de ninguna Iglesia, ni entrometerme, en ninguna forma,
en sus funciones espirituales. .. mi propósito ha sido hacer... que la ley
sea aplicada con un espíritu razonable y sin apasionamiento alguno. . .»
Intervención del arzobispo de Morelia.—Mientras el padre Burke,
confiado en la buena fe del gobierno de Calles, se afanaba en poner
fin al conflicto religioso en Méjico, en San Antonio, Tejas, el 25 de
abril de 1928, se reunían los obispos desterrados para nombrar suce-
sor al ilustre presidente del Comité Episcopal, recientemente fallecido.
La votación recayó en favor del arzobispo de Morelia, Mons. Leo-
poldo Ruiz y Flores, quien se trasladó a Méjico para asesorar a Mons.
Burke en sus gestiones con el gobierno.
El 28 de mayo de 1928, día de la Ascensión, Mons. Ruiz y Flores
y el padre Burke tuvieron «una conferencia con Calles en Chapulte-
pec y lo encontraron, gracias a ciertas influencias, más blando y ofre-
ciendo, en sustancia, lo mismo que Portes Gil, posteriormente, conce-
dió en junio de 1929.» 7"?
Por disposición del delegado apostólico en Washington partió de
inmediato para Roma Mons. Ruiz y Flores a informar al Papa sobre
las felices gestiones que se estaban llevando a cabo.
No eran las únicas: La señora de Lanz Duret hizo un viaje espe-
cial a los Estados Unidos para tener una entrevista con Mons. Pascual
Díaz, a quien llevó un mensaje de Obregón o de alguno de sus alle-
gados, proponiendo similares condiciones para llegar a un arreglo en
el conflicto religoso.
Era significativo que los masones más prominentes desearan enta-
blar pláticas con el obispo de Tabasco, cuya manifiesta antipatía hacia
los cristeros era pública y notoria.
, * Al ser conocidas dichas gestiones por el episcopado, la Liga y los
levantados en armas, causaron gran alarma a todos. Mons. Man-
ríquez y Zárate escribió al secretario del Subcomité Episcopal, Mons.
Miguel de la Mora, obispo de San Luis:
Méjico Cristero 393
¿E_AA A ZE AAÓAzZz-z- Áá<Z-IIÓ/ÓÁá<((á= ——2-2A2AAXAKÁ
«Las últimas noticias de la prensa acerca de los arreglos religiosos
me han llenado de angustia. Sé que Mons. Ruiz ha ido a Roma pre-
cisamente a inclinar al Santo Padre a un arreglo de la cuestión reli-
giosa, más conveniente a nuestros enemigos que a los intereses de la
Iglesia, al menos así lo juzgo, dado el modo de pensar de dicho ilustrí-
simo prelado, y dadas también sus declaraciones en París, que acabo
de recibir.
»Yo también me pregunto: ¿Quién ha nombrado representante de
los obispos ante el Vaticano a Mons. Ruiz?...»
El obispo De la Mora transcribió esta comunicación a todos los pre-
lados mejicanos y Mons. Leopoldo Lara y Torres respondió al obispo
de San Luis que estaba de acuerdo en los principales puntos tratados
por Mons. Manríquez y Zárate, y:
«1.—Que debemos sostener con firmeza las peticiones del Memo-
rial.» (El enviado a las cámaras por aquellos días).
«2.—Que no debemos fiar en promesas.
»3.—Que de nosotros depende, en cierto modo, el porvenir de la
Iglesia mejicana y que debemos, por lo mismo, hacer todo esfuerzo por
salvarla de la esclavitud a que se la quiere sujetar.
».—Que me parece muy bien que Mons. Ruiz y Mons. Díaz ten:
gan, respectivamente, los cargos de presidente y secretario del Comité
Episcopal; pero que no por eso deben considerarse como represen-
tantes de la opinión de todos y cada uno de los miembros del Comité.
Y aun convendría que así se comunicara a la S. S. para evitarnos difi-
cultades posteriores y deslindar responsabilidades.»
Con fecha 31 de mayo de 1928, suscribieron diversas y significa-
das sociedades católicas —LNDLR, ACJM, Caballeros de Colón, entre
otras— un extenso memorial a su santidad Pío XI, en el que le daban
a conocer la posibilidad “de que ciertos individuos del gobierno secta-
rio y perseguidor” llegaran a un acuerdo con algunos prelados sobre
las bases siguientes:
«1%) Reanudación inmediata del culto público.
_»29) Promesa, por parte de los perseguidores, de ir derogando pau-
latinamente las leyes persecutorias.»
Esto traería como consecuencia:
<a) Un sentimiento de desaliento, de derrota, porque es seguro que
así se estimaría por todos los que han conocido del conflicto, y así lo
¡sentirían todos los que han tomado parte en él.»
394 Antonio Rius Faciué
<
«h) La certeza fundada en una amarga y segura experiencia, de que
"los perseguidores no cumplirían los compromisos contraídos...
»i) ...lo que pretenden los perseguidores es desvirtuar la causa que
defienden los católicos... ver a la Iglesia sujetarse a una ley que la
misma condenó, y obtener la rendición de los que, en el ejercicio del
“sagrado derecho de legítima defensa, se han enfrentado con los tiranos
y resistido con las armas en la mano.» l
Es posible que este memorándum haya surtido el efecto que se bus-
caba, pues no se volvió a hablar más del asunto por aquel entonces.
La muerte de Obregón apagó los últimos rumores sobre un posible
arreglo, condicionado a la buena fe de un gobierno que había demos-
trado carecer de ella. Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, una vez que se
interrumpieron las negociaciones, continuó viviendo en Roma hasta
que, en el mes de octubre, le hizo saber S. S. Pío XI la conveniencia
de volverse a los Estados Unidos y emprendió el viaje de regreso. Inte-
rrogado por la prensa, declaró que su gestión había fracasado, pues el
- Papa no admitió los arreglos propuestos. «Y —añadió textualmente—
las cosas seguirán en el estado en que están. Es probable que haya
algunas modificaciones, pero buscamos el derecho de enseñar a los
niños. El Estado mejicano dice que podemos darles nuestra instruc-
ción en nuestras iglesias, pero todo el mundo sabe que, de hacerlo en
esta forma, tendríamos una dura tarea para desarraigar lo que en las
escuelas laicas enseñan durante el día. Además, sólo podríamos darles
instrucción en las horas de recreo o los días festivos, y esto es por
completo insuficiente.»
Se afirma la posición política de Calles.—En- medio de la conmo-
ción política causada por la desaparición del caudillo sonorense, se
instaló el 1° de septiembre de 1928, con las violaciones acostumbradas
a la ley electoral, el nuevo Congreso Federal.
El informe de Calles era esperado con verdadera expectación, pues
no faltaban optimistas que confiaran en un obligado cambio de polí-
tica, benéfico para las libertades humanas de los mejicanos.
Y así pareció desprenderse de algunos párrafos de su mensaje, en
el que ofreció Plutarco Elías Calles al Congreso: «...que no única-
mente motivos de moral, ni consideraciones de credo político personal,
sino la necesidad que creemos definitiva y categórica, de pasar de un
sistema más o menos velado de gobierno de caudillos a un franco régi-
Méjico Cristero . 395
men de instituciones, me han decidido a declarar solemnemente, y con
tal claridad que mis palabras no se presten a suspicacias o interpre-
taciones, que no sólo no buscaré la prolongación de mi mandato, acep-
tando una prórroga o una designación como presidente provisional,
sino que, ni en el período que siga al interinato, ni en ninguna otra
ocasión, aspiraré a la Presidencia de mi país.»
Plutarco Elias Calles, jefe del Poder Ejecutivo, durante şu informe rendido al
Congreso, el 19 de septiembre de 1928.
f
Y añadió más adelante:
«... la circunstancia de que quizá por primera vez en su historia,
se enfrenta Méjico con una situación en que la nota predominante es la
falta de caudillos, debe permitirnos, va a permitirnos, orientar defini-
tivamente la política del país por rumbos de una verdadera institución,
procurando pasar, de una vez por todas, de la condición histórica de
país de un hombre a la de nación de instituciones y de leyes.»
396 Antonio Rius Facius
Pero no fueron aquellos conceptos sino pura palabrería, falsa y
hueca, dirigida hacia el apaciguamiento de los exaltados obregonistas
para ganar tiempo y fortalecer su posición naciente de jefe máximo
de la Revolución.
Un grupo respetable de católicos no quiso, sin embargo, dejar pasar
la oportunidad que parecía presentarse y envió a las Cámaras nuevos
memoriales, pidiendo la derogación y rectificación de las leyes contra-
rias a las libertades religiosas y ciudadanas del pueblo.
De diversas regiones del país se enviaron copiosas adhesiones a di-
chos memoriales, que fueron presentados los días 3 y 16 de septiembre
y 3 de octubre de 1928, sin gue en esta ocasión se dignaran los rufianes
con credenciales de diputados dar respuesta a las peticiones que, si-
guiendo todos los trámites legales, se hicieron a las Cámaras, dóciles a
la voluntad omnímoda de Plutarco Elías Calles, quien pretendía la su-
misión total de la Iglesia a los designios de la masonería, como había
quedado demostrado en las condiciones inadmisibles propuestas a Mons.
Ruiz y Flores y al padre Burke.
Portes Gil y la oposición.—Los obregonistas, a la muerte de su amo
y señor, en peligro de perder sus jugosas influencias, conminaron a
Calles para que eliminase del gabinete a sus ministros que más se habían
„significado como enemigos del obregonismo. Entre los cambios habidos
estuvo el del titular de la Secretaría de Gobernación, que fue susti-
tuido por el licenciado Emilio Portes Gil, gobernador del estado de
Tamaulipas, de poca significación política hasta entonces, aunque de
brillante trayectoria masónica.
El día 18 de agosto de 1928 recibió el nombramiento, y, según él
mismo afirma, en su primer acuerdo con el presidente le dio a conocer
su opinión «sobre los errores que se venían cometiendo en dicha Secre-
taría al extremar la aplicación de las leyes en materia de cultos; expre-
sándole que... aquella política intransigente había conducido al país
a una sangrienta lucha fratricida...
»Le hice ver —sigue diciendo Portes Gil en sus memorias— la ne-
cesidad ingente que había de reprimir, con toda severidad, los incon-
tables y escandalosos abusos que se venían cometiendo por agentes de
las policías del Distrito Federal y de la Secretaría de Gobernación,
que a diario realizaban saqueos en los hogares de personas clasificadas
como fanáticas y aun en los templos, y, con pretexto de buscar cóm-
AS
a a o e n mo.
Méjico Cristero 397
plices de los rebeldes, aprovechaban la difícil situación creada para
apoderarse de reliquias de alto valor religioso o histórico, pinturas,
alhajas, dinero, etc., gue no se depositaban en el Museo sino que des-
aparecían, perpetrándose así verdaderos latrocinios. Le refería que, en
la Jefatura de Policía (hasta antes de hacerse cargo de ella el general
Ríos Zertuche), se cometían los mayores abusos y atropellos con gentes
acaudaladas, a quienes se acusaba de complicidad con los cristeros y
se les obligaba a dar fuertes cantidades de dinero para no perjudicar-
los; todo lo cual estaba creando un ambiente de odio en contra del
gobierno.
əLe relaté, asimismo, que en dicha Jefatura de Policía se venían
realizando imperdonables asesinatos, simulando suicidios de las vícti-
mas y que la opinión pública señalaba a Palomera López como el eje-
cutor de tales crímenes.
»Finalmente, le mostré un proyecto de decreto que encontré en la
Secretaría de Gobernación, en el cual se imponían penas severas, de
multas o arrestor, aun a las personas que portasen medallas o imáge-
nes religiosas.» **
Calles comprendió que sus colaboradores se habían excedido y auto-
rizó a su secretario de Gobernación para que aflojara un poco la ten-
sión de sus medidas persecutorias.
El peligro de que hubiese un rompimiento entre los distintos grupos
revolucionarios fue hábilmente conjurado por Calles con su discurso
en la apertura de las Cámaras. Sólo le faltaba, para fortalecer defini-
tivamente su posición, escoger cuidadosamente a su sucesor, quien debé-
ría ser dócil instrumento en sus manos y al mismo tiempo una garantía
para los intereses del obregonismo. Con habilidad y pericia inclinó las
voluntades, discretamente, en favor del licenciado Emilio Portes Gil,
y, una mañana del mes de septiembre, reunido con un grupo de dipu-
tados y senadores, confirmó su elección para que fuera propuesta a las
Cámaras, las cuales, el día 25 de septiembre de 1928, designaron presi-
dente provisional de los Estados Unidos Mejicanos al licenciado Emilio
Portes Gil, para serlo a partir del día 19 de diciembre siguiente. No le
quedaba al designado otro camino que el de ser obediente a las con-
signas de su gran elector, y así lo manifestó a un reportero que lo
entrevistó:
«Mi labor será la de secundar en todo la orientación firme y defi-
nida que ha venido siguiendo el señor presidente de.la República; y en:
398 > Antonio Rius Facius
esa virtud esta Secretaria de mi cargo continuará dictando cuantas me-
didas sean necesarias para que las leyes vigentes en materia de cultos
sean debidamente acatadas en todo el país.»
El obispo de San Luis Potosí, Mons. De la Mora, vio en estas de-
claraciones una oportunidad para que se circunscribiese la acción legal
al ejercicio del culto público, y escribió una carta abierta defendiendo
este pünto de vista que, aunque loable por su intención de aliviar a los
católicos del excesivo rigorismo
que empleaba el gobierno contra
los que practicaban su religión en
la intimidad de sus hogares, daba
por aceptables unas leyes causan-
tes del grave conflicto existente.
El día 30 de noviembre de 1928,
Portes Gil tomó posesión de la
Presidencia de la República y dio
a conocer su programa de gobierno
en el que pasó por alto toda refe-
rencia al problema religioso y rea-
firmó su propia ideología:
«He tenido el gran honor de fi-
gurar entre los grupos radicales
del país y pertenezco a un partido
que sustenta postulados avanza-
dos... Si al terminar mi gobierno,
el país conviene en que no dejé
perder ninguna de las ventajas
logradas por las administraciones
A: ; a de Obregón y Calles... bastará
h Ye e fu A 3 `
dae eres, Edo con sólo eso para que considere
República, saldada mi responsabilidad.»
No había transcurrido una se-
mana cuando Plutarco Elías Calles, siguiendo los lineamientos trazados
por el procónsul Morrow, fundaba y se erigía presidente del Partido
Nacional Revolucionario, institución tipo totalitario que ha hecho im-
posible, desde entonces, el ejercicio democrático del sufragio efectivo
en Méjico. Dicho Partido quedó integrado con los principales capitos-
tes del régimen y, adheridos a él por la fuerza, todos los funcionarios
ø
li
É
Méjico Cristero 399
públicos y los líderes obreros, de manera que, partido y gobierno coa-
ligados entre sí y apoyados por Washington, han esterilizado toda reac-
ción ciudadana, sucediéndose sin interrupción, en el monopolio del
poder, liberales y masones con etiqueta de revolucionarios.
Para luchar contra ese continuismo político, José Vasconcelos, el
mejor ministro del gabinete de Obregón, hombre de gran talento y dina-
mismo, que residía desde tiempo atrás en los Estados Unidos, cruzó
la frontera y pronunció en Nogales, Son., el primer discurso de su cam-
paña política el día 10 de noviembre de 1928 y, coincidiendo con la
fundación del PNR, un numeroso grupo de estudiantes de'la capital,
que se habían constituido en partido político con el nombre de Frente
Nacional Renovador, lanzó un manifiesto apoyando la candidatura pre-
sidencial de Vasconcelos. `
Por su parte, el pNR celebró su convención en la ciudad de Que-
rétaro durante los primeros días de marzo de 1929. `
Aarón Sáenz, el amigo íntimo de Obregón, parecía ser el precandi-
dato que contaría con el apoyo de los convencionistas; pero la con-
signa de Calles hizo que un oscuro ingeniero, embajador de Méjico
en Brasil, fuera favorecido, por lo que Sáenz, disciplinándose a sus
propios intereses, se retiró de la pugna electoral.
Otros candidatos surgieron, pero ninguno con la fuerza de Vascon-
celos para enfrentarse, más que a Pascual Ortiz Rubio, al régimen
hecho partido.
XXXIV
LA GUARDIA NACIONAL
El acejotaemero Fidel Muro. — Alevosa muerte de:
Marcos Torres. — El general Gorostieta, jefe de la:
Guardia Nacional. — Consagración a Cristo Rey—:
Actividades cristeras.—Rebelión escobarista. i
El acejotaemero Fidel Muro.—El despotismo antirreligioso del go-:
bierno revolucionario, conculcador de la fe y la libertad, continuaba!
produciendo innumerables víctimas, que iban a sumar su voto de san-,
gre en las urnas de la historia, sin que la eminencia del peligro hiciera:
desistir de su heroico empeño a los libertadores. }
©- Fidel Muro contaba 25 años de edad, era acejotaemero, originario
de la capital zacatecana, e hijo de humildísimo matrimonio. Su padre,
de oficio carpintero,-le enseñó a trabajar desde su incipiente juventud.
Un día fue llamado Fidel por el obispo de la diócesis, Mons. Miguel
de la Mora, para encargarle algún modesto trabajo y, en el desempeño
del mismo, el humilde artesano pudo apreciar de cerca las virtudes del:
prelado que se constituyó, a partir de ese día, en su consejero y pro-
tector. Fidel, influenciado por la religiosidad del ambiente, sintió incli-
nación hacia el sacerdocio e ingresó al noviciado de los padres Misio-
` neros del Espíritu Santo, en la apacible población de Tlalpan; Distrito
Federal.
i En 1924, al cabo de dos años de permanencia en el Seminario, dejó
“los estudios y se marchó a San Luis Potosí. Mons. De la Mora había
sido trasladado recientemente a aquella diócesis y acogió con agrado
: 401
MÉXICO CRISTERO.—26 )
402 Antonio Rius Facius
a Fidel; éste, con ayuda del mitrado, instaló un pequeño taller de car-
pintería en la ciudad, ingresó a la acJM y se entregó con fervor al apos-
tolado seglar.
Transcurrió el tiempo y, un día del mes de marzo de 1926, el jefe.
de armas del estado, que era el general Saturnino Cedillo, ordenó
desatar 'la persecución religiosa en aquella entidad.*
El pueblo atacó a los soldados y resultaron varias víctimas por am-
bos bandos. Durante tres días el general Cedillo sometió a la ciudad al
estado de sitio hasta que, alarmado por el grave cariz que tomaban los
acontecimientos, optó por retirar sus fuerzas de la via pública y dejar
en libertad al obispo, no sin antes ejercer violentas represalias contra
los que más se habían distinguido al repeler sus injustificados ataques.
Entre éstos se encontraban los acejotaemeros
Fidel Muro y Ernesto Montalvo, quienes ha-
bían permanecido en el obispado dispuestos a
rechazar por la fuerza cualquier ataque diri-
„gido contra Mons. De la Mora. Fidel y Ernesto
fueron golpeados bárbaramente y arrestados,
el primero «cinco días, y el segundo largo
_ tiempo, acusados de asesinato frustrado.
En San Luis Potosí existía ya Delegación
Regional de la Liga, pero Fidel prefirió ins-
cribirse en la Delegación de Tampico, jefatu-
rada por Sixto Rodríguez; ahí se preparaba
| un movimiento armado que habría de iniciarse
Fidel Muro. el 19 de enero de 1927, bajo la dirección del
general Ignacio Galván.
: Una denuncia dil al general Galván a diferir la fecha de su levan-
tamiento y, un grupo de 14 conjurados, tuvieron que salir precipitada-
mente al campo; entre ellos se contaban Fidel Muro, Ernesto Mon-
talvo, Humberto Hernández, Jesús Posada y Jesús Castillo, que se
enfrentaron, de repente, a un enemigo superior en número, pero sin
temor: alguno aceptaron su gloriosa aventura.
..En un combate sostenido un día del mes de marzo, derrotaron los
cristeros de San Luis a los callistas que los perseguían y 'se apodera-
ron de gran cantidad de municiones y pertrechos, antes de retornar
victoriosos al pueblo del que habían salido.
- * Ver: capítulo III.
Méjico Cristero 403
Fue su último triunfo militar: un hacendado traidor fingía feste-
jarlos cuando fuerzas federales avisadas por éste los atacaron sorpre-
sivamente. Dos de los jóvenes cruzados cayeron- muertos; Ernesto
Montalvo fue herido en una pierna, Humberto Hernández y Jesús Cas-
tillo fueron desarmados, hechos prisioneros y -fusilados; los demás lo-
graron romper el cerco y escapar.
Fidel encontró refugio en una choza y sus moradores le cambiaron
de ropa para que pudiese ocultarse mejor. Rendido por el cansancio se
quedó dormido al margen de la carretera. Ahí fue encontrado por la
misma columna callista que había atacado la hacienda y reconocido,
por la documentación que portaba, como uno de los cristeros. Golpeado,
hambriento, escarnecido, llegó a la ciudad de San Luis a media noche
del 15 de marzo de 1927. Lo encerraron en un calabozo y lo sujetaron,
durante varios días, a suplicios sin cuento, en presencia, muchas veces,
del general Saturnino Cedillo, para que revelara lo que supiese de la
organización y jefes de la Liga y los levantados en armas, pero él resis-
tió estoicamente el inhumano tormento.
Algunos cristeros del general Gallegos, que operaba en Guanajuato,
fueron conducidos a San Luis y fusilados ahí, en' presencia de Muro,
a quien amenazaron diciéndole: “Mañana te toca a ti”.
El cambio de jefe de armas —pues Cedillo tomó el puesto de gober-
nador del estado— y las reiteradas gestiones hechas en favor del pri-
sionero por la familia Azanza, abrieron las puertas de la cárcel a Fidel
el 9 de junio de 1927.
En el mes de diciembre la desorganización de la LNDLR en el estado
era casi total; el general Galván había sido asesinado; Jacinto Loyola
Núñez, un excelente caballero cristiano, pero deficiente hombre de
armas, fue nombrado por el Comité Directivo de la Liga jefe militar
de la región de San Luis y Tampico.
Fidel Muro secundaba ocultamente todos los planes dirigidos a la
defensa, pues pesaba sobre él una libertad condicional, y se prepa-
raba a unirse al nuevo grupo cristero de San Luis. Pero fue descu-
bierta la conspiración y apresados los antiguos protectores de Fidel:
Idelfonso Azanza y su hija, ajenos por completo a las actividades de los
rebeldes.
Fidel estaba en Méjico cuando se enteró de la aprehensión de sus
benefactores y partió inmediatamente a la capital de San Luis Potosi,
para ofrecerse como rehén a cambio de la libertad de los Azanza. Al
404 ( Antonio Rius Facius
llegar a la ciudad habló con su hermana, que era religiosa y había
ejercido en él saludable influencia, y le comunicó sus propósitos; des-
pués se presentó a los esbirros de la tiranía.
Los Azanza, padre e hija, recobraron su libertad, previo pago al
cacique de subida suma de dinero que no alcanzó, sin embargo, para
dejar libre a Fidel Muro, como el tiranuelo había ofrecido. El acejota-:
emero fue otra vez atormentado hasta el límite de su resistencia física.
El 17 de agosto de 1928 tres jóvenes menores de 22 años fueron
arrestados bajo la acusación de ser agentes de los rebeldes y someti-
dos, junto con Fidel, a un juicio sumarísimo y sentenciados, con otros
tres más, a la pena de muerte.
A las cinco de la mañana del día 15 de agosto de 1928 fueron fusi-
lados, de espaldas al paredón en la penitenciaría del estado, Fiarco
Sánchez, antiguo cristero cuya hija, en esos momentos, hacía su pri-
mera comunión en el secreto de una casa; Fidel Muro, el acejotaemero,
al grito viril de: ¡Viva Cristo Rey!;- Dionisio Avalos, José Belén Cárde-
nas, Nicolás Acosta, Mauro Balderas y Odilón Osorio.
Horas antes de recibir cristiana sepultura brotó sangre de las heri-
das del cadáver de Fidel Muro; una porción de ella recogida devota-
mente en un frasquito de cristal, se ha conservado fresca y licuada al
paso de los años.
El pueblo, su pueblo sencillo y bueno aue mejor comprendió sus vir-
tudes y estimó sù ejemplo, lo nombra desde entonces el mártir de Za.
catecas.
Alevosa muerte de Marcos Torres.—Coincidió su muerte, con tres:
días de diferencia, con la del admirable y querido jefe cristero de Co-
lima: Marcos Torres, Marquitos, como le apodaban cariñosamente “sus
amigos y compañeros,
Este joven coronel cristero, de extracción acejotaemera, regresaba
de una gira por el sur de Colima y acampó, como era su costumbre,
en las cercanías de la capital del estado. En Santa Bárbara, hacienda
cercana a su improvisado campamento, se le había ofrecido un modesto
donativo para el movimiento cristero y, al amanecer del día 18 de
agosto de 1928, se encaminó hacia ese lugar, pues deseaba poder dispo-
ner, después, de todo el día, subir al Volcán a oir misa con sus soldados
e iniciar una gira hasta un lugar llamado Cocoyul, donde se encon-
traba el anciano obispo de la diócesis, quien el día 30 de ese mismo
mes iba a celebrar sus bodas de plata episcopales.
Méjico Cristero . 405
Al presentarse con sus hombres en la hacienda se le dijo que vol-
viese más tarde, cosa que hizo, esta vez acompañado únicamente por
José Placencia, su joven asistente.
Entró en la casa para recibir el dinero y, mientras firmaba un re-
cibo apoyado en la pared, llegaron los gendarmes callistas de Villa de
Alvarez y lo acribillaron a tiros por la espalda. Igual suerte corrió su
asistente, que se había quedado esperándolo en la puerta. Sus cadá-
veres fueron trasladados a.Colima y arrojados sobre el empedrado de
la calle, frente al palacio de gobierno, mientras una música burlesca
_subrayaba la felonía de los perseguidores.
bl
Pg
p Es d
Coronel Marcos Torres y su asistente José Placencia, ambos de la acsm de Colima,
asesinados en el pueblo de Santa Bárbara. Sus cadáveres fueron llevados a la
: capital del estado para ser exhibidos en plena calle.
«A la muerte del coronel Marcos V. Torres, una ola helada cubrió
los espíritus de sus cristeros. Algunos, faltos de fe, se rindieron; otros,
sin atreverse a tanto, pero faltándoles el alma de su grupo, se remon-
taron a las serranías.» ** La mayor parte de ellos, sin embargo, fueron
a sumarse a las tropas del general Miguel Anguiano Márquez.
El general Gorostieta, jefe de la Guardia Nacional.—La campaña
contra las fuerzas callistas continuó con la variada intensidad de los
meses anteriores, tomando parte en ella hombres y mujeres de espíritu
406 Antonio Rius Facius
heroico, quienes, sin escatimar sacrificios ni peligros, se entregaban
a su Santa Causa, como acertadamente fue llamada, uniendo esfuer-
zos y deseos de superarse unos a otros.
El Comité Directivo de la Liga y las Brigadas Femeninas Santa
Juana de Arco, proveedoras eficaces de municiones y pertrechos del
Ejército Libertador, conocían la innegable mala fe del gobierno y de-
cidieron afianzar sus estrechas relaciones en beneficio del fin común.
Para evitar la repetición de algunas fricciones que se habían suscitado.
por interferencias habidas en sus respectivas actividades, firmaron un
„convenio, suscrito por el presidente del Comité Directivo de la Liga
y el consejero y asesor de las Brigadas, en el que se reconocía la inte-
gridad e independencia de las Brigadas Femeninas; además, y para
continuar la buena marcha del movimiento cristero, habría de ser
nombrado un jefe supremo de la defensa armada para toda la Repú-
blica. Este nombramiento recayó en el ameritado general Enrique
Gorostieta Velarde. De acuerdo con él fue redactado un manifiesto
a la nación, para publicarlo al mismo tiempo que la declaración de
su jefatura.
El día 28 de octubre de 1928, fiesta de Cristo Rey, el general Goros-
tieta lanzó, en la región de Los Altos, el manifiesto que contenía el
programa de gobierno que se deseaba implantar y era el siguiente:
«L—Nombrado por la genuina representación nacional, asumo el
cargo de jefe militar del Movimiento Libertador.
»>IL—El Movimiento Libertador, tanto en el orden civil como en el
militar, queda sujeto desde luego a las siguientes bases:
»IIL—<Se confirma el desconocimiento que los libertadores an hecho
de todos los poderes usurpadores, así de la Federación como de los
estados. :
»IV.—Se decreta el restablecimiento de la Constitución de 1857 sin
las leyes de Reforma; pero desde luego quedan incorporadas a sus
preceptos y, por tanto, reformados los artículos correspondientes, las
modificaciones que exigió el plebiscito nacional efectuado en 1926, res-
paldando el ocurso formulado por los ilustrísimos prelados mejicanos,
con fecha 6 de septiembre del mismo año, y las ampliaciones conte-
nidas en el Memorial de los Católicos presentado a las Cámaras el día
3 de septiembre de 1928.
»V.—La Constitución podrá ser reformada por el procedimiento es-
tablecido en el artículo 127 de la misma por el plebiscito y referéndum,
para que todos los ciudadanos, armados o no, puedan manifestar sus
Méjico Cristero - ‘407
deseos, y así el pueblo mejicano tenga, por fin, una Constitución ver-
daderamente suya, nacida de sus anhelos y tradiciones, y que corres-
ponda a las necesidades populares.
»VI.—En los casos en que se haga uso del plebiscito o del a
dum, las mujeres mayores de edad tendrán obligación de votar.
» VI. —Se tendrán por válidas cuantas disposiciones hayan sido expe-
didas hasta la fecha, que tengan por objeto reconocer el derecho de
los hombres de trabajo para sindicalizarse, hacer valer sus derechos,
defenderlos y mejorar su condición, siempre que sean justas. La apli-
cación de dichas disposiciones será efectiva para aquéllos en favor de
quienes se expidieron y no en beneficio de favoritos.
»VIII.—En materia de dotaciones ejidales, el Gobierno Libertadór
establecerá comisiones que arreglen convenios entre los ejidatarios y
los propietarios, y adoptará procedimientos adecuados para que la in-
demnización que deba pagarse a éstos sea efectiva y justa. Además,
se continuará, donde sea necesario y útil para el bien común, la distri-
: buctlón de propiedades rurales; pero en forma justa y equitativa y
previa indemnización; de este modo se procurará hacer la propiedad
“asequible al mayor número.
»IX.—Nuestras fuerzas libertadoras se constituyen en Guardia Na-
cional, nombre que usarán oficialmente en lo sucesivo, y el lema de la
Guardia Nacional será: Dios, Patria y Libertad. .
»X.—El jefe civil del Movimiento Libertador será nombrado por a
Comité Directivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Reli-
giosa, previa consulta del sentir de la Guardia Nácional, y entretanto
el jefe militar reconocerá como autoridad suprema a la persona nom-
'brada de común acuerdo entre él Comité y el jefe militar. - :
. »XL—El jefe militar tendrá todas las facultades que sean necesa-
rias en los ramos de Hacienda y Guerra.
»XIL—Este plan no podrá ser modificado sino de común acuerdo
* entre el Comité Directivo de la Liga Nacional Defensora de la Libertad
- Religiosa y el jefe militar.
»XIIL.—Una vez nombrado por el Comité Directivo de la Liga Na-
“cional Defensora de la Libertad Religiosa el jefe civil, el jefe militár
. conservará las facultades que le corresponden y reconocerá en AA
"la autoridad suprema del Movimiento Libertador.
-- »XIV.—Al tomar la capital de la República y restablecer el arden
cen la nación, se procederá a la reconstrucción política de la misma,
„conforme a los preceptos de la Constitución de 1857.»
408 y Antonio Rius Facius
Pronto se dejó sentir el fruto del oportuno nombramiento del gene-
ral Gorostieta, dado que la extensión de la lucha armada reavería la
reorganización del Ejército Libertador, cuyos triunfos eran a tal grado
evidentes que el gobierno callista ordenó fuesen escoltados todos los
trenes que corrían a lo largo de la extensa red ferroviaria del país.
Consagración a Cristo Rey.—No era la disciplina el único factor del
creciente éxito de los cristeros, sino el espíritu religioso y fraternal
gue los animaba, pues con unanimidad que asombra, todos los hombres
en armas daban a su causa un sentido desinteresado y patriótico.
La poderosa División del Sur de Jalisco, Colima y Nayarit, al mando
` del general Jesús Degollado Guízar, para agradecer los señalados favo-
res de la Providencia, organizó la'consagración de su ejército a Cristo
Rey y Santa María de Guadalupe. El general ordenó a los jefes Lorenzo
Arreola, Luis Ibarra, Manuel Michel, Carlos Bouquet, Vicente Guerra
y Esteban Caro, que con un grupo de las fuerzas a su mando, ro ma-
yor de 200 hombres. se presentaran el día 28 de octubre de 1928 en
"la hacienda de los Volcanes, Jal. Los jefes Anguiano, Márquez y Sala-
zar, por la gran distancia a que se encontraban. serían representados
por el mismo general Degollado y el presbítero Emeterio Covarrubias.
Para evitar ser sorprendidos en plena ceremonia, una vez reunidos
los grupos representativos de la División, el general Degollado Guízar
envió 50 hombres al mando del mayor Nazario Cisneros, para que vigi-
lasen los caminos de Ameca y Mascota, distantes cinco kilómetros del
lugar en que se habíari congregado.
Todo estaba dispuesto para dar comienzo con la santa misa a la
ceremonia de consagración, cuando fue escuchado un tiroteo en el lugar
-al que había sido enviada la avanzada.
Rápidamente organizó el general Degollado Guizar su ejército bajo
el mando de sus inmediatos subordinados, para repeler el ataque de
los callistas, superiores a ellos en hombres y equipo. Más de medio
centenar de bajas les causaron los cristeros a los federales antes de
verse obligados a replegarse, tras de haber sufrido a su vez el daño
de ocho muertos y cuatro heridos.
El día 29, alejado el peligro de verse nuevamente sorprendidos por
el enemigo, ordenó el general Degollado que se formaran todas sus
tropas para asistir a la santa misa; que celebró el presbítero Pedro
Rodríguez, quien, después de ella, hizo la consagración del ejército
cristero de la región a Cristo Rey y Santa María de Guadalupe.
Méjico Cristero ; 409
La soledad de la sierra se llenó de gritos jubilosos y patrióticos.
Al caer la tarde partieron todos lọs grupos que se habían dado cita
en aquel apartado lugar, hacia sus respectivos centros de operaciones,
confortados y satisfechos por haber rendido público homenaje de su-
misión al Rey de reyes y Señor de todo lo creado.
En los tres campamentos de las fuerzas al mando de Anguiano,
Márquez y Salazar, también fue hecho el acto de consagración el día
de Cristo Rey.
El día de Cristo Rey del año de 1928 hubo grandes manifestaciones de fervor
religioso frente a la Basílica de Guadalupe, en la ciudad de Méjico,
La fiesta de los cristeros del Volcán se efectuó en la Mesa de los
Mártires, en una modestísima capillita levantada a corta distancia del
cementerio donde descansaban los restos de los cruzados muertos en la
lucha. Asistieron a ella el regimiento del general Salazar, tres escua-
drones del Volcán y las abnegadas enfermeras que atendían el impro-
visado hospitalito. Y aquellos hombres y mujeres de espíritu religioso,
abnegado e indomable, elevaron su canto jubiloso al claro cielo de los
campos de Méjico: .
410 f Antonio Rius Facius
¡Que viva mi Cristo!
¡Que viva mi Rey!
¡Que impere doquiera
triunfante su ley!
¡Viva Cristo Rey!
¡Viva Cristo Rey!
Actividades cristeras.—Los últimos meses del año transcurrieron .
favorablemente para los cristeros. El general Gorostieta se ocupó prin-
cipalmente de organizar militarmente a todos los grupos de alzados en
la República, cuyo número aumentaba notablemente, pues, aunque
escasos de municiones, su armamento había sido poco a poco sustituido
por el reglamentario del Ejército Federal al que, combate tras combate,
le había sido arrebatado.
Para conseguir las municiones necesarias, fue enviado a los Estados
Unidos José Luis Orozco, mejor conocido por su seudónimo de Jorge '
Tello, quien, no obstante llevar cincuenta mil pesos en efectivo, no
pudo efectuar la compra por la vigilancia ejercida por el gobierno ame-
ricano para evitar toda posible ayuda al Ejército Libertador.
Restringida la libertad de prensa, eran escasas las noticias que pu-
blicaban los periódicos nacionales sobre las actividades rebeldes. Sin
embargo, no pudo ser ocultado el atentado dinamitero que sufrió, “el
mismo día del sepelio de José de León Toral, el tren en que viajaba,
de Tamaulipas a Méjico, el licenciado Portes Gil. Aunque descarriló
la máquina, no sufrieron daño alguno el presidente y sus acompañan-
tes; pero dicho atentado hizo saber a la opinión pública que la rebelión
cristera no había sido dominada, antes al contrario, cada día alcan-
zaba mayor extensión y fuerza en la República.
En Colima, por ejemplo, los cristeros habian entrado dos veces a
la ciudad. La primera de ellas, el 12 de enero de 1929, encabezados
por el general Anguiano, que resultó herido en la acción; y la segunda,
durante las fiestas del Carnaval, por las mismas fuerzas, esta vez al
mando del coronel Verduzco, jefe del Estado Mayor de Anguiano.
La organización emprendida por el general Gorostieta comenzaba
a producir abundantes frutos. l
Al estado de Zacatecas lo dividió en cinco sectores, a cargo, res-
pectivamente, de lós jefes José María Gutiérrez, Valdovinos, Felipe
Sánchez, Pedro Sandoval y Pedro Quintanar. La división del general
Méjico Cristero. . 411
Degollado Guizar conservaba sustancialmente su misma constitución:
El control de la jefatura de Colima, dividida en dos sectores, abar-
. caba el propio estado, la extremidad sur de Jalisco y parte de Michoa-
cán, esta última al mando del coronel José González Romo quien, a la
muerte del general Luis Guízar Morfín, había quedado al frente de
la región de Coalcomán. El primer sector, a cargo del general Miguel
Anguiano, ocupaba la casi totali-
dad territorial del estado de Coli-
ma y las zonas de Jalisco y Michoa-
cán que dependían de la jefatura
de Colima.
. Las fuerzas del general An-
guiano estaban divididas en cinco
zonas principales: las del Volcán,
a cargo del mayor Félix Ramírez;
las del Cerro Grande, al mando
del coronel José Verduzco, jefe del.
Estado Mayor; las de la región de
Tuxpan, al mando del mayor Fili-
berto Calvario; las de El Naranjo
y Vallecito, al mando del mayor
Plutarco Ramírez, y las de Coal-
comán, al mando, como antes dije,
del coronel González Romo.
El segundo sector, localizado
dentro del estado de Colima, es-
taba a cargo del brigadier Andrés
Salazar. Su regimiento y el del
coronel González Romo eran, si- o a
_guiendo la enumeración hecha por i regimiento “Valparaiso” asiste dezo-
la nueva organización militar im- rante el mes de marzo de 1929.
plantada por el general Gorostieta,
el sexto y octavo, respectivamente. Los regimientos segundo y cuarto,
que formaban la brigada “Dionisio Eduardo Ochoa”, lo componían las
fuerzas del primer sector. .
Los números nones de los regimientos correspondíari a otros núcleos
del sur de Jalisco, independientes de la jefatura de Colima: el primero
era el del general Bouquet; el tercero estaba a cargo del- general Michel;
412 $ Antonio Rius Facius
el quinto era comandado por el general Vicente Cuevas y el séptimo
y noveno estaban bajo las órdenes del general Luis Ibarra. Estos gran-
des conglomerados estaban subdivididos en otros más pequeños, los
cuales, dado el sistema de guerrillas adoptado, tenían una cierta liber-
tad de acción y no estaban de ordinario unidos en una sola columna.
Sería largo y tedioso enumerar detalladamente todos y cada uno
de los grupos y sus respectivos jefes que integraban el Ejército Liber-
tador. Como simple resumen basta saber que, en la importante región
de Los Altos, los sectores en que fue dividida estuvieron a cargo de
jefes tan ameritados como Pedroza, Rocha, Hernández, Loza Márquez,
Flores, Valdés, etc. Durango tuvo como jefe al general Mora. En el es-
tado de Michoacán operaban Ramón Aguilera, Ignacio Sánchez Ramí-
rez, José María Méndez, Ignacio Robles, Maximiliano Barragán, ete.
Al reorganizar su ejército, el general Gorostieta dejó como jefe
de las fuerzas del estado de Guanajuato y regiones limítrofes de San
Luis Potosí y Aguascalientes al general Posada Ortiz, bajo. cuyas órde-
nes operaban Fortino Sánchez, los hermanos Ramírez y el terrible gue-
rrillero Salinas, entre otros.
En este punto se encontraba la defensa armada de los cristeros
cuando surgió ura nueva esperanza en Méjico: la rebelión escobarista;
Rebelión escobarista.—El continuismo dictatorial de Calles se per-
filaba en el panorama nacional con la imposición en la Presidencia de
sus incondicionales. Un sector mayoritario del Ejército Nacional se
mostraba inconforme con tal estado de cosas y organizó un levanta-
miento para destruir, desde sus bases, el pelelismo naciente.
He aquí la esencia del manifiesto que, con el nombre de Plan de
Hermosillo, dieron a conocer:
«Pasiones bastardas, ambiciones desenfrenadas, imposturas delictuo-
sas y cínicas, concupiscencias criminales y actuaciones sistemáticas de
farsa y de comedia, han hecho del gobierno y de las instituciones una
escuela de mercantilismo, de corrupción y de bajeza, ahí se ha dado
cita todo lo que mancha, deturpa o envenena. El majestuoso recinto
de los poderes públicos hase convertido en mercado vulgar donde se
cotiza todo: desde la moral y la ley escrita hasta el honor y el sentir,
el pensar y el querer del pueblo. Al alma mater de esta escuela de
corrupción, de esta fuente de vicio que se desborda, de esta red insa-
ciable de poder y de riqueza; el gran maestro de la mixtificación y de
la farsa, el administrador supremo de este mercado maldito de los valo-
t y .
Méjico Cristero . l 413
res morales, el diabólico inspirador de persecuciones inhumanas y sal-
vajes, el inventor. de instituciones tabernarias y de delincuencia y de
crimen: Plutarco Elías Calles, el judío de la revolución mejicana, pre-
tende hoy continuar a toda costa en el sitio de los césares, quiere seguir
imponiendo el capricho de su voluntad sobre la ley, sobre las institucio-
nes y sobre la voluntad suprema del pueblo, y para ello inventa cada día
nuevas mascaradas, nuevas comedias y mixtificaciones nuevas, ha so-
ñado en la posibilidad de burlar una vez más el sentir y el querer
del pueblo imponiendo en la Presidencia de la República, por la fuerza
de las bayonetas y del crimen, a uno de sus títeres, a uno de sus ins-
* trumentos, a uno de los miembros de su farándula.» **
El día 3 de marzo de 1929, a las primeras horas de la mañana, le
fue comunicada a Portes Gil la no por esperada no menos temida noti-
«cia del levantamiento del Ejército. Según confesión propia, envió inme-
diatamente un recado a Calles, pidiéndole que fuese a verlo y, una hora
escasa después de este angustioso llamado, el general Plutarco Elías
Calles se había convertido en ministro de Guerra. A los pocos días
salió Calles a enfrentarse con los rebeldes en el norte del país.
«Se levantaron muy cerca de treinta mil hombres, perfectamente
armados y pertrechados, quedando desde el primer día sustraídos a_la
acción del Gobierno Federal los estados de Veracruz, Sonora, Sinaloa,
Chihuahua, Coahuila, parte de Nuevo León, Zacatecas y Durango.» “t
Dos semanas antes que estallara esta rebelión, representantes auto-
rizados del general Gorostieta, conectados con el Comité Directivo de
la Liga, entre ellos los acejotaemeros hermanos Luis y Salvador Chá-
vez Hayhoe, teniendo presente aquella máxima que dice: “el enemigo
de tu enemigo es tu amigo”, celebraron un pacto con el general José
Gonzalo Escobar, que fue aprobado por el general Gorostieta, quien
giró la siguiente orden circular N°? 5:
«. . . Nuestro Centro de la Ciudad de Méjico, al informarme de todo
lo anterior, me informó para conocimiento de la Guardia Nacional y
aprobación mía, de un pacto que, antes de iniciar el movimiento, hizo
con nuestros directores el jefe del nuevo movimiento, general Gonzalo
Escobar. Dicho pacto se reduce básicamente a dos condiciones:
»Compromiso solemne, de parte del nuevo movimiento, de otorgar
todas las libertades que nosotros hemos venido reivindicando, de ma-
nera muy especial la libertad de conciencia y de enseñanza; y el reco-
nocimiento pleno de la Guardia Nacional, con todos los grados otorga-
dos o por otorgar por el jefe de la Guardia...
P)
414 i Antonio Rius Facius
»Yo he aceptado lo pactado por nuestro Centro, por las razones si-
guientes:
»Se reconoce la justicia de lo que defendemos, lo que constituye un
triunfo completo y sin reservas para nosotros.
»Se reconoce a la Guardia Nacional como entidad, lo que garantiza
que no burlará nuestra victoria y que nuestro Partido contará, por pri-
mera vez desde el año de 1857, con toda clase de garantías para des
arrollar su acción político-social.» 3?
La rebelión escobarista estaba ramificada principalmente en estas
tres regiones: Veracruz, dirigida por el general Jesús M. Aguirre;
Sonora, a las órdenes del general Francisco R. Manzo; y Durango a
cargo del jefe de la rebelión, general José Gonzalo Escobar.
El primer brote surgió en Veracruz el 2 de marzo, y el general Agui-
rre, abandonado por algunos regimientos, se vió obligado a replegarse
hacia el Istmo de Tehuantepec. Poca resistencia pudo presentar a las
fuerzas que lo persiguieron y, el día 20, fue apresado, y fusilado al día
siguiente. El día 6 de marzo, el general Escobar desconoció'al gobierno
desde la ciudad de Monterrey y se trasladó a Tampico. Dos días des-
pués el general Francisco Urbalejo, desde Durango, secundó la rebelión
y avanzó hacia el sur. El general Marcelo Caraveo, gobernador de
Chihuahua, también desconoció el gobierno de Portes Gil.
Plutarco Elías Calles, secretario de Guerra, encomendó una colum-
na al general Juan Andrew Almazán para que avanzara sobre Monte-
rrey y Saltillo. Lázaro Cárdenas, al frente de otra columna, inició su
marcha desde Zacatecas rumbo a Durango. Los rebeldes se replega-
-ron hacia Chihuahua y mientras Cárdenas se trasladaba al noroeste a
combatir a las tropas de Manzo y Topete, Almazán continuaba hacia
el norte, y el general Saturnino Cedillo, al frente de cinco mil hom-
bres, se dispuso a enfrentarse a los invencibles cristeros,
«El único que se batió con provecho y demostró sus dotes militares
fue el general Escobar. Sus ordenados repliegues, después de conse-
guir el objetivo militar que le imponían la táctica y las circunstancias
en que se encontraba, habían desconcertado a los callistas. La gran
batalla que dio en Jiménez, causando al gobierno cerca de 4,000 bajas
entre muertos y heridos, con visos de convertirse en victoria completa,
se trocó en derrota debido al auxilio que al callismo le prestaron aero-
planos americanos de combate que arrojaron, sobre las tropas suble-
vadas, toneladas de bombas de gases asfixiantes y de granadas de in-
cendio.
Méjico Cristero 415
». .. Calles, para salvar a su partido, no tuvo inconveniente en, que
un país extranjero derramara impíamente la generosa sangre de los
mejicanos que luchaban por el santo ideal de la libertad. Por eso un
alto personaje dijo: “La desgracia es que este triunfo. no sea nuestro,
sino americano”.» *?
XXXV
TRIUNFO Y MUERTE DE GOROSTIETA
Perfiles de victoria.—El gobierno en busca de una
solución.—Agresiva requisitoria cristera.—La muerte
G del héroe.
Perfiles de victoria.—El fracaso militar del pronunciamiento escoba-
rista no menguó los ánimos, ni-la fuerza, ni las crecientes posibilida-
des de alcanzar el triunfo de los cristeros, cuya organización, desligada'
e independiente del Ejército Federal sublevado, no fue afectada, antes.
bien, su poderío hízose cada vez más notorio con las frecuentes y gra-
ves derrotas que infligieron a los callistas. Grandes regiones del terri-
torio nacional quedaron fuera de la jurisdicción del gobierno de Portes
Gil; entre éstas, muchas donde operaba la Guardia Nacional, que tuvo
que salir materialmente en busca de su enemigo.
A mediados del mes de marzo de 1929, el general Degollado Guízar
reunió a los principales jefes de sus fuerzas que operaban en el sur
de Jalisco, para tomar la importante población de Cocula, Jal. Era el
medio día del 18 de marzo cuando la columna, formada por 1,700 hom-
bres, hizo su entrada a la población bajo una lluvia de flores y confeti
que el pueblo arrojaba a manos llenas sobre los libertadores, El alegre
repiquetear de las campanas y los vivas a Cristo Rey y Santa María.
de Guadalupe atronaron el espacio.
En previsión de ser sorprendidos por el enemigo, en varios puntos
estratégicos fueron situadas algunas avanzadas, mientras el general
Degollado Guízar convocaba a una reunión de jefes, para darles a co-
nocer un plan de ataque contra los agraristas de San Martín Hidalgo.
417
MÉXICO CRISTERO.—27
418 ; Antonio Rius Facius
Cuando se disponía a tomar a media noche un leve descanso, antes
de emprender la dura jornada, recibió el general Degollado aviso de
que una columna callista de 1,500 hombres, se acercaba al pueblo.
Hubo necesidad de concretar, a toda prisa, un nuevo plan de batalla,
consistente en salir de la población a las seis de la mañana y provocar
el ataque enemigo en la llanura, pues difícilmente se atrevería éste a
entrar al poblado, donde los cristeros podían fortificarse.
Y así lo hicieron; al abandonar Cocula la retaguardia de las tropas
cristeras, fueron atacadas en la llanura por los federales, pero ya esta-
ban previstos todos los movimientos del coritraataque y, en pocos mi-
nutos, ante el grave riesgo de ser aniquilados, los callistas huyeron
desordenadamente hacia la población.
Otra columna enemiga que avanzaba por el camino de Ameca fue
detenida y derrotada por las tropas de los generales Michel, Arreola
y el coronel José Gutiérrez, causándoles numerosas bajas y recogién-
doles gran cantidad de armas y millares de cartuchos. El poblado,
mientras tanto, fue cercado por los jefes Ibarra, Gómez, Cueva, Esparza,
Silva y otros más, para obligar a los soldados enemigos que no pudie-
ron escapar a refugiarse en el templo parroquial. Toda la tarde y la
noche duró el cerco a la iglesia; al día siguiente, el teniente Débora
- de los federales, rindió incondicionalmente su tropa; el general Dego-
llado, que sabía estimar la hombría, después de desarmar a los vencidos
los dejó en libertad y permitió, en un gesto de caballeroso reconoci-
miento al valor, que el teniente conservara sus propias armas.
«El teniente Débora —dice Degollado en sus memorias— era y es
hombre de honor: nunca cometió actos indebidos contra los cristeros
ni contra sus familias.»
- Al término de un mes, el general Degollado recibió comunicación
urgente del jefe del Control Militar de la Liga en Jalisco, Luis B.
Beltrán: y Mendoza, para que se presentara un día determinado en
cierto lugar de Los Altos a conferenciar con el general en jefe, Enrique
Gorostieta. Desafiando todos los peligros viajó Degollado hasta Gua-
dalajara y se comunicó con Luis B. Beltrán, quien le informó que él le
acompañaría al lugar de la entrevista, lejos de la ciudad. Marcharon
juntos al encuentro de los generales Enrique Gorostieta y Jesús
Rebollo, jefe- del Comité Especial de la Liga, cargo que equivalía al
de ministro de Guerra, y otras personas importantes del movimiento
cristero que concurrieron a esa reunión hecha a campo abierto.
Méjico Cristero 419
El general Rebollo informó a Gorostieta sobre la situación de las
distintas regiones del país.
«—¿Cuánto suman aproximadamente las tropas bajo su mando?
—preguntó el general en jefe a Degollado.
»—Las fuerzas de la División, tomando en cuenta las del Occidente
y Sur de Michoacán, pasan de siete mil hombres, los cuales están esca-
sos de cartuchos, pero las armas todas son buenas, porque ya no hay
más que de 7 milímetros. Actualmente en la parte Sur de Jalisco las
fuerzas están bien armadas y con cartuchos.»
t a
Después de recorrer las adornadas calles de Huejuquilla, Zac., la procesión hace
alto: en la plaza principal y es expuesto el Santisimo Sacramento en el kiosco.
Fiesta del Corpus, 29 de mayo de 1929.
El informe pareció agradarle al general Gorostieta quien, después
‘de hacer algunos comentarios, le dijo:
-~ «—Quiero comunicarle que tengo resuelto atacar Guadalajara, no
para conservarla en nuestro poder, pero sí para hacernos de muchos
elementos que nos permitan llevar a efecto operaciones de más enver-
-gadura.» *
` Le dio detalles sobre la guarnición que defendía la ciudad y los
cálculos que había hecho sobre la cantidad de fuerzas necesarias para
efectuar el ataque y pidió al general Degollado que estudiase un plan
combinado para efectuarlo. Éste, que ya había pensado con anteriori-
„dad en el asalto a Guadalajara, tras un rato de meditación le hizo cono-
-cer su proyecto, en el que estaban previstas todas las eventualidades.
420 Antonio Rius Facius
El general Gorostieta quedó satisfecho y le dijo que, en su oportuni-
dad, le haría conocer la fecha del ataque para que preparara todas
sus tropas.
El triunfo se acercaba. Medio millón de cartuchos estaban a punto
de ser embarcados en los Estados Unidos con destino a la Guardia
Nacional. Todo esto hacía
que la situación política
de Calles y su grupo fuera
cada vez más inestable,
razón por la cual el go-
bierno comenzó a preocu-
parse por llegar a un en-
tendimiento directo con el
Papa sobre la cuestión re-
ligiosa en Méjico.
El gobierno en busca
de una solución.—En los
primeros meses del año
de 1929, le fue encomen-
dada al abogado Nozzetti
la tarea de localizar al
obispo de Tulancingo,
Mons. Vicente Castellanos
y Núñez. Una vez puesto
| al habla con el alto perso-
` naje, le pidió, en nombre
de Calles y Portes Gil,
que le fuese facilitado el
acceso a la Santa Sede
por medio de los prelados
Mons. Migwel de la Mora, obispo de San Luis que. Aun aN encontraban
Potosi, presidente del Subcomité Episcopal. en la capital de Méjico:
o en sus cercanías, para
tratar de llegar a un arreglo basado en determinadas proposiciones que-
presentó por escrito.
Intervenía también en estos secretísimos tratos la esposa de Plu-
tarco Elías Calles, Leonor Llorente. El obispo de Tulancingo dio cuenta
de estas proposiciones al obispo de San Luis Potosí, Mons. De la Mora,
Méjico Cristero 421
y ambos citaron a una junta del Subcomité Episcopal, a la que asistie-
ron siete u ocho mitrados, entre ellos el de Chihuahua, Mons. Antonio
Guízar y Valencia, quien optó después por marchar a los Estados Uni-
dos y no asistió a las demás reuniones, en las que se hicieron algunas
modificaciones a las propuestas hechas por el gobierno, discutidas y
aprobadas en frecuentes intercambios entre el abogado Nozzetti y el
Subcomité Episcopal.
Una vez terminada la redacción definitiva de la propuesta al Papa, y a
punto de salir hacia Roma el intermediario oficial, el arzobispo Ruiz
y Flores hizo venir por tierra los arreglos cuyas bases iniciales pro-
puestas eran las siguientes:
«Puntos que definen el acuerdo que podría llegar al Gobierno de
la República Mejicana con Su Santidad el Papa, en el conflicto reli-
gioso que afecta al país en general:
»I.-—Todos los sacerdotes, curas y clero en general, deberán dar el
domicilio en donde viven y el Ejecutivo tomará esta actitud como el
registro que con anterioridad exigía el ayuntamiento.
»11.—Todos los templos, seminarios, escuelas, y en general tidas
aquellos edificios que fueron del uso de la Iglesia Católica y que en
el año de mil novecientos diecisiete le fueron quitados por el gobierno
del señor Carranza, le serán devueltos.
ə»Ill.—Se podrá tener libertad de conciencia en absoluto.
»IV.—Libertad de imprenta no atacando al gobierno constitucional.
» V.—Libertad de enseñanza.
»VI—Libertad de asociación, A y B: A) Los directores en gene-
“ral de conventos o asociaciones católicas, tendrán que dar parte a la
Secretaría de Gobernación, manifestando de cuántos religiosos se com-
pone el convento o bien de los socios con que cuenta la mencionada
“asociación; pudiendo gozar los derechos que tienen las asociaciones de
_beneficencia privada. =
»VII.—Los sacerdotes extranjeros podrán regresar a la República
para el ejercicio de su cargo.
»VIII.—El gobierno cree firmemente que arreglados los anteriores
«puntos se podrá llegar a un acuerdo final.
` »De la cláusula VI segundo punto llamado B.—En estos conventos
o sociedades religiosas no tendrá que haber política contra el gobierno
“en ninguna forma.»
+ "El simple anuncio público de la intervención del arzobispo de Mo-
-relia en posibles pláticas de avenimiento con Portes Gil, no sólo hizo
422 Antonio Rius Facius
fracasar esos arreglos en principio justos, sino que sembró la alarma
y desorientación entre los hombres que luchaban en el campo por la
libertad de la Iglesia. ;
Agresiva requisitoria cristera. — El jefe supremo de la Guardia
Nacional, plenamente consciente del peligro que representaba para la
causa católica este coqueteo superficial con el régimen, escribió una
extensa carta al Comité Directivo de la Liga que, por su interés, el
claro sentido de la realidad de aquellos días, su profundo y equilibrado
juicio, orienta, más que ningún otro documento, cuál era el sentir de
la mayoría católica combatiente de Méjico.
El histórico documento fechado en El Triunfo, Jalisco. el 16 de
mayo de 1929, comienza refiriéndose a las noticias que. esporádica-
mente, han aparecido en la prensa sobre la posibilidad de llegar a un
arreglo para poner fin al problema religioso, entre el llamado go-
bierno y algún señalado obispo. Dichas noticias han llenado de amar-
gura y temor a los que arrostran infinitos peligros en el campo, a más
de producir repentina paralización en el crecimiento de las fuerzas
libertadoras.
En el momento en que el déspota había consumado la derrota de
sus propios corifeos, cuando el pavor cundía por toda la nación y se
requería un «esfuerzo casi sobrehumano para evitar que ese desaliento
contaminase a los que luchan», la prensa esparce el rumor de posibles
pláticas entre Portes Gil y el arzobispo Ruiz y Flores.
La Guardia Nacional, parte interesada en cualquiera resolución que
` quiera dársele al conflicto, desea exponer la manera de sentir de los
que luchan para que sea conocida por el episcopado mejicano y su san-
tidad, y «obtener el nombramiento de un nuncio o el de un primado
que venga a poner fin al caos existente, que unifique la labor político-
social de nuestros obispos», pues éstos, al entrar en pláticas con el
gobierno, «no pueden presentarse sino aprobando o desamrobando
la actitud asumida, sin género de duda, por más de cuatro millones de
- mejicanos y de cuya actitud es producto la Guardia Nacional, que
cuenta por ahora con más de veinte mil hombres armados y con otros
tantos que, sin armas, pueden seguramente ser considerados en dere-
cho como beligerantes.» i
El gobierno, al tratar con los obispos, lo hace en la creencia de que
todos estos hombres entregarán sus armas, arrebatadas a él mismo.
Méjico Cristero 423
Si los prelados aprueban la actitud de la Guardia Nacional, «que era
ya la única digna. que nos dejaba el déspota, tendrán que consultar
nuestro modo de pensar y atender nuestras exigencias». Pero si,. por”
el contrario, desaprueban los sacrificios de la «enorme multitud que
tiene todos sus intereses y sus ideales jugándose en la lucha, si se olvi-
dan nuestros muertos, si no se toman en consideración nuestros miles
de viudas y huérfanos, entonces levantaremos airada nuestra voz y, en
un nuevo mensaje al mundo civilizado, rechazaremos tal actitud como
indigna y como traidora, y probaremos nuestra aseveración. Personal-
mente haré cargos a los que ahora aparecen como posibles mediadores.»
Son muchas y diversas las razones para que sea la Guardia Nacio-
nal, y no el episcopado, quien resuelva esta situación, pues el problema
no es exclusivamente religioso, sino afecta a la libertad política-social
del pueblo, que la Guardia Nacional defiende y representa.
Niega capacidad a los obispos, que por su larga ausencia del país,
ignoran las transformaciones sufridas por el puéblo, «para represen-
tarlo en actos de tamaña trascendencia... es el pueblo mismo el que
necesita una representación, es la voluntad popular la que hay que
consultar» y no son los obispos los que pueden ostentar dicha repre-
sentación, pues no todos han corrido, «como buenos pastores, la suerte
de sus ovejas».
«La Guardia Nacional es el pueblo mismo; es la institución que en
el pasado y en el presente de esta lucha se ha hecho solidaria de la
ofensa inferida al pueblo mejicano, en un tiempo indefenso, por me-
jicanos traidores; la Guardia Nacional velará también en el futuro por
los intereses de ese mismo pueblo de donde ha nacido. Tiene todos los
elementos necesarios para hacerlo; la Guardia es el contrincante natu-
ral de todo lo que en Méjico hay de indigno y de espurio. La Guardia
tiene ya algunas armas y son éstas la única seguridad que tenemos de
vivir en un relativo ambiente de justicia.
»Si se nos objetara que la fuerza material con que contamos no és-
de tomarse en consideración, podemos desmentir tal dicho con sólo
hacer notar que es nuestra actitud la que provoca el intento del tirano
para solucionar el conflicto. Esto está en la conciencia de todos. Pero
aún hay más; nuestra fuerza está constituida por un pequeño ejército,
pobre en armas, riquísimo en virtudes militares, que lucha cada día
con más éxito por libertarse de una jauría rabiosa que la esclavi-
zaba; por un pueblo entero que está decidido a conquistar todas las
libertades y que tiene puestos sus ojos no en la promesa banal que puede
424 Antonio Rius Facius
hacerse al episcopado, sino en la obligada transacción a que tiene que
someterse el grupo que ahora nos tiraniza. ..»
No es fuerza material lo que solicitan al episcopado, sino fuerza
moral; con ella serían omnipotentes, y para obtenerla bastaría que uni-
ficasen su criterio y aconsejase al pueblo cumplir su deber digna y
virilmente. Pero las disensiones de los obispos han impedido «una
“acción conjunta y pujante».
El principal problema que han tenido que afrontar los jefes del
movimiento ha sido el de la obtención suficiente de pertrechos, que
fácilmente hubieran podido adquirir si, «en vez de cinco estados de la
República, responden al grito de muerte lanzado por la patria treinta
p más diócesis. El decantado poder del tirano que nosotros estamos
tan capacitados para medir hubiera caído hecho añicos al primer golpe
de maza, tal vez con que hubiera logrado que por primera y única vez
en la historia de nuestros martirios nacionales, los príncipes de nues-
tra Iglesia hubieran estado de acuerdo únicamente para declarar que:
la defensa es lícita y en su caso obligatoria... ü
»Aún es tiempo de que, enseñándonos el camino del deber y dando
pruebas de virilidad, se pongan francamente en esta lucha del lado de
la dignidad y del decoro. ¿Acaso no los ata ya a nosotros la sangre de
más de doscientos sacerdotes asesinados por nuestros enemigos? ¿Hasta
cuándo se sentirán más cerca de los victimarios que de las víctimas?»
Incontables razones les hace «exigir, no solicitar», que la solución
del problema sea dejado en sus manos y que se deje al pueblo «termi-
nar su obra de liberación.
“»Que los señores obispos tengan paciencia, que no se desesperen,
que día llegará en que podamos con orgullo llamarlos en unión de nues-
tros sacerdotes a que vengan otra vez entre nosotros a desarrollar su
sagrada misión, entonces sí en un país de libres. ¡Todo un ejército de
muertos nos manda obrar así!
»Como última razón creemos tener derecho a que se nos oiga, si
no por otra causa, por ser parte constitutiva de la Iglesia Católica en
Méjico, precisamente por ser parte importantísima de la institución
que gobiernan los obispos mejicanos.»
Pide que sea dado a conocer a las autoridades eclesiásticas toda la
anterior argumentación para que se ponga fin a tantas desorientacio-
nes y se ayude, así, a la Guardia Nacional “en su labor por Dios y
por la patria”.
- Méjico Cristero f 425
Terminaba el general Gorostieta su valiente requisitoria con este
párrafo un tanto profético:
«Creo de mi deber hacer del conocimiento de ustedes, que vamos a
sufrir en los próximos meses la más dura prueba de toda esta epopeya,
que tenemos que hacer frente a una agudísima crisis que señalará nues-
tro triunfo o nuestra derrota y se hace necesario que todos pongamos
a contribución el mayor esfuerzo y aprontemos la mayor ayuda. Yo ase-
guro a ustedes que la Guardia Nacional cumplirá con su deber, pero
pido que no se nos exija ir más allá del deber.»
La muerte del héroe.—El general Gorostieta demostraba, con su
propia y extraordinaria actividad y denodado valor, la justicia de la
causa que defendía. No se daba un momento de reposo; viajaba ince-
santemente de un lugar a otro para organizar sus fuerzas, disponer
nuevos y más decisivos ataques, y atender innumerables asuntos de
índole civil y administrativa.
El gobierno de Portes Gil, una vez eliminado el peligro de la rebe-
lión escobarista, concentró sus elementos de guerra para combatir a los
eristeros. En la región de Michoacán, el general callista Lázaro Cár-
denas recibió refuerzos. Gorostieta, en previsión de algún descalabro,
nombró jefe militar del estado al general Alfonso Carrillo Galindo y
dispuso que marchara hacia allá para conjurar el peligro. `
Para darle posesión de su cargo, el general Gorostieta y un redu-
cido grupo de sus más adictos oficiales acompañaron al general Carri-
llo a Michoacán. Al mismo tiempo, sin que para ello hubiera habido
previo acuerdo, salieron del rancho Las Cuestas diez cristeros al mando
del coronel Rodolfo Loza Márquez, entre ellos su hermano, el jefe civil
Ildefonso Loza Márquez, procedente de Los Altos, donde había orga-
nizado varias jefaturas Civiles. La noche del 19 de mayo de 1929 lle-
garon al rancho Barranquillas y, minutos más tarde, el grupo del gene-
ral Gorostieta arribó al mismo lugar. Al día siguiente, para evitar todo
encuentro con fuerzas gobiernistas, subieron todos a un monte cercano,
mientras cruzaba un destacamento federal por el rancho. Pasado el peli-*
gro retornaron los cristeros a Barranquillas y allí el general Goros-
tieta dictó al mayor Heriberto Navarrete una carta dirigida al general
chihuahuense Marcelo Caraveo, invitándolo a unirse al movimiento.
El polvo del camino produjo al jefe de la Guardia Nacional una
molestísima conjuntivitis y, para evitar los rayos del sol, optaron por
426 : Antonio Rius Facius
caminar de noche y esconderse durante el día. Así, con variados inci-
dentes, llegaron el día 28 de mayo a Los Sauces, un lugar cercano a.
Ocotlán, Jal., en donde se les unió el ingeniero Alfonso Garmendia.
El 31 de mayo partió el grupo hacia Pitahayo, Jal., y al día siguiente,
ante la presencia de soldados federales en Tototlán y la hacienda Ca-
rrozas, continuaron su camino para llegar, a las nueve de la mañana
del domingo 2 de junio, a la hacienda El Valle, distante 30 kiléme-
tros de Atotonilco. i
Los veinte cristeros entran al patio de la finca; la jornada ha sido
larga y cansada, atienden sus caballos, aflojan sus monturas y les qui-
tan los frenos para que coman y beban. Después disponen su propio
yantar: un jarro de leche y pan. El general Gorostieta siente agudas
punzadas en los ojos; se recuesta en una habitación contigua al zaguán
para descansar un momento.
-Frente a la finca hay unas pobres casas de adobe; detrás una cañada
por la que desemboca un camino.
Los cristeros han desayunado; unos se dirigen a un pequeño comér-
cio que abre sus puertas frente al casco-de la hacienda, otros suben a
la azotea: desde allí se domina la llanura: Dejan desguarnecido, sin
saberlo, el oculto camino de la cañada.
Sorpresivamente aparecen por allí los primeros soldados del 422
Regimiento de Caballería. Suben despacio, con descuido, metidas sus
armas en los guardapolvos. Un capitán gordo y trigueño va al frente..
Uno de los hombres del general Gorostieta advierte, desde la puerta
del pequeño comercio, la presencia de los soldados, y dispara contra
ellos su pistola. El coronel Loza Márquez corre a ocultarse dentro de
la finca; porta un saracof, usual entre los militares, y este detalle hace
“que los soldados de caballería se confundan y griten que no disparen,
que son los mismos, hasta que un grito de ¡viva Cristo Rey! los saca
de su error y se preparan al ataque.
El general Gorostieta se levanta con rapidez, mide el peligro que
los acecha y da la orden:
—Hay que salir de aguí en la forma que sea; monten todos inme-
diatamente y salgamos antes de que ños cerquen. .
Pero los caballos, con el ruido de los disparos, se encabritan, y sólo
-el general Gorostieta logra montar al suyo. Toma entre sus manos por
un instante el crucifijo que lleva en el pecho, lo mira y se lanza a toda:
carrera hacia la salida. Una descarga cerrada lo recibe afuera y cae
su caballo; él regresa al interior del caserón.
Méjico Cristero 427
—Estos mugrosos me mataron mi caballo y cogieron mi archivo
—dice indignado. `
Uno de sus hombres le pregunta:
—¿Qué hacemos, mi general?
—Pelear como los valientes y morir como los hombres —responde.
Los cristeros rechazan denodadamente a sus enemigos. Han sido
rodeados y es peligroso y difícil escapar. No obstante, el mayor Heri-
berto Navarrete, ayudante del general, el coronel Rodolfo Loza Már-
quez y el soldado Jesusillo lo intentan por un pequeño huerto de na-
_ranjos que está
junto a la finca.
Los tres logran su
propósito,
Gorostieta pre-
tende seguir el
mismo camino,
pero el cerco. ya se
ha cerrado. Una
voz quiebra el gol-
peteo de las balas:
—¡Quién vive!
. —¡Viva Cristo
Rey! —responde
desafiante Enri-
sa de € 07 ack
sip [yrigub
que Gorostieta. Cadáver del generalisimo cristero Enrique Gorostieta Ve-
Son sus postreras larde, EEE los mr ei P. Rodriguez S,,
. a Ni -O.F . :
palabras: una ré gorenei H G. Pachete y mayor P. Me, auien coman-
faga de plomo del Valle, Jalisco, el 2 de junio de 1929.
siega su vida. .
Han transcurrido dos horas. Dieciséis hombres resisten heroica-
mente el ataque de más de doscientos. No es posible prolongar por
más tiempo la defensa; las municiones se agotan. Ante esta angustiosa
situación, el general Carrillo Galindo consulta con Ildefonso Loza Mår-
quez sobre la conveniencia de rendirse. Los cristeros quieren seguir el
ejemplo de su jefe: luchar como valientes y morir como hombres; pero
ceden al fin y entregan sus armas. Sólo uno permanece en la azotea
y rechaza la orden: es Jerónimo Cortés. Ni súplicas ni amenazas lo '
doblegan, hasta que el hábito de la obediencia lo vence y se somete.
428 o Antonio Rius Facius
Estando ya todos reunidos, traen unos soldados el cadáver del gene-
ral Gorostieta, al que han despojado de casi todo su vestido y calzado.
El mayor Nungaray ici quién es; nadie responde. Vuelve a.
insistir: i
—Qué —dice—, ¿no conocen a éste?
Uno se adelanta y contesta:
—Es el general Gorostieta.
El mayor Nungaray, jefe de la columna atacante; se hace cargo de
los prisioneros y del cadáver. Su columna ha sufrido bajas de impor-
tancia: seis soldados y dos oficiales muertos. Ordena que los primeros
sean sepultados allí mismo y los segundos trasladados a Atotonilco,
adonde vencidos y vencedores llegan ese mismo día a las seis de la
tarde.
La noticia de la muerte del generalísimo de los cristeros alcanza
inmediata difusión. Los diarios del día 4 de julio la dan a conocer
por medio del parte oficial rendido al secretario de Guerra y Marina,
general Joaquín Amaro:
«Lo saludo muy respetuosamente y tengo el honor de participarle que
ayer fue batido por las fuerzas del 42% regimiento, al mando del ciudada-
no general de brigada Pablo Rodríguez S., jefe del Cuarto Sector, el Ila-
mado jefe supremo de la rebelión fanática, Enrique Gorostieta, habien-
do sido muerto éste y hecho prisionero todo el Estado Mayor, que
tengo en mi poder. El cadáver de éste, está perfectamente inyectado
en esta plaza, permitiéndome consultarle si juzga conveniente activar
se mande a esa capital, para que sea entregado a familiares que resi-
den allá, así como también para que la llamada Liga Defensora de la
Libertad Religiosa se dé cuenta de que su llamado general en jefe ha
caído en poder de nuestras fuerzas. También le participo que del 30
a la fecha han sufrido derrotas continuas las gavillas de fanáticos. Creo
cumplir mi palabra de que, para el día 15 corrientes, dejaré en per-"
fecta paz la región de Los Altos, encomendada a mi cuidado.—Res-
petuosamente, Gral. Div. jefe de la División del Centro, S. Cedillo.»
El general Amaro, en cuanto recibió el anterior mensaje, lo dio a
conocer al licenciado Emilio Portes Gil, y éste dispuso que fuese en-
tregado a sus familiares, en la capital de la República, el cadáver de
` Gorostieta, y que el general Cedillo tratase de obtener de los prisio-
neros todos los datos posibles sobre el movimiento cristero.
Los dieciséis miembros de la Guardia Nacional en poder de Cedillo
eran: general Alfonso Carrillo Galindo, jefe civil Ildefonso Loza Már-
Méjico Cristero ` 429
quez, capitán primero José Ocampo, teniente J. Guadalupe de Anda,
Alfonso Garmendia, Faustino Sánchez, Juan Valenciano, Jerónimo L.
Cortés, Luis del Valle, Antonio Sepúlveda, Rosendo Tamayo, Jerónimo
. Gutiérrez, Rafael Aceves y los hermanos Ignacio, Felipe y José María
Angulo. Siete de ellos fueron sometidos a tormento y Loza Márquez
empleado como intermediario en una breve campaña de pacificación.
Este comportamiento, inusitado en un cristero, dio lugar a que poste-
riormente se sospechase de su fidelidad hacia el general Gorostieta.
Al firmarse los arreglos, recuperaron todos su libertad.
El cuerpo del pundonoroso militar cristero fue trasladado a Méjico
y entregado a sus familiares. Durante dos días y dos noches se veló
el cadáver en casa de ura hermana suya, en la vecina población de
_ Azcapotzalco, D. F., y en la improvisada capilla ardiente, insuficiente
para dar cabida a la numerosa concurrencia que asistió, celebráronse
continuamente misas de cuerpo presente. Cubierto el féretro con la
enseña tricolor, acompañado por una multitud de amigos, correligio-
narios y admiradores, fueron llevados los restos de aquel héroe de
38 años al Panteón Español. ¿
Sobre la lápida de su tumba, a los pies de un Cristo crucificado,
se grabó este epitafio, síntesis cabal de su vida:
¡Viva Cristo Rey!
A la memoria del General de División Enrique Gorostieta Velarde,
su esposa e hijos.
Nació en Monterrey, N. L., el 18 de septiembre de 1890.
Dios lo llamó a su seno el 2 de junio de 1929.
Fue cristiano, patriota y caballero.
Tuvo un ideal en su vida y por él supo morir:
Dios, Patria y Libertad.
XXXVI
LOS ARREGLOS
El pretexto de unas declaraciones.—Los prelados y
Mr. Morrow.— ...si arreglos pueden llamarse.
El pretexto de unas declaraciones.—El embajador norteamericano,
Dwight W. Morrow, recibió un informe que su subordinado consular
del estado de Durango había enviado al Departamento de Estado de
los Estados Unidos, afirmando que los cristeros que operaban en aquella
vasta región no habían secundado el pronunciamiento escobarista,
Morrow vio en esta abstención local una oportunidad más para reali-
zar sus secretos planes de dominio que, habiéndolo o no, estaban en
peligro de fracasar con las negociaciones que se estaban realizando
entre el Subcomité Episcopal y el Gobierno Federal, y envió a Portes
Gil al reportero americano Dubose, para que le hiciera un reportaje
relacionado con el problema religioso, al que se había referido el se-
eretario de la Mitra de Oajaca, presbítero Villagómez, afirmando que
«los católicos y padres bajo sus órdenes tienen el deber de respetar
a las autoridades constituidas en el país.»
Portes Gil respondió al cuestionario que se le presentó, sin ocultar
su menosprecio hacia la Iglesia y los que la defendían:
«—Indudablemente que, si todos los altos dignatarios de la Iglesia
Católica procediesen como lo ha hecho el señor secretario de la Mitra
de Oajaca —dijo en sus declaraciones—, los actos de desobediencia a
las autoridades legítimamente constituidas y los llevados a cabo por
grupos de fanáticos, sin miramiento alguno a las leyes, hubieran ya.
481 3
432 Antonio Rius Facius
desaparecido o, por lo menos, serían muy contados. Por desgracia, esa
falta de reprobación a dichos actos, por parte de, elementos represen-
tativos católicos, y aun su tolerancia, da por resultado que se estén
repitiendo con más frecuencia de la que en un principio los caracte-
rizó. .. Naturalmente, el gobierno no culpa de estos hechos al elemento
católico del país... no persigue en manera alguna a la religión... pero
es natural que éstas (las autoridades) por elemental deber, tengan que
exigir respeto a las leyes.»
Y eran, precisamente las tan traídas y llevadas leyes, el arma con la
que el régimen de los revolucionarios pretendía justificar su sangrienta
persecución.
A otra pregunta de Dubose respondió Portes Gil:
«... respecto de los elementos que en los estados de Jalisco, Gua-
. najuato y Michoacán, vienen operando con la bandera del fanatismo
católico, creo que sólo han sido dirigidos por sacerdotes de ínfima cate-
goría, algunos de los cuales encabezan pequeños grupos; pero no en
general por representativos del clero, que se han mostrado, en cierta
forma, indiferentes a este movimiento, con excepción del señor arzo-
bispo de Guadalajara, Orozco y Jiménez, que sí dirige a estos grupos
inconscientes, y aun recorre regiones del estado de Jalisco para ani-
marlos a continuar su actitud belicosa.» i
Ciertamente que no reprobaba el prelado la rebelión cristera, sin
embargo, su abstención a ella había sido absoluta, pues desde el prin-
cipio de la lucha había vivido ininterrumpidamente fuera de las zonas
dominadas por los cristeros.
-~ «—En vista, pues —concluyó el reportero—, de que la Iglesia Cató-
lica no ha apoyado la rebelión de los militares ambiciosos (se refería
a Escobar y su grupo), en vista de que un representante de la Iglesia
ha hecho una declaración apoyando al gobierno (era absurdo darle a
un miembro de la Iglesia representación total de la misma) y de que
las altas autoridades de la Iglesia no apoyan la rebelión de los faná-
ticos (falso, pues el movimiento había sido declarado lícito por el Co-
mité Episcopal), ¿no le parece a usted, señor presidente, que es posi-
ble que, después de terminar definitivamente con la rebelión militar,
haya más. posibilidades de un entendimiento entre el gobierno y la
Iglesia? i
»Respuesta: —De parte del gobierno de Méjico no hay inconve-
niente alguno para que la. Iglesia Católica reanude sus cultos cuando
lo desee, con la seguridad de que ninguna autoridad la hostilizará,
Méjico Cristero ? i f 433
siempre y cuando los representativos de la propia Iglesia se sujeten a
las leyes que rigen la materia de cultos, cumplan con -todo lo que las
mismas previenen y se muestren respetuosos de las autoridades legal-
mente constituidas.» * ; i
_Y aunque parezca grotesco, fueron estas declaraciones las que tomó
Mons. Fumassoni Biondi, delegado apostólico en Washington, influen-
ciado sin duda por el Departamento de Estado norteamericano, -como
cordial invitación para llegar a un acuerdo, y llamó con urgencia a
Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, recién llegado de Roma, para orde-
narle que “hiciera una declaración contestando al presidente Emilio
Portes Gil”.
El día 2 de mayo de 1929, el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores hizo
a la prensa americana las siguientes declaraciones:
«El conflicto religioso en Méjico no fue motivado por ninguna causá
que no pueda ser corregida por hombres de buena voluntad. Como
una prueba de buena voluntad, las palabras del presidente Portes Gil
son de mucha importancia. La Iglesia y sus ministros están prepara-
dos para cooperar con él en todo esfuerzo justo y moral para el mejo-
tamiento del pueblo mejicano.
»No pudiendo en conciencia aceptar la ley que ha sido puesta en
vigor en el país, la Iglesia Católica —no por capricho, sing como un
solemne deber—, encontró necesario suspender completamente todos
los actos públicos del culto. Con sincero respeto pido al gobierno de
mi país que reconsidere la legislación existente con un espíritu de sin-
cero patriotismo y buena voluntad, para dar los pasos necesarios para
eliminar la confusión entre la religión y la política y preparar el ca-
mino para una era de verdadera paz y tranquilidad. . .» *
Portes Gil entregó a la prensa metropolitana nuevas declaraciones;
en ellas no hacía referencia alguna a posibles cambios en la legislación
“porque «desde hacía más de medio siglo, el gobierno mejicano no tenía
relaciones oficiales con el Vaticano y que, como el arzobispo Ruiz indu-
dablemente sabía, las leyes de Méjico prohiben fales relaciones oficia-
les. Sin embargo, esto no impide al gobierno cambiar impresiones con
ministros de la Iglesia Católica, o de una manera personal tener plá-
ticas con dignatarios de la Iglesia acerca del aleance y la interpreta-
ción de las leyes aplicables al clero... Si el arzobispo Ruiz desease
discutir conmigo el modo de conseguir la cooperación en el esfuerzo
moral para mejorar al pueblo mejicano, que él desea, no tendria incon-
veniente en tratar con él sobre la materia.»
MÉXICO CRISTERO.—28
434 i Antonio Rius Facius
-El juego estaba en marcha y las cartas boca arriba. La revista
católica The Commonweal, editada en Nueva York, lo dio a conocer
én un artículo publicado en su número del 22 de mayo de 1929, en el
que decía:
«Desde el punto de vista católico, las declaraciones hechas por el
señor Ruiz y Flores, casi son iguales a las que hizo a The Commonweal
hace más de un año el señor obispo Pascual Díaz. Lo de que la. Iglesia
y. sus ministros están dispuestos a cooperar con él (Portes Gil) en todo
esfuerzo justo y moral que se haga para el bienestar del pueblo, sig-
ifea, antes que nada; que los jefes del catolicismo aceptarían la dis-
cusión de un modus vivendi con el gobierno. Pero, no sabemos por
Qué síngular motivo, él presidente Portes Gil parece estar satisfechf-
simo con las palabras del señor Ruiz. En un telegrama de la prensa
se dice“; que Portes Gil vería con agrado la realización de conferencias
con las autoridades aclesiásticas. Que se nos perdone la imagen que
hos presenta: en esto vemos un escenario en el fondo, y un actor en él,
pero “el personaje más importante en la representación queda casi
oculto. Es, a un mismo tiempo, el empresario, director y. apuntador.
Y se llama Morrow.»
Efectivamente, el probónsul americano, en una visita hecha a Wash-
ington, había transmitido un mensaje personal de Portes Gil a Mons,
Pedro. Fumassoni Biondi, el cual partió inmediatamente para Roma, ér
un viaje. extra rápido de ida y vuelta, de entrada por salida, mientras
Mons, Ruiz y Flores visitaba al embajador mejicano en Washington,
Manyel G. Téllez, para-entregarle una carta destinada a Portes Gil, en
la que le decía' no: poder conferenciar con él, pues carecía de la repre-
sentación del episcopado y del Papa.
- El diario: Excélsior, editado en la capital de la República Mejicana,
en su número correspondiente al 14 de mayo de 1929, dio a conocer
este cable: .
= : «Washington, “mayo 13. —El arreglo de laca cuestión cd de Mé-
jico durante el verano de este año, es juzgado como muy probable en
los centros: diplomáticos de Washington que están capacitados para
hacer predicciones. Se espera de un día a otro que lleguen órdenes
del Vaticano, para' que el arzobispo Leopoldo Ruiz y Flores regrese
a la ciudad de Méjico, a-fin de conferenciar con el presidente provi-
sional, licenciado Emilio'Portes Gil, y arreglar una junta entre el en-
viado personal del Papa y los representantes del gobierno mejicano. ..
Méjico Cristero i 435
»En ciertos círculos de esta ciudad se declara que se ha llegado a
la actual situación, en gran parte gracias a las gestiones diplomáticas.
En los mismos centros se dice que Morrow está resuelto a que las ne-
gociaciones sean llevadas a feliz conclusión y que ha empleado come-
didamente la influencia del Departamento de Estado sobre el diia
mejicano para lograr una transacción.
»A Monseñor Fumassoni Biondi, delegado apostólico en los Estados
Unidos, quizá le haya dado el Vaticano las instrucciones necesarias
que permitan la preparación de un arreglo con el gobierno del licen-
ciado Portes Gil.» 3
Ese mismo día telegrafió Mons, Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo
de Morelia y presidente del Comité Episcopal, a algunos prelados de
la jerarquía católica en Méjico, el siguiente mensaje:
«Orden superior ruégole telegrafiarme si en principio vota acepta-
ción conferencia arreglo.»
` Mons. Manuel Azpeitia y Palomar, obispo de Tepic, en declaracio-
nes hechas a un diario comentó «que no es ilógico suponer, porque no
conozco al detalle el criterio de cada uno de mis V.V, Hermanos, que
la respuesta del episcopado mejicano (que ha admirado al mundo por
su disciplina y unión hasta el sacrificio), será uniformemente afirma-
tiva». Porque, ¿quién de los obispos podía negarse a obedecer una
orden. superior, suponiblemente del papa Pío XI, y más para aceptar
que se llevaran a cabo conferencias en busca de un arreglo? |
« Sin embargo, Mons. Ruiz y Flores y Mons. Fumassoni Biondi, die-
ron a dichas respuestas el valor de una votación unánime para nom-
brar representante del episcopado al primero, y así lo hicieron saber
al Vaticano.
El día 16 de mayo llegó Mons. Pedro Fumassoni Biondi a Wash-
ington, portador del nombramiento de delegado apostólico “ad refe-
rendum” en Méjico, a favor de Mons. Ruiz y Flores, lo cual quería
decir que su misión era únicamente la de conferenciar e informar a la
Santa Sede los resultados de sus gestiones.
- Mons, Leopoldo Ruiz y Flores, con este nombramiento en el bolsillo,
hizo saber al embajador Téllez que estaba dispuesto a trasladarse a
Méjico, e invitó, por indicaciones del delegado apostólico en Washing-
ton, al único obispo que había mostrado decidido empeño en transar con
el callismo, Mons. Pascual Díaz Barreto, para que lo acompañase en
su viaje a Méjico, en busca de «un convenio cuyos lineamientos habían
z
436 Antonio Rius Facius
sido ya trazados por las agencias de los diplomáticos, los señores Mor-
row y Cruchaga Tocornal, oyendo las sugestiones de la jerarquía ame-
ricana y especialmente las opiniones de algunos distinguidos sacerdotes
que mucho se interesaban por nuestro país, debiendo mencionarse a
los señores Wilfrid Parsons, S. J., Edmundo Walsh, S. J., y John
Burke.» ??
Dado el cauce que tomaban los acontecimientos, cundió el temor
entre todos aquellos que, en una u otra forma, se hallaban compro-
metidos en la heroica defensa de la Iglesia, Nuevas voces de protesta
se dejaron oir, pero su eco fue apagado antes de llegar a Roma.
En el diario La Opinión, de Los Angeles, California, fue dado a co-
nocer el siguiente telegrama:
«Washington, mayo 31.—...En algunos círculos se afirma que el
embajador Morrow ha sido un factor importante en el entendimiento
a que se ha llegado entre la Iglesia y el gobierno, y hasta se llega a
afirmar que el propio gobierno de los Estados Unidos ha ejercido su
poderosa presión en favor de un pronto acuerdo. Este gobierno, se
asegura, ha obrado así en la creencia de que no podrá haber estabi-
lidad permanente en Méjico mientras la cuestión religiosa permanezca
indefinida.» *
Los prelados y Mr. Morrow.—El día 5 de junio de 1929 salieron de
Washington los dos obispos mejicanos y el procónsul americano, éstos
por la línea del ferrocarril de Pennsylvania y el segundo por la del
Baltimore and Ohio, llegando los tres a San Luis Missouri casi a la
misma hora.
«En San Luis Missouri Mr. Morrow mandó poner su carro especial
en el mismo tren en que nosotros veníamos a Méjico —cuenta Mons.
Ruiz y Flores—, y a poco de salir de San Luis nos mandó un recado
con su secretario para que pasáramos 'a su carro especial a conferen-
ciar con él. Se informó de las condiciones que pondríamos al gobierno
para reanudar el culto, tomó nota, cenamos juntos y nos despedimos.
»En resumen le dijimos que todo nuestro anhelo era ver derogadas
las leyes antirreligiosas y que si el gobierno, antes de derogar las leyes
quería algún arreglo, el Papa sin duda no lo aceptaría sino a base del
reconocimiento de la Iglesia con sus derechos de vivir y de funcionar
con expreso reconocimiento de la jerarquía y de las libertades indis-
pensables de poseer iglesias, anexos, casas curales, episcopales, semi-
narios, ete., y libertad de enseñanza.» %
Méjico Cristero . 437
Los propósitos eran buenos ¡qué duda cabe!, y en San Antonio,
Tejaş, Morrow hizo desenganchar su carro para no llegar en el mismo
convdy a la ciudad de Méjico, cosa en exceso impolítica.
Al cruzar la frontera, los obispos fueron tratados con todo comedi-
miento y continuaron su viaje hacia la ciudad de Méjico, dando orden
estricta al criado encargado del carro dormitorio de que no permitiese
a nadie entrar al gabinete que ocupaban. En la estación de Huehue-
toca, después de haber pasado Querétaro, recibieron una carta del
padre Walsh y del ministro de Chile, Cruchaga Tocornal, pidiéndoles
que abandonaran el tren una estación antes de la de Tacuba, D. F.,
para evitar que fuesen a hablar con alguien. Así lo hicieron. y de la
estación de Lechería fueron conducidos a una cómoda residencia de
la avenida de los Insurgentes, propiedad de Agustín Legorreta, acau-
dalado banquero.
«En vista de tanta excitación como sabíamos que había —confiesa
Mons. Ruiz y Flores en sus memorias—, nos propusimos no recibir a
nadie, y así fue, ni a los mismos señores obispos quisimos recibir, lo que
causó algunos sentimientos y murmuraciones.» *
No fueron sentimientos y murfmuraciones únicamente, sino protes-
tas indignadas por tan radical actitud: ¿cómo era posible que no qui-
sieran escuchar la opinión de los miembros del Subcomité Episcopal,
ni enterarse siquiera de las negociaciones que con anterioridad se ha-
bían iniciado, para ponerse al tanto de la realidad política y social que
prevalecía en Méjico, y que ellos ignoraban por sus prolongadas ausen-
cias del país?
El día 9 de junio llegaron a Méjico los prelados y prepararon, desde
luego, un escrito para Portes Gil, en el que no le decían cosa distinta
de lo que a Mr. Morrow habían dicho.
Tres días después fueron recibidos por el presidente, a quien leyeron
su mémorándum, comentando punto por punto lo que llevaban escrito
referente 'a la necesidad «de derogar algunas leyes relativas al culto,
pero que considerando que esto requeriría tiempo —escribió después el
` mismo Mons. Ruiz y Flores—, estaba yo cierto de que el Santo Padre
se contentaría con declaraciones oficiales que reconocieran la jerarquía
episcopal, que el registro de sacerdotes no se hiciera sino con depen-
dencia de sus respectivos obispos, y de que se suavizaran cuanto más
fuera posible las leyes ya dadas en cuanto al número de sacerdotes y
, condiciones que se les imponían para su ejercicio, como lo eran las de
Tabasco, que exigían el matrimonio civil de los sacerdotes.» %
438 =- Antonio Rius Facius
Portes Gil se dio cuenta que tenía la partida ganada y contestó a
los obispos que pensaría y estudiaría el asunto, y después les contes-
taría. Estos salieron de la entrevista con la más ingenua de las ale-
grias reflejada en el rostro.
Sin contestar a ningún punto del memorándum, —que anticipada-
mete habían reconocido inaceptable sus propios autores,— Portes Gil
les envió un borrador con la declaración genérica de «que la Iglesia
podía reanudar el culto conforme a las leyes, y que él creía que con
eso bastaba.» *
Pero Mons. Díaz y Mons. Ruiz y Flores sintieron colo de en-
viar eso a la Santa Sede y, en una nueva entrevista celebrada con el
presidente, le respondieron que no se atrevían a informar al Papa sobre
esas simples declaraciones para ser consideradas como un arreglo.
En la tarde del 18 de junio se presentó Mr. Morrow, el embajador
americano, en casa de los mitrados, llevándoles un ejemplar en inglés
de nuevas declaraciones en las que se fijaba la inalterable actitud del
gob'erno mejicano ante el problema religioso.
Mr. Morrow convenció a sus amigos que eso era lo más que podía
conseguirse, por lo que era inútil insistir. Los obispos respondieron a
su servicial intermediario que no podían tomar resolución alguna antes
de consultarlo.con el Papa. 5
«Inmediatamente después vinieron el padre Walsh y el señor Crú-
chaga, de la embajada de Chile —ha escrito Mons. Ruiz y Flores—
a decirme que ellos créan suficientes las declaraciones del presidente
para reanudar el culto, y que asi lo harían saber a Roma al enviar yo
por medio de la embajada de Chile, en clave, el texto de las declara-
ciones.» *
Para d efecto redactaron un cable dirigido a su ida Pio XI,
que presentaron a Portes Gil para sú aprobación antes de que fuera
enviado a su destino.
La opinión valiosísima de sus hermanos del episcopado fue pasada
por alto, porque para ellos, y para los seglares que en el campo y en
la ciudad exponían su vida por la santa causa de Cristo Rey, estaba
vedada la entrada a su residencia; en esta-forma no podía nadie dar
a conocer oportunamente su opinión y su verdad al Romano Pontífice.
.si arreglos pueden llamarse.—«El día 29 de iunio por la tarde
recibí telegrama cifrado del Santo Padr
escrito por Mons. Ruiz y Flores, bastante explícito por sí mismo sobre
Méjico Cristero 439
la increíble ligereza con que obraron y la decisiva ingerencia dėl. pro-
cónsul. Morrow en esta vergonzosa capitulación suya y de Mons. Pas-
cual Díaz— por conducto de la delegación de Chile, diciéndome :que
me autorizaba para firmar la reanudación del culto, siempre quese
estipulara con el Gobierno: ;
»I.—Amnistía general para todos los levantados en armas, que qui-
sieran rendirse; É
»II.—Que se devolvieran las casas curales y las ia, y
»T11.—Que de alguna manera se garantizara, la estabilidad de esas
devoluciones.
»Al día siguiente, 21 de junio, a. eso de las 11 del dia, pas al
palacio nacional el señor Díaz y yo; nos recibió el señor presidente,
le enseñamos el telegrama que se acababa de recibir de Roma y en
seguida mandó llamar al señor Canales, que fungía como secretario
de Gobernación, y le ordenó: primero, que inmediatamente comuni-
cara a los jefes de armas de todos los lugares donde hubiera gente
levantada- en armas, que dieran amnistía a todos los que quisieran
rendirse, dando a los simples soldados pasajes gratuitos a cualquier
“punto de la República adonde quisieran irse y dejando a los oficiales
su pistola. Segundo, dijo al mismo señor. Canales que ordenara la devo-
lución de todas las iglesias y casas curales y episcopales que .no estu-
vieran ocupadas con algura oficina del gobierno, v que en cuanto a
las demás, se procurara desocuparlas para devolverlas.
»En cuanto a la garantía que se le pedía, nos dijo que por:lo que a
él miraba no daría un paso atrás en el arreglo que íbamos a firmar:
»Entonces nos presentó los ejemplares de sus declaraciones y mías;
que también habían sido preparadas por Mr. Morrow, y làs firmamos
en seguida. Nos suplicó que no dijéramos ni una palabra a los perió-
dicos, porque esa tarde él entregaría las declaraciones a los mismos
para su publicación y que saldrían en el Diario Oficial.» © `
Así, sin más garantías ni más nada, el delegado apostólico ad refe?
réndum y su compañero el obispo de Tabasco, se plegaron a las con-
diciones gue Mr. Morrow les impuso, por igual, a ellos y a Portes Gil;
después de todo, creían haber cumplido su delicada y trascendental
misión informando previamente al Papa sobre una realidad que estaba
lejos de ser cierta, debido a su falta de comunicación con todos aquellos
. que podían haberles orientado. Y, para poner fin a esa prolongada sis
tuación, de graves consecuencias para el pueblo que carecía de asisten“
440 Antonio Rius Facius
cia eclesiástica, los obispos se dispusieron a firmar el documento que
se les puso delante:
«Aquí cabe aclarar —sigue la confesión del delegado— que a mí
me repugnaba la frase de mis declaraciones en que se dice que el culto
se reanudaría de acuerdo con las leyes vigentes. Yo quería cambiarla,
pero me hicieron observar gue cuanto yo declarara estaba ya contenido
en las declaraciones del señor Portes Gil.» *
En seguida, antes de firmar, el presidente Emilio Portes Gil vio la
oportunidad de redondear su triunfo mostrando su desprecio hacia los
más distinguidos prelados de la jerarquía católica y pidió que el obispo
de Guadalajara, Mons. Francisco Orozco y Jiménez; el de Durango,
Mons. José María González y Valencia, y el de Huejutla, Mons. José
de Jesús Manríquez y Zárate, permanecieran en el exilio indefinida-
mente, suponiendo equivocadamente que Mons. Orozco y Jiménez es-
taba fuera del territorio nacional.
El delegado apostólico reaccionó con débil energía para protestar
por esa nueva condición, pero Portes Gil, más hábil, le respondió son-
riente: «Mi petición es una indicación y no una condición. Si hago
esa petición es contando con la buena voluntad que ustedes demues-
tran pará cooperar a la pacificación del país, y yo creo que la ausencia
„de estos señores es necesaria por algún tiempo.» *
Mons, Ruiz y Flores quedó satisfechísimo con tal explicación y
firmó la declaración que Mr. Morrow había preparado. ,
«Eran como las dos de la tarde cuando terminamos con la audiencia
—sigue relatando Mons. Ruiz y Flores— e inmediatamente el señor
“Díaz y yo nos fuimos a la basílica de Guadalupe a dar gracias a la
Santísima Virgen, subimos hasta el altar mayor sin que nadie nos cono-
ciera, estuvimos ahí un buen rato rezando y, antes de levantarros, le
dije al señor Díaz: “Le tengo que dar la noticia de que usted es el arzo-
bispo de Méjico; conságrele aquí a María Santísima su episcopado”.»*.
El aludido se volvió sorprendido y exclamó: “Hombre, ¡qué bar-
baridad!”
Días antes, por medio de la embajada de Chile, había comunicado
su propósito al Santo Padre y, por medio de la Delegación Apostólica
de Washington, recibió respuesta afirmativa.
El 22 de junio de 1929 aparecieron en la prensa nacional las decla-
raciones, mal traducidas de su borrador en inglés, escritas en papel
blanco, sin membrete oficial alguno, suscritas por el presidente, que
contenían el arreglo al que habían llegado:
7 He tenido pláticas con el Arzobispo Ruiz y Flores y el
“Obispo Pascual Díaz. Estas pláticas tuvieron lugar como »
' resultado de las declaraciones públicas hechas por el Arzo-
bispo Ruíz y Flores en mayo 2 y las declaraciones hechas --
por mí en mayo 8. :
El Arzobispo Ruíz y Flores y el Obispo Díaz me manifes.
taron que los Obispos mexicanos han creído qe la Constitu-
ción y las leyes, especialmente la disposic ón que requiere
el registro de ministros y la que concede a los Estados el- -
derecho de determinar el número de sacerdotes, amenazan la-
identidad de la Iglesia dando al Estado el control de sus -
oficios espirituales.
Ne aseguran que los Obispos mexicanos están animados -
por un sincero patriotismo y que tienen el deseo de reanu».-
dar el culto público, si esto puede hacerse de acuerdo con-
su lealtad a la República Mexicana Y sus conciencias. -
clararon que eso podría hacerze si la Iglesia pudiera gozar
_de libertad, dentro de la ley, para vivir y ejercitar sus -
oficios espirituales. i
Gustoso aprovecho ésta oportunidad para đeclarar publi
camente, con toda claridad, que no es el £nimo de la Consti
tución, ni de las leyes, ní del Gobierno de la República, -
doctrulr la identidad de la Iglesia Católica, ni de ninguna
otra, ni intervenir en manera alguna en Sus funciones espi-
rituales. De acuerdo con la protesta que rendí cuando asy
mí el Gobierno Provisional de México, de cumplir y hacer --
cumplir la Constitución de la República y las leyes que de-
ella emanen, mi propósito ha sido en todo tiempo cumplir hg
nestamente con esa protesta y vigilar que las leyes séan --
aplicadas sin tendencia sectarista y sin prejuicio alguno,-
«estando dispuesta la Administración que es a mi cargo, a ey
cuchar de cualquiera persona, ya sea dignatario de alguna -
Iglesia o simplemente de un particular, las quejas que pue-
da tener respecto a las injusticias que se cometan por la -=
¿indebida aplicación de las leyes.
Con referencia a ciertos artículos de la Ley que han -
sido mal comprendidos, tambien aprovecho ésta oportunidad -
para declarar: .
l.= Que el artículo de la Ley que determina el regis
tro de ministros, no significa que el Gobierno pueda regis-.
-trar a aquellos que no hayan sido nombrados por el superior
gerárquico del credo religioso respectivo, o conforme a las
reglas del propio credo.
2ə- En lo que respecta a la enseñanza relígiosa la -
Constitución y leyes vigentes prohíben en manera terninente
que se imparta en las escuelas primarias y superiores, ofí-
ciales o particulares, pero esto no impide que en el recin-
442 p l Antonio Rius Facius:
parc Ô scun
to de la Iglesia, los ministros de cualesquiera religión £m-
partan sus doctrinas a las personas mayores o a los hijos de
estas que acudan para tal objeto. `
3.- Que tanto la Constitución como las leyes del país
garantizan a todo habitante de la República el derecho de pe
tición, y en ega virtud, los miembros de cualesquiera Igle -
sia pueden dirijirse a las autoridades que corresponda para-
la reforma, derogación o expedición de cualesquier:
Palacio Nacional, junio 21 de 1.929.
El Presidente de
Estas declaraciones fueron complementadas por las siguientes, que
firmó el arzobispo de Morelia: .
«El obispo Díaz y yo hemos tenido varias conferencias con el C. pre-
sidente de la República y sus resultados se ponen de manifiesto en las
declaraciones que hoy expidió. f ,
»Me satisface manifestar que todas las conversaciones se han sig-
nificado por un espíritu de mutua buena voluntad y respeto. Como
-consecuencia de dichas declaraciones hechas por el C. presidente, el
clero mejicano reanudará los servicios religiosos de acuerdo con las.
leyes vigentes.
>»Yo abrigo la esperanza que la reanudación de los servicios reli-
giosos pueda conducir al pueblo mejicano, animado por un espíritu de
buena voluntad, a cooperar en todos los esfuerzos morales que se hagan
para beneficio de todos los de la tierra de nuestros mayores.»
Méjico Cristero l 443
Sa
Harold Nicholson, autor yanqui, en la biografía del procónsul dice:
. «El domingo 30 de junio '(junio:27) de 1929, todas las iglesias de
Méjico volvieron a abrirse.. Morrow se había ido la tarde anterior a
Cuernavaca; pero fue despertado al amanecer por el repique de las
campanas de la catedral y de las otras iglesias, echadas a vuelo repen- -
tinamente después de tres años de silencio. El embajador gritó a su
esposa: ¡Betty!, ¿oyes eso? ¡Yo he abierto las iglesias de Méjico!» ”
Participantes directos.en los “arreglos” (el apuntador y director, Mr. Morrow,
no aparece «en la gráfica). De izquierda a derecha: Mr. Edmond Walsh, Mons.
Ruiz y Flores, Sergio Mont, chileno; Mons. Pascual Díaz y el embajador de Chile,
Miguel Cruchaga.
Mons. Ruiz y Flores puso este telegrama el mismo día en que el
modus vivendi se concertó, al padre John J. Burke, secretario de la
National Catholic Wellfere Conferefce, quien, junto con Morrow, había
sido de los iniciadores de la realización de ese plan: «La obra de recon-
ciliación entre la Iglesia y el gobierno de Méjico, emprendida en nombre
de la scwc, bajo los auspicios del delegado apostólico, Mons. Fumas-
- e > Ñ . E
344 Antonio Rius Facius
————_—_—___ AAA A A A A
soni Biondi, desde marzo del año pasado, ha sido coronada con los
documentos oficiales firmados el día de hoy, como primer paso enca-
minado a una solución definitiva. Que Dios bendiga a los obispos,
clero y pueblo de los Estados Unidos, que bondadosamente estuvieron
a nuestro lado en los días de prueba.»
XXXVII
LICENCIAMIENTO DE LA GUARDIA NACIONAL
Nuevo jefe supremo de la Guardia Nacional.—Con-
diciones impuestas a Portes Gil.—Ultimo mensaje a
los cristeros.—Represalias.
Nuevo jefe supremo de la Guardia Nacional.—La muerte del gene-
ral Gorostieta Velarde fue rudo golpe para todos los cristeros, que le
' querían y admiraban por sus grandes dotes de militar y caballero, pero
ninguno sintió temor; su fe en la justicia de la causa que defendían
los hacía invulnerables al desaliento.
Aunque se había frustrado por el momento el ataque a la ciudad
de Guadalajara, la Guardia Nacional preparaba el simultáneo asalto a
Ciudad Guzmán, Jal., y a la capital de Colima. Los cristeros no habían
sido vencidos y, para continuar la lucha, el general Jesús Degollado
Guízar recibió, por conducto de Luis Beltrán, el nombramiento de jefe
supremo del movimiento.
—¡Esto no puede ser! —exclamó admirado el general y, desafiando
los peligros del camino, marchó a Guadalajara para entrevistarse con
Beltrán, a quien pidió que enviase una persona de confianza a la ciu-
dad de Méjico para comunicar a la Liga que no aceptaba ese puesto,
por no considerarse lo suficientemente capaz para desempeñarlo.- ,
Jorge Téllez había sido jefe de Degollado en la Liga, y a él se le
confió la delicada misión de consultar con el Comité Directivo de
la Liga. Al tercer día regresó Jorge con la confirmación del cargo; el
general Degollado, plenamente consciente de su juramento de obedien-
cia, lo aceptó. Jorge Téllez escribió un manifiesto que fue firmado por
445
446 Antonio Rius Facius
el general Degollado y enviado para su publicación a todos los jefes
con mando de fuerzas.
El nuevo jefe supremo de la Guardia Nacional nombró jefe de Ope-
raciones en su antigua División al general José Gutiérrez G., ascendió
a general al segundo jefe de la columna volante de la División, Miguel
Méndez, y al general Bouquet, extendió nombramiento de jefe de su
Estado Mayor.
La ofensiva general emprendida en aquellos días por el gobierno,
no causó entre los cristeros tanta conmoción como el simple anuncio
de los arreglos.
El Comité Directivo de la Liga, al enterarse de ellos, envió un re-
presentante al nuevo delegado apostólico para preguntarle qué debe- *
rían hacer los jefes de la defensa armada, pues suponían que era deseo
de Su Santidad, que para ellos equivalía a una orden, la deposición de
las armas que tan gloriosamente habían empuñado durante tres largos
años.
Mons. Ruiz y Flores respondió “que lo indicado era darles a cono-
cer la amnistía que el presidente había ordenado”.
Los primeros grupos cristeros comenzaron a desintegrarse, confia-
dos en que el arreglo había sido definitivo, pues la razón principal de
su lucha, la libertad de la Iglesia; parecía haber sido alcanzada.
El general Degollado Guizar recibió varias cartas de algunos jefes
«en las que se le comunicaba que, como ya había misas, ya no era lícito
seguir peleando y que los siguiera manteniendo el pueblo; que si se-
guían peleando, sería ya por bandidos.» f
«La situación se hacía imposible: sacerdotes hubo que dijeron que
ya era pecado mortal seguir dándoles de comer a los cristeros.» ?
Realizando un viaje tan arriesgado cuanto pintoresco, el general
Degollado Guízar llegó de incógnito a la ciudad de Méjico y bajó del
tren en la estación de Tacuba, donde lo esperaban Luis Beltrán y otros
amigos. Ese mismo día quedó concertada una entrevista con el Comité
Directivo de la Liga y fue conducido a la casa del licenciado Rafael
Ceniceros y Villarreal. En ella estaba también el licenciado Miguel Pa-
lomar y Vizcarra, el ingeniero Zepeda y otros miembros del Comité.
—El asunto es gravísimo, señor general —dijo Ceniceros y Villa-
rreal—, y quisiéramos saber su opinión.
:—Ante hechos ya consumados creo que la lucha será estéril —res-
pondió el militar cristero— «... El general Prudencio Mendoza, por
indicaciones del señor cura Gabriel González, si no se ha presentado,
a
Méjico Cristero - 447
v
lo hará con o sin orden superior. El padre Ríos, de Aguililla, en un
avión facilitado por el callista Lázaro Cárdenas, anda en gestiones para
que las tropas nuestras se rindan. Es un hecho consumado que el ge-
‘neral Miguel Hernández, de Los Altos, ya se presentó. Igual cosa hizo
el padre Pérez Aldape en la misma región... Aun cuando algunos pre-
lados y sacerdotes están con nosotros, muchos están en contra...» ”
Después de un largo debate se llegó al acuerdo de licenciar a la
Guardia Nacional.
Condiciones impuestas a Portes Gil.—-El general Degollado Guízar
encomendó a Luis Beltrán la delicada misión de entregar al presidente
sus condiciones para llevar a cabo el licenciamiento. Luis, sin temor
a represalias, dada su significada actuación en la lucha armada, se pre-
sentó ante Portes Gil con una recomendación del delegado apostólico:
'“«—Soy un enviado de mi general Degollado para tratar con usted
el asunto del licenciamiento de la: Guardia Nacional.
—>Bien —contestó Portes Gil—, puede usted exponer las condi-
ciones.
—»La primera condición es que usted me dé una carta para que
pongan en libertad a la esposa del general, (La señora Degollado había
sido apresada en Guadalajara por los esbirros del gobierno).
_»—Eso no lo puedo admitir —contestó Portes Gil.»
(El presidente pensaba seguramente que a todos los católicos podía
imponerles su voluntad o la de otros.)
. «—Entonces, con su permiso; me retiro, señor presidente.
.. »—No se retire usted, escúcheme: que la señora de Degollado quede
detenida en la casa que él señale, pero en libertad, no.
»—No, señor presidente, yo no puedo aceptar eso: mi general dijo
que si no obtiene esa carta, no entra en arreglos, porque no es honor
para él tratar con los carceleros de su esposa.
»—Yo no puedo reconocer a ese señor personalidad. Ya sabemos
dónde está él y lo detendremos si está con esa exigencia.
»—Puede usted ordenar lo que guste; pero le aseguro a usted que
el general Degollado no entrará en tratado alguno mientras no tenga
en su poder la carta de usted que ordene la Hbertad de la señora Dego-
llado.
»—Señorita —dijo Portes Gil a una secretarii—: i voy a redactar
una carta para que la haga usted inmediatamente.» °
448 ` l Antonio Rius Facius
,
Hasta que el decidido acejotamero tuvo en sus manos la orden
de libertar a la señora Degollado, no entregó las condiciones impuestas
por el general para el licenciamiento de sus cristeros. Estas condicio-
nes, aceptadas pqr el presidente de la República, fueron las siguientes:
«I.—Garantías plenas de vidas e intereses para que puedan regre-
sar a sus hogares todos los generales, jefes, oficiales y soldados de la
Guardia Nacional.
»II—Garantías plenas de vidas e intereses para todos los civiles,
que en cualquier forma hayan ayudado al movimiento de la defensa
de la libertad religiosa.
»TI1.—Libertad absoluta de todos los presos por la cuestión religiosa,
ya sean civiles o miembros de la Guardia Nacional.
»IV.—Sobreseimiento de los juicios incoados contra los católicos,
con motivo de la cuestión religiosa.
»V.—Repatriación de los desterrados por el mismo motivo.
»VI.—Entrega de veinticinco pesos por rifle a los soldados de la
‘Guardia Nacional que entreguen su arma, adjudicándoles sus caballos
a los que los necesiten.
»VIL—A los jefes y oficiales se les permitirán la portación de sus
pistolas, con la licencia respectiva de portación de armas y salvocon-
ductos, y un auxilio en metálico a juicio de los jefes de Operaciones.
>»VIIL.—Que se den las facilidades necesarias para que puedan des-
arrollarse los trabajos.
»IX.—Que el licenciamiento de las tropas de la Guardia Nacional,
sea ante los jefes de Operaciones.» ?”
Portes Gil no tuvo empacho en aceptar estas bases a sabiendas de
que no las cumpliría: ¡Para ello contaba con la vigencia de las leyes
persecutorias y la fuerza de la anarquía sembrada en las filas católicas
con la sumisión firmada por los monseñores Díaz, y Ruiz y Flores!
Ultimo mensaje a los cristeros.—Luis Beltrán salió inmediatamente
hacia Guadalajara para poner en libertad a la esposa del jefe supremo
de la Guardia Nacional. Éste procedió, después, al licenciamiento de
sus tropas invencibles, a quienes dirigió un emotivo mensaje, del que
son estos párrafos en los que destaca el espíritu de fidelidad y obe-
diencia hacia la Iglesia: -
«Su santidad el Papa, por medio del excelentísimo señor delegado
apostólico, ha dispuesto: por razones que no conocemos, pero que, como
católicos, acatamos, que sin derogar las leyes, se reanudaran los cul-
Méjico Cristero i 449
tos, y que el sacerdote, poniéndose en cierto modo al amparo de ellas,
comenzase a ejercer su ministerio públicamente. En a acto; nuestra
situación, compañeros, ha cambiado. . :
»El pátriotismo, el mismo amor que profesamos a la santa causa
` por la cual hemos combatido sin tregua, nos exigía, a pesar de que
nos desgarra el alma, el procurar que desde luego cesase la contienda
bélica. En realidad, el arreglo inicial concertado entre el excelentí,
simo delegado apostólico y el licenciado Portes Gil nos ha arrebatado
lo más noble, lo más santo que figuraba en nuestra bandera, pese el
momento en :
que la Iglesia
ha declarado
que, por de
pronto, se re-
signa con lo
obtenido, y que
espera llegar,
por otros me-
dios, a la recon-
quista de las
libertades que
necesita y a las
que tiene legí-
timo derecho.
En consecuen-
«cia, la Guardia Reunión de los principales directores de la Liga en la ciudad
“Nacional ha de Ke "Rafael Ceniceros Villarreal. 2.—General
i : Jesús Degollado Guizar, 3.—Lic. Miguel Palomar y Vizcarra.
S tod a 4—José Rebollo. 5.—Angel Castillo. 6.—Alfonso Guerrero.
ce responsabili- 7. —Presbitero José Jiménez. 8.—Angel Galarza. 9.—Enrique
dad de la con- Ricoi. 10.—José Posada Ortiz. 11.—Norberto Garcia,
tienda, pero esa
. responsabilidad no le será imputada desde el 21 de junio próximo
«pasado: la actual situación no ha sido creada ni apetecida por ella...
»Debemos, compañeros, acatar reverentes los decretos ineluctables
de la Providencia: cierto que no hemos completado la victoria; pero
nos cabe, como cristianos, una satisfacción íntima mucho más rica
para el alma: el cumplimiento del deber y el ofrecer a la Iglesia y a
Cristo el más preciado de nuestros holocaustos, el de ver rotos, ante
“el mundo, nuestros ideales, pero abrigando, sí, ¡Vive Dios!, la convic-
`, MÉXICO CRISTERO.—29
450 Antonio Rius Facius
ción sobrenatural que nuestra fe mantiene y alimenta, de que al fin
Cristo Rey reinará en Méjico, no a medias, sino como Soberano abso-
luto sobre las almas.
»Como hombres, cábenos también otra satisfacción que jamás po-
drán arrebatarnos nuestros contrarios: La Guardia Nacional desapa-
rece, no vencida por nuestros enemigos, sino, en realidad, abandonada
por aquéllos que debían' recibir, lós primeros, el fruto valioso de sus
sacrificios y abnegaciones. ¡Ave, Cristo, los que por ti vamos a la humi-
lación, al destierro, tal vez a una muerte ingloriosa, víctimas de nues-
tros enemigos, con el más fervoroso de nuestros amores, te saludamos,
$, una vez más, te aclamamos Rey de nuestra patria.» ?
¡"Y sin-rendirse abandonaron la lucha bélica los cristeros, conven-
cidos de que acataban con ello un deseo de su santidad Pío XI.
.. El delegado apostólico informó al Santo Padre que la amnistía de
stos exigida al gobierno había sido concedida, sin puntualizar que
dicha concesión se limitaba a una simple promesa verbal del presi-
ente, que no fue ni siquierá estipulada en las declaraciones porque
kno creí —sigo el relato de Mons. Ruiz y Flores— que quedara esto
n estipulaciones escritas y firmadas por ambas partes, poraue tenía
la de testigo por mi parte al señor obispo Díaz y por parte del presi-
dente al licenciado Canales.» °
: Así, de hecho, fueron abandonados los cristeros a su ingrata suerte
E quienes no midieron a gran responsabilidad contraída de garan-
izar sus vidas.. :
Represalias.—Y los atentados se multiplicaron de una manera cier-
tamente alarmante.
«Había varias quejas de que la amnistia —sigue decido Mons.
Ruiz y Flores—, comunicada por el señor presidente alos jefes de
Armas, no había sido obedecida, y que en muchos casos tanto los mis
litares de la Federación como las autoridades locales tomaban ven-
ganza de los que'se habían levantado en armas a pesar de haberse
rendido; yo pasaba estas quejas al señor licenciado Canales y no podía
hacer más.» % ,
Y en medio dẹ la impotencia del arzobispo, fueron cayendo nue-
vas víctimas del odio perseguidor. Entre los primeros estuvo el pundo-
_hgroso general y sacerdote Aristeo Pedroza, que fue fusilado después
de haberse acogido a la amnistía gubernamental.
“Méjico Cristero 451
El general José María Gutiérrez licenció a sus tropas y se amnis-
tió con los hermanos y generales Avila Camacho, para caer asesinado
a mansalva el 8 de diciembre de 1929. Su sentencia de muerte quedó
sellada cuando, a una pregunta que le hicieron los militares sobre si
nunca más volvería a levantarse en armas contra el gobierno, res-
pondió que sí lo volvería a hacer cuando fuese atacada nuevamente
la libertad religiosa,
El día 18 de ese mismo mes, por órdenes de Portes Gil y de Amato,
el general Bouquet fue pasado por las armas en Nogales, Sonora; se
había unido a la protesta nacional que representaba el vasconcelismo.
General Porfirio Mayorquín y algunos de sus compañeros que operaron al occi-
dente del estado de Zacatecas y Acaponeta, Nay. El general Mayorquin fue ase-
sinado después de los “arreglos” en 1931.
El mayor J. Félix Ramírez, jefe cristero y héroe del combate de
El Borbollón, en Ciudad Guzmán, Jal., fue balaceado y muerto por
esbirros del gobierno en el mes de octubre de 1930, al estar colgando
en el frente de su casa unos farolitos para adornar una imagen.
«Se llegó a dar el caso —cuenta el padre Ochoa, testigo de alguno
de aquellos criímenes— de que se ahorcase al antiguo soldado de Cristo
o de que se le fusilase en el propio atrio del templo o plaza principal
del lugar.» ”?
Pero el honor y la palabra empeñada de los cristeros quedó limpia
- de quebrantos. En el campo de lucha se cubrieron de gloria y la san-
gre de tantos y tantos mártires, entre ellos-la de más de doscientos
452 y Antonio Rius Faciús”
«sacerdotes, no fue siembra estéril: la fe del pueblo mejicano recobró |
su fuerza secular.
Portes Gil, en sus memorias, ofreció una síntesis del espectacular.
poderío alcanzado por la Guardia Nacional:
«Inmediatamente después de la terminación del conflicto, se procedió
a amnistiar a todos los elementos que se encontraban levantados en ar-
mas en diversos estados de la República, principalmente en Jalisco, Mi-
choacán, Colima, Durango, Aguas-
calientes, Guanajuato y Querétaro,
encargándose dę tal rendición los
respectivos jefes de Operaciones.
»El número de indiviđuos que
se rindieron al Gobierno pasó de
catorce mil hombres y otras tantas
fueron las armas que entregaron.»
(Armas que les habían arrebatado
heroicamente a los soldados callis-
tas en combate.)
. según los informes que re-
atie la Secretaría de Guerra y Ma-
rina, los muertos por ambas partes.
ascendían mensualmente de 800 a
1,000. Esto, sin contar los daños
materiales causados por incendios,
destrucción de propiedades, vías
férreas, etc., además de la inquié-
tud espiritual ya insoportable que
padecía la nación y que se tradu-
El arzobispo de Guadalajara, Mons. cía en una alteración considerable
Francisco Orozco y Jiménez, que fue i r e e
obligado a salir del país al firmarse de la vida económica.»
los “arreglos.” ¡Y en ese momento de triunfo,
cuando los católicos estaban en po-
sición de imponer condiciones, dos prelados, mal aconsejados y peor.
orientados, hicieron valer su decisiva influencia y opinión para que:
su santidad Pío XI aceptara el modus vivendi que, quiérase reconocer.
o no, sembró profundo desconcierto, no sólo entre los seglares, sino aun
entre muchos de los miembros del episcopado y buena parte del clero..
Entre las condiciones no escritas, pero impuestas por Portes Gil,*
estuvo la de retener en el exilio a Mons. José María González.y Valen-.
Méjico Cristero o 453
cia, arzobispo de Durango, y Mons. José de Jesús Manríquez y Zárate,
obispo de Huejutla. Ambos prelados recibieron un mensaje del dele-
gado apostólico comunicándoles que no podían regresar a su patria por
un tiempo indeterminado.
El arzobispo de Guadalajara, Mons. Francisco Orozco y Jiménez,
fue llamado a Méjico por Mons. Ruiz y Flores, quien le hizo saber su
compromiso de presentarlo al presidente Portes Gil. El gallardo prín-
cipe de la Iglesia abandonó sus montañas y se presentó a su superior
jerárquico y viejo amigo, que había sido condiscípulo suyo en el se-
_minario,
Atendiendo sus instrucciones, Mons. Orozco y Jiménez entregó en
la Secretaría de Gobernación la lista de sacerdotes, que ascendía a más
de quinientos, que deberían. ejercer en su diócesis.
«A los pocos días —eseribió al cabo de algún tiempo el propio arzo-
bispo de Guadalajara—, en la fiesta de San Pedro Apóstol, se abrió
solemnemente el culto público en Guadalajara, a la vez que en la capi-
tal. El mismo día tuve la audiencia con el señor presidente Portes Gil,
acompañado, por indicación mía, de los ilustrísimos señores delegado
apostólico y arzobispo de Méjico: tuve yo la palabra durante una hora,
y haciendo ver que si hasta la fecha había habido divergencia de crite-
rios sobre la manera de obrar en las relaciones con las autoridades civi-
les, de allí en adelante, dadas las nuevas normas de la Santa Sede, que
yo, al igual que los demás prelados, acataban con todo respeto, esperaba
no habría temores de malas inteligencias, Fui oido con excesiva seve-
ridad, o más bien frialdad de parte del presidente; y como conclusión
de todo lo que dije, lo único que él expresó fue, que estando convenido
que saldría del país, debería abandonar la República el día que yo
quisiera; pero que no fuera a ocultarme. He aquí la razón de por qué
me encuentro en este destierro, que como es natural, yo califico de
injusto e ilógico. Dios así lo permite ¡Bendito sea!»
XXXVI
SUMISION DE LOS PRELADOS
į
Los indiferentes.—Portes Gil confirma la derrota de
los prelados.—El arte de ceder perdiendo. —Los últi-
mos rescoldos. o
Los indiferentes.—A los cuatro días de firmadas “las declaraciones
que pusieron fin a la suspensión de cultos, el delegado apostólico pú-
blicó una carta pastoral, escrita en tono conciliador y términos ambi-
guos, que fue leída y aprobada, previamente, por el licenciado Portes
Gil. El presidente, engolosinado con el fácil éxito alcanzado,' ánotó
con lápiz al margen del documento: «Convendría decir algo repro-
kando el recurso de las armas», a lo que respondió el bondadoso pre-
lado: «que ya no podía hacerlo porque el Papa mismo había dicho què
estaban en su derecho los alzados en armas.» %
Esa carta no acabó con las crecientes murmuraciones, a pesar de
„que en ella se le atribuía toda la responsabilidad de los arreglos a
su santidad Pío XI, por haberlos autorizado.
Ingentes problemas quedaban en pie: prelados, clero: y seglares se
preguntaban si, tras las declaraciones publicadas en la prensa; habría
habido algún pacto secreto para devolver, paulatina pero seguramente,
"la libertad a la Iglesia; reconocer y garantizar, por medio de leyes just
tas, los derechos ciudadanos relativos á la educación de los hijos, ala
propiedad, a la práctica de sus creencias religiosas. .
Aún no se apagaban los gritos jubilosos del puéblo, ` que veía ' con
ojos asombrados la reanudación del culto público, cuando un grupo de
madres de familia dirigió desde Guadalajara, el 30 de junio, una aflie-
tiva carta abierta al delegado apostólico y al arzobispo de Méjico: '
455
`
456 ] . Antonio Rius Facius
Á_EÓÓÓ__ AAA óá< A A áqí=>=»=>=z2z.2_ =2=u=uq2q42<2 o O _ q €» €m wm E _A á ( CA A K<Ká—
«Aguijoneadas por la conciencia y llenas de angustia nuestras almas
—decían en ella—, con la mayor veneración suplicamos a vosotros, ilus- -
trísimos y reverendísimos señores, se dignen decir en público si en los
arreglos que tuvieron con el señor presidente de la República, Emilio
Portes Gil, acerca de la cuestión religiosa, se concedió la libertad de
enseñanza.
z Qué va a ser de nuestros hijos si esa libertad no fue concedida
con toda la amplitud necesaria para que nosotras podamos dar a
nuestros hijos la instrucción netamente cristiana, que por deber de con-
ciencia, como católicas, tenemos que darles? ¿Qué va a ser de nues-
tros pobrecitos hijos si esa libertad fue negada y si en todas las escue-
las sigue ejerciendo su imperio el ateísmo oficial?...
»Vosotros,: ilustrísimos y reverendísimos señores, sabéis mejor
que nosotras que no hay ni puede haber neutralidad en el laicismo que
prescribe la Constitución. . .» E
Pero ya era tarde, los arreglos firmados decían:
«En lo que respecta a la enseñanza religiosa, la Constitución y
Jas. leyes «vigentes prohiben de manera terminante que se imparta
.en las escuelas primarias y superiores, oficiales o particulares.»
.:' Las preguntas quedaron sin respuesta. Igual desaire sufrieron a su vez
los dos prelados cuando, por aquellos días, solicitaron ser recibidos
por Plutarco Elías:Calles, el jefe máximo de la Revolución.
Portes Gil, digno discípulo de su protector y maestro, también se negó
.a continuar recibiendo a los mitrados, indicándoles que «para seguir
conferenciando los asuntos que se ofrecieran», podían acudir al licenciado
Canales, a quien, desde entonces, fueron «a ver varias veces, encontrán-
. dolo muy bien dispuesto.»
- Después designaron, para como representantes suyos ante el go-
bierno, a los licenciados Fernando Noriega y Manuel Herrera y Lasso.
«Estos señores se portaron muy bien ——afirmó Mons. Ruiz y Flores—
y consiguieron una circular, la del 15 de agosto de 1929, en que se dė-
elaraban anticonstitucionales muchas de las leyes dadas en los estados,
circular que por desgracia no alcanzó el que se derogara oficialmente
ninguna de dichas leyes, pero sí que no se aplicaran.» *
Portes Gil cónfirma la derrota de los prelados.—No es de extrañar
que así fuera; los compromisos adquiridos por el presidente con el dele-
gado apostólico y su inseparable consejero, Mons. Díaz y Barreto, estu-
vieron limitados únicamente -a las declaraciones hechas a la prensa y
Méjico Cristero 457
así lo afirmó categóricamente Portes Gil: «... el gobierno, represen-
tado por mí, exigió a los delegados de la Iglesia el sometimiento incon-
dicional a la Constitución y a las leyes vigentes, y por ningún motivo
admitió la discusión sobre tales leyes, ni mucho menos hizo confesión
alguna qué no estuviese determinada en la propia Constitución, admi-
tiendo que no se reconocía personalidad ninguna a la Iglesia. ya que
nuestra Carta Magna es terminante en este sentido, y
»Tampoco hubo, fuera de las declaraciones publicadas, nada que
significara pacto secreto ni compromiso alguno por parte del Gobierno.
Lo publicado es todo y, fuera de esto, no existió ningún otro documento
de carácter confidencial o reservado.» % i
Esta radical afirmación se ajustaba en todo a las declaraciones que
abrieron las puertas de los templos al culto público. Y así lo proclamó
Portes Gil el 27 de julio de 1929, al festejar los masones el solsticio de
verano con un banquete al que concurrió en su carácter de prešidente
provisional de la República Mejicana: l
«Y ahora, queridos hermanos, el clero ha reconocido plenamente al
Estado, y ha declarado sin tapujos que se somete estrictamente a las
leyes. Y yo no podía negar a los católicos el derecho que tienen de some-
terse a las leyes, porque para eso está el imperativo categórico qué
cómo gobernante me obliga a ser respetuoso de la ley. La lucha no se
inicia. La lucha es eterna; la lucha se inició hace veinte siglos. De
suerte, pues, que no hay que espantarse; lo que debemos hacer es estar
en nuestro puesto; no caer en el vicio en que cayeron gobiernos ante-
riores, y principalmente los de hace cuarenta años, que tolerancia tras
tolerancia y contemplación tras contemplación los condujo a Ja anulación
absoluta de nuestra legislación.
»Lo que hay que hacer, pues, es estar vigilante, cada quien en su
puesto. Los gobernantes y los funcionarios públicos, celosos de cumplir
con la ley y de hacer que se cumpla. Y mientras yo esté en el gobierno,
ante la masonería yo protesto que seré celoso de que las leyes de Mé-
jico, las leyes constitucionales que garantizan plenamente la concien-
cia libre, pero que someten a los ministros de las religiones a un régi-
men determinado: yo protesto, digo, ante la masonería, que mientras
yo esté en el gobierno, se cumplirá estrictamente con esa legislación...
En Méjico, el Estado y la masonería en los últimos años han sido una
misma cosa: dos entidades que marchan aparejadas, porque los hom-
bres que en los últimos años han estado en el poder han sabido siempre
solidarizarse con los principios revolucionarios de la masonería.»
458 Antonio Rius Facius
Ni Mons. Ruiz y Flores ni Mons. Díaz y Barreto se atrevieron a
desmentir públicamente al presidente masón, a pesar de que su dis-
curso fue publicado en la prensa. Se limitaron a hacerle una visita de
cortesía.
Y he aqui lo que sucedió, según lo cuenta el mismo arzobispo ds
Morelia:
'«Yo le pedi al señor presidente una audiencia y le reclamé seme-
jante frase y le recordé lo que habíamos acordado» —no publicar en
nombre del gobierno o de los obispos reclamación de ninguna clase
porque acabarían de pleito—, «pero el señor obispo Díaz se encargó de
contestar por el señor presidente, diciéndome: -—“Pero señor Ruiz, ¿no
ve usted que un masón tenía que hablarles a los masones sus hermanos
en su lenguaje, y que no había que entrar con ellos en discusiones?” » *
" Portes Gil asentó complacido lo dicho por su gratuito defensor.
Aun así, no faltó un tipo sectario de la calaña de Adalberto Tejeda,
secretario de Gobernación en tiempo de Calles y posteriormente go-
bernador de Veracruz, que, mal informado del contenido de los arre-
glos, reclamara a Portes Gil por ellos, lamándolo, entre otras lindezas,
traidor y cobarde. Pero las reiteradas manifestaciones públicas del
presidente, proclamando el triunfo de la Revolución sobre la Iglesia,
acallaron las voces discordantes de sus parciales y dieron renovado
vigor al odio de los exaltados perseguidores, que se dedicaron a come-
ter impunemente nuevos atropellos.
El arte de ceder perdiendo.—Los monseñores Ruiz y Flores, y Díaz
y Barreto se alarmaron con este inesperado recrudecimiento de las
relaciones entre la Iglesia y el Estado, y optaron por continuar humil-
demente su prudente política de complacencias para no exacerbar más
la predisposición manifiesta de los caudillos masones de aquel régi-
men oficialmente ateo. Primero con suavidad de modales, después con
franca energía, pretendieron acabar de un plumazo con las institucio-
nes poco gratas al gobierno que más se habían distinguido en la lucha.
contra él: la Liga, la acim, la Unión de Damas Católicas, las Brigadas
Femeninas. .. porque, según el parecer de los dos prelados, era llegada
la hora de emplear, maliciosamente, ¡el arte de ganar perdiendo!
Y es que a los déspotas del gobierro les molestaba. y veían en ello
un peligro para su pronta seguridad, la gran simpatía nacional que
inspiraban la LNDLR y la AcIM,
Méjico Cristero . ` 459
- En la primera misa pontifical celebrada por el nuevo arzobispo
metropolitano en la basílica de Guadalupe, entre la multitud que llena.
ba las naves del templo, fueron izadas las banderas de la Liga y de la
ACJM, empuñada la una por José Luis Orozco y la otra por José Már-
quez, segundo vicepresidente de la Asociación. En medio del entu-
siasmo popular fueron conducidas hasta el altar mayor y colocadas a
ambos lados, ahí permanecieron durante la celebración de la misa. Des-
pués fueron llevadas triunfalmente con la procesión que recorrió las
naves laterales del templo, no sin sorpresa del mismo oficiante,
El delegado apostólico hizo saber
a los directivos de la Liga su deseo SENDA
de ove fuera cambiado el nombre de Pai ON
la Institución y renovado su Comité -
Directivo. Expuso, como razones fun-
damentales, que sus directores apa-
recían como responsables del movi-
miento de resistencia armada y que
el nombre de la Liga Nacional Defen-
sora de la Libertad Religiosa signifi-
caba un reto latente a la Revolución.
El cauce seguido por los acon-
tecimientos hizo necesario que se
celebrase una convención, para tra- y
tar en ella si la Liga seguiría ade-
lante o no, con el mismo nombre a A
o con otro, y quiénes deberían ser
sus jefes. Bandera de la Liga Nacional Defen-
Contestando a una carta perso- 5074 de la Libertad, hecha- con el
g A ; lienzo ensangrentado que cubrió la ca-
nal que el licenciado Miguel Palo- beza de José de León Toral, cuando
mar y Vizcarra escribió a René Ca- jue fusilado,
pistrán Garza para darle noticia de
dicha convención e invitarle a asistir a ella, el antiguo presidente gene-
ral de la acym declinó la invitación porque, «a mí me parece —escribió—=.
que de lo que se trata es sencillamente de sacrificar a los hombres con
la misma ferocidad con que se han sacrificado los principios, pese a to-
das las patrañas y tonterías que se refieren neciamente a futuras modifi-
caciones de la ley: modificarse la ley revolucionaria, cuando se abdica
del propio derecho y de la propia fuerza. .
460 Antonio Rius Facius
»El cambio de nombre y el cambio de jefes en estos momentos, no
es propiamente un cambio de cosas accidentales, constituye una trans-
«formación radical del fondo mismo de la cuestión...
»En cuanto a que yo concurra a la convención... ello sería de mi
parte una nueva intervención en asuntos en los cuales me he propuesto
no volver a intervenir jamás.»*?
Y René Capistrán Garza le volvió el rostro a su destino.
El 4 de agosto, como se tenía previsto, se reunió en la capital de la
República la Convención Nacional de la Liga, a la que fue invitado
el delegado apostólico, quien se excusó de asistir y envió en su repre-
sentación al padre Miguel Darío Miranda.
En ella se rechazó el cambio de nombre de la institución, pues a
nadie se engañaba haciéndolo y, en cuanto a la sustitución del Comité
Directivo, la Convención dio su voto de plena confianza, adhesión y
simpatía al mismo que en forma tan heroica y desinteresada había
conducido a la Liga entre los escollos de. la lucha.
Esta actitud, que podría parecer de -franca oposición a los deseos
del delegado apostólico, no pareció molestar á éste, pues una semana
después invitó a cenar a los principales miembros del Comité y, en
medio de la más exquisita de las cortesías, se partió el pan de la amis-
tad y se renovaron los propósitos de marchar, cada quien por el camino
de su deber, hacia el fin común de alcanzar la mejor cosecha de liber-
tad para la Iglesia y para el pueblo subyugados.
El secretario de la Delegación Apostólica, reverendo padre José
Antonio Romero, con asentimiento del delegado apostólico, indicó, en
términos claros y precisos, la conveniencia de que la Liga, valiéndose
de su notable organización y ocultando su nombre, organizase clubes
políticos, con diferentes nombres, para favorecer la candidatura de José
Vasconcelos.
Todo parecía anunciar un futuro y mejor entendimiento; pero des-
graciadamente esta buena voluntad no prosperó, como tampoco habían
prosperado los buenos augurios hechos por quienes concertaron el mo-
dus vivendi, por lo que, para evitar la franca oposición del arzobispo de
Méjico la Liga quitó de su nombre la palabra Religiosa.
Los últimos rescoldos.—Sobre otro de los aspectos tratado por el
delegado apostólico, el de la devolución de los edificios eclesiásticos,
escribió el mismo arzobispo de Morelia:
Méjico Cristero ` 461
«Al ver que pasaba el tiempo y no desocupaban ningún edificio de
los que tenían que devolver, insté por escrito, de viva voz y por medio
de los licenciados Noriega y Herrera y Lasso. El señor Canales les dijo
alguna vez: Sin duda, el señor presidente ofreció todo esto, yo estaba
presente, pero no sabía lo que ofrecía, puesto que al desocupar esos
edificios y devolverlos, se echaría encima un enjambre de enemigos.» *
Y eso no le convenía en aquellos momentos en que la oposición cobraba
fuerza inusitada y aclamaba al candidato independiente a la Presiden-
cia, que paseaba por toda la República, con palabra de fuego, su pré
dica de libertad.
Los católicos veían en él la última y definitiva oportunidad para
derrotar al callismo sustentado por el embajador de la Casa Blanca.
En los estados donde la rebelión cristera había alcanzado gran auge,
y en los que la protesta había permanecido latente pero silenciosa,
surgió unánime la candidatura vasconcelista como promesa de un cam-
bio radical de la relajada política mejicana. f
El régimen advirtió nuevamente el peligro de que el pueblo pu-
diera arrollarlo y, despiadada y sistemáticamente, se dio a la macabra
tarea de matar:
«En todas partes. los clubes vasconcelistas, pocos meses antes de
la elección, fueron disueltos, sus jefes locales asesinados o arrojados
fuera del estado.»
Vasconcelos sabía que podía confiar en los que, durante tres años,
habían enarbolado invicta la bandera de Cristo en los campos de la
rebelión y continuó su titánica lucha cívica.
«Cuando cayó el último rebelde cristero, el candidato de la oposi-
ción comprendió que su derrota estaba sellada. Con sus partidarios más
cercanos, los pocos jefes del antirreeleccionismo que fueron leales y
los dirigentes del Centro Vasconcelista, se discutió la conveniencia de
lanzar un manifiesto denunciando los asesinatos de los jefes del Comité
Electoral del Vasconcelismo y declarando que el candidato se retiraba
dé la lucha para evitar constituirse en cómplice de un sangriento fraude.
Prevaleció, sin embargo, la opinión de que era mejor llegar hasta el
fin. El candidato ii quiso dar ocasión a que su retirọ fuese calificado
como deserción.» 7
Las elecciones presidenciales se efectuaron el 17 de noviembre
de 1929, y el día 28 del mismo mes, sin discusión y con dispensa de
trámites, el Congreso de la Unión declaró consumado el gigantesco
5 ma.
DELEGACION APOSTOLICA o A”
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77 Zz Letar e pert
Sn Eee Eet Al Li ¿9 eal fia -
Anelo AR es Ea Carie Sea
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Pa,
A rita fe ta cate
Méjico Cristero f : 463
Carta manuscrita del delegado apostólico Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, en la que
confiesa al obispo de Tepic, Mons. Azpeitia y Palomar, que “los arreglos, si arre-
glos pueden llamarse, fueron los publicados por la prensa...”
464 Antonio Rius Facius
fraude electoral, dando el triunfo al candidato oficial, ingeniero Pas-
cual Ortiz Rubio. i
Las aprehensiones de los jefes del vasconcelismo no se hicieron espe-
rar. El candidato se vio obligado a cruzar la frontera para sustraerse
a la acción del gobierno y dejar que los comprometidos en la protesta
armada, que debería estallar al ser conocido oficialmente el fraude,
pudieran actuar sin el riesgo implícito de que el propio jefe de la rebe-
lión pudiera ser usado como rehén,
El Plan de Guaymas, dado en esta ciudad del estado de Sonora,
el 10 de diciembre de 1929, fue transmitido por simpatizadores anóni-
“mos. En él se declaraba, como única autoridad legítima de Méjico,
a José Vasconcelos, presidente electo, quien habría de rendir la pro-
testa de ley ante el primer ayuntamiento libremente nombrado, y se
desconocían, por consiguiente, «a todos los poderes de facto, así los de
la Federación como los de los estados y municipios, que desde hace
tantos años han venido ensangrentando al país.
»El presidente electo —terminaba el manifiesto— se dirige al extran-
jero; pero volverá al país a hacerse cargo directo del mando, tan pronto
como haya un grupo de hombres libres armados que estén en condi-
ciones de hacerse respetar.»
Pero Méjico, desangrado, sojuzgado por los Estados Unidos a tra-
vés de su embajador mercader, puesto el gobierno en manos de los
más despiadados ejecutores de las consignas masónicas, había llegado
al límite de sus fuerzas, y ese grupo de hombres libres armados no
surgió en aquel momento crucial de su historia.
XXXIX
LA ACJM-CONDENADA A DESAPARECER
Breve historia del Secretariado Social Mejicano.—
Consigna contra la: acim.—En defensa de la ACJM. -
Angustioso llamado.
Breve historia del Secretariado Social Mejicano. — Para promover
una labor de acercamiento entre las diversas obras sociales de la Igle-
sia Católica, el benemérito padre Rutten fundó en Gante, Bélgica, el
año de 1904, el primer Secretariado Social. Y, cuando a mediados del
mes de octubre de 1920 se reunieron los obispos mejicanos en la capital
“de la República para tratar, tras el período sangriento de la Revolu-
ción, el problema de la reconstrucción social de Méjico, crearon el
Secretariado Social Mejicano, al cuidado del Comité Episcopal Perma-
nente, integrado por los arzobispos de Méjico y de Puebla, y el obispo
de Zamora. Este Comité designó, para que lo organizase y dirigiese,
al eminente sociólogo y coautor de los Estatutos Generales de la ACJM,
reverendo padre Alfredo Méndez Medina, $. J.
En su Carta Pastoral Colectiva del 8 de septiembre de 1923, el epis-
copado mejicano definió así la naturaleza y alcance del Secretariado
recién constituido: «Una institución nacional encargada de la dirección
técnica, en el campo sociológico, de la coordinación sistemática y de la
organización eficiente de las diversas fuerzas sociales de la República,
` conservando y robusteciendo su autonomía, fomentando en ellas lo que
tanto las dignifica: la propia iniciativa y responsabilidad, como una
obra que debe ayudar a todas, sin estorbar a ninguna.
»Como órgano del episcopado —agregaba el mismo documento—
debe ser no sólo guardián de la catolicidad de las obras, sino también
465
MÉXICO CRISTERO.—30
“466 l Antonio Rius Facius
intérpretė de la doctrina católica en sus aplicaciones a la solución del
referido problema social en las circunstancias especiales de nuestro
pais.» i
- Y como resumen y síntesis de su labor, el episcopado definió en la
Carta Pastoral: «Al Secretariado encomendamos la actuación necesaria
para la solución del problema social. En consecuencia, dirigirá y coor-
dinará la acción de las demás instituciones siempre que se trate de
armonizar, organizándolas, las diversas clases de la sociedad, en orden
a la paz social, anhelada por los sumos pontífices.»
El padre Méndez Medina, S. J., director del Secretariado, empren-
dió un largo recorrido por toda la República, para dar a conocer, por
medio de brillantes conferencias, la institución encomendada a su cui-
dado. to T
Esta actividad, unida al esfuerzo de otros paladines de la cuestión
social, entre los que destacaba el licenciado Miguel Palomar y Viz-
carra, culminó en abril de 1922 con la celebración. del Congreso Obrero
Católico de Guadalajara, con asistencia oficial y activa del Secreta-
:riado y de 1,374 delegados obreros, representantes de 353 agrupaciones
-católicas con un total aproximado de 80,000 miembros.
«De este Congreso nació la Confederación Nacional Católica del
Trabajo, cuyo comité radicó en Guadalajara hasta 1925. El padre Mén-
¡dez Medina solicitó del episcopado el permiso para establecer las Fede-
¿raciones Diocesanas, quedando constituida la de la arquidiócesis de
¡Méjico, en una solemne ceremonia celebrada en el salón de actos del
. Casino Español, el 16 de julio de 1922. Fue nombrado asistente ecle-
«siástico de la Federación Diocesana, el señor presbítero doctor don Ra-
fael Dávila Vilchis.».* -
En el domicilio del Secretariado, ubicado en la calle de Motolinía 9
de la ciudad de Méjico, quedaron instalados, a partir de diciembre de
1922, los sindicatos de: Maestros, Empleados, Empleadas, de la Aguja,
la Bretaña, Interprofesional Femenina, Tabaqueras, la Ericson, Inter-
profesional La Concordia, Carpinteros, Zapateros, Carniceros, la Socie-
dad Mutualista La. Fraternal y la bolsa de trabajo para los miembros
profesionales de ambos sexos.
Estos éxitos sindicales despertaron viva desconfianza en las cen-
: trales obreras de tendencia comunista: CGT y CROM, quienes endere-
zaron su propaganda tendenciosa contra la obra del Secretariado que,
contra viento y marea, continuó su meritoria labor con la fundación,
ren 1923, de la “Caja de Ahorros León XIT”.
` Méjico Cristero 467
En el mes de octubre de 1924 el activo jesuita, padre Méndez Me-
dina, cesó en su brillante actuación de director, y fue designado para
. ocupar dicho cargo el presbítero Miguel Darío Miranda, que se encon-
traba en Europa estudiando la organización de obras sociales, quien no
pudo, por lo tanto, entrar en funciones hasta el 28 de marzo de 1925.
«El Secretariado —según informe oficial de aquellas fechas— con-
taba con la Unión de Damas Católicas Mejicanas, que tenía 216 Cen-
tros Regionales y Locales, con 22,885 socias; la Asociación Católica de
la Juventud Mejicana, con 170 Grupos y 5,000 socios, y finalmente la
Confederación Nacional Católica del Trabajo con 348 Agrupaciones y
19,500 socios.»
En el mes de septiembre de ese año se celebró, bajo los auspicios
del Secretariado y en su propio domicilio, el Segundo Congreso de la
Confederación Nacional Católica del Trabajo, del que surgió la impor-
tante iniciativa de organizar la Liga Católica Campesina y la Liga
Nacional de la Clase Media, cuya plena realización impidieron circuns-
tancias posteriores.
La reglamentación sectaria del ateis 3% impuesta por el gobierno
callista a principios de 1926, orilló al Secretariado a planear una Unión
de Colegios Católicos, cuyos estatutos se encargó de redactar. Pero esto
sólo no bastaba y «confió a los Caballeros de Colón el promover la
Unión Nacional de Padres de Familia y formular sus estatutos, encargo
que cumplió el 20 de junio de 1926.» "°
La suspensión del culto público y el recrudecimiento de la perse-
cución frenó la obra social del Secretariado que aún pudo, sin embargo,
impartir varios ciclos de conferencias y cursillos sobre la doctrina
social de la Iglesia a sacerdotes y seglares de ambos sexos y organizar
el Instituto de Cultura Femenina para preparar en él a las jóvenes
avocadas a ser futuras dirigentes de la Juventud Católica Femenina
Mejicana.
El 25 de enero de 1928 fue asaltada, por los esbirros de la Inspección
General de Policía, la casa del Secretariado: Muebles, libros y pape-
les, sobre todo la Caja de Ahorros León XIII, fueron pasto fácil de
la voracidad de los policías, que clausuraron la casa y apresaron a
los miembros del Secretariado que allí se encontraban.
Los ahorros de los pobres se esfumaron y, aunque sin recursos eco-
nómicos, el padre director continuó con renovada energía su misión
-y alquiló, un mes más tarde, una casa en la calle del Eliseo Núm. 12,
en donde dio albergue al Comité Central de la Confederación Nacional
468 Antonio Rius Facius
Católica del Trabajo, al de la Confederación Diocesana del Trabajo con
algunas de sus secciones filiales, al Instituto de Cultura Femenina y.
a los círculos de la JcrMm.
Y para poner definitivamente a flote esa obra necesaria para Mé-
jico, el presbítero Miguel Darío Miranda emprendió un viaje hacia
los Estados Unidos en busca de apoyo de los obispos expatriados, y allí
visitó, en primer lugar, al anciano arzobispo de Méjico y lia
del Comité Episcopal, Mons. José Mora y del Río, quien le dio una carta
de presentación para el cardenal Gasparri. Visitó a otros obispos des-
terrados en el sur de los Estados Unidos y, a su paso por Washington, :
«el excelentísimo señor arzobispo de Morelia y el excelentísimo señor
obispo de Tabasco no solamente le expidieron un documento como los
demás señores obispos, sino que obtuvieron una carta oficial de pre-
sentación y recomendación de la Delegación Apostólica de Washington
para la Secretaría de Estado del Vaticano.» "°
En Roma coincidió con Mons. Ruiz y Flores; quien lo alentó a
planear la futura Acción Católica Mejicana y lo presentó al papa Pío XI.
«El padre Miranda rindió a` Su Santidad un Informe, por escrito,
donde estaban contenidos los trabajos que el Secretariado había des-
arrollado durante siete años de su existencia, sometiendo a la soberana
consideración del Pontífice un programa de reconstrucción que el padre
director concretaba en los siguientes puntos:
»I.—Organización de la Acción Católica Mejicana: organismo gene-
ral que abraza todas las fuerzas vivas de los católicos de Méjico y que,
bajo la dirección del episcopado, las coordine y dirija en orden a la’
restauración cristiana de la vida individual, familiar y social.
»II.—Desarrollo de la cncr: modificación, adaptación y orientación
de ese organismo de acuerdo con su naturaleza de organización social-
económica, las direcciones de la Iglesia y las circunstancias parte
lares del medio.
»I!!.—Fundación de la Escuela de Formación Social: Para la for-
mación de los dirigentes de la Acción Católica y de la cncr, con uni-
dad de doctrina, de espíritu y técnica. úl
»IV.—Preparación de la Universidad Católica de Méjico; formando
en las varias universidades católicas de Europa y América a los futuros
profesores, y mientras no sea posible esa fundación, supliendo la acción
de dicha Universidad de la manera más adecuada, especialmente aten-
diendo a la formación católica de los estudiantes de la Universidad
oficial.
Méjico Cristero .- Na l 469
»V.—Para la actuación de este programa se impone el estableci-
miento de una fundación cuyo capital se invierta en el extranjero y
cuyos réditos serán la base estable del desarrollo de este programa.» ”
El Romano Pontífice extendió, desde luego, varias cartas de reco-
mendación al padre Miranda y, predicando con el ejemplo, aportó una
importante suma de dinero que fue entregado por la Delegación Apos-
tólica de Washington a Mons. Ruiz y Flores, ya electo presidente del
Comité Episcopal, para que el Secretariado iniciara sus trabajos.
Las universidades católicas de Milán, Friburgo, Deusto v Lovaina
y el Instituto Católico de París, prestaron toda su ayuda al Secreta-
riado eximiendo de pago a los estudiantes mejicanos enviados por éste.
La Universidad Católica de Washington, la National Catholic Welfare
Conference y el periódico El Debate, de Madrid, en colaboración con
la Asociación Nacional de Propagandistas, ofrecieron varias becas al
Secretariado.
Al resolverse el conflicto religioso, el Secretariado Social Mejicano
estableció su nuevo domicilio en la calle de Guillermo Prieto número 25
de la ciudad de Méjico. En ese lugar quedaron instaladas las ófici-
nas de la maltrecha Confederación Nacional Católica del Trabajo, la
Confederación Diocesana del Trabajo y sus filiales, así como Cultura
Femenina, germen de la JCFM.
Consigna contra la acim.—A raíz de los arreglos, el Comité Gene-
ral de la acim envió una expresiva carta al arzobispo de Méjico y al
delegado apostólico, testimoniando su “completa adhesión a todas las
enseñanzas y directivas de la Santa Sede en cualquier orden de cosas y
en especial en lo relativo a la Acción Católica”; le pedía su bendición
y le ofrecía que, con renovados bríos, seguiría la Asociación “el camino
trazado en sus Estatutos” para llegar, por él, al fin sintetizado en su
lema: “Por Dios y por la Patria”.
Mons. Díaz no contestó. El arzobispo Ruiz y Flores lo hizo, en cam-
bio, en términos encomiables:
«Sin duda ninguna la heroica y benemérita acim debe marchar,
como siempre lo ha hecho, a la vanguardia del catolicismo mejicano
“y nunca más que ahora hace falta que con nuevos bríos marche siem-
pre hacia adelante con su glorioso lema: Por Dios y por la Patria.
»Se ha dado el primer paso para buscar la solución definitiva del
problema religioso... grande es el campo y muchos son los trabajos
470 . l Hos . Antonio Rius Facius.,
4
gue... con la gracia de Dios y con la sabia y prudente dirección de
- vuestro director ÓN y de vuestros asistentes eclesiásticos, llevaréis
a feliz término..
»Recibid mi... apostólica bendición que en nombre de Dios Todo-
poderoso muy de corazón envío a todos los socios de la AcIM.»* 3
Seguramente el silencio del arzobispo de Méjico obedecía a deter-
minados propósitos que aún no juzgaba oportuno dar a conocer y ordenó
al presbítero Miguel Darío Miranda, guien estaba al frente de una cp-
misión integrada por los padres Rafael Dávila Vilchis y Ramón Martínez
Silva, que, de acuerdo con los estudios que había hecho sobre la Acción
Católica Italiana, procediese a redactar los Estatutos de la Acción Ca-
tólica Mejicana.
Para orientar su trabajo, en relación a los compromisos verbales
contraídos al firmarse los arreglos, el padre Miranda acudió al secre-
tario de Gobernación, licenciado Felipe Canales, y éste le confirmó el
deseo del gobierno de que la Liga y la AcIM fueran eliminadas. La co-
misión, para dar cumplimiento a esta orden, se propuso establecer,
dentro de la Acción Católica, una juventud católica masculina distinta
de la acsm. Al enterarse de tales designios, los miembros del Comité
General de la Asociación, que no esperaban semejante política en su
contra, se aprestaron a defenderla, y el primero en saltar a la palestra
fue su benemérito fundador y asistente eclesiástico, el reverendo padre
Bernardo Bergoénd, S. J., quien dirigió a la Comisión que pretendía
eliminar la acimM un extenso, ponderado y certero ocurso, en el que
deshacía todas las falsas y tendenciosas argumentaciones contrarias a
la Institución por él asistida,
En el proyecto presentado por la Comisión de Estudio de la Acción
Católica Mejicana, eran dos los aspectos fundamentales que amena-
zaban a la Aacim y que fueron rebatidos por el padre Bergoénd.
19) Suprimía el nombre de la Asociación Católica de la Juventud
Mejicana, cosa que equivalía a deshacerla, puesto que el nombre era
la definición abreviada de la institución.
29) Se consideraba que la acsm servía de estorbo para la forma-
ción, dentro de las filas de la Acción Católica, de una nueva juventud
católica mejicana.
Las razones expuestas por el ilustre fundador de la Asociación para
que no la disolviesen, fueron contundentes. Una vez contestados todos.
y cada uno de los cargos hechos a la trayectoria seguida e índole. de
la Asociación, terminaba su escrito con estas sugestiones: Ñ
Méjico Cristero ` mi
«Supuesta la permanencia en el campo:de la Acción Católica de la
„Asociación Católica de la Juventud Mejicana y para lograr su exten-
sión a la masa de los jóvenes católicos mejicanos, se propone la espe“
cialización de los Grupos que la componen como partes integrantes.:
Estos Grupos pueden ser varios; V. gr.: juventudes estudiantil, obrera,
campesina, profesionista, etc. dea
»Proceder de otra manera sería amontonar multitudes amorfas, cuya
vida "sería nula.
»En este trabajo de organización juvenil, por consejo del muy reve:
rendo padre general de la Compañía, hay que proceder armonizando
estas dos ideas: Especialización y Unidad.» *
Al comprender que lo expuesto en este memorial no tenía réplica,
la Comisión opuso nuevos obstáculos para el ingreso de la acsm a la
Acción Católica Mejicana y le fijó condiciones imposibles de admitir;
contenidas en una serie de preguntas formuladas a los dirigentes de
la Agrupación, que dieron origen a un nuevo y categórico docúmento,
suscrito por Octavio Elizalde,* José Márquez, Manuel Dávalos Lozada,
Luis G. Barquera y Guillermo López de Lara.
En defensa de la acim.—A la primera pregunta de si era o no con-
veniente que la rama juvenil se acomodase en lo posible a sus similares,
dando un paso intermedio antes de realizar tal adaptación; el Comité
General respondió, en un amplio memorándum fechado el día 13 de
septiembre de 1929, que en los Estatutos de la Acsm no había nada que
contradijera las directrices de la Santa Sede, por lo cual no había nece-
sidad de dar ese paso. Y en el detalle de la respuesta defendía el sis-
tema seguido hasta entónces del nombramiento, por votación, del pre-
sidente general: i
«El punto de elección del presidente es para nosotros de suma im-
portancia, porque engendra la responsabilidad no sólo del elegido, sino
de los que lo eligen, y constituye, por consiguiente, un elemento fun-
damental de formación.» i :
t * Octavio Elizalde y Ramos Natera, presidente general de la acim, había
regresado recientemente del exilio, desde donde escribió a su amigo y com-
pañero Andrés Barquin: «Yo voy camino a Méjico, me impulsa a ello la concien-
cia-de mi deber; tres años llevo de tener abandonado mi hogar; salgo de la lucha
sin un peso, con mi carrera hecha pedazos, sin que me sonría una esperanza de
poder. reconstruir lo destruido; pero me alienta el pensamiento de que. otros,
los otros, sacrificaron más, de tal modo que yo ante ellos me siento pigmeo.
Dios dirá.» ; z
T2 E l Antonio Rius Facius
Sobre el aspecto de abarcar a la masa, los acejotaemeros afirmaron
haberlo hecho «cuanto lo han permitido el desarrollo firme de nuestra.
Institución, las condiciones políticas del país, los recursos económicos `
de que hemos podido disponer, y sobre todo, la ayuda de los párrocos.»
Sin embargo, no podían despreciar a la élite porque «creemos firme-
mente que es necesaria a la masa de la juventud y a las masas en gene-
ral, Sin ella la Asociación sería algo amorfo que para nada serviría.»
La Comisión pretendía modificar el carácter del asistente eclesiás-
tico, cuya misión era la de asistir y orientar, por el de un director que
asumiera la conducción absoluta de la Asociación, a lo que argumen-
taron los miembros del Comité General:
«No vemos la necesidad de cambiarlo, desde el momento en que
hay documentos pontificios expresos que lo aprueban explícitamente,
y no hay, que sepamos, ningún otro que derogue esta aprobación
explícita.»
Otra de las objeciones presentadas por la Comisión Organizadora,
` contestada por el Comité general fue:
«Delimitación respecto a actividades netamente de Acción Cató-
lica:—La acsm nunca jamás se ha extralimitado en este sentido, y la
acusación de que nuestra Institución tomó parte en la defensa armada,
el reverendo padre Bergoénd, S. J., la contestó ya a esa Honorable
Comisión...» * E
La segunda pregunta hecha por la Comisión, versó sobre si se con-
sideraba o no cambio sustancial el transformar la organización interior
de la acim, a lo que el Comité General respondió afirmativamente.
La tercera pregunta, redactada en términos enérgicos, decía así:
«Dado el hecho de la implantación y desarrollo de la Acción Ca-
tólica en Méjico, acentuando el carácter de su dependencia de la auto-
ridad eclesiástica, en momentos en que la situación de la Iglesia es en
la Capital y en los estados muy delicada; dado también el espíritu
de heroísmo de la acsm que la ha hecho aparecer como hostil al go-
bierno en el terreno armado, se pregunta: si parece prudente el que
: se desarrolle la Asociación sin perder su nombre.
»En toda la actuación asumida por la acīm —aclaraba un párrafo de
la amplia respuesta— con respecto a la cuestión cívica, parte princi-
pal de los ataques que ha sufrido, no ha hecho sino seguir exclusiva-
mente las normas dadas por la Santa Sede..
»Supuesto esto, quitarle el nombre a la acsm significaría una repro-
bación pública ante la nación mejicana y ante el mundo entero del
"Méjico Cristero i 473
po
cumplimiento de su deber, y de una manera indirecta una grave cen-
sura a esas normas pontificias. Excusado es señalar la desmoraliza-
ción y desorientación que cundiría, no sólo en la juventud católica, sino
entre todos los elementos que por cumplir con ese mismo deber han
luchado y luchan abnegada y esforzadamente en el terreno. católico.»
Las respuestas fueron contundentes a los ataques escudados en esa
serie de preguntas despiadadas y demoledoras, que falseaban la verdad
- de la trayectoria histórica y social de la Asociación, la cual, en el resu-
men final de su precisa y ponderada defensa, afirmó:
«La ACJM, con su organización y su programa, llena perfectamente
el cuadro juventud católica masculina. En ese cuadro, contando con
“un apoyo más firme y sólido, como lo contará dada la organización de
la Acción Católica, tendrá oportunidad de desarrollarse ampliamente
y con grande fruto para la Iglesia y para la patria mejicana.
»La transformación que sugiere esa H. Comisión, significa la su-
presión de la acim, supresión que no se encuentra justificada y que
indudablemente sería causa de grande escándalo y desmoralización en-
el campo católico.»
Angustioso llamado.—En otro vigoroso y preciso documento diri-
gido al episcopado mejicano con fecha 11 de octubre de 1929, el Comité
General de la acim defendió nuevamente a esta Institución condenada
a desaparecer.
En la primera parte del memorial exponía con amplitud la doc-
trina pontificia de la Acción Católica, comparándola con la actuación
y espíritu de la ACJM, para concluir que la Asociación encuadraba per-
fectamente dentro de ella.
En la segunda parte presentaba la más cabal y completa defensa
de la acm contra las calumniosas imputaciones que se le hacían, imputa-
ciones que no eran sino el resumen de la política derrotista seguida
por el arzobispo de Méjico, según se desprende del texto mismo:
_ «Tomó la acīm parte en el movimiento armado de los llamados
«“Cristeros”.
»Es cierto que fueron muchos los acejotaemeros que tomaron las
armas para defender lo que ellos creyeron lo más sagrado de su patria,
-que es su religión. Lo hicieron como católicos y como mejicanos, y no
exclusivamente como acejotaemeros. De hecho sacaron de la Asocia-
ción el profundo espíritu de sacrificio de que estaban animados; y la
Asociación tiene a grande. honra el haberlos formado así y conceptúa
474 Antonio Rius Facius
3
como su mayor gloria la de haber dado un contingente de héroes y de
mártires que, en otras filas que las suyas, ofrendaron su vida en defensa *
de su religión... y habiendo merecido bien de la Iglesia y de la patria,
no sólo no debe desaparecer, sino es preciso que exista como ejemplo de
las disposiciones en que deben estar las presentes y futuras genera-
ciones juveniles para defender a Cristo y a su Iglesia.
»B
»Firmó la acīm un documento público en que se adhería al pro-
grama de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, infrin-
giendo con esto sus Estatutos que le prohiben meterse en política.
»Las actividades de la Liga fueron de carácter meramente cívico,
y por lo mismo, mal pudo la acgm hacer política al tomar parte en esas
actividades. Sus muchachos, al entrar a la acim, no pierden ni sus
derechos ni mucho menos quedan exentos de sus obligaciones cívicas. .
Al cumplir con ellas, dieron también cumplimiento a un deber de con-
ciencia. f
«La Acym firmó, asimismo, un documento público de adhesión al pro-
grama de la Liga; pero lo firmó cuando la Liga aún no había hecho
suyo el movimiento armado. Y lo hizo fundada en aquellas palabras
pronunciadas por Pío XI en el Congreso de la Juventud Internacional,
reunido en Roma, en septiembre de 1925, con motivo de la Peregri-
nación Jubilar del Año Santo, palabras que se refieren precisamente
al género de participación de las juventudes católicas en lo que se llama
a veces política de católicos: 2
»Es preciso defenderse de una confusión que pudiera surgir, cuando
sucede que Nos, que el episcopado, que el clero, que los seglares cató-
licos parece que hacemos política, pero que en realidad no hacemos
otra cosa que obra de religión, siempre que combatimos por la libertad
de la Iglesia, por la santidad de la familia, por la santidad de la escuela, .
por la santificación de los días consagrados a Dios; en todos estos casos
y en casos semejantes, no se hace política; pero Ta política ha tocado
el altar, ha tocado la religión...; y entonces es nuestro deber defen-.
der a Dios y a su religión; es el deber del episcopado y del' clero; es
vuestro deber, queridos hijos, jóvenes católicos, cualquiera que sea la
nación a que pertenezcáis...”
>C
»La acIm no ha sabido ir a las masas; se ha contentado con formar
una élite.
“Méjico Cristero j 475
»No hay nada en nuestros Estatutos que nos prohiba ir a las masas,
ni nos hemos concretado a la élite. Hemos buscado la masa dentro de
“la posibilidad: cuanto lo ha permitido el desarrollo firme de nuestra
Institución, las condiciones políticas del país, los recursos económicos
de que hemos podido disponer, y sobre todo, la ayuda muchas veces
escasa cuando no contraria de los párrocos.
»Por lo que hace a la élite, declaramos que sí la ha procurado la
Asociación, y creemos firmemente que es necesaria a la masa de la ju-
ventud y a las masas en general. Sin ella la Asociación sería algo
amorfo, que para nada serviría.
»D /
»El espíritu de heroismo de la acm la ha hecho aparecer como hos-
til al gobierno. De seguir trabajando en el campo de la Acción Cató-
lica, sería preciso que perdiera su nombre. i
»No sabemos que el gobierno haya manifestado algún deseo rela-
cionado con la desaparición de la AcJ™m, pero caso de que sí lo hubiera
manifestado, pedimos encarecidamente que se nos defienda con toda
energía, manifestándole que la Asociación, como tal, no ha tomado
parte en ningún movimiento armado. Al venerable clero se le ha defen-
dido de semejante imputación, porque la actitud asumida por algunos
miembros suyos aislados en el campo armado, no quiere decir que haya
sido la de todo el clero. . ,
- »Quitarle su nombre a lá acm significaría una reprobación pública
ante la nación mejicana y ante el mundo entero del cumplimiento de
su deber en el campo cívico, y de una manera indirécta una censura
a las normas pontificias, a que nos hemos referido... La verdad es
que la sola suposición de esto ha causado ya gran descontento en mu-
.chas partes de la República.
»El Gobierno podrá no mirar con buenos ojos a la Asociación; pero
hablando con sinceridad, tampoco mira con buenos ojos ni a la Iglesia
Católica, ni a la misma Acción Católica...
»E
»La acim ha mostrado poca disciplina en los años de persecución.
»Esta aseveración, en su generalidad, es falsísima. Los que hemos
vivido su vida en tan aciagos tiempos, hemos palpado todo lo contrario;
y bien podemos afirmar que nunca la obediencia ha sido tan general y
tan heroica. Es cierto que ha habido ciertos casos aislados de indisci-
plina; pero los culpables, si así se les quiere llamar, estaban en el
e epay je i . 5 A a - r E 2 P i ,
s6 Antonio Rius Facius
extranjero, fuera del control de la Asociación; y lo que hicieron, no’
: lo hicieron ni mandados, ni aconsejados por la Asociación, ni por espí-
ritu infundido por ella.
»Aquí ponemos punto final al memorial que presentamos al vene-
rable y muy amado episcopado, haciéndole una petición que sale de
lo más profundo del corazón:
»Si la acm, alabada, bendecida y aprobada no una vez, sino mu-
chas, tanto por el venerable episcopado nacional, como por la Santa
Sede; encomiada, aplaudida y admirada por las Juventudes Católicas
de todo el mundo, unidas por medio del Secretariado Internacional de
Juventudes Católicas establecido en Roma; y bendecida también por
. innumerables prelados extranjeros, no se la juzga capacitada para for-
mar el cuadro general de la Juventud Católica Mejicana, pide ésta, sin
embargo, que se la deje vivir como una de tantas entidades, que nece-
sariamente formarán las partes integrantes de la nueva Institución.
»Tiene la Asociación un valor real adquirido, por el concurso de
muchas circunstancias providenciales, por ejemplo: el haber desper-
tado entre los jóvenes un espíritu profundamente cristiano, cuya falta
en Méjico todos lamentábamos; el haber suscitado también gran espí-
ritu de sacrificio por la Iglesia y sus Instituciones, espíritu de verda-
dero patriotismo y amor intenso, como en ninguna otra institución,
al estudio de los problemas religiosos y sociales de Méjico. Los valo-
res no se improvisan ni se crean de real orden; y una vez destruidos,
no se pueden sustituir por otros, porque el conjunto de factores que
los constituyeronsestá fuera de toda previsión.
»Tiene la Asociación también un valor crédito, que no debe despre-
ciarse, principalmente en estos momentos en que hay que utilizar todo.
lo que ayude a la gran idea de reconstrucción de nuestra vida religiosa.
El desconcierto y la pena que produciría tanto en Méjico como en el
extranjero la supresión de la AcM sería, a nuestro ver, de resultados
funestos. Hay que tener también presente que suprimida la Asócia-
ción, sus miembros no tendrían cabida en la nueva Institución que se
establecería; porque dado el espíritu de nuestros acejotaenieros, sería
un estorbo grande para las nuevas orientaciones. ¿Y no sería una gran
lástima perder esos elementos valiosos y de probada formación? ¡Qué
triste sería para este Comité General de la Asociación tener que comu-
nicar a ésta que ya no tiene derecho a la vida y que arríe su gloriosa
bandera, porque o no ha sabido llenar los ideales contenidos en sus'
bénditos pliegues o porque la ha deshonrado con acciones indignas!
Méjico Cristero i 477
r
»¡Que nuestra bendita Madre de Guadalupe aparte de nosotros este
no merecido baldón!» 5 i
Aquel memorial dirigido por la Asociación Católica de la Juventud
Mejicana a todos los prelados de la jerarquía católica en Méjico, era
un verdadero grito de angustia ante la eminencia de su sacrificio en
aras de la política acomodaticia inaugurada con el modus vivendi.
XL
DISOLUCION DE LA ACJM
Antagonismo de Mons. Díaz hacia la acim.—La Aso-
ciación, disuelta. por la autoridad eclesiástica.—
Intento de creación de una nueva acyú.—Juventud
Cívica. + `
Antagonismo de Mons. Díaz hacia la acim.—Lá acsm resistió, con
la razón de su parte, las acometidas de la Comisión de Estudio de la
Acción Católica para hacerla desaparecer y, ante la solidez de sus argu-
mentos, el padre Miranda y sus compañeros aceptaron, en principio,
la conveniencia de incluir a la Asociación dentro de la Acción Cató-
lica Mejicana, aunque modificando sustancialmente sus estatutos.
Mons. Pascual Díaz y Barreto, arzobispo de Méjico, había asumido
el cargo de jefe de la proyectada Acción Católica Mejicana, y con tal
“carácter había nombrado a dicha Comisión de Estudio que trabajaba
bajo sus órdenes directas, aunque no fue, sino hasta el 9 de mayo
de 1930, cuando recibió oficialmente de la Santa Sede su nombramiento
de director pontificio de la AcM.
A principios de noviembre, cuando ya estaban redactados los nue-
vos estatutos particulares de la AcJm, visitó en su domicilio al reve-
rendo padre Bernardo Bergoénd, S. J., para hacerle saber que le había
nombrado director general, para toda la República, de la Acción Cató-
‘lica Juvenil Mejicana. Tras un cambio de impresiones, el padre
Bergoénd le pidió al arzobispo que le permitiera reflexionar antes de
aceptar el nombramiento.
479
480 Antonio Rius Facius-
Los nuevos estatutos habían sido enviados, mientras tanto, a todo
el episcopado mejicano para su estudio.
El Comité General de la acym se ocupó, desde luego, en estudiarlos
detenida y concienzudamente y, el 27 de noviembre de 1929 escribió
una carta al arzobispo de Méjico acompañada de un acucioso examen
hecho a los estatutos:
«Nuestra Asociación está animada de ardiente deseo de trabajar
por la gloria de Dios y el bien de la patria —decia aquella epístola—,
como leal cooperadora y bajo la amorosa y sabia dirección del vene-
rable episcopado. Ese deseo de ser útil la hace inquietarse y temer por
su porvenir y por la efectividad de sus trabajos, en el caso de que sean
modificados su organización, su espíritu, los medios de formación de`
sus miembros, etc., condensado todo ello en los estatutos que actual-
mente la rigen.»
Al día siguiente envió el Comité General, a todos los obispos y
arzobispos de la República, una copia del estudio. hecho y una carta
circular en la que les rogaba que hiciesen a éste todas las observa-
“ciones que creyeran pertinentes.
Dicho estudio constaba de tres partes, la primera llevaba este título
general:
«No es necesario redactar nuevos estatutos generales. >
La segunda y más extensa, versaba sobre:
«Es conveniente que la AaciM conserve sus actuales estatutos.»
Y en la tercera, síntesis breve de las anteriores, se afirmaba:
«Los estatutos actuales son adaptables a la orenian de la Acción
Católica Mejicana.
»Demostrado, como se ha visto por lo anterior, que no es necesario
redactar para la acim unos nuevos estatutos, antes bien, conviene con-
servar los actuales, cabe, sin embargo, decir que para entrar en forma
más precisa dentro de la Acción Católica Mejicana, convendría esta-
tuir la dependencia y relaciones de la primera con ésta. Al efecto, el
Comité General declara que la Asociación gustosa haría a sus Esta-
tutos aquellas adiciones con las cuales quedarán adaptados a la Acción
Católica Mejicana.»
Pocos fueron los prelados que contestaron directamente al Comité
General dando su opinión, pero quienes lo hicieron, mostraron su sim-
para y aprobación, en general, al estudio:
.entre las observaciones que... hice al proyecto de Estatutos:
para la Acción Católica Mejicana —escribió Mons. José Otón Núñez—,
Méjico Cristero i a 481
dije que no era conveniente destruir para edificar... Las razones que
ustedes exponen me confirman en esta opinión y así lo digo al ilustrí-
. simo y reverendísimo señor Díaz en carta que le escribo hoy.»
El arzobispo de Durango, Mons. José María González y Valencia,
~ escribió desde Chicago el 28 de diciembre de 1929: .
«Toda mi aprobación merecen las ideas en él contenidas. Créame
que una de las penas más grandes que he tenido en mi destierro, ha
sido la de ver, aunque de lejos, desaparecer las tan gloriosas Institu-
ciones de la acm y de las Damas Católicas, que tantos y tan buenos
frutos produjeron. Yo no he hecho ninguna observación a este res-
„pecto, porque lo he creído enteramente inútil » * i
Y así fue: los nuevos estatutos fueron promulgados por a arzo-
bispo de Méjico el 25 de diciembre de 1929, sin que fuèran tomadas
en.cuenta las sugestiones hechas por el Comité General de la acim
y algunos prelados, quedando, por consiguiente, disuelta ésta al ser sus-
tituida por una nueva organización juvenil masculina dentro de la
Acción Católica Mejicana.
La Asociación, disuelta por la autoridad eelesiástica.—Los miem-
bros del Comité General de la Asociación, dando una prueba de no-
bleza y obediencia, se sometieron a los deseos de la autoridad eclesiás-
tica y giraron esta circular a los Comités Diocesanos y Grupos Locales
de la Acim:
«La autoridad eclesiástica ha organizado una nueva agrupación de
juventud católica, distinta de la que hasta hoy ha existido con el nom-
bre de Asociación Católica de la Juventud Mejicana, según puede verse
comparando los respectivos estatutos, que son los que caracterizan a
una institución. En esa virtud, y para ser el primero en dar una prueba
de disciplina y acatamiento a las disposiciones de la misma autoridad ;
eclesiástica; este Comité General, como autoridad suprema de la ACJM:
»I.—Considera que la Asociación Católica de la Juventud Meji-
cana (acim) ha quedado por ese hecho disuelta: `
»II.—Recomienda a los. que fueron sus miembros que se pongan a
Ja: disposición de sus respectivos párrocos, para trabajar en la nueva
organización de la Juventud Católica.
. »TH.—Da a los mismos las gracias por los ejemplos de disciplina
y de heroísmo de que siempre dieron muestra cuando militaron en las
filas de nuestra amada Institución.
»Dios Nuestro Señor guarde a ustedes muchos años.
“MÉXICO CRISTERO.—31
482 ES l Antonio Rius Facius
AU JM
‘Comiti General- `
ferretaría
Micic. P. J
A LOS COMITES DIOCESANOS Y GRUPOS LOCALES DE LA A.C.J.M.
La Autoridad Eclesiástica ha organizado una nueva
agrupación de juventud católica, distinta de la que hasta hoy ha
existido con el nombre de Asociación Católica de la Juventud Ke-
xicana, según puede verse comparando los respectivos estatutos,-
que son los que caracterizan a una institución. En esa virtud, y
para ser.el primero en dar una prueba de disciplina y acatamien-
to a las disposiciones de la misma Autoridad Eclesiastica, este- k
Comité General, como autoridad suprema de la A.C.J.M.:
i 1 - Considera que la Asociación Católica de la Juven-
tud Mexicana (A.C.J.M.) ha quedado por ese hecho disuelta.
: II - Recomienda a los que fueron sus miembros que se -=
pongan a la disposición de sus respectivos párrocos, para traba-
jar en la nueva organización de la juventud católica.
i III - Da å los mismos las gracias por los ejemplos de -
disciplina y de heroismo de que siempre dieron muestra cuando mi
litaron en las files de nuestra amada institución.
Dios nuestro Señor guarde a ustedes muchos años.
POR DIOS Y POR LA PATRIA
PRIMER a i
p. SECRETARIO GENERAL
Circular conteniendo las firmas autógrafas de los miembros del Comité General
de la scm dando por disuelta la Asociación. :
Méjico Cristero l ' 483
»Por Dios y por la Patria.
»Méjico, D. F., a 31 de diciembre de 1929.» 5
Este documento, de. positiva trascendencia histórica, fue suscrito
por Octavio Elizalde y Ramos Natera, presidente general; Luis G. Ruiz
y Rueda, primer vicepresidente; José Márquez, segundo vicepresidente;
Luis G. Barquera, Luis Vargas Varela, Antonio Díaz Fuenlabrada,
José Luis Orozco, Pablo Sarre J., Luis Mier y Terán y Manuel Dáva-
los Lozada, secretario general de la Agrupación.
Adjunto a este documento se envió otro de instrucciones, autori-
zando a los miembros activos y socios honorarios de la AcM a conser-
var sus distintivos, disponer de las pertenencias de sus Grupos, de
acuerdo con las respectivas mesas directivas o asambleas generales,
y entregar, a la persona más idónea de la población, banderas y archi-
vos o, en su defecto, remitirlos a Octavio Elizalde, a la ciudad de Mé-
jico, para ir formando con estos objetos un museo de la acsm.
Acatando las disposiciones postreras del Comité General, muchos
de los Grupos y Comités Diocesanos establecidos en la República, cu-
“yas actividades se habían visto interrumpidas por la violencia de la
persecución o contaban aún con cierta rudimentaria existencia orga-
nizada, se pusieron a la disposición de sus respectivos obispos o arzo-
bispos para iniciar sus nuevas actividades, encuadradas dentro de las
filas de la Acción Católica Mejicana. Otros optaron por disolverse
definitivamente, siguiendo con ello el ejemplo del Comité General de
la Institución.
El relato de la disolución del Grupo Local “Joaquín de Silva” —an-
tes “Gabriel García Moreno”—, de Tacubaya, Distrito Federal, puede
. aplicarse en esencia a lo sucedido en muchísimos más:
.. Al ser recibida la circular girada por el Comité General el día 31 de
diciembre de 1929, la Directiva del Grupo «convocó a los socios para
comunicarles dicho acuerdo y el domingo 12 del corriente mes —enero
de 1930— reuniéronse los componentes del Grupo, juntamente con los
niños de la “Vanguardia Manuel Melgarejo”,» en el oratorio semi-
-público del Grupo mismo, para oir juntos por última vez la santa misa
y comulgar en ella colectivamente, A la hora en que Dios bajaba
al altar, las banderas del Grupo y la Vanguardia se abatieron hasta el
.suelo, demostrando que sólo ante el Rey de la gloria se humillaba
su espiritu batallador, y se escucharon sollozos ahogados, suspiros con-
tenidos que se escapaban de los pechos juveniles que nunca temblaron
ante el peligro de la muerte. :
e.
484 Antonio: Rius Facius
a
«Al terminar la misa, nuestro padre asistente eclesiástico dispuso
que los socios entonaran el Tantum ergo. Resonaron las voces viriles
y el canto brotó con dejos de tristeza y con dejos de amargura; parecia
que cantaban en vez del himno eucaristico, aquellas palabras sublimes:
Ave, Cesar, morituri te salutant. Salve, Rey de la Gloria, los que van
_a perecer, los que van a dejar de existir como Grupo, te alaban, ben-
dicen una vez más tu Santo Nombre y te dan gracias también por lo
que sufren... y Cristo bendijo a.sus atribulados hijos. . .»
Desayunaron juntos aquellos jóvenes amigos y después celebraron
-su última Asamblea General, a la que dieron comienzo con la hermosa
' oración de la acīm, compuesta por el ilustre fundador de la Asocadion,
Bernardo Bergoénd S. J.:
«¡Oh, Dios, que te dignaste conceder tu divino ts a los após-
toles para que propagaran por todo el mundo la verdad de tu Santo
Evangelio, concédenos un celo semejante al suyo para luchar porque
vuelvan las benditas máximas cristianas a ser la norma de nuestra so-
ciedad y de nuestros gobiernos, para que nuestra patria se salve y se
vea libre de sus enemigos; te lo pedimos por intercesión de la Inmacu-
lada Virgen María y por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo.»
Después se pasó lista de presentes; mencionáronse los nombres de
Joaquín de Silva, Manuel Melgarejo y Salvador Gutiérrez Mora, los
mártires de ese Grupo, cuyo presidente leyó a continuación el oficio
del Comité Central. Estaban presentes en aquel emotivo acto Octavio.
Elizalde y el presidente del Comité Diocesano.
«El licenciado Elizalde y Ramos Natera —narra el puntual cronista
J. Lerma— expone concisamente cómo nos ha disuelto la autoridad
eclesiástica, no con una orden, sino con los hechos, ya que de todos
sun conocidos los casos de los Grupos nuestros que han sido disgre-
gados por algunos señores curas, para formar la nueva agrupación de
juventud católica; leyó en seguida algunos de los documentos más inte-
resantes acerca de los cargos que la Comisión de Estudio de la Acción
Católica hizo a nuestra Asociación, y la defensa que se hizo de ella,
Suplicó a los socios del Grupo que no se murmurase de ese acto de la
autoridad eclesiástica, ya que ella, con todo derecho, podía formar aso-.
ciaciones y disolverlas a su voluntad, por lo que sólo nos tocaba some-
ternos como fieles hijos de la Iglesia.»
El presidente del Grupo Local de la acm “Joaquín de Silva”, hizo
uso de la palabra para declararlo disuelto en un sentido y emotivo.
discurso de despedida. Finalmente pasaron todos los aa da
Méjico Cristero ] , i +” 485
presentes a rendir su personal homenaje a la bandera de la Institución,
besando sus pliegues en medio de un emocionado silencio en el que
.se hacía presente el sacrificio cruento de los mártires del Grupo.
No fue unánime la aceptación, entre el episcopado mejicano, de los
nuevos organismos de Acción Católica decretados por Mons. Pascual
Díaz y Barreto, como se desprende de las respuestas dadas por algu-
nos prelados a la Comisión de Estudio o al Comité General de la Aso-
ciación Católica de la Juventud Mejicana.
Mons. Leopoldo Lara Torres, primer obispo de Tacámbaro, llevó
adelante su manifiesta inconformidad con el procedimiento seguido y,
el 3 de abril de 1930, escribió una enérgica epístola al delegado apos-
tólico para protestar por la imposición que el arzobispo de Méjico pre-
tendía hacer de su réplica criolla de acción católica italiana en todas
las diócesis de la República:
«1.—Insisto en que en la junta de prelados —decía textualmente
la carta— se acordó solamente nombrar una Comisión encargada de
presentar un proyecto de Estatutos de la acīm nada más, y se deter-
minó que fuera enviado a los ilustrísimos señores obispos para que los
_estudiaran y mandaran sus observaciones o su aprobación, no precisa-
mente para que los aprobara, cuálquiera que haya sido el propósito
que hayan tenido los directores del asunto; menos aún se tomó acuerde
de que se facultara a nadie para que los promulgara, que es lo que yo
he sostenido y sostengo. Por-lo que no los juzgo aún promulgados'
-con el carácter de obligatorios para nadie, en general; en cada diócesis,
cada prelado podrá imponerlos o no, como mejor le parezca.
»2.—Tampoco se determinó plazo ninguno para presentar observa-
ciones, ni era fácil hacerlas debidamente dentro de un mes; porque
si los señores que formaron la Comisión habían hecho estudios pre-
vios y tenían libros y datos suficientes para dilucidar algunos puntos
oscuros de los estatutos, no todos teníamos esos estudios ni esos libros
y datos para poder consultar. Ni se nos han dado a conocer las obser-
“vaciones que hayan hecho los demás, como parecía prudente hacerlo
-en la manera ordinaria de proceder entre esta clase de conjuntos legis-
lativos.
»3.—Que sólo después que llegaron las aprobaciones de la mayoría
de los prelados, que ha sido casi la totalidad, el ilustrísimo señor arzo-
-bispo de Méjico procedió a declararlos promulgados en fuerza de la
aprobación. No se había determinado antes que para promulgarlos
fuera necesaria una junta especial, dice la contestación a que me refiero.
486 Antonio Rius, Facius
Pues de que hayan sido aprobados por la mayoría y casi totalidad
de los prelados, no se sigue que se haya autorizado al ilustrísimo señor
arzobispo de Méjico para declararlos promulgados en fuerza de la mis-
ma' aprobación. De que no se haya determinado antes que para pro-
mulgarlos fuera necesario una junta especial de prelados, tampoco se
sigue que se les haya conferido esa facultad. Antes bien, si no se deter-
minó la manera de promulgarlos, claró está que habría que determi-
narla después que se recibieran las observaciones o aprobaciones del
proyecto.
»Pero aun así: ¿Cuándo se hizo esa declaración o promulgación?
¿En qué documento se nos comunicó a los prelados? ¿Qué fuerza se
le dio a esa promulgación? ¿En qué se apoyó para hacerla? ¿Se toma-
ron en consideración las observaciones que se hicieron? ¿Están resuel-
tas todas las dificultades? Yo he estado en comunicación constante.
con la Delegación Apostólica y con el ilustrísimo señor arzobispo de
Méjico, de quien he recibido varias comunicaciones y cartas, y no re-
cuerdo haber recibido hasta ahora ningún documento acerca de este
punto, fuera del proyecto de estatutos y de la carta que los acom-
pañaba.
» Y como no sé que el episcopado haya decretado la promulgación
de los estatutos, tal como están en el proyecto, ni modificados, no juzgo
que sea rebeldía al episcopado la resistencia de la Acim a aceptar
su incorporación a la acm, como se deja entrever en el telegrama alu-
dido.» *?
Mons. Ruiz y Flores se apresuró a contestar en tono conciliatorio,
pretendiendo desviar la protesta del obispo de Tacámbaro hacia la ne-
cesidad de implantar, debidamente organizada, la Acción Católica en
Méjico.
En esto nadie estaba en desacuerdo, sino en la oportunidad para
hacerlo, la estructura que quería dársele y el procedimiento para implan-
tarla, y así se lo hizo ver al delegado apostólico el obispo en su réplica,
sin que valieran sus objeciones, que no fueron tomadas en cuenta para
que, el 8 de junio de 1930, Mons. Díaz y Barreto, nombrado director
pontificio de la Acción Católica Mejicana un mes antes, hiciese la
promulgación oficial “a nombre del mismo episcopado”.
Intento de creación de una nueva Acim.—Ya para entonces el arzo-
bispo de Méjico, apoyado en los estatutos de la acem que él mismo-
había auspiciado, tenía hechas las designaciones de las personas que
Méjico Cristeto i 487
habían de integrar la Junta Central y los Comités Centrales de las
cuatro ramas fundamentales de la acm. Estas designaciones las dio a
conocer el 26 de abril de 1930, es decir, antes de recibir su propio
nombramiento oficial de director pontificio de lá Acción Católica Me=
jicana y de que hiciese la pública promulgación delos estatutos de
esta Institución, “a nombre del mismo episcopado”, que le confería tal
derecho. a
En algunas diócesis del país los Grupos y Comités Diócesanos de
la acīm ya habían iniciado, a su vez, su propia reorganización. como
en Guadalajara, donde fue designado presidente del Comité Diocesano
Vicente Camberos Vizcaíno, quien se dirigió por escrito a la Junta Cen»
tral de la acm solicitando información sobre el Comité Central de la
ACJM —antiguo Comité General—, informándosele que el personal que
lo integraba “por designación del ilustrísimo y reverendísimo señor
doctor don Pascual Díaz, arzobispo de Méjico”, era el siguiente:
Asistente eclesiástico, presbítero Luis Garibay; presidente, licen
ciado Luis Garduño; secretario, doctor Raúl Velasco Zimbrón; 'pro=
secretario, ingeniero Ignacio Galarza; tesorero, Felipe Castro; proteso-
rero, Rafael de la Lama; vocales: Salvador Noriega, Antonio Martínez
Anaya y Salvador María Campos. : os
Con fecha 19 de junio de 1930 dicho Comité Central, instalado en
la calle de Motolonía 9, de Méjico, D. F., giró una circular a todos los
prelados de la República para darse a conocer y ponerse a sus órdenes.
De 33 ejemplares de la circular enviados, contestaron únicamente 16
“obispos, algunos en forma encomiástica por «los. sentimientos de: res-
«peto y obediencia que manifiesta el Comité hacia la Santa Iglesia Cató-
Hea, Apostólica, Romana y a la jerarquía de la misma Iglesia en nuestra
patria», y otros simplemente acusando recibo de la circular.
Sin el apoyo unánime del episcopado, los primeros pasos para im-
plantar las nuevas organizaciones de acción católica se dificultaron, y
hubo necesidad de hacer más ajustes y rectificaciones para encontrar,
meses después, un camino propicio para su desarrollo nacional.
Juventud Cívica.—Los más destacados miembros de la acsm en el
Distrito Federal, contando con la anuencia y consejo del padre Ber-
nardo Bergoénd, fundaron en la capital de la República una nueva
agrupación de carácter cívico-social, el día 12 de marzo de 1930, a la
que le dieron el nombre de “Juventud Cívica”, cuyos estatutos conden- '
saban, en breves palabras, el contenido de la nueva institución:
488 Antonio Rius Facius
«Capítulo primero.—Naturaleza y Organización.
» Art, 1° El Grupo “Juventud Cívica” es una agrupación juvenil
de formación cívica.
» Art. 22 Tiene: a) por fin, trabajar porque se implante en Méjico
la libertad civil; b) por regla, la más plena sumisión a la doctrina de la.
Iglesia Católica y a las enseñanzas de la Santa Sede; e) por medios,
la piedad, el estudio y la acción cívica.
»Art. 39 El lema de la agrupación es Dios y Patria.»
La mesa directiva fue integrada por Luis G, Ruiz y Rueda, presi-
dente; José Márquez, secretario; Javier Ruiz y Rueda, tesorero, y
vocales: Octavio Elizalde, José Luiz Orozco, David Thierry y Andrés
Barquín, todos ellos acejotaemeros de prestigio. No obstante, para evi-
tarse fricciones con algunas autoridades eclesiásticas que pudieran juz-
garlos como rebeldes a sus consignas, en el mismo documento funda-
cional afirmaron: «Que el Grupo Juventud Cívica no es la extinta
ACJM... y que adopta, no obstante, medios y sistemas que usó ésta,
por estar probados como magníficos para fines de formación general...»
Todos los componentes de esta nueva agrupación pertenecían desde
tiempo atrás a la Liga, y dos de ellos, Octavio Elizalde y Andrés Bar-
quín y Ruiz, dieron, simultáneamente en todas la Jefaturas Locales
de la Delegación Regional de la Liga en el Distrito Federal, el primero
enjundiosas lecciones sobre la educación cristiana de la juventud, y el
segundo ilustrativas conferencias sobre la campaña de la Asociación .
Católica de la Juventud Belga en defensa del Méjico católico, y clases
de acción católica y acción cívica.
«Después se organizaron las ruidosas Jornadas Cívicas de la Liga,
que estuvieron a cargo exclusivamente del Grupo de Propagandistas
Anacleto González Flores, formado por el mismo Elizalde, quien lo
dirigía, estando integrado por acejotaemeros de la vieja guardia en
el Distrito Federal, siendo todos ellos activos propagandistas del sema-
nario católico La Palabra, de feliz recordación, regenteado y dirigido
por dos. de ellos, José Murillo Erro y Andrés Barquín y Ruiz, respec="
tivamente, y del que era otro más jefe de redacción, Jorge Téllez
Vargas, periódico que contó siempre con la simpatía activa y los con-
sejos paternales de don Bernardo Bergoégnd, quien le remitió para su
publicación, asiduamente, varios artículos por él seleccionados.» Y
El espíritu arrojado y valeroso de los acejotaemeros no podía ser
contenido y se desbordába generosamente, bañando de esperanza el
ensangrentado suelo mejicano.
XLI
“POR DIOS Y POR LA PATRIA”
Desbarajuste politico —Un. clamor que llega a Roma. '
Escarceos engañosos.—Triunfal reintegración de la
ACJM.
Desbarajuste político.—La política seguida por el régimen de la
Revolución continuaba sin alternativas medulares, fiel a la consigna
masónica de la imposición de hombres y principios. La mañana del
"5 de febrero de 1930, decimotercer aniversario de la promulgación de
la Constitución Política de la República Mejicana, el ingeniero Pascual
Ortiz Rubio se hizo cargo de la Presidencia de Méjico ante un nume-
-roso público que asistió al acto en el estadio nacional, ¡oh ironía!, cons-
. truido por su popular opositor cuando éste había sido ministro de Edu-
cación Pública, pocos años atrás.
Portes Gil, el presidente saliente, fue designado ministro de Go-
-bernación y en tal carácter tomó la protesta de ley a sus compañeros de
gabinete en el palacio nacional. Al salir Ortiz Rubio de allí, acom-
pañado de su familia y luciendo satisfechísimo su banda tricolor cru-
zada al pecho, un hombre se acercó resueltamente al coche en que
“viajaba y, con admirable sangre fría, disparó su pistola, hiriéndolo en
el carrillo derecho. Ortiz Rubio fue trasladado al hospital de la Cruz
Roja para hacerle las primeras curaciones de emergencia y allá fue a
visitarlo en seguida su amo y protector, Plutarco Elías Calles.
Daniel Flores, autor del atentado, fue sometido a las crueles tortu-
ras, cuya aplicación era cosa de rutina diaria para aquellos rufianes
con uniforme de policías, quienes llegaron a simular el fusilamiento
489
490 . Antonio Rius Facius
de su padre para hacerlo confesar un móvil de su gusto, pero todo
resultó inútil: él era únicamente ejecutor de la justicia por la que
clamaba su pueblo burlado. Tras de esta fracasada investigación poli-
cíaca, fue consignado al Juzgado Segundo de Distrito y sentenciado a
sufrir 19 años, 9 meses y 18 días de prisión,
El 22 de abril de 1932 Daniel Flores González amaneció muerto
en el interior de su celda de la Penitenciaría del Distrito Federal:
Había llegado al límite de su resistencia humana.
Un mes había transcurrido desde aquella luminosa mañana del mes
de febrero, cuando fueron encontrados, en las inmediaciones de Topi-
lejo, un pueblo cercano al Distrito Federal, los cadáveres semisepul-
tados y en franco estado de descomposición de más de un centenar
de hombres que habían sido ahorcados. ¡Todos ellos simpatizadores de
«la oposición, que fueron sacrificados para saciar la sed de venganza de
un hombre a quien un disparo le desfiguró el rostro y le entenebre-:
ció de miedo el alma!
Estos acontecimientos no eran los más a propósito para sembrar
confianza en el pueblo ni en el gobierno, y las medidas de coacción
contra la Iglesia y los fieles fueron nuevamente extremándose.
Un clamor que llega a Roma.—El Comité Directivo de la Liga Na-.
cional Defensora de la Libertad acordó dar a conocer a la Santa Sede
la verdadera situación que prevalecía en Méjico y, a mediados de 1930,
llamado por el desterrado obispo de Huejutla a San Diego, California,
llegó a entrevistarse con él, Miguel Palomar y Vizcarra, vicepresidente:
de la Liga. En dicha entrevista tomaron el acuerdo de que fuese- pers:
sonalmente el licenciado Palomar a Roma. Éste, dé nuevo en Méjico,:
redactó, con la colaboración de José Serrano Orozco, recién llegado.
de la Ciudad Eterna, Manuel Puga y Acal y el licenciado Ceniceros:
y Villarreal, el memorándum que había de presentar a la Santa Sede..
El día 10 de septiembre de 1930 dicho documento fue firmado por una
treintena de socios de la Liga encabezados por los miembros de su
Comité General y, tres días después, se embarcaba en Veracruz el
licenciado Palomar con su familia rumbo a Europa, llevando en sus
maletas los importantes papeles.
Sin que para ello hubiese habido un previo acuerdo, el día 24 de
ese mes firmaba el obispo de Tacámbaro, Mons. Leopoldo Lara y To-
rres, un estupendo estudio sobre la situación en Méjico, a un año de
distancia de los arreglos, concřetado en estos tres puntos:
Médico Cristero 491
1.—Estado de la diócesis de Tacámbaro y las dificultades que había
tenido para regresar a ella,
2.—La situación general en que había quedado la Iglesia, y ;
3.—Consultas sobre algunos puntos para obrar en cumplimiento de
sus deberes pastorales.*? :
La gran extensión de tan precioso documento me impide reprodu-
cirlo. en su integridad aunque refleja, como ninguno, la angustiosa
situación reinante, a la que no se le veía ninguna solución inmediata
favorable, como lo afirmaba clara y categóricamente en el siguiente
resumen:
«a) Ha sido reconocida la jerarquía eclesiástica; pero ese recono-
cimiento no tiene base legal ninguna.
»b) Se encontró una fórmula para que pudieran reanudarse los
cultos; pero esa fórmula no satisface para obtener la libertad de la
Iglesia.
»c) Que a los fieles se les pudiera impartir instrucción religiosa
en los templos; pero de nada servirá esa instrucción, si en las escuelas
se les enseña lo contrario.
«d) Que a los fieles se les pudiera impartir en los templos instruc-
ción religiosa por los sacerdotes católicos; pero esa libertad no es bas-
tante, y actualmente está muy mermada.
«e) Que solamente los sacerdotes católicos aprobados por obispos
pudieran recibir los templos de ese mismo culto; pero esto no lo ha
cumplido el gobierno, y en lo que ha cumplido ha sido a cambio de
humillaciones, restricciones y menoscabo de los derechos de la Iglesia.
»f) Que los católicos tuvieran expedito el camino para pedir la
reforma de las leyes; pero este camino ha resultado enteramente inútil
e ilusorio. ~
»g) Que por el camino de buena voluntad habríamos de llegar a
la completa solución del conflicto religioso; pero como no hay ni habrá
buena voluntad de parte del gobierno, nunca llegaremos a esa com-
pleta solución.» Y i
Su punto de vista era justo, pues por el camino de las complacen-
„cias y del arte de ganar perdiendo, la Iglesia y el pueblo se encontra-
.ban peor de lo que estaban.
El día 25 de octubre llegó a Roma el licenciado Palomar y Vizcarra.
En la estación lo esperaban el reverendo padre Esteban Picón, reli-
“gioso josefino; el presbítero Enrique de Jesús Ochoa, ejemplar cape-
llán castrense de Colima; el general cristero Miguel Anguiano, quien
A A A A a
492 Antonio Rius Facius
al finalizar la epopeya había sido enviado por sus superiores a termi-
nar su carrera sacerdotal —lo que tuvo lugar en 1934— en el Colegio
Pío Latino Americano; y finalmente José Antonio López Ortega, secre-
tario general de la Unión Internacional de Todos los Amigos de la
LNDL (VITA-Méjico). 2
No es del caso relatar pormenorizadamente los pasos dados por el
vicepresidente de la Liga para hacer llegar la documentación que por-
taba a las altas esferas de la Santa Sede. En la noche del 7 de noviem-
bre fue recibido por el cardenal Buenaventura Cerreti, a quien expuso
de palabra el mensaje de que era portador y entregó los memoriales
originales, sus anexos y un ejemplar de un libro blasfemo editado bajo
los auspicios del Gobierno de Méjico en los Talleres Gráficos de la
Nación: La Iglesia Católica ante la crítica en el pensamiento y en
el arte.
Los memoriales, en la parte correspondiente a los procedimientos
' y criterio seguido para establecer la Acción Católica Mejicana por los
monseñores Díaz y Barreto y Ruiz y Flores, contenían estas graves
inculpaciones:
«5).—Destruir la antigua Asociación Católica de la Juventud Meji-
cana (ACIM).
»6).—Esforzarse en hacer otro tanto con la Liga, a pesar de que
ésta y aquélla, como instituciones defensoras de la religión y de la
patria, no.han tenido, por su índole, su prestigio y su fortaleza, pre-
cedentes en la historia de Méjico.
»7).—Organizar con festinación la acción católica sobre bases fal-
sas: a) sugiriendo un concepto mutilado, estrecho, impropio de esa
acción católica, puesto que se la declara cosa extraña a la acción política
de“defensa contra las agresiones del Estado y se procura hacer olvidar
- ose aparenta ignorar qué punto fundamental, en estos momentos, es la
conquista legal de la libertad religiosa. Así se desvía el celo de los
espíritus fervorosos hacia otras actividades menos eficaces: mucha teó-
ría, planes grandiosos, proyectos admirables de organización, trabajos.
preliminares para un futuro remoto y, poniendo así, obstáculos graves
al trabajo inmediato, indispensable y enérgico. b) Destruyendo o mu-
tilando organismos de acción católica cuya vitalidad había sido ya bien
probada, y ello con el pretexto de mejorarlos y de ajustarlos a las
normas de la acción católica: todo esto se ha hecho con notoria falta
de caridad para con las agrupaciones existentes. c) Suscitando pugna
entre la acción cívica y la acción católica porque se les hace aparecer,
Méjico Cristero l 493-
si no de palabra, sí de hecho, como extrañas entre sí, por más que
‘ambas deban desarrollarse unidas y sosteniéndose mutuamente. Los
procedimientos seguidos aquí son en un todo contrarios a lo que Vues-
tra Santidad ha fijado en su alocución a la “Francia del Trabajo”, de
fecha 19 de mayo del corriente año, porque la Acción Católica Meji-
cana, según las prácticas seguidas desde que se inició su organización,
no aúna, o unifica; no coordina, sino absorbe; no agrupa, sino pro-
miscúa. » 5 ;
“Una vez enterado del contenido de los pra el cardenal Ce-
rreti los dio a conocer, días más tarde, a su santidad Pío XI, y le
mostró el libro blasfemo, que fue incluido en el Indice.
El día 19 de noviembre de 1930, recibió el cardenal Eugenio Pacelli
—posteriormente glorioso papa Pío XII— al licenciado Palomar y Viz-
‘carra. En aquella audiencia el secretario de Estado del Vaticano se
dio por enterado de los memoriales por haberlos leído —Jijo— “letra
.por letra”. Y diez días después tuvo, el vicepresidente de la Liga, una
audiencia especial con el Papa, a la que asistió acompañado del padre
Picón, del presbítero Ochoa, del general Anguiano Márquez y de López
Ortega.
Sabedores de su viaje y presumiendo los motivos que lo habían pro-
vocado, el arzobispo de Méjico y el delegado apostólico se apresuraron
a informar a determinados personajes de la Santa Sede, de acuerdo
con su particular criterio y conveniencia, sobre ciertos aspectos de-la
personalidad de Palomar y Vizcarra y la Institución que representaba,
por lo que, tan pronto fue recibido en algunas partes con verdaderas
muestras de aprecio, como con manifiesta frialdad en otras. Sin em-
“bargo, el vicepresidente de la Liga pudo ver cumplida la misión que se
le. había encomendado, que era la de hacer llegar el angustioso mensaje
delos católicos mejicanos a las altas esferas del Vaticano.
Escarceos engañosos.—Los resultados de su empresa pronto se ma-
-nifestaron. :
Días antes de que el cardenal Cerreti recibiera los memoriales >
“su documentación adjunta, Mons. Díaz y Barreto había llamado, en la
ciudad de Méjico, al reverendo padre Bergoénd, para manifestarle que
tenía verdaderos deseos de que la Asociación Católica de la Juventud -
Mejicana quedara definitivamente integrada a la acm.
El antiguo asistente eclesiástico de la Asociación le respondió que
eso era precisamente lo que él y los acejotaemeros habian estado pi-
494 3 ` Antonio Rius Facius
diendo, siempre y cuando, como constaba en los escritos presentados
un año antes a la Comisión Organizadora de la Acción Católica- Meji-
cana, no fuese desvirtuado el espíritu de la acim sino que, simple-
mente, se acondicionasen sus estatutos al nuevo organismo centra-
lizador. Con todo respeto, pero a la vez con su peculiar franqueza,
le hizo notar al arzobispo la justicia de esa postura tan tesonera cuanto
brillantemente defendida. -
Mons. Díaz y Barreto se mostró conforme en todo y pidió al padre
Bergoénd que redactase un memorándum con lo dicho y que se lo
presentara para responder, a su vez, también por escrito. El padre
Bernardo Bergoénd hizo lo que se le pedía; sin embargo, la respuesta
dada a su memorándum no se ajustó a lo convenido, pues estaba .re-
dactada en términos harto ambiguos.
En una nueva entrevista, el reverendo padre Bergoénd propuso al
arzobispo hacerse cargo nuevamente de la Asociación, siempre y cuando
se le diera libertad suficiente para actuar y escoger a sus más allegados
colaboradores entre los miembros del disuelto Comité General de la
Institución. Mons. Díaz y Barreto aceptó y el antiguo asistente ecle-
siástico general de la desaparecida Asociación comenzó a llamar a sus
muchachos para planear la reorganización de la acm en toda la Re-
pública.
En esta labor lo sorprendió el inasjerulo nombramiento que el
arzobispo de Méjico hizo, el día 8 de noviembre de 1930, «en virtud
de los derechos que como director pontificio de la acm y con la facul-
tad que» le concedían los estatutos de la misma, de los componentes
de las nuevas Juntas Central y Diocesana, y los Comités Centrales y
Diocesanos de la Acción Católica Mejicana.
Los nombramientos de los miembros que integraban el nuevo Co-
mité Central de la Acīm no correspondían a las personas propuestas -
por el padre Bernardo Bergoénd, aunque él sí figuraba como asistente
eclesiástico general.
Como presidente había sido designado el ingeniero Ignacio Galarza,
. en lugar del licenciado Luis Garduño, que había figurado hasta enton-
ces en dicho puesto del Comité Central Provisional de la Asociación.
La primera reunión del nuevo Comité, a la que convocó el presi-
“dente de la Junta Central de la acm, Luis G. Bustos, se celebró el día
24 de noviembre de 1930.
Quince minutos escasos duró aquella junta, en la que el sacerdote
jesuita «adoptó una actitud imprecisa y reticente en los poquísimos
AAA — _ ____ A A A _zI<>4A444A44+4A A _
Méjico Cristero- - : , . 495
puntos que se pusieron a la consideración de los allí reunidos, tra-
tando de retardar para más adelante la resolución de los mismos.
Esta actitud no pasó desapercibida para los jóvenes, quienes la tradu-
jeron en una falta de confianza para ellos...» y presentaron a Luis
G. Bustos la renuncia de sus cargos.
El padre Bergoënd, en una conversación privada que tuvo a con-
tinuación con el presidente de la Acción Católica Mejicana, le aseguró
que Mons. Díaz le había ofrecido reinstalar, por mitad, a los antiguos
directores de la acm en el nuevo Comité Central de la Asociación.
Esto mismo le fue confirmado a Luis G. Bustos por el reverendo padre
Alfredo Méndez Medina y el licenciado Villela, testigos del ofreci-
miento del arzobispo.
Triunfal reintegración de la acsm.—Mientras tanto, se hicieron sen-
tir los efectos de las quejas y las súplicas enviadas a Roma, desde donde
llegó un mensaje al director pontificio de la Acción Católica ¡para
que la acm, con su viejo espíritu y sus heroicos socios, fuese repuesta
en el cuerpo de la nueva organización de Acción Católica. Pronto
trascendió la noticia, y fue tan abiertamente festinada, que Mons Díaz
se vio obligado a negar la procedencia de la orden recibida para resta-
blecer la ACIM,
Los últimos días del año de 1930 los dedicó el benemérito funda-
dor de la Asociación al estudio y anotación de la Carta quae nobis...
del papa Pío XI al excelentísimo cardenal Bertram, obispo de Breslau,
sobre los principios y fundamentos generales de la Acción Católica,
que los primeros días de enero de 1931 fue editada con el membrete
de la Asociación Católica de la Juventud Mejicana, para sus círcu-
los de estudios sociales.
© La Acm™m surgía nuevamente a la vida nacional con un texto pon-
-tificio que venía a justificar, plena y definitivamente, su razón de ser
«y su gloriosa trayectoria.
Y por fin, el 25 de enero de 1931, fueron dados a conocer “por la
renuncia que presentó ante el ilustrísimo señor arzobispo de Méjico,
.El Comité Central de la acm”, los nombres de los acejotaemeros que,
de acuerdo con el visionario padre Bernardo Bergoénd, S. J., integra-
ban el nuevo Comité Central de la resucitada y gloriosa Asociación
“Católica de la Juventud Mejicana:
«Asistente eclesiástico: R. P, Bernardo Bergoénd, S. J.
»Presidente: Sr. D. José Márquez.
496 o Antonio Rius Facius”
»Vicepresidente: Sr. Ing. D. Ignacio Galarza.
»Secretario: Sr. D. Manuel Dávalos Lozada.
»Tesorero: Sr. D. David Roldán.
»Vocales: Sr. D. Luis Vargas.
»Sr. D. Pablo Sarre D.
»Sr. Lic. D. Luis Garduño. ' : 5
»Sr. D. Salvador Noriega.
»Sr. D. J. Antonio Martínez Anaya.»
La Acym reiniciaba su marcha. El nuevo Comité Central, instalado
en el domicilio del Secretariado Social Mejicano, celebró frecuentes.
„reuniones para rehacer su organización y entrar en contacto con todos
los Grupos y Comités Diocesanos subsistentes en la República.
El día 2 de febrero de 1931 dirigió a éstos su circular B-1, en -
la que les daba a conocer los nombres de todos los que lo inte-
graban, incluso el de los secretarios de las provincias eclesiásticas,
y que eran: de Durango, Rosendo O. Saldoval; de Monterrey, Fran- ,
“cisco Sánchez H.; de Guadalajara, Manuel Pacheco; de Michoacán,
Juan Gutiérrez Lascuráin; de Méjico, Manuel Velázquez; de Puebla,
Luis Morales; de Oajaca, David Thierry; de Yucatán, Félix Galindo y
“Díaz Bonilla.
En el texto de esta circular, firmada por el presidente y el -secre-
tario del Comité Central, surgía remozado el viejo espíritu de lucha,
entusiasta, confiado y generoso, de la juventud católica de Méjico.
«El Comité Central de la acm —decía la circular— espera funda-
mentalmente de los Grupos y Comités, y de cada uno de los miembros
de nuestra Asociación, una entusiasta y decidida cooperación. El fuego :
juvenil que ello requiere, en esta nueva etapa de nuestra amada ACJM,
hoy más que nunca es urgente y necesario. :
»Así, pues, el propio Comité excita a los organismos de la Asocia-
ción que a la fecha se encuentran funcionando, a que prosigan su obra
llena de aliento, y, a los que hubieren entrado en receso desde el 31 de
diciembre de 1929, fecha de la última circular del Comité General,
a surgir nuevamente a la vida mediante una pronta y activa reorga- `
nización, conforme a los Estatutos de la Acción Católica Mejicana, a fin
de que sean nuestros trabajos de ahora verdadera continuación de los
anteriores.» 5
Aquel paso trascendental para la acim, al quedar definitivamente .
incorporada a la Acción Católica Mejicana, conservando sus primiti-
vos estatutos y su probado espíritu de lucha, fue recibido con bene-.
Méjico Cristero 497
plácito general, tanto por los antiguos y nuevos acejotaemeros, como
por el episcopado mejicano, borrando diferencias de criterio y reser-
vas mentales, porque, como lo demostraba la primera publicación oficial
hecha por la Asociación, al ser reorganizado su Comité Central, el con-
cepto claro de la verdadera acción católica no era diferente, ni mu-
-cho menos opuesto, al sustentado en la letra y en la práctica por la
.ACJM a través de sus años de vida inquieta y fecunda.
Tal cosa quedó plenamente confirmada en el contenido de las cartas
enviadas por 23 prelados al Comité Central de la Institución acusando
recibo de la circular B-1;, girada por éste.
De las primeras congratulaciones recibidas fue la escrita por el
delegado apostólico, Mons. Leopoldo Ruiz y Flores, arzobispo de Mo-
relia, en la que decía:
«Felicito sinceramente a ese H. Comité Central de la acm y viva-
mente deseo que pueda trabajar activa y fructuosamente, para lo cual
envío a todos y cada uno de los miembros que lo forman, mi bendición
especial.»
Desde su amargo destierro, Mons. José de Jesús Manríquez y
Zárate envió a sus viejos amigos acejotaemeros un mensaje optimista:
«Dios Nuestro Señor quiera bendecirlos y fortificarlos para que
luchen sin cesar por el triunfo de la causa de Cristo en nuestra hoy
atribulada patria. »
` “Y añadía más adelante en su carta autógrafa:
«¡Adelante, pues, esforzados jóvenes!, cooperemos con la Providen-
cia'a la obra de nuestra liberación!»
Mons. José María González y Valencia, arzobispo de Durango, tam-
“bién escribió con no disimulado placer:
«Verdadero gusto y gran satisfacción produjo en mí el ver figurar
al padre Bergoénd, a quien todos los viejos acejotaemeros queremos y
“admiramos, como asistente eclesiástico del Comité Central. Estoy se-
guro que, con la dirección del referido padre, la Institución marchará
bien, y todos ustedes trabajarán llenos de entusiasmo por la causa de
Dios.»
El obispo auxiliar de Tulancingo, Mons. Luis Benítez y Cabañas,
antiguo jesuita, en carta autógrafa escribió estas frases:
<... felicito cordialmente a la valiente Asociétión que tan bien ha
merecido de la Iglesia y de la patria desde su fundación... y como la
conozco a fondo, por las íntimas relaciones que tuve siempre con su
MÉXICO CRISTERO.—32
498 Antonio Rius Facius
A
fundador, y después con la misma ACJM, pediré siempre a Dios N. S. la:
siga bendiciendo, como yo también de corazón la bendigo.»
No podía faltar el mensaje del arzobispo de Guadalajara, Mons,
Fráncisco Orozco y Jiménez, redactado en estos bellos términos:
i «... quiero, una vez más, manifestarles mi especial simpatía por
esta agrupación de la Acim, que tiene un glorioso pasado y más que
todo un risueño porvenir; esperando que trabajará con todas sus fuer-
zas por extender el reinado de Jesucristo Rey en nuestra patria.»
Por último citaré las frases que Mons. José Otón Núñez, arzobispo
de Antequera, dedicó a la Asociación, síntesis y resumen de la opinión
unánime de sus hermanos del episcopado:
«Me congratulo por la reanudación de las actividades del Comité.
Central de la benemérita acīm y pido a Dios Nuestro Señor que, como
siempre, esa Asociación que tiene un pasado tan glorioso, siga siendo
él almácigo de hombres grarides y 'abnegados hasta el heroísmo, aman-
tes de su Dios y de su patria.» *
La Asociación Católica de la Juventud Mejicana, ahora convertida
“en una de las cuatro ramás fundamentales de la Acción Católica Meji-
cana, en pie firme, se aprestaba nuevamente a proclamar y defender
con obediencia filial hacia el episcopado, como siempre lo había hecho,
su fe cristera, su devoción guadalupana y su amor sin límites a Méjico:
Con diáfana sonrisa y gesto varonil enarboló su gloriosa e invicta
bandera, conocida y admirada en el mundo entero, en la que, al pie
de su hermoso escudo, formado por la imagen de Santa María de Gua-
dalupe, bordeada por la cruz de Malta, destacaba su lema. incompa-
rable, grito de victoria y síntesis de sus altos ideales:
“Por Dios y por la Patria”. i
A DIOS GRACIAS.
DELEGACION APOSTOLICA ; Al contestar eftese este Núm .....
: 220 MEXICO, D. F, >
CALLE DE PUEBLA No, 249
Asunto:
23 de Febrero de 1931.
Señores.
José Márquez y
Manuel Dávalos Lozada
Presidente y il del 0.0.
de la "A.C.J.M
Motolinía, 9.
CIUDAD.
Muy amados hijos en Cto.:
Con verdadera complacencia me enteré dei
contenido de su atenta carta del 18 del actual y
de la Circular No. B-l.
Felicito muy sinceramente a ese H.Comité
Central de la A.C.J.M.y vivamente deseo que pueda
trabajar activa y fructuosamente,para lo cual,en-
vío a todos y cada uno de los miembros que lo for-
men mi bendicióm muy especial.
De Udes. Afmo. P. en Cristo:
bispo de More
a APOSTOLICO,
Carta de Congr atulación enviada por Mons. 1
Ruiz Yy Flores al Comité Centra
de la ACJM.
OBRAS Y DOCUMENTOS CITADOS |
EN EL TEXTO
10
11
Acta de la Inspección de Policia del 19 de noviembre de 1927. Diario Nove-
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Madre Conchita). Libro-Méx, editores. Méjico, 1957. ,
Archivo del autor.
Archivo de la Junta Central de la acm.
Archivo del Comité Central de la ACJM.
Asráuz, P.. Antonio Marta. Los mártires de San Joaquín, Editorial del Cora-
zón de Maria. Madrid, 1927.
Arroyo, Paro. Anonro. Memorias de un sacerdote de Zacatecas. Obra inédita,
copia en mi archivo,
BaLDERRAMA, Lurs C. (seudónimo del periodista José González). El clero y
el gobierno de Méjico. Editorial Cuauhtémoc, 1927,
Banraas GaLvÁn, Mons. Francisco. Correspondencia del obispo de Querétaro,
Archivo Comité Central ACJM.
Barquín y Ruz, Annrés. Copia en mi archivo de las siguientes obras inéditas:
Octavio Elizalde y Ramos Natera.—Semblanza de Miguel Palomar y Vizcarra,
—El R. P. Bernardo Bergoénd, S. J.—El santo y heroico Mons, José Mora y del
Río.—El gran mártir coronel cristero Ignacio Navarro Origel.—Enrique Goros-
tieta y Velarde, generalisimo cristero,
Barquín y Ruiz, Anbrís, Los mártires de Cristo Rey. Editorial Criterio.
Méjico, 1937,
Branco Gu, Joaquín (seudónimo de Andrés Barquin y Ruiz). El clamor de
la sangre. Editorial Rex-Mex. Méjico, 1947.
Branco MonenNo, RoBErTO. Crónica de la Revolución Mejicana, 22 tomo, Libro
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33 SPECTATOR (seudónimo del Pbro, Enrique Ochoa). Los cristeros del volcán: de
Colima. Editorial Veritas.
T4 Sopr DE PALLARES, Marfa ELENA. Los cristeros y José de León Toral. Editorial
Cultura. Méjico, 1936,
15 Sopr DE PALLARES, María ELENA. Historia del último conflicto «religioso. Revista
Jueves de Excélsior,
716 Toro, ALFONSO, La Iglesia y el Estado en Méjico. Publicaciones del Archivo
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77. VasconcELOs, José. La Flama. Cía, Editorial Continental. 1959.
18 VELÁZQUEZ, PERO. PEDRO. El Secretariado Social Mejicano. Méjico, 1945,
79 Colecciones de los diarios de la época,
$0 La epopeya cristera y la iniciación de un derecho nuevo, 1938. Sin pie de
imprenta.
INDICE
CAPITULO 1
CONSPIRACION CONTRA LA IGLE-
- SIA.—El perfil de la persecución.—
Primeros escarceos periodisticos.—El
rigorismo de la ley. c.occocicncncinincinn. 9
CAPITULO II
GALLARDA ACTITUD DE PROTES-
` TA. —Carta apostólica. — Convención
en Guadalajara.—Ataque al templo de
la Sagrada Familia.—Protesta de la
CAPITULO III
LA ASOCIACION CATOLICA DE LA
JUVENTUD MEJICANA ACTUA.—
,- Consejos diocesanos.—Sexto Consejo
„i Arquidiocesano de Puebla.—Segundo
“+. Consejo Provincial de Monterrey.—En
Zacatecas cunde el malestar.—Mani-
+ ¡fiesto acejotaemero.—La' reglamenta-
ción del artículo 130 en los estados.—
San Luis Potosi rechaza la reglamen-
tación.—Otros estados afectados. 31
s CAPITULO IV
ATAQUES A LA JERARQUIA CATO-
LICA.—Expulsión del delegado apos-
:tólico.—Valerosa actitud del obispo de
Huejutla.—Memorial del obispo de Ta-
. cámbaro.—Primera Carta Pastoral Co-
«Jectiva, ca El
` 507
CAPITULO V
PROMULGACION DE LA LEY CA-
LLES.—Los atentatorios articulos de
la Ley.—Integración del Comité Epis-
copal.—Aprehensión de los directivos
de la A 59
CAPITULO VI
¡BOICOT!—La Liga decreta el boicot.—
La AciM propaga la resistencia pasi-
“va.—Suspensión del culto público en
los templos.—Efectos del boicot.—El
bloqueo económico en Colima.—En
León.—En Monterrey.—En Jalisco.—
En Pénjamo y en Ciudad Juárez. 69
CAPITULO VII
PROPAGANDA IDEOLOGICA.--—Apoyo
de la crom a Calles.—Primera contro.
versia pública.—Segunda controver-
.sia.—Tercera controversia,
CAPITULO VIII
EN BUSCA DE UNA SOLUCION LE-
GAL.—Entrevista de los obispos con
Calles.—El informe de Calles a las
Cámaras.-—Memorial de los obispos.—
Dos millones de firmas. ..ooomoc.. 95
CAPITULO IX
LOS CRISTEROS.—José García Far-
fán.—Mortifero encuentro en Guada-
508
Indice
lajara.—Los mártires de Chalchihui-
tes—El principio de la lucha criste-
ra. 107
CAPITULO X
HACIA LA DEFENSA ARMADA—
Víctimas de Momax, Zacatecas.—Con-
vención Nacional de la Liga.—Capis-
trán Garza sale en busca del general
Estrada. 119
CAPITULO XI
SILVA Y MELGAREJO. —Joaquín de
Silva.—Manuel Melgarejo.—La parti-
da.—El Sacrificio. .ococeococinonennanaoo=o 127
CAPITULO XII
LA GIRA DE RENE CAPISTRAN
GARZA. Preparativos para la gira.—
Con la Jerarquía Católica de los Es-
tados Unidos. .---.-.------ -222-11211111 415+ 137
CAPITULO XINH
NUEVOS BROTES DE REBELION.—
Luis Navarro Origel—Santiago Ba-
yacora, Dgo. coccocooccncnononccnnnnccaniananaso 143
CAPITULO XIV
LOS PRELADOS MEJICANOS ANTE
LA DEFENSA ARMADA.—Inculpa-
ción a la Jerarquía católica.—Negati-
va del Comité Episcopal.—Petición de
la Liga al Comité Episcopal.—Declara-
ción de la licitud del movimiento.—
Declaraciones públicas de los prela-
OS: ibi aiii 151
CAPITULO XV
LA DEFENSA ARMADA.—Comisión de
obispos ante la Santa Sede.—Nom-
bramiento de jefe del movimiento ar-
mado.—Desconocimiento del gobierno
callista.—Los conjurados. ............ 159
CAPITULO XVI
EL PLEBISCITO DE LOS MARTI-
RES.—Ocultación del arzobispo de
Guadalajara, —Primer brote cristero
en Jalisco.—Anacleto González Flores
frente a la situación.—La AcJm, pelda-
ño de gloria.—Hacia el calvario.—Los
hermanos Vargas González.—Luis Pa-
dilla Gómez.—El triunfo del marti-
rio. 169
CAPITULO XVII
FUEGO EN EL BAJIO.—Levantamien-
to anticipado.—José Valencia Gallar-
do.—Ezequiel Gómez.—Salvador Var-
'“gas.—Nicolás Navarro.—Alistándose a
la defensa.—Conspiración descubier-
ta. ..
CAPITULO XVIII
COLIMA RECURRE A LAS ARMAS.—
Dionisio Eduardo Ochoa.—Los prime-
ros cruzados del Volcán.—Sangre de
martirio, 197
CAPITULO XIX
LA REBELION CRISTERA SE EX-
TIENDE.—Herminio Sánchez.—Pedro
Quintanar.—El Martirio del Padre Co-
rrea.—Los cristeros de El Saltillo.—
Vanguardia cristera de Parras.—Con-
cepción del Oro, Zacatecas. .......... 205
CAPITULO XX
LOS CRISTEROS DEL AJUSCO.—Ar-
mando Téllez Vargas.—Solemne ju-
ramento.—La campaña.—El diario de
Manuel Bonilla.—En las garras del
CEDOM sasos ai - AT.
CAPITULO XXI
DESTITUCION DE RENE CAPISTRAN
GARZA.—Informe sobre los levanta-
Indice
509
dos en arímas.—Destierro del obispo
de Tabasco.—Gestiones fracasadas.—
"Dos tendencias opuestas se encuen-
tran en Roma.—Obligada renun-
CÍA. isis 233
CAPITULO XXI
PANORAMA DE LA SITUACION.—
Preparativos para la reelección pre-
sidencial.—Asalto al tren de Guadala-
jara—Gestiones de Luis G. Bustos.—
El Partido Unión Nacional.—Oposi-
ción de la acym al proyectado parti-
241
CAPITULO XXIII
HEROINAS VICTIMAS DE LA PER-
SECUCION.—Las Brigadas de Santa
Juana de Arcó.—Mujeres ejempla-
res.—Deportados al penal de las Is-
las Marías.—Los mártires de San
Joaquin. A 257
CAPITULO XXIV
INTENSIFICACION DE LA CAMPA-
.¿ ÑA CRISTERA.—Navarro Origel al.
canza señaladas victorias.—Jesús De-
gollado Guizar, jefe de operacio-
. nes.—Rabia impotente. .................. 271
CAPITULO XXV
OTOÑO DÈ 1927.—El general Goros-
' tieta entra en la lucha.—Armando J.
Ayala.—Miguel Gómez Loza.—Gober-
nador de Jalisco.—Aprovisionamiento
cristero.—Los bonos de la liber-
" CAPITULO XXVI
COLIMA EJEMPLAR.—Prosigue la lu-
cha.—Avila Camacho ataca.—En la
lista del martirio: Tomás de la Mo-
ra.—Este es el cura Sedano.—Sal-
vador Vizcaino.—Tragedia en el Vol-
CA. a N RA RE 291
CAPITULO XXVII
LA OPOSICION ASESINADA.—Los
tres candidatos.—Asesinato de Serra-
no y sus acompañantes.—Asesinato de
Gómez. 305
CAPITULO XXVII
INTERLUDIO SANGRIENTO.—Un ca-
rácter: Luis Segura Vilchis.—El aten-
tado contra Obregón.—La investiga-
ción —El Crimen. ociociccccccicccanas 313
CAPITULO XXIX
SUR DE JALISCO, COLIMA Y ML.
CHOACAÁN A PRINCIPIOS DE 1928.
—Duplicidad de mando.—Acejotaeme-
ros inmolados.—Preparación del ata-
que y toma de Manzanillo. ........ 335
CAPITULO XXX
LA CRECIENTE LUCHA CRISTERA.—
Somero balance de fuerzas.— Peores.
nada.—Junta regional de autorida-
des.—Muerte de Miguel Gómez Lo-
za.—Ocaso de Luis Navarro Origel.—
Heroica muerte de Ignacio Navarro
Origel.—Martirio de José Sánchez del
Río.—Sangre acejotaemera, ........ 345
CAPITULO XXXI
LA MUERTE DE OBREGON.—Nuevas
reglamentaciones del artículo 130,—
Ofensiva contra religiosas y semina-
ristas.—Destrucción del monumento
a Cristo Rey.—Cerrando el cerco a
los tiranos.—La madre Conchita y Jo-
sé de León Toral-—Misión tiranici-
- da.—El juicio de los hombres.—El
juicio de Dios. mcocicicionciicannnconmens 361
510
CAPITULO XXXII
LOS ACEJOTAEMEROS EN ESTADOS
UNIDOS.—La Unión Nacionalista Me-
jicana.—La Unión Diocesana de la
acim de California.—Doctrina so-
Cal. a isa 381
CAPITULO XXXIII
FRACASADOS INTENTOS DE SOLU-
CION.—Interés en Washinston.—In-
tervención del arzobispo de More-
lia.—Se afirma la posición politica
de Calles.—Portes Gil y la oposi-
MOD. is 389
CAPITULO XXXIV
LA GUARDIA NACIONAL.—El acejo-
taemero Fidel Muro.—Alevosa muer-
_ te de Marcos Torres.—El general Go-
rostieta, jefe de la Guardia Nacio-
nal—Consagración a Cristo Rey.—
Actividades cristeras.—Rebelión esco-
Parista: ecn smpn 401
CAPITULO XXXV
-TRIUNFO Y MUERTE DE GOROS-
TIETA.—Perfiles de victoria.—El go-
bierno en busca de una solución.—
Agresiva requisitoria cristera.—La
muerte del héroe. cocino... 417
CAPITULO XXXVI
LOS ARREGLOS.—El pretexto de unas
declaraciones.—Los prelados y Mr.
Morrow.—... si arreglos pueden Ila-
MATIE naci e e 431
Indice.
CAPITULO XXXVII
LICENCIAMIENTO DE LA GUARDIA
NACIONAL.—Nuevo jefe supremo
de la Guardia Nacional.—Condiciones
impuestas a Portes Gi].—Ultimo menz `,
saje a los cristeros.—Represalias. 445
CAPITULO XXXVIII
SUMISION DE LOS PRELADOS.—
Los indiferentes. —Portes Gil confir-
ma la derrota de los prelados.—El
arte de ceder perdiendo.—Los últimos
TSCOLAOS. cococococconannnco non concnnconor normas 455
CAPITULO XXXIX
LA ACIM CONDENADA A DES-
APARECER.—Breve historia del Se-
cretariado Social Mejicano.—Consig-
na contra la acim.-——En defensa de la
Acim.—Angustioso llamado. ........ 465
CAPITULO XL
DISOLUCION DE LA ACJM.—Antago-
nismo de Mons. Díaz hacia la AcIM.—
La Asociación, disuelta por la auto-
ridad eclesiástica.—Intento de crea-
ción de una nueva Acim.—Juventud
Civitas Luis 479
CAPITULO XLI
“POR DIOS Y POR LA PATRIA”. —
Desbarajuste político.—Un clamor que
llega a Róma.—Escarceos engaño-
sos.—Triunfal reintegración de la
ACTM ti te 489
SE TERMINO LA IMPRESION DE ESTE LIBRO
EL DIA 10 DE NOVIEMBRE DE 1960, tN Los
TALLERES DE LA IMPRESORA AZTECA, E. VE
R. L, EN LA CALLE DE LOS ALMACENES
NUMS. 19 Y 21 DE MEXICO, D. F.